La Guerra Civil Americana - 1ª parte PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Lee   
Miércoles, 23 de Julio de 2008 20:47
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La Guerra Civil Americana - 1ª parte
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Capítulo I: El Lejano Origen

Todo el mundo hoy en d√≠a, e incluso los mismos estadounidenses, fecha el nacimiento de los Estados Unidos de Am√©rica con la Declaraci√≥n de Independencia de 1776. Craso error, pues los partidarios de crear una naci√≥n eran entonces a√ļn minoritarios, y lo que exist√≠a eran trece Estados que se hab√≠an declarado independientes, tanto de Inglaterra como entre s√≠. Y si hab√≠an creado las instituciones del Ej√©rcito Continental y el Congreso Continental para coordinar su defensa ante la malhumorada reacci√≥n brit√°nica, lo hab√≠an hecho a t√≠tulo provisional. Pero la guerra con los ingleses demostr√≥ su utilidad y, para su final, la opini√≥n en favor de crear una construcci√≥n supraestatal era ya mayoritaria. Lo que sin embargo no bastaba para allanar las dificultades, pues los reci√©n independizados Estados, y sus intereses, eran muy divergentes.

Así, en su extremo Norte, los cinco estados de New England o Nueva Inglaterra, (New Hampshire, Rhode Island, Massachusetts, Connecticut y New Jersey), vivían vueltos hacia el mar, siendo sus principales actividades la navegación, la pesca, el comercio y alguna industria. Y en cambio en el extremo meridional Georgia y South Carolina, germen del futuro Deep South o Sur Profundo, basaban su economía en el cultivo de plantación.

 

Entre estos dos extremos se encontraban otros seis estados, tres de ellos muy importantes. El m√°s norte√Īo de los √ļltimos era New York, dotado de un interior extens√≠simo, pero no muy rico, y cuyas principales actividades semejaban las de New England, salvando la peque√Īa importancia de la pesca, (su litoral naval era angosto), y con el interesante a√Īadido de las finanzas, pues como antigua colonia holandesa manten√≠a contactos con la importante plaza financiera de Amsterdam.

El segundo Estado importante, más al Sur, era Pennsylvania, casi sin salida al mar pero de interior extenso, y que poseía industria, comercio, minería y una agricultura progresiva, estando además interesada en la colonización. Y el tercero era Virginia, el más extenso y poblado, con una economía ecléctica y dotada de la mayor experiencia política, militar, administrativa y colonizadora.

Hab√≠a sido Nueva Inglaterra la que llevara la parte conspiradora de la rebeli√≥n, pero despu√©s Virginia hab√≠a hecho el grueso de la aportaci√≥n en hombres, medios y cuadros al Ej√©rcito Continental, y de diplom√°ticos al Congreso Continental. Su prestigio era por ello enorme y, de hecho, de los tres Estados restantes, Delaware y Maryland entre Pennsylvania y ella, y North Carolina entre ella y South Carolina, los dos √ļltimos estaban muy sometidos a su influencia, e incluso Delaware la experimentaba, aunque parcialmente contrarrestada por la de Pennsylvania.

Ante tanta diversidad, y habiendo desaparecido la amenaza inglesa, todas las tendencias centr√≠fugas reafloraban, y la construcci√≥n de la Naci√≥n americana no result√≥ f√°cil. Se empez√≥ por poner por escrito un acuerdo m√≠nimo, el llamado ‚Äúproyecto de Confederaci√≥n de los Estados‚ÄĚ y luego se redact√≥ una Constituci√≥n de los Estados Unidos de Am√©rica, que cada Estado deb√≠a ratificar antes de ingresar en la Uni√≥n. Y desde los primeros momentos, una de las mayores fuentes de pol√©mica la constituy√≥ la instituci√≥n de la Esclavitud.

La mayor√≠a de las grandes naciones de la antig√ľedad hab√≠an considerado a la Esclavitud imprescindible en un mundo escaso de energ√≠a. Pero precisamente la civilizaci√≥n europea occidental, que ten√≠a sus ra√≠ces en una edad media de poblaci√≥n escasa y dispersa, hab√≠a iniciado pronto (al menos desde la invenci√≥n medieval del molino de viento), el camino de sustituir brazos humanos por artilugios. Y, precisamente, esa tendencia alcanzaba su cl√≠max a fines del Siglo XVIII con el inicio de la Era de la M√°quina.

Por eso los progresistas de aquellos d√≠as, (y la rebeli√≥n americana hab√≠a sido, desde luego, un ‚Äútrabajo‚ÄĚ de progresistas), ten√≠a pr√°cticamente como una se√Īal de identificaci√≥n el propugnar la abolici√≥n del sistema esclavista. En la √©poca colonial tan s√≥lo la siempre inquieta Rhode Island y la cu√°quera Pennsylvania pose√≠an reglamentaciones que prohibiesen la esclavitud, pero para cuando la cuesti√≥n se plante√≥ tambi√©n el resto de Nueva Inglaterra, y New York, la hab√≠an proscrito.

En sentido contrario, desde cien a√Īos atr√°s hab√≠a ido haci√©ndose cada vez m√°s claro que las plantaciones pod√≠an dar buenos beneficios empleando trabajo esclavo m√°xime si los esclavos eran de una etnia peculiar, que facilitase su identificaci√≥n y abaratara su vigilancia. (Y, en una demostraci√≥n muy cl√°sica de como suelen actuar la ciencia y la religi√≥n cuando hay olor a dinero en el aire, eso hab√≠a provocado una ola de brillantes doctrinas cient√≠ficas y teol√≥gicas, que tend√≠an a demostrar que el negro africano ten√≠a un umbral de dolor m√°s bajo que el europeo, pertenec√≠a a otra subespecie, y desde luego carec√≠a de alma).

Pero los cultivos de plantaci√≥n por entonces m√°s productivos, (az√ļcar, caf√© y cacao), apenas se daban en las antiguas colonias, cuyas plantaciones eran ante todo de algod√≥n, tabaco y algo de arroz. Y eso dio oportunidad a que, en los Estados de la zona intermedia, las ideas hicieran frente a las nociones de puro beneficio. Nadie pretend√≠a una abolici√≥n repentina, que hubiera arruinado a muchos grandes propietarios y provocado un caos social, pero grandes personajes del nuevo r√©gimen que eran a la vez importantes propietarios de esclavos, (como George Washington, ex-Comandante Supremo del Ej√©rcito Continental y luego primer Presidente, o Thomas Jefferson, que dirigi√≥ la redacci√≥n de la Constituci√≥n y fue luego tercer Presidente), eran partidarios de la abolici√≥n gradual.

Pero en Georgia y South Carolina no hab√≠a muchos progresistas, (su aportaci√≥n a la rebeli√≥n fue por cierto escasa), y todo su entramado econ√≥mico depend√≠a de la plantaci√≥n, aunque no fuera muy rica. Por ello sus exigencias para aceptar la Constituci√≥n fueron muy claras. Primero, y aunque algunas de sus declaraciones iniciales pareciesen exigirlo, aquella no pod√≠a contener la condena expl√≠cita de la esclavitud. Segundo, para asegurar que √©sta no quedara proscrita por puro funcionamiento de mayor√≠as al d√≠a siguiente del ingreso de ambos estados en la Uni√≥n, las C√°maras Federales hab√≠an de tener obligatoriamente el mismo n√ļmero de representantes de estados esclavistas y libres.

Ante estas exigencias, Virginia abandon√≥ la disputa sobre la esclavitud y la acept√≥ en sus leyes, seguida por Delaware, Maryland y North Carolina, quedando configurada una futura Uni√≥n de siete estados ‚Äúlibres‚ÄĚ y seis ‚Äúesclavistas‚ÄĚ. Pero a√ļn as√≠ subsist√≠an problemas.

En el Congreso, la representaci√≥n iba a ser por poblaci√≥n, teniendo los estados esclavistas algo m√°s de la mitad de la poblaci√≥n de los trece estados si se contabilizaba a los esclavos, y algo menos de la mitad si s√≥lo se contaba la poblaci√≥n libre. Ah√≠ se alcanz√≥ el acuerdo haciendo que, a efectos de representatividad, un esclavo ‚Äúpesara‚ÄĚ 3/5 de un hombre libre. Eso supon√≠a que el voto sure√Īo tuviese algo m√°s de peso que el del Norte, (pues los esclavos no votaban), pero se consider√≥ compensado haciendo que las aportaciones a la Hacienda Federal, que era tambi√©n por poblaci√≥n, siguiesen la misma regla. (Ya que con aqu√©llas plantaciones poco pr√≥speras, un esclavo era de seguro menos productivo que 3/5 de un hombre libre, eso supon√≠a verter alguna carga fiscal adicional sobre los libres de los estados esclavistas).

El Senado era un problema espinoso, porque en √©l la representaci√≥n era de dos senadores por Estado, y los estados libres iban a ser en breve ocho. (Green Mountain o Vermont, territorio de colonizaci√≥n al Nordeste de New York, quer√≠a independizarse de √©ste desde antes de 1776, y se convertir√≠a en el octavo). Al fin se acord√≥ que Tennessee y Kentacky, territorios colonizados por Virginia hacia el Oeste, ser√≠an admitidos cuanto antes como Estados esclavistas, (aunque a√ļn no hubiese plantaciones en ellos).

Y, con la adhesión de los Estados, es como nació Estados Unidos de América, dotándose para su administración central del llamado Distrito Federal de Colombia, que se situó en antiguas tierras de Maryland pero junto al río Potomac, Desde la otra orilla, virginiana, lo dominaban las colinas de la gran finca de Arlington, solar de los Washington, que pronto dejaron su apellido como nombre a la capital federal.

Se ratific√≥ los acuerdos sobre la esclavitud fijando su l√≠mite en la ‚ÄúL√≠nea Mason-Dixon‚ÄĚ, que deja al Norte Pennsylvania y al Sur, y de Este a Oeste, Delaware, Maryland y Virginia. Se acept√≥ despu√©s como Estados a Vermont en 1793, Kentucky en 1792 y Tennessee en 1796, y la l√≠nea se prolong√≥ siguiendo el curso del r√≠o Ohio hasta su desembocadura en el Mississippi, y su otra orilla era por entonces territorio franc√©s.

El Siglo XIX se inici√≥ con la admisi√≥n del Estado libre de Ohio en 1802, y enseguida con la compra a Napole√≥n de los territorios franceses, en cuyo extremo meridional se cre√≥ en 1812 el Estado esclavista de Louisiana. Comenzaban a chirriar sin embargo algunos engranajes de la joven naci√≥n. As√≠, la falta de coordinaci√≥n y chapucer√≠a con que se hizo una segunda guerra a los ingleses, en 1812-15, indic√≥ un insuficiente desarrollo de la autoridad central. Y, adem√°s, los estados esclavistas comenzaban a adquirir unos extra√Īos aires agresivos.

 Si anteriormente habían aguardado con paciencia a que la paridad en el Senado se restableciese, tras las admisiones de Vermont y Ohio, ahora, a la admisión del Estado libre de Indiana en 1816, replicaron en el acto con la del esclavista Mississippi en 1817, y a la de Illinois en 1818 con la de Alabama en 1819. Y el problema se agrió cuando, al recibirse al Estado libre de Maine en 1820, anunciaron la candidatura de Missouri como Estado esclavista.

¬†Cierto que Missouri hab√≠a recibido hasta entonces m√°s colonos del Sur esclavista que del Norte, pero medio Missouri estaba al Norte de la latitud de la l√≠nea Mason-Dixon, y m√°s de tres cuartas partes al Norte de la desembocadura del Ohio. Adem√°s la ciudad de Saint Louis era la base de los cazadores y tramperos de la Gran Pradera, el Plateau, las Rocosas y el Noroeste. Y, teniendo los sure√Īos ya una base para la colonizaci√≥n del Sudoeste en Natchez, (Mississippi), se tem√≠a que trataran de arrogarse alg√ļn tipo de monopolio sobre el pa√≠s al Oeste del Mississippi. As√≠ que la lucha en las C√°maras fue dura, m√°s a√ļn puesto que el Norte, cuya poblaci√≥n estaba aumentando m√°s aprisa que la de sus rivales, ten√≠a ya m√°s representantes en el Congreso. Las actitudes se endurecieron, y los sure√Īos llegaron cerca de la ruptura, hablando por primera vez de Secesi√≥n. Fue al fin Henry Clay, luego apodado ‚ÄúEl Gran Compromisario‚ÄĚ, el que logr√≥ un acuerdo final sobre la base del que se llamar√≠a ‚ÄúCompromiso de Missouri‚ÄĚ.

Este consist√≠a en permitir al Sur sus pretensiones sobre Missouri, a cambio de que se comprometiera a no crear ning√ļn Estado esclavista m√°s, en los antiguos territorios franceses, al Norte de los 36 grados 30 minutos. Missouri se convirti√≥ as√≠ en el vigesimocuarto Estado de la Uni√≥n en 1821, pero en esa Uni√≥n hab√≠a ya una fisura.

¬†La causa del endurecimiento de la postura sure√Īa, en los √ļltimos a√Īos, hab√≠a que buscarla en Europa. All√° Inglaterra, cuya actividad manufacturera ven√≠a creciendo de antiguo, estaba deviniendo el primer Estado Industrial moderno. Esa Revoluci√≥n Industrial se apoyaba, a trav√©s del invento del telar mec√°nico, en el textil. Y otro invento, la desmotadora de algod√≥n, puso su acento en este √ļltimo producto.

¬†Hacia 1810, el abaratamiento de estas manufacturas las puso al fin al alcance de la propia clase trabajadora, y se produjo el salto cualitativo que consagr√≥ la definitiva ‚Äúpuesta en √≥rbita‚ÄĚ de la Inglaterra industrial. Y todo ello supuso un fuerte tir√≥n de la demanda mundial de algod√≥n, con la consiguiente subida de sus precios internacionales.

¬†De golpe, las l√°nguidas plantaciones sure√Īas devinieron la gallina de los huevos de oro, y se extendieron por doquiera que la esclavitud estuviese permitida. Las exportaciones norteamericanas de algod√≥n pasaron de 178.000 balas anuales en 1810 a 3.850.000 en 1860 y, mientras la poblaci√≥n de la Uni√≥n se cuadruplicaba en el mismo periodo, (lo que no es ya poca haza√Īa), su poblaci√≥n esclava se multiplic√≥ por ocho. (Y ello pese a que Inglaterra hab√≠a prohibido la trata, y la temida Royal Navy adoptaba medidas militares cada vez m√°s duras ante los negreros).

¬†Bajo un creciente chorro de dinero, el Sur floreci√≥ de mansiones se√Īoriales, donde los plantadores llevaban una vida de lujo y prestigio, rodeados de refinamientos importados de Europa. Ahora, la regla de los 3/5 favorec√≠a al Sur: de un lado, cuanto mayor fuese la proporci√≥n de esclavos mayor era la diferencia de ‚Äúpeso‚ÄĚ entre sus votos y los de los ciudadanos de los Estados libres, y de otro los esclavos de las plantaciones, que cotizaban en la fiscal√≠a federal 3/5 de un ciudadano blanco, resultaban m√°s productivos que la mayor√≠a de ellos. Se comprende que los sure√Īos reaccionasen ante cualquier amenaza aun remota a un estado de cosas para ellos tan envidiable.

¬†Sobre todo en el Deep South, las endebles clases medias sure√Īas se pusieron incondicionalmente al servicio de los plantadores, aumentando mucho la proporci√≥n de profesionales que depend√≠an m√°s o menos directamente de ellos. En cuanto al peque√Īo campesino, en principio ajeno a este carrusel, la l√≥gica de la situaci√≥n tend√≠a a empobrecerle hasta que, idealmente, vendiera su tierra a las plantaciones y se fuera al Oeste a colonizar formando nuevos Estados esclavistas.¬† Mas la presi√≥n era suave, y no lleg√≥ a brotar un antagonismo entre √©l y el plantador. Antes bien y sobre todo en el Deep South, muchos de ellos parec√≠an bobalic√≥namente complacidos con las nuevas glorias de sus Estados, y aun con lo que en lengua castiza llamar√≠amos ‚Äúel rumbo y el tron√≠o‚ÄĚ de las enriquecidas clases altas.

¬†El poder de los plantadores era pues inmenso, y muchos de ellos hab√≠an comprendido que, formando grupos de presi√≥n pol√≠tica bien integrados, pod√≠an convertirse en √°rbitros de la pol√≠tica nacional. Los m√°s extremistas no consideraban esto una circunstancia afortunada, sino que invocando un presunto car√°cter aristocr√°tico de su forma de vida, lo convert√≠an en una prerrogativa irrenunciable. John Caldwell Calhoun, hacendado y pol√≠tico surcarolino que ser√≠a el padre espiritual de La Secesi√≥n, (aunque no lleg√≥ a vivirla), as√≠ lo enunci√≥ en una conversaci√≥n nocturna junto al fuego, tan pronto como en 1812. Y lleg√≥ a a√Īadir que, si la Uni√≥n les pon√≠a trabas, estaban dispuestos a destruirla.

¬†Pero a la poderosa clase dirigente sure√Īa no se le ocurri√≥ que la misma Revoluci√≥n Industrial que la hab√≠a alzado crease las armas para derribarla. Y es que, mientras el despegue industrial ingl√©s se afianzaba, comenzaban a salirle imitadores, primero en B√©lgica y despu√©s en Francia, varios Estados de la a√ļn desunida Alemania y en los Estados americanos al Norte de la l√≠nea ‚ÄúMason-Dixon‚ÄĚ. No era sino los primeros estremecimientos de esta industrializaci√≥n lo que estaba atrayendo m√°s emigrantes al Norte que al Sur, y en definitiva le hab√≠a ganado la ventaja en el Congreso para la √©poca de la Crisis de Missouri.

¬†La colonizaci√≥n al estilo del Norte estaba dando lugar a un interior de granjas de tama√Īo medio-grande que, ante la escasez de manos, eran cultivadas con m√©todos agr√≠colas avanzados, y daban excedente suficiente para mantener una demanda creciente de, por un lado, aperos y maquinaria sencilla, y de otros bienes de consumo duradero poco sofisticados. Como la tendencia a sustituir brazos por aperos era irreversible, (los salarios eran siempre relativamente altos, ante la proximidad de una frontera m√≥vil que invitaba al asalariado descontento a mudarse en colono), la escena estaba dispuesta para iniciar la industrializaci√≥n.

¬†El capital preciso se obtuvo de varias fuentes. Parte del propio excedente agr√≠cola, canalizado parcialmente a trav√©s de una red de peque√Īos bancos campesinos. Parte de los capitales acumulados por el comercio en las costas. Y finalmente se obtuvo inversiones considerables de capital europeo, sobre todo a trav√©s de los contactos de New York City con Amsterdam. (Y con los beneficios de su intermediaci√≥n, la ciudad se dot√≥ de una excelente red de comunicaciones con el interior, que la convirtieron en el gran puerto comercial del Este y la mayor ciudad del pa√≠s).

¬†Para 1830 el proceso se hab√≠a autoacelerado, alcanzando volumen suficiente para que el Gobierno Federal intentara apoyarlo con un arancel proteccionista. Los plantadores, que eran exportadores de materias primas e importadores de bienes de lujo, y por tanto librecambistas, se encresparon, y John C. Calhoun salt√≥ a la palestra abandonando la Vicepresidencia, que ejerc√≠a por segunda vez, para ponerse a su frente con la llamada ‚ÄúDoctrina de la Nulificaci√≥n‚ÄĚ.

 Esta aseguraba que los Estados, que habían firmado el Proyecto de Confederación y la Constitución como entes soberanos, seguían siendo los sujetos de la soberanía, y la Unión solo era un acuerdo temporal; de ello, tendrían derecho a declarar nula en sus territorios cualquier ley federal que considerasen les perjudicaba inclusive su propia permanencia en la Unión, lo que les daba derecho a secesionarse.

¬†Como la mayor√≠a de la clase alta de la Uni√≥n, y de la Judicatura de alto nivel, era sure√Īa o estaba en una u otra forma hipotecada con el Sur, en los a√Īos siguientes se dict√≥ mucha jurisprudencia favorable a la doctrina de la nulificaci√≥n. Tanta, que muchos investigadores del Siglo XX que han estudiado el problema a trav√©s de la jurisprudencia, tienden a darle cr√©dito. En realidad no lo merece pues, pese a las peque√Īas corrupciones judiciales, no hay aqu√≠ m√°s referencia posible que el texto del Proyecto y el de La Constituci√≥n. Y √©stos son terminantes:

El Proyecto empieza por definir la ‚ÄúConfederaci√≥n‚ÄĚ como eterna, y no temporal, y la Constituci√≥n, en su primer p√°rrafo, deposita la soberan√≠a en el pueblo y no en los Estados. Y los mismos sure√Īos sab√≠an que sus asertos carec√≠an de base jur√≠dica real, como qued√≥ claro 30 a√Īos despu√©s, cuando su rebeli√≥n les permiti√≥ bajar las m√°scaras. As√≠, en la Constituci√≥n de su Confederaci√≥n, (casi enteramente calcada de la unionista), tuvieron buen cuidado en cambiar la famosa frase inicial, ‚ÄúWe, the People of the United States‚ÄĚ, por una m√°s calhouniana, ‚ÄúWe, the Representatives of the States‚ÄĚ.

 En medio de esta crisis de interpretación constitucional South Carolina, que había solicitado sin éxito ser dispensada del arancel, anunció que lo declaraba nulo, y estaba dispuesta a ejercer su derecho de nulificación para dejar la Unión si ésta intentaba obligarle a aceptarlo. Esperaba sin duda ser secundada por otros Estados del Deep South, pero su intento de rebelión topó en dos escollos.

¬†Primero, su decisi√≥n deb√≠a mucho a su sistema de representaci√≥n, √ļnico en La Uni√≥n. En efecto, en South Carolina los ciudadanos s√≥lo votaban una vez por legislatura, y a bajo nivel. Sus representantes se encargaban en adelante de elegir a todos los dem√°s representantes y autoridades, y los votantes de la elecci√≥n presidencial. Eso dejaba en la pr√°ctica la pol√≠tica en manos de un peque√Īo grupo de profesionales, que adem√°s acordaban siempre sus posturas antes de pronunciarse, actuando siempre como un bloque. Muchos envidiaban el peso que estas pr√°cticas daban al estado surcarolino en los asuntos nacionales, pero la contrapartida era que tal sistema conced√≠a a una mayor√≠a simple poderes de dictadura.

 Así había podido South Carolina organizar tan rápidamente su rebelión, pero los seguidores de su postura en otras Estados no tenían tales facilidades. Y no sólo no pudieron seguir el ejemplo, sino que a menudo se mostraron resentidos por la forma en que los surcarolinos les habían puesto sin aviso entre la espada y la pared.

Andreu Jackson

El segundo escollo que halló la aventura surcarolina fue la actitud del Presidente, General Andrew Jackson, que al primer rumor de Secesión envió a Charleston, principal puerto de South Carolina, tres buques de guerra y un buen contingente de tropas. Esto calmó mucho a los surcarolinos y despojó de ideas belicosas a sus amigos en otros Estados.

¬†A√ļn sali√≥ Calhoun con otra teor√≠a peregrina, objetando que era ‚Äútir√°nico e indigno‚ÄĚ que la Uni√≥n hiciese la guerra a uno de sus propios Estados. De nuevo iba a tener apoyo jurisprudencial, y de nuevo sin fundamento alguno. Pues, si South Carolina no ten√≠a derecho a secesionarse, era un territorio rebelde, que deb√≠a ser sometido. Y si lo ten√≠a¬† era un pa√≠s extranjero, y uno que acababa de ofender a la Uni√≥n abandon√°ndola, y que se hab√≠a quedado con territorios, poblaci√≥n y riquezas que antes pertenecieran a aqu√©lla. (Y Calhoun y sus amigos, que llevaban a√Īos presionando al Gobierno Federal para que hiciese la guerra ahora al deca√≠do Imperio Espa√Īol, ahora al ca√≥tico estado de M√©xico, que nunca hab√≠an ofendido a la Uni√≥n, para arrebatarles territorios, poblaciones y riquezas que nunca hab√≠an sido de la Uni√≥n, eran los √ļltimos que pudiesen negar la existencia de un ‚Äúcasus belli‚ÄĚ contra √©l).

 Ante las acusaciones de Calhoun, Andrew Jackson se limitó a asestar firmemente que su fuerza no estaba en Charleston para hacer la guerra a South Carolina, sino para asegurar el cumplimiento de la ley federal, y si South Carolina la  atacaba para impedirlo, sería ella la que haría la guerra a La Unión. Ante su firmeza, los rebeldes arriaron velas, y aquélla crisis se dio por cerrada.

¬†Realmente el Presidente Jackson pod√≠a haber sacado m√°s provecho del momento psicol√≥gico, desprestigiando a Calhoun y sus seguidores, pero suced√≠a que √©stos proven√≠an de su propio Partido, (el antiguo ‚ÄúPartido Republicano‚ÄĚ de Thomas Jefferson, ahora llamado ‚ÄúDem√≥crata Republicano‚ÄĚ), y no quer√≠a vapulearles demasiado para no debilitarlo. Calhoun y los suyos aprendieron la lecci√≥n y renunciaron al enfrentamiento abierto. En cambio y con los grandes apoyos de que dispon√≠an, hicieron intensa propaganda de sus ideas en el Sur, que las fue aceptando, y crearon un fuerte y bien coordinado grupo de presi√≥n en el Partido, que pronto se llamar√≠a ‚ÄúDem√≥crata‚ÄĚ a secas.

¬†Para 1840, el Norte avanzaba francamente por la senda de la industrializaci√≥n, atrayendo el grueso de los emigrantes, mientras el Sur hac√≠a frente a un cambio en el mercado. En efecto, la capacidad del textil para promover el desarrollo industrial parec√≠a estar llegando a su l√≠mite, y la propia Inglaterra se hab√≠a embarcado en una segunda fase industrial basada en la siderometal√ļrgica y la creaci√≥n de una red ferroviaria. Y otros pa√≠ses en v√≠a de industrializarse, como Francia, Alemania o los Estados norte√Īos, pasaban de inmediato a esa fase tratando de acortar distancias. Lo que moder√≥ la demanda mundial de algod√≥n.

¬†Los precios internacionales de este producto se estabilizaron y aun bajaron, y la clase dirigente sure√Īa, alarmada, tendi√≥ a api√Īarse m√°s a√ļn pol√≠ticamente. Esa tendencia permiti√≥ al fin a la gente de Calhoun hacerse la primera fuerza pol√≠tica del Sur, desplazando a los m√°s moderados,¬† en general dirigidos por los virginianos.

Desde 1821, s√≥lo hab√≠an ingresado en la Uni√≥n el estado esclavista de Arkansas en 1836 y el libre de Michigan en 1837, pero para la d√©cada de 1840 el Norte hab√≠a preparado las candidaturas de Iowa y Wisconsin como Estados libres, y el Sur ten√≠a sus contrapartidas en la pantanosa Florida y la a√ļn independiente Texas.

¬†Florida hab√≠a sido cedida en 1819 por un Imperio Espa√Īol exhausto y en pleno caos, tras un largo tratamiento de presiones y amenazas, y la ocupaci√≥n por tropas estadounidenses de su zona septentrional durante los √ļltimos anos. Pero despu√©s hab√≠a resultado un territorio problem√°tico a causa de su clima insalubre y la fiera resistencia de los indios seminole. (Sin embargo reci√©n llegados, a quienes los propios estadounidenses hab√≠an impulsado a penetrar en Florida una generaci√≥n atr√°s).

Billy Bowlegs

Los norteamericanos, que hab√≠an escarnecido a la min√ļscula fuerza militar espa√Īola en Florida por no ser capaz de ‚Äúmeter en cintura‚ÄĚ a estos ind√≠genas, encontraron que ellos tampoco lograban hacerlo con fuerzas de a menudo m√°s de 2.000 soldados, aun en los llamados ‚Äúperiodos de paz‚ÄĚ, y mayores a√ļn en las afamadas Guerras Seminole. Pero en la Segunda Guerra Seminole de 1836-42 lograron bastante pronto capturar al brillante jefe Osceola, (utilizando desde luego la traici√≥n y el perjurio), y finalmente empujar a los seminole, que pocas veces pasaron de 1.000 guerreros, con una gran ofensiva que emple√≥ 20.000 hombres, hasta enterrarlos en lo m√°s hondo de los pantanos Everglades

¬†Tras eso el territorio se consider√≥ pacificado y prepar√≥ su candidatura a Estado. (Un poco prematuramente, pues hubo a√ļn una Tercera Guerra Seminole y la √ļltima partida importante, la del jefe Opothlegahola o ‚ÄúBilly Bowlegs‚ÄĚ, no ser√≠a capturada hasta 1857. Incluso despu√©s de esto quedaron unos 150 seminole escondidos en los bosques, realizando ocasionales acciones de guerrilla (en una de √©stas ser√≠a herido de muerte, ya en v√≠speras de la Guerra Civil, el doctor Powhatan Cabeli, hermano del futuro general confederado William Lewis Cabeli). El coste econ√≥mico de la pacificaci√≥n de Florida fue astron√≥mico, y el Ej√©rcito sufri√≥ miles de muertes, aunque m√°s por dengue, disenter√≠a, c√≥lera y fiebre amarilla que por acci√≥n del enemigo.

¬†Por su parte, Texas se hab√≠a independizado de M√©jico en 1836, con una masiva ayuda orquestada por Andrew Jackson. No hab√≠a sin embargo ingresado enseguida en la Uni√≥n por dos razones. Una, que el Norte no quer√≠a tal gigante esclavista en la¬† uni√≥n hasta haberle buscado contrapartida. Dos, que siendo Inglaterra a la vez el principal cliente del algod√≥n sure√Īo y el m√°s declarado enemigo de la trata, la compra de cargamentos de esclavos por el Sur estaba dando lugar a situaciones delicadas que una Texas independiente pod√≠a evitar, haciendo el papel de ‚Äúmala‚ÄĚ al comprar los esclavos, para pasarlos despu√©s al Sur de contrabando. Pero estas motiva clones estaban desapareciendo, pues de un lado el Norte ten√≠a ya sus contrapartidas, y de otro la intermediaci√≥n de Texas en el tr√°fico de esclavos perd√≠a importancia al disminuir dr√°sticamente aqu√©l. (Ocurr√≠a que, al otro lado del Oc√©ano, La Royal Navy hab√≠a comenzado ya a desembarcar en la costa africana y derribar los¬† reinos de los ‚Äúmongos‚ÄĚ esclavistas, cuya colaboraci√≥n era casi imprescindible para los negreros).

 Texas, Florida, Iowa y Wisconsin fueron recibidos por tanto como nuevos estados en la década de 1840. Pero entre tanto, en 1844, había alcanzado La Presidencia de la Unión el demócrata James Knox Polk, discípulo de Jackson, que tenía grandes planes para engrandecer el Sur.

 Existía por entonces un contencioso entre Estados Unidos y el Imperio Británico por el llamado Territorio de Oregón, que iba de la California mexicana al bosque ártico. Los británicos pretendían que se prolongara la frontera anterior entre la Unión y su Dominio del Canadá, lo que les daría dos tercios del territorio en disputa. Pero los Estados del Norte habían colocado ya en él varios miles de colonos, y como la contrapartida canadiense sólo eran unos pocos tramperos y factorías, consideraban merecer una tajada más grande del pastel.

¬†Pero Polk emple√≥ sus aspiraciones s√≥lo para chalanearlas, cediendo a todas las exigencias inglesas a cambio de manos libres en la frontera mexicana. Y lograda esta concesi√≥n, se apresur√≥ a provocar al gobierno mexicano incitando a Texas a exigir que la frontera se situase en el R√≠o Grande, muy al Sur de la cl√°sica de la Texas mexicana en el R√≠o Nueces, y apoyando tan rapaz exigencia con el env√≠o de tropas mandadas por el General Zachary Taylor, recientemente distinguido en la Segunda Guerra Seminole. En cuanto el gobierno azteca cay√≥ en la provocaci√≥n, enviando tambi√©n tropas a lo que se llamar√≠a la ‚ÄúFranja del R√≠o Nueces‚ÄĚ, la suerte estuvo echada.

¬†En efecto, al primer choque la prensa jingo√≠sta estuvo preparada para armar un gran esc√°ndalo secundado por el Gobierno, que acus√≥ a M√©xico de haber ‚Äúinvadido territorio de la Uni√≥n y atacado a sus fuerzas armadas‚ÄĚ. De inmediato se declar√≥ la guerra a La Rep√ļblica Mexicana, se llam√≥ a miles de voluntarios y Taylor, con un ej√©rcito, invadi√≥ territorio mejicano al Sur del R√≠o Grande, mientras otras fuerzas penetraban en el enorme y semi-despoblado Noroeste de M√©xico, (que era el verdadero objetivo de la guerra). Finalmente y para obligar a los mexicanos a darse por vencidos, otro ej√©rcito mandado por el Jefe del Estado Mayor, General Winfield Scott, desembarc√≥ en Veracruz y penetr√≥ hasta ocupar la capital.

Dado que la clase dirigente mejicana no se atrevi√≥ a explotar el posible car√°cter de guerra popular del conflicto, y la neta superioridad estadounidense en equipo, artiller√≠a de campa√Īa y, en general, mando, para 1848 los mejicanos hab√≠an aceptado la derrota, firmando el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el que ced√≠an a la Uni√≥n m√°s de la mitad de su territorio, si bien en general se trataba de zonas poco pobladas.

Territorio cedido en el Tratado de Guadalupe-Hidalgo

El bot√≠n de aquella exitosa rapi√Īa fue, aparte de la maleada Franja del Nueces, el territorio que luego constituir√≠a los estados de California, Nevada, Utah, Colorado, (a falta de su zona Sur, por entonces conocida como ‚ÄúArizona‚ÄĚ o ‚ÄúMesilla‚ÄĚ), Arizona y Nuevo M√©jico. Con ello, los sure√Īos cre√≠an haberse asegurado un respiro frente al desarrollo del Norte. Porque, en efecto, casi todas √©stas zonas estaban situadas al Sur de los 36 grados, 30 minutos, ten√≠an mejor clima que las zonas de colonizaci√≥n norte√Īa, y pose√≠an algunas poblaciones pac√≠ficas y el esquema de una red de caminos.

¬†El m√°s importante de √©stos era el llamado Butterfly Overland Stage o, en po√©tico castellano ‚ÄúSendero de la Mariposa‚ÄĚ, que llevaba del R√≠o Grande a las mismas playas del Pac√≠fico. Cruzaba tierras agrestes y peligrosas, pero ten√≠a intercaladas poblaciones pac√≠ficas, donde una caravana pod√≠a detenerse a descansar, contratar gu√≠as locales o pedir informes, e incluso conseguir los servicios de m√©dicos y herreros.

¬†Desde el punto de vista del colono, que viaja sin prisa con su familia, era netamente superior a las rutas de Oreg√≥n y California, m√°s cortas pero m√°s hazarosas, que los colonos norte√Īos ven√≠an usando. En ellas y saliendo de Westport (Missouri), o Leavenworth (Territorio de Kansas), la caravana viajaba una enorme distancia en mitad de la nada hasta alcanzar el tambi√©n semi-despoblado Oreg√≥n o, torciendo al Sur, cruzar enormes monta√Īas o dar un interminable rodeo para llegar a California.

¬†El c√°lculo de los sure√Īos era que,¬† siendo ahora California con mucho el destino m√°s deseable, casi todos los colonos, incluyendo los del Norte, utilizar√≠an el Sendero de la Mariposa, muchos se quedar√≠an por el camino y, en conjunto, acabar√≠an creando¬† Estados al Sur de los 36 grados 30 minutos de latitud.

¬† Pero sus c√°lculos se fueron al traste cuando, apenas seca la tinta del Tratado de Guadalupe Hidalgo, se encontr√≥ grandes cantidades de oro en California. En el acto, en la famosa Fiebre del Oro californiana, un ej√©rcito de aspirantes a millonario se puso en marcha hacia all√≠. Y √©stos¬† no eran colonos con sus familias, sino hombres solos¬† espoleados por la codicia, cuya √ļnica consideraci√≥n era la prisa. Much√≠simos llegaban en barcos, dando la vuelta al continente americano o desembarcando en la Costa de los Mosquitos para cruzar el istmo de Panam√° y reembarcarse en la costa del Pac√≠fico, Y cuantos llegaban por tierra lo hac√≠an por la ruta m√°s r√°pida, por el Norte y cruzando las monta√Īas, (donde cierta proporci√≥n de ellos se dejaron la vida).

¬†Y aqu√≠ naufragaron las esperanzas del Sur porque, con decenas de miles de hombres utilizando anualmente esta ruta, no hubo m√°s remedio que protegerla con puestos militares y acuerdos con los indios, y aparecieron puntos de servicio a lo largo de su recorrido. Con lo que, siendo la m√°s corta, devino pronto segura, y se convirti√≥ tambi√©n en la favorita de los colonos. Y, aun antes de que este contratiempo llegara a cristalizar, la Fiebre del Oro californiana cre√≥ una situaci√≥n a√ļn m√°s alarmante para los sure√Īos.

¬†En efecto, la primera gran invasi√≥n de buscadores de oro se produjo ya en 1849, (de lo que se apodar√≠a a los buscadores veteranos ‚Äúfortyniners‚ÄĚ), y un censo de ese a√Īo revel√≥ que, con tan masivas llegadas, California ya pose√≠a suficiente poblaci√≥n blanca para ser aceptada como Estado de la Uni√≥n, cosa que los ‚Äúnuevos californianos‚ÄĚ solicitaron de inmediato. Pero ocurr√≠a que casi todos los reci√©n llegados proced√≠an del Norte, o de Europa, (donde la esclavitud era ya una instituci√≥n tan olvidada como el sombrero de tres picos y el culott), y California iba a ser un estado libre, rompiendo al fin aquella paridad en el Senado tan celosamente guardada por el Sur durante sesenta a√Īos.

¬†Los sure√Īos se opusieron desesperadamente a esa entrada, alegando que la famosa l√≠nea de latitud cruzaba California, y que por tanto hab√≠a dos Estados, libre y esclavista. S√≥lo que como el oro estaba al norte de la l√≠nea, toda la poblaci√≥n nueva se encontraba en esa zona; adem√°s estos nuevos pobladores consideraban el sur del territorio su despensa, (el oro no se come), y se negaban a verse separados de ella por una frontera que no hab√≠a existido bajo M√©jico.

¬†Henry Clay, ahora prohombre del Partido Whig, (la oposici√≥n a los dem√≥cratas), trataba de que la decisi√≥n fuera dejada a los californianos, para lo que hab√≠a lanzado el lema ‚ÄúSoberan√≠a Popular‚ÄĚ. John Calhoun, fren√©tico, volv√≠a a poner sobre el tapete la idea de la Secesi√≥n. Tambi√©n elabor√≥ el contralema de ‚ÄúSoberan√≠a Ilegal‚ÄĚ para oponerlo al de Clay, pero sin √©xito. (Trataba de resaltar que, como reci√©n llegados no asentados, los nuevos californianos no hubiesen tenido voto en casi ning√ļn Estado avanzado, pero todo el mundo sab√≠a que esas reglas no sol√≠an aplicarse en las zonas fronterizas, donde Calhoun y su grupo hab√≠an sido los primeros en hacer su antojo apoy√°ndose en el voto de ‚Äúreci√©n llegados no asentados‚ÄĚ).

¬†Complicando a√ļn m√°s las cosas para el Sur, la c√≠nica manipulaci√≥n del Presidente para llegar a la guerra con M√©jico hab√≠a desprestigiado en el Norte al Partido Dem√≥crata, haci√©ndole perder tantos votos que los Whig acababan de obtener una holgada victoria en las elecciones de 1848. No es que el Partido Whig fuera abolicionista, (lo que quedaba para el extremista Free Soil), y hab√≠a tratado de parecer a√ļn m√°s moderado llevando como candidato a la Presidencia al General Zachary Taylor, que aparte de ser ya un h√©roe nacional, pose√≠a grandes plantaciones y muchos esclavos en Louisiana. Pero, como muchos militares, Taylor result√≥ ser decididamente opuesto a la Secesi√≥n.

Zacary Taylor

Zachary Taylor, que acababa de tomar posesi√≥n de su cargo en 1849, era un tipo pintoresco, que en campa√Īa compaginaba a menudo una vieja levita de uniforme con el resto del atuendo de un granjero acomodado, (sombrero de paja, chaleco rojo y pantal√≥n de mil rayas), y para colmo, montaba muchas veces a la amazona, objetando que con sus cortas piernas el montar a la jineta le era muy inc√≥modo. Pero su pintoresco aspecto no le imped√≠a irradiar energ√≠a. Inquirido sobre la cuesti√≥n californiana, repuso que deb√≠a ser una decisi√≥n de los californianos, y cuando el grupo de Calhoun amenaz√≥ con la Secesi√≥n, bram√≥ que si intentaban tal cosa se pondr√≠a al frente del Ej√©rcito, invadir√≠a el Sur y se encargar√≠a personalmente de hacer ahorcar a cada uno de ellos.

Esta violenta reacci√≥n hizo m√°s por aquietar a los sure√Īos que todos los racionamientos jur√≠dicos y apelaciones pol√≠ticas anteriores, y se puede uno preguntar si una larga presidencia de Taylor, (digamos los ocho a√Īos de dos mandatos), no hubiese evitado muchos males a su Patria, ya que sin duda era un hombre id√≥neo para la situaci√≥n. Pero Taylor no lleg√≥ a cumplir ni la mitad de su primer mandato, muriendo en 1850 y siendo sustituido por el ex-Vicepresidente Millard Fillmore. Y, desde luego, este no era el hombre id√≥neo para la situaci√≥n.

¬†Fillmore era del tipo reaccionario sin agallas, a los que le horrorizaba la idea de¬† tener que liderar un pa√≠s en guerra civil, y nos tememos que m√°s a√ļn por tener que hacerla contra ‚Äúgente bien‚ÄĚ, a la que¬† estaba seguro de pertenecer. Los sure√Īos le calibraron de inmediato, y su coro de protestas y amenazas de secesi√≥n subi√≥ de nuevo varias octavas.

¬†Pero los sure√Īos moderados, a√ļn fuertes y numerosos, tem√≠an que los extremistas de Calhoun, a los que llamaban ‚Äúfire-eaters‚ÄĚ, les llevaran demasiado lejos. Sobre todo ten√≠an un santo respeto por el Ej√©rcito, que¬† tras la reciente Guerra de M√©jico¬† conservaba en filas 29.000 hombres, y estaba lleno de confianza y en la c√ļspide de su efectividad y bajo el mando de Winfield Scott, tan antisecesionista como Taylor. As√≠ que contactaron con Fillmore, ofreci√©ndose para contener ellos mismos a los ‚Äúfire-eaters‚ÄĚ, si el Presidente les daba algo que pudiera interpretarse como una victoria neta para el Sur. Y se acord√≥ que tal regalo fuese una ley de extradici√≥n de esclavos fugitivos, que el Sur reclamaba desde hac√≠a a√Īos, y se denomin√≥ Fugitive Slave Law.

¬†Su apoyo legal era el Art√≠culo IV, Secci√≥n II, P√°rrafo 3 de la Constituci√≥n: ‚ÄúNinguna persona obligada a servicio o trabajo en un Estado bajo sus leyes y que escape a otro podr√°, en consecuencia de alguna ley o regulaci√≥n de este otro, ser dispensada de tal trabajo o servicio, sino que deber√° ser devuelta a petici√≥n de la parte a la que tal servicio o trabajo debe ser prestado‚ÄĚ.

¬†No era perfecto, pues se pod√≠a preguntar hasta que punto la condici√≥n civil de esclavo pod√≠a describirse como tan solo una ‚Äúobligaci√≥n de prestar servicio o trabajo‚ÄĚ, y sobre todo era dudoso que los esclavos de color, (sin derechos reconocidos), fueran ‚Äúpersonas‚ÄĚ ante la Ley. Cierto que seguramente, como dec√≠an los sure√Īos, el P√°rrafo hab√≠a sido redactado pensando entre otros casos en los esclavos. Pero en todo caso parec√≠a referido a esclavos con cierto estatus civil del que los africanos de la plantaci√≥n sure√Īa carec√≠an. (Recu√©rdese que, en el Siglo XVIII, hab√≠a esclavos blancos, que lo eran a t√≠tulo temporal)

¬†Pero lo peor era que la Fugitive Slave Law iba mucho m√°s lejos, con imposiciones abusivas en la tradici√≥n del derecho anglosaj√≥n. As√≠, establec√≠a una presunci√≥n de que el hombre se√Īalado por el ‚Äúcazador‚ÄĚ era el esclavo fugitivo, oblig√°ndole a aqu√©l a probar lo contrario, ¬°y hasta establec√≠a penas para los que ayudaran a los esclavos en territorio libre!. (Es decir, que los Estados libres deb√≠an castigar a sus propios ciudadanos por realizar actividades legales en su reglamentaci√≥n).

¬†Era una rendici√≥n simb√≥lica del Norte, y cuando el virginiano James Murray Mason la present√≥ ante las C√°maras fue objeto de vivo debate. Se destacaron argumentando a su favor el viejo orador Daniel Webster¬† y el ‚Äúnuevo valor‚ÄĚ dem√≥crata Stephen Arnold Douglas, de Illinois, y en su contra Henry Clay y otro ‚Äúnuevo valor‚ÄĚ, pero whig, William Henry Seward, de New York. Pero el grueso del Partido Dem√≥crata, aliado con Fillmore y la parte de los Whig que segu√≠a incondicionalmente a √©ste, formaron rodillo logrando, aun por un margen no tan amplio, su aprobaci√≥n.

¬†Y, en efecto, armados con √©ste regalo para el Sur, los moderados sure√Īos lograron aislar a los seguidores de Calhoun, retomando al menos moment√°neamente las riendas de la pol√≠tica sure√Īa y permitiendo pac√≠ficamente la aceptaci√≥n de California como trigesimoprimer Estado, libre, en 1851. (Y ello pese a que el propio Calhoun, enfurecido, sigui√≥ jugando la baza de la Secesi√≥n hasta el √ļltimo minuto).

¬†Se ha dicho por ello, y es posiblemente cierto, que la Fugitive Slave Law retras√≥ diez a√Īos el inicio de la Guerra Civil. Pero es menos claro que fuera para bien. Seguramente en 1851, con un Ej√©rcito mucho m√°s potente, unido y preparado para la intervenci√≥n r√°pida, y un Sur m√°s dividido, (es dudoso que Virginia y su √°rea de influencia hubiesen secundado la rebeli√≥n, y aun en el Deep South los secesionistas hubieran encontrado m√°s problemas), la Secesi√≥n hubiese sido abortada con mucha mayor rapidez y con una modesta efusi√≥n de sangre.

¬†De hecho, la Fugitive Slave Law tampoco fue de mucha ayuda a la instituci√≥n esclavista. Cre√≥ dificultades a las redes de fuga de esclavos que funcionaban desde el Norte, pero √©stas s√≥lo drenaban unos cientos de esclavos al a√Īo, que la econom√≠a sure√Īa era bien capaz de sustituir. Y en cambio le hicieron perder su aspecto de asunto ajeno a los Estados norte√Īos, que hab√≠a sido su mejor baza, al humillar sus leyes y llevar la caza del hombre a sus propias calles.

¬†El ciudadano del Norte se sinti√≥ humillado y, aunque parte de la agresividad resultante se desvi√≥ contra los abolicionistas y los mismos negros, (dando lugar a un aumento del racismo en el Norte), la suficiente encontr√≥ un objetivo m√°s l√≥gico, aumentando a√ļn m√°s el sentimiento antiesclavista y antisure√Īo.

¬†En ese contexto se public√≥ a poco la famosa novela de Harriet Beecher Stowe¬† ‚ÄúLa Caba√Īa del T√≠o Tom‚ÄĚ. Tan s√≥lo era un novel√≥n dram√°tico, de los que por entonces ocupaban el hueco que a fines del Siglo XX llenan las teleseries. Y si el g√©nero dio obras excelentes, (pi√©nsese en Dickens y V√≠ctor Hugo), aqu√©lla no era una de ellas. Pero conect√≥ con el ambiente social y su √©xito, seguido del de innumerables espect√°culos teatrales basados en ella, est√° inextricablemente unido a la atm√≥sfera de aquellos a√Īos. (Aunque su importancia en el clima de tensi√≥n que llev√≥ a la guerra se ha exagerado, siendo sin duda m√°s una consecuencia que una causa de aqu√©l).

¬†La novela pintaba un Sur ultra dramatizado y muy de guardarrop√≠a, pero en conjunto menos falso que la imagen de perezosos negros cantando mientras recogen el algod√≥n bajo la mirada paternal del ‚Äúmassa‚ÄĚ, que el Sur pretend√≠a vender, y aun hoy vende, con cierto √©xito al exterior y a s√≠ mismo.

 Lo cierto es que muchos esclavos deseaban huir, y las cadenas y los guardianes con que se les trasladaba de una plantación a otra no eran de adorno. Y si en el Sur real no eran frecuentes los látigos cayendo sobre las turgentes espaldas de bellas mulatas, sí existía un activo mercado de negritas en la pubertad, compradas para ser adiestradas, y luego explotadas, en ciertos burdeles, sobre todo en New Orleans.

John Caldwell Calhoun

Varios protagonistas de los debates de la Fugitive Slave Law murieron a poco, incluyendo a Henry Clay, Daniel Webster y el legendario John Caldwell Calhoun. Y, si no muerto, qued√≥ herido de muerte en aquellos debates el propio Partido Whig. Los whigs, desprestigiados y con su ala izquierda pas√°ndose en bloque al Free Soil, obtuvieron en las elecciones de 1852 pocos m√°s votos que √©ste, pese a presentar como candidato a la Presidencia a otro ‚Äúmiles gloriosus‚ÄĚ, el General Winfield Scott.

¬† As√≠ la victoria fue, f√°cilmente lograda por los dem√≥cratas, cuyo candidato presidencial era uno de los segundos de Scott en M√©jico, el General Franklin Pierce. Se trataba de un caballero culto y amante del arte cl√°sico pero que, pese a ser de Nueva Inglaterra,¬† sustentaba ideas tan pr√≥ximas a las de los fire-eaters sure√Īos que, durante la Guerra Civil, ser√≠a miembro de la sociedad ‚ÄúKnights of the Golden Circle‚ÄĚ, cuyas actividades rozaron repetidamente la alta traici√≥n.

¬†Los norte√Īos de 1853 prefirieron sin embargo atribuir su debilidad ante el Sur a la cobard√≠a, y le aplicaron el ep√≠teto de ‚ÄúCara-de-Masa‚ÄĚ, con el que ya hab√≠an escarnecido a Fillmore. (Se le supon√≠a descriptivo de la forma en que la¬† cara¬† de individuos como Fillmore y Pierce palidec√≠an, ‚Äútomando color de masilla‚ÄĚ, ante las jactancias sure√Īas). De todas formas, Pierce apenas era sino un ‚Äúmascar√≥n de proa‚ÄĚ norte√Īo para una Administraci√≥n en que tanto las Secretar√≠as, (Ministerios estadounidenses), como las Comisiones de las C√°maras, estaban dominadas no ya por sure√Īos, sino por verdaderos¬† fire-eaters. En efecto, ante el crecimiento del Free Soil y el abandono del Partido Dem√≥crata de parte de su ala izquierda norte√Īa, pasada al partido extremista, los dem√≥cratas se hab√≠an agrupado bajo el dominio de sus secciones del Sur donde a la vez, los fire-eaters hab√≠an aprovechado la creciente tensi√≥n creada por la Fugitive Slave Law entre Norte y Sur para desplazar de nuevo a los moderados.

¬†De estos fire-eaters destacaba ya el Secretario de Defensa Jefferson Davis.¬† Nacido en Kentucky y criado en Mississippi, de familia de plantadores, hab√≠a pasado por el Ej√©rcito, abandon√°ndolo por diferencias irreconciliables con Zachary Taylor. (Se hab√≠a casado, contra la voluntad del¬† padre, con una jovenc√≠sima hija de Taylor, que muri√≥ al primer parto, de lo que el General le hac√≠a responsable). Despu√©s se convirti√≥ en un gran plantador en Mississippi y, desde 1845, obtuvo un esca√Īo en el Congreso y volvi√≥ a casarse con Varina Howell, de la mitad de su edad, pero poseedora de un cerebro bien amueblado.

Para la Guerra de Méjico creó y mandó un regimiento de milicia montada, los Mississippi Mounted Rifles, de los poquísimos que usaron en ella los nuevos fusiles rayados de percusión. Hizo un excelente papel a su frente en la Batalla de Buena Vista, la más difícil de la guerra. Y se proyectó a la gloria tras ella cuando, al ofrecerle el Ejército un despacho de Brigadier por su comportamiento, lo rechazó, alegando que como oficial de la Milicia de Mississippi sólo podía aceptar ascensos de ésta.

 En realidad, estos pasos de la Milicia al Ejército eran habituales, pero los fire-eaters estaban haciendo propaganda sobre la soberanía e independencia de los Estados, y la actitud de Davis casi los derritió de satisfacción. En el acto le obtuvieron el nombramiento de Mayor General de la Milicia de Mississippi y le convirtieron en su héroe.

 Siendo hombre más bien seco, y no precisando demostrar nada, Jefferson Davis prescindió del típico verbo inflamado de los fire-eaters, ganando fama de hombre serio, y hasta de moderado  respecto al movimiento. Sin darse cuenta, (él más bien se veía como cabeza de su aparato militar), estaba dando los primeros pasos hacia la Presidencia de un futuro e hipotético Sur independiente.

¬†Al tiempo, en la d√©cada de 1850 la industrializaci√≥n norte√Īa avanzaba, mientras los ferrocarriles iban tendiendo una tela de ara√Īa met√°lica por las regiones civilizadas de la Uni√≥n. Ahora el Norte atra√≠a ya casi toda la emigraci√≥n, que en aquellos a√Īos se estaba volviendo masiva, aunque por primera vez compuesta esencialmente de gentes extranjeras: irlandeses cat√≥licos y centro y norte europeos, (en su mayor√≠a alemanes), que si hablaban el ingl√©s lo¬† hac√≠an con un pesado acento.

 Los irlandeses huían de la hambruna que había seguido en su país, convertido por el dominador inglés en un monocultivo de patatas, a la primera plaga del escarabajo de la patata americano. Los alemanes, y otros europeos continentales, de la cerrazón del horizonte político que sucedía en Europa al fracaso de las revoluciones de 1848.

¬†Y, a la vez, la maduraci√≥n de las revoluciones industriales de varias naciones estaba produciendo la expansi√≥n de sus mercados, que se traduc√≠a en una nueva expansi√≥n de sus industrias textiles y una nueva alza de la demanda mundial de algod√≥n. As√≠, los precios internacionales del algod√≥n, estabilizados por unos a√Īos, crec√≠an de nuevo para contento del Sur.

¬†Ante esta situaci√≥n los fire-eaters sure√Īos, que justo tras la muerte de Calhoun, se encontraban con m√°s poder en sus manos del que seguramente hab√≠an llegado a so√Īar, hac√≠an frente a un dilema: ¬ŅEmpleaban tal poder para preparar la Secesi√≥n, como su desaparecido l√≠der hubiese probablemente preferido, o intentaban aplicarlo a renovar las bases de su dominio, buscando por ejemplo la forma de lograr el ingreso en la Uni√≥n de¬† otro Estado esclavista, restableciendo la paridad en el Senado?

 Intentaron jugar ambos palos. De un lado se insistió en predicar en el Sur la palabra de Calhoun, hasta que el derecho de Nulificación y la presunta tiranía de las acciones contra los Estados secesionistas fueron allí tan conocidos, (y probablemente menos críticamente aceptados), como el Catecismo en un país católico. Y a la vez Jefferson Davis usaba su cargo para desmenuzar el Ejército Federal.

¬†Entretanto, otros miembros de la administraci√≥n buscaban su Estado esclavista como Di√≥genes buscaba un hombre. En el exterior, tratando de arrebatar a Espa√Īa la esclavista Cuba, o ‚Äúpreparar‚ÄĚ para ello alg√ļn peque√Īo pa√≠s centroamericano. En el interior y a largo plazo, tratando de revitalizar el Sendero de la Mariposa, y a corto con la chapucera faena que acabar√≠a dando lugar al esc√°ndalo de Kansas. Al ir fracasando unos tras otros esos planes, la suerte de la Uni√≥n qued√≥ decidida.

¬†Aqu√≠ hemos de dar fin a este primer cap√≠tulo. Hemos visto en √©l como se form√≥ la Uni√≥n, superando las primeras diferencias. Y hemos visto tambi√©n c√≥mo √©stas, lejos de diluirse como se hab√≠a esperado, se iban ampliando a causa de la diferente forma en que una y otra parte del pa√≠s se adaptaban al fen√≥meno industrial: el Sur, convirti√©ndose en productor de materias primas, y el Norte tratando de industrializarse a su vez. Y hemos visto, en consecuencia, como la peque√Īa fisura abierta en la Crisis de Missouri se iba ampliando, en especial desde el intento de secesi√≥n surcarolino, para volverse una ancha grieta, precursora del terremoto, con la Fugitive Slave Law. Ahora, con el poder en manos del grupo menos interesado en mantener la Uni√≥n, el desastre era s√≥lo cuesti√≥n de tiempo.



Actualizado ( Domingo, 07 de Diciembre de 2008 17:56 )
 

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