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El Gran Capitán

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Schlegel PDF Imprimir E-Mail
Escrito por jesus2   
domingo, 18 de enero de 2004


A pesar de las garantías dadas por Kesselring por un lado y los Aliados por otro ( pues en esa época los Aliados llegaron a darlas ), Schlegel no se fía. Sabe demasiado bien que la guerra y las armas no respetan las palabras de los hombres. Los bombardeos, de artillería o aviación, son ciegos, y sus bombas u obuses pueden caer en cualquier lado. Si los alemanes defienden Montecassino ( como así fué ), las posibilidades de que la abadía de Montecassino quede dañada o destruída, con sus tesoros y la tumba de San Benito en su interior, eran altísimos. Schlegel fué consciente de ello. Conocedor del significado de la abadía y de su contenido gracias a sus conocimientos en arte y su devoto cristianismo, quiso salvar, por iniciativa propia, el contenido de la abadía. Por tanto, y a espaldas de sus superiores, actuó en consecuencia.

El 14 de octubre de 1.943 Schlegel ( católico ) y el capitán médico Becker ( protestante ), ambos de la div. HG, se entrevistan con el abad de la abadía de Montecassino, Gregorio Diamare. Schlegel le explica al octogenario abad la situación, tal como es, y le propone evacuar los tesoros de la abadía, usando para ello los medios de la unidad de Schlegel . Sin embargo, el abad rechaza en este primer intento el ofrecimiento con palabras como éstas:

" Estoy convencido de que los Aliados mostrarán la misma consideración que el Mariscal Kesselring, quien ha dibujado una zona neutral de 300 metros alrededor del monasterio y que insiste en el mantenimiento de esta orden. Como usted sabe, los soldados alemanes podrían entrar sólo a la abadía para servicio divino si van desarmados. Además, ellos ( los alemanes ) pueden inspeccionar el monasterio sólo bajo la supervisión de un monje "

Por supuesto, el abad no se fía de las intenciones de los dos alemanes. Piensa ( y no se le puede culpar por ello ) que el contenido de la abadía va a acabar en Alemania.

En fin, el primer intento, sin consecuencias.

Schlegel insiste. Viendo que con el abad no hay nada que hacer, se pone en contacto con el padre Emmanuel Mundig, monje alemán que afortunadamente vive en la abadía de Montecassino. Con la garantía de su ayuda, Schlegel volverá a la carga y ambos convencen, ahora sí, al abad para que permita la evacuación de los tesoros de la abadía.

Mientras, casi nadie sabía lo que estaba haciendo el oberstleutnant Schlegel, ni sus superiores ni mucho menos los Aliados. Estos últimos, a lo suyo.

Los aliados inician el cruce del río Volturno, al sur de la línea Gustav a mediados de octubre del 43. Poco a poco se acercan a los ríos Garellano y Rápido, así como al valle del Liri, y con ello a la línea Gustav, Cassino y la abadía. No sólo eso. De vez en cuando, Cassino ( pero no la abadía ) sufría algún tipo de bombardeo o ataque aéreo, aunque ligero y centrado en objetivos más o menos militares.

El abad Diamare ya no se engaña. Es consciente del peligro. Ahora es el abad el que le pide a Schlegel que evacúe las obras de arte de la abadía. Por supuesto, Schlegel accede de inmediato.

El abad pide garantías, las cuales le son concedidas. Se permitió a los monjes supervisar el proceso de traslado. Se empaquetó todo cuidadosamente. Los monjes realizaron un inventario de todo lo transportado, permitiendo los alemanes que dos monjes viajaran con las columnas de transporte. Se llevó todo al área de Roma ( hay unos 140 km de Cassino a Roma ). Para todo ello se usaron soldados de la div. HG, así como unos 120 camiones de la misma unidad.

Pero la tarea es gigantesca, y Schlegel se enfrenta a multitud de problemas, incluídos los problemas causados por los propios alemanes.

Primero, las SS se enteran de lo que está haciendo Schlegel gracias a la propaganda de los aliados, los cuales hacen circular a través de la radio la noticia de que la div. HG está saqueando la abadía. Un grupo de SS con la misión de arrestar a los responsables del supuesto robo visita a Schlegel para interrogarle y saber lo que ocurre, llegando incluso a amenazarle con la cárcel. Afortunadamente, y gracias a la colaboración de los monjes, el asunto se aclara y se olvida.

Tras esto, es hora de poner al corriente de todo al jefe de la div. HG, el general Conrath. Schlegel estaba usando medios de la div. HG y preciosa gasolina para realizar actos que no contribuían al esfuerzo de guerra alemán. Cuando es informado, Conrath autoriza la operación y proporciona soldados de las unidades de combate para que ayuden en la evacuación.

 
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