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El Gran Capitán

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Schlegel PDF Imprimir E-Mail
Escrito por jesus2   
domingo, 18 de enero de 2004


Mientras, la guerra sigue y sigue.

Tras el fracaso de la primera ofensiva sobre la línea Gustav en general y Cassino en particular, en febrero del 44 se prepara la segunda. Y con ella uno de los actos más deleznables de la guerra, no por los muertos que produjo, sino por lo realizado para prepararla.

Los aliados están escasos de tropas en Italia: se prepara la invasión de Normandía, y la cabeza de puente de Anzio mantiene bloqueadas y en precaria situación a muchas de ellas. Sin embargo, andan sobrados de medios de apoyo, especialmente barcos y aviones. De momento. Hasta Normandía.

Para aprovechar ésta ventaja momentánea y aligerar la presión alemana sobre Anzio, los aliados lanzan su segunda ofensiva sobre Cassino, y con ella su segundo intento de perforación de la línea Gustav. La va a realizar un hombre singular, al mando de una unidad bastante exótica: el general Freyberg, neozelandés, al mando del Cuerpo de ejército Neozelandés ( 4ª div. india y 2ª neozelandesa ). El segundo intento de perforación de la línea Gustav se limita a ésto, en el peor sector posible. El de Cassino.

Freyberg ( el general de las 30 heridas ) es fuerte, decidido, brutal en ocasiones. Uno de los mejores jefes de los aliados occidentales. Habla claro y mantiene sus ideas y decisiones ( buenas o malas ) hasta el final, a no ser que se le obligue a lo contrario... y no siempre. Debido a erróneas informaciones, y como sus superiores le obligan a atacar frontalmente Cassino y Montecassino ( en contra de su opinión y tras rechazar las posibilidades de ataques de flanco expuestas por el propio Freyberg ), pide el bombardeo de la abadía de Montecassino.

A los aliados les habría ido mejor en esta época si hubieran hecho caso al general francés Juin, el cual pedía perforar en su sector la línea Gustav en dirección a Atina ( al norte de Cassino ). Sus superiores tardaron algunos meses en tomar en cuenta las ideas del general, siendo sus tropas las que finalmente hicieron caer de manera indirecta ( y sin lucha en el último asalto ) la abadía de Montecassino ante el último "ataque" sobre la misma realizado por una patrulla polaca. Los "franceses" ( pocos había entre ellos, más bien marroquíes y argelinos ) hicieron caer la famosa línea defensiva, tras conquistar primero el Monte Majo ( posición clave en su zona ) y luego Ausonia, al sur de Cassino. Pero ésta es otra historia.

A pesar de los testimonios de los jefes y soldados que ya han luchado, mucho o poco, por tierra o aire en Cassino ( especialmente el del general Kayes, que al mando del II US Corps realizó el primer asalto sobre Cassino y Montecassino ) y que aseguran que la abadía de Montecassino está desarmada, sin recibir ni un mísero disparo de fusil proveniente de ella, Freyberg mantiene su petición, basada principalmente en el testimonio de Sir Maitland Wilson ( siendo jefe supremo del área del Mediterráneo, sobrevoló la abadía a 75 m. de ella, y vió a los soldados de la div. HG mientras evacuaban los objetos de la misma ). Los superiores de Freyberg ( Clark, Alexander ) intentan lavarse las manos. Pero al final nadie, por diversos motivos, se atreve a decirle que no a Freyberg. Y al final se impone el criterio de Wilson y Freyberg.

15 de febrero de 1.944. Gregorio Diamare, junto a cinco monjes y 200 refugiados de Cassino celebran una misa en honor de Santa Escolástica ( hermana de San Benito ). Entre las 9.25 de la mañana y las 13.30 de la tarde, 135 B-17 y 87 B-25 y B-26 arrojan 443 toneladas de bombas sobre la abadía de Montecassino. Como suele suceder en estos casos, aunque los bombardeos son más bien de saturación que de precisión, la abadía es alcanzada y destruída por bombas que tienen una extraña precisión. Sin embargo, se salva la cripta de San Benito ( sin el santo ), en donde se han refugiado los habitantes de la abadía. Además, Cassino y los alrededores sufren también un gran bombardeo. Se ha roto la "tregua de Dios".

Y en realidad, todo para nada. Los alemanes, ahora sí, defienden la abadía con elementos del 3º Fallschirmjäger regiment ( al mando del coronel Ludwig Heilmann ) y la convierten en la posición defensiva más formidable de la línea Gustav. Los paracaidistas supervivientes ( pocos ) y otras unidades alemanas resisten y contraatacan continuamente en la zona de Cassino. El bombardeo, a pesar de las bajas de los paracaidistas, acaba favoreciendo más a éstos que a los asaltantes. Los soldados de Freyberg se desangran durante varios días casi en vano.

La segunda batalla de Cassino acaba con una increíble victoria defensiva de los paracaidistas alemanes. Y con la cuarta destrucción de la abadía de Montecassino.

Volvamos con Schlegel.

Meses después de ésto, y a pesar de las oraciones de los monjes, vuelve a quedar claro que la justicia divina va por un lado, y las acciones de los hombres por otro. En julio del 44 el teniente coronel Schlegel es herido en un ataque aéreo en el área de Bolonia, perdiendo un pie en la acción. Su herida le apartaría de la guerra hasta el final de la misma. Al acabar la guerra, es acusado de ser un criminal de guerra. Sus enemigos sólo fueron capaces de acusarle de un delito: el saqueo de la abadía de Montecassino.

Los testimonios a favor de su absolución fueron numerosos, destacando los del mariscal Alexander, y por supuesto el de los monjes. El abad Gregorio Diamare fué incapaz de testificar a favor de Schlegel. Murió poco después del bombardeo de la abadía. Demasiadas emociones para el anciano.

Afortunadamente, Schlegel es absuelto. Pero eso no le evitó el estar 7 meses en una cárcel como si fuera un vulgar delincuente, o el que su familia fuera expulsada de su propia casa. Tras su absolución, poco a poco, empiezan a ser conocidas las verdaderas acciones de Schlegel en Montecassino y aunque tarde, Schlegel muere el 8 de agosto de 1.958 con su honor limpiado de toda mancha.

El mejor reconocimiento que se le hizo a Schlegel fué sin duda realizado el 31 de octubre de 1.969. En el nº 5 de la calle Pokornygasse, en el distrito XIX de Viena, hay una placa en la que hay escrito ésto:

" En esta casa vivió y murió el merecido austriaco Julius Schlegel. A través de sus acciones personales en otoño de 1943 salvó los tesoros de arte del monasterio de Montecassino. Dedicado por sus camaradas el 31 de octubre de 1969".

A este acto acudieron diversas e importantes personalidades de la vida cultural, religiosa, política y por supuesto militar de Austria. Todo ello mientras dos centinelas del batallón de guardia del Bundeswehr austriaco presentaban armas.

La guerra está llena de héroes y villanos, al igual que de villanos que son considerados héroes y viceversa. Al final, el tiempo, y sobre todo los hechos de cada individuo ponen a cada uno en su sitio, a pesar de momentáneos momentos de injusticia. A Schlegel, héroe por excelencia, le llegó su turno, primero de villanía, posteriormente de reconocimiento y justicia.

Gracias a Dios. Nunca mejor dicho.



 
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