Artículos
Guerra Civil Española
Charles Orde Wingate, el Lawrence de la II G. M. | Charles Orde Wingate, el Lawrence de la II G. M. |
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| Escrito por Caracalla | |
| viernes, 13 de enero de 2006 | |
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Página 1 de 2 Charles Orde Wingate, nacido en la India en, 1903, fue uno de esos personajes de leyenda que parecen darse exclusivamente en Inglaterra. El Imperio Británico fue como un caldo de cultivo excepcional para genialidades como Gordon «El Chino» o Lawrence de Arabia. Wingate pertenecía a esta misma raza y, curiosamente, estaba emparentado con el último. Como todos los jóvenes de su generación, creyó en el mito de su lejano primo y hasta cierto punto imitó sus pautas de conducta: aprendió prontamente a hablar árabe, y gustó a menudo de vestir ropas de beduino. Pero tal adoración, terminó tempranamente, y Wingate se convirtió, más tarde, en severo crítico de la obra de Lawrence.
A pesar de ello, no puede dejar de establecerse una analogía entre ambos héroes. Los dos eran de cuerpo menudo, descuidados en el vestir, austeras costumbres y misóginos a carta cabal. Ambos buscaron en Oriente-Medio campo para sus andanzas y ambos fueron, por encima de todo, soldados de fortuna: Lawrence, el intelectual, el arqueólogo, desarrolló con sus beduinos una guerrilla original, de su propia invención. Y Wingate, brillante teniente de Artillería salido de Woolwich en 1928, se apartó prontamente de la ortodoxia militar para realizar un tipo de operaciones de corte análogo a las de su primo. Al contrario que Lawrence, que era un soñador, que adoraba el desierto y sus habitantes y la causa árabe fue su única causa, Orde Wingate era un megalómano genial; un carácter eminentemente psicopático. Persiguió la gloria y el triunfo allí donde pudieran hallarse hasta que dio con ellos. Los métodos de combate que enseñó y practicó son los que hoy día se practican por las contraguerrillas: la penetración de grupos fuertemente armados y repostados por vía aérea, en zonas hostiles. La creación de los chindits, fue su último proyecto que llevó a cabo en Birmania y cuyas experiencias sirven hoy de lección en numerosos centros de «rangers», boinas verdes, operaciones especiales, contrainsurgencia, etcétera. El primer destino del teniente de Artillería Wingate, en 1928, fue la Sudan Defensa Force. Sin duda que en su decisión influyó su admiración por otro de sus parientes ilustres, sir Reginald Wingate, que era «Sirder» o Gobernador General en Khartum durante la Primera Guerra Mundial. Pero Orde no permaneció en la capital, sino que fue remitido a la frontera con Abisinia, donde se le asignó una función singular: perseguir y atajar el tráfico de esclavos y de colmillos de elefante. Era una misión puramente decimonónica... lo que cuadra perfectamente a casi todas las acciones de Wingate. Abisinia, era entonces un Estado aun feudal. Los guerreros amharas de Bagembar, Gojam y Walaga descendían al valle del Nilo como cazadores furtivos de elefantes. En todo el Africa oriental, el comercio de marfil y de esclavos era complementario: los segundos servían, en primer lugar, como medio de transporte de aquél, y sólo en segundo para ser vendidos a los árabes o, en el caso de Abisinia, en los mercados de Addis y Gojam.
Fue en Sudán donde dio forma a sus teorías sobre la guerra irregular. Allí aprendió a moverse por un. territorio de naturaleza hostil, poblado de enemigos crueles y sin escrúpulos. Descubrió, además, una de sus más curiosas virtudes: un portentoso sentido de la orientación que lo llevaba a conducir a sus soldados a cualquier punto, sin perderse ni a la ida ni al regreso. Uno de los condicionantes más negativos de Wingate es que nunca tuvo aprecio a la vida humana. La suya propia la puso en peligro continuamente; varias veces estuvo a punto de perecer y el accidente de aviación que definitivamente, le costó la vida, se produjo como una consecuencia de su rutina de afrontar el riesgo. La actividad de Orde fue extraordinaria. Con sus pelotones de sudaneses, rastreó la jungla, tendió emboscadas, obtuvo información, y actuó implacablemente con sus prisioneros. Su base estaba en Roseires adonde volvería con Halie Selassie en 1941. La experiencia que lo proporcionaron sus expediciones de perseguidor de depredadores serían fundamentales. Fue en Sudán donde dio forma a sus teorías sobre la guerra irregular. Allí aprendió a moverse por un. territorio de naturaleza hostil, poblado de enemigos crueles y sin escrúpulos. Dispuesto a actuar con eficacia, persiguió a los amharas dentro de territorio abisinio, y no dudó en matar fríamente a supervivientes molestos, cuyo testimonio hubiera producido complicaciones internacionales. En 1937 había creado en Palestina, entonces bajo mandato británico, unos pelotones de «comandos» con. los judíos de los kibbutz, a los que había denominado «Special Night Squeds» (SNS) o Escuadras Especiales Nocturnas. La actuación de los SNS en defensa de las comunidades judías contra los ataques de los árabes palestinos no hubiera tenido especial relevancia de no ser porque de sus cuadros iban a salir los generales del primer ejército israelita: el Tachal o Ejército de Israel. En Palestina, Wingate pudo actuar con entera libertad de acción gracias a su facultad para convencer al general en jefe, Wawell, de que fortaleciendo a grupos judíos, protegerían instalaciones británicas (oleoducto y refinaría da Haifa) Así contempló la llegada de Wingate el que había de ser el más famoso de sus discípulos: Moshe Dayan. Dayan, Zvi Brenna y un pequeño grupo de «sabras» fueron los primeros reclutas de las SNS. A ellos fueron dirigidas unas instrucciones geniales, como aquella que decía: «No hay que preocuparse por el número de enemigos. Si ellos son doscientos y vosotros veinte, o si ellos están en lo alto de la colina y vosotros debajo, siempre hay un modo de batirlos. Siempre existe un sistema para, mediante un golpe decisivo, resolver la situación en nuestro favor». Parece el plan de campaña de Dayan en la Guerra de Seis Días. En 1935, Mussolini había ordenado la invasión de Abisinia y su incorporación al «Imperio», lo que constituyó el último acto del fenómeno colonialista europeo. La acción no había tenido buena prensa; en parte, por toda la estúpida retórica fascista que la había rodeado; y en parte porque, temerosos de un nuevo Adua, los italianos habían empleado todo su arsenal de armas modernas que incluía los terribles gases vesicantes (iperita). Su utilizaci6n había sido prohibida por el protocolo de Ginebra de 1925. Por otro lado, es cierto que la administración italiana operó con mano diestra, y puso, un poco de orden en el tremendo caso etíope y que entre los beneficiados figuraban los nilotas engeshna de las riberas del Nilo Azul y del Dinder, de cuya protección se cuidara Wingate en otro tiempo: la esclavitud, como Institución, había sido suprimida. |
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