GONZALO FERN√ĀNDEZ DE C√ďRDOVA. EL GRAN CAPIT√ĀN PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Rafa.Rodrigo (kappo)   
Miércoles, 01 de Enero de 2014 00:00

‚ÄúDoscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas espa√Īolas. Cien millones en palas, picos y azadones, para enterrar a los muertos del adversario.[‚Ķ] Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey ped√≠a cuentas al que le hab√≠a regalado un reino.‚ÄĚ



Retrato del Gran Capit√°n. Augusto Ferrer-Dalmau.

PRIMEROS A√ĎOS

Naci√≥ en Montilla probablemente en septiembre de 1453, en una familia de buena cuna, hijo de Pedro Fern√°ndez de Aguilar, V se√Īor de la casa de Aguilar y Alcalde Mayor de C√≥rdoba, y Do√Īa Elvira de Herrera, nieta de los Enr√≠quez, Almirantes de Castilla. Su padre muri√≥ siendo √©l todav√≠a un ni√Īo, por lo que fue criado por el caballero Pablo C√°rcamo, que ejerci√≥ de un segundo padre. La fortuna familiar recay√≥ en su hermano mayor don Alonso de Aguilar, por lo que debi√≥ buscarse la suya propia bien por m√©ritos o por servicios prestados a alg√ļn notable. Recibi√≥ una educaci√≥n esmerada, ya que en aquella √©poca no s√≥lo serv√≠a caballero sino que adem√°s hab√≠a que demostrarlo, hablaba √°rabe y desde muy peque√Īo fue instruido en el oficio de las armas.



Reinaba en Castilla Enrique IV ‚Äúel impotente‚ÄĚ, un rey d√©bil en un territorio donde la nobleza incluso se permit√≠a la soberbia de destronarle en la farsa de √Āvila, proclamando rey a su hermano el infante don Alonso. En 1465 Gonzalo, que contaba con 12 a√Īos, se dirigi√≥ all√≠ a presentarse a su servicio como paje, pero la temprana muerte de este le hizo regresar a C√≥rdoba. Intent√≥ ingresar en la orden de los Jer√≥nimos, afortunadamente cuando se entrevist√≥ con el prior de la misma, Fray Antonio de Hinojosa este, tras mirarle detenidamente le dijo: ‚ÄúVete enseguida, hijo, que para mayores cosas te tiene Dios guardado‚ÄĚ. Poco despu√©s era armado caballero.

No ten√≠a ni 20 a√Īos cuando ingres√≥ al servicio de la princesa Isabel, que encabezaba una facci√≥n contraria a su hermano Enrique IV y la hija de este, Juana ‚Äúla Beltraneja‚ÄĚ. All√≠ destac√≥ casi de inmediato hasta tal punto de ser llamado el pr√≠ncipe de la mocedad, ocurrente, excelente en el manejo de la espada y la lanza, alegre, culto y francamente generoso, tal vez hasta en demas√≠a, seg√ļn su tutor Pablo C√°rcano. De regreso a C√≥rdoba contrajo matrimonio con su prima Isabel de Montemayor y su hermano les regalaba la alcald√≠a de Santaella. La casa de los Aguilar y la casa de los condes de Cabra, pese a ser familiares, manten√≠an continuas disputas, en una de ellas Gonzalo y su esposa, al poco de casarse, fueron raptados por la familia rival, la cual asalt√≥ el castillo de Santaella. Ambos fueron liberados en 1476 tras llegarse a un acuerdo entre ambas familias por mediaci√≥n de la reina Isabel I.

La situación política en Castilla era muy complicada, un rey débil como Enrique IV y una heredera como Juana la Beltraneja en manos de una nobleza cada vez más poderosa. En esas circunstancias Isabel, hermana de Enrique, negoció en secreto su matrimonio con Fernando de Aragón, en ese momento rey de Sicilia y futuro heredero de Juan II, además de ser su primo. Finalmente se casaban en 1469. A la muerte de Enrique en 1474 comenzaba una guerra civil entre Isabel apoyada por parte de la nobleza, villas del Duero y el Tajo y su esposo, es decir, la corona de Aragón, la cual se enfrentaban a Juana, prometida del rey de Portugal Alfonso V, y las tropas francesas y portuguesas.

La guerra se prolong√≥ por espacio de 5 a√Īos y Gonzalo particip√≥ al mando de una compa√Ī√≠a de caballer√≠a, pagada por su hermano, estando bajo las √≥rdenes de don Alonso de C√°rdenas, maestre de la orden de Santiago. Al contrario de otros oficiales, los cuales en combate prefer√≠an vestir armas comunes para no destacarse y llamar la atenci√≥n del enemigo, √©l prefer√≠a todo lo contrario y con el deseo de ser claramente reconocible se present√≥ en la batalla de la Albuera, el 24 de febrero de 1479, con un ostentoso tocado de plumas en el morri√≥n y vestido de encendida grana. Evidentemente El Gran Capit√°n se distingui√≥ en el combate, ten√≠a 25 a√Īos, y el maestre de Santiago as√≠ lo reconoci√≥ al d√≠a siguiente. Ese mismo a√Īo mor√≠a Juan II de Arag√≥n y Fernando era proclamado rey.

LA GUERRA DE GRANADA

El ej√©rcito de los reyes actuar√≠a en asuntos que afectaban a ambas coronas y la pol√≠tica internacional se orient√≥ a unir fuerzas. Su primer objetivo ser√≠a el reino nazar√≠ de Granada. Gonzalo fue nombrado adalid de la frontera y al frente de las tropas de su hermano como capit√°n se dispuso a participar en una nueva guerra que durar√≠a 10 a√Īos. El conflicto comenz√≥ cuando los musulmanes granadinos tomaron la villa de Zahara, respondida por el marqu√©s de C√°diz con la toma de Alhama.

Se trat√≥ de una guerra llena de peque√Īos combates, asedios, escaramuzas y golpes de mano. En muchas de estas acciones estuvo presente Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova, como cuando march√≥ de noche para reforzar a la guarnici√≥n de Alhama. Su primera victoria al mando de una tropa fue en la toma de la torre de T√°jara, donde las tropas cristianas hab√≠an tomado la localidad, pero los musulmanes segu√≠an dominando la torre, de muy dif√≠cil acceso. Para proteger a sus hombres hizo construir una especie de m√°quinas de asedio y parapetos con las puertas de las casas, mantas y corcho, gracias a lo cual se pudo aproximar a la muralla. El gobernador musulm√°n de la plaza solicit√≥ condiciones para capitular, presentadas estas fueron rechazadas por la guarnici√≥n, as√≠ que Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova al frente de sus soldados asalt√≥ la plaza, fueron pasados a cuchillo todos aquellos que llevasen armas y los que se rindieron fueron hechos esclavos, adem√°s, como era costumbre, las pertenencias de todos los defensores fueron repartidos entre la tropa. Posteriormente el rey Fernando orden√≥ prenderle fuego a la villa y demoler la ciudadela. Todav√≠a nos encontr√°bamos en la Edad Media y los usos de la guerra eran muy distintos, adem√°s la guerra de Granada se caracteriz√≥ por su extrema dureza.

Tras esta acci√≥n el Rey le encomend√≥ la toma de la plaza de Illora, para ello le fue suministrada artiller√≠a de asedio, a fin de batir las murallas, y un cierto n√ļmero de mosqueteros, para cubrir la brecha, que r√°pidamente abrieron los ca√Īones espa√Īoles. El gobernador de la plaza sabiendo que el asalto era inminente solicit√≥ parlamentar. Las condiciones fueron bastante ben√©volas, siendo ratificadas al poco tiempo por el rey Fernando, el cual en agradecimiento nombr√≥ a Gonzalo como gobernador de la plaza, en 1486. Desde esta base de operaciones comenzar√≠a a hostigar los alrededores de Granada, asaltando aldeas, incendiando alquer√≠as e impidiendo en todo lo posible la llegada de suministros a la ciudad. Incluso lleg√≥ hasta las puertas de la ciudad, incendiando una de ellas y destruyendo los molinos que alimentaban a la misma. Por todas estas acciones los musulmanes granadinos comenzaron a denominarle como Gran Capit√°n para diferenciarle del resto de oficiales castellanos.

La guerra continuó y en el asalto a la plaza de Montefrío volvió a destacarse Gonzalo Fernández de Córdoba. Los defensores habían rechazado varios intentos de asalto previos, así que El Gran Capitán se puso al frente de un destacamento de soldados y tras arengarles se puso el broquel a la espalda, se aseguró el casco y se lanzó al asalto de la muralla, siendo el primero en escalarla matando a los defensores que se presentaron a rechazar el asalto.

La situaci√≥n en Granada era muy complicada, el reino nazar√≠ se encontraba en una casi guerra civil y Boabdil se encontraba enfrentado a su t√≠o Mohamed XIII, llamado por los cristianos ‚ÄúEl Zagal‚ÄĚ (el valiente). Conocedor de las tensiones en la capital Fern√°ndez de C√≥rdova envi√≥ emisarios a Boabdil a Granada ofreci√©ndole su ayuda, se fijar√≠a una entrevista en la ciudad y los musulmanes enviar√≠an varios rehenes. As√≠ Gonzalo, junto a uno de sus oficiales, una columna de soldados, cargados de monedas de oro, plata, telas de seda, lanas de Segovia y cuanto pudiese ser utilizado para sobornar a la corte granadina se present√≥ ante √©l. Para intentar que El Zagal abandonase la ciudad orden√≥ que se atacase la localidad de Alhend√≠n, casi funcion√≥ la estratagema, ya que el rey decidi√≥ defender la ciudad, aunque persuadidos por sus Alfaques (cl√©rigos musulmanes) finalmente regres√≥ a la misma, las tropas de Gonzalo de C√≥rdoba le atacaron pero este consigui√≥ regresar al interior de las murallas. El castellano regres√≥ a Illora donde sigui√≥ colmando de regalos y presentes a los musulmanes consiguiendo que el gobernador de la ciudad de Mod√©jar se la entregase sin luchar y posteriormente algunas otras plazas.

Finalmente, las tropas espa√Īolas se presentaron ante las murallas de Granada para el asedio final de la ciudad. El 25 agosto de 1491 se produjo una escaramuza en la cercan√≠a de la ciudad que estuvo a punto de costarle la vida. Por la ma√Īana la reina Isabel se hab√≠a acercado con una escolta a contemplar la ciudad, una salida de los nazar√≠es se saldo con un sangriento combate. Por la noche El Gran Capit√°n tendi√≥ una emboscada a los sitiados, cuando estos salieron fueron atacados, pero en el tumulto perdi√≥ su caballo y puede que tambi√©n la vida si uno de sus soldados no le hubiese cedido el suyo para salir de la refriega. Al final Boabdil se prepar√≥ a negociar. El designado por los Reyes para las conversaciones no fue otro que Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba, conocedor de la lengua √°rabe, admirado por sus enemigos y habiendo previamente negociado con el rey granadino a√Īos antes. La suerte estaba echada, las condiciones fueron suaves tanto con Boabdil como con los granadinos. El 2 de enero de 1492 las tropas cristianas entraban en Granada y su Alhambra, terminaba as√≠ una Reconquista de casi ocho siglos. Por este hecho el papa Inocencio VIII les conceder√≠a el t√≠tulo de Reyes Cat√≥licos.

PRIMERA EXPEDICI√ďN A ITALIA

Desde el comienzo de su reinado en 1479 los Reyes Cat√≥licos llevaron a cabo una intensa y agresiva pol√≠tica exterior. A la conquista de Granada en 1492 suced√≠a ese mismo a√Īo el descubrimiento de Am√©rica y en 1496 se terminaba la conquista de las islas Canarias iniciada en 1477. El siguiente objetivo ser√≠a Italia donde Fernando tendr√≠a como principal rival al rey de Francia Carlos VIII el cual intent√≥ ocupar el reino de N√°poles con la ayuda de otros estados italianos como el ducado de Mil√°n.

Durante las guerras de Remen√ßa, una revuelta anti se√Īorial en Catalu√Īa, Juan II, padre de Fernando el Cat√≥lico, tuvo que ceder los condados del Rosell√≥n y la Cerda√Īa, a cambio de la ayuda del rey de Francia. En 1493 mediante el Tratado de Barcelona Carlos VIII restitu√≠a los condados asegur√°ndose la neutralidad aragonesa en Italia. Durante varios meses los ej√©rcitos franceses pasar√≠an a trav√©s de Italia sin casi oposici√≥n, sin embargo la toma de Roma en diciembre y la marcha sobre N√°poles al a√Īo siguiente legitim√≥ a Fernando a no cumplir con su acuerdo.

Reinaba en N√°poles Alfonso II, primo de Fernando, que le solicit√≥ ayuda ante el avance franc√©s, pero las condiciones impuestas por el aragon√©s impidieron el acuerdo, el rey napolitano abdic√≥ en su hijo Ferrante, duque de Calabria. Pero el avance enemigo era imparable y en febrero de 1495 las tropas de Carlos entraban en la capital. Perdida esta el rey se refugi√≥ en Sicilia, donde pidi√≥ ayuda a su t√≠o, a cambio de correr con todos los gastos de la contienda y de ceder cinco plazas en el sur de Calabria el rey prestar√≠a su ayuda. Eran las mismas condiciones puestas anteriormente. El nuevo duque de Mil√°n, ahora temeroso del poder franc√©s en Italia inici√≥ negociaciones secretas para formar una coalici√≥n anti-francesa. En marzo de 1495 se cre√≥ la Liga Santa o Liga de Venecia, en la cual tambi√©n particip√≥ Fernando de Arag√≥n. Se reuni√≥ un ej√©rcito en Espa√Īa y el designado para comandarlo no fue otro que Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova.

Se concentraron las tropas, 5.000 infantes y 600 jinetes, en M√°laga, para posteriormente embarcar en Cartagena y Alicante, tras un azaroso viaje, incluida una tempestad que les oblig√≥ a refugiarse en Mallorca, llegaba la expedici√≥n al puerto siciliano de Mesina, el 24 de mayo de 1495. All√≠ tras reunirse con los dos reyes destronados de N√°poles decidi√≥ pasar con sus hombres a Italia, pero en vez de dirigirse directamente sobre la capital prefiri√≥ desembarcas en Calabria, en el Sur, donde la ciudad de Reggio era favorable a Ferrante y las plazas estaban poco protegidas. Junto con tropas reclutadas en la isla los espa√Īoles cruzan el Estrecho y desembarcan en Italia, acompa√Īados por una flota de m√°s de 80 naves al mando de Galcer√°n de Requesens.

Temeroso de quedar aislado con su ejército en Nápoles Carlos VIII decide marchar al Norte, dejando como virrey al duque de Montpensier y un ejército de 6.000 infantes y 4.000 jinetes.

La primera ciudad en caer en manos espa√Īolas fue Reggio, cuya guarnici√≥n francesa fue pasada a cuchillo, ya que tras solicitar una tregua de ocho d√≠as emplearon ese tiempo en reforzar las murallas, Santa √Āgata y Seminara se entregaron sin combatir. Pero el gobernador franc√©s de Calabria, el se√Īor de Aubigni sali√≥ al encuentro de espa√Īoles y sicilianos. El Gran Capit√°n no era partidario de plantear una batalla campal, ni estaba acostumbrado a las t√°cticas francesas ni se fiaba de las tropas sicilianas, adem√°s los espa√Īoles estaban m√°s acostumbrados a la guerra de Granada, escaramuzas y golpes de mano. Sin embargo, se impuso la opini√≥n del rey Ferrante y se present√≥ batalla en Seminara. Los franceses eran inferiores en n√ļmero pero su caballer√≠a pesada y sus mercenarios suizos compensaban con creces la inferioridad. Gonzalo con las tropas espa√Īolas consiguieron contener la carga de la caballer√≠a francesa y la infanter√≠a suiza pero los sicilianos enseguida se desbandaron. El rey Ferrante combati√≥ con gran valent√≠a y siempre en primera l√≠nea y all√≠ hubiese dejado su vida si el espa√Īol Juan Andr√©s de Altavilla no le hubiese cedido su caballo, fue el castellano el que all√≠ qued√≥. Por su parte el Rey se traslad√≥ a Sicilia y Fern√°ndez de C√≥rdova qued√≥ en Calabria con sus tropas. A continuaci√≥n volvi√≥ a poner en pr√°ctica las t√°cticas que tan buen resultaron dieron en la guerra de Granada, estratagemas, fintas y mucha astucia. Junto a esto Requesens se presentaba en el mismo N√°poles teniendo los franceses que encerrarse en los dos castillos de la ciudad.

Montpensier forz√≥ el sitio navegando hasta Salerno. Ante esta circunstancia el Rey llam√≥ a Gonzalo de C√≥rdova y sus tropas a que se reuniesen con √©l en Atella, donde estableci√≥ su cuartel general. El espa√Īol contaba con 3.000 infantes y 1.500 jinetes, teniendo que atravesar una provincia monta√Īosa, llena de plazas fuertes y castillos en manos francesas o de sus partidarios, desconocedor del terreno y sin una base de operaciones. Y los espa√Īoles pasaron, Cosencia capitul√≥ tras recibir tres asaltos en el mismo d√≠a, Grimaldi fue tomada e incendiada hasta los cimientos como mensaje claro al resto de ciudades que quisiesen mostrar resistencia. Cerca de Morano, sabiendo que los pobladores de varios puebles esperaban a sus tropas para sorprenderlas, decidi√≥ dividir su ej√©rcito en tres columnas y rodear a los pobres infelices que sufrieron una aut√©ntica matanza, campesinos ante soldados profesionales no era un buen negocio. Luego caer√≠a Laino, ciudad bien fortificada, pero nuevamente se impuso la estrategia de El Gran Capit√°n, dividi√≥ a su ej√©rcito en dos, mientras una columna atacaba el castillo la otra a su mando atacaba el puente, sorprendiendo a los dormidos franceses pas√°ndolos a cuchillo, incluido el gobernador de la plaza que se present√≥ al combate semidesnudo. Los veteranos de la guerra de Granada demostraron su enorme eficacia en un tipo de guerra y terreno que recordaba al del antiguo reino nazar√≠ y franceses e italianos comenzaron tambi√©n a llamarle Gran Capit√°n, las noticias de sus haza√Īas hab√≠an traspasado ya hasta los Alpes.

La siguiente empresa fue la toma de Altea. En esta ocasi√≥n venci√≥ la estrategia. Gonzalo en vez de atacar directamente la ciudad decidi√≥ dar un golpe de mano atacando un puesto fortificado que proteg√≠a a los sitiados, suministr√°ndoles agua y donde se encontraban los molinos para la producci√≥n de harina. Al frente de sus castellanos atac√≥ a los mercenarios suizos que tuvieron que huir, tras eso incendi√≥ los molinos y arras√≥ la zona. Privados de estos suministros la guarnici√≥n con el mismo duque de Montpensier a la cabeza tuvo que capitular en 1496. De regreso a Calabria el se√Īor de Aubigni prefiri√≥ retirarse de la provincia, donde apenas unas pocas plazas presentaron resistencia a las tropas espa√Īolas, rindi√©ndose y abriendo sus puertas la mayor√≠a de ellas. Adem√°s el Gran Capit√°n hab√≠a aumentado tanto su fama que muchos italianos decidieron enrolarse en sus tropas. De nuevo volvi√≥ sobre sus pasos y Gaeta se rend√≠a, sabedora que no iba a recibir ayuda alguna, al nuevo rey de N√°poles, Federico I de Trastamara, t√≠o del difunto rey Ferrante. El reino de N√°poles quedaba libre de la presencia de tropas francesas. El jubiloso nuevo gobernante se ofreci√≥ a colmar de dinero, presentes, posesiones y estados al Gran Capit√°n, pero este rehus√≥ elegantemente con el argumento de tener que ser previamente autorizado por el rey Fernando el Cat√≥lico.

El siguiente objetivo iba a ser recuperar el puerto romano de Ostia de poder de los franceses desde la toma de Roma. Corr√≠a el a√Īo 1497 y Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova se present√≥ ante la ciudad en nombre del papa Alejandro VI. Los intentos de rendici√≥n no consiguieron nada, as√≠ que decidi√≥ abrir brecha en las murallas con la artiller√≠a, cosa que se consigui√≥ al cabo de cinco d√≠as. Pero para el asalto final el astuto capit√°n ingeni√≥ una nueva estratagema. Orden√≥ a sus soldados que se concentrasen, con calma, ante la brecha y que avanzasen despacio, permitiendo as√≠ a los enemigos concentrar el mayor n√ļmero de tropas. Por su parte un peque√Īo grupo se situ√≥ en la parte contraria de la muralla con escalas, su asalt√≥ sorprendi√≥ del todo a los defensores que vi√©ndose rodeados decidieron rendirse. Los prisioneros fueron llevados a Roma donde el Papa en persona agradeci√≥ la toma de la ciudad al Gran Capit√°n. De vuelta a N√°poles el nuevo rey le nombr√≥ duque de Sant Angelo concedi√©ndole en propiedad algunas ciudades. Tras lo cual embarc√≥ a Sicilia, donde los habitantes le mostraron sus quejas por el mal gobierno del virrey, o√≠das estas y consider√°ndolas fundamentadas dict√≥ nuevos reglamentos para el gobierno de la isla. Su √ļltima intervenci√≥n fue nuevamente en N√°poles rindiendo la √ļltima guarnici√≥n francesa que resist√≠a en la ciudad de Diano. En 1498 los reyes firmaban la paz y Gonzalo regresaba con sus tropas a Espa√Īa.

LA REBELI√ďN DE LAS ALPUJARRAS

Durante dos a√Īos disfrut√≥ de paz y tranquilidad el Gran Capit√°n, pero en 1500 estallaba una revuelta, la primera guerra de las Alpujarras, y algunos musulmanes del reino de Granada retomaban las armas. Junto al conde de Tendilla, Capit√°n General de Granada dirigi√≥ sus tropas a la localidad de Guejar, en poder de los amotinados. Los defensores hab√≠an empantanado el llano frente a la ciudad dificultando el avance de las tropas, as√≠ que, otra vez, el Gran Capit√°n predic√≥ con el ejemplo, marchando en vanguardia fue el primero en escalar el muro de la ciudad. Sin embargo, la rebeli√≥n se extendi√≥ y el mismo rey tuvo que acudir con el ej√©rcito. Se exigi√≥ a los musulmanes la entrega de 32 rehenes para garantizar el cumplimiento de la rendici√≥n, el encargado de custodiarlos fue Fern√°ndez de C√≥rdova.

LA SEGUNDA EXPEDICI√ďN A ITALIA

Tras la muerte del rey franc√©s Carlos VIII le sucedi√≥ su hijo Luis XII, el cual volvi√≥ a fijar sus ojos en Italia. Primero ocup√≥ el ducado de Mil√°n y tras firmar una cuerdo con el papa se dispuso a la conquista de N√°poles. Con Fernando el Cat√≥lico firm√≥ el tratado de Granada por el cual ambas naciones se repartir√≠an el reino quedando el norte para los franceses y el sur para los espa√Īoles. El 5 de junio de 1500 sal√≠a desde el puerto de M√°laga un nuevo ej√©rcito con destino a Italia, 5.000 infantes, 300 lanzas y 300 jinetes. Acompa√Īando al Gran Capit√°n, don Diego de Mendoza, Diego Garc√≠a de Paredes y Gonzalo Pizarro, el padre del conquistador del Per√ļ, y don Antonio de Leyva, futuro vencedor en Pav√≠a.

Llegado a Mesina, en Sicilia, uni√≥ su flota a la veneciana, a petici√≥n de estos, para defender las islas y costas del Adri√°tico amenazadas por una flota turca. Tras obligar a esta a retirarse a Constantinopla desembarc√≥ en la isla de Cefalonia donde los turcos se refugiaron en el castillo de San Jorge. Su gobernador rechaz√≥ amablemente la invitaci√≥n a rendirse y se dispuso a combatir hasta el √ļltimo de sus 700 hombres. Los turcos eran muy diestros en el manejo del arco, con los que causaron numerosas bajas, adem√°s de usar una m√°quina denominada ‚ÄúLobo‚ÄĚ que permit√≠a asir a los soldados por su armadura y elevarles hasta la muralla, as√≠ capturaron a Garc√≠a de Paredes, el cu√°l protagoniz√≥ una de las primeras an√©cdotas de la campa√Īa, ya que lejos de ser apresado o muerto consigui√≥, √©l solo, defenderse de cuanto turco le atacase durante ¬°tres d√≠as!, al final cansado, sin dormir ni comer ese tiempo tuvo que rendirse, prefiriendo los otomanos hacerle prisionero en espera de alg√ļn canje. Las salidas de los defensores eran constantes y los combates cada vez m√°s duros. Se utilizaron minas para abrir brecha en las murallas pero los turcos supieron defender las mismas, fracas√≥ un asalto espa√Īol y otro posterior veneciano. 50 d√≠as llevaban de asedio y los defensores mostraban una ferocidad muy superior a franceses o napolitanos, los espa√Īoles y el Gran Capit√°n comenzaron a valorar en su justa medida a este rival, con el cual abr√≠a que luchar durante m√°s de dos siglos por el control del Mediterr√°neo, no desmerec√≠an en absoluto a los espa√Īoles. Tras un asalto general, minas, artiller√≠a, espa√Īoles y venecianos entraron en la plaza, su gobernador muri√≥ peleando y solamente 80 turcos fueron hechos prisioneros. Los venecianos en gratitud le nombraron Gentilhombre de la rep√ļblica y le obsequiaron con un rico bot√≠n que √©l se encarg√≥ de repartir entre sus tropas enviando una parte al rey Fernando.

A principios de julio de 1501 desembarcaba de nuevo en Calabria, contaba con 4.500 infantes, 300 lanzas y 300 jinetes. La provincia fue conquistada casi sin resistencia, el desdichado rey de N√°poles Fadrique ante la invasi√≥n de los espa√Īoles por el Sur y franceses por el Norte vend√≠a a Luis XII las pocas plazas que le quedaban, as√≠ como sus derechos din√°sticos. Comenzaba el juego de la diplomacia y la intriga. El Gran Capit√°n devolvi√≥ los estados que le hab√≠a concedido Ferrante a la familia de los Sanseverinos, tradicionales aliados franceses para ganarse su favor, luego consigui√≥ la adhesi√≥n de los hermanos Colonna, una de las m√°s prestigiosas familias romanas. Posteriormente tomar√≠a las ciudades de Menfredonia y Taranto. La primera resisti√≥ hasta que la artiller√≠a de asedio abri√≥ brecha en las murallas. La segunda result√≥ m√°s dif√≠cil de conquistar. En ella se hab√≠a refugiado el duque de Calabria con sus mejores tropas, unas 6.000. La ciudad era una isleta unida al continente por dos puentes muy fortificados. Fern√°ndez de C√≥rdova decidi√≥ no tomar al asalto la ciudad con sus 12.000 y prefiri√≥ someterla a bloqueo. El poco esp√≠ritu combativo de los sitiados hizo m√°s f√°cil su toma, tras una tregua de cuatro meses decid√≠an rendir la ciudad al no recibir refuerzos.

Poco despu√©s El Gran Capit√°n deber√≠a hacer frente a un mot√≠n. En aquella √©poca, al igual que en siglos posteriores, los soldados profesionales luchaban por una paga, que como suele ser costumbre siempre se retrasaba. Adem√°s, las penalidades propias de los asedios y las campa√Īas agriaban el car√°cter de las tropas. En esas circunstancias una flota francesa lleg√≥ a aquella zona despu√©s de ser derrotados por los turcos y dispersados por una tormenta. Ante la llegada de los n√°ufragos orden√≥ que fuesen ayudados y socorridos con todas las vituallas que fuesen necesarias. El descontento de las tropas se materializ√≥ en un conato de mot√≠n. Se presentaron los soldados frente a su capit√°n en demanda de las pagas atrasadas e incluso uno de ellos le lleg√≥ a colocar su pica en el pecho, Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova la apart√≥ con serenidad y le dijo que tuviese cuidado no sea que hiriese a un camarada. La situaci√≥n se torci√≥ cuando un capit√°n vizca√≠no le respondi√≥ de muy malas maneras y mencionando que tal vez si faltase dinero podr√≠a comerciar con su hija Elvira (fruto esta de su segundo matrimonio sol√≠a acompa√Īar a su padre en campa√Īa) Tuvo que apaciguar el mot√≠n prometiendo la entrega de media paga y sin castigas en ese momento al capit√°n. A la ma√Īana siguiente amanec√≠a ahorcado en una ventana del castillo, ya que una cosa era reclamar la paga y otra insultar a la familia. Afortunadamente unos d√≠as despu√©s pudo requisar una galera genovesa y pagar a sus tropas vendiendo la carga.

A finales de 1501 la campa√Īa parec√≠a que tocaba a su fin pero la disputa en el reparto de las provincias centrales del reino de N√°poles termin√≥ con la paz entre espa√Īoles y franceses, el m√°s fuerte se quedar√≠a con todo el reino. El duque de Nemours contaba con unos 15.000 hombres y los espa√Īoles ni con la mitad, as√≠ que decidieron ponerse a la defensiva y pedir refuerzos a Espa√Īa, por su parte El Gran Capit√°n se refugiaba con parte de sus tropas en la ciudad de Barleta, bien fortificada y comunicada con Sicilia. Pese a reforzar algunas villas los franceses fueron conquistando las ciudades m√°s importante reduciendo el dominio de los espa√Īoles a unas pocas plazas costeras. Un primer intento del duque de Nemours de tomar Barleta fue rechazado en una salida de los espa√Īoles y otro posterior de ocupar Taranto fue contrarrestado por la anticipaci√≥n de Gonzalo que envi√≥ a Pedro Navarro con socorros a proteger la ciudad. El tiempo pasaba en escaramuzas y peque√Īos combates, los dos generales acordaron un sistema de intercambio de prisioneros y El Gran Capit√°n para elevar la moral de sus tropas favorec√≠a los desaf√≠os individuales entre caballeros. Uno de ellos ocup√≥ a once caballeros por cada bando durante seis horas, destacando en el combate nuevamente Garc√≠a de Paredes, que pese a estar herido particip√≥ en el combate y a√ļn as√≠ reprendi√≥ a sus compa√Īeros por no luchar con m√°s ah√≠nco por la victoria. Esta actividad de combates singulares y razias manten√≠a a las tropas ocupadas mientras los espa√Īoles esperaban la llegada de refuerzos.

Los desaf√≠os eran mutuos, as√≠ mientras el duque de Nemours se acercaba Barleta y enviaba a un trompeta a que aceptase el desaf√≠o √©l s√≥lo o todo su ej√©rcito, el espa√Īol respond√≠a que esperase a que afilase sus espadas, cuando el franc√©s se replegaba era el Gran Capit√°n el que le retaba, respondiendo este que estaba ya demasiado avanzado el d√≠a. Lo mismo ocurri√≥ con el se√Īor de La Motte, un franc√©s que menospreciando a los caballeros italianos les desafi√≥, se trab√≥ un duelo entre 13 caballeros de cada naci√≥n, venciendo los italianos. Pero costumbres de la √©poca, caballeros de ambos campos compart√≠an cenas al final de estos desaf√≠os e incluso demostraban el reconocimiento del valor de sus oponentes, era una √©poca en que ser caballero equival√≠a a toda una forma de vida, distinta y muy por encima de la chusma.

Pero no todo eran duelos caballerescos y la guerra continuaba. La localidad de Castellaneta cambi√≥ de bando apresando a su guarnici√≥n francesa y el duque de Nemours sali√≥ con sus tropas a recuperar la ciudad. Aprovechando esto el Gran Capit√°n realiz√≥ una marcha nocturna y al amanecer del d√≠a siguiente aparec√≠an sus tropas frente a la villa de Ruvo, guarnecida por un buen n√ļmero franceses. Tras abrir brecha la artiller√≠a en los muros se lanzaron los espa√Īoles al asalto, incluido Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova, sabiendo que lo mejor que puede hacer un general es predicar con el ejemplo. El combate se prolong√≥ durante 7 horas y el bot√≠n fue de importancia, caballos, joyas, los defensores con su comandante incluido y todos los vecinos de la localidad. Las mujeres fueron liberadas sin rescate y los varones mediante un peque√Īo pago, sin embargo los franceses fueron enviados a los remos de las galeras espa√Īolas; y a√ļn pod√≠an considerarse afortunados de no ser pasados por las armas.

Siete meses pas√≥ El Gran Capit√°n en Barleta, al fin lleg√≥ un cargamento de trigo desde Sicilia que permiti√≥ alimentar a tropas, poblaci√≥n y prisioneros, otra nave veneciana llegaba con armas y municiones, el se√Īor de Aubigni era derrotado y hecho prisionero en Seminara y las galeras espa√Īolas derrotaban a las francesas en Otrantor, finalmente 2.000 mercenarios alemanes llegaban como refuerzo. Las cosas volv√≠an a sonre√≠r a los espa√Īoles y demostraban que la prudencia mostrada por su capit√°n en todo ese tiempo hab√≠a merecido la pena. Pero las tropas no pod√≠an permanecer en Barleta por m√°s tiempo, as√≠ pues tras consultar con sus oficiales se decidi√≥ a trasladarse a Cerignola, de camino hicieron noche en Cannas. Era abril de 1502.

CERI√ĎOLA

Para avanzar con mayor rapidez orden√≥ que cada caballero llevase en su grupa a un infante, ante las protestas √©l mismo mont√≥ a uno para dar ejemplo. Esto permiti√≥ llegar a Ceri√Īola con el tiempo suficiente para poder preparar la defensa. La ciudad estaba en un peque√Īo cerro, as√≠ que orden√≥ ampliar el foso y con la tierra formar un peque√Īo parapeto donde situ√≥ estacas afiladas de madera y garfios y puntas de hierro. Los espa√Īoles eran 9.500 infantes, destacando la presencia de 1.000 arcabuceros y 2.000 ballesteros, y 1.700 jinetes, adem√°s de 13 ca√Īones. Los franceses contaban con 6.000 infantes y 3.500 jinetes, adem√°s de 26 ca√Īones. Precisamente esta distribuci√≥n de tropas fue determinante, mientras los espa√Īoles eran mayoritariamente infanter√≠a con potencia de tiro, los franceses segu√≠an dependiendo de su caballer√≠a, especialmente la pesada.

Los arcabuceros, en primera l√≠nea, estaban dispuestos en dos grupos de unos 500 hombres cada uno tras el talud que segu√≠a al foso excavado y en varias trincheras situadas delante del foso. Tras ellos, y en el centro se agrupaban unos 2.500 piqueros alemanes. A ambos lados de los piqueros se hab√≠an situado sendos grupos de unos 2.000 coseletes y ballesteros cada uno, al mando uno de Pizarro y el otro de Garc√≠a de Paredes y Pedro Navarro. Tras los coseletes y hacia los flancos, se colocaron los dos grupos de unos 400 hombres de caballer√≠a pesada, mandados por Pr√≥spero Colonna y Diego de Mendoza. Finalmente, en la colina en la que se encontraba la artiller√≠a, se situ√≥ un grupo de 850 hombres de la caballer√≠a ligera, dirigidos por Fabrizio Colonna y Pedro de Pas, ambos bajo mando inmediato del Gran Capit√°n, que ten√≠a desde all√≠ una visi√≥n completa del campo de batalla. Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba hab√≠a conseguido muchas ventajas estrat√©gicas gracias a su cuidadosa preparaci√≥n de la batalla, pues hab√≠a ocupado las alturas de Ceri√Īola, y atrincherado sus soldados con empalizadas, fosos y estacas. Adem√°s, tambi√©n su artiller√≠a estaba mejor situada que la francesa. El duque de Nemours era partidario de descansar las tropas y atacar al d√≠a siguiente, ya que la marcha de todo el d√≠a hab√≠a agotado a sus tropas, peros sus oficiales le persuadieron a presentar batalla ese mismo d√≠a a un ej√©rcito que pensaban marchaba en retirada.

Los franceses se agrupaban en cuatro grandes bloques. En vanguardia, estaba la caballería pesada, separada en dos grupos de unos 1.000 jinetes cada uno al mando del propio duque de Nemours. Tras ellos se situaron 3.000 piqueros suizos e inmediatamente después, en otro gran grupo de 3.000 hombres, se situó la infantería gascona. Al frente de la infantería se situaron las 26 piezas de artillería de las que disponían. Finalmente, la caballería ligera.

Una de las caracter√≠sticas m√°s sorprendentes de la batalla, fue la extrema rapidez con la que se desarroll√≥. Desde la primera carga francesa hasta la rendici√≥n, apenas transcurri√≥ una hora. El Gran Capit√°n, sabiendo la predilecci√≥n de los franceses por las cargas de caballer√≠a, ide√≥ una estratagema para atraer a la caballer√≠a enemiga hasta el alcance de la artiller√≠a y los arcabuceros espa√Īoles, para infligir desde el primer momento el mayor da√Īo posible al enemigo con el m√≠nimo coste. As√≠, cuando la tarde empezaba a caer, la caballer√≠a espa√Īola sali√≥ a campo abierto y simul√≥ una carga contra los franceses.

Tras una breve escaramuza, los espa√Īoles fingieron la retirada, y el duque de Nemours orden√≥ a la caballer√≠a pesada francesa cargar. Pero antes de llegar al foso y el talud se encontr√≥ repentinamente con las trincheras de vanguardia en las que se escond√≠an parte de los arcabuceros, los cuales abrieron fuego al igual que hizo la artiller√≠a. Esto provoc√≥ un repliegue moment√°neo de la caballer√≠a francesa, que se lanz√≥ entonces en paralelo al talud y hacia la izquierda, tratando de buscar una v√≠a de entrada a los parapetos del flanco derecho espa√Īol. Durante este recorrido, la caballer√≠a francesa fue destrozada por el fuego de los arcabuceros espa√Īoles, muriendo el duque de Nemours que fue alcanzado por 3 disparos. Todo el ej√©rcito franc√©s se lanz√≥ entonces a la batalla, emplazando su artiller√≠a en vanguardia de la infanter√≠a, y disponi√©ndose los 3 grandes bloques restantes en posici√≥n diagonal con respecto al foso y al talud que proteg√≠an a las tropas espa√Īolas.

En plena batalla, la artiller√≠a espa√Īola qued√≥ inutilizada al explotar accidentalmente toda la p√≥lvora. El Gran Capit√°n, testigo del desastre de su artiller√≠a areng√≥ inmediatamente a sus tropas diciendo ‚Äú¬°Buen √°nimo, amigos, esas son las luminarias de la victoria!‚ÄĚ

La infanter√≠a francesa entabl√≥ combate entonces con las tropas espa√Īolas, pero fueron diezmados por el fuego incesante de los arcabuceros. El jefe de los piqueros suizos cay√≥ tambi√©n muerto. Cuando la proximidad de la infanter√≠a francesa fue demasiado peligrosa para los arcabuceros, el general espa√Īol les orden√≥ retirarse, a la vez que ordenaba avanzar a los piqueros alemanes, que se enfrentaron en combate cerrado a los suizos y gascones, rechaz√°ndolos finalmente.

Por √ļltimo, y ante el desastre franc√©s, el Gran Capit√°n orden√≥ a todas sus tropas abandonar las posiciones defensivas y lanzarse al ataque. La infanter√≠a francesa fue rodeada entonces por los ballesteros, arcabuceros, coseletes y por la caballer√≠a pesada espa√Īola, sufriendo un gran n√ļmero de bajas. La caballer√≠a ligera espa√Īola se lanz√≥ a su vez contra la caballer√≠a ligera francesa que se vio obligada a huir. Ante esta circunstancia, la caballer√≠a ligera espa√Īola tambi√©n carg√≥ contra la infanter√≠a francesa. Las tropas enemigas sufrieron 4.000 bajas, 500 prisioneros, adem√°s de perder toda la artiller√≠a, banderas, provisiones e impedimenta, los espa√Īoles apenas tuvieron 100 bajas.

A la ma√Īana siguiente El Gran Capit√°n inspeccion√≥ el campo de batalla donde se encontr√≥ el cuerpo del duque de Nemours, orden√°ndose que fuese trasladado a Barleta para que se celebrasen unas exequias f√ļnebres dignas de su valent√≠a y condici√≥n.

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Gonzalo Fernández de Córdova ante el cuerpo del duque de Nemours. Federico Madrazo (1835) Museo del Prado.

Como consecuencia de la victoria espa√Īola las provincias de Cerignola, Canosa y Melfi se rindieron y lo mismo pas√≥ con la misma capital, N√°poles, que ante la cercan√≠a del victorioso ej√©rcito prefiri√≥ enviar a una delegaci√≥n que se ofreci√≥ a abrir las puestas de la ciudad. Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba entraba en ella el 16 de mayo de 1503. Paralelo a estos acontecimientos otro ej√©rcito castellano somet√≠a la regi√≥n de Calabria derrotando a los franceses en Seminara, capturando a su general, el se√Īor de Aubigni. Pero los franceses, ahora liderados por el se√Īor de Alegre, se dispusieron a defender los castillos Nuevo y del Ovo, en N√°poles capital, ordenando el general espa√Īol que Pedro Navarro se dispusiese a asaltarlos. Tambi√©n dispuso tropas para la toma del castillo de Salerno, que Garc√≠a de Paredes tomase el de San Germ√°n.

Comenzaron las operaciones con el asalto del Castillo nuevo, Pedro Navarro, experto en el arte de abrir minas para volar las murallas, dispuso la construcci√≥n de varias de ellas. Cuando estuvieron concluidas conmin√≥ a la guarnici√≥n a rendirse, cosa que rechazaron, as√≠ pues volaron las minas abriendo grandes brechas en la muralla. Atacaron los espa√Īoles por la brecha, mientras los napolitanos poblaron torres y azoteas para contemplar el espect√°culo. Se luch√≥ con fiereza, los espa√Īoles lograban tomar el adarbe obligando a los franceses a retirarse sobre los dos puentes que defend√≠an el castillo. El primero de ellos no pudieron izarlo antes de la llegada de los castellanos, el segundo estaban levant√°ndolo pero un gentilhombre de Gonzalo, llamado Pel√°ez Berrio consigui√≥ colgarse a una mano de los maderos del puente, y colgando en el aire con la otra mano cortar con una espada las amarras consiguiendo que cayese. Junto con dos soldados repeli√≥ el ataque franc√©s mientras llegaban los refuerzos y se penetraba en la fortaleza. Pese a su valent√≠a dejar√≠a su vida en esta haza√Īa. El combate se recrudeci√≥, replegados los franceses en la ciudadela, nuevamente El Gran Capit√°n, olvidando que era un general se puso a la cabeza de sus tropas en el asalto final. La fortaleza cay√≥ y la guarnici√≥n fue pasada a cuchillo, salvos unos pocos franceses que se rindieron. Adem√°s, Fern√°ndez de C√≥rdova dio licencia a sus tropas para pasar a saco el castillo. Era el premio a tantas pagas atrasadas y desde luego que las tropas se esmeraron en ser compensadas por ello, no dejaron ni la tapicer√≠a ni siquiera la p√≥lvora. Luego seguir√≠a el mismo tr√°gico final para el castillo del Ovo.

El siguiente objetivo ser√≠a la ciudad de Gaeta, donde se hab√≠an refugiado los restos del ej√©rcito franc√©s y los notables napolitanos que todav√≠a defend√≠an la causa francesa. Durante la marcha de aproximaci√≥n a la plaza Garc√≠a de Paredes desaloj√≥ un destacamento franc√©s de unos 500 hombres que intentaba cerrarles el paso en un estrecho desfiladero, tras lo cual la guarnici√≥n de Roca Guillerm√° huy√≥ dejando el paso libre a los espa√Īoles. Durante una semana se procedi√≥ al bombardeo de las murallas de la ciudad, pero la llegada de una flota francesa con refuerzos y el anuncio de la llegada de un nuevo ej√©rcito enemigo hicieron levantar el sitio a los espa√Īoles y replegarse a las cercan√≠as. El propio Gran Capit√°n rechaz√≥ una salida de la guarnici√≥n francesa de la plaza de Mola y luego socorr√≠a a los espa√Īoles de Roca Guillerma, traicionados por la poblaci√≥n, por su parte Garc√≠a de Paredes contestaba a cualquier escaramuza o intento de salida desde Gaeta. En estas circunstancias Luis XII de Francia decidi√≥ hacer un √ļltimo esfuerzo para ganar la guerra. Reuni√≥ tres ej√©rcitos, dos atacar√≠an Espa√Īa desde Vizcaya y el Rosell√≥n, mientras un tercero al mando de Luis La Tremouille entrar√≠a en Italia a trav√©s del milanesado. Adem√°s, dos flotas completar√≠an el esfuerzo, una apoyando al ej√©rcito franc√©s en Italia y la otra impidiendo la llegada de refuerzos desde Espa√Īa. Todas las victorias espa√Īolas durante los a√Īos anteriores no servir√≠an de nada si no se consegu√≠a derrotar a las armas francesas.

Es probable que si en ese momento los franceses con un ej√©rcito de casi 30.000 hombres hubiesen atacado el reino de N√°poles hubiesen derrotado a los espa√Īoles, pero la fortuna empez√≥ a darles la espalda. En primer lugar el general franc√©s enfermaba, teniendo que ceder el mando del ej√©rcito al duque de Mantua, un italiano que se puso al servicio del rey de Francia. Por otra parte mor√≠a el papa, as√≠ que las tropas francesas prefirieron acampar cerca de la ciudad eterna para influir en el c√≥nclave, el nuevo papa morir√≠a apenas unos d√≠as despu√©s y su sucesor fue Julio II, m√°s guerrero que evangelizador. Adem√°s, mientras esto suced√≠a bastante de las tropas romanas, que hab√≠an servido con Cesar Borgia se pasaban al campo espa√Īol.

Comenzaba el invierno de 1503, las lluvias hac√≠an de los caminos barrizales y el teatro de operaciones era demasiado extenso para unas fuerzas tan reducidas, por lo que los primeros combates volvieron a consistir en la toma de castillos, plazas y ciudades. Los espa√Īoles ocupaban el Castillo de Montecassino, plaza que fue saqueada, teniendo los oficiales espa√Īoles que defender con sus propias espadas la integridad de los tesoros del monasterio. A su vez los franceses sitiaban Roca Seca, donde los espa√Īoles, al mando de Pizarro, aguantaron los asaltos. En Roca Guillerma la guarnici√≥n espa√Īola fue capturada a traici√≥n y Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova tuvo que volver a retomarla. Finalmente los franceses consiguieron penetrar en el reino de N√°poles. Ambos ej√©rcitos se encontraron a orillas del r√≠o Garellano, unos kil√≥metros al Sur de Gaeta sobre la antigua v√≠a Apia romana, los franceses dispuestos a cruzarlo y los espa√Īoles a evitar tal circunstancia.

LA BATALLA DE GARELLANO

Las primeras fases de la batalla consistieron en el intento por parte franc√©s de situar un puente sobre barcazas para cruzar el r√≠o Garellano. Varias tentativas hab√≠an fracasado pero finalmente se consigui√≥ colocar uno tras derrotar a la vigilancia espa√Īola. Al tener noticia de ello el mismo Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova se puso al frente de sus tropas para rechazar al enemigo al otro lado del r√≠o. Ya hab√≠an cruzado el puente un buen n√ļmero de franceses, pero no hab√≠an conseguido situarse en formaci√≥n de combate, en tales circunstancias los espa√Īoles, con su Capit√°n a la cabeza, y los italianos de Fabricio Colonna se lanzaron al ataque. La artiller√≠a francesa dominaba el campo, causando terribles bajas en las tropas espa√Īolas, pero una vez que el combate se volvi√≥ una autentica melee dej√≥ de ser efectiva, los espa√Īoles y sus aliados consiguieron hacer retroceder a los franceses por el estrecho puente, el combate entre ambas infanter√≠a fue brutal d√°ndose el caso del Alf√©rez Fernando de Illescas, el cual perdi√≥ una mano por un disparo de ca√Ī√≥n, teniendo que sostener la bandera con la que le quedaba sana, amputada esta tambi√©n por otro disparo la sostuvo con sus codos hasta que termin√≥ el combate. Despu√©s de esto los espa√Īoles recib√≠an refuerzos y los franceses cambiaban de comandante, a partir de ahora mandar√≠a sus tropas el marqu√©s de Saluzzo.


Mapa de la batalla de Garellano.

El puente qued√≥ echado y consecuencia de ello se produjo una nueva an√©cdota de Garc√≠a de Paredes. Ofendido este por un comentario de El Gran Capit√°n sobre dicho puente mont√≥ en su caballo, se cubri√≥ con un yelmo y tom√≥ un montante, una espada larga que debe usarse a dos manos, se lanz√≥ al puente y desafi√≥ a un destacamento de franceses, pero que al tener que cruzar uno a uno no pod√≠an hacer uso de su ventaja. Se produjo una escaramuza, al acercarse tambi√©n un grupo de espa√Īoles, Garc√≠a de Paredes caus√≥ un gran n√ļmero de bajas enemigas y poco m√°s que tuvo que ser arrastrado por sus compa√Īeros a sus propias posiciones dispuesto a acometer el campo enemigo √©l solo.

Pero los franceses consiguieron fortificar el paso del puente, ante ello los espa√Īoles se desplegaron de tal forma que les resultaba imposible forzar el paso. Durante 27 d√≠as los espa√Īoles resistieron a lo largo de una estrecha ca√Īada las acometidas francesas, por su parte El Gran Capit√°n, con unas tropas al borde de la rebeli√≥n, por la falta de paga, las malas condiciones de vida, las tiendas tuvieron que ser asentadas sobre maderos y piedras para evitar el campo encharcado, la mala alimentaci√≥n y otras tantas penalidades, se dedic√≥ a mantener la moral, recolectar todos los suministros en las aldeas cercanas, apaciguar los √°nimos y repeler los intentos franceses por quebrar la l√≠nea. Los franceses tambi√©n soportaban las inclemencias, pero ten√≠an la ventaja de estar en un suelo m√°s elevado y poder usar las aldeas cercanas para que descansasen las tropas. No pensaban que los espa√Īoles intentasen nada hasta la llegada de la primavera y se dispusieron a pasar el tiempo.

El plan trazado por El Gran Capit√°n hab√≠a comenzado unos d√≠as antes, su estrategia inicial consist√≠a en hacer que los franceses pensasen que los espa√Īoles pensaban retirarse a sus cuarteles de invierno en espera de que mejorase el tiempo, para ello orden√≥ d√≠as antes movimientos de tropas hacia la retaguardia que fuesen visibles para el enemigo. Despu√©s de ello acord√≥ una tregua para el 25 y 26 de diciembre con motivo de la navidad. La estratagema surti√≥ efecto y el marqu√©s de Saluzzo, confiando en que los espa√Īoles esperar√≠an a la primavera repleg√≥ a parte de sus tropas a retaguardia para que descansasen en mejores cuarteles y relaj√≥ las guardias y vigilancias, convencido que en todo caso ser√≠an ellos los que rebasasen el Garellano pero en ning√ļn caso los castellanos. Mientras, lleg√≥ al campo espa√Īol un refuerzo de unos 3.000 hombres de la casa de los Ursinos, hasta entonces rivales de Espa√Īa y el papado. El general espa√Īol les orden√≥ tender un puente por encima del franc√©s y cruzar el r√≠o. Cuatro millas m√°s arriba, en la localidad de Suio, formado por ruedas de carros, barcas y toneles consiguieron construir un puente en la noche del 27 de diciembre de 1503.

Al alba del 28 de diciembre de 1503 comenz√≥ el cruce del puente y el despliegue de las tropas de Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdova. Dividi√≥ su ej√©rcito en tres cuerpos, el primero de ellos principalmente de caballer√≠a, unos 3.000 jinetes, ser√≠a el primero en vadear el r√≠o por el puente reci√©n construido, su misi√≥n ser√≠a envolver el ala izquierda de los franceses, con ellos iba Pizarro. Luego cruzar√≠a el mismo general espa√Īol con el grueso del ej√©rcito, dividido en tres grupos, el primero al mando de Garc√≠a de Paredes y Pedro Navarro, con 3.500 rodeleros y arcabuceros, luego la caballer√≠a pesada y ligera con Pr√≥spero Colonna, unos 250 jinetes y finalmente la infanter√≠a alemana, al mando del mismo Gran Capit√°n. En retaguardia y frente al puente tendido por los franceses quedaba el tercer cuerpo con Diego de Mendoza y Fernando de Andrade, con la orden de atacar el mismo, tomarlo y reunirse con el resto del ej√©rcito al otro lado del Garellano.

Los franceses fueron sorprendidos completamente, en Suio la guarnici√≥n de 300 ballesteros normandos fue puesta en fuga ante la avalancha de tropas enemigas, Vallefredda cay√≥ casi sin resistencia y Castelforte fue fijada como lugar para que pernoctase el general espa√Īol. Las tropas pasaron todo ese d√≠a 28 consolidando sus posiciones y hostigando al enemigo que se retiraba de forma desordenada sobre el campamento del general franc√©s. El marqu√©s de Saluzzo tuvo noticia casi a la par del tendido del puente, el cruce del Garellano por los espa√Īoles y el ataque, as√≠ que decidi√≥ convocar a sus oficiales en consejo de guerra, en el cual se acord√≥ la retirada a Gaeta. Esta maniobra ya la hab√≠a contemplado previamente el franc√©s, el problema fue tener que hacerla de noche, sin preparaci√≥n previa, en medio de una gran tormenta y con los espa√Īoles hostigando la retaguardia. El resultado fue una retirada en buen orden pero muy acelerada, lo que oblig√≥ a abandonar parte de la impedimenta, bagajes e incluso los heridos, adem√°s hubo que desmontar varias piezas de artiller√≠a para que por medio de barcazas llegasen hasta Gaeta, naufragando varias de ellas en el mar y siendo capturadas otras por los espa√Īoles.

Al d√≠a siguiente, 29 de diciembre, Mendoza y Andrade asaltan el puente tendido por los franceses, aunque estos lo han desmontado parcialmente los espa√Īoles pudieron reconstruirlo cruzando las tropas a la otra orilla, donde se re√ļnen con el grueso del ej√©rcito en el campamento abandonado por los franceses la noche antes. Estos prosiguieron su repliegue sobre Gaeta, primero la artiller√≠a, luego la infanter√≠a y en retaguardia la caballer√≠a, presentando combate cuando as√≠ era necesario. Un grupo de hombres de armas, caballer√≠a pesada, francesa decidi√≥ plantar cara a los perseguidores espa√Īoles aprovechando que se llegaba a un estrecho desfiladero en las cercan√≠as de Gaeta. Cuando llegaron los jinetes italianos de Colonna cargaron contra ellos, oblig√°ndoles incluso a retroceder, pero la llegada del grueso del ej√©rcito acaba con esta √ļltima resistencia. El marqu√©s de Saluzzo viendo que la situaci√≥n empeora lejos de tratar de elevar la moral de sus tropas o resistir el ataque de los espa√Īoles decide picar espuelas y al grito de s√°lvese el que pueda sale a la carrera en direcci√≥n a la ciudad. El desorden en el ej√©rcito enemigo va en aumento, se abandona cualquier cosa que dificulte la marcha, armas, bagajes e impedimenta. Adem√°s, El Gran Capit√°n ordena a Alviano marchar por el Norte del desfiladero y tratar de copar a los franceses en su salida. Algunos consiguen llegar hasta Gaeta y otros, perseguidos por los jinetes espa√Īoles huyen rumbo norte por la v√≠a Apia. El desastre franc√©s es completo. A costa de unos 900 hombres los espa√Īoles mataron o capturaron a 8.000 franceses, armas, p√≥lvora, bagajes y la artiller√≠a.

Al d√≠a siguiente el 30 de diciembre Gaeta amanec√≠a sitiada. Se emplaz√≥ la artiller√≠a y se comenz√≥ a batir la muralla. Evidentemente la moral de los sitiados era inexistente y solicitaron condiciones para la capitulaci√≥n. A cambio de entregar la plaza, con v√≠veres, munici√≥n y artiller√≠a, dejar los caballos y entregar los prisioneros espa√Īoles e italianos, los franceses podr√≠an abandonar la ciudad y regresar a su naci√≥n. El 1 de enero de 1504 El Gran Capit√°n tomaba posesi√≥n del puerto de Gaeta. De las tropas francesas apenas un tercio sobrevivi√≥ a la campa√Īa y a la marcha de regreso.

La guerra casi estaba concluida, ya que eliminado el grueso del ej√©rcito franc√©s apenas resist√≠an unas pocas plazas y partidarios de estos. As√≠ que Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba entr√≥ victorioso en N√°poles donde como lugarteniente del reino se dedic√≥ a la reorganizaci√≥n administrativa y al reparto de los territorios de los que hab√≠an sido despojados los partidarios del rey Fernando, as√≠ como a premiar a muchos de sus capitanes por la campa√Īa realizada. Alguno de ellos como Pedro Navarro o Garc√≠a de paredes todav√≠a realizaron alguna expedici√≥n para rendir las pocas localidades que se negaban a reconocer al nuevo rey. Finalmente Fernando el Cat√≥lico y Luis XII de Francia firmaron un acuerdo en Lyon por el que se reconoc√≠a lo soberan√≠a del aragon√©s sobre el reino italiano.

EPILOGO

El Gran Capit√°n permaneci√≥ en el puesto hasta 1507, fecha en la que regresar√≠a a Espa√Īa. Las circunstancias hab√≠an cambiado mucho en la pol√≠tica internacional. Isabel la Cat√≥lica mor√≠a en 1506 y la suced√≠a su hija Juana y el archiduque Felipe, que ser√≠a reconocido como rey efectivo de Castilla. Esto hizo que Fernando el Cat√≥lico se casase con Germana de Foix, emparentada con el rey de Francia. Quedaba la duda de a quien reconocer√≠a como su leg√≠timo se√Īor, al archiduque o al rey. Adem√°s, en el acuerdo de boda se especificaba que si Fernando y Germana no ten√≠an descendencia el reino de N√°poles retornar√≠a a la casa de los anjevinos, es decir, a Francia. Si bien la temprana muerte de Felipe aclar√≥ un poco la situaci√≥n no impidi√≥ que las relaciones entre ambos se deteriorasen. As√≠ mismo, un grupo de oficiales, nobles e intrigantes se encontraban descontentos con el reparto de territorios, t√≠tulos y mercedes, con lo que comenzaron a conspirar en la corte en contra del castellano.

Fernando decidi√≥ trasladarse a N√°poles, encontr√°ndose con el general en G√©nova en 1506. Como era costumbre en la √©poca todo funcionario, independientemente de su rango o t√≠tulo, ten√≠a que someterse a un Juicio de residencia, una especie de auditor√≠a referente no solamente a los gastos realizados, sino tambi√©n a su comportamiento, observaci√≥n de las √≥rdenes realizadas, etc. Durante el juicio, que era de car√°cter p√ļblico parece ser que se le exigieron cuentas de los gastos realizador durante la campa√Īa y el tiempo que hab√≠a sido lugarteniente del reino. En ese momento es cuando sacando un papel El Gran Capit√°n respondi√≥:

Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas espa√Īolas.
Cien millones en palas, picos y azadones, para enterrar a los muertos del adversario.
Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cad√°veres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla.
Ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso contin√ļo de repicar todos los d√≠as por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.
Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey ped√≠a cuentas al que le hab√≠a regalado un reino.‚ÄĚ

Tras lo cual Fernando decidió dar por finalizado el mismo, consciente de lo ridículo del asunto.

Pero el reconocimiento a sus haza√Īas, prudencia y buen arte de la guerra no le llegaron solamente de Espa√Īa. En 1507 estando en Saona coincidi√≥ con Luis XII de Francia, el cual le invit√≥ a su mesa durante una cena de gala para poder hablar sobre los hechos de armas que tanto le hab√≠an impresionado. Poco despu√©s llegaba a Valencia y se trasladaba a Burgos, donde estaba la corte y el rey Fernando que hab√≠a regresado de Italia hac√≠a poco tiempo. Est√°bamos en 1508. Pas√≥ varios meses en la corte, sin recibir encargo alguno y envuelto en la atm√≥sfera intrigante de la corte. Los problemas con el matrimonio de su hija Elvira, un incidente de su sobrino que se sald√≥ que la destrucci√≥n del castillo de Montilla, donde hab√≠a nacido El Gran Capit√°n, el que no se entregase el Mayorazgo de Santiago, etc. Finalmente el rey le concedi√≥ la villa de Loja e incluso se la ofreci√≥ para sus sucesores si renunciaba a la encomienda de Santiago.

No volvería a tomar el mando directo de tropas pese a que fue requerido a tal servicio varias veces por el Papado y Venecia en primer lugar. Luego sería el cardenal Cisneros el que solicitó sus servicios para la expedición de Orán, y aunque no lo permitió el rey su gestión en los preparativos de la expedición favoreció el éxito de esta. En 1511 sí que Fernando el Católico recurrió a él y se le encargó que preparase una expedición que partiese en ayuda de los aliados italianos, derrotados en Ravena por las tropas francesas y del emperador. Como en otras ocasiones se dispuso todo lo necesario en el puerto de Málaga pero al final la expedición no partió, ya que mientras tanto la diplomacia fernandina consiguió romper la alianza entre Francia y el Imperio, terminando con la guerra.

No volver√≠an a ser solicitados sus servicios, se agrav√≥ su enfermedad y el 2 de diciembre de 1515 mor√≠a en la ciudad de Loja uno de los m√°s grandes generales que ha tenido la historia de Espa√Īa.

BIBLIOGRAF√ćA:

Duponcet, J. N. (1728). Historia de Don Gonzalo Fernández de Córdova, renombrado el Gran Capitán.
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López de Ayala, I. (1793). Vida de Gonzalo Fernández de Aguilar y Córdoba: llamado el Gran Capitán.
Fern√°ndez Duro, Ces√°reo (1972). Armada Espa√Īola, desde la uni√≥n de los reinos de Castilla y Arag√≥n. Madrid: Museo Naval.
Crónica del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Aguilar y de Córdoba. Zaragoza 1559.

 

 


 

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