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El 19 de agosto de 1942, el Teniente piloto Giulio Reiner despegó en su Macchi C.202 Folgore del aeródromo de Fuka, cerca de El Alamein, con otros siete cazas de las 73ª y 96ª Squadriglias, para interceptar aviones enemigos que sobrevolaban la línea del frente y que habían sido detectados por un radar Freya alemán.

 

Como punto de Reiner iba el Teniente piloto Gibellini, en la que era su primera salida operativa. Sobre El Hamman, a 6.000 metros de altitud, divisaron unos 20 Hurricanes que efectuaban ataques al suelo. Mientras se preparaban para atacarlos, Reiner vio 10 Spitfires a unos 1.000 metros por encima y a la izquierda, los cuales viraron hacia los cazas italianos. Reiner giró violentamente a la izquierda, en una maniobra de muchas g, de forma que quedó situado por detrás y por debajo de uno de los Spits.

 

 

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"Su morro ocupaba 3/4 de mi visor de puntería", recordó más tarde, "así que fue fácil alcanzarle con una corta ráfaga en deflexión después de corregir el tiro". El Spitfire fue mortalmente alcanzado, dando a Reiner su tercera victoria, la primera con el Folgore. Pero el combate aún no había terminado. Gibellini, su punto, había quedado separado de él y fue rápidamente derribado. Ahora los Spits se volvieron hacia Reiner, quien tuvo que hacer uso de su pericia como piloto para escapar. Después de aterrizar en su base de Fuka, el personal de tierra contó 107 agujeros de bala en su avión...

 


Su víctima había sido el Oficial piloto 'Sammy' Samouelle, futuro as con 10 victorias, el cual pudo aterrizar tras las líneas británicas con su destrozado Spitfire Mk VC Trop.

 


A pesar de suponer un salto cualitativo respecto de anteriores aviones, los británicos sentían mucha confianza cuando se enfrentaban a los italianos, incluso cuando eran Folgores los contrincantes. En palabras del as británico Neville Duke. "Les teníamos tomada la medida, especialmente cuando volaban en los CR 42, G-50 o C.200. Los italianos eran mucho más proclives que los alemanes a entablar dogfights, claro que eso era por las peores prestaciones y mejor maniobrabilidad de sus aviones. Desde luego, eran grandes pilotos acrobáticos, pero entraban en combate más con la idea de participar en una especie de justa medieval que en una lucha a vida o muerte. También parecían tener problemas con las intercomunicaciones en vuelo, lo que les hacía más vulnerables".

 


Giulio Reiner sobrevivió a la guerra, con un total de 10 derribos, 8 probables y tres destruidos en el suelo.