Artículos
Guerra Civil Española
Los Jenízaros | Los Jenízaros |
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| Escrito por Max Staub | |
| lunes, 31 de julio de 2006 | |
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Página 2 de 3 El número de integrantes de las tropas jenízaras varió según la época desde 100 a más de 200.000. La Guardia jenízara estaba organizada en orta (equivalente en turco para regimiemto). El sultán era el comandante supremo de los Jenízaros de forma nominal, pero el Cuerpo realmente era organizado y comandado por el ağa (comandante). La Guardia jenízara se dividía en tres categorías: · Cemaat (tropas fronterizas), con 101 ortas · Beyliks o beuluks (la guardia personal del sultán), con sesenta y un orta · Sekban o seirnen, con treinta y cuatro ortas Además existían también treinta y cuatro orta integrados por los acemi (aprendices). En un principio los Jenízaros podría ascender de rango tan sólo dentro de su propio orta y sólo por criterios de antigüedad y jerarquía. Cambiaban de unidad tan sólo para asumir el mando de otra. La nueva milicia fue consagrada y denominada por un derviche famoso Hacı Bektaş-ı Veli, el cual, de pie al frente de sus filas, extendía la manga de su vestido sobre la cabeza del soldado más adelantado, y dispensaba su bendición con las palabras siguientes: “Que sean llamados jenízaros [yingi-cheri, o “nuevos soldados”]; que sus rostros estén siempre brillantes; sus manos victoriosas; sus espadas afiladas; que sus espadas vuelen siempre sobre las cabezas de sus enemigos; y allá adonde vayan, que vuelvan con una cara blanca.” La cara blanca y negra son expresiones comunes y proverbiales de alabanza y condena en la lengua turca. Ese fue el origen de esas soberbias tropas, el terror de las batallas. Los Jenízaros pronto aprendieron a seguir los dictados del santo derviche que había bendecido a las primeras tropas. De este modo la orden sufí Bektaşı y sus derviches se convirtieron en una especie de capellanes para la Guardia Jenízara. En este aspecto así como sus similitudes en su vida aislada, los Jenízaros se asemejan a las ordenes monasticas cristianas de monjes-guerreros como los Templarios o los Hospitalarios. Inicialmente se mantienen por incorporaciones constantes de la porción del sultán sobre los cautivos, y por levas, cada cinco años, de los hijos de los súbditos cristianos. Pequeñas bandas de soldados, cada una con un jefe, y cada una provista con un firman específico, van de un sitio a otro. Cuando llegan, el protogeros reunía a los habitantes con sus hijos. El capitán de los soldados tiene derecho a llevarse a todos los jóvenes que se distinguen por su belleza o fuerza, actividad o talento, mayores de siete años. Los lleva a la corte del gran señor, un tributo, por así decir, de parte de sus súbditos. Los cautivos cogidos en la guerra por los pashas, y presentados por ellos al sultán, incluyen a polacos, bohemios, rusos, italianos y alemanes. Estos reclutas son divididos en dos clases. Los de una de ellas son enviados a Anatolia, donde son adiestrados en el trabajo agrícola, y son instruidos en la fé musulmana; o son mantenidos junto al serrallo, adonde transportan leña y agua, y son empleados en los jardines, en los barcos o en los edificios públicos, siempre bajo la dirección de un capataz, que les obliga a trabajar con un bastón. Los otros, en los que se aprecian rasgos de carácter más elevado, son puestos en uno de los cuatro serrallos de Adrianópolis o Gálata, o en los de Constantinopla, el viejo o el nuevo. Aquí son vestidos con ropa ligera con lino o con tejido de Salónica, con gorros de tejido de Prusa. Cada mañana acuden maestros, que permanecen con ellos hasta la tarde, y les enseñan a leer y a escribir. Los que realizan los trabajos más duros son transformados en jenízaros. Los que son educados en los serrallos serán sipahis (La variante jenízara pero montada, que sirven de “Guardia de corps” al sultan) o alcanzarán los más altos puestos como funcionarios del Estado (ministros, recaudadores, visires), aunque siempre seguirán siendo esclavos y, como tales, totalmente sometidos a la voluntad del Sultad. Ambas clases están bajo una estricta disciplina. La primera especialmente está acostumbrada a la privación de comida, bebida y vestido cómodo, y al trabajo duro. Son ejercitados en disparar con el arco y el arcabuz durante el día, y pasan la noche en una sala alargada e iluminada, con un vigilante, que camina arriba y abajo y no deja que ninguno alborote. Cuando son recibidos en el cuerpo de los jenízaros, son instalados en cuarteles como claustros, donde las diferentes odas u ortas viven tan completamente en común que los dignatarios militares son llamados desde sus comedores. Aquí no sólo los jóvenes continúan obedeciendo a los mayores en silencio y respeto, sino que todos son gobernados tan estrictamente que ninguno puede pasar la noche fuera, y quien es castigado tiene que besar la mano del que le castiga. Los más jóvenes, en los serrallos, no tienen menos disciplina, cada diez bajo el mando de un preceptor inexorable. Son empleados en ejercicios semejantes, pero igualmente en el estudio. El gran señor les permitía dejar el serrallo a los tres años. Los que optaban por permanecer, ascendían, según su edad al servicio inmediato de su amo, de cámara en cámara, y a una mayor paga, hasta que alcanzaban, quizás, uno de los cuatro puestos importantes de la cámara más privada, desde donde se abría el camino a la dignidad de beglerbeg, o de capitán deiri (esto es, almirante), o incluso de visir. Aquellos, al contrario, que sacan partido de este permiso, entran, cada uno según su rango previo, en los cuatro primeros cuerpos de los sipahis pagados (Cuerpo de caballería de élite comparabe al de los jenízaros), que están al servicio inmediato del sultán, y en los cuales confía más que en sus demás guardias personales.
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