EL “22 SAS” EN EL JEBEL AKHDAR, OMÁN 1958-59 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por jmunrev   
Sábado, 27 de Septiembre de 2008 18:03

LA REBELIÓN
En los años 50 Omán es regido con mano de hierro por el Sultán Said Ben Taimur. Lo hace desde 1932 y lo hará hasta 1970. El es la Ley y el estado es medieval, carente de carreteras, escuelas, hospitales u otros avances sociales. La población, unas 750.000 alamas por entonces, se concentra en el tercio norte del país; allí coexisten dos sociedades contrapuestas y físicamente separadas por una cadena montañosa paralela a la costa, la sierra de Al Hajar. La sociedad costera es mercantil y marinera y la del interior conservadora, xenófoba y encerrada en sí misma. El centro del país es desértico y el sur está prácticamente desahitado con la excepción de la ciudad costera de Salalah en el lejano Dhofar.


Las tribus del interior montañoso pertenecen a la secta musulmana del “ibadismo” que cree que su líder, en el sentido religioso y por tanto político, el Imán, debe elegirse entre los creyentes por las propias tribus. Los choques entre los imanes del interior y el sultán han sido frecuentes, aunque en 1920 se alcanzo un acuerdo que acabo los choques hasta la década de los 50. Pero el petróleo, la injerencia saudí, el creciente nacionalismo árabe y la anglofilia del Sultán vinieron a acabar con el status quo.
Omán no era una colonia británica pero existía un acuerdo mutuo de amistad y comercio, y la influencia del Foreign Office sobre el Sultán es enorme. Desde 1952 el Sultán tiene una disputa territorial con Arabia saudí por el oasis de Buraimi, zona donde se realizan prospecciones petrolíferas. El sultán, apoyado por el Imán Mohammed, leva un ejército de 8.000 hombres, incluidos los hombres de las tribus del interior para ocupar la zona, pero es frenado por los británicos. Estos resuelven la disputa en 1955 a favor de Omán. Obtener el oasis como un “regalo” y no haber luchado por el mismo, hace perder prestigio al Sultán frente a las belicosas tribus del interior. Nuevos derechos de prospección concedidos por el Sultán en Fahud, territorio de jurisdicción del Imán, soliviantan al nuevo Imán pro-saudí, Ghalib ben Ali, que cree invadidas sus competencias. Este ha sido comprado por el dinero saudí y elegido gracias a las manipulaciones de los mismos. El Imán se declara independiente, pide el ingreso en la Liga Árabe y estalla la revuelta. Las Fuerzas Armadas del Sultanato (SAF), dirigidas por un británico, no tienen problemas en aplastar la rebelión suprimiendo el “imanato” en 1955. El hermano del Imán, Talib, escapa a Arabia Saudí con algunos rebeldes donde encuentra refugio. Allí comenzó a preparar una guerrilla de tipo nacionalista árabe.
Talib infiltra su fuerza entre marzo y junio de 1957, son unos 270 rebeldes. Declaran de nuevo el “imanato” que es reasumido por su hermano. A la revuelta se une el líder tribal de los Beni Riyam, Suleiman ben Himyar, cuyos dominios son el Jebel Akhdar (Montaña verde), un altiplano situado en el centro de la sierra Al Hajar que domina las comunicaciones de Mascate con el interior, y donde habitan unas 15.000 personas. Los 300 soldados del Sultan's Oman Regiment son diezmados por las emboscadas y las minas cuando se ven atrapados en medio de la revuelta. Las SAF son muy débiles. Les quedan los 120 hombres del Muscat Regiment dedicados a proteger al Sultán y su palacio, y los 200 del Batinah Force (después Northern Frontier Regiment). Las tropas son mixtas, mitad mercenarios baluchis y mitad omanís mezclados para vigilarse unos a otros. Es la hora de pedir ayuda a los británicos, estamos en el 16 de julio de 1957.
Pero estos no están en su mejor momento. Su antaño glorioso Imperio esta en descomposición y el reciente fiasco de Suez les imponía prudencia. Lo más inmediato que pueden enviar son los Trucial Oman Scouts, una milicia de árabes de los futuros Emiratos Árabes Unidos con mandos británicos, una sección de caballería (Troop) del 15/19 Regimiento de Husares equipada con 4 blindados Ferret , el batallón de infantería 1/Cameronians (Scottish Rifles) y el apoyo de los aviones de la RAF de las bases cercanas. Las SAF, bajo el mando de coronel británico Smiley, se reorganizan; se refunda el Sultan's Oman Regiment con los supervivientes y se insertan cuadros de mando de los Royal Marines. Con estas fuerzas y algunas tribus leales en busca de botín, se lanza una ofensiva a principios de agosto. La capital de Imán, Nizwa y la zona al pie de las montañas es recuperada para el Sultán, los rebeldes se refugian en el Jebel Akhdar y se retiran las fuerzas británicas. Solo quedan elementos de los Trucial Oman Scouts y una sección de 13/18 Hussars que releva a la sección del 15/19 y después relevada a su vez por un escuadrón del Lifeguards.
Pero el santuario de los rebeldes, a 2.000 metros de altura, aparece inexpugnable y desde el lanzan su campaña guerrillera. Se trata de una meseta a la que solo se puede ascender a pie por sendas de montaña que zigzaguean por paredes casi verticales. De sur a norte tiene unas dimensiones medias de 32 km y de este a oeste de 28 km. La ascensión es de unos 700 metros y las sendas están dominadas por las vistas y los fuegos desde el reborde de la meseta. La meseta está rodeada de altas cumbres, las más altas de la península arábiga, de hasta 3.000 metros de altura y, contrariamente a lo que su nombre induce, no se trata de un terreno plano. Una vez arriba el territorios está lleno de cerros, barrancos y quebradas y la vegetación es casi inexistente. Las temperaturas diurnas son altísimas mientras las nocturnas bajan de cero grados. La mayor parte de las bajas británicas lo han sido por “golpe de calor”. El terreno es rocoso y abrasivo, las botas quedan destrozadas en dos semanas. Se estima la fuerza armada rebelde allí arriba entre 500 y 700 hombres amparados por la población de las aldeas de los Beni Riyam. Desde allí amenazan las comunicaciones del interior con la capital, Mascate, cuya principal carreta corre a sus pies por el este de la meseta.



Localización del Jebel Akhdar flanqueando la principal via de comunicación de la capital con el interior, cuya principal población es Nizwa

 
Una de las aldeas del Jebel Akhdar

Reciben sin problema suministros desde Arabia Saudí y se hacían cada día más fuertes. Estos incluyen minas, morteros ametralladoras pesadas, cañones antiaéreos y munición. Por un acuerdo tácito y tradicional, las mujeres no pueden ser detenidas ni cacheadas y los rebeldes sacan partido de ellas como agentes de transmisión o porteadoras de munición. El tendido de minas en las vías de comunicación se hace especialmente insidioso; entre marzo y noviembre del 58 resultan destruidos 150 vehículos, incluidos 18 blindados Ferret. Los antecedentes son poco prometedores, el último ejercito que se atrevió a subir y luchar fue el persa en siglo X. Pero algo había que hacer. En noviembre del 58, la intensificación de las patrullas logra el bloqueo de los suministros, lo que combinado con los ataques aéreos de los Venom y Shackletons de la RAF empiezan a hacer mella en la moral de los rebeldes. Es el momento de pasar a la acción.



Los Ferret usados por la caballeria para patrullar las vías de comunicación al pie del Jebel Akhdar se convierten en fácil objetivo de emboscadas y minas.

UN TRABAJO PARA EL 22 SAS
Se barajaron varios planes, incluyendo el uso de una brigada de infantería británica combinada con un asalto paracaidista, pero restricciones de tipo político impiden el uso de un gran contingente. Alguien sugiere emplear el 22 SAS, y se aprueba la sugerencia tras consultar a su jefe, el teniente coronel Deane-Drummond, quien se entusiasmo con la propuesta ya que la emergencia malaya tocaba a su fin y con él, probablemente, el del SAS. El factor decisivo para elegirlo fue el de la discreción que supone el empleo de tal unidad.
El 22 Regimiento SAS se había desactivado al final de la Segunda Guerra Mundial para ser reactivado con motivo de la “emergencia malaya” en 1950 a propuesta del antiguo jefe de los Chinditas, el general Calvert. Allí se convirtieron una unidad contraguerrillera experimentada y dotada de nuevas armas, tácticas y capacidades, acostumbrada a pasar 2 meses infiltrada en las junglas donde se escondían los guerrilleros expulsándolos o aniquilándolos en sus santuarios. Pero en 1958 solo estaban activados 2 “sabre squadron” de los 6 que llego a tener (literalmente “escuadrón de sables”, término usado tradicionalmente en la caballería británica para distinguir las compañías de combate de las de apoyo o servicios). Como la emergencia estaba a punto de finalizar tras la derrota de la guerrilla comunista, y la unidad se había activado específicamente para la misma, parecía que llegaba su fin. Omán iba a ser su tabla de salvación. Los escuadrones eran los A y el D y su organización teórica era de 4 “troops” (secciones) de 4 patrullas de 4 hombres. Entre ellos no contaba el “rango” militar sino la capacidad y experiencia y tenían fama de bebedores indisciplinados. Esto podría ser asi en la retaguardia pero en el combate se desenvolvían como nadie.
Así es como llegan a mediados de noviembre de 1958, sin transición previa ni preaviso, los casi 70 hombres del escuadrón D (aunque solo 40 eran combatientes) al árido Omán recién sacados de las húmedas junglas malayas. De los 50 británicos que ya estaban allí, 45 habían sufrido insolaciones en mayor o menor grado y 2 habían muerto por “golpe de calor”, era un serio aviso de lo que les esperaba. Además del reto físico que suponía el clima y la topografía, dos condicionantes tácticos les suponían retos importantes. La oscuridad de la jungla impuso un ciclo de trabajo en el que la noche se dedicaba a descansar; la ausencia de vegetación y las temperaturas diurnas en el jebel imponían el movimiento nocturno. Los encuentros en la jungla eran a muy corta distancia y lo importante era el tiro instintivo y armas de corto alcance, pero en el jebel las distancias de tiro eran mucho mayores por ser el horizonte visible mucho mayor, y se necesitaban otro tipo de armas. Rápidamente se hicieron con ametralladoras de .30 de los Ferrret de caballería y con morteros de 3 pulgadas de las SAF. Además contaban con el apoyo aéreo cercano de los Venom la RAF.
Lo primero era acostumbrarse al terreno y conocer al enemigo para ello establecieron dos bases de patrulla, una al norte del jebel, en Awabi y otra al sur, en Tanuf. Se hicieron con uniformes kakis pero tuvieron que oscurecerlos porque resaltaban en la oscura roca volcánica. Pasaron mas de un mes realizando patrullas de reconocimiento de las sendas de ascensión a la meseta y se produjeron encuentros con los enemigos. También pudieron comprobar cómo las botas se destrozaban a las pocas semanas de operar en ese terreno.



Localización de las bases de patrulla norte y sur, y el santuario rebelde


Finalmente hubo suerte, y las “troops” que operaban desde el norte, la 16 y 17 encontraron un hueco. La senda que usaron los persas en el siglo X y conocida como “los escalones persas” porque en su tramo final salvaba el fuerte desnivel mediante escaleras que los esclavos persas habían tallado en la roca, se encontraba sin vigilancia. De ese modo se consigue establecer una cabeza de puente en el norte de la meseta, pero una vez allí se plantea uno de los problemas propios de las operaciones en montaña: el abastecimiento. Una de las “troop” ocupa la nueva base de patrulla mientras la otra se dedica a subir y bajar haciendo de porteadores, pero eso no es suficiente. Los intentos de la RAF de lanzamiento de cargas han fracasado al estrellarse las cargas contra el duro suelo o despeñarse por las fuertes pendientes.
Al probar con las mulas locales descubren la utilidad de las mismas, conocimiento que otros ejércitos ya tenían al disponer de unidades especificas de montaña. Pero es entonces cuando las manos de los “ahorradores” burócratas de oficina, a miles de kilómetros del frente, meten mano al asunto para fastidiarlo; se compran 200 mulas en Somalia porque cuestan la mitad. Pero estas son mucho más pequeñas y solo pueden portar 25 kg., la mitad de lo que carga un SAS. Y además no están acostumbradas al calor ni al terreno montañoso por lo que la compra resulta un fracaso. A este respecto hay que hacer notar que muchos ejércitos actuales, entre los que esta España, han suprimido a los mulos de entre sus medios pensado que los actuales, como los helicópteros o tractores oruga pueden sustituirlas. Pero estas son insustituibles porque el clima de montaña permite pocos días de vuelo y muchas de las sendas son inaccesibles a los medios mecánicos.
Desde esta nueva base se dedican a patrullar la meseta y expandir la misma, y se producen encuentros cada vez más violentos. En uno de ellos matan a 8 enemigos y en otro a 9, pero en otro apenas consiguen escapar gracias al apoyo aéreo de la RAF. Solo su superior destreza táctica les salva porque están en gran inferioridad de hombres. En esta fase se produce el primer muerto SAS por disparo. Esto causa gran consternación entre los miembros del SAS por el hecho de que tiene que ser enterrado en un viejo cementerio de marineros escondido en una remota cala de la costa para evitar que se conozca esta campaña en su país. Es el precio a pagar de luchar en operaciones “discretas”, pero por eso les eligieron. Pero la fuerza es muy pequeña para realizar el trabajo. Los rebeldes se han atrincherado frente a la posición del SAS bloqueando la puerta de accesos a la meseta. El único motivo por el que los rebeldes no tacan la BP es porque creen que los británicos son muchos más, tanto por su destreza como por la propaganda de Radio Cairo que habla de cientos de bajas británicas. Son necesarios refuerzos y el 12 de enero de 1959 llega el otro escuadrón, el A, para ayudar en la tarea.
El recién llegado escuadrón se hace cargo de la cabeza de puente norte y el D, tras un breve descanso en la ciudad, se concentra en Tanuf. Desde allí siguen buscando vías de acceso desprotegidas hacia el altiplano y la encuentran entre los uadis kamali y Suwaiq. Se trata de una senda muy empinada pero muy poco protegida; es la que se eligen para poner otro pie en el corazón del santuario rebelde.


Vista del jebel desde el oeste, en la parte izquierda se aprecian las pendientes usadas por el D/22SAS para subir a la meseta


Para lograr la sorpresa se monta una maniobra de decepción. Se corre la voz entre los acemileros locales de que se va a atacar en fuerza desde Tanuf. Se complementa el engaño con la salida desde Tanuf de una columna motorizada hacia al norte que al caer la noche rehace sus pasos sin luces para trasladarse al cuanto de partida de la ascensión. Esta comienza a las 20:30 del 26 de enero. Tienen que salvar casi 700 metros de desnivel con más de 50 kg. a la espalda; cada hombre lleva 200 proyectiles de 7,62, otros 250 para las ametralladoras, 8 granadas de mano, 3 granadas de 3.5 pulgadas, 6 granadas de mano de fosforo y 3 fumígenas, del agua y su armamento. El reto es formidable. A las 4 de la mañana del 27, agotados, alcanzan la “cresta militar” (esta es la línea desde la que se domina por las vistas las pendientes de subida, no necesariamente coincidente con la topográfica que es la más alta). Allí descubren un asentamiento de ametralladora pesada gracias a los restos “fisiológicos” dejados por sus sirvientes, quienes afortunadamente están dormidos. Allí se queda la 16 Troop esperando el amanecer para hacerse cargo del enemigo mientras el resto continua la ascensión. Tan agotados van que temen no llegar a la cresta antes del amanecer, así que una parte deja las mochilas para subir más rápidamente. Lo consiguen instantes antes del amanecer, a las 6:30 h.
Nada más llegar suenan disparos y explosiones más abajo. Se trata de la 16 Troop eliminando la ametralladora encontrada y otro descubierta al amanecer. La escasez de enemigo demuestra que la maniobra de decepción ha sido exitosa. Aunque los rebeldes reaccionan con rapidez y enseguida comienzan a recibir fuego. Acuden los Venom de la RAF para apoyar si es necesario, ahora con un piloto rodesiano, ex SAS en Malasia, con la unidad en tierra para dirigir los ataques. Después llega el reabastecimiento aéreo. La imagen de paracaídas descendiendo intimida al enemigo, lo confunden con un asalto aéreo. Su moral empieza a resquebrajarse al ver asentada una segunda cabeza de puente en su territorio. 20 enemigos se les presentan para entregarse. Al D/22 SAS le seguía el A/22 SAS, una sección desmontada de los Life Guards con las ametralladdoras de sus vehiculos, una compañía de los TOS y un grupo de irregulares. Desde Awabi, al norte del jebel amgan las SAF e irregulares.
La puerta se había abierto y ya solo quedaba la tarea de limpieza de la meseta. No se logra capturar a los tres líderes rebeldes. Después se supo que permanecieron escondidos en una casa para huir semanas más tarde. En esta fase el SAS sufrió otras tres bajas, una granada fue alcanzada por un disparo en la mochila; el portador de la misma murió y otros dos resultaron heridos. La rebelión ha sido aplastada en su nido.
BALANCE
El SAS acabo en tres meses con un conflicto estancado durante 4 años. Y además lo hizo con una discreción total; sin excesivas bajas que llamaran la tención y sin grandes despliegues. Si estaba prevista su disolución, los planes cambiaron al percatarse del útil instrumento que tenía Gran Bretaña para esa complicada época de decadencia colonial. Se puede decir que esta campaña salvo al SAS.
En cuanto a la táctica, este conflicto vuelve a demostrar la importancia del factor “hombre” en la montaña y que el éxito solo puede conseguirse mediante la sorpresa y la audacia. Y también que el mulo es imprescindible para asegurar el abastecimeinto.

“Who dare wins”


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Actualizado ( Viernes, 03 de Octubre de 2008 17:47 )
 

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