
Se da por supuesto que el hombre siempre ha tenido la necesidad de defenderse de sus enemigos y, exceptuando la época actual, amurallar sus ciudades y levantar fortalezas y a esta necesidad la península ibérica no era ajena. Además las murallas no sólo rodeaban ciudades, sino pequeñas villas, monasterios y propiedades privadas.
El fenómeno fue general en toda Europa desde los siglos IX-X hasta el XVI. El castillo era una pieza esencial en la vida de aquella época, se puede estimar como cifra promedio en Europa la de un castillo por cada 40 o 50 Km. cuadrados, es decir, una distancia que permitía un rápido ataque de caballería y su regreso.
La edad de oro de los castillos en Europa se extiende entre los años 1.000 y 1.500, lo que no quiere decir que no se construyeran antes y después, pero aquellos cinco siglos de la Baja Edad Media fueron los que vieron aparecer la inmensa mayoría de los millares de castillos que existen en toda Europa.
El castillo era algo inherente con la vida durante la Baja Edad Media. Pocos son los testimonios escritos de aquella época en que no se haga mención a ellos.
Es común el estado de abandono y ruina de la inmensa mayoría de los castillos españoles, afortunadamente en la última década se puede apreciar un progresivo interés por la restauración de estas edificaciones. La riqueza castellológica en España es todavía considerable a pesar de lo mucho que se ha perdido. En muchas poblaciones españolas, el castillo o la solitaria torre son un testimonio vivo de su historia local, independientemente de su mayor o menor mérito artístico, por lo general suele ser el monumento más antiguo. No sólo quedan rudos castillos que desde lo alto de una roca vigilaban los caminos o defendían al vecindario de un lugar, sino grandiosos monumentos en los que el arte románico, el cisterciense o el gótico son una unión de estilos y épocas. En cuanto a las estructuras se puede encontrar la gigantesca torre al estilo "donjon" anglo-francés, esplendidos conjuntos fortificados con varios castillos, murallas y puertas bellamente decoradas, fortificaciones abaluartadas, palacios reales que se revestían de atuendo fortificado, monasterios amurallados o los castillos con leyendas de brujas o sentimentales. |