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Figuras Históricas
Ricardo Corazón de León | Ricardo Corazón de León |
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| Escrito por Erich Hartmann | |
| sábado, 20 de agosto de 2005 | |
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Página 3 de 4 Felipe Augusto
Saladino Al final, después de haberse negado Saladino a aceptar las condiciones de Ricardo, ofreció batalla. Esta batalla, la de Arsuf, representó un triunfo para Ricardo. El monarca inglés aprovechó el enorme impulso de la caballería pesada, sin dejar que sus caballeros se dispersaran, lo que les habría convertido en presa fácil para las flechas de los sarracenos. El 10 de septiembre, Ricardo ocupó el puerto de Jaffa. Entre las batallas, Ricardo negociaba con el hermano de Saladino, Al-Adil Saif-ed-Din, conocido en Occidente como Saifedin. Probablemente estas negociaciones dieron nacimiento a la leyenda del ambiente de caballerosidad e incluso de amistad que rodeaba las reuniones entre Ricardo y los sarracenos. Incluso ofreció Ricardo dar término al conflicto casando a su hermana Juana con Saifedin, si Saladino concedía Palestina a su hermano. Los cristianos abandonarían las ciudades de la costa, la feliz pareja viviría en Jerusalén y los sarracenos darían libre acceso a los peregrinos a los lugares santos. Hasta qué punto Ricardo pensaba seriamente entregar a su hermana a un musulmán es algo que no sabemos, sobre todo porque, al negarse Juana de manera terminante a casarse con Saifedin, Ricardo sugirió que el moro se tornase cristiano (!). Quizás las negociaciones no eran más que un modo de ganar tiempo mientras Ricardo iba reconstruyendo paulatinamente los castillos entre Jaffa y Jerusalén. Para finales de 1191, las fuerzas cristianas estaban acampadas a 12 kilómetros de la Ciudad Santa. El otoño y el invierno fueron crudos. El fango y la lluvia imposibilitaron la campaña. Los ejércitos sarracenos eran todavía numerosos, mientras que a los cruzados no les llegaban refuerzos. En todo caso, suponiendo que conquistaran Jerusalén, ¿cuántos cristianos se quedarían para protegerla? Al fin y al cabo, como explicó Saifedin a Ricardo, para los musulmanes Jerusalén también era una ciudad santa, y esto probablemente no se les hubiera ocurrido antes a los cristianos de Occidente. Así pues, Ricardo se volvió atrás y regresó a la costa. Ricardo y sus fuerzas se retiraron a la ciudad de Ascalón, importante lugar en el cruce de caminos entre Egipto, Siria y Palestina, que Corazón de León reconstruyó durante la primavera de 1192 con poderosas fortificaciones. En realidad, la política militar del momento, al ser casi imposible la toma de Jerusalén, imponía asegurar los puertos y garantizar los derechos de los peregrinos. Le preocupaba a Ricardo lo que estaba aconteciendo en Inglaterra. Había sabido que Juan Sin Tierra estaba usurpando el poder real, mientras que Felipe Augusto amenazaba los territorios de los Plantagenet en Normandía. Las habilidades diplomáticas de Ricardo consiguieron que Conrado de Montferrat fuera nombrado rey cristiano de Tierra Santa, mientras que su rival Guy de Lusignan quedaría contento con apropiarse de Chipre. Desafortunadamente, Conrado fue asesinado poco tiempo después por dos seguidores de la secta de los hashashin o asesinos. Ricardo quedó salpicado por sospechas de responsabilidad en este crimen, del que era seguramente inocente. Para sustituir a Conrado, su viuda, Isabel, se casó el 5 de mayo de 1192 con el conde Enrique de Champaña, sobrino de Ricardo I de Inglaterra. Esfuerzo final Ahora que Ricardo no tenía oposición en el campo cristiano, decidió reunir todas sus fuerzas una vez más y realizar un último esfuerzo para tomar la Ciudad Santa, arriesgándose al peligro de lo que pudiera estar ocurriendo en Inglaterra y Normandía. Desde allí, Juan Sin Tierra y Felipe Augusto intrigaban contra él. Ricardo decidió quedarse un año más en Tierra Santa. Cuando llegaban a Beit Nuba, cerca de Jerusalén, donde ya habían estado el otoño anterior, los cruzados se encontraron con que el hábil Saladino estaba ya atacando sus líneas de comunicación. Jerusalén estaba protegida por poderosas murallas. La ciudad no sería tomada fácilmente. Ricardo y los cruzados volvieron una vez más a la costa. Mientras tanto, Saladino tomó Jaffa. Ricardo recibió la noticia desde San Juan de Acre. Como los vientos eran adversos, le llevó dos días llegar a Jaffa. Abandonando su armadura, Ricardo encorajinó a sus seguidores saltando directamente al agua en el episodio referido por don Juan Manuel en El conde Lucanor. Los cristianos derrotaron a los desorganizados sarracenos, dedicados al pillaje. El 5 de agosto de 1192 Ricardo ganó otra gran batalla contra una fuerza mucho mayor que la suya. Con estacas de tiendas de campaña hizo construir una empalizada. Detrás de ella formó una línea compuesta por pares de soldados armados de escudos y lanzas para repeler a los caballos sarracenos y entre las dos filas de hombres situó arqueros. La caballería de Saladino cargó siete veces, cada vez con 1.000 caballeros. Al final, Ricardo hizo pasar a sus arqueros al frente para que lanzaran sus flechas contra la caballería musulmana. El genio del monarca consistió en saber el momento exacto en que la pesada caballería cristiana sacaría más ventaja de su poder y peso. Las fuerzas de Saladito fueron completamente derrotadas. Ya no había nada que hacer. Regreso y cautiverio El 2 de septiembre de 1192 Saladino y Ricardo firmaron la paz. Ricardo destruyó las fortificaciones de Ascalón, un detalle en el que el sarraceno había insistido. Aparte de esto, los sarracenos ofrecieron a los cristianos conservar lo que habían conquistado más una garantía de libre acceso a Jerusalén para los peregrinos. La Tercera Cruzada había terminado sin que Jerusalén hubiese sido devuelta a la cristiandad. El 9 de octubre de 1192 Ricardo se hizo a la mar. Había estado más de dos años fuera de Inglaterra. Sin embargo, a pesar de haber dejado como supremo mando al obispo de la Catedral de Ely, una mole que todavía se eleva visible desde millas a su alrededor en la campiña plana del Este de Inglaterra, el obispo no podía resistir más la desenfrenada ambición del hermano más joven de Ricardo, Juan Sin Tierra. Ricardo, rumbo a Marsella, supo que el conde de Tolosa, permanente enemigo de Aquitania, planeaba tomarle prisionero. Cambió entonces de dirección, pensando regresar a Inglaterra por Alemania y el mar del Norte. Su barco se vio sorprendido en el Adriático por una tempestad que dejó al rey, náufrago, en la costa, no muy lejos de Venecia. Al planear la ruta que debía tomar, buscó una que evitara las tierras del emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Enrique VI, enemigo suyo desde los episodios de Sicilia ocurridos dos años antes. Ricardo se dirigió hacia Moravia, territorio hostil al emperador. Aunque se disfrazó como un peregrino de regreso de Tierra Santa fue reconocido en un par de ocasiones. Pero logró escapar hasta que la tercera vez fue hecho prisionero, poco antes de las Navidades de 1192, en una taberna situada en las afueras de Viena. Ricardo pasó a estar en manos del duque Leopoldo de Austria, cuya bandera había sido violentamente arrancada por los soldados ingleses bajo el mando de Corazón de León. ¡Qué magnífica ocasión de venganza! Leopoldo en- carceló al rey inglés en el castillo de Dürnstem, situado en los altos del Danubio. Según la leyenda, el juglar Blondel viajó por toda la ancha y espaciosa Alemania buscando a Ricardo Corazón de León. Fuera de las murallas de Dürnstein cantó una melodía que él y Ricardo habían compuesto juntos. Ricardo la cantó, lo cual reveló dónde estaba cautivo el rey trovador. Esta leyenda data, sin embargo, de un siglo más tarde. Sea como fuere, la situación de Ricardo era ahora conocida y empezaron las negociaciones para su liberación, que duraron año y medio. Leopoldo vendió al monarca por 100.000 marcos al emperador Enrique VI.
Castillo de Dürnstem hacia 1476
Castillo de Dürmstein en la actualidad Al oír la noticia del cautiverio de su hermano, Juan Sin Tierra se había declarado rey de Inglaterra y de Normandía con el consentimiento de Felipe Augusto. Mientras tanto, Juan buscaba aliados en Inglaterra, pero tenía en su contra a la reina madre, Leonor. Mensajeros ingleses descubrieron a Corazón de León en el pueblo de Ochsenfurt, camino de Speyer. Allí se iba a celebrar una especie de proceso contra el monarca inglés, acusado por el duque Leopoldo y por el emperador de haberse aliado con los enemigos del Imperio y de haber asesinado a Conrado de Montferrat. Según la leyenda, Ricardo se defendió con tanta nobleza, brío y habilidad que el emperador le dio el beso de la paz. Ahora bien, Inglaterra tuvo que hacer un esfuerzo inaudito para pagar el rescate de su rey, quien, mientras Augusto envió un mensaje a Juan Sin Tierra: «Ten cuidado. El Diablo anda suelto». Por fin, después de complicadas y difíciles negociaciones entre el emperador y Felipe Augusto, Ricardo Corazón de León recuperó su libertad el cuatro de febrero de 1194 por el precio de 150.000 marcos, un tributo de 5.000 marcos por año y la subordinación de Inglaterra al Imperio. El 14 de marzo de 1194, casi tres años después de haber dejado Inglaterra, Ricardo desembarcó por fin en su tierra natal. La llegada a Inglaterra En Inglaterra las ciudades que se habían aliado con Juan Sin Tierra no tardaron en capitular. La única que se mantuvo rebelde fue Nottigham, cuyo gobernante —o sheriff— perdura en la memoria de todos como el «malo» en las leyendas que tratan sobre Robin Hood, que se había visto privado de sus propiedades por las maquinaciones del sheriff y Juan. El 17 de abril de 1194 entró Ricardo en la Catedral de Winchester con la corona puesta y acompañado de los jefes laicos y eclesiásticos del reino para demostrar que era, efectivamente, el rey de Inglaterra. Juan Sin Tierra, asustado, se echó a los pies de su hermano. Ricardo Corazón de León le perdonó confiado en su poder. Juan “sin tierra” Cuando Ricardo partió a la Cruzada, su hermano menor mantuvo su promesa de no pisar Inglaterra hasta que supo que el rey había nombrado heredero a su sobrino Arturo. Cuando supo además que Corazón de León había sido apresado por el duque Leopoldo, se alió con Felipe Augusto de Francia para tomar el poder en Inglaterra. Pero el regreso de Ricardo frustró sus planes. Juan fue desterrado y privado de todas sus posesiones. Los dos hermanos se fueron reconciliando y Juan sin Tierra se convirtió en 1199 en Juan I de Inglaterra. Su reinado estuvo marcado por la guerra con Francia, en la que Juan perdió muchos de los dominios ingleses. Tuvo que enfrentarse además a la rebelión de los barones y se vio obligado a firmar una Carta Magna que aseguraba los derechos feudales de estos nobles. Pero el acuerdo no surtió efecto y el príncipe Luis de Francia, que apoyaba a los barones, invadió Inglaterra. Juan I murió durante esta invasión, en 1216, detestado por el pueblo inglés. Al llegar la primavera, en el mes de mayo de 1194, ya batallaba Ricardo en Normandía contra Felipe Augusto. En la campaña de aquel verano, Ricardo ganó batalla tras batalla, reduciendo castillo tras castillo de las ricas tierras de Normandía. Después Ricardo bajó por tierras de Aquitania para castigar a los rebeldes. Desde Angulema escribió a Hubert Walter, arzobispo de Canterbury y la persona que muy eficazmente administraba Inglaterra en la ausencia del rey, para decirle que había hecho prisioneros a 300 caballeros y a 40.000 hombres armados. No sólo era Ricardo un guerrero poderoso: también era un diplomático hábil. Casó a su hermana Juana con Raimundo VI de Tolosa (Francia) y, como Ricardo estaba ya casado con la princesa de Navarra, con esta boda aseguró la frontera del Sur de sus reinos. Felipe Augusto se encontró solo, aislado a base de acuerdos y tratados hechos por Ricardo. Durante los años siguientes se sucedieron constantes campañas que buscaban recuperar los castillos y tierras que Felipe Augusto había usurpado durante la ausencia de Ricardo. Por fin, y gracias a la intervención del Papa, se llegó a una tregua firmada el 13 de enero de 1199. Mientras se discutía un matrimonio político entre el hijo de Felipe Augusto y la sobrina de Ricardo, Corazón de León marchó a sus tierras de Poitou, donde, por un motivo de poca monta, emprendió el asedio del castillo de Chalus, en el Lemosín. En marzo de 1199, exponiéndose sin cuidado como era su costumbre, a Ricardo le hirió en la espalda una saeta disparada desde una ballesta. La herida se tornó gangrenosa y el 6 de abril de 1199, a la edad de 41 años, Ricardo murió, legando su reino a su hermano Juan. Ricardo fue enterrado junto a su madre en Fontevrault. |
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