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Historia Militar
Tercios Españoles | Tercios Españoles |
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| Escrito por Alejandro Farnesio | |
| sábado, 01 de mayo de 2004 | |
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Página 2 de 2 Formaciones Las formaciones eran ordenadas por los sargentos. Existían numerosísimas formaciones, aunque las básicas en el campo de batalla eran: Cuadro de gente: Formación con el mismo número de hombres de frente que de lado Los arcabuceros debían formar, en principio, en gran frente para poder disparar cuantos más arcabuces a la vez mejor. Sin embargo, el frente estrecho es más útil para cargar. La realidad es que las formaciones se solían hacer combinando arcabuces y picas, de tal manera que las picas quedaban en el centro del cuadro y los arcabuces alrededor. Si la formación se exponía a una carga se terciaban las picas, cubriendo de esta manera a los arcabuces (erizo). Se consideraba que una formación de picas en buen orden era inexpugnable ante una carga. Sin embargo, era altamente vulnerable ante arcabuces debido a su escasa movilidad. Si formaba la compañía entera, el alférez, custodiando la bandera, quedaba en el centro y rodeado de alabarderos. Así se intentaba garantizar que no se capturase la bandera. Combates Las batallas en campo abierto, anfibias,... fueron las menos, siendo lo habitual el asedio a plazas fuertes. En campo abierto todos los soldados luchaban a pie, incluido el maestre de campo (jefe estratégico del tercio) que luchaba con una pica en el centro de la primera línea de su compañía (la línea de honor) y exceptuando al sargento mayor que lo hacía a caballo (es el jefe táctico del tercio). Eran relativamente habituales los castigos y penas por exceso de valor. Los soldados españoles se lanzaban al ataque sin esperar las órdenes de sus superiores, provocando la posible pérdida de la batalla. Acciones típicas eran las encamisadas. Golpe de mano nocturno. Le llamaban encamisada porque los soldados se ponían la camisa por encima de sus ropas para distinguirse en la noche de los enemigos. La escalada se utilizaba para rendir plazas fuertes. Un grupo reducido de soldados realizada una acción de subterfugio (escalaban los muros, se disfrazaban de civiles,...) con objeto de controlar una puerta de la ciudad, sobre la cual se lanzaba el grueso de la tropa. El asalto a una plaza era la acción más sangrienta conocida. Cuando la artillería habría brecha en las murallas, comenzaban las negociaciones para rendir la plaza. Si no llegaban a buen puerto se producía el asalto, pero ya no había piedad para los defensores. Las matanzas y saqueos eran habituales tras la toma de una plaza por asalto. Dentro del ejército imperial, existen tropas de múltiples nacionalidades, incluso tropas mercenarias. Los tercios españoles no suponían más del 10 ó 20 por ciento del total del ejército. El ejército español tenía prioridad para ocupar el lugar más peligroso y delicado de la batalla. Así, tropas aliadas de otras nacionalidades (alemanes, italianos,...) debían ceder el paso a los españoles. Esta situación provocaba envidias y malentendidos entre las tropas. Las compañías que se rebelaban por falta de paga (después de más de un año de atrasos) no participaban en las campañas, sin embargo, en caso de que el ejército fuese acosado por el enemigo, se incorporaban al mismo. Curiosidades El hecho de que el maestre de campo luchara como un soldado más, al frente de sus hombres provocó no pocas bajas de excelentes militares. Sin embargo, el valor y la fidelidad son el tono de los tercios. El maestre de campo Julián Romero le escribe al rey “Ha que sirvo a Vuestra Majestad cuarenta años la Navidad que viene, sin apartarme en todo este tiempo de la guerra y los cargos que me han encomendado y en ello he perdido tres hermanos, un yerno y un brazo y una pierna y un ojo y un oído [...] y ahora últimamente un hijo en el que yo tenía puestos mis ojos [...] y por otra parte ha de nueve años que me casé pensando en poder descansar y después acá no he estado un año entero en mi casa”. La preponderancia de las armas de fuego acaba destruyendo a la caballería que pierde terreno. Francia siguió aferrada, durante un tiempo, a la idea medieval de la caballería y así le fue. Los españoles no desprecian el uso de caballería pero la reorientan montando arcabuceros a caballo en compañías de Herreruelos. Son los precursores de los dragones del siglo XVIII, el nuevo siglo dorado de la caballería. Bibliografía Si os ha interesado este pequeño artículo os recomiendo los siguientes libros, que sin duda explican más y mejor los tercios que un humilde servidor: DE PAVIA A ROCROI – Los tercios de infantería española en los siglos XVI y XVII.- Juan Albi de la Cuesta; Balkan Editores |
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