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El Gran Capitán

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William Pitt y la formación del Imperio Anglosajón PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pla   
miércoles, 06 de octubre de 2004

Una noción de patriotismo que late ya en las palabras dirigidas por Pitt al Parlamento durante el debate para la aprobación de los créditos extraordinarios para la guerra, en 1757: “Sed un pueblo, olvidad todo lo que no sea la grandeza de Inglaterra. Yo os daré el ejemplo”. La generación formada bajo Pitt sería la que abordase la preparación e inicio de las grandes reformas legislativas que precisaba Inglaterra para afirmar el régimen parlamentario, mediante su democratización. Unas reformas anunciadas por Pitt, a las que él mismo dio un gran impulso al introducir nuevas prácticas en la vida pública. Sin acometer grandes reformas legislativas, modificó profundamente la Armada, los astilleros, el Ejército y la Administración. Introdujo criterios de mérito y de servicios prestados para los ascensos en el Servicio de la Corona, civil o militar, frente a los criterios de nacimiento o de fortuna imperantes en Europa. En América permitió que los oficiales coloniales pudiesen alcanzar el rango de coronel del Ejército Británico. Uno de esos coroneles coloniales sería G. Washington, el primer Presidente de los Estados Unidos. La generación formada bajo Pitt produjo marinos como Nelson o Collingwood, militares como Wellington, exploradores como el capitán Coock y políticos como su propio hijo, William Pitt, conocido como Pitt el Joven. Algunos de ellos serían los hombres que lograrían la victoria sobre Napoleón, a comienzos del siglo XIX.

PITT Y LA GUERRA DE LOS SIETE AÑOS

La Pax de Aix la Chapelle, que puso fin a la Guerra de Sucesión a la Corona de Austria, no fue más que una tregua entre Francia e Inglaterra. Una tregua que no se mantuvo apenas ni en América, ni en Asia. De modo que, pese a las convenciones establecidas sobre las fechas, la Guerra de los Siete Años (1756-1763), empezó realmente mucho antes, generalizándose en América del Norte hacia 1754, con las escaramuzas libradas por los franceses y sus aliados indios contra los colonos británicos. Desde el siglo XVII, era una queja constante de los colonos la escasa atención prestada por la Corona inglesa a la defensa de las posesiones británicas en América, frente a españoles y franceses. Pitt, con su idea de trato igual para todos los británicos en cualquier parte, inauguró una política de refuerzo militar de las colonias y de eliminación de las amenazas francesa y española sobre las mismas. No obstante, los primeros años de guerra fueron muy adversos para Inglaterra, especialmente en Norteamérica y la India, donde se sucedían las derrotas y los desastres. El estallido de la guerra en Europa, en 1756, supuso un gran alivio para Inglaterra. Los franceses hubieron de concentrar casi todos sus esfuerzos militares en el escenario europeo, donde Federico II de Prusia -aliado de Inglaterra en la guerra-, gracias a los generosos subsidios de Pitt, lograba afirmarse a duras penas ante rusos, austriacos, suecos, y franceses. Hasta 1762 la suerte de la guerra europea fue incierta. Pero en ese año, Rusia abandonó la guerra y los prusianos lograron imponerse finalmente a los franceses, austriacos y suecos, sin mayores problemas.

La excesiva concentración de los esfuerzos bélicos de Francia en el escenario europeo, a consecuencia de las obligaciones contraídas con sus aliados, resultó decisiva para el conjunto de la guerra, en lo que se refiere a los intereses británicos. Interrogado en el Parlamento acerca de las gigantescas sumas prestadas a Federico II de Prusia durante la guerra, Pitt contestó: “Sires, piensen que ha sido en Silesia donde hemos conquistado el Canadá”. Tras su reelección como parlamentario en 1758, que aseguraba su presencia en el gobierno, dijo: “Yo se que puedo salvar a Inglaterra, y que nadie más que yo puede hacerlo”. Y no le faltaba razón. Pitt planeo la guerra, por primera vez en la Historia de Inglaterra, como una guerra mundial, para la que resultaba fundamental el dominio del mar y la victoria en los teatros no europeos de la guerra. Para ello era necesario obtener un dominio indiscutible en el mar donde, a mediados del siglo XVIII, sólo la escuadra española podía ser aún una amenaza. Las victorias de Manila y de la Habana sobre los españoles, así como las victorias en el Mediterráneo, despejaron los problemas navales. Pese a ello, los ingleses perdieron definitivamente Menoría en esta guerra, recuperándose por España. El genio de los nuevos comandantes plebeyos ascendidos al mando por Pitt, como Clive y Wolfe, con sus victorias en 1757, en Plassey (La India), y en 1759, en Québec (América), respectivamente, despejaron los problemas en América y en Asia. Y, mientras tanto, Prusia entretenía los principales esfuerzos militares de Francia y de sus aliados en Centroeuropa.

Tras la batalla de Plassey (1757), empezaron a sucederse los éxitos británicos y 1759 fue el año de las victorias. En 1763, Inglaterra forzó a sus enemigos a pedir la paz, materializada en los acuerdo de París. La victoria fue incomparable. No sólo se había logrado una derrota contundente de los enemigos tradicionales de Inglaterra (Francia y sus aliados), sino que se habían sentado las bases de la dominación británica en todo el mundo, y las de su hegemonía en Europa para los dos siguientes siglos. En el viejo continente, la aparición de la nueva potencia prusiana, firmemente aliada con Inglaterra, servía para restablecer el “equilibrio continental”, roto por la común alianza de franceses, austriacos, rusos y suecos de 1756, a la que después se adhirieron los españoles. Y aunque la revancha se plantearía muy pronto, con ocasión de la crisis independentista de las Colonias Británicas de Norteamérica (1776), las bases centrales de la supremacía británica establecidas en 1763, no sufrieron variaciones. Volverían a ser cuestionadas seriamente durante las guerras de la Revolución Francesa, pero en 1815 volvieron a imponerse, si bien de un modo aún más reforzado.


 
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