‚ÄúThe Old Contemptibles‚ÄĚ: La forja de una leyenda PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Ca√Īaytapa   
Viernes, 03 de Septiembre de 2010 18:30

El 28 de junio de 1914 el Archiduque austriaco Francisco Fernando, que era el heredero al trono, visitaba oficialmente Sarajevo tras inspeccionar unas maniobras del ej√©rcito austroh√ļngaro. El problema estaba en que la fecha, adem√°s de coincidir con su decimocuarto aniversario de boda, lo hac√≠a tambi√©n con el Vidovdan, una celebraci√≥n de los serbios.

Si el ambiente estaba enrarecido, lo sucedido aquel día colmó el vaso. Tras varios intentos, al final un grupo de nacionalistas bosnios acaba asesinando al Archiduque… Los autores del atentado no tenían ni idea de lo que se acababa de iniciar…




Una de las ilustraciones m√°s conocidas del atentado de Sarajevo.

Tras varias acusaciones, Austria declara la guerra a Serbia (pues la consideraba instigadora del atentado) el 28 de julio. Entonces Rusia ordena la movilización general al día siguiente. Alemania declara la guerra a Rusia el día 1 de agosto. Francia inmediatamente hace lo propio contra Alemania… Lo que parecía poco más que una disputa de barrio acaba de dejar a media Europa declarándose la guerra.

Los diversos países ponen sus planes en funcionamiento. Así, Francia espera un ataque por su frontera con Alemania, como décadas atrás en la Guerra Franco-prusiana. Pero la eficiencia del Estado Mayor del Káiser tiene planeada otra jugada: el Plan Schliefen.

As√≠ pues, la neutral B√©lgica se ve invadida por los ej√©rcitos alemanes el 4 de agosto. Bien por esta raz√≥n o bien porque ello supondr√≠a que los franceses se ver√≠an desbordados por su izquierda, Gran Breta√Īa declara la guerra a Alemania.

Lo sucedido en Sarajevo hab√≠a activado el plan brit√°nico de guerra y, con ello, el contingente m√°s glorioso que se recuerda en la Historia Militar Brit√°nica: ‚ÄúThe Old Contemptibles‚ÄĚ.

‚ÄúThe Old Contemptibles‚ÄĚ

El origen de esta expresi√≥n est√° en la frase que se atribuye al K√°iser Guillermo, que orden√≥ al general Von Kluch que dedicara todos sus efectivos y energ√≠as para deshacerse del ‚Äúpeque√Īo y despreciable ej√©rcito‚ÄĚ del general French.

Los brit√°nicos recibieron con profundo orgullo el apelativo de despreciables, y fue as√≠ entonces que al acabar la guerra, los supervivientes, fuera cual fuera su unidad de procedencia, se reivindicaron como ‚ÄúLos viejos despreciables‚ÄĚ: (The Old Contemptibles). Y este es el nombre con el que han pasado a la Historia.

Pero bueno, esto es casi el final del cuento. En realidad el principio de la historia lo podemos situar bastantes a√Īos antes y no en las Islas, ni en la Europa continental‚Ķ sino en √Āfrica.

La Guerra de los Boers (1899-1902)

Este conflicto, que en un principio se suponía un problema colonial de corta duración, demostró que las fuerzas británicas dejaban bastante que desear en el caso de una guerra de gran envergadura. Era necesaria una reforma completa del Ejército, tanto en equipamiento e instrucción como en organización.

Así es como en 1902 Sir John Brodick y Lord Roberts , el cual acababa de derrotar al ejército boer, se ponen manos a la obra. Las propuestas que hicieron no tuvieron éxito en el Comité de la Defensa Imperial. Sin embargo, aparte de algunos cambios en materia de equipamiento e instrucción, el mayor logro vendría al modificar el estamento por la cabeza.

El cargo de Comandante en Jefe desaparece en 1904 y la tarea de asesorar al Secretario de Guerra recae en el recién creado Consejo del Ejército, del cual forman parte cuatro militares y dos civiles (encargados del aspecto civil y financiero). La otra función del Comandante en Jefe, la de inspección de tropas, sería tarea para otro cargo nuevo, el Inspector General de Tropas.

Mucho más no pudieron hacer, porque además de no tener éxito en su tarea, el Gobierno conservador que les respaldaba perdió las elecciones de 1905.

Y entonces llegó Haldane

Si en estas estamos y llega al poder un partido como el Liberal, donde los pacifistas e incluso los antiimperialistas tienen bastante peso: ¬ŅQu√© pensamos?... que se acaba el cuento. Si adem√°s en ese Gobierno el Secretario de Guerra es un abogado que nunca ha pisado un cuartel‚Ķ ya no pensamos‚Ķ afirmamos que el cuento se acab√≥ por siempre jam√°s.

Nada de eso pas√≥. Porque una cosa son las ideolog√≠as y otra el sentido com√ļn. Richard B. Haldane demostr√≥ tener bastante de lo segundo. Como Secretario de Guerra, supo ver que tarde o temprano habr√≠a una guerra y que tendr√≠a que tener el Ej√©rcito en condiciones para afrontarla sin por ello desatender las tareas que estaba realizando hasta el momento.

Lord Richard B. Haldane.

Para empezar, hab√≠a que tener claro cu√°les eran las amenazas. La amenaza de una invasi√≥n parec√≠a estar bien resuelta por la Marina Real, que entonces era la m√°s poderosa del mundo. Se estimaba entonces que las potencias con las que era m√°s probable tener un conflicto eran Francia y Rusia, debido a las ambiciones de ambos pa√≠ses en √Āfrica y la frontera hind√ļ, respectivamente. Los acontecimientos demostraron que los tiros, y nunca mejor dicho, vendr√≠an por otro sitio.

Tras el incidente de Fachoda, en 1898, tanto brit√°nicos como franceses deciden dirimir sus diferencias de forma pac√≠fica, firmando en 1904 la conocida ‚ÄúEntente Cordiale‚ÄĚ.

Por otra parte, Rusia es aliada de Francia y en 1905 resulta duramente derrotada en la guerra contra Japón, que es aliado británico. Tal vez por ello decide hacer las paces con el Imperio Británico firmando un acuerdo sobre las fronteras de la India. Las dos principales fuentes de conflicto ahora son países aliados.

Los tres nuevos aliados coinciden en se√Īalar a la reci√©n unificada Alemania como la principal amenaza. Al tener la amenaza en frente de en casa, franceses y brit√°nicos entablan conversaciones sobre un posible despliegue brit√°nico junto a la frontera belga por si la neutralidad reconocida de este pa√≠s desde 1830 se viera violada. ¬ŅConocer√≠an ya a estas alturas el plan Schliefen?

Sin compromiso por ninguna parte, los estados mayores de ambos países se dedicaron a planear conjuntamente como sería el desplazamiento de las fuerzas británicas a suelo francés.

Manos a la obra.

Los británicos de la época hablaban de su Imperio. Pero claro, un Imperio del que sentirse orgullosos conlleva unas contraprestaciones. La Marina británica era entonces la mayor del mundo y mantener ese Imperio exigía tener efectivos militares en todos los rincones del mundo, luego la solución estaba en preparar la eventual fuerza expedicionaria con lo que hubiera en casa.

Para empezar, se cre√≥ el Consejo del Ej√©rcito, compuesto por los jefes de los cuarteles generales del Departamento de Guerra. El mismo esquema se repetir√≠a en los siguientes escalones de mando, con ello se persegu√≠a simplificar y mejorar la eficiencia del sistema de Estado Mayor. Ello implic√≥ que se unificaran y modernizaran los estudios de las Escuelas de Estado Mayor tanto en Gran Breta√Īa como en la India.

Desde 1907, adem√°s, se pens√≥ en la idea de un Estado Mayor Imperial, de manera que se unificaran los procedimientos tanto de las tropas brit√°nicas como de las tropas provenientes de la India y los Dominios, instruyendo a los oficiales nativos y agregando a los brit√°nicos a estas fuerzas. De modo similar se lleg√≥ a un acuerdo con el gobierno hind√ļ.

Y para que no hubiera sorpresas cuando llegara el momento se public√≥ ‚ÄúEl libro de la Guerra‚ÄĚ, en el que quedaba reflejado c√≥mo se tendr√≠a que movilizar el pa√≠s.

Dando forma a la m√°quina.

El cerebro ya estaba en marcha, ahora hab√≠a que dar forma a los m√ļsculos. Se estaban produciendo muchos avances t√©cnicos en la vida cotidiana y el Ej√©rcito no iba ser inmune a ellos.

Para combatir hacen falta moverse, y de ellos se encargaría el ASC , encargado de los transportes. Ya no se trataba sólo de los caballos de tiro de toda la vida, sino que se dispondría también de vehículos a motor. Estos podrían ser bien adquiridos o bien procedentes de los particulares. Para ello se estableció un plan de subvenciones a estos propietarios de manera que sus coches fueran construidos conforme a especificaciones de los militares para poder disponer de ellos en caso de necesidad. De igual modo se requirió al RAC para que pudiera conseguir vehículos y voluntarios adicionales que pudieran hacer falta.

La sanidad tambi√©n se reorganiz√≥, centraliz√°ndose todo en el RAMC , que increment√≥ los hospitales de campa√Īa y el n√ļmero de ambulancias. As√≠ mismo se increment√≥ el Servicio de Enfermer√≠a.

En 1909 el franc√©s Louis Bleriot cruz√≥ con un monoplano el Canal de la Mancha, demostrando que la Aviaci√≥n dejaba de ser un pasatiempo. No se escap√≥ este detalle y s√≥lo tres a√Īos despu√©s, en 1912, se creaba el RFC . Ver lo que hab√≠a al otro lado de la colina y m√°s all√° era m√°s f√°cil que nunca.

Los ingenieros se vieron beneficiados por los nuevos inventos como el teléfono, la radio y las motocicletas para las transmisiones y las bicicletas para los zapadores.

La Artiller√≠a se divid√≠a en tres ramas: montada, de campa√Īa y de asedio . Se vieron mejoradas todas ellas con el nuevo ca√Ī√≥n de tiro r√°pido, que permit√≠a la correcci√≥n de disparo sin reubicar la pieza, con lo cual aumentaba la cadencia de tiro. La RFA incorpor√≥ a su panoplia el ob√ļs de 4‚Äô5 pulgadas, para batir posiciones desenfiladas. As√≠ mismo se increment√≥ el alcance de los ca√Īones, siendo el m√°ximo alcance en torno a los 8.500 m.

Y‚Ķ por supuesto, quedaban las Armas operativas: Caballer√≠a e Infanter√≠a. Tras la Guerra de los Boers, se renovaron las t√°cticas y, con ellas, el equipamiento del soldado. El soldado brit√°nico tendr√≠a que combatir a menor distancia ante un enemigo m√°s numeroso. Se prest√≥ entonces m√°s atenci√≥n a la iniciativa personal del soldado. Adios a las descargas cerradas y a los movimientos de campa√Īa en orden cerrado. Hab√≠a nacido el nuevo orden de combate: Avanzar a salto de mata por el terreno buscando abrigo y una posici√≥n donde poder disparar en posici√≥n de tendido, ofreciendo el menor blanco posible al enemigo y cubriendo unos soldados el avance de los otros. Esta √ļltima labor se reforzaba por una nueva arma venida desde el otro lado del charco: la ametralladora Maxim, que posteriormente fue mejorada y sustituida por modelo m√°s ligeros de Vickers en 1912. Se hab√≠a aprendido mucho de la experiencia en la frontera de la India y de la Guerra Ruso-japonesa de 1905.

Por supuesto que la disciplina de tiro que había hasta entonces se abandonó. Ahora se disparaba a discreción, intentando hacer blanco lo más rápido posible, a falta de más ametralladoras de refuerzo (Lo deseable eran 6 por batallón, pero el dinero sólo daba para 2). Se incidió especialmente en la instrucción de tiro. Se disponía de un nuevo fusil más corto, el SMLE de calibre 0’303, que almacenaba 10 cartuchos, el doble que el resto de los fusiles de entonces. El Tommy de la época disparaba precisamente un mínimo de 15 balas en un minuto. La recarga se aceleraba con los nuevos peines de 5 cartuchos. Previéndose la dureza de la lucha cuerpo a cuerpo, la bayoneta de dotación era ahora más unos 13 cm. más larga.

La Caballer√≠a tambi√©n se instruy√≥ en estas t√©cnicas, pues su papel ahora era m√°s el de infanter√≠a montada. No obstante, sigui√≥ la instrucci√≥n en el manejo del sable y de la lanza (√©sta √ļltima en menor medida) para enfrentarse a sus parejos enemigos.


La llegada a Francia.

Como arma corta se seguía usando el revólver Webley del 0’45, que estaba siendo sustituido por otra versión del 0’38. Este era arma usada por oficiales y la tropa a cargo de servicios específicos.

Esta nueva forma de combatir cambi√≥ tambi√©n el equipo del soldado. El uniforme llevado hasta ahora (de colores vivos seg√ļn el arma o regimiento) quedar√≠a pr√°cticamente para las ceremonias. Todo el mundo llevar√≠a ahora el nuevo uniforme de campa√Īa color caqui, que se confund√≠a mejor con el terreno. Se dise√Īaron tambi√©n nuevos correajes de cuero primero, y m√°s tarde de algod√≥n para las unidades de infanter√≠a. De esta forma tambi√©n se portaba m√°s munici√≥n encima.

Dado que hab√≠a que movilizar grandes cantidades de tropas, era necesario instruirse en el empleo combinado de las mismas, organizadas en brigadas y divisiones. A tal efecto se adquirieron o requisaron terrenos para realizar grandes maniobras. El proceso de adiestramiento empezaba en invierno a nivel de compa√Ī√≠a y acababa en oto√Īo del siguiente a√Īo con un ejercicio a nivel de cuerpo de ej√©rcito.

¬ŅY qui√©n iba a ir a la guerra?

Esa era una cosa seria a tener en cuenta. El Reino Unido, a diferencia de los países europeos de la época, no recurría al servicio militar obligatorio. Poseía territorios de ultramar que abarcaban los cinco continentes. Estos consumían la mayor parte de los recursos militares, pues la Marina Real era lo suficientemente poderosa para proteger a las Islas de una invasión. Debido a ello las unidades del ejército destinadas en territorio metropolitano eran menos numerosas y disponían de menos de la mitad de la plantilla teórica de guerra.

Con todas las reformas que se estaban haciendo, se aprovech√≥ tambi√©n para incrementar el n√ļmero de efectivos metropolitanos mediante la creaci√≥n de nuevas unidades y el aumento de plantillas de las existentes. De esta forma, cerca del 60% de los efectivos brit√°nicos estaban destinados en las Islas en 1914.

Para poder desplegar el mayor n√ļmero de unidades sin comprometer la defensa nacional, se reform√≥ el sistema de reserva (formado por soldados a tiempo parcial), de manera que de manera escalonada pasaran de defender las Islas a poder combatir fuera de ellas, pasando por el apoyo a las unidades regulares a retaguardia. Surgieron as√≠ las Fuerzas Territoriales.

Si alguien decid√≠a alistarse en este ej√©rcito ser√≠a por muchas causas, pero ninguna de ellas fue la paga. En un pa√≠s con una industria pujante como era la Gran Breta√Īa de la √©poca, cualquier empleado en la vida civil, si no era menor de edad, recib√≠a mejor paga que un soldado de Su Graciosa Majestad. Por lo general se trataba de gente desempleada o que hu√≠a de la miseria, la justicia o alguna situaci√≥n embarazosa. Tambi√©n los hab√≠a que se alistaban por tradici√≥n familiar o por af√°n de aventura y conocer mundo. Ni que decir tiene que la tradici√≥n regimental brit√°nica ayudaba mucho al reclutamiento. Las condiciones del servicio, generalmente fuera del pa√≠s, eran duras y la disciplina severa. Sin embargo, en su regimiento (Colours, como los llamaban) recib√≠an buena manutenci√≥n y el esp√≠ritu del regimiento de turno les hac√≠a encontrar respeto y compa√Īerismo. Tal vez por ello permanec√≠an entre 12 y 21 a√Īos en sus unidades all√° donde les destinaran.

El nombre del regimiento no indicaba necesariamente la procedencia de sus componentes. Así, los irlandeses y los procedentes de las grandes ciudades se encontraban en casi cualquier regimiento, aunque éste fuera escocés. En las unidades de reserva sí era más normal que predominaran los de la zona en cuestión.

Con el paso del tiempo, muchos de estos alistados iban ascendiendo y se convert√≠an en suboficiales. Deb√≠an lidiar con el mando de sus antiguos camaradas que a√ļn segu√≠an en la tropa y a su vez auxiliar y obedecer al oficial de turno, por mucho o poco experimentado que fuera. Al provenir de promoci√≥n interna, eran toda una instituci√≥n dentro de la unidad en la que serv√≠an como soldados experimentados y por ello eran apreciados tanto por la tropa como por los oficiales.

La procedencia de √©stos √ļltimos apenas hab√≠a cambiado. En su mayor√≠a proven√≠an de la aristocracia (sobretodo en Infanter√≠a y, por supuesto, en Caballer√≠a) y cerca de la tercera parte de la burgues√≠a acomodada. Las academias militares de Sandhurst y Woolwich eran de pago y los oficiales estaban obligados por las normas sociales de la √©poca a mantener cierto nivel de vida. Sol√≠an servir en regimientos de sus zonas de procedencia.

Algo había cambiado, sin embargo, tras la Guerra de los Boers. El oficial de ahora trataba de demostrar su valía para el puesto mediante la profesionalidad y no mediante la prevalencia de sus orígenes familiares, como sucedía con sus antecesores. De esta manera se ganaron la confianza de sus subordinados.

Todo esto era lo que la Gran Breta√Īa pod√≠a ofrecer en el momento de la guerra.

¬ŅY al final‚Ķ qu√© pas√≥?

Haldane dejó la Secretaría de Guerra en 1912. Cuando estalló la Guerra, el cargo lo ocupará el mariscal Kitchener, al cual le precedían éxitos coloniales. Sin embargo, era de los pocos que preveía que la guerra será larga y tenía otras ideas.

As√≠ pues, trastoc√≥ los planes establecidos hasta el momento. En un principio decidi√≥ enviar a Francia menos efectivos de los previstos, si bien luego rectific√≥. Para colmo, la Fuerza Expedicionaria Brit√°nica, BEF, incluy√≥ desde un inicio efectivos de las Fuerzas Territoriales mientras que unidades profesionales y experimentadas eran enviadas a lugares donde su utilidad era menos necesaria. Unidades destinadas en destacamentos coloniales del Mediterr√°neo y √Āfrica fueron despu√©s destinadas a Europa como refuerzo. Vamos‚Ķ el colmo de la ineficiencia log√≠stica.

Los planes de requisa y adquisición de vehículos a motor dieron resultado y así, se pudieron utilizar hasta los autobuses londinenses. Incluso no faltaron voluntarios para conducir coches y motos que eran cedidos por ellos mismos o por otros particulares. Estos vehículos se utilizaban sobretodo en funciones de cuartel general.

Así las cosas, las primeras unidades británicas llegaron a Francia en torno al 12 de agosto. El 20 del mismo mes estaban desplegados junto a Cambrai y el 23 el II CE se batía en Mons contra fuerzas tres veces mayores.

Seguiría después cubriendo, junto a más refuerzos, la retirada hacia Guisa, donde los franceses batallarían el 29. El I Ejército alemán avanza entonces hacia París. Las tropas francobritánicas se repliegan hacia el Este de París, donde se reagrupan al Sur del río Petit Morin el 5 de septiembre. Los tres días siguientes se disputa la Batalla del Marne, donde el ala derecha alemana (enfrentada a la BEF) comienza la retirada. A mediados de mes se batallará nuevamente en el Aisne, donde se fijará el frente.

Los alemanes entonces deciden avanzar por la costa atlántica, con el objeto de tomar todos los puertos hasta Calais. Impedirlo será el nuevo cometido de la BEF, que ya consta de cuatro CE. Desde primeros de octubre cubren la retirada que el Ejército belga está haciendo desde Amberes

Y es aqu√≠ donde lleg√≥ la gloria: Dos Ej√©rcitos alemanes, el 4¬ļ y el 6¬ļ, avanzan hacia Ypres. Es cuando el K√°iser Guillermo piensa que se quitar√° al de enmedio ‚Äúdespreciable‚ÄĚ Ej√©rcito Brit√°nico: Los alemanes ten√≠an m√°s divisiones y m√°s armas de apoyo en el teatro de operaciones. Todos los augurios parec√≠an favorables. Se equivoc√≥.

La BEF demostró la bondad de las reformas que se habían hecho. La cadencia de tiro de fusilería sin igual de los Tommys frenó a la infantería alemana, mientras que el movimiento a salto de mata hizo que la artillería teutona tuviera menor efecto del esperado. Las retiradas ordenadas permitieron que los avances alemanes no fueran tan profundos al no poder la Caballería desbandar al enemigo. Cuando los oficiales caían, los suboficiales tomaban el mando y, cuando caían éstos, los cabos y hasta el personal auxiliar (como cocineros o escribientes) tomaban su lugar. Se les había entrenado para combatir y los testimonios alemanes de la época demuestran que así lo hicieron.

As√≠ mismo, se pudo ganar el suficiente tiempo para que llegara un CE de la India a finales de octubre, con lo cual los nuevos ataques alemanes en noviembre resultaron igualmente bald√≠os, dada la implantaci√≥n del Estado Mayor Imperial, que se ver√≠a con m√°s claridad al incorporarse en los a√Īos siguientes los contingentes de las colonias.

El frente de Ypres quedó estabilizado, pero el precio pagado fue alto. Sólo en esta ofensiva se habían perdido 58.000 soldados.

Haciendo cuentas, a los 87.000 soldados enviados en agosto, habría que sumar 107.000 en los diversos refuerzos llegados hasta noviembre, sumando 194.000 efectivos. De ellos, en diciembre sobrevivían unos 104.000, poco más de la mitad. La tenacidad británica había resultado cara y había que afrontar la Guerra de otra manera.

Las reformas hechas en su d√≠a sirvieron a ello, pues permitieron la r√°pida incorporaci√≥n de tropas procedentes de los Dominios y de la India. As√≠ mismo, la Fuerza Territorial sirvi√≥ para encuadrar al ‚ÄúNuevo Ej√©rcito‚ÄĚ de voluntarios que proyectaba Kitchener. Pero eso‚Ķ es otra historia.

¬ŅY qu√© pas√≥ con‚Ķ?

El K√°iser vio como ‚Äúel insignificante y despreciable‚ÄĚ Ej√©rcito Brit√°nico trunc√≥ sus planes de sentenciar la Guerra en pocas semanas. La Guerra dur√≥ cuatro a√Īos y le cost√≥ la corona y a su pueblo la humillaci√≥n del Tratado de Versalles.

Kitchener dirigi√≥ en 1915 la campa√Īa de Gall√≠poli, con resultados desastrosos (si bien hay que decir en su favor que el plan no era suyo) y muri√≥ al a√Īo siguiente en un naufragio cerca de las Islas Orcadas. Su muerte fue muy sentida en la ciudadan√≠a brit√°nica.

Haldane fue nombrado Vizconde y Lord en 1911. Al a√Īo siguiente fue nombrado Lord Canciller , cargo que dej√≥ en 1915 ante falsas acusaciones de progermano (tiene guasa la cosa ¬Ņno?). Volver√≠a a ocupar el mismo cargo en la d√©cada de los 20 con el primer gobierno laborista. Tambi√©n desempe√Ī√≥ cargos de direcci√≥n en varias universidades. Falleci√≥ en 1928. Actualmente existe una prestigiosa asociaci√≥n de juristas que lleva su nombre.

Alguna de las reformas de Haldane sigue vigentes hoy en d√≠a. Las Fuerzas Territoriales se han convertido actualmente en el Ej√©rcito Territorial y contin√ļan siendo la reserva de todo tipo de unidades del Ej√©rcito Regular.

Y los protagonistas de la historia‚Ķ los soldados. Los componentes de esta Fuerza Expedicionaria que sobrevivieron a la guerra tomaron a gala con gran orgullo las palabras del K√°iser y, cuando acab√≥ la Guerra, crearon la Old Contemptibles‚Äô Association. Desde entonces se les ha tenido como ejemplo de lo que debe ser el soldado brit√°nico. De sus filas surgieron luego los generales brit√°nicos de la Segunda Guerra, como Montgomery y Horrocks. Muchos de ellos volver√≠an a empu√Īar las armas durante la Segunda Guerra, en labores de retaguardia, contribuyendo al esfuerzo b√©lico de su pa√≠s y dando ejemplo de servicio. Desde entonces, son recordados en cualquier fuerza brit√°nica destinada fuera del pa√≠s.


Acreditaci√≥n de un ‚ÄúViejo Despreciable‚ÄĚ

El √ļltimo ‚Äúdespreciable‚ÄĚ sirvi√≥ en un regimiento escoc√©s y abandon√≥ este mundo en el a√Īo 2005 con 109 a√Īos. Su nombre: Alfred Anderson.

Todos los 11 de noviembre, fecha oficial del final de la batalla de Ypres, se celebra el Poppy Day como homenaje al soldado. Se trata de una celebraci√≥n popular que celebran las comunidades brit√°nicas en todo el mundo (no es raro verlo en el Levante espa√Īol). Se celebran actos de reconocimiento e incluso de colecta de fondos para asociaciones militares.

Y, por √ļltimo, un ejemplo que demuestra la estima que se les sigue teniendo hoy en d√≠a que no queda ning√ļn superviviente. Cualquiera que siga la Premier League sabe lo bullicioso que es un estadio ingl√©s. Impresiona ver como se respeta el minuto de silencio durante el Poppy Day mientras los militares permanecen formados en el centro del campo. No menos impresionante es la ovaci√≥n que se llevan √©stos al acabar el minuto de silencio‚Ķ. Minuto de reloj‚Ķ nada despreciable.

Listado de acrónimos:

ASC: Auxiliary Service Corps, Cuerpo de Servicios Auxiliares.
RAC: Royal Automobile Club, equivalente al RACE espa√Īol.
RAMC: Royal Army Medical Corps, Real Cuerpo Médico del Ejército.
RFC: Royal Flying Corps, Real Cuerpo Aéreo.
RHA: Royal Horse Artillery, Real Artillería Montada.
RFA: Royal Field Artillery, Real Artiller√≠a de Campa√Īa.
RGA: Royal Garrison Artillery, Real artillería de Sitio.
SMLE: Small Magazine Lee Enfield. Lee Enfield de cargador corto.

Bibliografía:

The Old Contemptibles. Michael Barthorp. Osprey, London. 1989.

http://www.oldcontemptibles.com

http://www.firstworldwar.com

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Actualizado ( Viernes, 03 de Septiembre de 2010 18:38 )
 

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