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El Gran Capitán

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Schlegel PDF Imprimir E-Mail
Escrito por jesus2   
domingo, 18 de enero de 2004

Las guerras y sus respectivas postguerras están llenas de injusticias y atropellos, de actos de justicia y de supuesta justicia. Los vencedores suelen hacer culpables del inicio de una guerra y de los hechos cometidos durante la misma a los perdedores, con razón o sin ella. Siempre ha sido, es y será así.

Cuando se aplica la ley internacional a un verdadero criminal de guerra ( tras demostrarse ampliamente que lo es ) nada que objetar, como en el caso del general Erwin Jänecke, el ogro de Crimea, por ejemplo. Tú te lo guisas, tú te lo comes.

Desgraciadamente, también se cometen injusticias con personas que son acusadas y condenadas por cosas que no han hecho, o que ni siquiera pasaron en la realidad. Los victoriosos, víctimas en ocasiones de su propaganda, su desinformación o de oscuros intereses ( principalmente políticos ) ofrecen la cabeza de turno solicitada sin más, amparando las acciones legales que se desarrollan contra ellos, aun sabiendo en ocasiones que son inocentes de los cargos imputados.

Uno de esos casos, absolutamente sangrante de lo injusto que fué, le ocurrió al teniente coronel ( oberstleutnant ) Julius Schlegel. Retrotraigámonos a los hechos. Paso a paso:

Italia central. Octubre de 1.943. Las fuerzas alemanas, tras desgastar y hacer sangrar a las unidades aliadas y enlentecer su avance a lo largo de media Italia, se retiran lenta y ordenadamente a la línea Gustav. Las unidades rápidas alemanas cubren la retirada del resto de unidades alemanas hacia la potentísima línea defensiva, principalmente las de infantería y paracaidistas, las cuales, poco a poco, van tomando posiciones a lo largo de la línea Gustav. Por fin, a mediados de enero de 1.944, los aliados llegan a la línea Gustav en toda su longitud. Un par de días después, empieza la primera batalla de Cassino. A los aliados les costará meses y meses de salvajes esfuerzos el perforar la línea Gustav, y sólo tras usar una aplastante superioridad de medios y un gigantesco derroche de municiones. Y no por Cassino, precisamente.

De las unidades alemanas, a nivel de cuerpo de ejército, la mejor era el XIV PanzerKorps, tras resucitar de las cenizas de Stalingrado. Y a nivel de división, con el permiso de la 1ª de paracaidistas ( 1 Fallschirmjäger division ), la mejor era la división blindada de paracaidistas Hermann Göring ( Fallschirmpanzer division Hermann Göring, denominación ciertamente rara ). Tras cumplir su misión retardatriz, el XIV PanzerKorps y la div. Hermann Göring con él, pasan a la reserva, siendo colocados entre Roma y Cassino. Aunque ésto es bastante relativo, pues la div. Hermann Göring, al igual que las divisiones móviles alemanas fueron divididas y empleadas aquí y allá, para taponar los huecos de las primeras líneas del frente a medida que su actuación se hacía necesaria.

La abadía de Montecassino, al lado de Cassino, tiene toda una historia de cristianismo, guerra y destrucción dignas de ser contadas brevemente. Fundada por San Benito en el 480 y cuna y alma espiritual de los monjes benedictinos, fué destruída por los lombardos en el año 581, reconstruída durante el siguiente siglo, destruída por los sarracenos en el 883, reconstruída de nuevo a mediados del siguiente siglo, destruída por un terremoto en el año 1.349, volviendo a ser reconstruída casi de inmediato. Incluso Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como El Gran Capitán, en vísperas de su gran victoria de Garellano ( Garigliano en italiano ) llegó a pensar en destruírla. Afortunadamente, no lo hizo. Pero a la histórica, mítica y espiritual abadía, todavía la quedaba una destrucción más, y una posterior reconstrucción... hasta hoy. Y que así sea.

Para los que no conozcan la abadía, decirles que la misma aparece en la película "El nombre de la rosa", basada en la novela de Umberto Eco. Otro detalle curioso sobre la misma: el 18 de mayo de 1.979, Juan Pablo II visitó la misma para celebrar dos hechos distintos: la conquista de la misma por las tropas polacas y sobre todo, su propio cumpleaños.

La abadía en sí y lo que representa es un tesoro religioso, histórico, arquitectónico y artístico de valor incalculable, a pesar de sus numerosas destrucciones. Las reliquias y obras de arte que contiene multiplican el valor sagrado y artístico de la misma.

Un documento, de valor absolutamente incalculable, demuestra el verdadero valor, a todos los niveles, de la abadía y lo contenido en ella: el primer texto ( oficialmente ) en lengua italiana, se encuentra hoy en día en la abadía. El texto es un pergamino escrito en el año 960. El cual, afortunadamente, se salvó de la cuarta destrucción de la misma, en 1.944.

Pero en 1.944 hay un problema: el pueblo de Cassino está en la primera línea de fuego en la Línea Gustav, y con él Montecassino y su abadía. Para los alemanes es vital la defensa de Cassino. Por allí pasa la ruta 6 ( Via Latina, también llamada Via Cassilina ), que da directamente a Roma. Y si se quiere defender Cassino ( y con ello la puerta de entrada a la ruta 6 ), hay que defender Montecassino. Y con mucha fuerza.

En consecuencia, los alemanes defienden la zona de Cassino con una unidad de élite: la 1 Fallschirmjäger division, muy reforzada y apoyada por artillería del ejército alemán ( Heer ) y adscrita al XIV Panzerkorps.

Sin embargo, aunque defienden los accesos al monte y al pueblo, los alemanes no defienden la abadía. El mariscal Kesselring, a petición de la Santa Sede, ordena que se cree un cordón de seguridad de 300 metros alrededor de la abadía. Las órdenes de Kesselring son extraordinariamente extrictas: ningún soldado alemán, ni siquiera herido, tiene permiso para cruzar esa línea de seguridad si va armado, y sólo puede ser traspasada, en condiciones normales ( pero sin armas ), para "servicios divinos" o en casos muy especiales.

La abadía, por orden de Kesselring a sus soldados y de sus palabras llegadas a los Aliados por la radio y la Iglesia, permanece como terreno neutral y desmilitarizado. Los testimonios de los monjes y los civiles refugiados en la misma confirmaron que los alemanes respetaron la neutralidad de la abadía. Al menos, y de forma pacífica, hasta la última destrucción de la misma.

Dos oficiales alemanes incumplen esta orden. Uno de ellos, el general von Senger und Etterling, jefe del XIV Panzerkorps y cristiano de los que van a misa todos los domingos si la guerra le deja hacerlo, no puede resistir la tentación de escuchar la misa de Navidad en la abadía de los monjes benedictinos.

El segundo, es el teniente coronel Julius Schlegel.

El teniente coronel Julius Schlegel es un hombre poco común. En tiempo de guerra, en esta época, estaba al mando de la unidad de mantenimiento de la div. Hermann Göring ( Instandsetzug abteilung HG ). En tiempos de paz, hace años, regentaba una librería en Viena ( era austriaco ), siendo un experto en arte, su gran pasión. Culto, educado, cristiano, austriaco e inteligente, Schlegel reconoce el valor a todos los niveles de la abadía de Montecassino. Debido a ello, pronto se autoimpondrá a sí mismo una misión casi sagrada.

En una reunión de oficiales de la div. HG en octubre del 43, Schlegel se entera de que la abadía se encuentra en la primera línea de fuego.


 
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