Historia de los militares incompetentes

"Personajes" que han dejado o pretendido dejar huella en la Historia Militar Internacional.

Moderador: Fernando Martín

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Gebisjager
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Historia de los militares incompetentes

Mensaje por Gebisjager »

Leyendo el curioso libro Historia de la Incompetencia Militar de Geoffrey Regan (Ed. Crítica), y a sabiendas que el resultado de una batalla depende del terreno, el medio ámbiente, la moral, el apoyo logístico, el armamento y tecnología, la información/desinformación,.... pero considerando que el elemento decisivo, es el Comandate Jefe de uno de los ejércitos enfrentados, pues su competencia y resolución pueden y de hecho marcan la diferencia en el campo de batalla, saco este hilo a colación y pregunto el parecer de los foreros.

Para empezar pongo como ejemplo el caso de Jacobo IV, rey de Escocia en la batalla de Flodden en 1513:

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Jacobo IV era un rey muy devoto, caballeresco y con alto grado del honor, por lo que la guerra con Inglaterra nace para honrar su alianza con Francia y desviar tropas del cuerpo principal del ejército inglés. El rey Jacobo IV de Escocia cruzó la frontera inglesa el 22 de agosto con un ejército de 30.000 hombres aproximadamente, apoyados por artillería, y eligió una posición ideal respecto a la colina de Flodden (Norhumbria) para la batalla. Era el 9 de septiembre de 1513.

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En Flodden los mandos escoceses lucharon delante de los clanes en primera fila, igual que los capitenes de los lansquenetes. Acusaron a los comandantes ingleses de "esconderse en la retaguardia", lo cual fue particularmente injusto para el conde de Surrey, que tenía 70 años, y estaba aquejado de reumatismo y viajaba en carroza. Los jefes ingleses habían optado por posiciones desde las que pudieran vigilar el campo de batalla y cumplir su función, dictando órdenes y dirigiendo la maniobra.
Por el contrario en el bando escocés, la mayoría de los comandantes escoceses murieron en la batalla, y lo más calamitoso e imprudente, el propio Jacobo IV también cayó, temerario e irresponsable, pues condujo su columna al ataque, resultando muerto en el punto más alejado de la penetración escocesa, con todo su séquito muerto a su lado. La falta de líderes hizo inviable una retirada ordenada y la derrota se convirtió en desastre.
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Surrey quizá no era tan diestro como en su juventud ni tan heroico como el caballereco Jacobo IV, pero demostró ser tan competente como jefe como alocado e impetuoso su oponente. Al arriesgar su propia vida Jacobo puso en peligro no sólo las vidas de sus hombres sino el bienestar de todo su reino. De hecho Escocia nunca se recuperó completamente de la derrota.

Saludos.


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Japa
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Mensaje por Japa »

Hombre, un hilo sobre bernard Montgome… perdón, sobre la incompetencia militar. Esto promete
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MENCEY
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Mensaje por MENCEY »

Me suena que algo habia en algun hilo sobre el asunto, pero estas neuronas ya no dan mas de si, no me acuerdo exactamente de cual. :)
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Mensaje por Jaro »

Recuerdo que el interesante libro que menciona Gebisjäger tiene un par de capítulos que nos afectan directamente, uno en el que ganamos: el asalto a Cádiz en 1625, y otro en que perdimos: Annual.
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Hans Joachim Marseille
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Mensaje por Hans Joachim Marseille »

Saludos, sobrevivientes todos!

Mencey, en el subforo de la PGM está tratando un hilo sobre los generales incompetentes de esa contienda. Tal vez sea ese al que te refieres. :wink:

Gebisjäger, una sugerencia: dado a que mencionas a la incompetencia vista desde la influencia de sus comandantes en jefe, sería más idóneo cambiar el título del hilo para ponerle algo así como "Incompetentes de todos los tiempos" o "Historia de los incompetentes militares".

Eso sí, debido a que ya existe un hilo sobre estas "joyas" sobre la Primera Guerra (y que mucho me temo :lol: que habrá un hilo parecido en la Segunda), pido a todos que tratemos todos de postear sobre incompetentes de otras guerras.

Nos vemos en el aire!

PD: Yo también tengo unos incompetentes bajo la manga, pero quiero recabar más información :wink:
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Mensaje por Gebisjager »

Estoy contigo y acepto la sugerencia Hans,
Si el moderador no tiene inconveniente el hilo puede titularse "Historia de los incompetentes militares" :D , incluso me hace más gracia :lol:

Pongamos otro caso:
El Mariscal François Achille Bazaine, en la batalla de Mars-La-Tour o Vionville el 16 de agosto de 1870.

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Bazaine fue de los más celebrados mariscales de Francia, por su historial en la Guerra de Argelia, la Guerra de Crimea y en la Segunda Intervención Francesa en México, sin embargo, llegó a ser más conocido por su fracaso como comandante en Jefe del ejército del Rin y por haber contribuido decisivamente a la derrota francesa en la Guerra franco-prusiana de 1870.

Un caso típico es su actuación en la batalla de Vionville. En esta batalla Bazaine demostró sobradamente su valor legendario llegando a galope a la línea de fuego, reuniendo a la caballería vacilante, empleando su tiempo en situar persionalmente dos piezas de artillería y conduciendo a la acción a un batallón de infantería al grito de "Allons, mes enfants, suivez votre maréchal". Intentó estar en todos los sitios menos donde se suponía que debía estar. Durante una hora nadie estuvo al frante del ejército francés, mientras que su Estado Mayor se desesperaba vanamente en dar con él. Aunque nadie puede cuestionar el coraje personal de Bazaine, era una persona claramente incapacitada para los rigores de un puesto de alto mando. Comparese con sus oponentes germanos (ej. Moltke). El valor físico de Bazaine no era mucho más valioso que el del más insignificante de sus infantes; lo que se necesitaba era su valor moral, algo de lo que evidentemente carecía.

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Lo que vino después fue el sitio de Metz y el colapso del Ejército francés en Sedán.

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CASYD
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Mensaje por CASYD »

Me viene a la cabeza la actuación del almirante francés Villeneuve en la batalla (desastre :evil: ) de Trafalgar.

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Nunca creyó la victoria, siempre se vió inferior a las naves de Nelson y esa obsesión y sus contradiciones e improvisaciones nos llevaron a la derrota. Es posible que las presiones de Napoleón y los temores de Gravina de verse cesado precipitaran los acontecimientos y nuestras naves partieran de puerto ya derrotadas.
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Mensaje por Hans Joachim Marseille »

Renombrado. Ahora hablaremos de incompetentes de talla mundial :lol:

Lo de Bazaine es un caso interesante: luego de la rendición, se le juzgó y sentenció a muerte, pero luego se le cambió la pena a 20 años de prisión (aunque nunca fue tratado como un prisionero) y consiguió escapar. Los jueces pidieron la conmutación de la pena al presidente de la República, Mac-Mahon, al parecer debido a que sólo había un antecedente de un mariscal de Francia sentenciado a muerte: Ney.

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Franz
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Mensaje por Franz »

Incompetencia militar en algunos oficiales ingleses en el desastre de Isandhlwana. Incompetencia en los militares italianos que planificaron su propio desastre en Aduwa y de los egipcios encargados de defender el Sudan de la revuelta del Mahdi a finales del S.XIX.

saludos.

PD:En un momento detallo un poco mas la historia de estas incompetencias.
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Mensaje por MENCEY »

La incompetencia Militar tiene muchos niveles y situaciones, no solo las de Combate o el perder una Batalla.Las hay mas de andar por casa, ayer hoy y mañana, yo me he gozado algunas que mejor ni las cuento y no precisamente de ningun juanlanas. :lol:


Una de hace justo 50 años en el Ejercito Español, reflejada en el libro Cabo Juby 1958, publicado por el Servicio de publicaciones del EME.

Cabo Juby, Sahara Occidental.Batallon Expedicionario del Guadalajara 20.Se recibe una partida de Bacalao para la Cocina y el Oficial encargado da instucciones precisas al Suboficial de cocina de que hacer con el.Antes de cocinarlo habia que tenerlo todo un dia en remojo con agua.Al dia siguiente el Bacalao no habia quien se lo comiera de lo salado que estaba, el Sargento de Cocina habia mandado a los rancheros a remojarlo, pero con agua de Mar. :lol:
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Japa
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Mensaje por Japa »

¿Qué me decís de Elphinstone, el "genial" general inglés que llevó a un ejército de 5000 hombres a la destrucción en el paso de Khord a Kabul a base de una abundante dosis de incompetencia, aderezada por la más vil cobardía? Cuando en la guarnición de Jalalabad vieron llegar al asistente W. Brydon a caballo y malherido, le preguntaron "¿Y el ejército" y él respondió "Soy yo". Nadie más había logrado escapar de la matanza.
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Mensaje por Gebisjager »

Japa escribió:¿Qué me decís de Elphinstone, el "genial" general inglés que llevó a un ejército de 5000 hombres a la destrucción en el paso de Khord a Kabul a base de una abundante dosis de incompetencia, aderezada por la más vil cobardía? Cuando en la guarnición de Jalalabad vieron llegar al asistente W. Brydon a caballo y malherido, le preguntaron "¿Y el ejército" y él respondió "Soy yo". Nadie más había logrado escapar de la matanza.
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Japa, buen y ejemplarizante caso :dpm: W.G.K. Elphistone fue descrito como "el soldado más incompetente que pueda encontrase entre los oficiales del rango necesario".

En 1842, el hijo del rey derrocado (Akbar Khan) organizó una rebelión, que tomó Kabul, y se cobró la vida de varios altos dignatarios británicos. Gran Bretaña se rindió sin condiciones, y una columna de colonos partió hacia Jalalabad, con la intención de regresar a India, dirigida por Elphistone. De catastrofe que vino a continuación, pocos lo lograron salvarse, ya que en cuatro días, 4.500 combatientes y apróximadamente 12.000 civiles no combatientes, en su mayor parte mujeres y niños, fueron masacrados por guerrilleros afganos o muertos por el frío, al intentar forzar el paso de Khyber (que ni siquiera Tarmelán forzó en su momento). Solamente un puñado de soldados hindúes y un sólo europeo, el doctor Brydon, lograron sobrevivir a esta terrible marcha.

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Con todo, lo que limitaba a Elphinstone era su incapacidad física y achaques, de los que era muy consciente y puso en conocimiento de sus superiores. Así, intentó convencer al Gobernador General de la India, lord Auckland, de que no podía asumir el mando a causa de su mala salud. Entre otras ocasiones Ambrose Burnside y Redvers Buller habían dudado incluso de la capacidad intelectual de Elphinstone para ejercer el alto mando; en este caso la excusa de Elphinstone se basaba en que el clima afgano sería extremadamente molesto para un hombre sano, y no digamos para él, que estaba en aquél momento en una situación de ruina física por la gota que padecía. Sin duda, la equivocación inicial debe imputarse a Lord Auckland, con independencia de los errores que Elphinstone cometiera posteriormente. Más bien es un personaje que lleva a la conmiseración, pasivo hasta el final y muerto de disentería prisionero de Akbar Khan.

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Hans Joachim Marseille
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Mensaje por Hans Joachim Marseille »

Una pequeña aportación:

Un autor estadounidense, M. Evan Brooks, cuando habla de Elphinstone, refiere que para ese momento Elphinstone "sufría de gota, reumatismo e indecisión. Sólo la última resultó ser fatal".

Curioso... :pre:

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Mensaje por Gebisjager »

Allá va otro caso de militar incompetente: El duque Leopoldo I de Austria y la batalla de Morgarten, hito en la consolidación de la incipiente Confederación Suiza.
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El 15 de noviembre de 1315, unos 2.000 montañeses (acompañados por tropas de otros valles) repelen en Morgarten, al sur de Zúrich, a las tropas del duque Leopoldo I de Austria, señor de los Habsburgo, formadas por unos 2.000 caballeros y 7.000 infantes. ¿Dónde radica la incompetencia del comandante austriaco? En su exceso de confianza, junto con un deficiente reconocimiento del terrreno y del enemigo.
Avanzó por terreno montañoso con la caballería al frente.Su larga columna de hombres a caballo siguió una estrecha senda entre el lago Egri y las laderas de la montaña. Los suizos previamente habían bloqueado el camino con un muro de piedras sueltas (¡parecen las Termópilas 2ª parte!), mientras el grueso de sus fuerzas permanecían escondido en los bosques que flanqueaban y dominaban la senda de montaña. El escenario estaba servido, cuando la vanguardia austríaca se encontró con el óbstáculo, defendido por un pequeño destacamento suizo, no le quedó más remedio que detenerse; por contra, el resto de la columna siguió avanzando y apretando las filas, creando la consiguiente confusión en un cada vez más reducido espacio. En ese preciso momento, los suizos dejaron caer desde las cimas de las laderas piedras y troncos rodantes sobre los indefensos jinetes y, simúltaneamente, una tupida masa de hombres armados con alabardas irrumpió desde sus posiciones a cubierto y atacó los flancos de los austríacos. El desastre fue inmediato y completo; los caballeros austríacos apiñados en el camino no tenían espacio para hacer girar las grupas de sus caballos ni pudieron cargar colina arriba; debajo de ellos estaba el lago y tras de sí el camino atascado por el resto del ejército.
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Aunque Leopoldo maniobró para poner a slvo a sus hombres, practicamente unos 2.000, en su mayoría los jinetes de vanguardia, murieron bajo los golpes de las alabardas de los agerridos suizos o ahogados en las aguas del lago Egri.
La derrota bien se puede atribuir a una dirección militar errónea. La falta de reconocimiento previo del camino montañoso fue un error inexcusable y su pretensión de utilizar la caballería en la montaña un mal recurso. Los suizos con el terreno a su favor y el beneplácito de Leopoldo hicieron el resto y dieron buena cuenta.
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Quinto_Sertorio
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Mensaje por Quinto_Sertorio »

Hola, buenas tardes/dias/noches, según sean vuestras costumbres y usos horarios....

Al leer la historia de Jacobo IV, y su muerte en batalla, me viene a la mente considerar la delgada línea que separa la victoria, y la gloria; de la derrota y el escarnio...

Al fin y al cabo, todos consideramos que la postura del rey escocés de combatir en primera línea, era una locura y una insensatez. Pero no olvidemos otros ejemplos de líderes que hicieron lo mismo, y fueron considerados de manera muy distinta....

Por ejemplo Alejandro de Macedonia, el Magno, el Grande; creador no ya de un imperio, sino de una civilización, la helenística... ¿Qué se puede decir de Alejandro que no se haya dicho ya?....

Se puede recordar, su costumbre de combatir en primera línea, animando a sus tropas y buscando capturar a Darío, muchas heridas sufrió Alejandro en éstas, y en más de una ocasión salvó la vida por poco...

¿Qué diría la historia de él, si hubiera muerto en una de las primeras batallas, en Grecia o en el Gránico, por ejemplo...? Tal vez no hubiera pasado de ser considerado un simple niñato con ambiciones, o tal vez ni siquiera hubiera conseguido ser más que una pequeña acotación a pié de página en algún libro sobre historia de Grecia. Una simple anécdota.

Por no hablar de cómo hubiera podido cambiar la historia.....

Delgada línea la que separa la victoria de la derrota...

Saludos
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Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y de bailar que de hacer la guerra -- Homero.

Alain de Boissieu
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Mensaje por Alain de Boissieu »

Ejemplo meridianamente claro: las Fuerzas Armadas Egipcias en vísperas de la guerra de los seis días, con su mariscal al frente, Abdel Hakim Amer.

En especial es grave la negligencia en la fuerza aérea, según se dice, los israelíes creían estar bombardeando aviones falsos, ya que no podían creerse que estuvieran colocados de forma tan expuesta a un ataque enemigo.

Y todo ello, con el agravante de la bravuconería militarista de la que hizo gala Nasser durante todo su régimen, en especial las semanas anteriores al inicio de la guerra, llegando incluso a pedir la retirada de los cascos azules de interposición en la frontera.

un saludo
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harry_flashman
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Mensaje por harry_flashman »

No olvidemos el tan comentado ejemplo de Fernández Silvestre, que ordena construir una línea fortificada en Marruecos sin tener en cuenta el detalle de la falta de agua en la mayoria de las posiciones.

Y si Alejandro hubiera muerto en uno de los primeros combates se leería ahora que "las derrotas persas ante los griegos acabaron por hacerles perder todo prestigio ante los mismos. Alejandro, el joven hijo de Filipo de Macedonia, tras imponer su dominio sobre Grecia se atrevió a partir a la conquista de Persia con un exiguo ejército. Muerto en la batalla de Granico, la preeminencia macedonia no perduró tras su muerte".
¡¡Gritemos bien alto Arriba España y Viva Franco antes de poner el pie en esta tierra de cabrones!! (General Moscardó, presidente del COE, a la delegación española a los JJOO de Londres-48)
"Hitler es un hombre extraordinario. Moderado, sensible, humanista y lleno de grandes ideas" (Francisco Franco a Pedro Teotónio Pereira, 1940).
Groucho lo llevaba escrito. Tip no.

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Mensaje por Gebisjager »

harry_flashman escribió:No olvidemos el tan comentado ejemplo de Fernández Silvestre, que ordena construir una línea fortificada en Marruecos sin tener en cuenta el detalle de la falta de agua en la mayoria de las posiciones.
Excelente ejemplo Harry, :dpm: Annual (1921)
El general Fernández Silvestre tenía una bien merecida fama de militar valiente y combativo. No obstante, como máximo responsable de la Comandancia Militar de Melilla tomó una serie de decisiones estratégicas fatales, además de consentir el estado de corrupción generalizada que imperaba. De su personalidad, citar que su temperamento las más de las veces triunfaba sobre la razón; además su adversión hacia los "moros", hacia la diplomacia y hacia Abd el Krim en particular dificultaban considerablemente hayar una solución pacífica al problema rifeño.

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En mayo de 1921 ,la penetración española partiendo de Melilla había alcanzado 50 Kms hacia el sur y los 120 Kms. al oeste hasta Buy Meyan y Annual. La Comandancia Militar de Melilla disponía de unos 25.700 efectivos, al menos sobre el papel (algunos de estos efectivos figuraban en los estadillos de las unidades con el único fin de generar devengos). 20.600 españoles y 5.100 regulares marroquíes, que superaban ampliamente a los 3.000 o 4.000 guerreros rifeños de Abd el Krim. Sin embargo, las tropas estaban dispersas en unos 144 puestos avanzados, los blocaos y fuertes, la mayoría de los cuales se encontraban guarnecidos por un total de entre doce y veinte hombres. Aunque algunas posiciones como Batel, Dar Drius, Buy Mellan o Annual, sobrepasaban los ochocientos hombres.
Las unidades tipo regimiento, también adolecían de graves defectos estructurales, estas se encontraban igualmente dispersas sin formar un todo. A veces entre una compañía y otra del mismo regimiento podía haber Kms. de distancia. Esto se materializaba en una carencia de jefes naturales. Esta falta de mandos naturales otras veces estaba producida por la simple ausencia física de estos, que se encontraban Melilla, con motivos justificados o no, o bien por encontrarse de permiso oficial en la península, como ocurrió con muchos de ellos los días 22 y 23 de Julio, tal y como queda acreditado en el Expedienté Picasso (Sumario de responsabilidades para esclarecer los hechos que dieron lugar al Desastre).
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La ubicación de los blocaos era inapropiada, se construían, atendiendo a criterios políticos y no militares. Otras veces serán los propios nativos quienes soliciten y obtengan la creación de un blocao en el lugar por ellos designado, alegando la necesidad de protección frente a otras cábilas (tribus) no afectas a la causa española. Al producirse el desastre, estas pequeñas posiciones, quedaran irremediablemente perdidas, al quedar sumergidas en un océano hostil, incomunicados entre ellos, sin posibilidad de ser socorridos y muchas veces sin acceso a una fuente de agua.
La base de Igueriben tenía el suministro más cercano de agua a 5Km., de modo que la guarnición sitiada torturada por la sed se vió obligada a beber el jugo de las latas de pimiento y tomate, y finalmente "vinagre, agua de colonia, tinta y finalmente, su propia orina endulzada con azúcar". La historia se repitió en el viejo fuerte de adobe de Monte Arruit, pues la fuente más cercana de agua estaba a 1Km. de distancia.

La presión política también jugó su papel, se evitaba que el soldado europeo entrase en combate, pues las esquelas eran muy mal asumida por la opinión pública española y el fantasma de la Semana Trágica, quitaba el sueño a la clase política. Por lo que el peso de la campaña recaía sobre las tropas nativas, los regulares y la policía indígenas.Por lo general mal escogidos, tanto en su oficialidad (generalmente europea), como en su tropa. Según las conclusiones del ya citado Expedienté Picasso. Lo que se traducía en un soldado mal adiestrado y bajo de moral. Al producirse la deserción masiva de las tropas indígenas, que se pasaron al enemigo, el caos fue total y el terror, se apodero del soldado español.

Otro grave problema, era la corrupción casi generalizada en todo el ejercito y que iba desde el oficial que teniendo un sueldo de 500 pts al mes (este era el sueldo de un capitán en 1.921) tenía unos gastos de 15.000. Los altos oficiales se llenaron los bolsillos con el dinero de los Presupuestos Generales destinado a la construcción de carreteras, mientras el resto de oficiles robaban de los almacenes del ejército para venderlo y así hacer frente a sus dispendiosos gastos. Estos pasaban mucho tiempo lejos de sus tropas y los más veteranos o bien vivían en la Península o "jugaban y putañeaban" .Hasta el recluta que vendía sus armas y municiones a los futuros enemigos rifeños a cambio de fruta y verduras frescas. Estos estaban poco entrenados, y su armamento era obsoleto, con fusiles de la guerra del 98. Cobraba menos de la tercera parte que un rifeño que ejerciese de peón caminero y se veía obligado a subsistir a base de café, judías, arroz y pan. Evidentemente daba tanto como recibia. Era diestro en evitar las tareas de frente y en contraer intencionadamente todo tipo de enfermedades. La desmoralización reinaba a su campa.

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Cuando Abd el Krim inició su ofensiva la incompetencia de los españoles le había dado una excesiva ventaja, causando un desastre, una masacre. Un total de 10.000 soldados españoles cayeron en aquellos días desde el 22 de julio al 9 de agosto. Ese día, el segundo de Silvestre, el general Navarro (uno de los escsos sobrevivientes) fue autorizado ha rendirse con sus hombres en Monte Arruit, siendo asesinados otros 2.500 hombres, auténtica carnaza para de los carroñeros, " los buitres sólo comían de comandante para arriba" dice Manuel Leguineche.

Otros hablan de desastres equivalentes, en Isandhlwana o Adowa, en que se luchaba contra enemigos "no europeos" , en que también sus respectivos comandantes infravaloraron al enemigo y dividieron sus fuerzas; pero la diferencia estriba aquí en la proporción de enemigos frente a los europeos, que era de 5 a 10 contra 1; mientras que en Annual las tropas rifeñas no llegaban ni a la séptima parte de las españolas. Da que pensar.
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Mensaje por MENCEY »

La frase sobre los buitres que cita Leguineche es de una pelicula, ¨¨Historias de la Radio¨¨ de Sanz de Heredia, rodada en 1955.


La dice el personaje que interpreta Alberto Romea, un maestro de escuela veterano de Marruecos que explica a sus alumnos el desastre de Annual.Las cifras de muertos hoy en dia mas aceptadas estan en torno a los 8.000, cien arriba o abajo, entre los 7.875 y 8.180.A tener en cuenta que tras la toma de Abarran a comienzos de junio, la harca de Abd-del Krim aumento muchisimo, habria que multiplicar por 3 o por 4 sus efectivos para mediados de Julio.
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Mensaje por Gebisjager »

Que me perdone nuestro compañero de foro Hicks :wink: , pero no podía evitar poner a William Hicks como caso de militar incompetente. :pre:

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Hicks había desemepñado casi toda su carrera en el ejército indio, destacando en la acción de Sitka Ghaut ( 1859), así como en la expedición a Abisinia de 1867-68. En 1883 estaba a punto de retirarse con el grado de Coronel. Inesperadamente le ofrecieron la posibilidad de mandar el ejército egipcio en Sudán para hacer frente a los rebeldes madhistas, alcanzando el grado de General.

Su ejército en palabras de Winston Churchill era “quizá el peor ejército que jamás hubiese marchado a la guerra”, formado en su mayoría por fellahines, prisioneros y supervivientes de la revuelta de Arabí Pachá, , inexpertos e indisciplinados, soldados que tenían más en común con sus enemigos que sus oficiales. El 9 de septiembre de 1883 contaba con los siguientes hombres: 7000 de infantería, 1000 de caballería y 2000 irregulares, incluidos 13 europeos.Para colmo su material y armamento no era demasiado bueno.

A la presión del gobierno egipcio se unió la impericia de Hicks Pachá. Así tras algunas victorias menores, permitió que la totalidad de sus 10.000 hombres quedara atrapada en las tierras baldías de Kordofán, donde padecieron lo indecible en cuanto sed y agotamiento. El gran error de Hicks Pachá fue el intentar perseguir a las tribus aborígenes, nacidas y criadas en el desierto , en su propio terreno; es decir, en un territorio del que carecia de todo conocimiento y experiencia. Así las cosas , el resultado se presentaba inevitable: El 5 de noviembre el ejército, engañado por guías traidores y golpeado por la sed, fue sometido a una emboscada en el denso bosque de Kashgil, a 30 millas al sur de Obeid. Sólo 300 hombres escaparon de la aniquilación, siendo la cabeza de Hicks cortada y entregada al Madhi. gc86gc gc94gc

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Mensaje por Gebisjager »

Otro caso ignominioso de incompetencia militar lo encontramos en John de Warenne, 7º Conde de Surrey, en la batalla del Puente de Stirling, el 11 de septiembre de 1297:


Su contendiente no era otro que el bravo William Wallace, junto con Andrew de Moray , los cuales se enfrentaron a los ingleses en clara inferioridad numérica, no obstante el resultado del combate que tuvo aquél 11-S resultaría muy favorable a las armas escocesas. Estas eran las tropas enfrentadas: Los ingleses disponían de 15.000-50.000 soldados de infantería y 1.000-3.000 caballeros acorazados, mientras los escoceses contaban con unos 5.000-10.000 hombres de infantería y 150-800 de caballería.

Wallace y Moray ocuparon las colinas arboladas que dominan el río Forth en su orilla norte frente al castillo y la población de Stirling (orilla sur) , próximos a la abadía de Cambuskenneth. En medio, atravesando el Forth, estaba un puente de madera de Stirling , punto estratégico vital, ya que enlazaba el norte y el sur de Escocia.

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John de Warenne había conseguido una gran victoria contra la aristocracia escocesa en Dunbar (1296), dándole gran fuerza de ánimo, pero los últimos acontecimientos por parte de los rebeldes escoceses habían puesto en entredicho dicho logro . James Stewart, lugarteniente de William Wallace le propuso a Warenne que abandonara su actitud de ataque, a lo que el inglés le respondió con una carcajada. Warenne poco después mandó a dos monjes dominicos para persuadir de la rendición a los escoceses a lo que ahora Wallace replicó. "Volved con vuestros amigos y decidles que no hemos venido aquí sino a luchar, determinados a tomar venganza y liberar a nuestra patria. Decidles que vengan aquí y que nos ataquen, estamos esperando para enfrentarnos a ellos cara a cara". Así dio comienzo la batalla.

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Wallace tuvo muy en cuenta lo acontecido en Dunbar en el año anterior, en donde con una “melé” los caballeros ingleses destrozaron al ejército escocés en campo abierto, de modo que propuso que su ejército, principalmente infantería, esperase oculto al otro lado del Forth a la espera de que el ejército inglés tuviese que pasar por el puente de Stirling para llegar hasta ellos. El puente de Stirling solo tenía una anchura para que dos jinetes de la caballería pesada inglesa pudieran pasar parejos. Pese a los consejos de Sir Richard Lundie, caballero escocés que estaba a favor de los ingleses, Cressingham, ansioso por entablar combate, persuadió a Warenne para que ordenara atacar con la totalidad de la caballería por medio del puente. Warenne despreocupado no se molestó en hacer reconocimiento alguno, haciendo caso omiso a toda dificultad de paso por el puente de Stirling, e ignorando otros vados o pasos del Forth por donde hubiese podido ejecutar su maniobra. La realidad era que la idea de mover miles de hombres por un único y estrecho puente era francamente mala. El paso de todos los inglese podía suponer aproximadamente 11 horas en las que podía pasar cualquier cosa. Sir Richard Lundie de hecho conocía un vado a menos de una milla por el que podían cruzar 30 hombres a la vez, pero el comandante en jefe se negó a escucharlo mediante evasivas inspiradas en claro desprecio hacia los guerreros escoceses. Esto tendría sus consecuencias.

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La vanguardia inglesa, capitaneada por sir Marmaduke Twenge y Hugo Cressingham, empezó a cruzar el puente y a formar en la orilla norte del río, dominada desde la altura por las tropas escocesas, muchas de ellas emboscadas . Wallace frenó el ímpetu de sus soldados y pediendo que templaran ánimos y esperaran a que el enemigo se aproximara. De este modo, Wallace arengando paciencia y disciplina esperó a que hubiesen cruzado un tercio de los ingleses para iniciar el ataque. Primero ordenó que los arqueros dispararan una lluvia de flechas hacia los jinetes ingleses, en el momento en que Moray embestía contra el ejército inglés partiéndolo en dos y dejando a unos 5.000 infantes y jinetes enemigos aislados. Además otros soldados con largas lanzas taponaron la salida del puente impidiendo el cruce del grueso del ejército inglés. Acto seguido, al grito de ¡Alba go brath! –“Escocia para siempre”, en gaélico– Wallace ordenó a sus vanguardias salir en tropel y lanzarse hacia los ingleses aislados y con sus claymore (gigantes espadas escocesas de 1'64m) empezaron ha acometerlos y destrozarlos, desmontaron a muchos y otros fueron arrojados al río, ahogándose rápidamente por el peso de sus armaduras. Warenne envió refuerzos, pero esto fue peor porque el puente no pudo soportar tanto peso y cedió llevándose a cientos de ingleses al agua donde murieron ahogados, entre ellos, Cressingham. Los escoceses lanzaron un contraataque que causó la retirada inglesa y el final de una batalla victoriosa y decisiva para William Wallace y para Escocia.

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Un solo hombre, el conde de Surrey, llevo a la debacle a todo un ejército, el desprecio al enemigo y la falta de reconocimiento del terreno son las claves de su aparatosa derrota. Cruzar un río es una operación compleja, lo lógico es buscar un punto de cruce adecuado que no tiene que coincidir con un puente, sea cruce o vadeo se requiere una planificación y ejecución precisas. Warenne gozaba de diversas alternativas, incluso podía haber prescindido del paso por el puente de madera de Stirling, y ya decidido a ello podía haber realizado alguna finta por alguno de los vados existentes. El colmo de subestimar a las tropas escocesas supuso que no tomará precaución alguna y caer en la trampa.

Saludos.
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Von der Heydte

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El mariscal soviético Budienny, cuyos ejércitos fueron cercados y aniquilados durante los meses de agosto y septiembre de 1941. Más de 600.000 soldados fueron hechos prisioneros. Un hecho sin precedentes en la historia militar.

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James Abercrombie pasará a la historia como el general de Ejército británico de la Guerra franco-india que provocó el desastre en la Batalla de Ticonderoga o Carillón en julio de 1758.

Abercrombie nació en Glassaugh, Banffshire, en Escocia en el seno de una familia rica, entrando en el ejército en 1742. Fue promovido a coronel en 1746, y general en 1756. Abercrombie mandó una brigada en Louisbourg en 1757 y se convirtió en el comandante en jefe de las fuerzas británicas en Norteamérica en marzo de 1758.

Ese verano, condujo una expedición contra la Fortaleza Ticonderoga. El Abercrombie era un genio en la organización, pero vaciló en el ejercicio del mando, hasta el punto de que sus tropas le llegaron a llamar “Señora Nanny Cromby”. No obstante, tuvo el mérito de reunir 15,000 tropas, movilizarlas y provisionarlas a través de páramos.


El 7 de julio de 1758, el general James Abercrombie, al mando de 7,000 soldados regulares británicos y 9,000 soldados coloniales, decidió atacar la fortaleza francesa de Ticonderoga, en la orilla del lago Champlain (hoy en el estado de New York). El comandante francés, el marques de Montcalm, contaba con tan sólo 3,600 hombres y provisiones para ocho días. Para hacer frente al inminente ataque mandó talar los árboles de los alrededores y construir un parapeto dotado de aspilleras de unos dos metros y medio de alto situado en la dirección noroeste, dirección por la que presuponía que llegarían los británicos. Frente al parpeto se extendía un mar de ramas y copas de árboles cídas que dificultaban el avance ordenado.

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No obstante, pese a los impresionantes desvelos de los franceses, no había nada que pudiera preocupar en exceso a Abercrombie, que contaba con numerosas opciones para acometer el fuerte Ticonderoga:

- Podía atacar los flancos desprovistos de debida fortificación.

- Podía emplazar su artilleria y desmenuzar astilla por astilla el parapeto francés.

- Podía estacionar sus fusileros y artillería en una colina cercana, desde la que se dominaba la posición francesa, y barrerla de una punta a otra.

- Incluso podía provocar la rendición del enemigo mediante el hambre, estableciendo un sito en toda regla y cortando la llegada de suministros del norte.

Pues, resulta inusual en la historia militar que un comandante con tantas opciones, y todas ellas con garantia de éxito, fueran descartadas, y se decidiera por el clásico asalto frontal con bayonetas, dejando la artillería en el desembarcadero junto a los botes.

Rechazando cualquier ventaja, Abercrombie personalmente se retiró unos tres kms. hacia los aserraderos, donde habían desembarcado los británicos, limitando sus órdenes a una sola: “Avancen y ataquen”. Sus oficiales ejecutaron sus órdenes y formaron sus tropas con un orden impecable. En su avance poco podían ver a través de la maraña de árboles caídos; posiblemente atisbaron la parte alta del parapeto pero no las casacas blancas de los defensores que estaban detrás del mismo. Cuando estaban plenamente confiados e ignorantes del obstáculo que tenían frente a sí, el parapeto se convirtió súbitamente en una tempestad de metralla y fuego de mosquetes que barrió las filas de un extremo a otro.
Las tropas hicieron gala de un coraje excepcional, sobre todo los “highlanders” que, blandiendo sus anchas espadas de doble filo, se abrieron paso hasta el parapeto, aunque no pudieron trepar por él porque nadie había tenido la previsión de proporcionarles escaleras de asalto. Pese a todo, algunos lograron encaramarse a la parte superior de la empalizada, donde fueron rápidamente abatidos por los disparos de los franceses. Durante largas cinco horas la infantería británica mantuvo una desigual batalla, hasta que a las 6 de la tarde se les ordenó que cesaran en su ataque . Los ingleses sufrieron casi 2.000 bajas entre muertos y heridos, mientras que los franceses sólo lamentaron la pérdida de 377 hombres.

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En conclusión, se trató de una derrota innecesaria y asombrosa que se debió única y exclusivamente a la incompetencia y estupidez homicida de Abercrombie, y su fe ciega en los asaltos frontales. Este desastre causó su reemplazo por el General Jeffrey Amherst y su regreso a Inglaterra en 1759.
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Las guerras franco-indias son una cantera de militares definitivamente incompetentes. Seguramente, Abercrombie tenía que tener en mente muy fresco el recuerdo del General Edward Braddock en la batalla de Monongahela o Wilderness, el 9 de julio de 1755, tragedia que también fue conocida como el “desastre de Braddock”. Por cierto, aquí salta a la historia un personaje de gran transcendencia en la historia de los EE.UU., nada menos que Georges Washintong.

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Edward Braddock, nació en Perthshire, Escocia, alrededor de 1695. Era hijo del General Edward Braddock (fallecido en 1725). Su carrera militar empezó con los Coldstream Guards en 1710. En 1747, sirvió como teniente coronel bajo el mando del príncipe de Orange en Holanda durante el sitio de Bergen op Zoom. En 1753 fue nombrado coronel del 14º Regimiento del Príncipe de Gales, también conocido como Regimiento West Yorkshire, y en 1754 fue nombrado general. Su valia hizo que poco después fuese a su vez nombrado como Comandante en jefe de las Fuerzas Británicas contra Francia en Norteamérica, así desembarcó en Virginia el 19 de febrero de 1755 con dos regimientos de soldados británicos (el 44º, al mando del coronel sir Meter Halket, y el 48º, a las órdenes del coronel Thomas Dunbar). Se reunió con varios gobernadores coloniales en el Concilio de Alejandría el 14 de abril y allí fue persuadido para atacar a los franceses.

La fuerza que Braddock había reunido en el fuerte Cumberland eran unos 2.200 hombres, 1.400 de los cuales procedían de los regimientos británicos, 450 de la milicia de Virginia (de los que Braddock tenía la peor opinión, bisoños y perezosos), un centenar de la artilleria real y 30 marineros de la Royal Navy, además de un pequeño número de exploradores indios.

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El día 10 de junio las fuerzas de Braddock salieron del fuerte Cumberland e iniciaron una larga marcha a través de bosques (tengamos en mente las escenas de los paisajes de la película “El último Mohícano”) hacia el fuerte Duquesne, en la confluencia entre el río Monongahela y Ohio. Encabezaban la columna 300 “ingenieros”, leñadores y carpinteros, al mando de sir John St. Clair, con la misión de limpiar de obstáculos un camino para hacerlo apto para el paso de carruajes, caballos de carga y artilleria. Lo que hizo más lento y penoso el recorrido.

El día 7 de julio Braddock llegó a la desembocadura de Turtle Creek, una corriente que se une al río Monongahela, a 12 km. del fuerte Dunesque. Este era el lugar donde Braddock iba intentar el vadeo de sus tropas, y donde temía los franceses opusieran una gran resistencia.

Sin embargo, en el lado francés reinaba la confusión y tenían conocimiento de su manifiesta inferioridad (de 3 contra 1). El comandante francés, Contrecoeur, sólo disponía de unas pocas compañías de soldados regulares y tenía que confiar en los contingentes de indios (Ottawas, Hurones, Delawares, Shawnees e Iroquenses). Sabía que posiblemente el fuerte no resistiría el sitio de un enemigo tan numeroso y decidió que tenía dos alternativas: rendir el fuerte con todos los honores o volarlo. No obstante, dos de sus capitanes, Beaujeu y Dumas, se mostraron en total desacuerdo y le urgieron a que atacase la columna británica. Igualmente los indios tampoco estaban demasiado dispuestos a combatir, sabedores de la superioridad británica, pero Beaujeu se las ingenio para persuadirlos y logro convencer a 650 indios, que con 150 irregulares canadieneses y 70 soldados regulares franceses tratarían de tender una emboscada a Bradock a ser posible en el lugar que intentase el vadeo.

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El 9 de julio de 1755, los hombres de Braddock cruzaron el Monongahela sin la oposición, tocando la marcha de granaderos con pífanos y tambores que despertaban el espíritu marcial. Braddock en previsión de ataque en este punto, había enviado una avanzadilla de 350 hombres, al mando del Teniente Coronel Thomas Gage (futuro Comandante en Jefe de las tropas británicas en la Guerra de Independencia estadounidense), para limpiar la orilla opuesta de eventuales enemigos, enemigos que para su sorpresa no existían. El capitán Beaujeau, y sus nada fiables aliados indios, simplemente no habían llegado a tiempo. Lejos de emboscar a Braddock avanzaban a toda velocidad para alcanzar a la columna británica cuando se encontró inesperadamente con la avanzadilla de Gage.

Cruzado el río por el grueso en perfecto orden y en el lugar de mayor riesgo, lo cual suponía Braddock elevaria la moral, la disposición de sus tropas no era nada imprudente ni desidiosa. En cabeza marchaban los guías indios y 6 jinetes virginianos encargados de anular cualquier sorpresa, seguidos de la avanzadilla de Gage, encargados de talar los obstáculos, en un bosque no muy tupido, pero lo suficiente para impedir el paso de carruajes, cañones y sus municiones. Tras ellos, en orden compacto, venía el grueso que marchaban en columna (con los carruajes entre filas en el centro) y diversas partidas de flanqueo a izquierda y derecha de la columna. Con ellos iba la mayor parte de la artillería consistente en 4 cañones de 4,5 Kg., 4 obuses de 20 cm. Y 3 morteros.

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De repente la vanguardia quedó envuelta en combate. Era el capitán Beaujeu, que entre gritos salvajes y cánticos de guerra indios, situó a sus hombres a ambos lados de la avanzadilla británica disparando un fuego mortífero bajo la protección de los árboles. Con todo Gage formó a sus hombres con gran precisión y disparó una serie de andanadas hacia el lugar donde presumiblemente se encontraba el enemigo, aunque a duras penas podía distinguir alguno. Pese a todo fueron los mejores disparos británicos de toda la batalla, pues a la 3ª andanada Beaujeu cayó herido en la cabeza y muchos de sus irregulares canadienses huyeron despavoridos. El capitán Dumas reagrupó a los supervivientes mientras que los indios empezaban a rodear los flancos británicos, donde descubrieron que el disparar a los ingleses con sus indiscretas casacas rojas y en su formación en línea y pie en tierra era disparar a unos blancos extremadamente fáciles. Los británicos no habían visto ni conocido ninguna batalla que se pareciese a ésta y su confianza iba decayendo a medida que aumentaban las bajas ante un enemigo invisible. Finalmente se expandió el rumor de que los indios estaban atacando los carruajes del equipo y que, por tanto, los habían rodeado completamente. Así, la disciplina comenzó a disiparse y el pánico comenzó a extender como un reguero de pólvora ardiendo. Los grupos que protegían los flancos, sufrieron el fuego de los indios pero también el fuego indiscriminado de los británicos, por lo que abandonaron sus posiciones y corrieron hacia la masa que se arremolinaba en el centro.

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Los sucesos que siguieron, no cuentan con una versión única, ni siquiera entre los testigos presenciales. Braddock entra en escena y ordena al coronel Halket que protega el equipo con la retaguardia, mientras que ordenaba al coronel Burton con el cuerpo principal avanzar para relevar a los soldados de Gage, pero el encuentro de los dos grupos que iban en direcciones opuestas provocó el “pandemonium”. A ambos lados del caos de casacas rojas, el bosque crepitaba con fuego hostil. No se podía ver ningún enemigo, pero los soldados estaban atrapados entre olas de balas silbando por ambos flancos. Los hombres caían a racimos. Cuerpos ensangrentados formaban montañas de carne que gritaban, acelerando el pánico. Un testigo presencial narra ese momento: “la confusión y la destrucción fueron enormes, de modo que los hombres dispararon irregularmente, uno tras otros, y a causa de ello muchos hombres resultaron muertos por sus propios compañeros y no por el enemigo, como pudo comprobarse posteriormente por las balas que los médicos extrajeron de los heridos, que se diferenciaban por su tamaño de las de los franceses y los indios…”

Un capitán de Virginia llevó a sus hombres hacia un tronco de árbol caído para cubrirse tras él. Para su asombro, fueron barridos por los disparos de los regulares ingleses que los confundieron con franceses. Algunos oficiales británicos, creyendo que los virginianos desertaban, impidieron a sus hombres seguir su ejemplo. Braddock temeroso de que desapareciera toda disciplina, gritó a los soldados que se habían refugiado en el tronco que volvieran a sus puestos. Curiosamente cuando algunos casacas rojas, con una iniciativa poco frecuente, se pusieron a cubierto fueron tildados de pusilánimes y reprendidos duramente, a lo que alegaban que de cobardes nada, que “estaban dispuestos a luchar si supieran contra quién tenían que hacerlo”.

Un error de Braddock fue que durante el avance de la columna se desentendió inexplicablemente de un montículo en el flanco derecho que era de donde procedía buena parte del fuego más duro y nutrido. Así las cosas, el coronel Burton, con poco más de 100 hombres, intentó tomar al asalto la colina, pero fue alcanzado y cayó de su caballo. Sus hombres, al ver a su oficial al mando caído, se asustaron y emprendieron una retirada veloz.

Braddock encolerizado cabalgaba arriba y abajo tratando de formar unidades más pequeñas y organizadas para que avanzaran a punta de bayoneta y repelieran a los indios, pero este esfuerzo fue totalmente ineficaz e inúltil. George Washington, tras abrirse camino hasta Braddock, pidió permiso para dispersar 300 hombres entre los árboles y enfrentarse al enemigo al estilo indio: permiso denegado. La teoría militar sostenía que permitir que emanaran órdenes de los inferiores era un precedente peor que las balas. Los británicos estaban demasiado bien entrenados para luchar fuera de formación, demasiado soberbiamente instruidos para adaptarse a exigencias cambiantes de la nueva situación. “Aquellas condenadas ratas no podían pensar por sí mismas”. Braddock , con su sombrero sujeto a la cabeza y un amplio pañuelo atado al cuello constituía un blanco facilísimo, pero su vida parecía estar protegida por algún encanto. Cuatro montaduras resultaron muertas y él ileso, siempre, pero cuando montaba su quinto caballo cayó victima de una bala que le atravesó el brazo derecho y le penetró el pulmón.

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Un explorador indio, un tal Scarouady, había aconsejado a Braddock una retirada inmediata, pues estaban en una situación claramente desfavorable, clavados sobre un terreno cuyo enemigo ni siquiera podían ver. Sin embargo, Braddock tardó tres horas en llegar a la misma conclusión, durante las cuales al menos el 60 de sus 86 oficiales fueron víctimas de las balas. Así las cosas, casi sin oficiales y con su general herido, la disciplina se evaporó y muchos soldados comenzaron a huir de aquél espantoso escenario. Washintong, con dos caballos también abatidos, trató de refrenarlos y reagruparlos, pero se enfrentaba no a seres humanos sino a animales salvajes despavoridos.

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Lo que continuó fue un fracaso total, pero los franceses no podían rematar su victoria en el supuesto que Braddock fuera capaz de reagrupar sus ya dispersas fuerzas, aún superiores en número. Además, eran conscientes de que quedaba un importante contingente en retaguardia protegiendo el equipo a las ordenes de coronel Halket. Lo que desconocían era que la creciente desmoralización llevó a Halket a ordenar destruir la vituallas y municiones para evitar que cayeran en manos de los franceses. Raramente se ha producido una derrota tan sorprendente y tan completa.

Aunque la guerra de frontera o contra los indios tenían sus especifídades Braddock fracasó por abandonar las reglas europeas en las que había sido educado militarmente, sencillamente porque hizó caso omiso a los principios fundamentales de la táctica europea del siglo XVIII (a su amado “Treatise of Military Discipline” de Humphrey Bland, que sabía prácticamente de memoria). El soldado británico no estaba adiestrado para pensar y actuar como combatiente individual, dependía de sus oficiales y de la fuerza del grupo. En concreto, ¿en qué falló Braddock?:

- El reconocimiento de la zona no fue el apropiado, puesto que no permitió un sistema de alerta rápida ante el avance enemigo, anulando sus capacidad de reacción, de tal modo que con antelación suficiente podría haber formado líneas bien ordenadas de acuerdo con lo que los soldados habían aprendido en sus entrenamientos.

- El despliegue era inadecuado, las distancias entre las diferentes unidades de la columna eran demasiado pequeñas, lo que llevó al atropello de unidad tras unidad.

- El orden de marcha también era inadecuado, al marchar en columna con la fila de carruajes dividiendo en dos el grueso limitó y obstaculizó la posibilidad de establecer líneas. La formación que adoptó era muy rígida. El manual de Bland aconsejaba que en zonas boscosas se avanzase en pelotones, puesto que las unidades más pequeñas eran más manejables y podían convertirse más fácilmente en unidades ofensivas.

- No ocupar las partes más elevadas del terreno fue un enorme y elemental error de juicio.

- El hecho de ordenar y avanzar junto al grueso en dirección a los disparos fue contra toda mínima precaución y significó meterse con los ojos cerrados en una emboscada. El manual de Bland sostenía que si la vanguardia era atacada, el grueso debía quedarse donde estuviese hasta que se hubiese enviado un destacamento para informar de lo que sucediera; solo entonces podría ordenarse avanzar. Bland concluye:”un oficial difícilmente podrá recuperarse si es sorprendido sin estar preparado”.

La mayor derrota militar que los británicos jamás sufrieron en América del Norte antes de Saratoga se había gestado. Mortalmente herido, Braddock cedió el mando a Washintong, el cual enterró el cuerpo del general en secreto e hizo que todo el ejército pasara por encima de su sepultura para que los indios no pudieran descubrirla nunca.

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Comparativa de bajas:

TOTAL MUERTOS HERIDOS
BRADDOCK
Oficiales & Staff 96 26 36
Tropas, etc. 1373 430 484
BEAUJEU
Franceses 200 8 -
Indios 600 20 -

http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Braddock

http://en.wikipedia.org/wiki/Braddock_E ... onongahela

http://www.britishbattles.com/braddock.htm

http://www.mohicanpress.com/braddocks_defeat.html
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LA BATALLA DEL CRÁTER DE PETERSBURG:

LA CONSTRUCCION DE LA MINA: HENRY PLEASANT (I)

A lo largo de la historia militar, pocas son las personas que tienen la habilidad de cosechar un fracaso a partir de unas circunstancias tendentes al éxito. Una de ellas fue el general Ambroside Burnside y lo demostró con creces en la batalla del cráter de Petersburg, el 30 de julio de 1864.

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Ambrose Burniside era el militar de carrera que con no demasiada fortuna había liderado el ataque final en Antietam, sobre el sangriento y a partir de entonces conocido puente de Burniside. Destituido el general George McLellan, pasó a ser el comandante del ejército del Potomac (noviembre de 1862). Su presencia era imponente, 1,80 de altura, atlético, de semblante jovial, bien parecido y con un bigote espléndido. Sin embargo, tras su sonrisa había un carácter vacilante y falto de firmeza, que podía ser desastroso en los momentos críticos. Pocos mandos habían llegado tan arriba con tan pocos méritos. A pesar de todo, hay que reconocerle que en 1862 no ambicionaba el mando del ejército y en este sentido se expresó al presidente Lincoln, pues no se creía capacitado para suceder al general McLellan. Lincoln insistió, y tuvo que producirse la nefasta derrota de Fredericksburg para darse cuenta de que Burnside estaba en lo cierto.

En el verano de 1864 Burnside estaba al mando del IX cuerpo del ejército, frente a Petersburg. El ataque de Ulyses S. Grant para hacerse con Richmond (la capital de la Confederación) se había quedado totalmente atascado en una guerra de trincheras, que se limitaba a asaltos sangrientos e inútiles que uno tras otro se estrellaban contra los aparentemente inexpugnables 32 Km. de puestos fuertes y trincheras de la Confederación. En concreto, las tropas de Burnside ocupaban unas trincheras situadas tan sólo a unos 150 m. de uno de los puntos fuertes del enemigo, el denominado Elliot´s Salient, siendo esta posición fortificada, guarnecida por dos veteranos regimientos de Carolina del Sur y una batería con 4 cañones, todo lo que separaba a las fuerzas de la Unión de la estratégica ciudad de Petersburg.

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Las tropas de la Unión que estaban enfrente del Elliot´s Sallient eran del 40º Regimiento de Voluntarios de Infantería de Pennsylvania, bajo las órdenes del Teniente Coronel Henry Pleasants. Más de una cuarta parte de estos voluntarios habían trabajado en las minas de carbón durante su vida civil, y Pleasants era ingeniero civil que había trabajado en la construcción de infraestructuras ferroviarías (incluido en túneles) en Pennsylvania. Uno de sus hombres le comentó: “ese maldito fuerte es todo lo que se interpone entre nosotros y Petersburg y se me ocurre cómo podríamos hacerlo desaparecer”, dicho y hecho, Pleasant dibujó un plano del terreno circundante e ideó un plan consistente en volar por los aires Elliot´s Sallient mediante una mina, para cual se excavaría un túnel de 160 m. que llegaría hasta la posición rebelde y que se empezaría a 50 m. de la retaguardia de la trincheras de la Unión para que pasase desapercibido.

ImagenRetrato de Pleasants

Dicho plan fue expuesto al general Burnside, pero fue desestimado el mayor Duane, jefe de los ingenieros del ejército, que lo calificó de un plan que ocasionaría “mucho ruido y pocas nueces”. Sin embargo, Ambrose Burniside presentó el plan a su superior, George Meade, que no muy convencido se lo trasladó a Grant. Finalmente la decisión de éste fue que se iniciase el túnel pues mantendría a los hombres ocupados y los libraría del aburrimiento el cual podía socavar su moral. Así, el 25 de junio de 1864 comenzaban los trabajos de excavación de la mina.

Con todo a pesar de contar con la aprobación del comandante en jefe, Pleasant se encontró con la falta de cooperación de quienes tenían experiencia para ayudarle. Se le había prometido una compañía de ingenieros y de cualquier ayuda que necesitase, pero cuando se la solicitó formalmente a Meade no encontró ninguna respuesta. El mayor Duane consideraba que la mina era inviable porque era demasiado larga y que los hombres morirían por falta de aire o por quedar atrapados ante cualquier corrimiento de tierras. Además, la obra llegaría a oídos de los rebeldes y éstos cavarían contraminas(al menos, intentaron dos).

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Pleasant lejos de amilanarse, organizó a sus hombres por turnos, y comenzaron la excavación con lo que tenían a falta de picos y palas, esto es, con sus bayonetas y latas de galletas como carretillas. La falta de apoyo se prolongaba, así que las vigas para sostener las paredes y techo del túnel se obtuvieron desechando un puente de ferrocarril cercano. Con tesón, Pleasant vino a solventar cada uno de los problemas técnicos que habían aducido los profesionales del ejército:

- El terreno era arcilloso, por lo que presentaba filtraciones, por lo que alteró convenientemente el ángulo del túnel para asegurar el buen drenaje.

- Para conseguir una ventilación adecuada, instaló una puerta hermética a la salida del túnel, a la vez que se construía a lo largo del túnel una cañería de madera que llegaba hasta los hombres que cavaban y que se ampliaba a medida que avanzaban. Mientras un hogar de leña situado al lado de la puerta sellada hacía salir el aire caliente por su chimenea y creaba una corriente de aire que expulsaba el aire viciado del interior del túnel e introducía aire fresco a través de la cañería, cuya boca estaba situada tras la puerta. El túnel tenía unas dimensiones de 1,5 m. de altura por 1,20 de ancho al principio y 1 m. al final.

- Excavados unos 60 m. Pleasant necesitaba instrumental para efectuar las triangulaciones precisas y averiguar si el túnel iba bien encaminado, para lo que recurrió a los ingenieros del ejército y estos le hicieron caso omiso. Quien le prestó un teodolito viejo fue el propio Burniside, a través de un amigo suyo de Washington.

A riesgo de su propia vida, desde la primera línea de trincheras y bajo el fuego constante de francotiradores, Pleasants tomó diligentemente todas sus medidas, y finalmente, el 17 de julio, pudó informar a Burniside que el túnel de 170 m. de largo, estaba exactamente 6 metros por debajo del reducto de los Confederados. Pleasants procedió entonces a cavar un pozo de 25 m. de largo con forma de “T” al final del túnel y lo rellenó con unas 4 toneladas de explosivos, repartidos en 8 depósitos conectados entre sí. Los ingenieros una vez más mostraron sus pocas ganas de ayudar, y le negaron una batería galvanica y el suministro de alambre aislante para hacer estallar la carga. Sin desalentarse, Pleasant empalmó dos espoletas corrientes de 15 m. cada una, conectó los explosivos del pozo en forma de “T” y extendió el resto en los 30 m. a lo largo del túnel, desde donde era posible encender la espoleta.

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LA BATALLA: LOS PLANES FRUSTRADOS DE AMBROISE BURNSIDE (II)

Grant había considerado este proyecto como un mero entretenimiento, pero al ver sus posibilidades empezó a apoyarlo firmemente. El plan empezaba a madurar. Entre Petersburg y las líneas federales tan solo había medio km. superar Elliot´s Sallient y una leve sierra que se levantaba tras él podía decidir la guerra, ya que si caía Petersburg posiblemente cayese Richmond y con ello se pondría fin a la guerra civil. Así las cosas, Grant decidió apoyar decididamente con todos sus recursos a Burniside. Para lo cual ideó una maniobra de distracción atacando al norte del río James. Los hombres de Hancock, y dos divisiones de Sheridan, se trasladaron a lo largo del río James para crear una desviación o incluso un avance simúltaneo. La estratagema de Grant funcionó a la perfección, ya que Lee trasladó cinco divisiones de infantería a Bermuda Hundred para bloquear a Handock, dejando a Beauregard con sólo tres divisiones para defender Petersburg.

Burnside comenzó a preparar su orden de operaciones: La explosión de la mina se fijó para las 3.30 horas de la madrugada del 30 de julio; tras ella se produciría el ataque del IX cuerpo de ejército de Burniside, apoyado en los flancos por el V cuerpo (Warren) y II cuerpo (“Baldy” Smith). Además, para reforzar el efecto de la mina, frente a la posición confederada se habían situado 80 cañones de campaña, 18 morteros pesados de 25 cm, 28 morteros ligeros y 18 cañones de asedio de 11,5 cm. Tan pronto como hubiese explotado la mina, las tropas de Burniside deberían avanzar por la sierra sin detenerse para nada. El tiempo era esencial y los hombres debían ocupar la cima de la sierra antes que los confederados pudiesen recobrarse del “shock”.

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Hasta aquí los planes de Burnside estaban intachablemente fundamentados, y desmentían su mala reputación, ganada en Antietam y Fredericksburg, de ser un chapucero. El IX cuerpo de ejército lo componían cuatro divisiones, tres de las cuales habían estado constantemente en acción y estaban realmente fatigadas, mientras que la cuarta permanecía relativamente fresca. Esta era una división compuesta por unos 4.300 hombres negros, al mando del general Edward Ferrero. Por tanto, Burniside decidió que sería la división de Ferrero la que encabezaría el asalto dado su fuerza numérica y menor cansancio, y en consecuencia recibió un entrenamiento específico para liderarlo.

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Hasta entonces todo parecía atado y bien atado, pero las consideraciones militares quedaron en un segundo plano cuando aparecieron las consideraciones políticas. Los perjuicios raciales no eran exclusivos de los confederados, en el ejército de la unión había mandos que cuestionaban la capacidad combativa de las tropas negras. Por poner un ejemplo, Sherman dudaba de su calidad como soldados; cuando le preguntaban que pensaba que sí un negro no era tan bueno como blanco para detener una bala contestaba: “Sí, y un saco de arena es aún mejor”. Burnside estaba decidido a borrar estas consideraciones, pero desgraciadamente no contaba con la sensibilidad política de sus superiores, que estimaban que la utilización de tropas negras había sido algo así como una empresa arriesgada destinada para aplacar a los abolicionistas. Así, Meade no estaba preparado para sacrificar su reputación enviando tropas inexpertas a un asalto que se podía convertir en una masacre, por ello oredenó a Burnside que nombrase a otra de sus divisiones para encabezar el asalto, Burnside, enfurecido, comentó esta cuestión con Grant, pero el comandante en jefe dio la razón a Meade.

Desde ese preciso momento cambiaron las tornas, y la operación estuvo condenada al fracaso. Burniside se enfrentó a la dificultad de reestructurar sus planes con 12 horas de reacción, y fue encadenando desatino tras desatino, rozando las cumbres de la incompetencia: "… a partir de ese momento fue el peor general que un hombre maduro pueda ser; tanto el ejército como la causa de la Unión en su conjunto hubieran salido ganando si Burniside se hubiese metido en la cama, tapando con las sábanas su apuesto rostro y dejando a cualquier otro cargo del mando".

Estos eran momentos decisivos, Burnside no estuvo a al altura de las circunstancias, no actuaba racionalmente. En lugar de considerar los méritos de las tres unidades restante, decidió dejar la decisión al azar, permitiendo que los comandantes de las tres divisiones lo echasen a suertes. El vencedor fue el general James F. Ledlie, cuya división (1ª división) sin duda era la más débil y tenía el jefe más pusilánime e incompetente. El propio Burniside había manifestado semanas atrás que la división de Ledlie era una división de inútiles. No obstante, conociendo la debilidad de carácter de Ledlie y la valía de su división para una misión crucial no impidió que encabezasen el asalto.

La división de Ledlie se reunió a medianoche y empezó a avanzar por los intricados caminos que conducían a las trincheras de la Unión, tras un tortuoso laberinto Ledlie y su división estaban en la posición de partida. Mientras nadie había informado a la división de Ferrero de que se había producido un cambio de planes, por lo que las ocuparon posiciones previstas, olvidadas por Burnside, quien situó su puesto de mando en un emplazamiento de cañones a 400 m. de la primera línea y bastante desconectado de los hechos. Meade operaba aún más retrasado.

A las 3.30 horas de la madrugada, Pleasants envió a un hombre a encender la espoleta, pero llegó el momento y no sucedió nada más que un perfecto silencio. Pasaron 30 minutos, 1 hora, y estaba a punto de amanecer. Grant perdió el temple y ordenó a Burnside que emprendiese el ataque de todas las maneras. Tras los parapetos de la Unión los hombres del IX cuerpo llevaban más de 4 horas en estado de alerta y tensión.

Finalmente Pleasant mandó dos voluntarios del 40º Rgto., el Teniente Jacob Douty y el Sargento Harry Reese, a inspeccionar qué había pasado con la espoleta. Con riesgo de su vida, se arrastraron por los 130 m. de túnel y volvieron a encender la espoleta que se había apagado y empezaron a correr. A las 4.45 se produjó la esperada e tremenda explosión que al menos causó 278 muertos y heridos confederados y destruyó 2 de los 4 cañones de la batería de Elliot´s Salllient (a partir de aquí recordemos las primeras escenas de la película Cold Mountain). El general de brigada Handcock describió así la escena: “Sin forma ni figura, lleno de llamas rojas y sobre un lecho de destellos deslumbrantes se elevó hacia el cielo con el fragor de un trueno y se abrió como un hongo inmenso, cuyo tallo parecía ser de fuego y su cabeza de humo”.

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Simultáneamente, 80 cañones abrieron fuego contra los humeantes restos de la posición confederada. El tiempo pasó a ser vital, pero el “shock” fue tan trepidante que incluso llegó a afectar a las tropas unionistas, que presos del pánico, empezaron a correr hacia retaguardia; por lo que transcurrieron otros 10 minutos antes de que los oficiales reuniesen de nuevo a las tropas para comenzar el asalto. Entonces, fue cuando se produjo un descubrimiento espantoso. Meade y Burnside habían ordenado aplastar y abatir los parapetos delante de las trincheras para permitir que las tropas irrumpiesen inmediatamente en formación de combate. Sin embargo, no habían supervisado sus órdenes, y ahora reinaba la improvisación. Así, con las primeras luces de la madrugada las tropas de Ledlie se encontraban en el fondo de unas trincheras de dos metros y medio de alto y sin medios para salir de ellas. Un oficial organizó una escalera a base de bayonetas en un largo tronco de madera, otros empezaron a amontonar sacos terrenos como preveía el plan original. De este modo lejos de atacar la división en abanico en toda su extensión, las tropas de la Unión emergieron en un lento goteo que avanzaban titubeantes hacia el cráter humeante que habían dejado la mina de Pleasants.

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Lo que encontraron ante sus ojos fue sorprendente. Unos 55 m de las líneas confederadas habían desaparecido y en su lugar había un enorme cráter de unos 20 metros de ancho por 10 de profundidad. Los hombres de Ledlie, en lugar de de evitar el obstáculo y entrar a la carga, parecían confusos y permanecían vacilantes contemplando el interior del gran agujero. Había soldados rebeldes enterrados hasta la cintura o de los que solo sobresalían cabezas y extremidades. Algunas de las tropas de asalto trataban de cavar para sacar a los supervivientes. A medio Km. a la redonda no había tropas confederadas que defendiesen la posición, y pese a todo se perdió un tiempo valiosísimo por la falta de mando. Burnside tenía que ordenar que el IX cuerpo avanzase hacia la sierra y tomar Petersburg antes de que Beauregard cerrase la brecha. ¿Qué estaba sucediendo?

Los ingenieros que se suponía que debían ir en vanguardia para allanar los obstáculos que se presentasen no aparecieron. Ledlie estaba agazapado en un refugio situado a unos 400 m. de las líneas, bebiendo ron. Le habían llegado novedades de la situación y se limitó a ordenar que sus tropas avanzasen hacia la sierra pero no hizo ningún esfuerzo por salir de su agujero y ver lo que estaba pasando. La ausencia de un mando unificado hizo que el ataque quedase interrumpido, y mientras las tropas actuaban como grupos de rescate o como simples mirones, entraban en el cráter o lo circundaban como un rebaño de ovejas sin orden ni concierto. No quedaba ningún vestigio de organización militar.

Desde su alejada posición Burniside no tenía ni la más remota idea de lo que estaba aconteciendo, excepto que la mina había sido un éxito y que habían abierto una enorme brecha. Sin recibir más informes del frente se limitó sencillamente a ordenar que avanzasen más tropas. Entonces Potter y Willcox condujeron a sus divisiones, primero por los intricados caminos de trincheras, donde solo podían avanzar de 3 en 3 y topándose en cada momento con heridos y mensajeros, y luego hacia las trincheras de primera línea cuyo alto parapeto había que superar por las escaleras de bayonetas o montones de sacos terrenos. Inevitablemente, que 7.000 hombres tuviesen que ejecutar tan penosos movimientos tenían que ralentizar toda la operación y dar al traste con cualquier posibilidad de éxito.

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Durante el tránsito, superior a 30 minutos, los confederados empezaban a recuperarse y a concentrar un fuego intenso sobre los hombres del cráter. Los cañones de la Unión habían inutilizado 10 de los 16 cañones apostados en la sierra pero los 6 restantes causaban estragos entre las tropas al descubierto. Nadie ejercía autoridad alguna entre miles de hombres amontonados en el cráter, algunos de los cuales escalaban sus escarpadas paredes con uñas y dientes, mientras que otros al llegar arriba caían sobre sus camaradas que estaban debajo suyo.

Tanto Meade como Burnside eran conscientes de que el ataque debía efectuarse con rapidez o de lo contrario fracasaría. Hasta las 5.00 horas de la madrugada podía tener éxito, a las 6.00 horas tal vez lo fuera pero a costa de un duro combate, y a las 7.00 horas no cabría ya ninguna posibilidad de ganar. Sobre esa base no había razón alguna para enviar más hombres en apoyo de un ataque que a todas las luces había fracasado. Burnside estaba a más de medio Km. de donde transcurria la acción, y Meade a más de un Km. Grant luego le recriminaría a Burnside que debería haber estado en el cráter con sus hombres, pero como en la batalla de Fredericksburg prefirió actuar bastante alejado, por lo que las órdenes no tenían relación alguna con los hechos. Su única orden se limitba a una palabra: “ATACAR”.

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Mensaje por Gebisjager »

EL CONTRAATAQUE : WILLIAM MAHONE (III)

A las 7.20 horas Meade había perdido totalmente la paciencia y quiso saber por el propio Burnside qué estaba sucediendo, enzarzándose en reciprocas acusaciones. Mientras tanto se estaba desarrollando la crisis, y lo que podía haber sido un simple fracaso se convirtió en una tragedia en la que se sacrificaban inútilmente vidas humanas. Fue entonces (8.00 horas), no queriendo reconocer que el ataque había fracasado totalmente, cuando Burnside ordenó a la división de Ferrero que apoyase la acción. En principio, Ferrero puso reparos alegando que en el cráter se amontonaban tres divisiones, pero Burnside insistió. Los soldados negros llevaban en estado de alerta desde antes del amanecer y sin aspavientos ejecutaron las órdenes lanzándose a la carga con intención de tomar la sierra. Ferrero, por su parte, no tenía la menor intención de avanzar con sus hombres, de modo que se detuvo en el refugio de Ledlie y compartió su ron, delegando el mando en sus oficiales.

A esas alturas, la división confederada del general William Mahone (procedente del sur de Petersburg) ya había reforzado las trincheras rebeldes y abrieron un fuego arrollador contra los soldados negros que avanzaban. Los morteros confederados disparaban a placer sobre las tropas atrapadas en el cráter, que no tenían donde resguardarse y que estaban tan apelotonadas que era prácticamente imposible moverse. El contraataque de los confederados arrojó a los hombres de Ferrero fuera de las trincheras que habían ocupado y empezó la matanza. El grito de los rebeldes era “coged a los blancos, matad a los negros”, comenzando la desbandada de las tropas federales hacia las líneas amigas.

Imagen Retrato del general Mahone

En aquél momento Grant dio orden de suspender la operación, aunque Burnside seguía creyendo que podían reorganizarse. Ni el mismo Grant podía creer lo que estaba aconteciendo, y como dijo al Jefe del Estado Mayor del ejército el general Henry W. Halleck, se trataba “del episodio más triste que había presenciado en toda la guerra”. Sólo la división de color tuvo unas bajas que casi alcanzaban el 50%, curiosamente cuando se había modificado todo plan para evitar una masacre semejante.

Sobre las 9.30 horas Meade dió la orden de retirada del cráter, pero era más fácil de decir que de ejecutar. Se rechazó una salida de miles de hombres pues se produciría un gran número de bajas y afectaría a la moral del IX cuerpo e igualmente se rechazó excavar una zanja que uniese el cráter con las líneas federales a no menos de 100 m. Por lo que se optó a esperar a que anocheciera para efectuar una salida en masa. Por el contrario, dentro del cráter la situación era insostenible, más de 10.000 hombres estaban apelotonados en un área de menos de 4.000 metros cuadrados, constantemente sometidos al fuego cruzado de fusilería y al lanzamiento de proyectiles de metralla. A esto el calor abrasador del verano añadía a sus sufrimientos la agonía de la sed.

Poco después del mediodía las tropas rebeldes de Mahone emprendieron la última carga, con las bayonetas caladas, contra los hombres atrapados en el cráter. La suerte estaba echada. Sin un mando adecuado y con la moral por los suelos, los miles de hombres del IX cuerpo salieron en directa estampida. Casi 1.700 hombres fueron capturados y varios centenares más muertos. En un día la Unión tuvo aproximadamente unas 4.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros en una de las operaciones más inútiles de toda la guerra civil. Por el contrario, Confederación tuvo 1.500 bajas.

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Meade clamaba por abrir un consejo de guerra a Burnside, sin embargo Grant le concedió un largo período de permiso. La comisión investigadora de los hechos condenó al general Ledlie, al que separó del servicio; mientras que Ferrero se libró misteriosamente del castigo que igualmente merecía.

En la batalla del cráter se pusieron de manifiesto algunas de las mejores y peores virtudes de la profesión militar:El coronel Pleasant es todo un ejemplo de la constancia y el ingenio. Superó todos los obstáculos, tanto naturales como humanos, con una determinación encomiable. Cohesionó a su hombres en un equipo que trabajo sin descanso para lograr su objetivo. La valentía de los soldados negros de la división de Ferrero también es digna de admiración, tras seis horas o más de estado de alerta, arrojados a la acción en la mayor confusión, inasequibles al desaliento, evitaron la carniceria del cráter y llegaron a tomar las trincheras confederadas a punta de bayoneta. Sin un jefe ni un plan coherente, sólo sucumbieron al final ante el poderoso contraataque rebelde.

En general, puesto que no faltaba planificación, determinación ni coraje, lo que falló fue la ausencia de cualidades que se esperan o se suponen deben reunir los mandos de alta graduación. Entre todos, si hay que destacar uno como el mayor responsable, ese es Burnside que falló en las horas decisivas y que hizo honor a su reputación de chapucero, y que le había generado la desconfianza de sus subordinados y superiores, y desde luego de Meade.

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Pese a que se le dejó poco tiempo de maniobra para cambiar sus planes, su deber era cumplir las órdenes de la mejor manera posible, pesando sobre todo en el porvenir de sus hombres. Errores imperdonables fueron:

- La elección aleatoria de la división de Ledlie como división de cabeza, máxime a sabiendas de la tibieza de dicha división y la incompetencia de su jefe.
- La revisión de órdenes, Burnside había planificado que para permitir el asalto en amplitud que se derribaran y allanaran los parapetos. Cómo pudo Burnside descuidar este requisito importantísimo, y que nadie del IX cuerpo reparase en este aspecto.

- La rapidez era elemento esencial, los hombres tenían que avanzar de manera uniforme para tomar la sierra sin que nada les perturbase de su cometido. Y Burnside desperdició el tiempo a raudales porque hubo errores de planificación, ejecución y decisiones más que inoportunas

- Se hecho en falta un mando unificado, en primera línea que coordinara el ataque, Grant reprochó a Burnside que no estuviese en el cráter alentando y dirigiendo a sus hombres. Burnside delegó y se desentendió, peor lo hicieron Ledlie y Ferrero escondidos y borrachos. Pero es deber de un Oficial Superior conocer a las perfección a sus subordinados, incluidas sus limitaciones.

La confederación consiguió una victoria táctica, en buena medida obra del joven general Mahone, pero la situación estratégica en el teatro de operaciones de Virginia no se modificó, se volvió a la guerra de trincheras y el sitio de Petersburg se prolongó.

Burnside abandonó el ejército y volvió a sus intereses mercantiles en Rhode Island. Fue tres veces gobernador de Rhode Island y senador de los EE.UU. Con todo, la derrota del cráter costó muy cara a su país por el número de vidas humanas que se perdieron. Un historiador escribió acerca de él: “No tuvo intención alguna de sacrificar a sus hombres, pero si la estupidez es sinónimo de culpabilidad, pocos generales en las épocas antiguas o modernas están a la misma altura que Burnside como culpable de homicidio sin premeditación”.


http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_the_Crater

http://www.nps.gov/history/history/onli ... /hh13f.htm

http://www.craterroad.com/craterbattle.html

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Mensaje por Gebisjager »

LA BATALLA DE SPION KOP:

La historia de la incompetencia británica alcanzó en la Segunda Guerra Anglo-bóer altas cotas de tragedia y negligencia. En una semana, la “semana negra”, del 10 al 15 de diciembre de 1899, el Ejército británico sufrió tres humillantes derrotas a manos de los bóer en las batallas de Stormberg, Magersfontein y Colenso, con unos 2.300 hombres muertos o heridos.

Pero la cosa no quedaría ahí, un mes más tarde del 23-24 de enero de 1900, a unos 38 km de la sitiada Ladysmith y en las orillas del Río Tugela (en Natal), en un punto dominante y estratégico conocido como "llave a Ladysmith" y llamado Spion Kop ( La “Colina Espía” en neerlandes) tuvo lugar un combate encarnizado y que se saldó con una estrepitosa derrota británica.

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Los mandos británicos implicados, y principales responsables, fueron:

- Redvers Buller (1839 — 1908) General británico cuya carrera militar comenzó en China y posteriormente tomó parte en la represión de la rebelión de "Río Rojo" en Canadá (1870). En África, luchó en las guerras de Kafir y Zulu (1878-79), en la primera guerra anglo-bóer de 1881, y en Sudán (1884-85). Como general adjunto (1890-97), Buller reorganizó los servicios de transporte y suministros del ejército británico. Fue comandante en jefe de las tropas británicas en la guerra anglo-bóer de 1899 - 1902, pero sus frustrados intentos por levantar el sitio a la ciudad de Ladysmith llevaron a que fuera reemplazado por el general Frederick Roberts.

Imagen R. Buller

- Charles Warren (1840-1927), posee una interesante biografía, militar y arqueólogo británico que ingresó a los 17 años al Real Cuerpo de Ingenieros donde desarrolló una meteórica carrera. Entre 1867 y 1870 el entonces capitán Warren realizó numerosas exploraciones en la región de Palestina, las cuales son las bases del conocimiento de la topografía de la antigua Jerusalén y de la arqueología de la zona.
Durante la década de 1870 fue enviado al sur de África, hasta que en 1880 retornó al Reino Unido. En 1882 volvió a África, donde participó en las acciones británicas de reclamación del territorio conocido como Bechuanalandia y tuvo bajo su mando a la guarnición de Suakim (1886). Ese último año fue nombrado jefe de la Policía Metropolitana en Reino Unido, cargo que desempeñó durante dos años (cuando Jack “el destripador” hacía de las suyas). Al año siguiente comandó las tropas británicas coloniales en Singapur durante cinco años.
Con el grado de Teniente General durante la guerra anglo-bóer, Warren comandó la 5ª División de la Fuerza Sudafricana. Su derrota en Spion Kop desató una fuerte controversia sobre sus habilidades militares, pero en la posterior ofensiva en Natal tuvo éxito al lograr cruzar el río Tugela y capturar la posición de Pieters Hill, estratégica ubicación que posibilitó la posterior liberación de la asediada ciudad británica de Ladysmith. Al finalizar la guerra, Warren ocupó importantes cargos administrativos en la Colonia de El Cabo. En 1904 fue ascendido al rango de general y en los años siguientes estuvo considerado en la lista de militares por retirarse. Luego de su retiro del ejército, Warren (un activo masón) participó activamente en el recién fundado movimiento Scout.


ImagenC. Warren

Buller confió el mando de cruce del Tugela y cabeza de lanza hacia Ladysmith al Teniente General Sir Charles Warren, posiblemente el peor de todos los generales incompetentes que se habían dado cita en Sudáfrica. Warren era un sujeto con opiniones militares bastante simples. En este sentido, le había confiado a Lord Wolseley que la mejor manera de derrotar a los bóers era “barriéndolos con columnas largísimas de infantería que los atacaran simultáneamente” o “machacándolos con artillería hasta que se amedrentaran”. Pero lo que habla especialmente de su peculiar estilo de mando fue la realización de la operación de cruce del Tugela donde se permitió “ciertas manías y caprichos”, que incluían dedicar 26 horas a supervisar el traslado de su equipaje personal a través del río. En el momento en que cruzó el río Warren se enfrentaba a 600 bóers, pero durante el rato que dedicó a su equipaje éstos se convirtieron en 6.000.

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Realmente fue aciago para los británicos que dos generales como Buller y Warren estuvieran al frente de las tropas en el río Tugela. Ambos eran, por razones diferentes, indecisos; en ambos casos su incompetencia respondía a varias causas. Ninguno de ellos era particularmente inteligente. Buller lo sabía, pero Warren creía serlo y aún cuando quedó dramáticamente patente que no lo era siguió guardando una alta opinión de sí mismo. Los errores de Buller eran propios de un soldado simplemente honesto, dispuesto a cumplir con su deber… Los errores de Warren eran los de un hombre arrogante atrapado en la maraña de sus propias teorías absurdas y defraudado por su propia arrogancia… Buller era un patoso, Warren un loco.

Buller y Warren decidieron finalmente asaltar la colina de Spion Kop durante la noche del 23 de enero, Warren envió una fuerza bajo el mando del General Mayor Edward Woodgate . El Teniente Coronel Alexander Thorneycroft fue seleccionado para encabezar el asalto inicial.
Los británicos subieron la colina por la noche y en medio de una densa niebla. Sorprendieron en definitiva al grupo bóer más pequeño de alrededor de 100 hombres y ahuyentaron del Kop a punta de bayoneta. Un pequeño número de zapadores británicos comenzó a atrincherar la posición (mientras casi 1.000 soldados permanecían de pie alrededor ociosos) y el General Mayor Woodgate comunicaba al General Warren del éxito de la toma de la cima, pero el buen ánimo sólo duró hasta que la niebla se disipó.

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Con el alba del nuevo día los británicos descubrieron que ellos tenían la parte más pequeña e inferior de la cima de Spion Kop, mientras los bóers ocuparon la tierra más alta en tres lados de la posición británica. Para peor, las trincheras británicas eran totalmente inadecuadas. Los británicos no tenían ningún conocimiento directo de la topografía de la cumbre y la oscuridad y la niebla habían acumulado los problemas. Como máximo las trincheras eran 40 cm de hondo y proporcionaron una posición defensiva excepcionalmente pobre: la infantería británica en las trincheras no podía ver más allá de la cima de la meseta y los bóers podían disparar (con los modernos fusiles Mauser) hacia abajo a lo largo de la zanja en forma de media luna desde los picos adyacentes.

Por lo tanto, cuando amanece se habían realizado tal cúmulo de errores que éstos se pagaron con la sangre de los bravos británicos aislados en Spion Kop. Destacar los siguientes:

- No se había realizado un reconocimiento previo, enfrentándose a un enemigo cuya fuerza se desconocía.

- No se hizo uso del telégrafo de campaña del que se disponía, por lo que Warren, situado en la zona baja, no tuvo comunicación alguna con sus fuerzas de asalto.

- En cuanto a la logística es sangrante que se hubiesen preparado sacos de arena para usar en la cima pero nunca se dio órdenes de subirlos. Para colmo, solo se contaban con 30 picos y 30 palas para cavar trincheras para 2.000 hombres.

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Consecuencia de ello los británicos no pudieron atrincherarse adecuadamente y se encontraron en una ratonera en la sufrieron cuantiosas perdidas a manos de los bóers, que situaron sus posiciones defensivas no en la cima del Kop sino en las cimas de los alrededores como el pico de Áloe(Aloe Knoll), la Colina Cónica (Conical Hill) y los Picos Gemelos (Drielingkoppe) , así como la artillería en meseta adyacente de Tabanyama, desde cañoneaban a placer, fuera de vista de fuerzas enemigas, una táctica desconocida por la ortodoxia militar británica (fuego indirecto). Esta táctica permitió que los bóers observaran las fuerzas británicas mientras que mantenían ocultos el número y disposición de sus propias fuerzas.

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Winston Churchill que fue periodista destinado en Sudáfrica y comisionado como oficial con el rango de teniente hizo una descripción sobre lo que luego aconteció: "los cadáveres están aquí y allá. Muchas de las heridas eran de una naturaleza horrible. Las astillas y los fragmentos de los proyectiles los habían rasgado y habían mutilado. Las poco profundas trincheras se ahogaron de muertos y heridos."

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Aunque la suerte de la batalla se mostró indecisa para ambos bandos. El día 24 los bóers quedaron destrozados por la pérdida de los Picos Gemelos y abandonaron el Kop cuando cayó la oscuridad . Por parte británica, el General Mayor Woodgate y otros oficiales habían caído mortalmente heridos, por lo que Thornycroft pasó a asumir el mando. Éste desconocía en tales circunstancias que la batalla estaba ganada para los británicos. Los nervios habían hecho mella en Thornycroft , después de dieciséis horas en el Kop haciendo el trabajo de un General de Brigada, por lo que ordenó una retirada, después de evaluar la situación y comprobar que los soldados no tenían agua, y estaban cortos de municiones. Es difícil criticar a Thornycroft por este error. Warren no hizo nada para intervenir y es quien debe cargar sobre sus hombros la culpa por arrebatar un desastroso fracaso de las fauces de una victoria segura.

Cuando la mañana llegó, los generales bóer quedaron sorprendidos al ver a dos de sus hombres en la cumbre de Spion Kop, agitando sus sombreros desgarbados en señal de triunfo. Los únicos británicos en el Kop eran los muertos y los moribundos.

Los británicos sufrieron 243 muertos durante la batalla, muchos de los cuales fueron sepultados en las mismas trincheras en que cayeron. Aproximadamente 1.250 británicos fueron o heridos o capturados. Los bóers sufrieron 335 víctimas graves de las cuales 68 murieron.


http://www.fusiliersmuseum-lancashire.o ... spion.html

http://www.pinetreeweb.com/conan-doyle-chapter-15.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Spion_Kop

http://en.wikipedia.org/wiki/Charles_Wa ... soldier%29
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Mensaje por MENCEY »

Por cierto, aparte de Churchill, alguien que se haria tambien inmensamente famoso con los años estuvo en esa Batalla como camillero evacuando heridos Britanicos desde la cima, Mohandas Karamchand, mas conocido como Mahatma Gandhi.


Los Britanicos se armaron un pequeño lio sobre quien estaba al mando despues de que fuera herido el General Woodgate.El Oficial de mayor antiguedad en el pico era el Tte. Coronel Crofton, pero Warren ordeno que tomara el mando el Coronel Coke, que no estaba en ese momento en la cima , Buller por su parte designo para la mision al Tte.Coronel Thorneycroft, que si estaba y al que consideraba con mayor experiencia en combate que Crofton.Warren estuvo de acuerdo en que el mando lo tomara el Tte.Coronel Thorneycroft, saltandose a Crofton que era mas antiguo, este se lo tomo fatal como es de suponer.Warren se olvido de avisar del cambio de ordenes a Cokes, que estaba subiendo la colina.Al llegar este a la cima quiso tomar el mando, era el Oficial de mayor grado y antiguedad y se armo la polemica, las ordenes de Buller y tambien ahora de Warren eran que el mando lo tomara el Tte.Coronel Thorneycroft.Cokes, mas que furioso, decido dejar a Thorneycroft al mando y se volvio por donde habia venido, no sin que antes intentara hacerse con el mando el Tte.Coronel Hill, tambien mas antiguo que Thorneycroft.


Total, un lio con el Mando y los Boers mientras tanto disparando de lo lindo.
Magnifico,pero esto no es hacer la Guerra

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Mensaje por Gebisjager »

Buen apunte MENCEY,

Conocía el dato de que Gandhi participó de camillero, pero desconocía la crisis de mando que se desarrollo en Spion Kop tras la muerte del General Woodgate, lo cual no ayudó a despejar la confusión y evitar la masacre que se estaba produciendo. La unidad de mando es un principio fundamental, lo contrario es un error que puede conllevar nefastas consecuencias.

Saludos.
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