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Figuras Históricas
Dos de mayo de 1808 | Dos de mayo de 1808 |
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| Escrito por Bedunia | |
| sábado, 29 de septiembre de 2007 | |
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Página 2 de 3 De la Casa de Campo subieron por el Puente y la Calle de Segovia 4.000 infantes; 2.000 coraceros de los Carabancheles entraron sobre los cadáveres de las mujeres por la Puerta de Toledo, llegando hasta el Portillo de Embajadores. Del Pardo y Puerta de Hierro subieron por la Puerta de San Vicente otros 4.000 infantes, que fueron a cubrir toda la zona, y particularmente el palacio del Gran Duque de Berg y el Palacio Real con avanzadillas hasta la Cuesta de Santo Domingo. Del Convento de San Bernardino entraron en dos columnas 6.000 hombres, de manera que, con los 6.000 que sacaron de los cuarteles de la villa, en cuatro horas, desde las diez de la mañana hasta las dos de la tarde, Madrid quedó militarmente ocupada por una fuerza mayor de 30.000 hombres bien armados, bien provistos de municiones y muy bien distribuidos. Polacos y mamelucos, mandados por el jefe de escuadrón Daumesnil, con sus veloces caballos y tirando mandobles para dar golpes mortales, fueron la viva imagen del terror. Los mamelucos eran una tropa egipcia que se dedicaban al pillaje y al exterminio e iban armados con alfanjes cortos y curvados, y ceñidas a la cintura cinco o siete pistolas y dobles cuchillos, que eran deseados por los desarmados insurrectos, los cuales saltaban con ligereza y seguridad sobre los caballos y acuchillaban a sus jinetes, que al caer muertos eran despojados inmediatamente de sus armas. De este modo los pintó Goya, testigo de estas hazañas. Dos horas duró en el centro de la villa el fuego y la refriega con las fuerzas que enviaron el General Grouchy en persona, los de brigada Guillot y D´Aubray, los jefes de escuadrón Daumesnil y Valence con sus mamelucos y polacos y otras fuerzas de caballería de la Guardia Imperial, y el coronel Friederichs, que avanzando por al calle Mayor con los fusileros de la guardia, vino a estrechar el ya de si disminuido espacio donde se defendía el pueblo. Mientras que en los barrios bajos, en los arrabales y en las afueras de Madrid, la agresión de la puerta de Palacio produjo las matanzas de las primeras horas, otros grupos tomaron otra dirección distinta. Molina y Soriano, promotor de las alarmas de la Puerta del Príncipe, como anteriormente se ha reseñado, después que los franceses hicieron las primeras descargas en aquel lugar y en Santa María de la Almudena, como vio a la gente desarmada y recordó los depósitos que había observado en el Parque de Artillería, animó a su grupo y les instó a seguirle al Parque a por armas. La gente que confiaba en él le siguió por las Monjas de Santa Clara, calle del Espejo, plazuela de Herradores, calle de las Hileras, Postigo de San Martín, calle de Hita, calle de Tudescos, Corredera de San Pablo, plazuela de San Ildefonso, calle de la Palma Alta y las Maravillas, se dirigieron al Parque gritando para que los que se encontraban dentro de este les conocieran. A los que se encontraban por el camino les decían: “Muchachos, vamos a armarnos al Parque, que hay motín contra los gabachos”. Alcalá Galiano cuenta que el mismo se agregó a una de estas cuadrillas capitaneadas por un muchacho, con quienes se dirigió a la calle de Fuencarral. D. Andrés Rovira y Valdeosa, capitán agregado al regimiento provincial de Cuba, en el expediente que instruyó en 1816 para que se le hiciese partícipe de las gracias concedidas a los que contrajeron merecimientos insignes en la jornada del Dos de mayo de 1808, oyó en la calle Ancha de San Bernardo, a las nueve y media de la mañana las voces de: “A las armas españoles, ¡De orden del Gobierno!”. Jerónimo Moraza, en el expediente de Cosme de mora, dice que vio en la calle de Silva a un capitán de Artillería española que iba gritando “Al arma, al arma vecinos”. Más de los que acudieron al Parque afirman haber oído frases análogas en todas las calles de Madrid en la mañana del día 2 por los que reclutaban patriotas para la defensa de Monteleón. ¿Revela esto que la resistencia que se hizo en el Parque de Artillería de Monteleón no fue un suceso casual, y que estuvo preparado por los heroicos oficiales de Artillería que en el perecieron y por algunos elementos poderosos que formaban la Regencia del Reino?. Viene a afirma esta sospecha una carta de Napoleón escrita al Gran Duque de Berg en Bayona el 5 de mayo a las seis de la tarde, dos horas después de la llegada del correo de Hannecourt con las noticias de la insurrección de Madrid, en la que el Emperador decía: “Tengo pruebas de que el Infante D. Antonio y los de la Junta son los que han tramado la insurrección, las he hallado en los correos interceptados”. Sea cierta esta sospecha o no, lo cierto es que hubo varios jefes de pelotón cuyo principal esfuerzo se empleó únicamente en la defensa del Parque y desde el primer instante hacia el dirigieron sus fuerzas. Uno de estos grupos se formó en la plazuela de Matute a cargo de D. José Fernández Villaamil, otro en la botillería de D. José Rodríguez, en la Carrera de San Jerónimo. El médico de la Familia Real, D. José Albarrán, congregó es suyo en la calle Ancha de San Bernardo, y en la misma calle, otro grupo de catalanes de D. Andrés Rovira. D. Cayetano Miguel Manchón formó una partida en el atrio de San Isidro, en la calle de Toledo y surgió otra partida en Atocha. El arquitecto D. Alfonso Sánchez armó con pistolas, escopetas, pólvora y balas de su propia casa a la gente, formó su partida junto a San Ginés, y en la calle de la Bola, los lacayos del Conde de Altamira y del embajador de Portugal organizaron otras cuadrillas. Por último, en la Corredera de San Pablo también constituyó la que capitaneo en el Parque durante la batalla el almacenista de carbón Cosme Mora. No todas estas partidas llegaron hasta el Parque, que era su objetivo, algunas fueron sorprendidas en el camino y tuvieron que defenderse. Algunas se disgregaron cuando cayeron sus jefes. Las de Rovira y Albarrán acompañaron a Velarde desde la Junta Superior Económica de Artillería al cuartel de los Voluntarios del Estado, y desde dicho cuartel al Parque, con la compañía del Capitán D. Rafael de Goicoechea.
El ayudante del Parque y teniente del Cuerpo de Artillería D. Rafael Arango, dice que el fue el primero que entró en Monteleón aquel día y el último que salió. Era un oficial muy joven, natural de La Habana, de una antigua familia noble y de origen vasco. Comenzó su carrera siendo cadete en las milicias de La Habana, en 1799, pasó luego al Regimiento de Infantería de Granada, ya en la península y habiendo ascendido a subteniente de Infantería, en 1805 se le entregó el despacho de Teniente de Artillería. En la guerra contra los ingleses sirvió en el acantonamiento del Ferrol, más tarde prestó sus servicios en La Habana, hacia donde se embarcó en agosto de 1807 siendo apresado por los ingleses y canjeado en La Coruña en septiembre, donde permaneció hasta principios de abril de 1808, cuando al llegar su hermano, intendente honorario del ejército, se incorporó con él en Madrid. Pudo no aceptar, pero ya se barruntaba algo acerca de la lucha contra los franceses y a la primera insinuación del vocal de la Junta Superior, el Coronel Navarro Falcón, admitió el cargo de ayudante. Pronto se ganó la confianza de su jefe inmediato, Daoiz, pero nunca supo nada de los planes de la insurrección.
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