La Guerra Civil Americana - 2ª Parte PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Lee   
Viernes, 12 de Septiembre de 2008 14:25

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Capítulo V: Washington En Peligro

Como hemos indicado al fin del anterior capítulo, el 17 de Abril de 1861 la Secesión dio un importante paso hacia su definición final. Lo más importante fue que el Gobernador de Virginia, John Letcher, informó de que el Legislativo virginiano, reunido en sesión permanente desde dos días antes, acababa de aprobar un Acta de Secesión. Al estilo virginiano, ésta había de ser ratificada en referéndum, pero nadie que conociese la fanática fidelidad de los virginianos a sus instituciones podría dudar del resultado de dicho referéndum.

Era la noticia que los confederados estaban esperando. Porque, pese a alg√ļn despego por parte de los surcarolinos, que siempre hab√≠an rivalizado con los virginianos por el liderazgo del Sur, y afectaban poco inter√©s por sus actitudes, el grueso de los secesionistas comprend√≠a que un Sur sin Virginia resultar√≠a cojo. Hac√≠an falta sus cuadros, su poblaci√≥n numerosa y disciplinada, y desde luego su industria. Pues era el Estado sure√Īo m√°s industrializado, con una buena parte de la capacidad de producci√≥n sure√Īa, incluyendo la Tredegar Iron Works, √ļnica siderurgia de todo el Sur capaz de producir metal de calidad.

Además su enorme prestigio conduciría automáticamente a la Secesión a Arkansas y Tennessee, que ya tenían un pié puesto en ella, y tras ellos a North Carolina, muy influida por Virginia y que, además de tener un Gobernador totalmente fire-eater, quedaría así rodeada de Estados secesionistas. Y este empujón hacia el Norte del bloque confederado pondría de inmediato en el disparadero la cuestión de la Secesión para Missouri, Kentucky, Maryland y el Distrito Federal.

Por eso era que incluso un patriarca fire-eater como William Lowdes Yancey, se había apartado de buen grado de las posiciones de poder para dar un toque de moderación, (atractivo para los virginianos), al Gobierno de Montgomery. (Hemos de reconocer sin embargo que su algo menos astuto equivalente surcarolino, Robert Barnwell Rhett, quedó bastante indignado al descubrir que la política de excluir de los puestos decisivos a los fire-eaters veteranos le incluía a él).



Una segunda mano tendida para ganarse a Virginia hab√≠a sido el prohibir que la Confederaci√≥n se involucrase en la trata de negros. Desde luego, la medida era en parte una precauci√≥n para no poner en una situaci√≥n delicada a Inglaterra, principal cliente del algod√≥n sure√Īo y a la vez el m√°s feroz enemigo de la trata. Pero ocurr√≠a que siendo Georgia y South Carolina, regiones donde los esclavos eran deficitarios, varios de los Estados esclavistas m√°s norte√Īos, como North Carolina, Kentucky y sobre todo Virginia, se hab√≠an convertido en exportadores de tales esclavos a un precio de unos 2000$ de la √©poca. Y por tanto la medida convert√≠a tambi√©n la econom√≠a del Deep South en m√°s inequ√≠vocamente complementaria de la de Virginia y su zona de influencia.

A este respecto debe tenerse en cuenta que la medida requiri√≥ una decisi√≥n en√©rgica, pues desde antes de las elecciones, la mayor√≠a de la prensa fire-eater hab√≠a anunciado la reanudaci√≥n de la trata como algo inminente. Eso fue parte de una org√≠a de las patrioteras a todo lo sure√Īo que inclu√≠an ditirambos sin cuento sobre la solidez y riqueza del ‚ÄúRey Algod√≥n‚ÄĚ, sarcasmos y consejos sobre los problemas de la sociedad industrial, (se lleg√≥ a aconsejar muy seriamente a los norte√Īos que convirtiesen a los obreros industriales en siervos de las f√°bricas), y otros excesos. El principal defensor pol√≠tico de la reanudaci√≥n de la trata en las C√°maras hab√≠a sido el fire-eater John Slidell, (por cierto, norte√Īo por nacimiento).

Y lo √ļltimo en los acercamientos de la Confederaci√≥n de Montgomery a Virginia hab√≠a sido ofrecerla la capitalidad si se un√≠a a la rebeli√≥n. O m√°s bien lo ante√ļltimo, porque finalmente, el bombardeo de Fort Sumter no hab√≠a sido sino una tortuosa forma m√°s de acercamiento. Se hab√≠a calculado que una acci√≥n tan violenta obligar√≠a al Gobierno Federal a adoptar medidas militares y √©stas obligar√≠an a su vez a Virginia a elegir su bando. El c√°lculo de los secesionistas no err√≥ en cuanto a cu√°l iba a ser el bando elegido. Pero s√≠ err√≥ y por amplio margen, al pensar que el bastante ca√≥tico Norte no ser√≠a capaz de adoptar medidas militares realmente peligrosas, o a hacerlo durante mucho tiempo.

J√ļzguese por tanto con qu√© entusiasmo se acogi√≥ en la Confederaci√≥n la noticia el d√≠a 17 de Abril, la Secesi√≥n de Virginia. Muchos creyeron incluso que el Norte no se atrever√≠a ya a seguir por la senda de la guerra. Y el propio Secretario de Guerra Confederado reflej√≥ ese entusiasmo cuando, al final de un florido discurso en que saludaba a la bandera confederada que ondeaba ahora sobre Fort Sumter, a√Īadi√≥ que as√≠ era como esperaba verla ondear sobre Washington antes del 1 de Mayo. Jefferson Davis rechin√≥ los dientes, considerando esa frase una indiscreci√≥n y una jactancia del Secretario Leroy Pope Walker. Y no le faltaba raz√≥n.

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Mientras, las autoridades virginianas actuaban ya como si la Secesi√≥n de su Estado fuera un hecho. As√≠, aquel mismo d√≠a 17, el Coronel William Booth Taliaferro, joven ex-of√≠cial del Ej√©rcito, se present√≥ al frente de una peque√Īa pero selecta fuerza de milicianos en Norfolk, en la orilla Sur del estuario de las Hampton Roads y junto al Gosport Navy Yard, el mayor arsenal de la U.S. Navy, all√≠ situado.

El Comandante del arsenal era el Flag Officer Charles S. McCauley que enga√Īado por lo reducido de la tropa de Taliaferro, y por las seguridades que le daban parte de sus oficiales, ‚Äútocados‚ÄĚ por los rebeldes, no crey√≥ preciso tomar ninguna precauci√≥n especial, entendiendo la llegada de las milicias como una baladronada. Sin embargo, el Arsenal era una presa capaz de despertar codicia. En primer lugar, en sus muelles estaban surtos, en reserva, en reparaciones o utilizados en funci√≥n de acomodaci√≥n, la fragata de h√©lice ‚ÄúMerrimack‚ÄĚ y hasta 11 veleros, la mayor√≠a de gran porte. Eran √©stos los buques de l√≠nea de puentes ‚ÄúColumbus‚ÄĚ, ‚ÄúDelaware‚ÄĚ, ‚ÄúNew York‚ÄĚ, (terminado y colocado en su rampa de botadura, pero no botado y en reserva), y ‚ÄúPennsylvania‚ÄĚ, las fragatas de cincuenta ca√Īones ‚ÄúColumbia‚ÄĚ, ‚ÄúRaritan‚ÄĚ y ‚ÄúUnited States‚ÄĚ, los sloops de vela ‚ÄúCumberland‚ÄĚ, ‚ÄúGermantown‚ÄĚ y ‚ÄúPlymouth‚ÄĚ, y el bergant√≠n ‚ÄúDolphin‚ÄĚ. Y el Arsenal guardaba adem√°s en sus entra√Īas m√°s de 2.000 ca√Īones, incluyendo 300 ‚ÄúDahlgreen‚ÄĚ navales pesados de 9 y 10 pulgadas, y una incre√≠ble cantidad de velamen, cordaje, anclas, recambios de maquinaria e instrumentos variados.

Los mismos Lincoln y Welles no eran tan optimistas como McCauley y varios d√≠as antes, a la vez que hac√≠an zarpar la flotilla para Fort Sumter, hab√≠an enviado al Gosport Navy Yard a dos expertos: el Ingeniero del Departamento de Vapor de la Marina Benjam√≠n Isherwood, para tratar de poner a punto los buques y enviarlos hacia el Norte, y el Capit√°n del Cuerpo de Ingenieros del Ej√©rcito Horatio Gouverneur Wright, experto en voladuras, encargado de disponer de lo que no se pudiese evacuar. Pero el "optimista" McCauley no quer√≠a o√≠r decir que ‚Äúsu‚ÄĚ base corr√≠a peligro y pon√≠a a la misi√≥n de ambos hombres, ya casi imposible por lo ingente, toda clase de dificultades.

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As√≠ el 17, y cuando Isherwood quiso hacer zarpar a los buques ‚ÄúMerrimack‚ÄĚ, ‚ÄúGermantown‚ÄĚ, ‚ÄúPlymouth‚ÄĚ y ‚ÄúDolphin‚ÄĚ, con reparaciones de fortuna y tripulaciones m√≠nimas. McCauley se opuso, alegando que era muy peligroso enviarlos as√≠ a la mar y que la base era en realidad segura. Por cierto, su t√≠tulo, (que no grado), de Flag Officer, (literalmente ‚ÄúOficial de Bandera‚ÄĚ), era la expresi√≥n estadounidense que desde la Independencia y por cierto purismo revolucionario, sustitu√≠a a los Comodoros y Almirantes de otras marinas. Traducido a veces impropiamente por ‚ÄúComodoro‚ÄĚ, implicaba que su tenedor no era sino un Capit√°n que, por alg√ļn tiempo, hab√≠a tenido a su mando un puesto o flotilla importante, teniendo derecho a izar en su m√°stil la bandera del mando. Con el fuerte crecimiento de las flotas provocado por la Guerra Civil, esta peculiaridad de la U.S. Navy no sobrevivir√≠a mucho m√°s de un a√Īo.

A la vez que Taliaferro se dirig√≠a al Gosport Navy Yard, el Mayor General de la milicia virginiana Kenton Harper, sub√≠a el Valle del Shenandoah, agrupando a su paso dos brigadas de ‚Äúminutemen‚ÄĚ y milicias locales, bajo sus subordinados los Brigadieres Carson y Meem, prepar√°ndose para apoderarse del Arsenal del Ej√©rcito de Harper‚Äôs Ferry.

A la vez, en Montgomery, el Presidente Jefferson Davis replicaba a las medidas adoptadas por Lincoln dos d√≠as antes, anunciando que la Confederaci√≥n conceder√≠a patentes de corso, (‚Äúletters of marque and reprisal‚ÄĚ, en ingl√©s), a cuantos buques desearan hacer la guerra a la navegaci√≥n norte√Īa financi√°ndose mediante la obtenci√≥n de bot√≠n. Esta medida, muy pol√©mica al llevar el corso en desuso casi medio siglo, dio el resultado de que unos 25 buques atacar√≠an en incursiones a la navegaci√≥n federal, o navegar√≠an bajo patente de corso, aquel a√Īo de 1861. No todos resultaron efectivos, y aproximadamente otros quince buques obtuvieron su patente para no navegar luego nunca bajo ella.

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Precisamente las dos primeras patentes solicitadas, el mismo 18 de Abril, iban a ser casos de √©ste g√©nero. La primera fue para el ‚ÄúGallatin‚ÄĚ, cutter armado con dos ca√Īones ligeros y muy vieja. (Botada hacia 1830, hab√≠a sido uno de los buques enviados por Andrew Jackson a Charleston cuando el intento surcarolino de Secesi√≥n de 1832). Habiendo pertenecido a la Marina, a la Revenue Marine y al Coast Survey hab√≠a sido, como recordaremos, secuestrada de √©ste √ļltimo servicio por el Estado de Georgia en Savannah. Luego se la hab√≠a vendido a cinco socios y √©stos, creyendo tener una especie de buque de guerra entre manos, se apresuraron a pedir una patente de corso para ella. Pero se encontraba evidentemente en mucho peor estado de conservaci√≥n de lo que sus nuevos due√Īos hab√≠an cre√≠do, y no llegar√≠a a navegar nunca como corsario. Probablemente acab√≥ en el desguace, quiz√° tras hacer alguna singladura de cabotaje.

La segunda patente fue para el peque√Īo y s√≥lido bergant√≠n ‚ÄúHallie Jackson‚ÄĚ, del naviero hispano, tambi√©n de Savannah, B. S. S√°nchez. Este hombre, secesionista entusiasta, lo hab√≠a enviado a un viaje comercial a Matanzas, (Cuba), donde fue el primer buque que entr√≥ en un puerto extranjero luciendo la bandera de Montgomery. Y en Matanzas se hallaba cuando la patente fue solicitada y concedida. Desgraciadamente, hab√≠a salido en los peri√≥dicos por el asunto de la bandera, y volvi√≥ a hacerlo por la patente de corso. En una palabra, llam√≥ demasiado la atenci√≥n y, cuando ya en Mayo dej√≥ Matanzas de vuelta a Savannah, encontr√≥ esper√°ndole a un vapor armado r√°pido, de 1.114 Tn, que la U.S. Navy hab√≠a movilizado, el ‚ÄúUnion‚ÄĚ, que lo apres√≥ antes de que comenzase su carrera de corsario.

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Fueron sin embargo los confederados los que realizar√≠an el primer apresamiento en el mar, y precisamente el mismo 17 de Abril. Ese d√≠a nuestro viejo conocido el vapor ‚ÄúStar of the West‚ÄĚ, que era por cierto un vapor de ruedas laterales de 1.176 Tn y contratado de nuevo como ‚Äúcharter‚ÄĚ, se dedicaba a sacar de Texas los √ļltimos soldados federales del disuelto mando del Brigader Twiggs, fue capturado a lo largo de Indianola por el vapor ‚ÄúGeneral Rusk‚ÄĚ, de 750 Tn y perteneciente al Texas Marine Department, al que ya hab√≠amos visto en acci√≥n en Febrero.

Mientras, en Washington, a Lincoln, Scott y Welles no se les escapaban los peligros que ofrec√≠a la situaci√≥n. De un lado el mismo Distrito Federal, emparedado entre la ya rebelde Virginia y la dudosa Maryland, pod√≠a considerarse en peligro. Se movilizaron para afrontarlo las milicias del Capit√°n Stone y los poqu√≠simos soldados disponibles en la capital, mientras se ordenaba a los primeros regimientos de voluntarios y milicia que fueran siendo movilizados en los Estados norte√Īos acudir inmediatamente a dar guarnici√≥n a Washington.

De otro se apreciaba la peligrosa situaci√≥n en que se encontraba el Gosport Navy Yard. Lincoln y Welles rabiaban por enviar un buque con refuerzos y √≥rdenes, pero, teniendo tan pocos disponibles, ya hab√≠an mandado todos al mar. Se decidi√≥ intentar poner a punto a toda prisa al ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ, que hab√≠a estado sirviendo para acomodaci√≥n precisamente en el Arsenal de Anacostia pero que, encontr√°ndose en muy buen estado y poco alterado, se esperaba poder poner en servicio en menos de 72 horas. Si bien no era en absoluto el ideal, siendo el buque de vapor m√°s ligero de toda la r√≠a, y estando mandado por el Teniente Comandante Willebrown, que dif√≠cilmente podr√≠a imponer los criterios de Washington al Tte. Comandante McCauley.

El 18 de Abril se inici√≥ infaustamente para la Uni√≥n cuando el Teniente Roger Jones, cuyos 40 hombres constitu√≠an la guarnici√≥n de Harper‚Äôs Ferry, tuvo noticia de que una gran masa de hombres armados, (los 2.500 milicianos y ‚Äúminutemen‚ÄĚ que hab√≠a levantado Kenton Harper), avanzaba desde Winchester hacia su arsenal. Lo √ļnico que pudo hacer fue provocar una serie de incendios y grandes explosiones, tratando de destruir todo lo posible del material que le hab√≠a sido encomendado, y escapar a Maryland a trav√©s del puente sobre el Potomac.

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Poco después Harper llegaba al Harper’s Ferry y, con sus hombres y naturales del pueblo, parte de los cuales trabajaban en él, se puso a salvar todo lo salvable de los restos del Arsenal. En realidad y salvo la pólvora, que se perdió casi toda, se pudo rescatar gran cantidad de material y, más importante, las máquinas herramientas de la fábrica de armas adjunta, que serían llevadas a la Richmond Armory de la capital virginiana, y pronto fabricarían fusiles para la Confederación.

Ese mismo día, y a petición de Winfield Scott, Lincoln envió un mensaje al Coronel Robert Edward Lee, que se encontraba de nuevo en su finca de Arlington, ofreciéndole el ascenso a Brigadier y el mando del Ejército unionista del Este, para cuando quedase formado. La elección no parecía mala, pues Lee era intelectualmente partidario de la Unión, por la que había dado la cara en Texas, e incluso moderadamente abolicionista.

‚ÄúThere are few, I believe, in this enlightened age, who will not acknowledge that slavery as an institution is a moral and political evil‚ÄĚ
This letter was written by Lee in response to a speech given by then President Pierce. December 27, 1856

‚ÄúHay pocos, creo, en esta edad culta, quien no reconocer√° que la esclavitud como una instituci√≥n es un mal moral y pol√≠tico‚ÄĚ
Esta carta fue escrita por Lee en respuesta a un discurso dado por el entonces Presidente Pierce. 27 de Diciembre de 1856

(Hab√≠a manumitido a todos los esclavos de sus innumerables fincas salvo un grupo de ellos, heredados por su esposa bajo una cl√°usula cautelar que lo imped√≠a por varios a√Īos, a√ļn sin cumplir). Adem√°s gozaba de fama de soldado en√©rgico y eficaz y ante todo, su elecci√≥n supondr√≠a una condena moral para los secesionistas.

Por desgracia, Lee era tambi√©n un profundo patriota virginiano, y puesto en la tesitura de tener que hacer la guerra a su propio Estado, no pudo soportarlo y dej√≥ Arlington camino de Richmond, para unir su suerte a la de Virginia. Es obvio que fue una decisi√≥n muy ‚Äúsufrida‚ÄĚ, porque antes de marchar envi√≥ una carta explicativa a cada uno de sus tres hijos, todos ellos tambi√©n militares, explic√°ndoles lo que iba a hacer y exort√°ndoles a elegir bando en conciencia, sin dejarse influir por la decisi√≥n que hab√≠a tomado su padre, que subrayaba que no ten√≠a porqu√© ser la m√°s adecuada. El Gobernador Letcher de Virginia, alegre y asombrado, le recibi√≥ con los brazos abiertos.

Las buenas noticias llegaban aquel d√≠a con los telegramas recibidos desde el mando de John Ellis Wool, en Troy, New York. Aparentemente, las fuerzas solicitadas por Lincoln estaban siendo reunidas sin problemas y r√°pidamente. Algunos Estados, como Massachusetts, New York y Pennsylvania, estaban reuniendo en realidad contingentes bastante superiores a los solicitados. Otros, como el peque√Īo Rhode Island, les proporcionaban a sus hombres aut√©nticos extras en el equipo. Y las cosas marchaban tan aprisa que las primeras fuerzas comenzar√≠an a llegar a Washington desde el d√≠a siguiente.

Y las malas llegaban del Gosport Navy Yard donde, inesperadamente, una segunda fuerza de milicias selectas se hab√≠a unido a Taliaferro, procedente de la te√≥ricamente a√ļn no sublevada North Carolina. Adem√°s, aquellos oficiales ‚Äúoptimistas‚ÄĚ, que tanto hab√≠an contribuido a la impreparaci√≥n de McCauley, desaparecieron de golpe, para ir a aparecer del otro lado, junto a las fuerzas de Taliaferro.
El 19 de Abril fue otro de esos d√≠as en que los acontecimientos parec√≠an precipitarse desde varios lugares a la vez. Washington despert√≥ a la ma√Īana ya alarmada, con sus milicianos levantando barricadas ante el peligro de que la fuerza que se hab√≠a presentado la v√≠spera en el Harper‚Äôs Ferry marchara contra ella. Mientras, un amargado Lincoln anunciaba la ampliaci√≥n del bloqueo naval a las costas de North Carolina y Virginia. Y el d√≠a no hab√≠a hecho sino comenzar.

Una buena noticia fue la aparici√≥n inesperada, en los muelles de Anacostia, del sloop ‚ÄúPawnee‚ÄĚ, que fue inmediatamente reaprovisionado, y enviado a Hampton Roads y el Arsenal de Gosport. Excelente sloop de h√©lice, de 1.533 Tn, con 181 hombres de tripulaci√≥n y 10 ca√Īones que inclu√≠an 8 pesados de 9 pulgadas, era mucho m√°s adecuado que el peque√Īo ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ como refuerzo. Y su comandante era el Capit√°n Hiram Paulding, a punto de rebasar la edad m√°xima para mandos en el mar pero agresivo y eficaz, y habiendo ostentado ya a√Īos atr√°s la dignidad de Flag Officer. Sin dudarlo un momento, Lincoln y Welles incluyeron en sus instrucciones que se hiciera cargo del mando del Arsenal.

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Y poco después de cursarse estas órdenes, a media tarde, Washington quedó incomunicado al cortarse todos los enlaces telegráficos. Los secesionistas de Maryland, que llevaban organizándose desde antes de la investidura de Lincoln, habían golpeado al fin.

Estos conspiradores contaban con buena parte del Legislativo estatal, el grueso de los tribunales locales y la parte movilizada de la milicia del Estado, pero eran dolorosamente conscientes de no ser mayoritarios en la calle. Adem√°s ten√≠an enfrente al Gobernador Thomas H. Hicks, aunque √©ste no se atreviera a hacerles frente en forma demasiado p√ļblica. En consecuencia hab√≠an concentrado sus incondicionales en Baltimore, en la idea de provocar un mot√≠n popular al paso de las primeras tropas con destino a Washington. Bajo su cobertura y tom√°ndolo como disculpa, la milicia aislar√≠a Washington y tomar√≠a una posici√≥n de poder desde la que su presi√≥n pod√≠a bastar para lograr un Acta de Secesi√≥n en el Legislativo. El plan era osado, pero con posibilidades de √©xito.

Aquel 19 de Abril, algunas compa√Ī√≠as del 4¬į de Pennsylvania, (que iban a ser las primeras tropas en llegar a Washington), hab√≠an pasado ya por la ciudad sin llamar la atenci√≥n. Pennsylvania hab√≠a considerado que, dada la urgencia de la petici√≥n de tropas de Washington, lo m√°s importante era que los hombres llegaran, y los enviaba sin armas, uniformes ni instrucci√≥n. En Washington sobraban las armas y los uniformes. Pero el mot√≠n se inici√≥ poco despu√©s, al cruzar la ciudad el 6¬ļ de Voluntarios de Massachusetts del Coronel Edward F. Jones, que hab√≠a partido de Boston la ma√Īana del 18, con la ilusi√≥n de ser el primer regimiento que llegara a Washington.

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Ten√≠a entonces Baltimore la peculiaridad de que el tren llegaba de Philadelphia a la estaci√≥n President Street Station, de la que hab√≠a que transbordar a Camden Station situada al otro extremo de la ciudad atravesando Pratt Street para tomar el tren a Washington. Y en el trayecto entre ambas estaciones la vanguardia del regimiento, que marchaba armada, formada y uniformada, claramente identificable como una unidad militar, se encontr√≥ rodeada y acosada por masas vociferantes que gritaban insultos y le arrojaban pellas de barro, a veces con piedras en su interior. Finalmente pas√≥ y embarc√≥ hacia la capital, pero aquella sesi√≥n hab√≠a servido para caldear el ambiente y, a primera hora de la tarde, al iniciar el cruce la retaguardia, llegada en otro tren, las cosas se pusieron a√ļn mucho peor.

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Eran cuatro compa√Ī√≠as, bajo el mando del Capit√°n Albert S. Follansby, que pronto comenzaron a ser bombardeadas con piedras, ya sin ning√ļn disfraz. Y cuando empezaron tambi√©n a sonar tiros, Follansby, muy nervioso, dio orden de replicar al fuego. Una docena de manifestantes cayeron a la primera descarga, y el resto del recorrido fue un calvario, bajo una lluvia de piedras y entre frecuentes intercambios de disparos. El Alcalde George W. Brown, que era s√≥lo d√©bilmente secesionista, se jug√≥ la vida una y otra vez, tratando de interponerse para detener aquella locura, pero cuando la tropa del Capit√°n Follansby alcanz√≥ al fin la Estaci√≥n de Columbia y parti√≥ para la capital, hab√≠a sufrido cuatro muertos y una buena cantidad de heridos.

Y en la ciudad hab√≠a habido 9 muertos, (otras fuentes hablan de 12), y los correspondientes heridos. Ahora los rebeldes ten√≠an sus m√°rtires, y la ciudad estaba en manos de los amotinados. Cuando al anochecer lleg√≥ a la estaci√≥n de Philadelphia el resto del 4¬ļ de Pennsylvania, ni siquiera el ir desarmados y sin uniformar les salv√≥ de la turba. Su tren se vio rodeado y apedreado con tal furia, que pese a ir en vagones cerrados sufrieron bastantes heridos. Finalmente la polic√≠a local y el Comisario Federal George P. Kane lograron detener la agresi√≥n y que se les devolvieran los vagones de equipajes, ya desenganchados. Pero su tren fue obligado a regresar a Philadelphia.

Mientras, los secesionistas, cubri√©ndose con el mot√≠n, cortaban todas las l√≠neas telegr√°ficas e interrump√≠an con voladuras todas las v√≠as f√©rreas que comunicaban Washington con el Norte. Y a la ma√Īana siguiente, el prestigioso Coronel de la Milicia de Maryland Isaac Ridgeway Trimble anunciaba que ‚Äúa causa del mot√≠n‚ÄĚ, sus tropas se dispon√≠an a bloquear Baltimore, lo que significaba que iban a bloquear disimuladamente Washington. (De hecho, sus posiciones y defensas no hac√≠an frente a Baltimore, sino a las rutas provenientes de Pennsylvania, por las que hab√≠a de llegar cualquier ayuda a la capital).

As√≠, el Distrito Federal qued√≥ aislado durante varios d√≠as, quiz√° los m√°s angustiosos de toda la guerra para el Gobierno de la Uni√≥n. Desde luego, con el 6¬ļ de Massachusetts y las compa√Ī√≠as llegadas del 4¬ļ de Pennsylvania, m√°s las milicias de Stone y algunas peque√Īas fuerzas regulares presentes, Washington dispon√≠a de m√°s de 2.000 defensores, demasiados para la mal equipada fuerza de Kenton Harper, sobre todo considerando que el Distrito Federal contaba con abundancia de ca√Īones. El problema era qu√© pasar√≠a si a las milicias de Harper se un√≠an los minutemen de zonas pr√≥ximas como Alexandr√≠a, Arlington, Leesburg y similares, y a su vez se les reforzaba con otras milicias llegadas de m√°s al Sur. Y ante la duda, la capital se llen√≥ de trincheras y barricadas, cre√°ndose blockhaus con ca√Īones en muchos de sus m√°s carism√°ticos edificios p√ļblicos.

El ambiente era pr√≥ximo al p√°nico, y no faltaron voces que aconsejaban la retirada del Gobierno a sitio m√°s seguro. Lincoln, de muy buen acuerdo, no quiso o√≠r hablar de ello. (Esa si que era el tipo de noticia que pod√≠a hacer caer la capital e incluso quiz√°, a la larga, ‚Äúromper‚ÄĚ el esp√≠ritu del Norte y hacerle perder la guerra). Pero, por unos d√≠as, el destino estuvo en la balanza, pendiente de qui√©n organizaba antes sus milicias y enviaba m√°s fuerzas.

Y el vencedor fue claramente el Norte, gracias a la rápida reacción de sus comités militares estatales, y el buen ojo y la capacidad organizativa de John Ellis Wool, que formó un Comité de Defensa. El mismo día 19, Wool ya había decidido crear una fuerza de auxilio con unidades especialmente entrenadas, y estaba enviándoles aviso a las mejor entrenadas disponibles y preparando contratos de chart para su traslado por mar.

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La primera era el 7¬ļ Regimiento de la Milicia de New York, del que una versi√≥n anterior hab√≠a sido una unidad estrella en la Guerra de Mexico, disolvi√©ndose en California a su fin. Recreada en New York City, estaba desde entonces formado por soldados de ciertos medios de fortuna y educaci√≥n superior al promedio, manten√≠a con orgullo sus pr√°cticas de entrenamiento en tiempo de paz, y era la unidad favorita para ser movilizada por los alcaldes de su ciudad y los gobernadores de su Estado en caso de motines y tumultos. Su comandante era el Coronel Marshall Lefferts, y su uniforme gris.

El otro era el 8¬ļ de Voluntarios de Massachusetts, con un uniforme azul m√°s convencional. Hab√≠a sido recientemente creado y financiado por el rico abogado de Boston Benjamin Franklin Butler, que aunque carec√≠a de experiencia militar se hab√≠a ganado as√≠ su coronel√≠a y no parec√≠a hacerlo mal, porque la unidad hab√≠a ganado r√°pidamente fama de bien entrenada y disciplinada.

Sabiendo que, cuando estas tropas llegaran a Maryland, √©l iba a estar muy lejos en New York, Wool las integr√≥ como una peque√Īa brigada, para mandar la cual nombr√≥ Brigadier de Voluntarios a Butler. No es que no confiara en Lefferts, pero sospechaba, (atinadamente), que mucha de la labor del Brigadier iba a tener que ser m√°s de persuasi√≥n que de combate. Y para eso le pareci√≥ preferible dar el mando a Butler, abogado con fama de astuto y marrullero y sujeto muy conservador, que hab√≠a hecho en Massachusetts campa√Īa por la candidatura de Breckenridge. El mando de su regimiento pas√≥ al Teniente Coronel Munroe.

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Entretanto, el 20 de Abril el ‚ÄúPawnee‚ÄĚ del Capit√°n Paulding, despu√©s de recoger 350 soldados de refuerzo en Fort Monroe, al otro lado de las Hampton Roads, alcanzaba el Gosport Navy Yard por la tarde, solo para comprobar que nada quedaba ya que hacer all√≠. El Flag Officer McCauley, tras comprobar la v√≠spera que el canal de salida del puerto hab√≠a sido bloqueada con barcos hundidos, fue presa de una desesperaci√≥n tan desmedida como su anterior optimismo, y dio orden de destruirlo todo, comenzando por los buques en mejor estado.

La faena estaba ya avanzada para cuando lleg√≥ Paulding, de forma que √©ste no tendr√≠a m√°s opci√≥n que ayudar en las destrucciones. Lo que le sacaba de quicio, pues al menos los buques ‚Äúparcheados‚ÄĚ por Isherwood se pod√≠an haber salvado. Al fin, su ‚ÄúPawnee‚ÄĚ hab√≠a podido entrar en el puerto, salvando todo obst√°culo. Y otro tanto hab√≠a ocurrido con el sloop ‚ÄúCumberland‚ÄĚ, que hab√≠a logrado salir.

En efecto el capit√°n del ‚ÄúCumberland‚ÄĚ, Alvin Pendergrast, se hab√≠a negado en redondo a sacrificar su barco y desobedeciendo las √≥rdenes, hab√≠a conseguido casi a punta de pistola los servicios de un remolcador civil, el ‚ÄúYankee‚ÄĚ, que arrastr√≥ su sloop, a√ļn con las reparaciones sin terminar y la dotaci√≥n en esqueleto, sac√°ndolo de la trampa.

El Arsenal ser√≠a abandonado finalmente por McCauley y Paulding, con sus respectivas fuerzas, el 21, tras lo que lo ocupar√≠a Taliaferro, con 1.000 hombres y 14 ca√Īones rayados. Hab√≠a hecho acudir a su lado al ingeniero civil William Mahone, para que evaluara los da√Īos causados por el sabotaje. Y √©stos resultaron relativamente modestos, pudiendo salvarse no poco material. El sabotaje de los buques hab√≠a sido m√°s a fondo, pero Mahone vio posibilidades de reparaci√≥n en los cascos del ‚ÄúMerrimack‚ÄĚ y los ‚ÄúPlymouth‚ÄĚ y ‚ÄúGermantown‚ÄĚ. Por otra parte, el sabotaje de la vieja fragata ‚ÄúUnited States‚ÄĚ hab√≠a sido muy primario. Pero era que no se hab√≠a puesto inter√©s en √©l pues la unidad, botada en 1798, se encontraba en muy mal estado aparente, emple√°ndose tan solo para acomodaci√≥n. Los sure√Īos la rescataron f√°cilmente, la rebautizaron ‚ÄúConfederate States‚ÄĚ y la usaron igualmente para acomodaci√≥n.

Por otra parte, la noche del 20 al 21 de Abril, a muchas millas del continente americano, la U.S. Navy estaba adquiriendo un nuevo buque, de forma bien peculiar. En efecto esa noche, los botes del sloop de vela ‚ÄúSaratoga‚ÄĚ, de 882 Tn y mandado por el Commander Alfred Taylor, penetraban silenciosamente en el puerto angole√Īo de Cabinda, asaltando y tomando un negrero de 1.066 Tn all√≠ anclado. Se trataba del ‚ÄúNightingale‚ÄĚ, de Nueva Inglaterra, cuya captura relatamos por las especiales circunstancias que la rodearon.

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En efecto, cuando seg√ļn el procedimiento habitual el ‚ÄúNightingale‚ÄĚ fue despachado a Freetown, bajo una tripulaci√≥n de presa mandada por el Teniente James J. Gurthrie, y cargando con prisioneros y 961 esclavos, que hab√≠an de liberarse all√≠, una epidemia estall√≥ a bordo, dando cuenta de 160 esclavos y un marinero, en una singladura de pesadilla. Pero, vaciado y fumigado el buque en Liberia, (aunque se dec√≠a que un negrero no perd√≠a nunca su mal olor), Gurthrie pudo poner proa a los Estados Unidos, donde la Marina Federal apreciar√≠a la considerable capacidad de carga, y el casco y aparejo de ‚Äúclipper‚ÄĚ del buque, (capacidad y rapidez eran las bazas de un velero de la trata en aquellos d√≠as), convirti√©ndolo en un excelente buque de apoyo log√≠stico.

El mismo d√≠a 21, la situaci√≥n comenz√≥ a cambiar con la llegada en buques de la brigada de Benjam√≠n Butler a Annapolis donde, tras tirantes negociaciones con las autoridades locales, desembarcar√≠a entre aquella tarde y la ma√Īana siguiente. La elecci√≥n de ese punto de desembarco fue una jugada maestra de Butler y Wool, que as√≠ lograron cubrir m√ļltiples objetivos.

1. Salvar a la ‚ÄúConstitution‚ÄĚ, la m√°s famosa de las ‚Äúcincuenta ca√Īones‚ÄĚ, apodada en la Flota ‚ÄúOld Ironsides‚ÄĚ, que estaba sirviendo de nav√≠o de entrenamiento a los alumnos de la Academia Naval situada en aquella ciudad, y hubiese ca√≠do pronto en manos rebeldes.

2. Reventar la convocatoria a la reunión del Legislativo de Maryland que acababan de hacer los rebeldes, con intención de pasar en ella el Acta de Secesión. La convocatoria era precisamente para el 26 en Annapolis. Desde luego, los rebeldes tenían intención de aprovechar su posición de fuerza, con Baltimore amotinado y el Estado controlado por su milicia, para lograr a trancas o a barrancas la aprobación del Acta. Pero el mero hecho de que la convocatoria debiera trasladarse, por haber sido ocupado Annapolis, desmentía espectaculármente su presunta posición de fuerza, para descrédito. Además, Butler demostró que la elección de Wool había sido acertada afectando asombro ante el consiguiente cambio de convocatoria, y ofreciendo de nuevo Annapolis, con una suavidad impostada que resultaba más amenazadora que la furia.

Y la elecci√≥n de aquel punto de desembarco a√ļn ofrec√≠a otras dos ventajas.

a. Tres. Estaba bastante al Sur de Baltimore como para permitir a Buter desplegar su fuerza lejos de la concentración de las milicias e interponiéndose entre ella y Virginia, con lo que la cercaba virtualmente.

b. Cuatro. La existencia de un ferrocarril directo Annapolis-Washington significó que los regimientos de Butler pudieron moverse a lo largo de él, reparándolo y abriendo así un camino a la capital y a la vez guarneciéndolo y cortante totalmente la retirada de los sediciosos.

Pronto se cre√≥ una extra√Īa situaci√≥n. La milicia secesionista, (de tama√Īo muy moderado, pues los rebeldes no se atrev√≠an a comenzar a llamar masas de ‚Äúminutemen‚ÄĚ, de los que buena parte pod√≠an resultar ser antisecesionistas); continuaba realizando su bloqueo en torno a Baltimore. Y las fuerzas de Butler avanzaban a lo largo del Annapolis-Washington, repar√°ndolo. Y unos y otros afectaban ignorarse.

Las selectas unidades de Ben Butler, compuestas por hombres educados, disciplinados y trabajadores, estaban causando mucha impresi√≥n en la poblaci√≥n civil, y el propio Brigadier llevaba una campa√Īa de relaciones p√ļblicas muy estudiada y perfectamente controlada. (No, los norte√Īos no eran b√°rbaros, ni ven√≠an a causar mal a Maryland; ven√≠an a reparar y proteger propiedades que hab√≠an sido da√Īadas por actos vand√°licos, y a ahorcar a los v√°ndalos si intentaban da√Īarlas de nuevo. ¬ŅUn mot√≠n de esclavos? ¬°Por supuesto que no ven√≠an a instigar un mot√≠n de esclavos! La esclavitud era legal, y ellos ven√≠an a hacer respetar la Ley. Por el contrario, si se produc√≠a un mot√≠n de esclavos esperaban que les fuese enseguida notificado, para ser los primeros en acudir a sofocarlo; etc.)

Al Brigadier Butler nunca le faltaban palabras.

Y como el secesionista medio de Maryland hab√≠a sido captado mediante una propaganda muy primaria, que hac√≠a su esquema antinorte√Īo muy rudimentario y mendaz, se quedaba enseguida sin argumentos ante √©l. Muchos, del tipo reaccionario elemental, comenzaban a descubrir que, para satisfacer sus demandas de ‚Äúley y orden‚ÄĚ, quiz√° ni siquiera fuesen precisos aquellos vocingleros rebeldes. Mientras, los trabajos a lo largo del ferrocarril Annapolis-Washington avanzaban r√°pidamente.

Los confederados comenzaban entre tanto a tomar sus primeras disposiciones militares ideadas para una Confederaci√≥n de al menos 11 Estados. As√≠, se reorganiz√≥ la fuerza que se hab√≠a concentrado contra Fort Sumter, naciendo de ella unidades del Ej√©rcito Provisional. Una brigadilla de √©stas, bajo el mando de Richard Herron Anderson, ahora Coronel de tal Ej√©rcito, fue enviado a unirse a la fuerza que Braxton Bragg intentaba formar en Pensacola. Otra brigada mayor, tambi√©n plenamente surcarolina, parti√≥ para Virginia, donde pod√≠a dar ‚Äúm√ļsculo‚ÄĚ a las milicias virginianas, mientras √©stas se iban transformando para crear unidades del dicho Ej√©rcito Provisional.

Para mandarla, el Gobierno confederado dio uno de sus despachos de Brigadier a Milledge Luke Bonham, que hab√≠a sido Mayor General de la Milicia surcarolina y gozaba de bastante buena fama en ella. Mientras, en Louisiana, donde Mansfield Lovell ya comenzaba a formar unidades del Ej√©rcito Provisional, otro despacho de Brigadier fue concedido a su segundo el virginiano Gustavus Woodson Smith, ex-soldado y aventurero, que hab√≠a sobrevivido a un par de expediciones ‚Äúfilibusteras‚ÄĚ.

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Y otros tres despachos fueron a Virginia, donde el nuevo Ej√©rcito deb√≠a organizarse de inmediato. Uno recay√≥, por supuesto, sobre Robert E. Lee, y los otros dos sobre Samuel Cooper y Joseph Eggleston Johnston. Cooper, Brigadier de activo del U.S. Army antes de la Secesi√≥n, era un nativo de New Jersey afincado en el Sur. De 63 a√Īos y no muy buena salud, ten√≠a en cambio un s√≥lido prestigio como hombre de Estado Mayor, y fue nombrado al momento Ayudante e Inspector General de aquel nuevo Ej√©rcito Provisional de los Estados Confederados.

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Johnston, que con 53 a√Īos era unos meses m√°s joven que Lee, era como √©ste intelectualmente un unionista, y visceralmente un virginiano, que s√≥lo se hab√≠a unido al carrusel para defender a ‚Äúsu‚ÄĚ Virginia. Se trataba de exactamente el √ļltimo Brigadier nombrado por el Ej√©rcito federal antes del conflicto, y era un hombre peque√Īo y fibroso, de escaso cabello que, como sus bigotes y su perilla a lo mosquetero, griseaba de canas; pero sus ojos alerta y su dinamismo contenido le hab√≠an valido el apodo de ‚ÄúThe Gamecock‚ÄĚ, (‚ÄúEl Gallo de Pelea‚ÄĚ). Buen estratega, disfruta hoy de una fama inferior a sus merecimientos, porque descansaba totalmente en sus subordinados para la realizaci√≥n t√°ctica, y en general √©stos se llevaban el prestigio de las victorias mientras que, si las cosas iban mal, no desde√Īaba aceptar la responsabilidad de la derrota.

El 24 de Abril, la U.S. Navy respondi√≥ al fin a las capturas enemigas del ‚ÄúUncle Ben‚ÄĚ y el ‚ÄúStar of the West‚ÄĚ. Ese d√≠a el remolcador virginiano de 173 Tn ‚ÄúYoung America‚ÄĚ zarp√≥ de Norfolk para auxiliar a una goleta en apuros en las Hampton Roads, s√≥lo para verse interceptado y capturado por el sloop ‚ÄúCumberland‚ÄĚ, el √ļnico superviviente unionista del Gosport Navy Yard. El ‚ÄúYoung Am√©rica‚ÄĚ ser√≠a puesto en servicio en la Navy, y permanecer√≠a en √©l hasta 1865.

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Y el 25 de Abril el 7¬ļ de la Milicia de New York, a tambor batiente y banderas desplegadas, desfilaba entrando en Washington. La capital estaba finalmente conectada con el resto de la Uni√≥n, y en menos de 48 horas le seguir√≠an el 1¬ļ de Voluntarios de Rhode Island del Coronel Ambrose Everett Burnside y el 11¬ļ de Voluntarios de New York, ‚ÄúZuavos de Fuego‚ÄĚ o ‚ÄúZuavos de Ellsworth‚ÄĚ, bajo el Coronel Elmer Ephrahim Ellsworth. Otros seguir√≠an, y Washington quedaba a salvo.

La presencia cada vez mayor de fuerzas unionistas entre ellos y Virginia pes√≥ sin duda sobre los componentes del Legislativo de Maryland, reunidos finalmente en Frederick City el 27 de Abril. Y, aunque se pidi√≥ en esa sesi√≥n que la Confederaci√≥n fuera reconocida, y se tach√≥ de ‚Äúinconstitucionales‚ÄĚ tanto la guerra contra √©sta, como la ‚Äúocupaci√≥n militar de Maryland‚ÄĚ, cuando el 29 se propuso votar el Acta de Secesi√≥n, tal proposici√≥n fue rechazada por 53 votos a 15.

En tanto, prosegu√≠a el trasiego de tropas, con buques contratados en charter entre los que estaban el ‚ÄúAlabama‚ÄĚ y el ‚ÄúKeystone State‚ÄĚ, que ser√≠an luego adquiridos como auxiliares armados por la Navy. Generalmente no iban escoltados lo que, dado el a√ļn m√°s ca√≥tico estado de la organizaci√≥n naval secesionista, no era grave riesgo. Con todo, en la singladura que acab√≥ en Annapolis el 25 de Abril, el ‚ÄúAlabama‚ÄĚ fue escoltado por el bergant√≠n ‚ÄúPerry‚ÄĚ, reci√©n devuelto al servicio activo y de camino para ser desplegado mucho m√°s al Sur.

Para fin de mes, la fuerza unionista en Washington y a lo largo del ferrocarril que enlazaba la capital con Annapolis, iba tomando dimensiones considerables. Adem√°s y tras muchos esfuerzos para encontrar los remolcadores apropiados, el ca√Īonero ‚ÄúAllegheny‚ÄĚ, antes en servicio de acomodaci√≥n en Baltimore, y que ten√≠a la maquinaria totalmente inservible, hab√≠a sido llevado a remolque a Annapolis, para servir como bater√≠a flotante en un posible apuro.

Continuaban suponiendo un problema las fuerzas apenas hostiles de la milicia de Maryland en torno a Baltimore, cuya principal concentración, de 600 hombres con 4 piezas de artillería, desplegada en Relay House, una estación del Baltimore and Ohio Railway, hacia Pennsylvania, Winfield Scott estaba planeando una gran operación, con más de 10.000 hombres, para barrer el Estado, pero Butler, que opinaba que el aclarar la situación con rapidez valía más que el hacer una demostración de fuerza, había preparado un plan menos ambicioso.

M√°s al Oeste, la secesi√≥n virginiana comenzaba a dar sus frutos para el Gobierno de Montgomery. En Arkansas, fue un llamamiento a ‚Äúcomportarse con seriedad‚ÄĚ para los dem√≥cratas de ‚ÄúLa Familia‚ÄĚ, y la secesi√≥n del Estado qued√≥ al fin encaminada seg√ļn los deseos de Gobernador Rector. En el Noroeste del Estado, y como quiera que ahora la brigada de Napole√≥n Bonaparte Burrow estuviese decidida, (y autorizada), a usar cuanta fuerza fuera necesaria contra Fort Smith, el Capit√°n Sturgis le entreg√≥ esta fortificaci√≥n y se retir√≥ con su peque√Īa fuerza a Missouri. Era la √ļltima instalaci√≥n federal en el Estado, pues el Arsenal de Fayetteville hab√≠a sido ocupado dos d√≠as antes.

En Tennessee, las noticias de Virginia decidieron también al Estado a seguir la senda de la secesión. Allí casi el problema más grave era que, como en Virginia, las tradiciones locales obligaban a que el Acta de Secesión fuera seguida de un referéndum y, por mucho que se esperara ganarlo, éste iba a mostrar que el rico Este del Estado era masivamente prounionista.

En realidad hab√≠a una larga franja de la parte Sur del Valle del Ohio, que comprend√≠a el Este de Tennessee y Kentucky y el Oeste de Virginia, y era muy unionista. El motivo era que el terreno, m√°s alto y movido que lo que sol√≠a gustar a los grandes propietarios sure√Īos, hab√≠a impedido que se instalaran en ella t√≠picas plantaciones. Y en cambio, la tierra era lo suficientemente rica para permitir granjas grandes y pr√≥speras, a estilo norte√Īo. Ahora bien, los propietarios de este tipo de granjas, que hab√≠an aplicado m√©todos de cultivo modernos, e incluso consegu√≠an rendimientos por hect√°rea de algod√≥n superiores a los de las plantaciones, eran quiz√° el grupo social dentro de la Uni√≥n que m√°s cordialmente detestaba a los plantadores.

Desde su punto de vista, éstos no eran sino una caterva de malos cultivadores, y su influencia política y su capacidad para influir sobre la Unión les parecía una especie de insulto personal. De forma que, por inquina hacia los plantadores, estos granjeros estaban siempre dispuestos a alinearse contra ellos junto a la Unión, junto a Lincoln o junto a quien hiciera falta. Y eso era algo que iba a traer problemas a los confederados, tanto en Tennessee como en Kentucky y la Virginia situada más allá del Allegheny.

Respecto a los nuevos Estados en que la variación del equilibrio causada por el paso de Virginia a los rebeldes hacía plantearse la Secesión, ya hemos visto como se habían desarrollado los acontecimientos en Maryland. En Kentucky las cosas mantenían un ritmo más pausado. El Gobernador, Beriah Magoffin, era secesionista, pero la milicia Estatal, aunque igualmente secesionista, actuaba con mucha menos prepotencia que lo que había sido habitual en otros Estados esclavistas.

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Esto se deb√≠a en parte a que el ex-soldado Sim√≥n Bol√≠var Buckner, que dirig√≠a esta milicia, era un caballero, pero sobre todo al deseo del Gobernador, (que por eso hab√≠a nombrado al caballeroso Buckner), de que sus milicias actuasen con guante blanco para evitar un indeseable choque con los kentuckianos de las colinas, los famosos ‚Äúhillbillies‚ÄĚ, que poseen un apartado propio en el folklore estadounidense.

En realidad, los ‚Äúhillbillies‚ÄĚ eran campesinos de zonas monta√Īosas, de suelo pobre y mal comunicadas, muy abundantes en Kentucky, que malviv√≠an de campos reducidos de ma√≠z, completando su dieta con la cr√≠a de algunos cerdos y la caza en los bosques, (am√©n de la fabricaci√≥n casera de licores para autoconsumo). Seg√ļn su leyenda, sus principales actividades eran balearse entre vecinos, emborracharse con el whisky salido de sus propios alambiques, y echar al mundo un interminable chorro de peque√Īos ‚Äúhillbillies‚ÄĚ.

En realidad, su nivel cultural era muy bajo, (y m√°s en Estados Unidos, que por entonces y al contrario de hoy d√≠a, pose√≠a uno de los mejores sistemas de ense√Īanza p√ļblica del mundo), pero pose√≠an un complicado nudo de tradiciones locales, y un enrevesado sistema de clanes, basados en relaciones de parentesco, que les llevaba a menudo a interminables guerras locales que el forastero encontraba del todo incomprensibles. Ten√≠an fama de hombres duros y excelentes tiradores, y no hab√≠a habido episodio de colonizaci√≥n o guerra fronteriza en que no hubiesen aparecido contingentes de hillbillies. (A pesar de lo cual su n√ļmero nunca parec√≠a decrecer, pues eran efectivamente muy prol√≠ficos).

En las luchas entre abolicionistas y esclavistas hab√≠an militado en general en el bando de √©stos √ļltimos que, siendo gente del campo, sab√≠an hablarles en t√©rminos que les fuesen comprensibles. M√°s eran, a su nebulosa manera, muy patri√≥ticos y nadie sab√≠a como se tomar√≠an el asunto de la Secesi√≥n. Por ello, en Kentucky, secesionistas y antisecesionistas andaban como de puntillas, temiendo incurrir en la furia de esta gente y regalar tontamente al enemigo 20.000 fusileros de primera.

En Missouri, el secesionista Gobernador Claiborne Jackson sab√≠a que no pod√≠a pasar un Acta de Secesi√≥n en el Legislativo. Pero dispon√≠a de una s√≥lida minor√≠a y con ayuda de Sterling Price, Mayor General de la milicia, ex-Gobernador a su vez y ex-militar, (hab√≠a saltado a la fama en 1847, aplastando a ca√Īonazos la revuelta de los indios taose√Īos de Nuevo Mexico) hab√≠a creado una milicia de activo tan secesionista como se pudiese esperar: la State Guard. Con ella y a bofetadas, confiaba en ir empujando al Estado a la Secesi√≥n, ayudado por sus contactos con personajes como Jeff Thompson, Alcalde de Saint Louis.

La State Guard ya había empezando a tomarse bastantes libertades, persiguiendo sin ambajes a los unionistas, sobre todo en los condados más meridionales del Estado, y ocupando con todo descaro el Arsenal Federal de Liberty. Sin embargo, sus poco delicados métodos no habían dejado de duda al rechazo, y en especial en la parte del Estado situada al Norte del cauce del río Missouri, los granjeros unionistas y los colonos alemanes habían formado una segunda milicia, con el declarado fin de pararle los pies a esta State Guard. La patrocinaban el bien relacionado abolicionista Francis Preston Blair, y el ex-Ministro de Guerra del Gobierno Revolucionario alemán de 1848, Franz Sigel, y se llamaba Home Guard.

El objetivo siguiente de la State Guard era obviamente el gran Arsenal de Saint Louis, el m√°s importante del Oeste en aquellos d√≠as, s√≥lo guarnecido por una compa√Ī√≠a de Infanter√≠a U.S.A, mandada por un Capit√°n de 43 a√Īos, Nathaniel Lyon. Lyon no era ‚Äútocable‚ÄĚ, pues tras servir en la Bleeding Kansas se hab√≠a convertido en ferozmente antisure√Īo, llegando a poner su firma en algunas circulares abolicionistas; (un tipo de pronunciamiento pol√≠tico muy mal visto en el Ej√©rcito). Pero el Gobernador Jackson y sus seguidores cre√≠an tener una forma f√°cil de poner sus manos en el Arsenal.

En primer lugar, se creó las Jackson Barracks, un campamento militar situado en los arrabales al Sur de Saint Louis, donde se concentró una brigadilla de la State Guard bajo el mando del Brigadier de Milicia Daniel Marsh Frost. A continuación, comenzó una paulatina concentración de elementos prosecesionistas sobre Saint Louis, seguida de agitación callejera en la ciudad. Todo lo cual presagiaba el empleo inmediato de la fórmula ya probada en Baltimore: un motín callejero, bajo cuya cobertura la State Guard, por orden del Gobernador y el Alcalde, entrara en el Arsenal, de cuyo contenido se incautaría después.

Sólo que el Capitán Lyon se resistía a perder así las armas, y adelantándose a los acontecimientos, se puso de acuerdo con el Capitán James H. Stokes, de guarnición en Cairo, en Illinois. Y, a fines de Abril, Stokes se presentó en el muelle del Arsenal, con un vaporcillo y una orden del Gobernador de Illinois para retirar 10.000 fusiles.

Como Lyon hab√≠a supuesto, los secesionistas observaron cuidadosamente la operaci√≥n y, en cuanto Stokes hubo transbordado las 10.000 armas al vapor, una muchedumbre ‚Äúamotinada‚ÄĚ lo tom√≥ al asalto. Lo que no sab√≠an era que se estaban llevando todos los fusiles m√°s antiguos y en peor estado del Arsenal, parte de ellos incluso saboteados para aumentar su inutilidad. Y lo que, desde luego, sab√≠an a√ļn menos era que, mientras ellos se agrupaban en torno a su triste bot√≠n, sin ojos sino para √©l, otro vapor atracaba en el muelle trasero y recib√≠a la verdadera carga, que consisti√≥ en 21.000 mosquetes en buen estado, 500 carabinas, otros tantos rev√≥lveres, algunos ca√Īones y otro material.

Y lo que indica el ominoso camino que estaban tomando los pensamientos de Lyon es que, aparte del grueso de la Artiller√≠a, dif√≠cil de trasladar, pidi√≥ que se dejara en ‚Äúsu‚ÄĚ arsenal sus mejores armas, 7.000 fusiles rayados modelo 1855. Y a poco de esa jornada, se puso al habla con la Home Guard, ofreci√©ndole esos fusiles si se pon√≠a a sus √≥rdenes.

Mientras, el 29 de Abril de 1861 en Montgomery, Jefferson Davis lanz√≥ el m√°s famoso de sus discursos, que era su cartel de desaf√≠o y su lista final de agravios ante la Uni√≥n, dedicado principalmente a la Prensa y las canciller√≠as extranjeras. Fue una hermosa pieza oratoria, que le gan√≥ muchas simpat√≠as a la Confederaci√≥n en el extranjero y en el que, tras intentar demostrar que los Estados norte√Īos hab√≠an perseguido, agredido y acorralado las libertades del Sur hasta obligarle a la Secesi√≥n, terminaba con unas palabras finales hermos√≠simas:

‚ÄúWe feel that our cause is just and holy; we protest solemnly in the face of mankind that we desire peace at any sacrifice save that of honor and independence; we seek no conquest, no aggrandizement, no concession of any kind from the States with which we were lately confederated; all we ask is to be let alone; that those who never held power over us shall not now attempt our subjugation by arms. This we will, this we must, resist to the direst extremity. The moment that this pretension is abandoned the sword will drop from our grasp, and we shall be ready to enter into treaties of amity and commerce that cannot but be mutually beneficial. So long as this pretension is maintained, with a firm reliance on that Divine Power which covers with its protection the just cause, we will continue to struggle for our inherent right to freedom, independence, and self-government‚ÄĚ. Message to Congress April 29, 1861 (Ratification of the Constitution)

‚ÄúSentimos que nuestra causa es justa y santa; protestamos solemnemente ante la humanidad que deseamos la paz ante cualquier sacrificio salvo el del honor e independencia; no buscamos ninguna conquista, ning√ļn engrandecimiento, ninguna concesi√≥n de cualquier clase de los Estados con los que nosotros est√°bamos √ļltimamente confederados; todo el que preguntamos debe ser sin hablar de; que los que nunca sostuvieron el poder sobre nosotros ahora no intenten nuestra subyugaci√≥n por las armas. Esto nosotros, esto debemos, de oponernos a la extremidad m√°s horrible. El momento que esta pretensi√≥n es abandonad la espada y se caer√° de nuestro asimiento, y estaremos listos para establecer los tratados de amistad y comercio que nos puede ser mutuamente beneficioso. Mientras que esta pretensi√≥n es mantenida, con una confianza firme sobre aquel Poder Divino que cubre de su protecci√≥n la justa causa, seguiremos luchando para nuestro derecho inherente a la libertad, la independencia, y la autonom√≠a‚ÄĚ. Discurso al Congreso, 29 de Abril de 1861 (Ratificaci√≥n de la Constituci√≥n)

Pero por desgracia, el discurso y las razones esgrimidas eran cuestionables, pues en él:

1. Aseguraba que las cláusulas del Proyecto de Confederación del que nació la Unión eran para una unión temporal.

2. Aseguraba que la Soberanía siempre había pertenecido a los Estados.

3. Afirmaba que la Uni√≥n s√≥lo hab√≠a existido ‚Äúcomo forma de defensa frente a agresiones exteriores‚ÄĚ. (Espa√Īa y Mexico fueron atacadas por USA)

4. Aseguraba que la Constituci√≥n daba derecho a la extradici√≥n de esclavos. (Seg√ļn la ‚Äúdoctrina Taney‚ÄĚ que √©l mismo apoyaba)

5. Incluso, aseguraba que sólo había movilizado el Ejército Provisional en respuesta a la llamada de voluntarios de Lincoln. (Lo hizo 40 días antes de ésta)

Y aquí, con Jefferson Davis exponiendo su discurso de desafío, damos por terminado este quinto capítulo.

 

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Capítulo VI: La Unión Comienza A Moverse

La Confederación había hecho ya su primer prisionero. Entendámonos, de hecho habían sido entregados ya en sus manos el Arsenal de Charleston, Fort Smith en Arkansas, y otras guarniciones, por no hablar de todo el mando del Brigadier Twiggs en Texas, o el grueso del Flag Officer Armstrong en Pensacola. Pero, en todos esos casos en el sobreentendido, que se cumplió, de que las tropas serían simplemente enviadas al Norte. El primer prisionero retenido por los confederados fue el Teniente Comandante John Lorimer Worden.

Este oficial de Marina había llegado a Pensacola a comienzos de Abril, presentándose ante el Brigadier Bragg y solicitándole permiso para pasar a Fort Pickens, para cuyo comandante, (Slemmer), traía instrucciones de Whasington. Bragg, quizá creyendo que iban a ser noticias desanimadoras, le dio un salvoconducto, y Worden pasó a Santa Rosa Island, regresó y dándole las gracias, emprendió el viaje de vuelta al Norte.

S√≥lo que sus instrucciones eran un c√≥digo de se√Īales para cuando se produjera el desembarco del Capit√°n Vodges y en los d√≠as siguientes, seg√ļn se sucedi√≥ tal desembarco, la acci√≥n de Fort Sumter y el sucesivo desembarco del Coronel Brown, Bragg empez√≥ a sentir que le hab√≠an tomado el pelo, y dict√≥ una orden de detenci√≥n contra Worden. Alcanzado antes de que dejara los Estados Confederados, (que ahora estaban moviendo sus fronteras hacia el Norte), Worden fue encarcelado y, aunque no se pod√≠a formular una acusaci√≥n concreta contra √©l, permanecer√≠a detenido hasta un intercambio de prisioneros que se realiz√≥ en Noviembre.

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En tierras lejanas, el fin de Abril qued√≥ marcado, el d√≠a 30, por la evacuaci√≥n por el Ej√©rcito Federal de sus puestos en el Territorio de las Cinco Naciones Civilizadas. En tal territorio, que ven√≠a a coincidir con el actual Centro y Este de Oklahoma, se hab√≠a dado nuevas tierras a las cinco mayores tribus indias del Sur: Chocktaw, Chickasaw, Cherokee, Seminole y Creek, llamadas ‚Äúlas naciones civilizadas‚ÄĚ por haber adoptado bastantes usos del hombre blanco.

Hab√≠a cuatro fuertes en el Territorio. En el Sur y ante loa ahora ocupados por los texanos, Fort Cobb y Fort Holmes, y en el Nordeste, zona de las Agencias Indias, Fort Gibson y Fort Wayne. A √©stos √ļltimos se acced√≠a normalmente por Arkansas, por el r√≠o Arkansas y las ciudades de Van Buren y Bentonville, y a los del Sur por Texas, partiendo de Dallas a Presi√≥n y remontando el Falso Washita. Por ello, las tropas del Territorio estaban virtualmente atrapadas. Pero, no queriendo rendirse, el jefe local Teniente Coronel William Hermsley Emory, del 1¬ļ de Caballer√≠a, decidi√≥ correr un albur.

Se trataba de seguir a Jesse Chisholm, mestizo de piel-roja y escoc√©s y gu√≠a del Ej√©rcito, que aseguraba poder conducirlos hacia el Norte, hasta alcanzar el r√≠o Missouri en la amistosa Kansas. As√≠ se hizo, y con √©xito, de forma que la fuerza evacuada, salida el 30 de Abril de sus bases, alcanzar√≠a el 31 de Mayo Fort Leavenworth, en Kansas. La ruta que siguieron volver√≠a a utilizarse varias veces m√°s en la guerra, y tras √©sta se convertir√≠a en una senda ganadera cl√°sica, conocida como ‚ÄúThe Chisholm Trail‚ÄĚ, con lo que inmortaliz√≥ el nombre del gu√≠a.

En Washington, el Presidente Lincoln hab√≠a debido enfrentarse, mientras la ciudad estaba aislada, a la peque√Īa crisis producida por la forma inaceptable en que el Secretario Seward hab√≠a dispuesto del buque de guerra ‚ÄúPowhatan‚ÄĚ. Ambos hombres chocaron y Seward, encrespado, trat√≥ de dimitir, no por primera vez. Pero, tampoco por primera vez, Lincoln hubo de rechazar su dimisi√≥n. Segu√≠a precisando del apoyo de las bases fieles a Seward, y adem√°s estaba seguro de que √©ste, si dejaba de meterse en camisa de once varas y se centraba en su verdadero trabajo, estaba capacitado para hacer un excelente Secretario de Estado.

En los primeros días de Mayo se produjo al fin una alarma internacional que iba a obligar a Seward a centrarse en su labor de Secretario de Estado, para alivio de todo el mundo. Sucedía que Jefferson Davis había enviado a Europa una especie de misión diplomática, presidida por el inevitable William Lowdes Yancey y dedicada a tantear las cancillerías del viejo continente. Y ya llegada a Londres el 3 de Mayo, se filtró la noticia de que tal misión había sido recibida privadamente por Lord Russell, Primer Ministro del Gobierno Británico.

Naturalmente, la diplomacia de la Uni√≥n se alarm√≥, y Seward en contacto con el embajador brit√°nico en Washington, Lord Lyons, y el nuevo Embajador estadounidense en Londres, que era Charles Francis Adams, en contacto con el Gobierno de Su Majestad, hubieron de hacer en los d√≠as siguientes esfuerzos tit√°nicos para evitar que √©ste √ļltimo reconociera el estatuto nacional a la Confederaci√≥n.

La pugna acabar√≠a el 13 de Mayo en un semiempate. En efecto, en una declaraci√≥n firmada ese d√≠a por la Reina Victoria, los brit√°nicos se declararon neutrales y se negaron a reconocer a los Estados Confederados como naci√≥n, pero les dieron el estatus de beligerantes. Para ello se basaban en la orden de Lincoln de ‚Äúbloquear‚ÄĚ los puertos sure√Īos, especificando que los puertos en rebeli√≥n del propio pa√≠s se "cierran", mientras que los de un enemigo externo se ‚Äúbloquean‚ÄĚ.

Lincoln hubo de soportar, y aun soporta a veces, mucho criticismo por esa ‚Äúgaffe‚ÄĚ. Pero es dudoso que tuviera trascendencia real. Entre la clase dirigente brit√°nica hab√≠a una alta proporci√≥n de personajes a los que no les desagradaba ver a la joven Rep√ļblica norteamericana en apuros, y el Gobierno Brit√°nico ten√≠a que buscar, (o inventar si no la hubiese encontrado), cualquier disculpa para imponer la situaci√≥n que se hab√≠a sin duda propuesto desde un principio.

En cuanto a los motivos de esa enemistad de la clase dirigente inglesa, eran varios. De un lado, muchos segu√≠an reprochando a la Uni√≥n su deserci√≥n del Imperio Brit√°nico. De otro, iba perfil√°ndose crecientemente como un rival, peligroso en el futuro, del Imperio. Finalmente y como, desde la proclamaci√≥n en Francia del Segundo Imperio bajo Napole√≥n III, era el √ļltimo pa√≠s importante que manten√≠a la forma de gobierno republicana, muchos arist√≥cratas lo consideraban un mal ejemplo.

No le faltaron tampoco a Lincoln trabajos cuando su capital qued√≥ de nuevo comunicada con la Uni√≥n. As√≠, una de sus √ļltimas instrucciones antes del corte de comunicaciones hab√≠a sido disponer una acci√≥n policial a gran escala en la que, a las 3 de la tarde del 20 de Abril, se irrumpiera en un gran n√ļmero de estaciones de tel√©grafo de toda la Uni√≥n, embarg√°ndose las copias de todos los telegramas expedidos durante los √ļltimos 12 meses, para retener los que presentaran indicios de acciones hostiles a la unidad nacional, o detalles de operaciones de venta de armas a los Estados rebeldes, devolviendo el resto.

Era un precedente peligroso para el derecho a la intimidad de los ciudadanos, y de muy dudosa constitucionalidad. Y aunque parece que, por una vez, no se dieron abusos, (principalmente por su car√°cter improvisado y excepcional, y porque, al deberse realizar una labor ingente con muy poco personal y medios, hubo de ce√Īirse a lo estrictamente se√Īalado), el Gobierno hizo frente a fuertes y bien fundadas cr√≠ticas.

Ante tal hostilidad del p√ļblico, s√≥lo se hizo uso de un pu√Īado de los telegramas embargados: algunos casos puntuales, que permitieron obligar a la dimisi√≥n a un par de congresistas meridianamente culpables de colusi√≥n con los rebeldes, y la localizaci√≥n de personas sospechosas de actividades anti-Uni√≥n, que ser√≠an sometidas a vigilancia. Pero el mejor bot√≠n para el Gobierno era el poder probar que muchos congresistas sure√Īos ya estaban con la Secesi√≥n desde Noviembre y Diciembre, y hab√≠an permanecido en sus esca√Īos hasta el fin de sus mandatos, en Marzo, con el prop√≥sito exclusivo de entorpecer las reacciones que pudiera tener el Gabite Buchanan, (lo que era Alta Traici√≥n pura y dura).

Es de notar que, sin embargo, el p√ļblico ya no hubiese necesitado recibir este tipo de inyecci√≥n de belicosidad. En efecto, el bombardeo de Fort Sumter, y el ataque al 6¬ļ de Massachusetts en Baltimore, hab√≠an enfurecido enormemente a los norte√Īos, y el ambiente era extremadamente belicoso. Poes√≠as en los peri√≥dicos instaban a dar fuego a Charleston y Baltimore, en New England muchos sombreros y solapas florec√≠an de las escarapelas negras que, en tiempo de la rebeli√≥n contra los ingleses, significaban ‚Äúguerra sin cuartel‚ÄĚ y, en fin, por todas partes se celebraban actos de afirmaci√≥n nacional llamados ‚ÄúUnion Meetings‚ÄĚ.

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Quiz√° el m√°s importante y famoso de estos ‚ÄúUnion Meetings‚ÄĚ fue el que se celebr√≥ en New York City, tan pronto como el 20 de Abril. Tuvo oradores de la enjundia del famoso alcalde neoyorquino Fernando Wood que, repentinamente travestido en gran patriota, lanz√≥ un discurso anti-Sur incendiario. Tambi√©n el ex-Senador por Mississippi Robert J. Walker habl√≥, destripando las presuntas alegaciones legales de los sure√Īos desde la autoridad que le daban muchos a√Īos de representar los intereses del Sur. Y las indudables estrellas fueron Edward Dickinson Baker y Ormsby MacKnight Mitchell, dos hombres que ya se hab√≠an presentado voluntarios para tomar las armas por la Uni√≥n.

Baker, residente habitual en California y nacido ingl√©s, estaba considerado un pol√≠tico republicano de California honrado, (lo que a decir de muchos, era cosa poco com√ļn), y era un hombre rico y entusiasta, que ofrec√≠a una perspectiva pr√≥xima a los puntos de vista europeos. Mitchell, astr√≥nomo de cierto nombre y director de un observatorio, record√≥ a la multitud con voz emocionada que √©l era v√°stago de una familia pobre e inculta, y s√≥lo a trav√©s de la ense√Īanza p√ļblica, y de las ayudas que el Ej√©rcito ofrec√≠a a sus hombres, hab√≠a llegado a ser primer oficial de Ingenieros y luego astr√≥nomo. ¬°Y sin embargo, esa ense√Īanza p√ļblica y el Ej√©rcito eran algunas de las instituciones que los secesionistas abominaban! Los dos fueron muy aplaudidos, y quiz√° sea justo que gozaran de tal √©xito, pues antes de 18 meses iban a morir en la defensa de las ideas que aquella noche propugnaron.

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El 3 de Mayo se adoptaron en la Uni√≥n gran cantidad de decisiones de tipo militar. De un lado, el Capit√°n Alvin Pendergrast fue nombrado Flag Officer de la peque√Īa fuerza que hab√≠a de ir visitando los puertos confederados para anunciar a sus habitantes y los neutrales su bloqueo. De otro se crearon nuevos Departamentos Militares en el Ej√©rcito de Tierra. El de Missouri se encomend√≥ al Brigadier William Harney, y el de Washington a Joseph King Fenno Mansfield. (Ambos se encontraban entre los escasos oficiales generales del Ej√©rcito de preguerra que a√ļn pod√≠an cabalgar). Y se dio dos despachos de Brigadier de Voluntarios a John Charles Fremont y George Brinton McClelland.

El de Fremont fue cosa obligada por la actitud de los fanáticos votantes de California y Oregón del nuevo Brigadier, que hubieran devorado vivo a Lincoln si no lo concedía. No tuvo sin embargo consecuencias de momento, porque Fremont partía para Europa a realizar una serie de consultas y contactos con políticos europeos. El de McClelland llevaba en cambio aparejado el mando del nuevo Departamento de Ohio.

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McClelland, que a√ļn no hab√≠a cumplido 35 a√Īos, hab√≠a sido a√Īos atr√°s el ojito derecho del General Winfield Scott en el Estado Mayor. As√≠, como Capit√°n de dicha instituci√≥n, hab√≠a cumplido todas las misiones m√°s delicadas y confidenciales en la primera mitad de la d√©cada de 1850, para ser enviado despu√©s como observador oficial estadounidense a la Guerra de Crimea. Y el informe que rindi√≥ sobre √©sta a√ļn era considerado un cl√°sico de trabajos de Estado Mayor, y estudiado como una Biblia en el Ej√©rcito federal, como vaticinio de las futuras tendencias de la guerra. Pero, como ni todo esto le ganaba el ascenso a Mayor, McClelland acab√≥ por cansarse y dejar el Ej√©rcito en 1857.

Y es que el muchacho ten√≠a cosas que hacer fuera del Ej√©rcito. De hecho, su fortuna personal entraba decididamente en el dominio de lo obsceno y pas√≥ los siguientes a√Īos cuidando de sus negocios y haciendo de ejecutivo de unos ferrocarriles de los que a menudo era tambi√©n el principal accionista. Ahora, hab√≠a hasta cuatro excelentes razones para darle el despacho de Brigadier y el mando del Distrito:

1. Que como conocido demócrata, su ascenso disipaba la aureola de nepotismo que podía haber causado el de Fremont.
2. Que era, aparentemente, un hombre no falto de calificación para él.
3. Que, siendo propietario de algunas de las pocas plantaciones explotadas con trabajo esclavo que había en el Oeste de Virginia, estaba especialmente bien relacionado en tal territorio, que iba a ser el campo de acción del Departamento de Ohio.
4. Que estaba dispuesto a gastar a manos llenas su propio dinero en poner r√°pidamente a punto las milicias de Ohio, a las que un Coronel Henry B. Carrington hab√≠a mejorado notablemente pocos a√Īos atr√°s, con lo que podr√≠an entrar en acci√≥n deprisa y con eficacia. Y este argumento s√≠ que era totalmente definitivo.

El mismo 3 de Mayo, Winfield Scott expuso su plan para derrotar a la Confederaci√≥n. Se trataba de aislarla con la flota, y con desembarcos en su costa, y a la vez partirla en dos con un importante ej√©rcito que avanzar√≠a descendiendo el gran r√≠o Mississippi, para poder utilizar √©ste como arteria log√≠stica de su aprovisionamiento. Era probablemente la soluci√≥n m√°s l√≥gica y econ√≥mica desde un punto de vista militar, y estaba estrat√©gicamente bien pergue√Īada. Pero Lincoln no se decidi√≥ a adoptar plenamente y desde el principio un plan que requer√≠a el uso de fuerzas muy voluminosas, y promet√≠a una guerra de no menos de dos a√Īos.

Y, el mismo d√≠a a√ļn, Lincoln anunci√≥ un gran paquete de medidas de guerra casi todas militares, que supusieron de tacto la declaraci√≥n definitiva de las hostilidades a una Confederaci√≥n a la que no se le pod√≠an declarar formalmente, por no darle una especie de reconocimiento oficial como naci√≥n.

La mayoría eran medidas puramente militares, anunciándose que, con cargo a presupuestos a ser votados en la próxima sesión del Congreso, adelantada al mes de Julio en convocatoria extraordinaria, el Gobierno iba a obtener crédito para reforzar el Ejército y la Marina hasta alcanzar las siguientes fuerzas:

EJERCITO

Reclutamiento por tres a√Īos de 42.000 hombres, con los que se completar√≠a y reforzar√≠a las unidades, creando nuevas hasta alinear:

19 Regimientos de Infanter√≠a (numerados del 1¬ļ al 19¬ļ) (1)
5 Regimientos de Artiller√≠a (numerados del 1¬ļ al 5¬ļ) (2)
6 Regimientos de Caballer√≠a (numerados del 1¬ļ al 6¬ļ) (3)

(1) El 11¬ļ, solicitado ya por Buchanan en Enero, y los 12¬ļ al 19¬ļ, iniciados ahora, eran nuevos.

(2) El 5¬ļ hab√≠a sido solicitado por Buchanan en Enero.

(3) La Caballería era reorganizada y estandarizada, desapareciendo los colores de Arma Naranja (de los Dragones), y Verde (de los Fusileros). Ahora todos los Regimientos lucirían el Amarillo de la Caballería, y cambiaban las denominaciones, siendo:

1¬ļ de Dragones el nuevo 1¬ļ de Caballer√≠a.
2¬į de Dragones el nuevo 2¬į de Caballer√≠a.
1¬ļ de Fusileros el nuevo 3¬ļ de Caballer√≠a.
1¬į de Caballer√≠a el nuevo 4¬į de Caballer√≠a.
2¬į de Caballer√≠a el nuevo 5¬į de Caballer√≠a
3¬ļ de Caballer√≠a el nuevo 6¬ļ de Caballer√≠a. (Regimiento solicitado por Buchanan en Enero, pero que s√≥lo ahora se creaba efectivamente)

MARINA

Reclutamiento por tres a√Īos de 18.000 hombres con los que se completar√≠an fuerzas y tripulaciones. Y adquisici√≥n de nuevos buques por dos sistemas complementarios

1-. Inmediato encargo para la fabricación de 8 nuevos sloopps de hélice.

2-. Compra en el mercado civil de 20 vapores para ser armados y equipados como ca√Īoneros y sloops auxiliares.

Finalmente, el paquete inclu√≠a una medida jur√≠dica bastante pol√©mica: la suspensi√≥n del derecho de ‚ÄúHabeas Corpus‚ÄĚ al amparo del Art√≠culo 1¬ļ, Secci√≥n IX-2 de la Constituci√≥n, que le permite si ‚Äúen caso de rebeli√≥n o invasi√≥n, la seguridad p√ļblica lo pueda requerir‚ÄĚ. (El problema era que tal permiso no hab√≠a sido a√ļn invocado nunca).

Dos días después, el 5 de Mayo, Benjamín Butler fue puesto al frente de un nuevo Departamento, el de Annapolis, con la misión de mantener despejadas las comunicaciones con el Distrito de Columbia. Considerando que esto incluía la pacificación de Maryland, preparó de inmediato una acción en tal sentido, sin esperar al gran barrido que Scott estaba preparando para realizarlo con la concentración que se iba creando en Washington bajo el Brigadier Mansfield.

Butler se hizo entregar el 6¬ļ de Massachusetts del Coronel Jones, que sab√≠a estaba rabiando por volver a recorrer Baltimore en una forma m√°s digna que el 19 de Abril, lo reforz√≥ con una bater√≠a y alguna compa√Ī√≠a del 8¬ļ, y se puso en marcha el 12 de Mayo desde Relay House, que hab√≠a sido abandonado por las milicias ante sus hombres d√≠as antes.

Fint√≥ primero un avance sobre el Harper‚Äôs Ferry, que confundi√≥ a la milicia y le permiti√≥ capturar un curioso ingenio que un grupo de secesionistas de Maryland, que intentaban alcanzar el Ferry con √©l para llevarlo a los secesionistas virginianos que lo abandonaron ante la aproximaci√≥n de su vanguardia. Se trataba de un producto de un inventor de Maryland llamado ‚Äúca√Ī√≥n de vapor Winans‚ÄĚ, (¬Ņuna forma primitiva de autopropulsado?). Que el Ej√©rcito unionista considerar√≠a sin inter√©s e ir√≠a a acabar sus d√≠as en un museo.

Despu√©s gir√≥ inesperadamente al Este, regres√≥ a marchas forzadas y el 15 de Mayo, entre una tupida lluvia, se present√≥ ante Baltimore y emplaz√≥ sus ca√Īones contra ella, anunciando su ocupaci√≥n. El Alcalde Brown, que aunque moderado era secesionista, trat√≥ de avergonzarle por ocupar una ciudad pac√≠fica, pero olvidaba que trataba con un leguleyo. Sin inmutarse, pero ri√©ndose de √©l en sus barbas, Butler le pudo responder que, por el contrario, se trataba de una ciudad presa de an√°rquicos amotinados, y que acud√≠a a salvarla por haber o√≠do informes de que el mot√≠n iba a recrudecerse al d√≠a siguiente.

Y Brown se tuvo que callar. Desde luego, hacía mucho que la atmósfera de motín había cesado, poco después de que, el 20 y 21 de Abril, los agentes así como los extremistas, enviados por los secesionistas desde todas partes del Estado, se habían dispersado, volviendo a su vida normal. Pero para justificar los movimientos de la milicia, se había mantenido la ficción de que el motín continuaba. En principio, esta farsa sólo iba a durar hasta que el Acta de Secesión fuera aprobada en Annapolis, pero la aparición de la brigada del propio Butler allá dio al traste con tal esperanza, y al fin el motín llevaba oficialmente durando 26 días, (pese a que las cosas estaban en realidad tan en calma, que el propio Alcalde lo había olvidado).

De hecho, no mucho antes de la llegada de Butler el 27¬ļ Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania, no deseando prolongar su viaje por mar hasta Annapolis, hab√≠a tenido la osad√≠a de desembarcar en Baltimore y cruzarla para salir hacia Washington. No mucha gente se hab√≠a amontonado a su paso, e incluso hab√≠an o√≠do algunos v√≠tores. ¬°En realidad hab√≠a bastantes unionistas en Baltimore!

En cuanto se corri√≥ la noticia de la ocupaci√≥n de Baltimore, la milicia de Maryland se desintegr√≥, dividi√©ndose en peque√Īos grupos, que en su mayor√≠a lograron infiltrarse a trav√©s de la tenue barrera del 8¬ļ de Massachusetts, disperso a lo largo de la l√≠nea de ferrocarril, e ir a embarcarse para Virginia en los peque√Īos puertos de la costa Sur de Maryland. Y con ellos huy√≥ buena parte de las gentes m√°s implicadas en la intentona secesionista, incluyendo buena cantidad de terratenientes y grandes burgueses del Estado.

Ahora, el ‚Äút√≠mido‚ÄĚ Gobernador Hicks pudo al fin hacerse con la situaci√≥n, y a los pocos d√≠as anunciar√≠a la creaci√≥n de los primeros cuatro Regimientos de milicia unionista de Maryland. Sin embargo, y aunque casi todos los ca√Īones utilizados por los secesionistas hab√≠an sido capturados, (no eran cosa que uno pudiera llevarse metida en el bolsillo mientras jugaba al escondite con el 8¬ļ de Massachusetts en el ferrocarril), muy pocos de sus hombres lo fueron. Y Scott, furioso con Butler por haberle ‚Äúpisado‚ÄĚ su campa√Īa, quer√≠a aprovecharlo para tomar medidas disciplinarias contra √©l.

Butler nunca fue un genio de la guerra, y sus operaciones fueron a menudo excesivamente t√≠midas y algo torpes. Adem√°s tampoco el f√≠sico le beneficiaba, siendo un hombre de cuarenta a√Īos que aparentaba bastantes m√°s, m√°s bien gordo, con bigote y grandes bolsas bajo los ojos que daban un aspecto abotargado a su rostro, y dotado de una considerable calvicie que trataba de balancear sin mucho √©xito, dej√°ndose la melena bastante larga por detr√°s de las orejas.

Habiendo llegado a ser adem√°s quiz√° el m√°s conocido de los generales-pol√≠ticos de la guerra, mucha literatura hist√≥rico-militar yankee ha tendido a tratar de convertirle en la caricatura del militar-pol√≠tico inepto, para compararlo con una versi√≥n idealizada en exceso del militar-profesional. En realidad y aun admitiendo sus defectos, no carec√≠a de virtudes. As√≠, sol√≠a saber llevarse muy bien con sus subordinados, ten√≠a ocasionales y brillantes rel√°mpagos de originalidad y, sobre todo, pose√≠a un ‚Äúolfato‚ÄĚ para la situaci√≥n estrat√©gica y pol√≠tica muy superior al de la mayor√≠a de los profesionales.

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En esta ocasi√≥n, ese olfato suyo hab√≠a funcionado muy satisfactoriamente. En primer lugar, se hab√≠a dado cuenta de que el secesionismo era mucho menos poderoso en Maryland de lo que pretend√≠a hacer creer y, tras los reveses m√°s bien morales sufridos, estaba ‚Äúmaduro‚ÄĚ para caer ante el empleo de la m√°s m√≠nima fuerza, sin acudir a un gran ej√©rcito como el que con gran gasto de tiempo y despilfarro de dinero estaba acumulando el Teniente General Scott.

En segundo lugar hab√≠a percibido, mejor incluso que Scott, que la situaci√≥n de Washington, para la que el puerto y ferrocarril de Annapolis, ambos de escasa capacidad, constitu√≠an un ‚Äútubo de ox√≠geno‚ÄĚ algo angosto, no era saludable y parad√≥jicamente empeoraba cuantas m√°s tropas se acumularan alli. Y que la campa√Īa que preparaba Scott iba a distraer durante demasiado tiempo la mayor concentraci√≥n de tropa de la Uni√≥n en una simple limpieza de flanco, que se pod√≠a hacer con mayor rapidez y sin utilizarla. Ten√≠a raz√≥n, como se vio en los d√≠as siguientes, cuando la brigada surcarolina de Bonham, reforzada por milicias y nuevas unidades de virginianos, comenz√≥ a tomar posiciones en la orilla Sur del Potomac, frente a la capital.

Lincoln lo comprendi√≥ as√≠, y lo que hizo fue alejarlo del General Scott, envi√°ndolo a tomar el mando de la nueva fuerza que se estaba concentrando en Fort Monroe con un ascenso a Mayor General de Voluntarios. (A la vez recibieron el mismo ascenso McClelland, cuya organizaci√≥n estaba creciendo r√°pidamente, y Fremont, para que los republicanos sectarios no protestaran que se hubiese dado aquel grado a dos dem√≥cratas y a ning√ļn miembro de su Partido).

Entre tanto, los unionistas tambi√©n se hab√≠an puesto en marcha en Missouri, donde los rebeldes del Brigadier Frost no parec√≠an tener prisa por iniciar su acci√≥n sobre el Arsenal de Saint Louis. Probablemente esperaban la llegada del Brigadier Harney, que era un missouriano de buena familia, y al que sin duda esperaban poder instrumentalizar para facilitarse a√ļn m√°s las cosas. (A juzgar por el comportamiento posterior de Harney, es muy posible que lo hubiesen logrado, y su elecci√≥n se demuestra como un error claro del Mando unionista).

Pero, precisamente por ello Nathaniel Lyon había decidido ponerse en acción antes de la llegada de su superior. A un llamamiento suyo, el grueso de las fuerzas de la Home Guard se puso en marcha concentrándose sobre Saint Louis. Y el que, pese a que el movimiento envolvió el desplazar miles de hombres, los secesionistas permanecieran totalmente ignorantes de él prueba algo. Prueba que, si bien podían contar con cierta proporción de la ciudadanía de Saint Louis y, como en Baltimore, había llevado a la ciudad partidarios suyos desde otras zonas del Estado, no tenían un solo seguidor entre los campesinos de los alrededores.

El 9 de Mayo, la concentración se había realizado, y los secesionistas seguían ignorándola. El Alcalde Thompson había en tanto prohibido que la guarnición del Arsenal saliera de éste, pero no podía impedir que Lyon se diese cada tarde un largo paseo a caballo, del que a menudo regresaba después de anochecido. Y cuando esa noche no se le vio regresar de su paseo cotidiano, se supuso que aparecería después de cerrada la noche. Pero en realidad había acudido al encuentro de la Home Guard.

Esta hab√≠a reunido ya sus Regimientos 1¬ļ, 3¬į, 4¬į y 5¬ļ de Infanter√≠a de la ‚ÄúHome Guard‚ÄĚ que a poco comenzar√≠an a ser denominados ‚Äúde la Reserva de Missouri‚ÄĚ, y el primero eficiente de una nueva organizaci√≥n de cu√Īo m√°s ofensivo, el 3¬ļ de Voluntarios de Missouri. Entre los cinco sumaban cerca de 4.500 hombres, aunque el √ļltimo y menos instruido, el 5¬ļ de la Reserva, estaba seguramente incompleto.

Parece que √©sta √ļltima unidad no lleg√≥ a tiempo a la concentraci√≥n, pero el hecho es que, en la ma√Īana del 10 de Mayo, las Jackson Barracks se vieron al amanecer rodeadas por el resto del contingente que, con las armas preparadas para disparar, exigi√≥ de Frost la rendici√≥n del campamento. Sobre el papel, el secesionista quiz√° dispon√≠a de m√°s de mil hombres, pero la mitad larga eran de Saint Louis, ten√≠an conocidos all√≠ o simplemente frecuentaban sus burdeles, pernoctando en la ciudad. Y, como estuviese totalmente rodeado, y en tal inferioridad que la resistencia hubiese sido vana, el Brigadier Frost hubo de capitular, con los menos de 640 hombres que ten√≠a consigo.

Los hombres de Lyon registraron el campamento, encontrando variado bot√≠n que inclu√≠a m√°s de 10.000 mosquetes. L√≥gicamente eso supon√≠a que casi todo el cargamento robado en el vapor del Capit√°n Stokes estaba all√≠, y demostraba a posterior que la mitad de los ‚Äúespont√°neos ciudadanos amotinados‚ÄĚ que lo hab√≠an asaltado eran hombres de Frost, y el grueso de la otra mitad, colaboradores suyos que se hac√≠an pasar por ciudadanos y forasteros de paso. Finalmente, Lyon puso como condici√≥n para liberar a sus prisioneros el que prestaran el juramento de fidelidad a la Constituci√≥n que era obligatorio para las milicias legalmente constituidas, (y se supon√≠a habr√≠an debido pronunciar al ser reclutados).

Como se negaron a ello, decidi√≥ retenerlos, e inici√≥ su traslado a Saint Louis dejando al 5¬ļ de la Reserva, (que como recordaremos hab√≠a llegado tarde a la acci√≥n), para vigilar las Jackson Barracks y a los √ļltimos prisioneros que realizaban ciertas tareas para su clausura en ellas. Fue un error de c√°lculo, pues no pens√≥ que, si hab√≠a vencido militarmente, su acci√≥n era juridicamente muy dudosa, y los rebeldes pod√≠an llamar la atenci√≥n sobre ello, y crearle grandes complicaciones pol√≠ticas, desencadenando ahora el mot√≠n que obviamente hab√≠an planeado.

La ocasi√≥n era ideal, pues la ciudad herv√≠a a√ļn de agentes enviados para organizar y ‚Äúdar cuerpo‚ÄĚ al amotinamiento, ahora reforzados con los hombres de Frost a los que el pernoctar en la ciudad hab√≠a salvado de la captura. Adem√°s, la entrada de tropa a√ļn desconocida, rodeando a un grupo tan grande de prisioneros, deb√≠a naturalmente despertar los recelos hacia la primera, y la compasi√≥n hacia los segundos, en la ciudadan√≠a inocente, coloc√°ndola en una situaci√≥n propicia a ser instrumentalizada. Y apenas entrados los unionistas y sus prisioneros en la ciudad, las provocaciones se iniciaron seg√ļn el esquema que tanto √©xito hab√≠a logrado en Baltimore: gritos, insultos, consignas, piedras, etc.

A los primeros tiros, se dio orden de responder al fuego. Por desgracia, hab√≠a muchos curiosos en torno a los amotinados y adem√°s, al proceder la tropa a desplegarse ordenadamente, apuntar y disparar, se dio tiempo a que aqu√©llos se confundieran entre la multitud. El resultado fue que la primera descarga cogi√≥ de lleno las filas de los curiosos, derribando incluso cierta cantidad de mujeres y ni√Īos. Y aunque en las sucesivas se procedi√≥ con m√°s cuidado, el da√Īo estaba hecho. Al fin, cuatro soldados unionistas y no menos de 27 civiles resultaron muertos, y los heridos fueron numerosos por ambos bandos.

Al final, los prisioneros fueron encarcelados y los prometidos fusiles rayados repartidos entre los Home Guards, pero el ambiente de triunfo de la ma√Īana se hab√≠a disipado, y lo cierto es que Lyon estuvo cerca de perder los frutos de su logro por aquella sangrienta chapuza. Por fortuna para √©l, los secesionistas quisieron remachar su labor, repitiendo la acci√≥n al d√≠a siguiente, 11 de Mayo, cuando el 5¬ļ de la Reserva, dejando cerradas las Barracks, entr√≥ en Saint Louis con los √ļltimos prisioneros, deseoso de recibir sus fusiles rayados.

De inmediato, los provocadores se cebaron en ellos, y a poco, al caer un muchacho alem√°n muerto de un tiro, (se trataba de una unidad alemana), se respondi√≥ con una descarga. Pero, parad√≥jicamente, lo que salv√≥ la situaci√≥n fue que, como hemos dicho, eran una unidad casi sin instruir, y en su impericia dispararon al instante y en tal desorden que cuatro de los seis muertos que produjeron eran de sus propias filas. (Y, desde luego, las balas que no pararon ellos mismos fueron a los a√ļn pr√≥ximos provocadores).

Y su torpeza y las bajas en sus propias filas abrieron de golpe los ojos a los espectadores ciudadanos, que esta vez se mantenían a una distancia más prudente y, de lejos, habían visto cómo eran acosados con mayor claridad. Los ciudadanos de Saint Louis vieron ahora que no se trataba de sádicos extranjeros que vinieran a torturar a los chicos de Missouri, sino de pobres tipos muertos de miedo, que intentaban cumplir con lo que consideraban su deber. De pronto, hasta la matanza de la víspera se hizo más comprensible, y la forma en que los secesionistas habían usado a los ciudadanos como escudo pareció clara. Y pese a los sangrientos horrores de la víspera, Saint Louis se volvió en buena parte contra los secesionistas que la tuvieron que ir abandonando. Hasta el conflictivo Alcalde Thompson acabaría por desaparecer un buen día.

Sin embargo, todo ello corri√≥ una vez m√°s peligro con la llegada del Brigadier Harney. No parece en realidad que fuese un traidor, sino s√≥lo lo que castizamente se denominar√≠a un ‚Äúpijo de buena familia‚ÄĚ, al que le costaba concebir una situaci√≥n en la que los pijos de buena familia eran los rebeldes, y los que probablemente ve√≠a como arribistas de clase media confabulados con extranjeros, representaban la Ley y el Orden. Lleg√≥ lleno de asunciones, seguro de que la Home Guard hab√≠a actuado arbitrariamente, y asegurando que √©l no emplear√≠a otra fuerza armada que el Ej√©rcito Federal. Al parecer olvidaba que, en Missouri, √©ste estaba reducido a 80 hombres, a los que por cierto una ordenanza municipal¬Ľ dictada por uno de sus amigos, prohib√≠a salir armados a la calle.

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Lyon se limit√≥ a llevarle a ver la Jackson Barracks, y a interrogar a los prisioneros hechos en ellas. As√≠, Harney pudo enterarse de que las dos calles del campamento se denominaban Davis y Beauregard, que la bandera que se izaba en su m√°stil era la de Montgomery, que los himnos que tocaba su banda eran ‚ÄúDixie‚ÄĚ y ‚ÄúBonnie Blue Flag‚ÄĚ, (que iba a disputar al primero el coraz√≥n de las tropas confederadas), y que los prisioneros hab√≠an sido detenidos por ser una fuerza armada que se negaba a jurar acatamiento a la Constituci√≥n.

A√ļn no se hab√≠a repuesto Harney de su sorpresa cuando en la capital estatal, Jefferson City, y no sin extorsi√≥n, (las calles estaban llenas de State Guards y se hab√≠a impedido el acceso a muchos delegados unionistas), el Gobernador Claiborne Jackson hizo votar, si no un Acta de Secesi√≥n, s√≠ una ‚ÄúMilitary Bill‚ÄĚ que le daba poderes discrecionales sobre las milicias. En el acto revirti√≥ a ellas todo el presupuesto estatal anual que quedaba, y reglament√≥ que el √ļnico juramento que prestar√≠an iba a ser uno de fidelidad a su persona.

Esto era tan obviamente ilegal que hasta William Harney hubo de protestar por ello. Pero, al ser visitado en Saint Louis el 20 de Mayo por el Mayor General de la Milicia Sterling Price, se dej√≥ convencer por √©l, al calor de la camarader√≠a de clase y acab√≥ declarando que no realizar√≠a ning√ļn movimiento militar en el Estado. Se trataba de una estupidez suicida. Lyon protest√≥ airado y √©l y Blair telegrafiaron a Washington sus objeciones. Lincoln y el Secretario de Guerra, Simon Cameron, trataron de disuadir a Harney del camino que estaba tomando y, ante su tozudez, telegrafiar√≠an el 30 de Mayo su destituci√≥n fulminante, acompa√Īada de un despacho que ascend√≠a a Brigadier de Voluntarios a Nathaniel Lyon, y le daba provisionalmente el mando de Harney. Este no tendr√≠a ning√ļn mando m√°s en toda la guerra, de manera que, llegado el 11 de Mayo, su participaci√≥n en √©sta dur√≥ exactamente 19 d√≠as.

La Uni√≥n tambi√©n hab√≠a comenzado a moverse en el mar, donde los primeros vapores de los que Lincoln habl√≥ el d√≠a 3 fueron adquiridos ya el 7. Se trataba de los ‚ÄúReliance‚ÄĚ y ‚ÄúResolute‚ÄĚ, dos peque√Īos pero s√≥lidos remolcadores gemelos de h√©lice, de 90 Tn, que tras ser armados se emplear√≠an en las aguas angostas de la Chesapeake Bay. Otro de los primeros vapores adquiridos ser√≠a el ‚ÄúUnion‚ÄĚ que, como mencionamos en un cap√≠tulo anterior, capturar√≠a al aspirante a corsario enemigo ‚ÄúHallie Jackson‚ÄĚ aquel mismo mes. (Lo que se debi√≥ a que, en la intenci√≥n de emplearlo principalmente como buque de apoyo log√≠stico, la U.S. Navy s√≥lo le hab√≠a reformado m√≠nimamente, d√°ndole armamento muy ligero, por lo que alcanz√≥ estado operativo en pocos d√≠as).

Otros vapores adquiridos aquel mes, como el ‚ÄúThomas Freeborn‚ÄĚ, vaporcito de ruedas laterales de 269 Tn, el ‚ÄúAlbatross‚ÄĚ de h√©lice de 378 Tn, ‚ÄúMonticello‚ÄĚ de 655 Tn, ‚ÄúMount Vernon‚ÄĚ de 625 Tn, o ‚ÄúSouth Carolina‚ÄĚ de 1.165 Tn, recibir√≠an refuerzos en sus cubiertas para poder cargar ca√Īones m√°s pesados, y otras reformas m√°s complicadas, tardando hasta semanas en alcanzar la operatividad.

Es de se√Īalar que, simult√°neamente, otros vapores pasaban bajo el control de la Marina al adquirir √©sta los contratos de chart por lo qu√© estaban sirviendo al Ej√©rcito. En la mayor√≠a de √©stos casos, como en los de los ya citados anteriormente ‚ÄúAlabama‚ÄĚ y ‚ÄúKeystone State‚ÄĚ, los buques siguieron sirviendo como transportes, y bajo las tripulaciones proporcionadas por sus armadores, hasta su adquisici√≥n durante el Verano. Pero se dieron casos excepcionales como el del vapor de h√©lice de 765 Tn ‚ÄúMassachusetts‚ÄĚ, cuya propiedad no parece que fuera definitivamente adquirida por la U.S. Navy hasta 1862, y que sin embargo fue inmediatamente reformado, armado con 4 piezas de 8 pulgadas y un 32 libras de caza, y enviado al Golfo de Mexico con tripulaci√≥n militar.

El mismo 9 de Mayo hizo sus primeros disparos un buque unionista. Se trataba del remolcador ‚ÄúYankee‚ÄĚ, como se recordar√° pr√°cticamente secuestrado por el Capit√°n Pendergrast en el Gosport Navy Yard, y al que en Fort Monroe se le hab√≠a ‚Äúreclutado‚ÄĚ, arm√°ndole con dos piezas de 32 libras. Era un gran remolcador de ruedas, de 328 Tn, s√≥lido, r√°pido y de poco calado, y se le usaba para examinar el estado de las bater√≠as defensivas que los virginianos estaban instalando en las costas de Hampton Roads, Y en ello estaba aquel d√≠a, cuando la bater√≠a instalada en Gloucester Point abri√≥ fuego contra √©l, llev√°ndole a replicar con sus ca√Īones. La acci√≥n fue sin embargo breve y sin consecuencias.

Una segunda acci√≥n naval, menos casual, se llev√≥ a cabo los 18 y 19 de Mayo por el vapor unionista ‚ÄúMonticello‚ÄĚ, de 655 Tn, y el rearmado y ya citado remolcador ‚ÄúReliance‚ÄĚ, que bombardearon las bater√≠as enemigas de Sewell‚Äôs Point bajo el mando de los Tenientes D. L. Braine y Jared Mygatt respectivamente, siendo el primero el jefe de la formaci√≥n. Los artilleros virginianos, pertenecientes al mando de milicia del Brigadier Walter Gwynn, y a la zona de costa asignada al Capit√°n de Marina confederado Peyton Colquitt, respondieron al fuego, y la acci√≥n de tanteo no caus√≥ mucho da√Īo en buques y bater√≠as, aunque s√≠ result√≥ en diez heridos entre ambos bandos.

Por su parte, el ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ, como recordaremos bajo el mando del Teniente Comandante Thomas Scott Fillebrown, pas√≥ pr√°cticamente todo el mes subiendo y bajando el firth del Potomac, unas veces realizando escoltas, y otras simplemente registrando la orilla, y la topograf√≠a de la zona. Su misi√≥n era vigilar la posible creaci√≥n por el enemigo de fortificaciones de bater√≠a dedicadas a entorpecer la navegaci√≥n por el firth, de un lado, y de otro el levantamiento de nuevos y m√°s exactos planos de √©ste, que si con sus numerosos baj√≠os nunca hab√≠a sido f√°cil para la navegaci√≥n, ahora lo era menos, al haber retirado los rebeldes "todas las boyas y se√Īalizaciones de ayuda de la orilla virginiana.

Algunos oficiales del Estado Mayor Naval, como el Teniente Comandante Thomas H. Phelps, le ayudaron en esto √ļltimo. Pero, aunque reforzada con 20 marines, su tripulaci√≥n estaba incompleta, y muy escasa de especialistas y oficiales, de forma que, en uno de sus informes, Fillebrown se quejaba de tenerlo que hacer todo personalmente, y no haber podido acostarse en cinco d√≠as. Y pese a sus esfuerzos, fue el ‚ÄúMount Vernon‚ÄĚ, otro de los vapores adquiridos √ļltimamente por la Marina, el que le se√Īal√≥ la posici√≥n de una fortificaci√≥n de bater√≠a en el paraje de Aquia Creek desagradablemente cercano al Distrito de Columbia.

Comprobado dicho informe, Fillebrown lo pas√≥ a Washington, donde sin embargo Lincoln y Welles no se atrevieron a emprender una acci√≥n tan radical como el bombardeo de las obras, (situadas en suelo a√ļn civil virginiano), hasta que la Secesi√≥n de Virginia no fuera confirmada en refer√©ndum. Hacia el 20 de Mayo, el ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ comenz√≥ a verse menos solitario, al alcanzar estado operativo en el firth el remolcador ‚ÄúResolute‚ÄĚ y el vapor ‚ÄúThomas Freeborn‚ÄĚ. Se dibujaba as√≠ el esqueleto de una futura Flotilla del Potomac, que el Capit√°n Gustavus Vaasa Fox, ascendido entretanto a Subsecretario de Marina y Jefe del Estado Mayor Naval, cre√≥ a los pocos d√≠as, bajo el mando del Comandante James Harmon Ward y teniendo el citado ‚ÄúFreeborn‚ÄĚ como buque insignia.

Otras dos decisiones tomadas aquel mes por el Secretario de Marina Welles, fueron el 9, trasladar la Academia naval de Annapolis, situada desagradablemente cerca del frente, al hermoso puerto de Newport, en Rhode Island, para el que la ‚ÄúConstitution‚ÄĚ zarp√≥ de inmediato, y el 16 enviar al Comandante John Rodgers a Saint Louis, donde deb√≠a dar apoyo, consejo y direcci√≥n al mando de tierra local, para la creaci√≥n de una flotilla de ca√Īoneras para el Mississippi y otros r√≠os.

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Por su parte, el Gobierno rebelde de Montgomery había dado en tanto nacimiento a la Marina Confederada, que durante los meses próximos iría incorporándose las marinas locales creadas por los Estados secesionistas. (Con una excepción: Texas, que siempre hace las cosas en una forma diferente, había creado su organización naval, el Texas Marine Department, no como una Marina del Estado, sino como una rama naval de sus Milicias. Y como las milicias estatales eran intocables en la Confederación, nunca podría ser absorbido).

Por otra parte, una larga conferencia celebrada el d√≠a 10 entre Jefferson Davis y su Secretario de Marina, Stephen Mallory, permiti√≥ a √©ste dejar bien establecido su criterio de que el Sur, navalmente d√©bil, no podr√≠a contener a las fuerzas navales unionistas sin apostar fuerte por la novedad que supon√≠an los buques blindados, (de los que s√≥lo se hab√≠an puesto hasta la fecha en servicio el ‚ÄúLion‚ÄĚ, en Gran Breta√Īa, y el ‚ÄúGloire‚ÄĚ en Francia). A este respecto, ten√≠a ambiciosos planes, que el Presidente Davis aprob√≥.

Asimismo, Mallory opinaba que la navegaci√≥n unionista s√≥lo pod√≠a ser molestada mediante el corso, y que a tal respecto ser√≠a extraordinariamente √ļtil el empleo de grandes corsarios gubernamentales, que pod√≠an ser c√≥modamente construidos, equipados y en buena parte tripulados en Inglaterra. A tal efecto, se decidi√≥ enviar con esa misi√≥n a Inglaterra al Capit√°n James Dunwoody Bulloch, y pedir su asistencia a un viejo h√©roe naval que a menudo resid√≠a en Europa: Matthew Fontaine Maury, mutilado a causa de un accidente, pero poseedor de cierto prestigio en los c√≠rculos cient√≠ficos americanos y europeos.

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Por otra parte, la Confederaci√≥n hab√≠a, seg√ļn lo previsto, ‚Äúcrecido‚ÄĚ aquel mes de Mayo. El 6, en que el Congreso Provisional Confederado hab√≠a dictado una ‚ÄúWar Bill‚ÄĚ por la que se declaraba oficialmente en estado de guerra con la Uni√≥n, Arkansas aprob√≥ su Acta de Secesi√≥n, uni√©ndose definitivamente al bloque rebelde. Y al d√≠a siguiente fue el turno de Tennesee aunque, como en el caso de Virginia, con la decisi√≥n supeditada al resultado de un refer√©ndum que hab√≠a de realizarse el 8 de Junio. Finalmente, el 20 de Mayo lleg√≥ la aprobaci√≥n del Acta de North Carolina, el mismo d√≠a que el Legislativo de Kentucky, impulsado por un prudente Beriah Magoffin, declaraba su Estado oficialmente neutral en el conflicto que se estaba iniciando.

El Gobernador de Tennessee, Isham G. Harris, y sus consejeros militares, temían sin embargo las consecuencias que el Acta podía tener en el Este de su Estado, (en la región de Knoxville). Tales consejeros, que casi de inmediato iban a recibir sendos despachos de Brigadier del Ejército Provisional Confederado, eran Felix Kirk Zollicoffer, un fire-eater de origen virginiano y bastante joven, que ostentaba el grado de Mayor General de la Milicia, y Benjamin Franklin Cheatham, de más edad, que lo había poseído anteriormente y era mucho más popular entre la fuerza.

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Zollicoffer hab√≠a estado tratando de ‚Äúpacificar‚ÄĚ la zona problem√°tica con su milicia aun antes de que se aprobara el Acta, deteniendo a varios prounionistas conocidos de Knoxville, incluido el predicador y agente pol√≠tico William Gannaway Brownlow, pero esto no parec√≠a haber producido m√°s efecto que el de enfurecer a√ļn m√°s a los antisecesionistas. El mismo d√≠a 7, la noticia de la aprobaci√≥n del Acta hab√≠a dado lugar a un violento mot√≠n en Knoxville, produci√©ndose un choque entre milicia y manifestantes en que hab√≠a resultado muerto uno de estos √ļltimos.

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Y lo m√°s inquietante era que algunos prounionistas destacados hab√≠an desaparecido de sus domicilios, y exist√≠an indicios de que grupos prounionistas estaban acumulando armas, obviamente con las m√°s aviesas intenciones. Se decidi√≥ crear un centro antiguerrilla en la misma Knoxville, que el propio Zollicoffer dirigir√≠a bajo el disfraz de un centro de instrucci√≥n dedicado a adaptar a las milicias a los est√°ndares del Ej√©rcito Provisional. (Pues Tennessee deseaba ocultar en lo posible a ojos extra√Īos sus divisiones internas). Al fin, cuando se celebr√≥ el refer√©ndum en Junio, iban a cumplirse todos los pron√≥sticos. De un lado, la Secesi√≥n ser√≠a aprobada mayoritariamente en el conjunto del Estado, pero la opci√≥n saldr√≠a derrotada, por doble n√ļmero de votos, pese a las presiones que se hab√≠an ejercido, en los condados del Este. De otro, se advertir√≠a de inmediato la presencia de milicias unionistas, mandadas por los Coroneles electos Joseph A. Cooper y Samuel P. Carter en las zonas rurales. Para Zollicoffer debi√≥ ser un alivio tener ya dispuestas para salir en su persecuci√≥n dos columnas de represalia, mandadas por los Coroneles William Henry Carroll y Humphrey Marshall.

Los indicios eran igualmente ominosos en la región de Virginia al Oeste de los montes Alleghany, que compartía muchas cosas, geográfica y culturalmente, con el Este de Tennessee. Allí, para preocupación del Gobernador Letcher y del Alto Mando, los llamamientos de voluntarios para la milicia y el Ejército Provisional estaban encontrando un alarmante vacío. Y el Condado de Wheeling, situado en el extremo Norte, en un espolón de tierra que se adelanta entre Ohio y Pennsylvania y donde los prounionistas se sentían a salvo, era un hervidero de conspiración.

El propio Alcalde de la ciudad de Wheeling, Andrew Sweeny, se hab√≠a declarado en rebeli√≥n contra Richmond desde el primer momento. As√≠, al telegrafiarle el 17 de Abril el Gobernador Letcher, d√°ndole orden de apoderarse de los edificios de la administraci√≥n federal en su municipio, ha respondido envi√°ndole por tel√©grafo su adhesi√≥n a los Estados Unidos de Am√©rica y al Presidente Lincoln. Antes de fin de mes, propietarios venidos de distintas zonas de la regi√≥n se reun√≠an en Wheeling a conspirar, evaluando sus posibilidades de crear un Estado secesionado de Virginia, que se adhiriese a la Uni√≥n. Y abiertamente, un Coronel Benjamin Franklin Kelley estaba reclutando un regimiento de Voluntarios unionistas, luego conocido como ‚Äú1¬ļ de West Virginia‚ÄĚ.

Era este tipo de problemas los que molestaban en Mayo a los confederados, cuyo Congreso Provisional había aprobado el día 16 un acuerdo que permitía ampliar el Ejército Provisional a 400.000 voluntarios, para cerrar su ronda de sesiones el 21, acordando el paso de la capitalidad de la Confederación de Montgomery (Alabama), a Richmond, como se le había prometido a Virginia antes de que se sublevara. Así, el Gobierno Provisional saldría hacia Virginia de inmediato y las Cámaras confederadas se reunirían en esta ciudad cuando se reanudaran sus sesiones.

En la propia Virginia, la organizaci√≥n militar avanzaba en forma un tanto despareja. As√≠, ya en 1 de Mayo se hab√≠a hecho pasar al Harper‚Äôs Ferry uno de los primeros regimientos del Ej√©rcito Provisional, que sustituy√≥ all√≠ a las brigadas de milicia de Carson y Meem, las cuales retrocedieron sobre Winchester, con el fin de reorganizarse y licenciar all√≠ parte de sus efectivos. En cambio, en la orilla Sur del Potomac ante Washington, la desorganizaci√≥n fue absoluta hasta la segunda mitad del mes, en que comenz√≥ a llegar la brigada surcarolina de Milledge Bonham y las fuerzas virginianas designadas para apoyarla. Y a√ļn continu√≥ despu√©s ya que, si bien sumaban cerca de 8.000 hombres bajo el mando superior de Bonham, ni siquiera se hab√≠an emplazado a√ļn ca√Īones apuntando a la capital. (Y ello pese a que el Brigadier Robert E Lee, que las conoc√≠a bien, ¬°eran suyas!, hab√≠a proporcionado un mapa detallado de emplazamientos en las estrat√©gicas colinas de Arlington).

La zona de Aquia Creek estaba a las órdenes del ya no joven Coronel norcarolino Theophilus Hunter Holmes, al frente de algunas tropas venidas de su Estado, y reforzadas con milicias huidas de Maryland, a las que mandaba nuestro viejo conocido Issac Ridgeway Trimble.

Sin embargo, casi todo era a√ļn muy improvisado, y probablemente los virginianos no se dieron cuenta que seguramente estaban cometiendo un error cuando, para poder recibir dignamente la llegada del Gobierno Confederado, celebraron apresuradamente el refer√©ndum que corroboraba su Secesi√≥n el 23 de Mayo.

Lo cierto es que, con ese gesto, borraron el √ļltimo escr√ļpulo legal del Gobierno de Lincoln para poner sus tropas en movimiento, y durante los siguientes d√≠as iba a verse a las tropas unionistas iniciar, a√ļn con las vacilaciones propias de unidades biso√Īas, sus primeras acciones realmente ofensivas.

En Washington el mando del Brigadier Mansfield, que contaba ya con casi 13.000 hombres, perfectamente pertrechados y equipados ahora que la recuperaci√≥n de Maryland hab√≠a permitido poner en uso toda la red ferroviaria de tiempo de paz, hab√≠a decidido tomar los arrabales de la orilla Sur del Potomac, frente al Distrito Federal, y ante todo hacerse con el control de las colinas de Arlington, privando al enemigo de los excelentes puestos de observaci√≥n y emplazamientos de artiller√≠a contra la capital que ofrec√≠an, y oblig√°ndole a alejarse una distancia prudencial de Washington. Para ello se iba a emplear una brigada formada ‚Äúad hoc‚ÄĚ y mandada por el Coronel Samuel Peter Heintzelman, hombre barbudo, activo y un poco prematuramente canoso, que hab√≠a mandado a√Īos atr√°s la guarnici√≥n de Fort Yuma, entre Arizona y California.

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Alineaba cinco regimientos, cuatro de ellos de New York, con un total de m√°s de 4.000 hombres, y estar√≠a apoyado en el r√≠o por la primera misi√≥n de la nueva Flotilla del Potomac, aunque incompleta. (El ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ estaba ausente, dando escolta a un carguero). Y la acci√≥n estaba programada para el amanecer del 24 de Mayo.

En Fort Monroe, en la orilla Norte de las Hampton Roads, (y la costa Sur de la Pen√≠nsula de Yorktown), Ben Butler encontraba que la vieja fortificaci√≥n, si bien amplia, (ten√≠a capacidad holgada para 4.000 defensores), comenzaba a quedarse peque√Īa ante las fuerzas all√≠ acumuladas, que ya hab√≠an comenzado a instalarse en tiendas de campa√Īa en las angostas franjas de playa frente al islote en que se encontraba. Conven√≠a por tanto formar una cabeza de playa de dimensiones aceptables. Y la ocasi√≥n resultaba favorable para ello pues, pese a que se hab√≠an acumulado en los √ļltimos d√≠as m√°s de 8.000 hombres en la fortaleza Monroe, el mando virginiano no hab√≠a reaccionado a√ļn, y segu√≠a guarneciendo la pen√≠nsula tan s√≥lo una brigadilla de tropas de Virginia y North Carolina, mandada por el Coronel virginiano John Bankhead Magruder.

Butler, que no hab√≠a alcanzado aquel escenario hasta el 22, y tampoco era un hombre r√°pido redactando √≥rdenes, s√≥lo podr√≠a avanzar el 25 con unos 4.000 hombres bajo el Brigadier de Milicia Ebenezer Pierce. El objetivo de la operaci√≥n era ocupar la cercana peque√Īa ciudad de Hampton, que daba nombre a las Hampton‚Äôs Roads, y el m√°s lejano puerto pesquero de Newport News, y la zona entre ambos. Trat√°ndose de un territorio que viv√≠a pr√°cticamente hacia y para el mar, y cuyas comunicaciones con tierra adentro no eran muy satisfactorias, se esperaba as√≠ que resultara despu√©s f√°cil de defender.

Por otra parte, y como en el Oeste de Virginia el Gobierno de Richmond estaba al fin poco a poco levantando milicias e imponiendo su ley, era el momento de intervenir en aquel territorio. George B. McClelland, posiblemente impulsado por su jefe de Estado Mayor, otro capit√°n retirado y ahora Coronel de Voluntarios llamado William Starke Rosencrans, estaba preparando la creaci√≥n de una amplia ‚Äúzona libre‚ÄĚ con centro en Wheeling, para lo que cruzar√≠an el Ohio en pocos d√≠as seis regimientos, con unos 5.000 hombres, mandados por el Coronel Thomas A. Morris.

Y también se preparaban acciones en el mar, donde la U.S. Navy iba a ser reorganizada con vistas a emprender el bloqueo con seriedad, y por supuesto, en el firth del Potomac, el Comandante Ward se disponía a emprender una acción en fuerza contra Aquia Creek.

Dejamos as√≠ este cap√≠tulo con el Norte, que tras las acciones de Butler en Maryland y Lyon en Missouri comenzaba al fin a pisar con pi√© firme, preparando su primer movimiento general ofensivo, aunque √©ste fuese a√ļn de objetivos limitados.

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Capítulo VII: Planteamiento De Una Guerra Civil

Antes de continuar la crónica de lo que en aquellos días sucedió, es quizás interesante dedicar un capítulo a estudiar los lugares, los medios e incluso el ambiente que rodearon el principio de aquella guerra. Y para eso no creo que pueda haber momento más oportuno que éste, en que, realizadas las declaraciones de guerra de facto, (en las instrucciones de Lincoln del 3 de Mayo y el Bill confederado del 6), y ya despejadas casi todas las incógnitas políticas, los ejércitos y las flotas de la Unión se disponían a moverse.

1¬į LOS FRENTES

Si partimos como zona neutral en la guerra de la frontera texano-mexicana, que los confederados de Texas dominaban entre Brownsville y la confluencia del Río Grande y el Conchos, daremos una vuelta en el sentido de las agujas del reloj para recorrer todos los frentes.

Sobre esta frontera, la posición confederada más occidental era Fort Leaton, un puesto avanzado de Fort Davis situado exactamente enfrente de la ciudad mexicana de Presidio del Norte, a través del Río Grande. Y al Oeste de la línea Fort Leaton-Fort Davis había una amplia zona deshabitada, o casi deshabitada, hasta aquélla en que se encontraban los puestos unionistas de Fort Quitman y Fort Bliss, al Noroeste.

A primera vista pudiera parecer que la posición de los texanos en el sector no era cómoda, pues entre esa zona de Texas y Nuevo Mexico, el Ejército Federal contaba con más de 1.500 hombres, y algunos cientos de soldados más habían llegado desde Texas. Pero en realidad, no había el menor peligro de que los federales de El Paso y Nuevo Mexico entraran en acción, y ello por varias razones.

En primer lugar, los refugiados que llegaban de Texas no ten√≠an la menor intenci√≥n de quedarse all√°, y menos de volver al Estado de la Estrella Solitaria. Todo su esfuerzo se centraba en ir ascendiendo hasta el Norte del valle del R√≠o Grande, para alcanzar Albuquerque, y de all√° Las Vegas y el inicio del ‚ÄúSanta Fe Trail‚ÄĚ (Ruta de Santa Fe), que recorrer√≠an en sentido inverso para llegar a Saint Louis, (Missouri), o la ruta alternativa, m√°s al Oeste, que les depositar√≠a en Leavenworth, en el ahora Estado de Kansas. En una palabra, sin importarles enfrentarse a un viaje de varios meses, estaban empe√Īados en alcanzar el ‚Äúverdadero‚ÄĚ Norte, los soldados para unirse a sus regimientos reorganizados, los escasos civiles para volver a la civilizaci√≥n.

Y ni siquiera se podía realizar su evacuación con demasiada premura, ya que aquellas regiones no abundaban de medios, y además cruzaban entonces por una crisis a la que nos referiremos más tarde.

Por otra parte, las tropas federales en Nuevo Mexico pasaban por una profunda crisis moral. De hecho, Nuevo Mexico era uno de los destinos más desolados y sin horizontes que podían caerle en suerte a un militar, ya sin que intervinieran otros factores. Y en aquellos días, la numerosa deserción de oficiales, que se perdían rumbo a los puestos confederados de la zona de la desembocadura del Río Conchos, había introducido un elemento amargo en el ambiente. Los soldados se sentían abandonados; y parece que los oficiales, (aunque la historiografía militar estadounidense posterior ha intentado disimularlo), se preguntaban si habían elegido el bando perdedor.

Y para colmo, las circunstancias del entorno ni siquiera eran las normales. Por el contrario, eran especialmente anormales, pues estaba comenzando la que iba a ser sin duda la peor de las guerras apaches.

Todo se hab√≠a iniciado en Enero, cuando un grupo de apaches asalt√≥ un rancho, robando alg√ļn ganado y un ni√Īo mestizo, ahijado del propietario. El hecho es que el indignado ranchero hab√≠a denunciado lo ocurrido al Ej√©rcito, a√Īadiendo que hab√≠a identificado a uno de los apaches de la banda como Cochise, el cacique de la tribu de los Chiricahua Choconen, de Sierra Chiricahua.

La identificaci√≥n no era fiable, pues todo el Territorio sab√≠a que tanto Cochise como su suegro ‚ÄúMangas Coloradas‚ÄĚ, cacique de los ‚ÄúCihene‚ÄĚ de Sierra Mimbres, eran hombres extraordinariamente altos, y cada vez que aparec√≠a un apache alto en un grupo de ellos se le identificaba como Cochise si era joven, o como ‚ÄúMangas‚ÄĚ si era de m√°s edad. Pero deb√≠a ser investigada, y a tal fin parti√≥ para Sierra Chiricahua el Teniente George N. Bascom, del 7¬ļ de Infanter√≠a, con 54 soldados montados a lomo de mula. Llegado a Apache Pass, invit√≥ al cacique a un pow-pow junto a la estaci√≥n de diligencias del Paso, (por cuya presencia el cacique cobraba un peque√Īo tributo de la l√≠nea, y cuyo factor era amigo suyo).

Cochise lleg√≥ sin sospechas, con tres apaches m√°s y una mujer con un ni√Īo en brazos, todos parientes suyos. Pero enseguida qued√≥ claro que el Tte. Bascom hab√≠a venido decidido a detenerle, fuese culpable o inocente. (Sin duda, pensaba hacer carrera pol√≠tica en el Territorio, donde una acci√≥n as√≠ le convertir√≠a en un h√©roe p√ļblico). Desgraciadamente, el indio era inocente, con lo que el doblez de Bascom le enfureci√≥ much√≠simo. Y peor a√ļn, Bascom era como traidor un perfecto incapaz, y Cochise se escurri√≥ entre sus manos, huyendo al monte mientras el Teniente deten√≠a a sus parientes.

Rápidamente, el pielroja reunió un buen grupo de guerreros y se dedicó a tomar como rehenes a cuantos blancos rondaban por las cercanías, pensando en canjearlos por sus familiares. Y como el Teniente se negaba, puso sitio a la estación de diligencias, donde los soldados se defendieron varios días, mientras algunos grupos de blancos de la zona, supervivientes de los ataques apaches, se les iban uniendo. Uno de ellos llegó llevando consigo prisioneros a tres apaches de la tribu de los Coyoteros, que no tenían mucho que ver en aquel asunto. (Curiosamente, tan lejos de su territorio, podían a cambio ser miembros de la banda que cometió el rapto por el que se había iniciado todo, que al fin resultó ser un grupo vagabundo de coyoteros).

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Por fin, el 11 de Febrero Bascom y su gente fueron rescatados por la aparici√≥n de un escuadr√≥n del 2¬ļ de Dragones, ante cuya presencia los apaches se esfumaron. Pero a poco ser√≠an encontrados los cad√°veres de los 16 rehenes que Cochise hab√≠a tomado, (10 mexicanos y 6 anglosajones, incluido su antiguo amigo), horriblemente torturados. Bascom hizo ahorcar sobre sus tumbas a los tres parientes varones del cacique y a los tres coyoteros, y la guerra se inici√≥.

‚ÄúMangas Coloradas‚ÄĚ no tuvo el menor inconveniente en unir las dos tribus de sus ‚ÄúCihene‚ÄĚ de Sierra Mimbres a la sublevaci√≥n. (Eran las ‚ÄúOjo Caliente‚ÄĚ y ‚ÄúMina de Cobre‚ÄĚ). Lo que se deb√≠a haber supuesto pues, aparte de su parentesco con el jefe de Sierra Chiricahua, el viejo ten√≠a de tiempo atr√°s motivos personales para odiar a los ‚ÄúOjos P√°lidos‚ÄĚ, (como llamaban los apaches a los anglosajones). ¬°En realidad, Cochise hab√≠a sido el ‚Äúpacifista‚ÄĚ de la familia!

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Al unirse a la rebeli√≥n las dos tribus de Sierra Mimbres, (los llamados tambi√©n apaches ‚ÄúMimbrenos‚ÄĚ o ‚ÄúMimbrejos‚ÄĚ), la √ļltima tribu de las que hablaban el dialecto chiricahua al Norte de la frontera tambi√©n lo hicieron. Se trataba de los ‚ÄúMogollon‚ÄĚ de Sierra Mogollon, que tambi√©n eran ‚ÄúCihene‚ÄĚ y, como los Mimbrenos, viv√≠an en las zonas adyacentes al r√≠o Gila. (Por ello, a todos los ‚ÄúCihene‚ÄĚ se les llama a veces ‚ÄúGile√Īos‚ÄĚ) Y m√°s al Oeste, la guerra tambi√©n atra√≠a a muchos de los Apaches Occidentales, comenzando por los Coyoteros (cuyos hombres hab√≠a ahorcado Bascom en el Paso Apache), y sus vecinos los ‚ÄúSan Carlos‚ÄĚ.

Antes de dos meses, las muertes se contaban por cientos, y para el Verano pasaban del millar y muy pocas eran de apaches. Estos, a su estilo caracter√≠stico, cruzaban en peque√Īas partidas de un lugar a otro, matando, (a menudo de una forma espantosa), y desapareciendo con su bot√≠n para perderse en el monte reseco. Mucha gente comenzaba a abandonar los territorios situados al Oeste de Apache Pass, toda actividad de pastoreo o prospecci√≥n minera se hab√≠a colapsado, el grueso de las peque√Īas granjas hab√≠an sido abandonadas y, en conj√ļntenla actividad econ√≥mica se estaba interrumpiendo. Y con buena cantidad de gentes desplazadas, el viajar o conseguir provisiones para un largo viaje se estaba haciendo m√°s caro y dif√≠cil.

De manera que los texanos no debían temer la posibilidad de una acción de los federales de Nuevo Mexico. No en largo tiempo. Por el contrario, un Teniente Coronel de la Milicia texana llamado John R Baylor estaba creando en San Antonio una unidad de Voluntarios, el 2 de Fusileros Montados de Texas, con la intención de ir a probar suerte hacia la región de El Paso y más allá si las cosas comenzaban bien.

Al Nordeste de Nuevo Mexico los contendientes estaban de nuevo separados, aqu√≠ por la regi√≥n del Panhandie, por entonces m√°s extenso, (la creaci√≥n del Estado de Oklahoma lo reducir√≠a a√Īos despu√©s), pero a√ļn en manos de los Comanches, Kiowas y Kiowa-Apaches, y no del hombre blanco. Junto a √©l, las Cinco Naciones permanec√≠an asimismo neutrales, aunque puesto que sus principales comunicaciones eran a trav√©s de la rebelde Arkansas, y las tropas federales las hab√≠an evacuado, ser√≠a l√≥gico que se fuesen decantando por la Confederaci√≥n. (M√°s a√ļn puesto que algunos de sus jefes m√°s prestigiosos cultivaban peque√Īas plantaciones de algod√≥n con trabajo esclavo).

Justo al Nordeste de las Cinco Naciones, la divisoria pasaba por Missouri, donde la situaci√≥n era bastante ca√≥tica. En general, los condados al Norte del r√≠o Missouri, la regi√≥n de Saint Louis y hasta la orilla Sur del r√≠o eran unionistas, y el interior al Sur y la orilla del Mississippi aguas abajo de Saint Louis secesionista. Pero no todo resultaba tan f√°cil. Al Norte del r√≠o hab√≠a tambi√©n importantes grupos secesionistas, que hab√≠an creado una fuerza militar bajo el Brigadier de Milicias Martin Greene. Y al Sur de aqu√©l la State Guard del Gobernador Jackson ten√≠a bien sujeta la ribera meridional del Missouri, a la vez que, muy en su retaguardia, aparec√≠an zonas bastante unionistas. As√≠ la regi√≥n central de Rolla e Ironton, comunidades mineras unidas por ferrocarril a Saint Louis y llenas de obreros de la miner√≠a y de la industria, que proced√≠an a menudo de estados unionistas, y eran en cualquier caso unionistas por oficio y convencimiento. Y a√ļn m√°s al Sudoeste, tambi√©n abundaban los unionistas en la zona en torno a Springfield. En estos lugares en la retaguardia confederada, se estaban formando milicias unionistas bajo el mando del Capit√°n Sturgis, antiguo comandante de Fort Smith en Arkansas, y de un notable local llamado Thomas W. Sweeny.

Al Este de Missouri, la neutralidad de Kentucky separaba a los contendientes, (mientras fuese respetada). As√≠, y faltas de un ‚Äúfrente propio‚ÄĚ, las fuerzas unionistas que se estaban levantando en Illinois tend√≠an a gravitar hacia el de Missouri, y las que se formaban en Indiana y Ohio hacia el del Oeste de Virginia.
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Al Sur de tal Estado, Tennessee ten√≠a ya formado un peque√Īo frente en su zona oriental, donde las guerrillas unionistas y las columnas antiguerrilla del General Zollicoffer pronto andar√≠an a la gre√Īa. Y al Este de Kentuky, la parte occidental de Virginia, como recordaremos con su organizaci√≥n militar muy retrasada a causa de la reticencia de muchos de sus habitantes a defender la causa sure√Īa, estaba a punto de ser invadida por las fuerzas del Coronel Morris, enviadas por el Mayor General McClelland desde Ohio. (En realidad, la √ļnica fuerza confederada coherente de un cierto tama√Īo que parec√≠a existir en el territorio era un regimiento de la Milicia de preguerra, reclutado en Charleston, la ciudad m√°s importante de la zona, situada en el valle del Kanawha, que se denominaba ‚ÄúKanawha Riflemen‚ÄĚ. Su jefe, hombre del V.W.I, era el Coronel George S. Patton, abuelo paterno del general de la Segunda Guerra Mundial).

M√°s al Este, e incrustado entre dos cordilleras de las que forman la serie de barreras monta√Īosas que, en buena parte del Este estadounidense, separan la llanura costera de la cuenca del Ohio, que es parte de la del Mississippi, corr√≠a de Sur a Norte el r√≠o Shenandoah. Su valle forma un corredor desde el del Potomac, que alcanza en Harper‚Äôs Ferry, hasta el Sur de Virginia, de lo que resultaba un pasillo natural para invadir Virginia desde Pennsylvania y Maryland, o tales Estados desde Virginia. Ante su importancia estrat√©gica, Robert E Lee, que mandaba todas las fuerzas virginianas, hab√≠a escogido especialmente al Coronel del Ej√©rcito Provisional al mando del regimiento enviado desde principios de Mayo al Harper‚Äôs Ferry.

Se trataba del exc√©ntrico ex-Capit√°n de Artiller√≠a Thomas Jonathan Jackson, que pronto ganar√≠a el apodo de ‚ÄúStonewall‚ÄĚ Jackson. Hombre extremadamente religioso y fan√°tico de la diet√©tica, (sobre la que ten√≠a ideas m√°s bien exc√©ntricas, incluso para la √©poca), hab√≠a sido √ļltimamente profesor de Artiller√≠a y Filosof√≠a Natural del Virginia Military Institute. Y sus alumnos, obviamente no compartiendo las opiniones de Lee, lo apodaban ‚ÄúOld Fool Tom‚ÄĚ, (‚ÄúViejotonto Tom‚ÄĚ).

Su regimiento pronto se vio apoyado junto al Potomac por tres compa√Ī√≠as de Caballer√≠a, levantadas localmente por propietarios de la zona. Uno de ellos, el ahora Capit√°n Turner Ashby, iba a conocer una fama notable s√≠ bien poco duradera. Y no muchos d√≠as despu√©s vendr√≠an a un√≠rseles nuevas compa√Ī√≠as, tra√≠das desde la costa por el Teniente Coronel James Ewell Brown Stuart, (uno de los subordinados de Lee contra John Brown, en 1859), que ten√≠a el encargo de formar el primer regimiento de Caballer√≠a Voluntaria virginiana. Casi al tiempo se mover√≠a desde Whasington, para tomar posiciones frente a ellos en la zona, una brigada mandada por el Capit√°n unionista Charles Pomeroy Stone, ahora convertido en Coronel de Voluntarios.

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Ya conocemos la disposición del resto de las tropas en el frente costero virginiano, con el mando unionista del Brigadier Mansfield haciendo frente al del surcarolino Bonham en la zona del distrito federal, y más allá el distrito unionista de Annapolis y la flotilla del Commander Ward, ante el secesionista Theophilus Holmes en Aquia. Por cierto y al partir Ben Butler para Fort Monroe, el mando del Distrito de Annapolis había recaído sobre el nuevo Brigadier de Voluntarios Nathaniel Prentiss Banks, otro general-político, y como él de Massachusetts, aunque de ideología republicana y no demócrata. Finalmente, en la Península de Yorktown, el mando del propio Butler en Fort Monroe se oponía al del confederado Magruder, centrado precisamente en Yorktown.

En el amplio Frente Atl√°ntico, donde se suced√≠an las costas de Virginia, ambas Carolinas, Georgia y Florida, la organizaci√≥n terrestre de los confederados a√ļn estaba en disputa, pero su reci√©n creada Marina hab√≠a dispuesto dos mandos defensivos. El primero, que inclu√≠a las costas de Virginia y North Carolina, correspond√≠a al Capit√°n Samuel Barron. El segundo, con las de South Carolina, Georgia y la Florida atl√°ntica hasta Los Cayos, al Capit√°n Josiah Tattnall, que hab√≠a ganado cierto prestigio a√Īos atr√°s, como Flag Officer del Escuadr√≥n de Extremo Oriente durante un incidente en China.

Frente a ellos, la U.S. Navy se preparaba a poner en juego dos flotas: Escuadr√≥n de Bloqueo del Atl√°ntico Norte, cuyo mando estaba confiado al Flag Officer Silas H. Strindham; y el Escuadr√≥n de Bloqueo del Atl√°ntico Sur, bajo las √≥rdenes del Flag Officer Samuel Francis Du Pont, que hab√≠a en principio izado su ense√Īa en la fragata de h√©lice ‚ÄúWabash‚ÄĚ, reci√©n vuelta al servicio activo y que, desplazando m√°s de 4.800 Tn, era el segundo buque m√°s voluminoso de la Flota.

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En el Golfo de Mexico, era en cambio la organización naval confederada que estaba sin concretar, mientras que las zonas de defensa de costas del Ejército Provisional se habían delimitado con claridad. Al extremo oriental, la fuerza de Braxton Bragg, ya llamada Ejército de Pensacola. Y yendo hacia el Oeste, otra fuerza menor, que estaba concentrándose en torno a la Brigada de Arkansas y se denominaba Ejército de Mobile, mandado por William Joseph Hardee, ascendido a Brigadier.

M√°s all√°, entre la boca del Mississippi y la frontera mexicana en Brownsville, las costas confederadas de Louisiana y Texas estaban bajo un mando conjunto, ejercido por el Brigadier Twiggs y dividido en dos sectores, el de Louisiana subordinado a Mansfield Lovell y el de Texas a Earl Van Dorn, ahora ascendido a Brigadier.

Por parte unionista se les enfrentaban las peque√Īas guarniciones de los fuertes Jefferson, Taylor y Pickens, y el gran Escuadr√≥n de Bloqueo del Golfo, reci√©n creado bajo el mando del Flag Officer William Mervine. Por cierto que √©ste, aun teniendo a sus √≥rdenes la gran fragata de h√©lice ‚ÄúNi√°gara‚ÄĚ, hab√≠a preferido instalar su mando en la m√°s modesta ‚ÄúColorado‚ÄĚ que tambi√©n formaba parte de su fuerza. (Las otras tres que a√ļn le quedaban a la U.S. Navy, tras perder al ‚ÄúMerrimack‚ÄĚ, estaban al servicio de Strindham). La base de este escuadr√≥n era Key West.

Entre ambos escuadrones, otro mucho menor, mandado por el Capit√°n Pendergrast, hab√≠a sido destinado a vigilar las islas de las que presumiblemente zarpar√≠an los buques que quisieran romper el bloqueo, se le llam√≥ Escuadr√≥n de las Indias Occidentales. Y a√ļn un √ļltimo Escuadr√≥n se form√≥ en el Pac√≠fico, para proteger la navegaci√≥n en aquel oc√©ano y las costas de California y los Territorios de Oreg√≥n y Washington, bajo el Flag Officer John B. Montgomery.

Por cierto que éste Escuadrón, que iba a tener una vida mucho más tranquila que los que frecuentaban aguas atlánticas, casi no varió de composición en toda la guerra. (Al contrario que aquéllos, que lo hacían de semana en semana, cuando no de día en día). Por ello es posible conocer los navíos de que disponía y compararlos con la estadística que suele aquí facilitarse para evaluar su exactitud.

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ESCUADR√ďN DEL PAC√ćFICO

Crucero de vapor: ‚ÄúLancaster‚ÄĚ, de 2362 Tn y con 28 ca√Īones (26 de ellos pesados)

Sloops de vapor: ‚ÄúNarragansett‚ÄĚ, de h√©lice, de 1.235 Tn y 5 ca√Īones, (1 de ellos pesado)
‚ÄúSaranac‚ÄĚ, de ruedas, de 1.446 Tn y 9 ca√Īones pesados.

Sloops de vela: ‚ÄúSaint Mary‚Äôs‚ÄĚ, de 958 Tn y con 22 ca√Īones (incluyendo 6 pesados)
‚ÄúCyane‚ÄĚ (2¬į), de 792 Tn y 18 ca√Īones, (incluyendo 4 pesados)

Ca√Īonero de palas: ‚ÄúSaginaw‚ÄĚ, de 453 Tn y con 4 ca√Īones (1 de ellos semipesado)

Velero de apoyo: ‚ÄúFredonia‚ÄĚ de 800 Tn, con dos ca√Īones ligeros.

Adem√°s, en su base en el Arsenal de Mare Island, dispon√≠an para acomodaci√≥n de la gran fragata ‚ÄúIndependence‚ÄĚ, de 3.270 Tn, y tambi√©n estaba surto el ca√Īonero ‚ÄúJohn Hancock‚ÄĚ, de 387 Tn, y ya desarmado y preparado para su venta, pero que no fue dado de baja en las listas navales y vendido hasta despu√©s de la guerra, (quiz√° porque se pens√≥ que podr√≠a ser rearmado en un apuro).

El total son 6 buques de combate y uno de apoyo, con 88 ca√Īones, pero la estad√≠stica que suele citarse da al Escuadr√≥n de Montgomery, 6 buques, 82 ca√Īones y un millar de hombres. De donde observamos que s√≥lo se ha tenido en cuenta los buques de combate, olvidando el de apoyo, y se ha infravalorado ligeramente la potencia artillera, (y m√°s a√ļn el componente de tripulaciones, aunque no entraremos en detalle sobre ello).

Hechas estas precisiones, citaremos adem√°s las fuerzas que la misma fuente da para las fuerzas de bloqueo de Strindham y Mervine.

Escuadr√≥n de Bloqueo Atl√°ntico: 22 buques, 296 ca√Īones y 3.300 hombres.

Escuadr√≥n de Bloqueo del Golfo: 21 buques, 282 ca√Īones y 3.500 hombres.

(No hay que olvidar que, con toda seguridad, los buques de apoyo y otros cometidos no se incluyen, ni tampoco que probablemente ca√Īones y hombres est√°n subestimados, y que no sabemos si las cifras incluyen, seguramente no, a las fuerzas de la Flotilla del Potomac y las Indias Occidentales. Hasta el d√≠a de hoy me ha sido imposible encontrar una informaci√≥n fiable)

Y como con estos √ļltimos datos hemos regresado a Brownsville, nuestro reloj ha dado ya la vuelta a la esfera, terminando el recorrido de frentes.


2¬į EL ARMAMENTO

Trataremos de incluir las armas más importantes o más usadas en la época en que se produjo la rebelión.

ARTILLER√ćA

1. Los M√°s Potentes.

Correspondían a tres familias, de avancarga y ánima lisa, todas ellas:

Los COLUMBIAD. Creados por el Coronel George Bomford, habían estado entre los primeros en sobrepasar ciertas dimensiones. Presentaban una gruesa recámara cilíndrica, desde la que el tubo se iba estilizando. En 1861 se usaban los modelos de 8 y 10 pulgadas de 1844.

CALIBRE (1) ANIMA (l) PROYECTIL (2) PESO PIEZA (2) ALCANCE M√ĀXIMO (3)

8 124 63 9240 4812
10 126 128 13320 5654

(1) Calibre y longitud del √°nima dadas en pulgadas
(2) Pesos del proyectil más pesado (bola sólida), y pieza en libras.
(3) Alcance máximo (en general logrado con bola sólida), en yardas.


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Los Columbiad eran pesados y engorrosos para los medios de la √©poca. Se los empleaba en defensas fijas y s√≥lo rara vez, (y con gran esfuerzo), eran trasladados para alg√ļn asedio.

Los RODMAN, Eran similares en caracter√≠sticas a los Columbiad, pero mucho m√°s pesados, aunque tambi√©n m√°s baratos de fundir. Ambas cosas por emplearse otro sistema de fundici√≥n, inventado por Thomas J. Rodman, y presentaban una forma inconfundiblemente troncoc√≥nica. Exist√≠an Rodman de 8 y 10 pulgadas, (como los Columbiad), y un monstruoso modelo de 15 pulgadas que era el mayor ca√Ī√≥n americano de 1861. Ya avanzada la guerra en 1864 aparecer√≠a un 20 pulgadas.

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Con su gran peso, los Rodman s√≥lo eran usados en defensas est√°ticas, generalmente de puerto, y como los Columbiad usaban grandes cure√Īas fijadas al suelo. Y aunque en algunos puertos sure√Īos hab√≠a Rodman de 8 y 10 pulgadas, solo los enormes puertos del Norte ten√≠an emplazados las monstruosas piezas de 15, cuyo proyectil s√≥lido pesaba 428 libras. (En la Bater√≠a de New York City, hoy Battery Park, hab√≠a emplazados 2).

Los DAHLGREN. Creados por el dan√©s John A. Dahlgren, hijo de un diplom√°tico, que se hab√≠a nacionalizado ya adulto y era en 1861 Capit√°n y Comandante de Ordenanza de la U.S. Navy. Nacidos de un cuidadoso estudio de las presiones que hab√≠a de soportar, ten√≠an la caracter√≠stica forma de un √°nfora de cuello muy alargado, y eran las piezas pesadas que usaba la marina. Hab√≠a Dahlgrens de 8, 9 y 10 pulgadas de bater√≠a de a bordo y un 10 pulgadas m√°s sofisticado y un 11, destinados a piezas principales sobre fustes giratorios, y llamados ‚ÄúPivot Guns‚ÄĚ.

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Aunque m√°s ligeros que los Columbiad y los Rodman, los Dahlgren de bater√≠a eran demasiado pesados para las t√≠picas cure√Īas navales de cuatro rodillos, (al menos los de 9 y 10 pulgadas). Por ello, se emplazaban sobre un nuevo tipo de cure√Īas, m√°s altas y con rodillos s√≥lo en la parte delantera, las ‚ÄúMarsilly‚ÄĚ de madera y ‚ÄúWard‚ÄĚ de hierro.

2. Otras Piezas de Gran Tama√Īo

OBUSES
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Los obuses no pod√≠an disparar bola s√≥lida, sino s√≥lo ‚Äúclase‚ÄĚ incendiaria, granada y metralla. A cambio, pod√≠an ser m√°s ligeros y m√≥viles, aunque los m√°s pesados s√≥lo se empleaban en defensa de costas o en defensa y bombardeo de fuertes y campos fortificados. Su alcance era modesto, y en 1861 exist√≠an los siguientes modelos de ordenanza:


DEFENSA COSTERA PROYECTIL (l) ALCANCE (2) PESO PIEZA (l) CALIBRE (3)

10 pulgadas 1841 90 1850 9500 10
8 pulgadas 1841 45 1800 5900 8

ASEDIO Y GUARNICI√ďN

8 pulgadas 1841 45 1800 5740 8
24 Libras 1841 48 1300 1476 5’82
32 Libras 1845 64 1504 1920 6’4

(1) Peso Proyectil y Pieza en libras

(2) Alcance m√°ximo en yardas

(3) Calibre en pulgadas


JamesRifle de 32 pulgadas M. 1829


MORTEROS

Los morteros también ahorraban peso, siendo más manejables, a cambio de un ánima muy corta que reducía su alcance y los hacía muy trabajosos de apuntar. En 1861 estaban en servicio los siguientes.

DEFENSA PROYECTIL (l) ALCANCE (2) PESO PIEZA (1) CALIBRE (3)

10 pulgadas 1841 98 4250 5775 10

ASEDIO

13 pulgadas 1841(4) 200 4325 11500 13
10 pulgadas 1841(4) 90 2100 1852 10
8 pulgadas 1841 46 1200 930 8
"Coehorn" (5) 24 1200 164 5’82

(1) Peso Proyectil y pieza en libras.

(2) Alcance m√°ximo en yardas.

(3) Calibre en pulgadas.

(4) Los morteros de asedio de 13 y 10 pulgadas iban a ser empleados a menudo en primera l√≠nea, despleg√°ndolos mediante las embarcaciones llamadas ‚Äúbombardas‚ÄĚ. El de 10 pulgadas de 1841 no era sino una reedici√≥n de un modelo anterior, de 1819, del que se hab√≠an fabricado pocos ejemplares. Ambos se emplearon indistintamente.


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(5) El viejo ‚ÄúCoehorn‚ÄĚ hab√≠a sido dise√Īado por los suecos a fines del Siglo XVII, pero su dise√Īo fue tan extraordinario que resist√≠a inc√≥lume el paso del tiempo. El Ej√©rcito Brit√°nico llegar√≠a a echar mano de sus viejos ‚ÄúCoehorn‚ÄĚ en la guerra de 1914-18 Finalmente, se debe advertir que exist√≠an tambi√©n algunos ejemplares de un ‚ÄúStone Mortar‚ÄĚ o ‚ÄúMortero-Pedrero‚ÄĚ de 16 pulgadas y s√≥lo 1.600 libras de peso. Era un arma defensiva, que s√≥lo pod√≠a disparar metralla y cuyo fin era descargar un cuarto de tonelada de chatarra sobre una brecha en unas hipot√©ticas defensas, ¬°a s√≥lo 250 yardas! En el momento en que la infanter√≠a enemiga tratase de cruzarla.

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Los Ca√Īones Rayados.

Eran la tendencia del futuro, pero el Ej√©rcito U.S. a√ļn no los apreciaba mucho. Hab√≠a en oferta excelentes piezas inglesas de Armstrong y Whitworth, (a√ļn dos casas separadas), y la nacional Parrot ofrec√≠a un 100 Libras de 6,4 pulgadas, un 175 Libras de 8 pulgadas y un devastador 300 Libras de 10 pulgadas. Su ventaja era la mayor baratura, alcance, precisi√≥n y peso del proyectil para iguales dimensiones. Su desventaja que sufr√≠an con facilidad aver√≠as y explosiones de rec√°mara.

3. Los Ca√Īones Intermedios.

Correspond√≠an a pesos de proyectil de entre 18 y 42 libras, y todos ellos pod√≠an ser empleados como ca√Īones navales intermedios. (De hecho, iban a serlo). Pero hab√≠a que distinguir dos ‚Äúfamilias‚ÄĚ entre sus variantes terrestres. Una que usaba siempre altas cure√Īas Marsilly con ruedas delanteras de Artiller√≠a y se empleaba s√≥lo en obras defensivas o, (tras un complicado traslado y emplazamiento), obras de asedio. Y otra que dispon√≠a de fustes de campa√Īa y pod√≠a ser usada, (y a menudo lo era), como artiller√≠a pesada de campa√Īa. Veremos sus principales piezas.

DE FORTIFICACI√ďN PROYECTIL (l) ALCANCE (2) PESO PIEZA (l) CALIBRE'(3)

42 Libras 1841 42 1915 8465 7
32 Libras 1841 32 1517 7200 6’4
32 Libras 1845 ‚ÄúLong‚ÄĚ 32 1756 4761 6‚Äô4

DE FORTIFICACI√ďN PROYECTIL (l) ALCANCE (2) PESO PIEZA (1) CALIBRE (3)

32 Libras 1846 32 2731 6384 6’4
18 Libras 1839 18 1592 4913 5’3

DE CAMPA√ĎA

Parrot de 30 Libras (4) 30 4800 3550 4’2
24 Libras 1839 (5) 24 1834 5790 5’82
Parrot de 20 Libras (4) 20 4400 1750 3’67

Peso proyectil y pieza en libras.


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(2) Alcance m√°ximo en yardas.

(3) Calibre en pulgadas.

(4) Ambos Parrot eran de retrocarga y ánima rayada, y no estaban en el inventario del Ejército a 1 de Enero de 1861, pero los unionistas comenzaron a adquirirlos desde el primer día.

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(5) Denominado ‚ÄúCa√Ī√≥n de Sitio‚ÄĚ, se le hab√≠a dado una cure√Īa m√°s operativa que la Marsilly, y pod√≠a ser desplegado, (aunque pocas veces lo iba a ser), en campa√Īa. El porqu√© no se dot√≥ del mismo tipo de cure√Īa al 18 Libras de 1839, es un misterio total. En realidad, muchos de √©stos ‚Äú32 Libras‚ÄĚ recibieron al fin cure√Īas Marsilly, y ser√≠an desplegados como lo que hemos llamado ‚ÄúCa√Īones de Fortificaci√≥n‚ÄĚ.

1. PIEZAS DE CAMPA√ĎA

Eran obuses, m√°s ligeros y f√°ciles de desplegar, y ca√Īones, cuya bola s√≥lida era aterradora para las tropas formadas al descubierto, y muy empleada. A comienzo de la guerra serv√≠an los siguientes:

OBUSES PROYECTIL (l) ALCANCE (2) PESO PIEZA (l) CALIBRE (3)

12 Libras de Monta√Īa (4) 12 1000 220 4‚Äô62
12 Libras 1841 (5) 12 1070 788 4’62
24 Libras 1841 (5) 24 1330 1318 5’82
32 Libras 1844 (5) 32 1500 1920 6’4



CA√ĎONES

6 Libras 1841(6) 6 1500 884 3’67
12 Libras 1841(6) 12 1663 1757 4’62
Parrot de 10 Libras (7) 10 3000 890 2’9

(1) Peso proyectil y pieza en libras.

(2) Alcance m√°ximo en yardas.

(3) Calibre en pulgadas.

(4) Muy utilizado en las guerras indias pero, por alguna raz√≥n, nunca fabricado en abundancia, resultaba extremadamente √ļtil.

(5) Al comienzo de la guerra, el ob√ļs del 32 se ve√≠a a veces en las bater√≠as pesadas, y los otros eran comunes: el del 24 en las medias y el del 12 en √©stas y las ligeras. Pero se fueron haciendo cada vez m√°s raros, sobre todo en el Norte, y el de 12, (frecuente al principio), desapareci√≥ barrido por el nuevo ‚ÄúCa√Ī√≥n-Ob√ļs‚ÄĚ Napole√≥n.


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(6) Ambos pod√≠an disparar s√≥lo bola s√≥lida y metralla. El ‚Äú6 Libras‚ÄĚ, estrella de la Guerra de Mexico y muy querido, formaba al principio las bater√≠as ligeras, s√≥lo o acompa√Īado por el Ob√ļs de 12. Luego fue siendo sustituido, desapareciendo casi totalmente en la Uni√≥n, en el Este para mitad de 1862 y en el Oeste un a√Īo despu√©s. La Confederaci√≥n lo ir√≠a tambi√©n sustituyendo, aunque a ritmo m√°s lento. El ca√Ī√≥n de 12, engorroso y que no gozaba de tantas simpat√≠as, se eclipsar√≠a antes y en ambos bandos.

(7) Pieza rayada y capaz de tirar toda clase de proyectiles, que se comenz√≥ a adquirir en cuanto se inici√≥ la guerra fue la primera de las nuevas piezas de campa√Īa. Para el Verano la complementar√≠a la ‚ÄúOrdenanza de 3 Pulgadas‚ÄĚ rayado y con proyectil de 9 libras, y a poco el ‚ÄúCa√Ī√≥n-Ob√ļs‚ÄĚ Napole√≥n de 12 libras 1857, de avancarga, (anteriormente no construido por falta de presupuesto), y entre los tres iban a sumar m√°s de 3.300 de la cosa de 4.100 ca√Īones que fabricar√≠a la Uni√≥n. Tambi√©n aparecer√≠an los Parrot de 20 y 30 libras.


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2-B FUSILER√ćA

1. Mosquetes de Anima Lisa, de Pedernal

Hasta 1844, la Uni√≥n hab√≠a fabricado un mill√≥n de √©sta clase de armas, (llamadas all√≠ a veces ‚ÄúCharleville‚ÄĚ, por proceder de modelos franceses del Siglo XVIII), en los modelos 1795, 1808, 1812, 1816 y 1835. Pero los tres primeros modelos hab√≠an sido liquidados hacia 1830, (aunque los 100.000 enviados al Sur en 1859 eran probablemente los √ļltimos de tal partida), y el 1835, cuya fabricaci√≥n no se inici√≥ hasta 1840, hab√≠a sido manufacturado en s√≥lo 30.000 ejemplares, de los que todos los supervivientes, unos 27.000, se modificaron a llave de percusi√≥n.

Habr√≠a por tanto a√ļn utilizables m√°s de 500.000 ejemplares del modelo 1816, (en su mayor√≠a en el Norte), y unos 100.000 anteriores, (por diversas causas, casi todos Modelo 1812), todos en el Sur.
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Durante los primeros meses de guerra, se utilizar√≠a cierto n√ļmero de √©stos ‚ÄúFlintlock Muskets‚ÄĚ, para complementar las armas m√°s modernas. Y desde el siguiente Verano, al crecer enormemente los ej√©rcitos, ambos bandos se afanaron a modificar todos los que pose√≠an a llave de percusi√≥n. Para fines de 1862, parece que esta tarea se termin√≥ y hoy, cuando un coleccionista encuentra uno de los muy buscados ejemplares con llave de pedernal, nueve sobre diez veces se trata de un enga√Īo, y el arma acaba de ser reconvertida de nuevo por el codicioso vendedor.

2. Mosquetes de Anima Lisa, de percusión

Entre los mosquetes de percusi√≥n Springfield Modelo 1842, y los viejos 1835/40 reformados, se hab√≠an acumulado entre 1842 y 1856 unas 200.000 armas de esta clase, de las que casi todas estaban a√ļn en uso.

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Estas fueron las armas m√°s numerosas durante el primer a√Īo de guerra aunque, a partir del primer invierno, las armas m√°s modernas, fabricadas en U.S.A o importadas, les fueron sustituyendo. (Primero en los frentes del Este). Como los ‚ÄúFlintlock‚ÄĚ, los Percussion Muskets eran calibre 69.





3. Fusiles Mosquete con munici√≥n ‚ÄúMini√©‚ÄĚ

La primera arma de esa clase fabricada en estados Unidos fue el ‚ÄúRifle-Musket Springfield M 1855‚ÄĚ, del 58. Para fin de Abril de 1861 se hab√≠an fabricado s√≥lo 47.000, de los que cerca de 20.000 pasaron a manos sure√Īas

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El cambio revolucionario que supon√≠a el uso de munici√≥n ‚ÄúMini√©‚ÄĚ con un √°nima rayada, (que permit√≠a unir la velocidad de carga del mosquete a la potencia y precisi√≥n del rifle), hizo que estas armas fueran codiciad√≠simas en los primeros d√≠as de la guerra, y luego fabricadas, compradas o capturadas hasta convertirse en las m√°s numerosas de ambos bandos. As√≠, el Gobierno Federal lograr√≠a fabricar casi 1.500.000 de ellos, (en los modelos 1861 y 1863), y adquirir√≠a m√°s de 400.000 de los muy semejantes ‚ÄúEnfield 1853‚ÄĚ ingleses.

4. Fusiles Rayados de Pedernal y de Percusión

En Estados Unidos se hab√≠an fabricado tres fusiles militares de pedernal, los Harper‚Äôs Ferry 1803, Derringer 1814 y Starr ‚ÄúCommon Rifle‚ÄĚ1817, todos del 54. Y exist√≠an innumerables ejemplares del cl√°sico rifle de pedernal de caza y defensa llamado ‚ÄúKentucky Rifle‚ÄĚ, en calibres que iban en general del 40 al 54. Adem√°s tambi√©n se hab√≠an producido, ya con sistema de percusi√≥n, los rifles militares del 54, Harper‚Äôs Ferry 1842 y Remington 1841, (apodado ‚ÄúMississippi Rifle‚ÄĚ por la fama que le hab√≠a dado en la Guerra de Mexico el Regimiento ‚ÄúMississippi Mounted Rifles‚ÄĚ de Jefferson Davis).

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El problema de todas estas armas era que, no estando fabricadas para utilizar munici√≥n deformable subcalibrada tipo ‚ÄúMini√©‚ÄĚ, y siendo de avancarga, eran lentos de cargar y su √°nima se deterioraba con rapidez. El Norte las consideraba obsoletas desde la aparici√≥n del Springfield 1855, y no las us√≥. El Sur, que tard√≥ m√°s en proveerse de Rifle-Muskets y donde, por alguna raz√≥n, se encontraban el grueso de los Harper‚Äôs Ferry y Mississippi supervivientes, emple√≥ cierto n√ļmero de ellos. Y las milicias confederadas de Missouri, Kentucky, Tennessee y otras zonas del Sur donde abundaban los ‚ÄúKentucky Rifles‚ÄĚ, fueron muy felices de poder disponer de ellos hasta que fueron recibiendo equipo m√°s moderno.

5. Las Carabinas de Retrocarga

El Ej√©rcito americano hab√≠a sido uno de los primeros del mundo en emplear una carabina de retrocarga: la ‚ÄúNorth Hall‚ÄĚ, de pedernal, calibre 53 Se la hab√≠a fabricado de 1818 a 1848, siendo usada por ciertas unidades especiales y por los Dragones de Caballer√≠a, y en 1850 los ejemplares disponibles fueron dotados de llaves, de percusi√≥n. Pero, desde entonces, la pol√≠tica en cuanto a carabinas se hizo vacilante, fabric√°ndose un peque√Īo n√ļmero de ejemplares de distintas armas: a√ļn en la d√©cada de 1840 las Remington ‚ÄúJenks‚ÄĚ, llamadas ‚ÄúOreja de Mula‚ÄĚ, navales, y el Springfield Percussion Musket 1856 de avancarga y del 59, que era una versi√≥n muy recortada del 1842. Y desde 1852, el Ej√©rcito hab√≠a estado evaluando peque√Īas cantidades de carabinas modernas, sin acabarse de decidir:

(La Greene del 54, 600 ejemplares de dos modelos distintos de la excelente ‚ÄúSharps‚ÄĚ, en calibre 52, 500 Joslyn del 54, apodada ‚ÄúCola de Mono‚ÄĚ, y √ļltimamente se favorec√≠a la Maynard del 50).


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El Sur se vio en principio bastante desfavorecido en cuanto a √©sta clase de armas, con las posibles excepciones de la ‚ÄúHall-North‚ÄĚ, cuyos √ļltimos ejemplares en uso parec√≠an estar todos en Texas, y alg√ļn n√ļmero de Springfield 1846 y ‚ÄúJenks‚ÄĚ. El Norte, que dispon√≠a de m√°s n√ļmero, encontr√≥ oposici√≥n en el Departamento de Ordenanza del Ej√©rcito, que no apreciaba estas armas. Y as√≠ la tropa habr√≠a de luchar una batalla administrativa para lograrlas. En tanto los oficiales de voluntarios, que adquir√≠an en general sus armas por cuenta propia, comenzaron a introducir ejemplares de la ‚ÄúSharps‚ÄĚ, de la nueva Henry del 44 anular, de 15 tiros, y de la carabina-rev√≥lver Colt 1855 del 50 de percusi√≥n, de 5 tiros. Adem√°s, algunas unidades equipaban sus ‚Äúcompa√Ī√≠as de flanco‚ÄĚ, (Infanter√≠a Ligera de los regimientos de l√≠nea), con carabinas de producci√≥n local: las de Rhode Island con carabinas Burnside del 54, y las de Connecticut con Colt de 5 tiros. En fin, el propio Samuel Colt, que se hab√≠a hecho llamar fraudulentamente ‚ÄúCoronel Colt‚ÄĚ durante a√Īos, financi√≥, y equip√≥ totalmente con tales armas, el regimiento ‚ÄúConnecticut Revolving Rifles‚ÄĚ para tener derecho a tal t√≠tulo.

2-C. ARMAS CORTAS

En los primeros días de la guerra civil, se emplearon tantas o más pistolas de percusión, de avancarga y un tiro, que revólveres, aunque después la proporción de éstos se fuera ampliando.

1. Las Pistolas de Percusión

Salvo caso de alguna arma conservada familiarmente con especial cari√Īo, y llevada luego a la guerra individualmente, los modelos de pistola de percusi√≥n empleados en la Guerra Civil iban a ser s√≥lo cuatro:

Pistola-Machete ‚ÄúElgin‚ÄĚ Naval del 54 (1)
Pistola de Percusi√≥n M 1842 ‚ÄúArmy‚ÄĚ 54 (2)
Pistola de Percusi√≥n M 1843 ‚ÄúNavy‚ÄĚ 54 (3)
Pistola de Percusi√≥n M 1855 ‚ÄúSpringfield‚ÄĚ del 58 (4)

(1) Fabricada en cantidades relativamente modestas, con aterradora hoja de machete, y usada sólo por las marinas.

(2) La fabricada m√°s masivamente, muy com√ļn en 1861 y muy usada por la Infanter√≠a y Artiller√≠a de la Uni√≥n, y por los confederados de todas las Armas al principio de la guerra.

(3) Parecida a una 1842, pero m√°s corta, y fabricada en n√ļmeros bastante menores a aqu√©lla. Usada sobre todo en el mar, al menos en la Uni√≥n.

(4) Fabricadas unas 4.000 (2.000 parejas, pues eran pistolas de arz√≥n, que iban por pares), probablemente fueron utilizadas casi todas pues, a√ļn un poco anticuadas, eran armas excelentes, muy bien acabadas y de fabricaci√≥n reciente. Se les pod√≠a adaptar una culata de carabina.

2. Los Revólveres

Lista de los principales revólveres disponibles al inicio de la rebelión:

FABRICANTE MODELO TAMBOR CAL TIPO (2)

ADAMS (3) Adams and Deane 5 50 SA (P) (4)
ADAMS Adams and Deane 5 44 SA (P) (4)
ADAMS Adams and Deane 6 32 SA (P) (4)
ADAMS Beaumont ‚Äď Adams 5 44 DA (P) (4)
ALLEND&WHEELOCK Bar Hammer 5 34 DA (P) (5)
ALLEND&WHEELOCK Sidehammer Navy 6 34 DA (P) (5)
ALLEND&WHEELOCK Sidehammer Rimfire 6 34 DA (P) (5)
COLT Whitneyville ‚Äď Walker 6 44 SA (P) (6)
COLT Dragoon 6 44 SA (P) (6)
COLT Baby Dragoon 6 44 SA (P) (6)
COLT Pocket 1850 5-6 44 SA (P) (6)
COLT Navy 1851 6 44 SA (P) (6)
COLT Root Pocket 1855 6 44 SA (P) (6)
COLT Army 1860 6 44 SA (P) (6)
KERR (3) Army 5 44 SA (P) (13)
LEFAUCHEUX (14) Navy 1855 6 44 SA (C)
LE MAT 9+1 Var. SA (P) (15)
REMINGTON Beals Pocket 1857 5 31 SA (P) (16)
REMINGTON Rider Pocket 5 31 SA (P) (16)
REMINGTON Beals Army1858 6 31 SA (P) (17)
REMINGTON Beals Navy 1858 6 31 SA (P) (17)
STARR Army 1858 DA 6 44 DA (P) (18)
STARR Navy 1858 DA 6 44 DA (P) (18)
TRANTER (3) TT 5 44 SA/DA (P) (19)
WARNER 5 31 SA (P) (20)
WHITNEY Navy and Eagle 5 36 SA (P) (21)
WHITNEY Two Trigger 6 36 SA (P) (22)
WESSON & LEAVITT 6 40 SA (P) (23)



(1) Capacidad en disparos

(2) SA (acción simple), o DA (doble acción), P (Percusión), o C (Cartucho metálico)

(3) Revólveres ingleses de importación, o fabricados bajo licencia por Massachusetts Firearms. En ésta época comprados por oficiales a título privado, y pocos. Más tarde se harían algunos pedidos.


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(4) Eran más sólidos que la mayoría de los revólveres americanos, y los Beaumont Adams disponían de mecanismo de doble acción.

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(5) E1 Bar Hammer era complicado de recargar, y los otros, (y un Centerhammer Army del 44 que sali√≥ enseguida para aprovechar el ‚Äútir√≥n‚ÄĚ de ventas de la guerra), eran f√°ciles de reparar, pero muy feos, y de ‚Äúboca‚ÄĚ pesada, que dificultaba la punter√≠a. Siempre ser√≠an raros, y ninguno de ellos fue producido en m√°s de 1.500 ejemplarses.


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(6) Los Paterson del 36 y 34, y el Walker, fueron los primeros rev√≥lveres de Colt, con producciones peque√Īas. En 1861 quedar√≠an pocos ejemplares, la mayor√≠a en Texas.

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(7) Se hab√≠an producido desde 1848 unos 20000 ‚ÄúDragoon‚ÄĚ, un millar de ellos con culat√≠n de carabina. Y fueron muy populares, (sobre todo entre la Caballer√≠a), a principio de la guerra.

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(8) El Baby Dragoon fue el primero de los Pocket del 31, muy faltos de potencia. Pero se habían fabricado 15.000 en 1849-50, y algunos irían a la guerra, en manos de optimistas.

(9) De este segundo Pocket del 31 se habían fabricado ya para 1861 más de 150.000, y sobran testimonios gráficos de su empleo por ambos bandos, (por mucho que podamos dudar de su eficacia).
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(11) El Navy 51 fue el revolver militar superventas de los 50, con cifra de producci√≥n no muy inferior a la del Pocket 50 en USA, y quiz√° de 70.000 en el extranjero. En 1861 era el m√°s popular en ambos campos, y sigui√≥ si√©ndolo en el Sur hasta el fin. Tambi√©n lo produc√≠a bajo licencia la Manhattan Firearms, y varios miles de ejemplares de una copia pirata llamada ‚ÄúDimick‚ÄĚ, con carcasa de lat√≥n, se hab√≠an vendido durante los √ļltimos meses a las milicias secesionistas.
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(13) El Root era el mejor de los Pocket de pistón y aunque no fue fabricado en gran cantidad, se le apreciaba. (Era el revólver de Robert E. Lee).


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(14) El Army 60 ya comenzaba a difundirse en el Norte, sobre todo en la Infantería y Artillería. Al fin sería el revolver más fabricado en la guerra, con unos 240.000 ejemplares. Dos derivados más ligeros, el Navy 1861 del 36 y el Police 1862, semejante pero más corto y ligero y de 5 tiros, le seguirían aquel ano, con mucho menos éxito.

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(15) El Kerr era de mecanismo muy parecido a los Adams, poro incluso m√°s robusto, y especialmente ideado para poder ser reparado sin uso de herramientas especializadas. A√ļn se ve√≠an pocos, pero iba a encantar a los sure√Īos.

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(16) El Lefaucheux era un rev√≥lver de 11 mil√≠metros europeo, y de cartucho de espiga. Era muy moderno y r√°pido de recargar, pero el sistema de espiga daba lugar a disparos accidentales. El Gobierno de Washington compr√≥ 10.000 Lefaucheux franceses justo al iniciarse las hostilidades, pero por alg√ļn motivo nunca fue muy popular, y las peque√Īas cantidades recibidas despu√©s parecen haber sido copias belgas del armero Auguste Francotte (Lieja).


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(17) Alexandre Le Mat, de New Orleans, llevaba producidos unos cientos, y se encontraban entre las tropas de Louisiana y Mississippi. Pose√≠a un enorme tambor de 9 tiros, del 36 o el 42, cuyo eje era un ca√Ī√≥n de recortada del 60, que se disparaba con un segundo gatillo.


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(18) No muy numerosos aunque sólidos. El de doble acción lucía un muy característico tambor en forma de seta.

(19) M√°s s√≥lidos y en conjunto mejor que los Colt, pero eclipsados por la fama de aqu√©llos, se fabricar√≠an de 1860 a fin de1861, 12.500 ‚ÄúArmy‚ÄĚ y 15.000 ‚ÄúNavy‚ÄĚ. Los modelos siguientes iban a ser de ocho tiros.


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(20) Más sólidos que los Colt y con gatillo de doble acción. De 1858 a fin de 1862 se fabricaría 23.000 del 44 y 3.000 del 36.
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(22) Dotado de un astuto sistema para poder hacer tiro de precisión en acción simple, o tiro rápido a bocajarro en doble acción. Por lo demás se parecía mucho a un Adams. Un arma excelente.

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(23) Se habían producido menos de 10.000 ejemplares y era débil, poco potente, y hasta feo. Pero hay testimonios de su uso en ambos bandos.


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(24) De caracter√≠sticas similares al Remington, gust√≥ mucho a los sure√Īos, que llegaron a obtener m√°s de dos tercios de su producci√≥n, (de 33.000 ejemplares entre 1859 y 1863), y adem√°s har√≠an copias piratas. La primera, en unos cientos de ejemplares y llamada ‚ÄúShawn and McLanahan‚ÄĚ, se hab√≠a fabricado en Saint Louis hasta Mayo de 1861.
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(26) Un Pocket, sólido y algo engorroso, en que el tambor se movía accionando un segundo gatillo, y no alzando el percutor.

(27) Fabricado en muy peque√Īas cantidades y a√Īos antes, (Colt demostr√≥ que contraven√≠a su patente), parece que sin embargo fue usado.

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NOTA FINAL. Con el tir√≥n de la demanda generado por la guerra, aquel 1861 muchas otras empresas se sumar√≠an al carrusel, apareciendo rev√≥lveres como el raro pero bonito Butterfield ‚ÄúArmy‚ÄĚ del 41 y 5 disparos, el Joslyn ‚ÄúArmy‚ÄĚ del 44, el Moore ‚ÄúSeven Shooter‚ÄĚ de 7 tiros, del 32 anular, el Pettingill ‚ÄúArmy‚ÄĚ del 435, el Prescott ‚ÄúNavy‚ÄĚ del 38 anular, el extra√Īo Rev√≥lver-Carabina Savage ‚ÄúNavy‚ÄĚ del 36, el Smith and Wesson ‚ÄúNumber 2‚ÄĚ del 32 anular y el Uhlinger del mismo calibre.

3¬į EL MANDO

Los Ej√©rcitos de la Guerra Civil, que como veremos en pocos meses iban a ascender a 500.000 hombres para la Uni√≥n y 400.000 para los confederados, y las correspondientes Marinas, y que a√ļn crecer√≠an m√°s a partir del a√Īo siguiente, part√≠an de una base de oficialidad muy angosta. En efecto, el Ej√©rcito Federal de preguerra se compon√≠a tan s√≥lo de 900 oficiales, incluidos los servicios, de los que casi 300 se pasaron a las l√≠neas confederadas. Y la Marina 600, de los que 260, (una proporci√≥n a√ļn mayor), se unieron asimismo a los rebeldes. Y a√ļn hab√≠a que restar de estas cifras la oficialidad de servicios y aqu√©llos, no pocos a partir de las graduaciones de Mayor y Teniente Coronel, cuyo estado de salud les desaconsejaba los mandos de combate. (Como veremos, el mismo Mayor Robert Anderson, de Fort Sumter, hubo de ser pronto declarado no apto para el servicio de campa√Īa).

El primer recurso eran obviamente los oficiales que hab√≠an pedido el retiro anticipado durante la √©poca de parquedad de ascensos de los √ļltimos 10 a√Īos: Y en efecto, veremos surgir de √©ste origen a soldados como ‚ÄúStonewall‚ÄĚ Jackson o, en el Norte, Grant, Sherman, Meade, McClelland, Halleck, Burnside o Hooker. Para mandar las unidades de Voluntarios, se vieron pr√°cticamente rifados. Pero en total sumaban en torno a 200.

El segundo eran los oficiales de milicia con alguna experiencia de combate; en Mexico, donde hab√≠a intervenido bastante milicia, la mayor√≠a de √©sta hab√≠a sido sin embargo sure√Īa, lo que daba cierta ventaja a los confederados respecto a tal recurso. Finalmente, los sure√Īos cre√≠an tener una ventaja considerable por el hecho de que mientras en el Norte las familias pudientes enviaban normalmente a sus hijos a la universidad, en su tierra la costumbre era mandarlos a West Point, o a un instituto militar estatal, aunque luego no fueran a seguir la carrera de las armas. La idea era que la cultura general que se recib√≠a en √©stas instituciones era suficiente, y la costumbre del mando, y del manejo de caballos y armas, pod√≠a ser m√°s √ļtil para un terrateniente que una cultura especialmente sofisticada. (Y quiz√° no les faltara raz√≥n como se vio a lo largo de la contienda).

En una guerra como aquélla, era inevitable que la concesión de altos grados tuviera un alto componente de influencia política. En el mismo Sur, donde sin embargo el margen para el error era estrecho, se hizo así, sobre todo en los primeros tiempos. Pero desde el traslado del Gobierno a Richmond, las cosas empezaron a cambiar. Jefferson Davis dio entonces los cinco primeros despachos de Mayores Generales del Ejército Provisional, y como quiera que tres de ellos fuesen a Cooper, Johnston y Lee, (convertido en un remiendo de subsecretario de Defensa informal), estos hombres se unieron en una especie de grupo de presión en favor de la profesionalidad, que a la larga fue una bendición para el Ejército Provisional. Debe decirse que, salvo en lo referente a las críticas a su amigo Braxton Bragg, que era su punto ciego, el Presidente Davis les apoyó en todo momento en sus decisiones.

Los otros dos Mayores Generales fueron el inevitable David Emanuel Twiggs y el Obispo Leónidas Lafayette Polk. Este hombre, emparentado con el antiguo Presidente Polk y Obispo metodista muy querido en Tennessee y a todo lo largo del Mississippi, había sido cortejado sin rubor por el Ejército Provisional, que esperaba que su ingreso en él aumentase sustancialmente su popularidad y el volumen del voluntariado. Y cuando al fin el hombre, (un tipo rubicundo, de grandes patillas), consintió, no se pudo menos que ascenderle directamente a Mayor General.


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En el Norte, como en el Sur, el mando de un Regimiento financiado principalmente por un hombre iba a √©ste, que se convert√≠a en su Coronel. S√≥lo que, con mucha m√°s frecuencia que en el Sur, ese hombre no ten√≠a la menor noci√≥n de asuntos militares. Entonces pod√≠a de todas formas ejercerlo, como hab√≠a hecho Butler con el 8¬ļ de Massachusetts, o delegarlo en un hombre m√°s o menos calificado, que sol√≠a empezarlo a mandar como Teniente Coronel, para respetar la coronel√≠a del ‚Äúamo‚ÄĚ.

En Regimientos cuya financiaci√≥n y organizaci√≥n hab√≠a sido de varias fuentes, se tra√≠a un ‚Äúespecialista‚ÄĚ de fuera, se daba el mando a aqu√©l de los financiadores que m√°s conocimientos militares tuvieran o m√°s hubiera trabajado en su organizaci√≥n. Y en caso de duda, se decid√≠a por votaci√≥n entre la tropa. En realidad la votaci√≥n se realizaba siempre, pero el Siglo XIX era una √©poca realista y muy descarnada y, si exist√≠a un financiador, (o un grupo financiador), la mayor√≠a de los soldados votaban obedientemente a qui√©n por ellos se les indicara, dando por supuesto que de lo contrario se esfumar√≠a la financiaci√≥n.

De todas formas, a menudo la mayor√≠a de los mandos sal√≠an de la votaci√≥n, lo que tuvo efectos perjudiciales. Y no, como a menudo pretenden los militares, porque el jefe elegido no iba a atreverse a malquistarse con su ‚Äúp√ļblico‚ÄĚ. M√°s bien era que, en ese momento, los voluntarios no ten√≠an en general ni idea de lo que deb√≠an de exigir de un jefe, y demasiadas jefaturas fueron a manos de jumentos dotados del suficiente dinero para hacerse simp√°ticos pagando unos barriles de cerveza.

Y por encima del grado de comandante de regimiento, la popularidad del momento resultaba a√ļn un factor important√≠simo. Vemos as√≠ como, en pocos meses, todos los capitanes de Fort Sumter tuvieron sus coronel√≠as, y antes de un a√Īo tendr√≠an como m√≠nimo mandos de brigada. O como William Tecumseh Sherman, Capit√°n retirado con experiencia de Estado Mayor, (pero no de combate), era recibido con el mando de uno de los nuevos regimientos de l√≠nea, seguido con una brigada, una divisi√≥n antes de fin de Verano y un Ej√©rcito para el Oto√Īo principalmente porque ten√≠a labia y estaba bien relacionado. George Gordon Meade, tambi√©n capit√°n retirado, y habiendo sido el primero de su promoci√≥n, pero impopular, se encontrar√≠a en faenas de entrenamiento, y despu√©s habr√≠a de hacer m√©ritos al frente de una brigada durante m√°s de un a√Īo para ir m√°s all√°.

Este juego de la popularidad, que nunca fue tan importante en el Sur, resultar√≠a sofocante en los m√°s altos niveles del mando. All√≠, como si tambi√©n se celebrara una elecci√≥n, los entusiasmos del p√ļblico, conducido por una Prensa irresponsable, que ‚Äúcreaba‚ÄĚ un h√©roe popular cada dos meses, eran muy dif√≠ciles de contrariar, y Lincoln se iba a ver a√Īo tras a√Īo obligado a nombrar, no los que √©l consideraba los mejores jefes, sino los menos malos de los que, por su "cotizaci√≥n" en el momento, resultaban elegibles.

En realidad, el Ej√©rcito Federal pose√≠a una c√ļpula de altos mandos bastante bien preparados, comenzando por los mismos Winfield Scott y John Ellis Wool, e incluyendo personajes como el Mayor General George Gibson y los Brigadieres John Garland, George B. Cadwalader y Sylvester Churchill. Aunque ninguno de ellos ten√≠a ya ‚Äúcuerpo‚ÄĚ para un mando de campa√Īa, pod√≠an haber dado su orientaci√≥n estrat√©gica a las operaciones. (Al fin, aun muy deformada por la intervenci√≥n de varios supuestos ‚Äúgenios‚ÄĚ m√°s j√≥venes, y con retraso de m√°s de un a√Īo, fue la estrategia ideada por Winfield Scott la que derrotar√≠a al Sur). Y no faltaban hombres de su generaci√≥n que pod√≠an mandar operaciones, como Joseph King Fenno Mansfield y Erwin Vose Sumner. Pero la Prensa y el p√ļblico los encontraban ‚Äúrancios‚ÄĚ, y nunca les dar√≠an su favor.

Precisamente, en aquellos d√≠as Sumner sal√≠a a la palestra con motivo de otro de los errores de elecci√≥n de Scott. Despu√©s de ser rechazada su oferta por Robert Lee, el Teniente General hab√≠a ofrecido el mando del Ej√©rcito unionista del Este a Albert Sidney Johnston, (que curiosamente, era de Mississippi y no ten√≠a ning√ļn parentesco con el virginiano Joseph Eggleston Johnston). Este segundo Johnston era, casualmente, el √ļltimo Brigadier habilitado por el Ej√©rcito antes de la Secesi√≥n, (como su tocayo era el √ļltimo nombrado), y hab√≠a sido ascendido por el √©xito de sus campa√Īas contra los mormones rebeldes y los indios Paiute, al frente del Departamento de Pac√≠fico. Pero tambi√©n este segundo Johnston, como Lee, declin√≥ la oferta para ir a unirse a los confederados. Y el viejo Sumner le sucedi√≥ en la jefatura del Departamento del Pac√≠fico, ofreci√©ndose a la vez para hacer campa√Īa contra los confederados si hac√≠a falta.

 

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Capítulo VIII: Primeros Choques Militares En Tierra

Hacia 1861, los 11 Estados en rebeli√≥n sumaban cosa de 9.000.000 de habitantes, incluyendo 3.500.000 de esclavos de color, mientras el resto de la Uni√≥n pasaba de 20.000.000 de poblaci√≥n, incluyendo apenas 500.000 de raza negra, en su mayor√≠a libres. Adem√°s el Norte pose√≠a el 85% de la industria, con 110.000 empresas frente a 18.000 sure√Īas, dos tercios de la red ferroviaria, el 80% de los dep√≥sitos bancarios, las principales zonas mineras y la agricultura m√°s avanzada.

Ante tal panorama, se plantea qu√© clase de esperanzas abrigaban los rebeldes respecto a su posible √©xito. Y nos encontramos con una serie de esperanzas y c√°lculos, unos faltos de la menor base y otros mucho mejores fundados. Entre los fundamentos m√°s est√ļpidos de las esperanzas rebeldes hay por ejemplo hasta tres verdaderos ejercicios de autoenga√Īo, que sin embargo hicieron mucho para dar inicialmente alas a la Secesi√≥n.

El primero y m√°s evidente era suponer que los sufridos campesinos sure√Īos eran por naturaleza mejores soldados que los ‚Äúblandos‚ÄĚ norte√Īos, y sus oficiales, miembros de una clase social nacida para liderar, aplastantemente superiores a los ‚Äútenderos de uniforme‚ÄĚ que el Norte les pod√≠a enfrentar. Resumiendo, un soldado rebelde val√≠a por tres yankees. (William Lowdes Yancey, temiendo quedarse corto, hab√≠a asegurado repetidamente que por cinco).

En realidad, iba a resultar que la mayor√≠a de los ‚Äúblandos‚ÄĚ yankees eran tan campesinos como los sure√Īos, (y adem√°s de climas m√°s duros), y hasta los soldados ciudadanos iban a dar sorpresas. (Como su inesperadamente alta resistencia a las epidemias. Y es que el que hab√≠a sobrevivido a las callejuelas de New York City). Y los ‚Äútenderos de uniforme‚ÄĚ iban a arregl√°rselas bastante bien, gracias. De hecho, s√≥lo en los Ej√©rcitos de Virginia, donde en general se enfrentaron a desventajas num√©ricas superiores a las de otros frentes, pero en los que concurrieron circunstancias especiales, iban los sure√Īos a mostrar, a partir de mediados de 1862, cierta superioridad operativa.

Por lo dem√°s, los sure√Īos iban a ser en general superiores en caballer√≠a cosa normal en una gente que montaba mucho m√°s que sus contrarios, y los unionistas lo ser√≠an en cambio en Artiller√≠a, pues en su tierra se fabricaban m√°s y mejores ca√Īones y proyectiles, y se estudiaba m√°s Matem√°ticas. Y no habr√≠a muchas diferencias visibles m√°s.

El segundo autoenga√Īo era pensar que, con el Mississippi, ten√≠an la llave de las exportaciones del Oeste, que les permitir√≠a tratar a √©ste desde una posici√≥n de fuerza. Pod√≠a haber sido as√≠ veinte a√Īos atr√°s, diez quiz√°, pero no en 1861. Para aquella fecha la red ferroviaria pod√≠a reconducir esas exportaciones, desviando su flujo a otras l√≠neas de salida. En ese aspecto nadie pareci√≥ apreciar suficiente, y aun hoy sigue minusvalor√°ndose, la enorme importancia que tuvo la acci√≥n de Nathaniel Lyon al asegurar para la Uni√≥n el fundamental nudo ferroviario de Saint Louis. (Quiz√° fue la acci√≥n m√°s decisiva de 1861, a pesar de lo sencilla y econ√≥mica que result√≥).

El tercero era la forma en que se mal interpretaba la posici√≥n del Sur como pa√≠s exportador de materias primas. Hasta los secesionistas m√°s moderados cre√≠an sus productos irremplazables, y parec√≠an pensar que el Norte se ver√≠a atenazado por el hambre sin su az√ļcar y su arroz, y Gran Breta√Īa y Francia tendr√≠an que apoyarles abiertamente para asegurar a su industria textil el suministro de algod√≥n. Incluso el mismo Jefferson Davis parece que se alegr√≥ al tener noticia del bloqueo que anunciaba Lincoln, seguro de que iba a acarrear la intervenci√≥n francobrit√°nica.

En realidad, la Cuba espa√Īola pod√≠a sustituir sus exportaciones de az√ļcar y arroz, (y a mejor precio). Y en cuanto al algod√≥n, Gran Breta√Īa y Francia hab√≠an acumulado grandes stocks, (cosa l√≥gica dada la continua tendencia alcista del precio del producto durante el √ļltimo medio siglo). Y para cuando se les fueran acabando, ten√≠an ya en cartera el proyecto de hacerse cultivar su propio algod√≥n en la India y Egipto, (lo que hab√≠a sido ideado en principio precisamente para poder controlar las subidas del precio internacional del algod√≥n, y ahora se encontraba el momento ideal para ejecutarlo).

Curiosamente, de lo que Inglaterra y Francia realmente no pod√≠an prescindir era de los cereales baratos provenientes del Norte, que para su bastante sobreexplotado proletariado industrial creaban la diferencia entre la supervivencia y la desesperaci√≥n. Porque, mientras los sure√Īos presum√≠an de pa√≠s agr√≠cola, (cuando no eran sino productores de materias primas industriales), era el Norte el que, a la vez que se industrializaba, se hab√≠a convertido en una potencia agr√≠cola a escala mundial. De hecho, hab√≠a tomado el puesto del granero mundial de los cereales. (Puesto que, desde el comienzo de la Edad Moderna, ejercieron Sicilia en el Siglo XVI, Polonia en el XVII, Rusia en el XVIII y Prusia en la primera mitad del Siglo XIX). En cambio ellos, en su prepotencia, hab√≠an escogido la senda que lleva al Tercer Mundo. Y la econom√≠a internacional les dio el trato que suele reservar a los tercermundistas. De hecho el Norte, pese a sus masas urbanas, iba a ser mucho m√°s capaz de alimentarse a s√≠ mismo que los confederados.

Hab√≠a en cambio una serie de esperanzas que finalmente no se realizaron, pero que estaban mucho mejor fundadas. El Norte era realmente una amalgama bastante ca√≥tica, y su experiencia pol√≠tica estaba desesperadamente retrasada respecto a su capacidad econ√≥mica. Procurando aumentar el desorden y el desconcierto a trav√©s de la jugada bancaria que orquestara Howell Cobb en Noviembre-Diciembre del a√Īo anterior, hab√≠an esperado crear una ruptura, pol√≠tica o social, que le llevara a ‚Äúquebrarse‚ÄĚ y admitir finalmente la Secesi√≥n con una oposici√≥n m√°s formularia que eficaz. Pod√≠a ser la Secesi√≥n de California y Oreg√≥n que ya en su momento se propuso, y que hubiese llevado probablemente a m√°s secesiones en cadena, pod√≠a ser un plante general del Partido Dem√≥crata y los No-Se-Nada que inmovilizara al Gobierno y la clase pol√≠tica en los momentos m√°s ‚Äúcalientes‚ÄĚ de la Secesi√≥n, oblig√°ndole al primero a intentar luego llevar al pa√≠s a la guerra ‚Äúen fr√≠o‚ÄĚ; y despu√©s de que los sacrificios que √©sta supondr√≠a hubiesen tenido tiempo para meditarse. Pod√≠a incluso haber sido cualquier tipo de desuni√≥n o ruptura entre los republicanos muy f√°cil pues a√ļn eran un partido reciente y sin experiencia, lleno de tendencias centr√≠fugas, que f√°cilmente podr√≠an salir a flote en una crisis.

Sobre todo, el menor error pol√≠tico pod√≠a haber sido explotado por los sure√Īos y sus amigos en el Norte que los ten√≠an, y poderosos. Por eso James Buchanan se hab√≠a mantenido tan p√©treamente inm√≥vil en las √ļltimas semanas de su mandato porque ten√≠a p√°nico a darles esa palanca. Pero, por supuesto, el Presidente entrante no pod√≠a hacer lo mismo.

Y sin embargo, todas estas esperanzas sure√Īas fracasaron. En primer lugar y aunque cre√≥ bastante inquietud en los c√≠rculos correspondientes, la crisis bancaria no tuvo efectos tan desorientadores como hab√≠an esperado. (Infravaloraron la solidez de la Econom√≠a de la Uni√≥n). La clase pol√≠tica norte√Īa, en general bastante turbulenta, se asust√≥ lo suficiente para mantener un comportamiento ejemplar por unos meses. Nada de reconvenciones y amenazas feroces, tan solo moderad√≠simas propuestas para hacerles ver que la Secesi√≥n no era necesaria. Stephen Douglas y John Tyler estuvieron magn√≠ficos, apoyando al Presidente en el momento crucial. Y Lincoln estuvo inconmensurable.

Imag√≠nese la misma situaci√≥n manejada por cualquiera de los dos hombres que, en principio, ten√≠an m√°s esperanzas de alcanzar la Presidencia por los republicanos que √©l. Salmon Portland Chase, que era un tanto cazurro en lo que consideraba su honestidad b√°sica, y claro abolicionista, hubiese gritado ‚Äú¬°Abolici√≥n!‚ÄĚ en el mismo discurso de Investidura. Y as√≠ hubiese echado a Virginia y los Estados intermedios, incluyendo Missouri, Kentucky y Maryland, en los brazos de la Confederaci√≥n a√ļn en el mes de Marzo. Se hubiese comenzado perdiendo Saint Louis y Washington, y desde luego se habr√≠a ‚Äúquebrado‚ÄĚ la Uni√≥n. No hablemos de William Henry Seward y sus planes de guerra externa, que inevitablemente hubieran acabado enzarz√°ndole con Inglaterra, Francia y Espa√Īa a la vez. Y era especialmente importante que el Presidente republicano no comenzara con una ‚Äúpata de banco‚ÄĚ, pues habiendo alegado los secesionistas que los republicanos eran una especie de anarquistas seccionarios, tender√≠a a cargar de raz√≥n a sus seguidores en el Norte.

Pero Lincoln bailó su jiga en este campo de minas con una perfección que quita el aliento, Discurso de Investidura firme pero conciliador, Gobierno de concentración del Partido, para evitar que aflorase ninguna desunión, perfecto diagnóstico de cómo dar cuerda a los confederados para que ellos mismos se ahorcaran y explotación al máximo del episodio de Fort Sumter. ¡Las multitudes le exigieron que las llevase a la guerra! En verdad, fue providencial para la Unión.

Finalmente, hab√≠a una √ļltima l√≠nea de defensa de las esperanzas sure√Īas que s√≠ iba a funcionar. Sencillamente, tal como los secesionistas lograron montar el constructor de la Confederaci√≥n, sus hombres iban a hacer una guerra de defensa de sus Estados, y de sus hogares, mientras la Uni√≥n se iba a ver abocada a invadir sus territorios, realizando en la pr√°ctica una guerra de agresi√≥n.

Y, en √©sta tesitura, el soldado sure√Īo iba a pelear con una capacidad de sacrificio y una tozuda determinaci√≥n que lo colocan en la galer√≠a de los h√©roes de la Historia. A veces vencedor, pero muchas otras derrotado buscar√≠a una y otra vez otra l√≠nea desde la que seguir resistiendo, sujet√°ndose ferozmente al suelo que le iba siendo arrebatado y dando su sangre a chorro. Y no es que el soldado norte√Īo fuera menos valiente, ni luchara con menos convencimiento ideol√≥gico, pero el Norte era con raz√≥n o sin ella el invasor, y se encontrar√≠a con una serie de obst√°culos geogr√°ficos, log√≠sticos y de organizaci√≥n que, a la larga, supon√≠an un serio riesgo pol√≠tico.

Este riesgo consist√≠a esencialmente en que el Norte, que al fin se jugaba mucho menos en ella, se aburriese de un negocio largo y sangriento como la guerra. Ya era obvio que, tal como se planteaban las cosas, iba a estar menos dispuesto a realizar sacrificios, e incluso a movilizar hombres que el Sur; (as√≠, las fuerzas en presencia rara vez llegaron a presentar una superioridad norte√Īa de dos a uno, y menos del casi cuatro a uno que la diferencia de poblaci√≥n hubiese permitido suponer). Y en √ļltima instancia significaba que el Norte hab√≠a de hacer una guerra contrarreloj pues, si para las elecciones de 1864 el conflicto no estaba resuelto, o en muy claras v√≠as de resolverse, las elecciones dar√≠an la Presidencia a quien prometiera terminarlo, cediendo la independencia a los Estados Confederados.

Y √©sta √ļltima l√≠nea de esperanza, al comienzo ideada solo como un √ļltimo recurso, creyendo que no ser√≠a necesaria, fue la √ļnica que realmente result√≥ operativa para los sure√Īos, llegando a estar muy cerca de proporcionarles la victoria.

Pero todo este drama y este sacrificio estaban a√ļn lejos, y en los √ļltimos d√≠as de Mayo de 1861 las tropas s√≥lo iniciaban sus primeros, choques armados. Hasta entonces hab√≠a habido choques sangrientos, pero solo entre tropas y civiles. Cuando a ambos lados hab√≠a tropa, como en algunas antiguas guerras chinas, uno de los bandos hab√≠a siempre cedido antes de que las cosas llegaran demasiado lejos. Ahora comenzar√≠a a correr sangre tambi√©n en √©stas acciones, pero durante semanas lo har√≠a como con timidez. Obviamente, los soldados no acababan a√ļn de convencerse de la necesidad del mortal negocio en que estaban embarcados.

De hecho, el primer choque sangriento entre tropas se dio ya el 22 de Mayo, en la Virginia al Oeste del Alleghany. Ese d√≠a una patrulla del regimiento unionista del Coronel Kelley, que vigilaba el trazado del estrat√©gico ferrocarril Baltimore and Ohio Railway a su paso por la zona, se top√≥, en el cruce entre v√≠a f√©rrea y el camino de portazgo llamado Northwest Turnpike, con otra secesionista que patrullaba √©ste √ļltimo. Ambas patrullas descargaron apresuradamente las armas y se replegaron, pero un hombre qued√≥ tendido en el cruce. Se trataba del soldado unionista Thornsberry Bailey Brown que, aparentemente por ir adelantado respecto a sus compa√Īeros, hab√≠a sido el blanco de casi todos los disparos enemigos, y yac√≠a muerto con tres balas de mosquete en el pecho.

Private Thornsberry Bailey Brown was killed in Taylor County (WV) VA.
On the night of May 22, 1861 he and a Lt. Wilson were sent out to reconnoiter the force and position of the enemy.
Lt. Wilson ordered Brown to fire at a Confederate picket. He fired and nicked one of the Confederate pickets in the ear.
Needless to say, Brown fell to the ground dead, with 3 bullets in his chest.
Lt. Wilson escaped.

Antes de transcurrir otros dos d√≠as, en la madrugada del 24 de Mayo, la operaci√≥n del Brigadier Mansfield y el Coronel Heintzelman se pon√≠a en marcha en el Distrito Federal. En su sector Este y al abrigo de las sombras, piquetes del 7¬ļ de la Milicia de New York, en sus uniformes grises, cruzaban el Potomac en botes con los remos enfundados para hacer menos ruido, y sorprend√≠an y capturaban en silencio a la guardia que el enemigo manten√≠a en el lado virginiano del largu√≠simo puente de madera, (llamado precisamente ‚ÄúLong Bridge‚ÄĚ), que un√≠a all√≠ ambas riberas.

De inmediato y a una se√Īal suya, los vapores ‚ÄúThomas Freeborn‚ÄĚ y ‚ÄúResolute‚ÄĚ se acercaron a aquella orilla para desembarcar el resto del regimiento de Marshall Lefferts, mientras los 11¬ļ de Voluntarios y 69¬ļ de la Milicia, ambos tambi√©n de New York, se lanzaban a cruzar el puente a paso ligero. Cruz√≥ primero el 69¬ļ, regimiento oficial de los irlandeses de la Milicia de New York City, mandado por su compatriota, el Coronel Michael Corcoran. Vestidos con sus uniformes azules, parecidos a los del Ej√©rcito de faena pero con quepis ‚Äúchasseur‚ÄĚ y vivos de color, y portando su bandera verde con una gran arpa irlandesa bordada, se lanzaron de inmediato sobre la estaci√≥n de tren de Alexandr√≠a, que era la localidad al otro lado del puente, y la tomaron con muy pocos disparos. Los piquetes enemigos huyeron o se rindieron, y casi 600 pasajeros, sorprendidos por la acci√≥n, quedaron retenidos varias horas.

Tras √©l ven√≠a el 11¬ļ de Voluntarios, ‚ÄúZuavos de Fuego‚ÄĚ, con quepis rojos y uniformes tipo zuavo pero en un color gris-azul claro, y sin adornos, aunque con alg√ļn vivo rojo y azul marino, y una camisa roja asomando debajo. Estos, guiados por su Coronel Ellsworth, ocuparon r√°pidamente la propia ciudad de Alexandr√≠a. Los escasos piquetes de los rebeldes huyeron ante ellos, pero se captur√≥, a menudo huyendo por las calles a medio vestir, cierto n√ļmero de soldados enemigos que pernoctaban all√°.

Al Oeste del Distrito Federal, donde el Potomac no va ya mezclado de agua salada, el regimiento 1¬ļ de Michigan del Coronel Orlando Bol√≠var Willcox, (un ex-militar que ya ‚Äúsonaba‚ÄĚ en la vida pol√≠tica de Detroit), y el 12¬ļ de Voluntarios de New York, mandado por Daniel Butterfield, (un exitoso y a√ļn joven ‚Äúbarrister‚ÄĚ de Wall Street), cruzaron por el puente del ferrocarril de Georgetown y el llamado Chain Bridge y, capturando sin resistencia al piquete enemigo de guardia, ocuparon el villorrio de Arlington, frente a Georgetown.

Se hab√≠an hecho as√≠ varias docenas de prisioneros, sin m√°s derramamiento de sangre que unos cuantos heridos, casi todos secesionistas y, seg√ļn se iniciaba el d√≠a, daba comienzo la maniobra de barrido sobre las alturas de Arlington, cuando una nota tr√°gica vino a romper la perfecci√≥n del √©xito alcanzado. En Alexandr√≠a, viendo con las primeras luces del alba como una gran ‚Äúbandera de Montgomery‚ÄĚ ondeaba sobre un peque√Īo hotel, el propio Coronel de los Zuavos, Elmer Ephrahim Ellsworth, entusiasta y un tanto jactancioso, subi√≥ solo al tejado a arrancarla.

Y, apenas lo había hecho, el propietario del hotel, un fanático un tanto enloquecido llamado James Jackson, lo reventó de un escopetazo, cayendo a su vez inmediatamente ante uno de los zuavos del regimiento, el soldado Francis E. Brownell. Jackson fue considerado un héroe y un mártir en el Sur, y la muerte de Ellsworth, primer jefe de regimiento caído en la guerra, causó una enorme impresión en el Norte.

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Se trataba de un joven de la mejor sociedad, suculentamente rico y que ten√≠a encandiladas a las damas con su elegante bigotillo y su melena larga y ondulada. Cosa de un a√Īo antes hab√≠a regresado de un viaje a Europa emocionados con los zuavos, (muy de moda all√° tras sus √©xitos en las recientes guerras en Crimea e Italia). Y de inmediato hab√≠a creado la compa√Ī√≠a de Cadetes Zuavos de los Estados Unidos, con los que hab√≠a realizado varios viajes de exhibici√≥n, despertando en todo el pa√≠s la ‚Äúfiebre de los zuavos‚ÄĚ que pronto iba a manifestarse. Al estallar la guerra, cre√≥ al punto como regimiento zuavo el 11¬ļ de Voluntarios de New York, cuyo apodo de ‚ÄúFire Zouaves‚ÄĚ o ‚ÄúZuavos de Fuego‚ÄĚ ven√≠a de que Ellsworth hab√≠a reclutado sus primeras compa√Ī√≠as entre los bomberos de New York City. Le suceder√≠a en su mando su segundo y amigo Noah Farnham.

La acci√≥n del 24 de Mayo dio a los unionistas una posici√≥n mucho m√°s desahogada en torno a Washington, mientras por unos d√≠as los sure√Īos, desmoralizados, dejaban penetrar profundamente hacia el Sur sus grupos de reconocimiento. Claro que esto se acab√≥ cuando, enviando al obviamente no muy capacitado M. H. Bonham de vuelta al mando de su brigada, Richmond puso el d√≠a 31 siguiente el frente bajo la direcci√≥n del Brigadier Pierre G. T. Beauregard.

S√≥lo un d√≠a despu√©s, 1 de Junio, se vio la diferencia cuando una patrulla de la Compa√Ī√≠a B del 2¬ļ de Caballer√≠a de la Uni√≥n choc√≥ con infanter√≠a enemiga en Fairfax Court House, produci√©ndose un muerto y varios heridos en cada bando. En este incidente muri√≥ en Capit√°n John Quincy Marr de la compa√Ī√≠a K del 17¬ļ de Virginia, obteniendo el fat√≠dico honor de ser el primer oficial del CSA muerto en la contienda.

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Mientras, ya el 25 de Mayo Benjamin Franklin Butler hab√≠a puesto en marcha su fuerza del √°rea de Fort Monroe. El confederado Magruder, muy superado en n√ļmero, se retir√≥ ante √©l, pero un quiz√° en exceso cauteloso Butler se detuvo tras ocupar Hampton, a construir un poderoso campo fortificado junto a ella como base para su avance. El mismo d√≠a, un ‚ÄúCoronel Carey‚ÄĚ de la milicia virginiana se present√≥ con bandera de tregua ante √©l con una petici√≥n bastante peregrina.

El hombre pretend√≠a que le fueran entregados, para devolverlos a su due√Īo, tres esclavos que se hab√≠an refugiado en el campamento unionista, tras haber huido cuando se les pretend√≠a enviar a trabajar en obras de fortificaci√≥n en North Carolina. Carey alegaba que los hombres no eran de propiedad de la Uni√≥n, y √©sta cometer√≠a un robo si no los entregaba. Butler, divertido ante su desverg√ľenza, le preguntaba c√≥mo pod√≠a ampararse en la Ley contra la que se hab√≠a sublevado. Pero el argumento de Carey era que, si la Uni√≥n ven√≠a a imponer esa Ley por la fuerza de las armas, deb√≠a ser la primera que diese ejemplo en cumplirla.

Fracas√≥ porque Butler era tanto o m√°s leguleyo que √©l, y termin√≥ pronunciando con adem√°n salom√≥nico que, en efecto, el retener propiedad ajena ser√≠a un robo. Pero como los negros pod√≠an ser empleados en trabajos militares, (como la fortificaci√≥n), eran bienes susceptibles de uso militar, y por tanto embargables bajo las leyes de ‚Äúcontrabando de guerra‚ÄĚ. Y se qued√≥ con los negros, declar√°ndolos ‚Äúcontrabando‚ÄĚ.

La an√©cdota no es in√ļtil, pues el argumento de Butler era inatacable y, por meses, el comandante unionista que quisiera librar de toda persecuci√≥n legal a los negros que hab√≠an corrido a refugiarse junto a sus tropas, proceder√≠a a embargarlos a sus due√Īos como ‚Äúcontrabando‚ÄĚ. La misma palabra se emple√≥, al principio sarc√°sticamente, pero despu√©s a menudo con afecto, para designar a los numerosos negros que corr√≠an al encuentro de las fuerzas unionistas.

Mientras, para el 29 de Mayo Butler se había puesto de nuevo en marcha, y ese día ocupó Newport News, dando por terminada aquella fase de su avance. En cuanto al confederado Magruder, se había replegado a posiciones en las iglesias de Big Bethel y Little Bethel, a medio camino entre las Hampton Roads y Yorktown. Y los esclavos fugados al campo de Butler, al haber corrido la noticia de que los acogían, pasaban ya de 500.

A su vez, el 26 de Mayo George Brinton McClelland se había dirigido a sus tropas en Ohio y a los habitantes del Oeste de Virginia en dos proclamas. A la población le aseguró que sólo iba a entrar en su territorio para protegerla y darle la oportunidad de evitar una Secesión que el referéndum virginiano había demostrado que era muy impopular en aquella zona. A los soldados les recordó que no permitiría la más mínima incorrección, pues iban a penetrar como protectores en un territorio amigo. Y al día siguiente, el Coronel Morris inició el paso del Ohio.

El propio Morris lo hizo no lejos de Wheeling, junto al 16¬ļ de Voluntarios de Ohio del Coronel Irvine, mientras el 14¬ļ de Ohio del Coronel J. B. Steedman lo hac√≠a por Parkersburg. Al recibir estas noticias del Oeste de Virginia, Robert Lee telegrafi√≥ al coronel secesionista virginiano George A. Porterfield, que trataba sin mucho √©xito de levantar unidades del Ej√©rcito Provisional en las cercan√≠as, orden√°ndole acudir con cuanto pudiese reunir a Grafton, localidad m√°s meridional desde la que a√ļn se pod√≠a mantener una interdicci√≥n de uso para los unionistas sobre el Baltimore and Ohio Railway.

S√≥lo que Porterfield no pudo disponer de m√°s de unos cientos de hombres y, para cuando lleg√≥ a Grafton, era obvio que tambi√©n los unionistas hab√≠an hecho sus deberes, y se concentraban sobre esta localidad. De Wheeling ven√≠an el 16¬ļ de Ohio y el 1¬ļ de West Virginia del Coronel Kelley, y de Parkersburg el 14¬ļ de Ohio. A√ļn peor, las noticias que Porterfield recib√≠a indicaban que varios otros regimientos estaban cruzando tras los primeros: Los 6¬ļ, 7¬ļ y 9¬ļ de Indiana, y 9¬ļ de Ohio, y tambi√©n tomaban el camino de Grafton. Al fin Porterfield perdi√≥ los nervios y enviando a Lee un telegrama de tono desabrido, se repleg√≥ de Grafton sobre Philippi, ya al pie de las primeras estribaciones del Alleghany.

Una actividad fren√©tica nacida en los √ļltimos d√≠as en el lado confederado, hab√≠a resultado en la elecci√≥n de tres puntos de concentraci√≥n de Voluntarios en el Oeste de Virginia y las monta√Īas. Se trataba de Monterrey ya en el Valle del Potomac South Branch, Beverly, junto a un paso de monta√Īa del Alleghany y bastante al Sur, y Philippi, cuya posici√≥n le hac√≠a ideal como base de un posible contraataque contra Grafton, pero a la vez le convert√≠a en particularmente expuesto a un avance repentino del enemigo. En todo caso, al replegarse sobre Philippi el 3 de Mayo, Porterfield pudo reforzarse con los milicianos que se hab√≠an congregado all√°, elevando su fuerza a unos 1.500 hombres, en buena parte montados.

S√≥lo que el mando enemigo no pensaba darle reposo y, llegado a Grafton el 30 de Mayo, para el 1 de Junio ya hab√≠a preparado una operaci√≥n para desalojarle de Philippi. A tal fin, el d√≠a siguiente se pusieron en marcha contra √©l cinco regimientos, algunos incompletos, con m√°s de 3.000 hombres. Se trataba de los 7¬ļ y 9¬ļ de Indiana de los coroneles Dumont y Milroy, los 14¬ļ y 16¬ļ de Ohio y el regimiento virginiano del Coronel Kelley. (Una prueba de que no todos estaban completos era que el 14¬ļ de Ohio enviaba un batall√≥n mandado por su segundo, el Teniente Coronel George Peabody Estey).

Formaron en dos columnas, la primera formada al parecer por el 16¬ļ de Ohio y los dos regimientos de Indiana, y supervisada por el Coronel Thomas Turpin Crittenden, del 6¬ļ de Indiana, que sin embargo no participaba en la operaci√≥n, y la segunda con los dos restantes, supervisada a su vez por el Coronel Frederick West Lander, del mando de McClelland, enviado al frente para ejercer el mando local t√°ctico.

La columna que supervisaba Lander, guiada, por el regimiento local de Kelley, deb√≠a adelantarse dando un rodeo, para tomar posiciones cerca de la retaguardia del campamento fortificado de Porterfield en Philippi. Y la de Crittenden, midiendo cuidadosamente su avance, hab√≠a de realizar la √ļltima aproximaci√≥n en plena noche, lanz√°ndose al ataque con gran estr√©pito. Dado el amateurismo con que hasta el momento se estaba llevando la guerra, se esperaba que la fuerza de Porterfield se desintegrase y sus hombres salieran corriendo en direcci√≥n contraria a la que ven√≠a Crittenden para caer en los brazos de la tropa de Lander, que les estar√≠a esperando desde el primer rumor de combate.

El plan era un poco complicado para fuerzas novatas, y se complicó más por una lluvia torrencial que comenzó a caer desde la tarde del día 2.

Bajo aquel manto de agua la columna de Lander, que era la que deb√≠a recorrer m√°s distancia y moverse m√°s aprisa, se agot√≥ y retras√≥, llegando a su zona de concentraci√≥n tan a √ļltima hora que no hubo tiempo de reconocer el terreno, y se acab√≥ tomando posiciones media milla m√°s all√° del lugar ideal para cortar la retirada a los fugitivos.

Poco despu√©s, las tropas de Crittenden llegaban por el lado opuesto, cargando entre descargas de fusiler√≠a y salvajes alaridos. El resultado fue a√ļn m√°s espectacular de lo que se hab√≠a anticipado, pues el enemigo huy√≥ tan aprisa que incluso la mayor√≠a de los soldados montados abandonaron sus caballos, por no perder tiempo en destrabarlos y ensillarlos.

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En realidad huyeron incluso demasiado aprisa. Tanto que Kelley, que en cuanto oyó los primeros disparos se dio cuenta del error de despliegue que se había cometido, y corrió como un loco al frente de sus hombres para corregirlo, no llegó a tiempo de evitar que casi todos escaparan. Es cierto que en eso les ayudó de nuevo muchísimo la lluvia, que hizo la visibilidad nocturna casi nula y mojó pólvoras y fulminantes, de forma que apenas uno de cada cinco disparos partía al apretar el gatillo.

Al fin, s√≥lo se captur√≥ unas docenas de prisioneros, 16 de ellos heridos y de los que al parecer uno morir√≠a, y la Uni√≥n sufri√≥ cuatro heridos. El √ļnico que revest√≠a gravedad era el propio Benjamin Kelley que, corriendo en la oscuridad para guiar a sus hombres a las nuevas posiciones, hab√≠a venido a chocar de bruces con un rebelde, armado con una pistola, que se la dispar√≥ a quemarropa en el pecho.

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Esta fue la ‚ÄúBatalla de Philippi‚ÄĚ (3 de Junio de 1861), que puede considerarse la primera de la Guerra Civil por m√°s que la Prensa la tomara a broma, apod√°ndola ‚ÄúPhilippi Races‚ÄĚ (‚ÄúLas Carreras de Philippi‚ÄĚ), por la r√°pida huida sure√Īa. Y pese a su decepcionante final, tuvo una gran importancia estrat√©gica, pues pr√°cticamente borr√≥ la resistencia rebelde del Noroeste de Virginia. En efecto, en su p√°nico, los inexpertos soldados secesionistas hab√≠an abandonado armas, bagajes y caballos, y la mayor√≠a consider√≥ que ya hab√≠a visto m√°s guerra de la que deseaba, volviendo a sus casas. Poco m√°s de la tercera parte de los fugitivos de Philippi se presentaron por tanto en el siguiente punto de concentraci√≥n, Beverly, y como √©ste era muy exc√©ntrico respecto a la zona, un buen pedazo de la Virginia Occidental qued√≥ ‚Äúde facto‚ÄĚ en manos unionistas.

Los descontentos de toda la regi√≥n no pod√≠an encontrar una situaci√≥n m√°s favorable. Lo cierto es que ten√≠an de antiguo motivos de queja contra el Gobierno de Virginia, que hab√≠a establecido un sistema electoral que primaba las grandes fincas y hac√≠a que su territorio, con un tercio de la poblaci√≥n del estado, no contara ni con un d√©cimo de los delegados del Legislativo de Richmond. (La consecuencia era que, si bien los virginianos del Oeste deb√≠an pagar puntualmente sus impuestos, nunca hab√≠a presupuesto disponible para nada que les interesara. As√≠ s√≠ en el Este de Virginia, ¬°y a√ļn en el cercano Valle del Shenandoah! Incluso las carreteras m√°s importantes hab√≠an sido asfaltadas, como entonces se dec√≠a, macadamizadas, hasta la calle principal de Charleston, la mayor ciudad de su regi√≥n, segu√≠a siendo de tierra pisada).

La Secesi√≥n, que no les interesaba en absoluto, hab√≠a sido la gota que colmara el vaso, poni√©ndoles en el disparadero. Y ya antes de la entrada de las tropas unionistas se hab√≠an celebrado febriles reuniones clandestinas de notables de la regi√≥n, planeando la posibilidad de secesionarse a su vez de Virginia, para constituir un Estado separado y reintegrarse en la Uni√≥n. Ahora, con m√°s de un tercio de su territorio en manos de las tropas unionistas, √©sta idea parec√≠a al alcance de la mano. Y se convoc√≥ una Convenci√≥n en Wheeling, (la ‚ÄúSegunda Convenci√≥n de Wheeling‚ÄĚ, porque ya hab√≠a habido una primera, clandestina, el mes anterior), con el fin de darle una forma legal.

La autoridad rebelde virginiana estaba alarmad√≠sima, y con motivo. El Gobernador Letcher trat√≥, un tanto tarde, de rectificar viejos errores enviando a Virginia Occidental un mensaje que apelaba a su honor y a su condici√≥n virginiana y, reconociendo algo que nunca se hab√≠a admitido, prometi√≥ corregir viejos agravios. Eso no iba a impedir que la ‚ÄúSegunda Convenci√≥n‚ÄĚ se reuniera en Wheeling el 16 de Junio bajo influencia del movimiento llamado ‚ÄúNuevo Estado‚ÄĚ. Ni que, en apenas cuatro d√≠as de sesiones, y utilizando documentos y razonamientos claramente calcados de los que los secesionistas sure√Īos hab√≠an usado para su apoyo en la Secesi√≥n, (era una fuente de inspiraci√≥n demasiado pr√≥xima para no emplearla), declarara la ahora llamada ‚ÄúWest Virginia‚ÄĚ separada de la antigua Virginia y solicitase a Washington su ingreso como Estado en los Estados Unidos de Am√©rica. El autor de esta declaraci√≥n fue John S. Carlile, un abogado de Winchester, Virginia.


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En tanto, Lee y Cooper se ocupaban de los problemas militares que Philippi había causado a la Confederación. Tratando de paliarlos enviaron al ex-Gobernador Henry Alexander Wise, con algunas tropas del Este, a ocuparse como Brigadier del Ejército Provisional de la movilización militar del Valle del Kanawha. Y con nuevas tropas orientales, otros dos nuevos Brigadieres fueron enviados a Beverly. El que tenía el mando superior, que incluía no sólo aquel sector, sino toda West Virginia, era Robert Seldon Garnett, soldado profesional y ex comandante de cadetes de West Point. Y su segundo era Henry Rootes Jackson, un militar-político de Georgia, salido del Cuerpo Diplomático.

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En conjunto, la invasi√≥n de West Virginia y las acciones sobre Grafton y Philippi hab√≠an sido un excelente negocio para la Uni√≥n, que se celebr√≥ por cierto abriendo oficialmente el Baltimore and Ohio Railway, de gran capacidad y m√°s corto que las otras rutas ferroviarias, como camino de aprovisionamiento y refuerzo de Washington desde el Valle del Ohio. A tal fin, se inici√≥ el traslado hacia la capital de los regimientos 1¬ļ y 2¬ļ de Ohio. Pero no todo iba a ser alegr√≠as, y el siguiente paso emprendido por la Uni√≥n iba a terminar en traspi√©s.

Fue su iniciador Benjamín Butler que, con ya 12.000 hombres a su disposición en el triángulo Fort Monroe-Hampton-Newport News, decidió emplear casi la mitad de ellos en una marcha nocturna a la que seguiría un asalto por sorpresa a las posiciones confederadas de John Bankhead Magruder en las capillas de Bethel, el 10 de Junio.

A tal fin se cre√≥ una especie de divisi√≥n, bajo el Brigadier Ebenezer Pierce, que comprender√≠a dos columnas de brigada. Una, procedente de Hampton y que ser√≠a trasladada parcialmente en botes, para incluir un batall√≥n de Marines de Fort Monroe y los Regimientos de Voluntarios de New York 3¬ļ y 5¬ļ, de los coroneles Townsend y Duryee. (La mandar√≠a Abram Duryee, comandante del 5¬ļ, ‚ÄúZuavos de Dury√©e‚ÄĚ). La segunda, procedente de Newport News con los Regimientos de Voluntarios 2¬ļ y 7¬ļ de New York, 4¬ļ de Massachusetts y 1¬ļ de Vermont, de los coroneles J. B. Carr, Bendix, Lawrence y Phelps. (Bajo el Coronel de Vermont, John Wolcott Phelps).

Si se lograba la concentración al amparo de la noche, lo que parecía la parte más difícil de la operación, con la primera luz del alba se lanzaría un ataque, masivo y ruidoso, sobre el puesto avanzado de Little Bethel. Y se esperaba que los menos de quinientos defensores de éste, al verse atacados por cerca de 6.000 hombres, pusieran pies en polvorosa, tratando de refugiarse en la posición principal de Big Bethel Church. Los atacantes les seguirían, y los marines habían sido especialmente mentalizados para hacerlo prácticamente pegados a sus talones.

Haci√©ndolo as√≠ se esperaba que, a la luz enga√Īosa del alba y usando como escudo a los fugitivos, los marines pudieran introducirse en cu√Īa en Big Bethel. Y, a cubierto de su asalto, el resto de la fuerza llegar√≠a tras ellos, reduciendo a la tropa rebelde de Magruder, que apenas pasaba de 1.500 hombres, por su puro peso num√©rico.

Era un plan original y atrevido, aunque quiz√° un poco demasiado complicado, que tiene aspecto haber sido pensado por el propio Butler. Que como ya comentamos anteriormente no era un militar de carrera y por tanto desconoc√≠a las claras dificultades, especialmente de coordinaci√≥n, que afectaban al plan a seguir. Su problema era que, para aligerar la marcha y evitar ruidos excesivos, el apoyo artillero se hab√≠a reducido a una semibater√≠a de dos ca√Īones de 6 libras, lo que dejaba a la fuerza atacante muy escasa de ‚Äúargumentos‚ÄĚ si fallaba el efecto sorpresa.

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La fuerza enemiga que iban a atacar estaba mandada, como hemos dicho repetidamente, por John Bankhead Magruder, ex-oficial de Artiller√≠a profesional de 53 a√Īos, (la misma edad de Joseph Johnston), pero muy bien conservado. Alto, de buena planta y dotado de un bigotillo y unos ojitos traidores que hab√≠an hecho, (y se dec√≠a que a veces a√ļn hac√≠an), estragos en los corazones de sus contempor√°neas, a Magruder s√≥lo se le pod√≠a definir como un tipo teatral. (Y, en efecto, de m√°s joven hab√≠a actuado a menudo como gal√°n en grupos de teatro aficionados). Adoraba los sombreros emplumados y las capas con forro de terciopelo rojo, y fue casi el √ļnico de los generales confederados nativos que se hizo fabricar el bicornio galoneado que las ordenanzas prescrib√≠an para el uniforme de gala. Sus compa√Īeros del Ej√©rcito le miraban con cierta iron√≠a, motej√°ndole a sus espaldas ‚ÄúPrince John‚ÄĚ (Pr√≠ncipe Juan).

Su fuerza confederada consist√≠a en grupos de milicias y el s√≥lido y nutrido regimiento 1¬ļ de North Carolina, mandado por el Coronel Daniel Harvey Hill, que hab√≠a sido el director del North Carolina Military Instituto. Uno de sus segundos, el Mayor virginiano de 28 a√Īos James Henry Lane, (maestro civil que hab√≠a dado clases de materias no militares en los Institutos Militares de Virginia y North Carolina), hac√≠a las veces de jefe de exploraci√≥n y, deduciendo h√°bilmente a partir de la actividad en los campos enemigos, hab√≠a advertido a Magruder y Hill de que los unionistas preparaban un ataque, probablemente por sorpresa y casi con seguridad precedido de una marcha nocturna.

Pese a todo, y gracias a un cuidadoso trabajo de Estado Mayor, (otra cualidad poco reconocida de Butler es que lograba siempre crear unos enfados mayores de primera), la marcha nocturna de las fuerzas de Ebenezer Pierce se realiz√≥ con prontitud y limpieza (lo que no era poca haza√Īa, en aquella √©poca de la guerra), y su concentraci√≥n junto a Little Bethel aun segu√≠a inadvertida y estaba a punto de completarse poco antes del amanecer.

Justo entonces se torcieron las cosas porque, al llegar a la concentraci√≥n el √ļltimo regimiento que faltaba, (el 3¬ļ de New York del Coronel Townsend), las primeras luces del alba, (y sus propios nervios), confundieron al Coronel Bendix, del 7¬ļ de New York, que lo tom√≥ por tropas confederadas e hizo disparar una descarga contra √©l. En un momento se arm√≥ el gran zipizape, con la mitad de las tropas de la Uni√≥n crey√©ndose atacadas y disparando contra la otra mitad.

Para cuando el Brigadier Pierce y el Coronel Phelps, que al parecer fueron las cabezas m√°s fr√≠as en la ocasi√≥n, lograron restablecer el orden y tranquilizar a la tropa, el Sol hab√≠a salido hac√≠a rato y la guarnici√≥n de Little Bethel, advertida por la marimorena de disparos, se hab√≠a refugiado en Big Bethel, abandonando su posici√≥n. Por otro lado, y aunque por fortuna la oscuridad y la inexperiencia de la tropa hab√≠an hecho que casi todas las descargas efectuadas fueran a parar al cielo, la primera del 7¬ļ de New York hab√≠a sido dirigida con una precisi√≥n asesina, y el desgraciado regimiento de Townsend se encontraba con 10 muertos y una treintena larga de heridos entre manos.

A la sorpresa se la hab√≠an llevado los demonios, pero Ebenezer Pierce, no deseando regresar a Hampton Roads con bajas y sin nada entre las manos, decidi√≥ realizar una aproximaci√≥n de tanteo a Big Bethel, por si se observaba alg√ļn hueco en las defensas. Y casi al punto, √©l y el Coronel Duryee advirtieron un sector aparentemente solo protegido por una valla, escasamente guarnecida. De inmediato, Duryee envi√≥ a su propio Regimiento, mandado por su segundo el Teniente Coronel Thomas Wynthrop, a cargar contra aquella tentadora valla.

Los del 5¬ļ de New York de Duryee s√≠ que parec√≠an zuavos de verdad, uniformados exactamente al estilo del Ej√©rcito franc√©s, con feces y grandes pantalones ‚Äúa la turca‚ÄĚ rojos, vistosas fajas y chaquetillas azules de tipo kabile√Īo, adornadas con los tradicionales ‚Äútombeaux‚ÄĚ rojos. Incluso, y para parecer m√°s ‚Äúafricanos‚ÄĚ, muchos de ellos portaban turbantes con el fez, a veces usando las sudaderas llamadas ‚Äúhaversack‚ÄĚ que se hab√≠a entregado a los Voluntarios, para ponerlas al estilo que les parec√≠a m√°s ‚Äúoriental‚ÄĚ. Un detalle menos anecd√≥tico era que dispon√≠an de dos compa√Ī√≠as ligeras armadas con Sharps. Pero al parecer, muy distra√≠dos como todos los zuavos americanos aprendiendo a hacer filigranas con la bayoneta, no hab√≠an averiguado c√≥mo usarlos correctamente.

Aullando como posesos, los zuavos alcanzaron la valla, cuyos defensores huyeron aparentemente despavoridos tras hacer unos pocos disparos. Pero apenas hubieron comenzado a saltarla, descubrieron con horror que hab√≠an ca√≠do en una trampa. La verdadera l√≠nea defensiva, disimulada por matorrales y murillos, estaba cincuenta metros m√°s all√°, y en ella el grueso del 1¬ļ de North Carolina hab√≠a estado esperando a que comenzaran a saltar la valla, y √©sta los dividiera en dos, para mostrarse.

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Los norcarolinos hicieron una descarga cerrada, que derrib√≥ una treintena de zuavos, y saltaron adelante con la bayoneta calada. Y el regimiento de zuavos se desintegr√≥, mientras sus hombres corr√≠an hacia retaguardia. Wynthrop, que trataba de contenerlos a horcajadas sobre la valla, fue derribado, muerto de un disparo por un tambor norcarolinos de 14 a√Īos. El Teniente a cargo de la semibater√≠a adelant√≥ uno de sus "6 libras", tratando de contener al enemigo con metralla a quemarropa, pero solo pudo hacer un disparo, para caer de inmediato bajo el fuego de una bater√≠a confederada, camuflada a apenas 200 yardas. En una sola descarga, 6 de los 11 hombres que le segu√≠an cayeron muertos o heridos, y al mismo teniente una bola s√≥lida le arranc√≥ la cabeza de sobre los hombros.

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Y as√≠ se acab√≥ la que se llamar√≠a ‚ÄúBatalla de Big Bethel‚ÄĚ, porque despu√©s de este episodio Pierce no tuvo m√°s opci√≥n que replegarse. Hab√≠a sufrido en el intento 16 muertos y 34 heridos que, sumados a las bajas por fuego amigo en Little Bethel hac√≠an un total de 18 muertos, 60 heridos y 1 desaparecido. Y los sure√Īos s√≥lo tuvieron 1 muerto y 7 heridos. Entre los zuavos heridos se contaba por cierto el Capit√°n Hugh Judson Kilpatrick, de 25 a√Īos y alumno ingresado el a√Īo anterior en West Point, que llegar√≠a a convertirse en uno de los m√°s famosos jefes de la Caballer√≠a unionista.

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Por supuesto ‚ÄúPrince John‚ÄĚ Magruder y Daniel Hill recibieron sendos despachos de brigadier por la acci√≥n, y Lane fue ascendido a Teniente Coronel. Y de los unionistas tambi√©n fue ascendido John Phelps, cuya actuaci√≥n debi√≥ ser juzgada la m√°s discreta del lote. Aunque, naturalmente, estos ascensos quedaban sumergidos en una fiebre de ascensos con que ambos ej√©rcitos, que estaban creciendo y organiz√°ndose a paso de carga, intentaban cubrir sus necesidades de mandos.

Por cierto, debe advertirse que los ascensos de la Uni√≥n, que se sol√≠an conceder provisionalmente sobre el campo, y luego hab√≠an de confirmarse por el Congreso, fueron confirmados masivamente con fecha retroactiva de 27 de Mayo. (Lo que produce fen√≥menos como que Phelps, que hab√≠a asistido a Big Bethel el 10 de Junio como Coronel del 1¬ļ de Vermont, aparezca en otras ocasiones como Brigadier desde fecha anterior). Esto, naturalmente, puede causar confusiones en el lector no advertido.

A fines de Mayo, y aun antes de enviar los nuevos jefes al Oeste de Virginia, los confederados habían creado un nuevo mando para la defensa del Valle de Shenandoah, por donde, por su mayor facilidad, (allí los ríos corren paralela, y no perpendicularmente a la ruta), esperaban que la Unión realizase el esfuerzo principal si intentaba atacar Virginia. Y para organizarlo enviaron a Winchester al flamante Mayor General Joseph Eggleston Johnston.

Sólo que Johnston y Lee empezaban a encontrar algo inadecuado en las instrucciones que el Ejército Provisional recibía del Secretario de Defensa Confederado Leroy Pope Walker. Y eso era su insistencia en realizar una defensa extensiva, tratando de cubrir todo el territorio confederado posible, y no el que meramente era militarmente económico cubrir.

Ambos estaban en desacuerdo con el empe√Īo del Ministerio de mantener la base de Beverly, en West Virginia. Era, en efecto, una zona defendible, y ya la √ļnica base posible para operaciones contra Grafton, que se hab√≠a convertido en el centro de operaciones de Thomas A. Morris, (por cierto, ascendido a Brigadier tras Philippi). Pero esta posici√≥n en el monte, totalmente aislada del mando de Henry Wise en el Kanawha, ¬°y unida al resto de la Confederaci√≥n s√≥lo a trav√©s de un estrecho paso de monta√Īa, que la comunicaba con el valle del Potomac South Fork! Si era atacada por fuerzas verdaderamente importantes, correr√≠a el riesgo de ser copada con cierta facilidad.

Johnston estaba a√ļn m√°s escocido por la insistencia de la Secretar√≠a en que √©l mantuviese una guarnici√≥n en el mismo Harper‚Äôs Ferry. De acuerdo que el lugar ten√≠a cierto valor simb√≥lico, ¬°pero era un villorrio situado a nivel del r√≠o, y trepando parcialmente una ladera, en un escenario de montes arbolados de buenas dimensiones, que pr√°cticamente invitaba a cercarlo desde posiciones dominantes! Al menos estos problemas iban a encontrar soluci√≥n cuando el 9 de Junio, en Ohio, el Coronel del 11¬ļ de Indiana unionista, Lewis Wallace, desesperado por su inacci√≥n como jefe de una fuerza de reserva, obtuvo permiso de McClelland para cruzar el Ohio con su regimiento.

El futuro autor de ‚ÄúBen Hur‚ÄĚ hab√≠a creado una unidad de zuavos uniformados con quepis rojo, (por entonces oculto por una funda blanca, y llevando colgada la sudadera ‚Äúhaversack‚ÄĚ blanca, a estilo ‚ÄúLegi√≥n Estrang√©re‚ÄĚ), calz√≥n ‚Äúchasseur‚ÄĚ blanco y chaquetilla kabile√Īa gris con un ancho borde rojo y camisa azul. Con ella y ansioso de acci√≥n, cruz√≥ el Ohio, se present√≥ en Grafton a recibir √≥rdenes, subi√≥ hacia el Nordeste para cruzar al Potomac South Fork y desaloj√≥ casi en su desembocadura a las milicias confederadas de la localidad de Romney, causando dos muertos por s√≥lo un herido propio, el 11 de Junio.

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Su haza√Īa fue muy celebrada, sobre todo por que su unidad entr√≥ en combate casi sobre la marcha, despu√©s de hacer bastante m√°s de 100 kil√≥metros en dos d√≠as. Y le vino de maravilla a Johnston, que pudo alegar la presencia de ‚Äúimportantes fuerzas enemigas sobre su flanco izquierdo‚ÄĚ, (en lo que exageraba bastante), para obtener al fin el deseado permiso para evacuar "aquella condenada trampa de Harper‚Äôs Ferry".

Los norte√Īos tambi√©n hab√≠an introducido novedades en su organizaci√≥n, haciendo marchar hacia el valle del Potomac, a trav√©s de las carreteras del interior de Pennsylvania, una fuerza que hab√≠a sido creada en Chambersburg, en √©ste mismo Estado, por el Mayor General de Milicias Robert Patterson. Era √©ste un singular personaje, que ten√≠a hecha toda su carrera en las milicias, pero present√°ndose con tanta asiduidad como voluntario a las guerras que hab√≠a visto ya cinco de ellas, y hab√≠a obtenido la mayor√≠a de sus ascensos por m√©ritos. Scott, del que Patterson y el ahora rebelde Twiggs fueron los segundos en la Campa√Īa Veracruz-Mexico de 1847-48, se alegr√≥ mucho de poder contar con √©l.

Siendo √©l mismo de Pennsylvania, su fuerza estaba originalmente basada en regimientos de tal estado, con el Mayor General de su Milicia William Hugh Keim como su segundo. Pero tambi√©n fue a√Īadiendo regimientos de Massachusetts, Connecticut, Minnesota y Wisconsin a su tropa. Y hab√≠a tomado como Jefe de Estado Mayor al profesional Fitzjohn Porter, ahora Coronel de Voluntarios, y logrado la colaboraci√≥n de gente valiosa.

Más al Este, se había decidido separar las fuerzas acumuladas en el mismo Distrito Federal, que constituirían su defensa y seguían bajo el mando del Brigader Mansfield, de las que iban cruzando al Sur del Potomac, que iban a convertirse en una fuerza ofensiva llamada Ejército del Nordeste de Virginia, y para cuyo mando se nombró al Brigadier recién ascendido, (aunque de la escala activa), Irvin McDowell.

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McDowell, que recibi√≥ su nombramiento el 28 de Mayo, era un hombre de Estado Mayor, que no hab√≠a tenido mando de tropa desde sus d√≠as de Teniente. Era de 42 a√Īos, y hab√≠a sustituido √ļltimamente a McClelland como disc√≠pulo favorito de Winfield Scott en el Estado Mayor, de forma que el mismo Scott aprovechando el fin de la ‚Äúveda del ascenso‚ÄĚ causado por la inminente Guerra Civil, le hab√≠a hecho pasar desde Diciembre de Mayor a Brigadier. No ten√≠a sin embargo intenci√≥n, ante su inexperiencia en el mando de tropas, de cederle la jefatura del ej√©rcito principal, y se enfad√≥ much√≠simo cuando tal cesi√≥n le fue impuesta. (El hab√≠a pensado para dicho mando m√°s bien en el viejo Mansfield).

Pero era casi inevitable porque, en un momento que todos los políticos de la Unión estaban interesados en temas militares, era el oficial de Estado Mayor que sabía darles explicaciones claras, sin esoterismos profesionales. Y cosa importante en aquellos momentos, en que la guerra estaba elevando la cotización política de los abolicionistas que en su mayoría eran también antialcohólicos, era abstemio. (Aunque, a decir de sus contemporáneos, lo compensaba con una glotonería asombrosa). Así, el nombramiento de McDowell acabó siendo impuesto por los Secretarios de Guerra y del Tesoro, Cameron y Chase, encontrándose tras el si poderoso Gobernador de Ohio, William Dennison, que ya anteriormente había intervenido en nombramientos militares, impulsando a McClelland.

Mientras y desde la suspensi√≥n por Abraham Lincoln del ‚Äúhabeas corpus‚ÄĚ a principio de Mayo, los oficiales de la Uni√≥n hab√≠an estado haciendo amplio uso de esta facilidad para detener sin juicio a los m√°s destacados propagandistas del Sur en la retaguardia norte√Īa. Estos detenidos sol√≠an ser encerrados en Fort Warren junto a Boston, Fort Lafayette junto a New York City, o Fort McHenry junto a Baltimore.

Naturalmente, al haberse ‚Äúretratado‚ÄĚ muchos notables de Maryland como secesionistas con motivo de los famosos motines de Baltimore, era Fort McHenry el m√°s concurrido de tales ‚Äúhoteles‚ÄĚ, llegando a conocer su interior incluso personajes como el Alcalde Brown o el Comisario Federal Kane. Y a fines de Mayo, la detenci√≥n de otro de estos promotores del mot√≠n, John Merryman, desat√≥ la tormenta cuando primero el tribunal de Maryland, y m√°s tarde el juez Taney del Supremo al que todos recordaremos, proclamaron su detenci√≥n, y todo el asunto de la suspensi√≥n del ‚Äúhabeas corpus‚ÄĚ, como ilegal e inconstitucional.

¬ŅQue c√≥mo pod√≠a el Tribunal Supremo mantener tal tesis, a la vista del texto constitucional? Muy f√°cil: como hab√≠an hecho en todo momento los confederados de los que era c√≥mplice, donde no exist√≠a una ley que favoreciera sus tesis se la inventaban. Y aqu√≠ Taney se invent√≥, (pues no estaba escrito en ning√ļn sitio), que el ‚Äúhabeas corpus‚ÄĚ s√≥lo pod√≠a ser suspendido por el Legislativo y no por el Ejecutivo. Lo que hasta cierto punto puede hoy considerarse una medida pol√≠ticamente sana, pero era rid√≠culo aplicar al permiso de suspensi√≥n tal como aparece en el texto de la Constituci√≥n. (En efecto, √©sta lo crea para situaciones de emergencia nacional y el Legislativo permanece a menudo varios meses seguidos cerrados. ¬ŅD√≥nde se ha visto un sistema contra situaciones de emergencia que no pueda aplicarse hasta meses despu√©s de surgida la emergencia? Simplemente, el viejo se entreten√≠a poniendo trabas a la Uni√≥n, en √©ste caso tratando de desacreditar a Lincoln).

El sistema se siguió empleando y el prestigio de Lincoln no salió muy menoscabado, porque el Ejército se puso decididamente de su parte. Cuando el Sheriff de Baltimore acudió a Fort McHenry a liberar a Merryman, el comandante del puesto, Mayor William W. Morris, lo mandó muy educadamente al diablo. Y cuando el Ejército envió a mediar al viejo Brigadier George Cadwalader, éste acabó apreciando las razones de Morris y haciendo lo propio. Y es que pocos días antes y en las cercanías del fuerte, hombres que comulgaban con las ideas de Merryman habían apaleado a uno de sus soldados hasta dejarlo por muerto y desnudo, como fue encontrado al amanecer. Así, el juicio del Ejército condenó al juez.

Entre tanto, en el mar, ya se hab√≠an producido en Mayo las primeras capturas de mercantes confederados, por mucho que el sistema de bloqueo no quedase establecido hasta fin de mes, y aun entonces en forma muy tenue. Curiosamente, tambi√©n un mercante unionista fue capturado; se trataba del nav√≠o de indias de vela ‚ÄúA. B. Thompson‚ÄĚ, de 980 Tn y con matr√≠cula de Brunswick, (Maine), que fue capturado por el ca√Īonero de vapor ‚ÄúLady Davis‚ÄĚ, reci√©n cedido por la marina surcarolina a la confederada, cuando por orden de √©sta se dirig√≠a bajo el mando del Teniente T. P. Pelot, a integrarse en Savannah en una flotilla de combate que estaba formando all√≠ el Capit√°n Josiah Tattnall.

Tambi√©n actu√≥ por primera vez conjuntamente, antes de fin de Mayo, la Flotilla del Potomac del Commander Ward, bombardeando, ¬°al fin!, las famosas bater√≠as de Aquia Creek. La flotilla comenz√≥ el bombardeo el 31 de Mayo con los ‚ÄúFreeborn‚ÄĚ, ‚ÄúResolute‚ÄĚ y ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ, (que al fin ten√≠a la dotaci√≥n semicompleta, pero en el que el agotado Teniente Fillebrown hab√≠a sido sustituido por el Teniente Comandante Napole√≥n Collins). Pero las bater√≠as mandadas por el veterano Coronel confederado Daniel Ruggles se defend√≠an bien, y el peque√Īo ‚ÄúResolute‚ÄĚ qued√≥ algo mal parado.

Al d√≠a siguiente el bombardeo fue reanudado, con el ‚ÄúResolute‚ÄĚ reducido a cometido auxiliar y sustituido por el poderoso ‚ÄúPawnee‚ÄĚ, pero aun as√≠ no se lograban resultados claros, y el tercer y √ļltimo d√≠a de la acci√≥n, 2 de Junio, tambi√©n el ‚ÄúAnacostia‚ÄĚ, ya bastante tocado, hubo de ser dejado atr√°s. Finalmente, la acci√≥n result√≥ fatigosa e inconclusa, aunque no muy sangrienta. (Caus√≥ unas 10 bajas entre ambos bandos).

Pero el mes de Junio iba a ver mucha m√°s actividad naval que el anterior y ese mismo 2 de Junio, se hac√≠a a la mar el primero de los corsarios anunciados por Jefferson Davis casi mes y medio atr√°s. El resto del mes ver√≠a un revoltijo de convoyes y corsarios en el mar, mientras en tierra iban menudeando las escaramuzas, heraldos del recrudecimiento de las acciones que iba a se√Īalar el mes de Julio.

 


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Actualizado ( Lunes, 15 de Septiembre de 2008 16:07 )
 

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