La princesa vikinga PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Bedunia   
Domingo, 15 de Marzo de 2009 01:37

En oto√Īo de 1257 una gran nave vikinga se hizo a la mar desde el puerto de Bergen en direcci√≥n al sur. A bordo viajaban altos dignatarios del reino noruego, encabezados por el obispo Pedro de mar, nobles, damas y un centenar de caballeros, encargados de vigilar y cuidar un valioso cargamento: oro, plata, pieles y otros bienes que constitu√≠an el ajuar y la dote de la m√°s encumbrada pasajera de la nave, la princesa Cristina, hija del Rey Haakon Haakoson El Viejo.

Tras varios días de navegación, la nave, impulsada por el viento y el esfuerzo de los remeros, llegó hasta el puerto inglés de Yarmouth. Desde allí, atravesó el Canal de La Mancha hasta recalar en Le Havre. Don Fernando y el noble noruego Thorleif El Enojado se dirigieron a París por el Sena para entrevistarse con el monarca francés, mientras la tropa se ocupaba de adquirir caballos para reforzar la ganadería que habían traído a bordo. Les esperaba un largo camino por tierra.

Siguiendo las indicaciones del rey galo, el cortejo evit√≥ la ruta de Gascu√Īa y cruz√≥ Francia hasta Narbona para pasar los Pirineos por el este y entrar en los dominios de Jaime I de Arag√≥n. Pese a lo duro del camino, ‚Äúla joven doncella resisti√≥ bien el viaje, y tanto mejor cuanto m√°s lejos iban‚ÄĚ, seg√ļn narr√≥ Sturla Thordarson, el autor de la saga islandesa del rey Haakon (H√°konar saga H√°konarsonar), del grupo de las sagas de reyes, escrita apenas siete a√Īos despu√©s del largo viaje y, por tanto, fuente historiogr√°fica m√°s fiable.

Cristina, entonces de 24 a√Īos, era una rubia alta, de largas trenzas y ojos azules, que iba a desposarse con un hermano del rey de Castilla, Alfonso X, m√°s tarde llamado El Sabio. Se trataba de un hecho totalmente inusual.
Hasta no hacia mucho tiempo los noruegos sólo aparecían en las costas septentrionales de la península ibérica en operaciones de saqueo que asolaban las poblaciones del litoral cantábrico, principalmente las gallegas. Tenían una bien ganada mala fama entre sus pobladores.

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Estatua de la princesa en Covarrubias


La presencia de los antiguos salteadores en esta pacífica y exótica comitiva, son sus coloridos y suntuosos despliegues, despertaba la curiosidad y la excitación de los catalanes.
‚ÄúEn cuanto el conde de esta ciudad (Gerona) oy√≥ que llegaba la princesa Cristina, sali√≥ a caballo hasta dos millas fuera de la ciudad, junto con el obispo y 300 hombres‚ÄĚ. Cuando los viajeros llegaron a Gerona, el conde asi√≥ una brida del caballo de la princesa, el obispo la otra y de este modo la condujeron hasta el centro de la ciudad, donde estaba su alojamiento. ‚ÄúAs√≠ con tantos honores fue recibida en todo los lugares adonde iba‚ÄĚ, se√Īala el cronista.

En el camino, a tres millas de su destino, le salió al encuentro Jaime I, suegro del rey castellano, con tres obispos y un enorme séquito y la saludó con los mayores honores.
‚ÄúEn todas las ciudades por donde pasaban sal√≠an al encuentro de la princesa y su s√©quito los caballeros y barones, tal como hab√≠a ordenado el rey de Arag√≥n‚ÄĚ, cuenta la saga islandesa.

El 22 de diciembre, ya en Castilla, llegaron a Soria, donde las recepciones no fueron menos fastuosas que en el Reino de Aragón. Luis, hermano del rey castellano, y el obispo de Astorga salieron a darles la bienvenida. Celebraron la Nochebuena en Burgos, en el Monasterio de Las Huelgas, donde se encontraba Berenguela, hermana del rey castellano y futuro marido de Cristina.
Allí oyeron misa y la infanta Berenguela le regaló un cáliz, siete sillas de montar a mujeriegas, lujosamente decoradas y un dosel para el viaje a Palencia, como el que usaba ella.

El mismo d√≠a que Cristina y su s√©quito sal√≠an en direcci√≥n a Palencia, el rey se pon√≠a en marcha desde esa misma ciudad para ir al encuentro ‚Äúcon un magn√≠fico ej√©rcito‚ÄĚ. Cuando se encontraron a medio camino, ‚Äúla salud√≥ como a su propia hija ‚Äďdice la saga- y √©l mismo llev√≥ la brida del caballo de la princesa, conduci√©ndola hasta la ciudad‚ÄĚ.

Tras varios d√≠as de descanso, el Rey Sabio cabalg√≥ con Cristina hasta Valladolid, donde ‚Äúse les dio un espl√©ndido hospedaje y la colm√≥ de tantos honores que nadie ha ido all√≠, hombre o mujer, que haya sido tratado tan magn√≠ficamente‚ÄĚ, describe el cronista. La operaci√≥n planeada por el monarca castellano se encontraba en su punto √°lgido.
Alfonso aspiraba a ce√Īirse la corona de emperador germ√°nico porque era nieto de Federico II, fallecido en 1250. Uno de los monarcas influyentes en Europa era el noruego Haakon Haakonson, con quien le conven√≠a al castellano reforzar una alianza que ya exist√≠a, pues Haakon recib√≠a pensiones de Alfonso a cambio de su lealtad.

Para llevar a cabo su plan de emparentar con el nórdico, Alfonso utilizó las conexiones de Sira Ferrant, uno de sus consejeros que había estudiado en La Sorbona de París con Pedro de mar, consejero real noruego, quien luego encabezaría el cortejo que llevó a la princesa Cristina a Castilla.

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Alfonso X "El Sabio"

En 1256, el rey Alfonso X despachó una comisión regia liderada por don Fernando o Ferrando, que citan las crónicas, a fin de proponer a Haakon el matrimonio de su hija con uno de sus hermanos, el que ella escogiera.
El monarca noruego estaba de acuerdo con su par castellano en su deseo de abrir su país a Europa, de modo que aceptó encantado el ofrecimiento de emparentarse con una de las monarquías más prestigiosas del continente.

Haakon IV era hijo ileg√≠timo del rey Haakon Sverrison. Desde los 13 a√Īos, en 1217, y a lo largo de casi medio siglo, rein√≥ uno de los monarcas m√°s progresistas de Noruega. Fue, sobre todo, el fundador de una dinast√≠a de cuatro soberanos, cuyos reinados se extendieron por todo el Siglo XIII y comienzos del siguiente y que propiciaron el surgimiento de un siglo de oro de las letras noruegas; en esa centuria se ‚Äúimport√≥‚ÄĚ el esp√≠ritu cort√©s que hab√≠a nacido siglos antes en Francia, y la literatura consiguiente. Se tradujeron muchas obras del lat√≠n y del franc√©s y, en general, se produjo una ola de refinamiento en el reino n√≥rdico. Todo esto contribuy√≥ a que este pueblo escandinavo comenzara a abrirse culturalmente hacia el exterior.

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Haakon IV de Noruega

En la capital vallisoletana estaban los cuatro hermanos del rey entre los cuales Cristina ten√≠a que elegir a su consorte. Alfonso hizo las presentaciones, ‚Äúpasando revista ante la princesa de todos sus hermanos, habl√°ndole del car√°cter de cada uno de ellos‚ÄĚ.
Federico, el mayor, valiente e intrépido, buen caballero, buen juez y excelente deportista, pero con un labio leporino, a consecuencia de una herida en combate.
Fadrique, el mejor jinete, quedaba fuera de la elección porque se había sublevado contra el rey.
Don Sancho, arzobispo de Toledo, dijo el rey que era ‚Äúhombre bueno y digno‚ÄĚ.
Y de Felipe, que hab√≠a sido ‚Äúelegido para arzobispo de Sevilla, pero que su naturaleza no era para ser cl√©rigo‚ÄĚ. Lo suyo era la caza con halcones y con perros. ‚ÄúTambi√©n dijo que era el mejor para luchar contra osos y jabal√≠es, estaba siempre de buen humor, era muy cort√©s y excelente en sobriedad‚ÄĚ. Dijo tambi√©n que era el m√°s fuerte de todos los hermanos y un noble caballero, adem√°s de sus cualidades f√≠sicas, Felipe hab√≠a estudiado en La Sorbona parisina en 1244.

Por la intervenci√≥n del rey Alfonso, no caben dudas de que Felipe era el escogido por el monarca castellano para desposar a la princesa vikinga, la elecci√≥n estaba cantada. A los noruegos ‚Äúle pareci√≥ que este hermano era el m√°s le gustaba al rey (Alfonso) y tambi√©n fue as√≠ para ellos y para la princesa‚ÄĚ.
Es probable que a la noble nórdica, Felipe le recordara a su hermano Haakon el Joven, también gran jinete y cazador, que había muerto hacía pocos meses, cuando era apenas un adolescente, de una misteriosa dolencia. La embajada castellana, que estaba en Noruega entonces, mandó a su médico a visitar al joven príncipe. La crónica dice que el médico castellano le dio al heredero un medicamento, que lejos de aliviarlo, empeoró su estado y murió a los pocos días, no se sabe si a consecuencia del remedio, o a pesar de este.

El miércoles de Ceniza se prometieron Felipe y Cristina. La princesa le pidió a su futuro consorte que mandara cosntruir una iglesia en honor del santo rey Olav, patrón de su país, a lo que el infante Felipe accedió. El 31 de marzo de 1258 se celebraron los esponsales y la pareja pasó a residir en Sevilla.

Poco m√°s se sabe de la vida de la princesa noruega en la capital hispalense. Vivi√≥ recluida en el suntuoso palacio de Biorraguel, en la Collaci√≥n de San Lorenzo, propiedad del cu√Īado de la princesa n√≥rdica, don Fadrique, en el que ya hab√≠a vivido el flamante esposo. Poca o ninguna vida social se le conoce a do√Īa Cristina, porque los castellanos hab√≠an adoptado la costumbre mis√≥gina de sus adversarios √°rabes de encerrar a sus mujeres, que s√≥lo sal√≠an para ir a la iglesia o a alguna fiesta de la Corte. En cambio, los hombres, viajaban con frecuencia en operaciones de guerra o de caza, por lo que la compa√Ī√≠a de su marido debi√≥ ser escasa.
Al parecer, la princesa, visitaba con frecuencia la iglesia de San Lorenzo, una antigua mezquita en la que don Felipe había mandado entronizar una gran imagen de la Virgen de Rocamadour, traída por él mismo de París.

Cuatro a√Īos despu√©s de haber llegado a Sevilla, Cristina, con solamente 28 a√Īos, muri√≥ sin dejar descendencia. Su cuerpo fue transladado al pueblo burgal√©s de Covarrubias, de donde era abad don Felipe. En su colegiata depositaron los restos en un sarc√≥fago de piedra.

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Tumba de la princesa vikinga

Una estatua, obra de Britt Sorensen, emplazada frente al templo muchos siglos m√°s tarde, en 1978, recuerda a la ex√≥tica e infortunada infanta castellana. Seg√ļn la leyenda rom√°ntica, Cristina muri√≥ de tristeza, de morri√Īa de su tierra y del insoportable calor sevillano, al que la n√≥rdica no estaba habituada, pero en su ata√ļd, abierto en 1958 para comprobar la identidad del cad√°ver, se encontr√≥ junto a su cabeza un pergamino con versos y tres recetas para el mal de oidos. Es probable que muriera por una infecci√≥n auditiva que suele provocar insoportables dolores.
Felipe nunca cumplió su promesa de edificar una iglesia en honor del santo rey noruego. Poco después, el infante contrajo matrimonio con Leonor Ruiz de Castro y Pimentel, de la familia de los Lara, con quien si tuvo descendencia y su primera esposa pasó al olvido.

La Cr√≥nica de Alfonso X narr√≥ una versi√≥n legendaria muy distinta de la registrada en la saga islandesa. Seg√ļn esta, el rey Alfonso, harto de esperar sin √©xito que su mujer, Violante de Arag√≥n, hija de Jaime I, le diera herederos, plane√≥ repudiarla y casarse con una princesa noruega. Para ello, envi√≥ all√≠ una embajada y el rey Haakon acept√≥, encantado de dar por esposa al rey castellano y aspirante a la corona del emperador, a su hija Cristina. Pero cuando la princesa n√≥rdica lleg√≥ a Castilla, Violante hab√≠a dado a luz a Berenguela, la primog√©nita del matrimonio real, por lo que Alfonso tuvo que apa√Īar la situaci√≥n ordenando a uno de sus hermanos que contrajera matrimonio con la noruega.
Esta versi√≥n es imaginaria, ya que en 1258, fecha de la llegada de la princesa n√≥rdica a Espa√Īa, do√Īa Violante ya ten√≠a tres hijos, dos mujeres; Berenguela y Beatriz, y el primog√©nito heredero de la Corona, Fernando de la Cerda.


M√°s de siete siglos m√°s tarde, la Fundaci√≥n que lleva el nombre de la infanta, constituida en 1992, se propuso erigir una capilla en honor al santo noruego, y en el a√Īo 2002 se present√≥ el proyecto. San Olav, ‚Äúrey perenne‚ÄĚ, santo patrono de Noruega y antiguo predador vikingo de las costas gallegas, tuvo precisamente en Espa√Īa, durante una de sus correrias, la ‚Äúaparici√≥n‚ÄĚ en la que una voz le dijo que volviera a su tierra para ser ‚Äúrey perpetuo de Noruega‚ÄĚ. Ci√Īi√≥ la corona entre 1015 y 1028. Un milenio despu√©s, Olav Haraldsson, tiene una capilla en el centro de Castilla.

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Olav II de Noruega

Fuentes:

www.wikipedia.org
www.peregrino.info/es
www.elnortedecastilla.es
www.medievalum.com
Fundación Princesa Kristina de Noruega
"El viaje de la Princesa Cristina a Valladolid, seg√ļn la saga islandesa del rey Haakon" V. Almaz√°n
www.elmundo.es


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Actualizado ( Domingo, 15 de Marzo de 2009 01:47 )
 

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