La Guerra Civil Americana - 4ªParte PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Lee   
Domingo, 07 de Diciembre de 2008 17:47

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Capítulo XIII: De Bull Run A Wilson’s Creek

El desastre de Bull Run, (pues, pese a sus relativamente moderadas bajas, Bull Run fue para la Unión un desastre, sobre todo a causa de la desbandada de tantas unidades), fue un aldabonazo para las Cámaras de la Unión, que continuaban con sus sesiones extraordinarias. Pero inesperadamente, fue un apoyo para Abraham Lincoln, cuya actitud cauta y llena de medidas a largo plazo para la conducción de la guerra, antes a menudo considerada en exceso pesimista, quedó claramente reivindicada. Aunque hubo un conato inicial de terror en Washington, al llenarse la ciudad de fugitivos del campo de batalla, cargados de historias de horror para quien las quisiera escuchar, la actitud serena del Presidente y su Gobierno bloquearon los principios de alarmismo. Y así, la derrota se acabó admitiendo como una desgracia pasajera que se debía sobrellevar, y un acicate para hacer en adelante las cosas con más cuidado.

Las Cámaras, cuya actitud ante las peticiones del Gobierno ya había sido antes bastante positiva; (así se habían aceptado ya todos los presupuestos navales solicitados, incluyendo uno de 1.500.000$ para buques blindados experimentales, y las primeras “cañoneras de 90 días” ya se estaban fabricando), demostraron ahora aún mucho más deseo de colaborar, para vengar la humillación de Bull Run: “El Presidente nos pide 400.000 hombres y 400 millones, ¡démosle 500.000 hombres y 500 millones!”; exclamaría en ellas el inglés californiano Edward Dickinson Baker que, en virtud de una incompatibilidad legal, había renunciado a un despacho de Brigadier para ocupar su escaño. (Ya hemos dicho que, para el oficio de político, era desacostumbradamente honrado y hasta un poco ingenuo. El representante demócrata por Illinois John Alexander McClernand, con quien pronto haremos conocimiento y que era el único Brigadier aún nombrado en aquel Estado, supo soslayar la incompatibilidad y asistir a las sesiones sin por ello perder su graduación).



En este momento, aún reciente la labor del difunto Stephen Douglas y con John Tyler trabajando activamente en apoyo a formar un frente común con el Gobierno, el Partido Demócrata no daba ninguna molestia a Lincoln, si no más bien apoyo. Si algún peligro político había de hacer frente, este venía de su propio partido, donde Seward, aunque comenzaba a apreciar sus cualidades, no había renunciado del todo a su idea original de desplazar de alguna manera a Lincoln, y, sobre todo, los abolicionistas más vocingleros, que tenían un amplio eco en la Prensa, estaban descontentos con lo que consideraban su “excesiva moderación”.

Algunos de estos personajes parecían particularmente cortos de memoria y faltos de cualquier sentido de autocrítica. Así Horace Greely, que había contribuido mucho desde su “Tribune” al lanzamiento de la desgraciada campaña de Bull Run, se acobardó al tener noticia del desastre, llegando a ofrecer al Presidente su apoyo si decidía pedir un armisticio a los rebeldes. Y sin embargo tres días más tarde y a la vista de que los confederados no estaban asaltando las líneas de Alexandría y Arlington, recobró todo su arrojo y su extremismo, y exigió a la Presidencia una declaración de que la guerra tenía entre sus objetivos específicos la abolición total de la esclavitud.

Semejante declaración hubiera probablemente arrojado en aquellos momentos a Kentucky en brazos de los confederados, y creado muchos problemas suplementarios en Maryland, West Virginia y Missouri, de forma que Lincoln le respondió en una seca nota que su objetivo era el mantenimiento de la Unión; para ello añadía, estaba dispuesto a liberar a todos los esclavos, a no liberar a ninguno, o a liberar a una parte y dejar a los otros en la esclavitud, según resultara más conveniente.

El asunto hubo de ser rematado en el Congreso, que el 25 de Julio aprobó la llamada “Resolución Crittenden”, propuesta por John Jordan Crittenden y que declaraba tajantemente que la guerra se hacía por el mantenimiento de la unidad nacional, y no por la abolición de la Esclavitud. Lincoln, que probablemente no hubiese deseado que las cosas fueran tan lejos, se vio así maniatado por la cabezonería de Greely.

“The war was fought not for "overthrowing or interfering with the rights or established institutions of those States," but to "defend and maintain the supremacy of the Constitution and to preserve the Union." The war would end when the seceding states returned to the Union with slavery being intact”
Crittenden Resolution, July 25, 1861.

Con todo, y antes que las sesiones extraordinarias se dieran por acabadas el 6 de Agosto, las Cámaras accedieron a votar la primera de las Actas de Confiscación que, siguiendo un poco la línea de la “doctrina del contrabando” del General Butler, daba poder a los comandantes de campo unionistas para confiscar toda clase de bienes, incluidos esclavos, que sus propietarios rebeldes estuvieran utilizando en perjuicio de la Unión.

En el caso de que el bien confiscado fuesen esclavos, se especificaba que éstos pasarían a manos del Gobierno de la Unión, que los manumitiría de inmediato. Y tal Acta quedó aprobada.

En el Ejército, la campaña de Bull Run había gravitado pesadamente sobre el Estado de New York, que había aportado 18 de los 41 regimientos presentes en el campo de batalla y sufrido numerosas bajas. No obstante New York se sacudió rápidamente cualquier actitud pesimista y, como el Congreso, pareció considerar que sólo se trataba de hacerlo mejor la próxima vez. Así, mientras sus regimientos de Milicia se desmovilizaban al terminar sus periodos de tres meses, (algunos, como el 8º Washington Grays, el 71º American Guard y el 79º Cameron Highlanders para no volver a aparecer más en la guerra, mientras otros como el 7º “Old Greybacks”, el 9º New York City Guard y hasta en una ocasión el 69º, aún serían activados por cortos periodos y en misiones secundarias), una gran actividad de crecimiento invadía su organización de Voluntarios.

Cierto que incluso algunos regimientos de ésta desaparecerían, como el 1º de “Zuavos de Fuego”, que había sido despiadadamente señalado por ser el primero en desbandarse, y cuyo resurgimiento nunca se lograría, aunque hallaría cierta continuidad a través de un nuevo regimiento de zuavos: el 44º de New York, llamado “People’s Ellsworth Regiment” o más popularmente “Ellsworth’s Avengers”.

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Pero todo aquello se veía ampliamente recompensado por las actividades como las de Thomas Meagher y Daniel Sickles. Meagher, un nacionalista irlandés que los británicos habían deportado a Tasmania, y que había logrado huir de allí a los Estados Unidos, había sido hasta Bull Run Capitán de la Compañía K del 69º de Milicia de New York, (que estaba equipada como unidad de zuavos bajo el nombre de “Irish Zouaves”). En esa batalla, tras quedar profundamente conmocionado por la explosión de una granada de artillería, había estado a punto de quedar tirado en tierra y caer prisionero, pero un jinete unionista lo había reconocido y sacado del apuro, llevándoselo a Centreville colgado en la cruz de su caballo como un paquete. Ahora, el irlandés había conseguido que muchos veteranos del 69º de Milicia se apuntaran en el nuevo 69º de Voluntarios, convirtiéndolo en otro regimiento étnico, con la intención de crear sobre su base una brigada irlandesa de New York.

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Y Sickles, un rico “socialité” neoyorquino, que había saltado a la fama recientemente baleando en público a un petimetre que se mostraba excesivamente galante con su esposa, y saliendo bien librado pese a la muerte de aquél gracias a un excelente abogado, estaba creando a su vez otra Brigada exclusivamente neoyorquina, que llevaría el nombre de “Brigada Excelsior”, (apodo que solía darse a New York City). Otros regimientos disueltos, en otros estados, incluían los 1º, 2º y 3º de Connecticut, los 8º y 17º de Pennsylvania y varios más. Pero compensándolo, la creación de unidades voluntarias se multiplicaba por todas partes.

En cuanto al capítulo de los regimientos de zuavos, la fiebre había sido originalmente un fenómeno ante todo neoyorquino, y en New York habían aparecido 6 regimientos zuavos de voluntarios: los 5º y 9º (destinados en Hampton Road), 6º (destinado en Pensacola), 10º (aún no “estrenado” en combate), el desaparecido 11º y el 14º. En cambio, todo el resto de la Unión sólo había “dado a luz” 6 regimientos zuavos más: 19º de Illinois, 11º de Indiana, 2º de Kentucky, 2º de Ohio, 23º de Pennsylvania y 1° de Wisconsin. Ahora la fiebre parecía bajar en algunas zonas, como Illinois, Kentucky y Wisconsin, que no repetían la experiencia, y hasta en New York, donde sólo se crearon nuevos de momento el 44º y el 73º “Second Fire Zouaves”. Pero en otras zonas se incrementaba: así, Ohio creaba el 34º, Pennsylvania los 72º, 76º y 95º, e Indiana, impulsada por el éxito de los zuavos de Lewis Wallace en Romney, recreaba el 11º, (que como su homónimo de New York se había disuelto al final de los tres meses), y le añadía los 24º, 34º y 46º. Wallace, a punto de ser ascendido a Brigadier de Voluntarios, se estaba creando una Brigada de Zuavos.

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En honor a los zuavos de Indiana debe advertirse que su aspecto era bastante más discreto que el de los de otras latitudes. En general usaban el quepis y el pantalón del uniforme de faena, y su único distintivo de zuavos era la chaquetilla kabileña azul oscuro, en la que los tombeaux, pequeños y en un azul más claro, apenas destacaban. Como excepción el 11º, al que le quedaban bastantes quepis rojos de los del “Antiguo 11º”, siguió utilizándolos en muchas compañías hasta que se caían de viejos, sustituyéndolos sólo entonces por el de faena.

Otro fenómeno interesante era el de la llamada “Reserva de Pennsylvania”. Este Estado, requerido en Abril para formar 29 regimientos, se había encontrado enseguida entre manos con voluntarios suficientes para formar 45. Y muy orgulloso, los había formado, haciendo que los 16 últimos, que no correspondían a la petición de la Presidencia, y por tanto no formaban parte del Ejército Voluntario de los Estados Unidos, fueran integrados en una organización estatal, un ejército privado pennsylvano, al que se dio el nombre de “Reserva de Pennsylvania”. Cuatro de ellos formarían una “Brigada de Philadelphia”, exclusivamente dedicada a la defensa de la “ciudad del amor fraterno” en una posible eventualidad. Y con los otros 12 se formó una división de a tres brigadas, la “División de la Reserva de Pennsylvania”, que el Estado envió al frente aquel Verano, como un regalo a la Unión.

La unidad, aun después de agregada al Ejército Unionista, guardó largo tiempo celosamente su “diferencia”. Así, recibía todo su armamento y equipo a través de su Estado y no de Washington y si en muchas unidades pennsylvanas se permitía que al deteriorarse los uniformes estatales se les sustituyera por uniformes federales de faena, la División de Pennsylvania mantuvo celosamente sus uniformes grises por cosa de un año. Por otra parte, todo éste apartamiento iba a generar un espíritu de cuerpo notable y la División, originalmente mandada por el Brigadier George Archibald McCali, vería llevar mandos de brigada a varios de los más prestigiosos jefes unionistas del Este en 1863-64.

Entretanto, George Brinton McClelland había tomado en Washington el mando del Ejército del Nordeste de Virginia, al que en el acto cambió ese nombre por el de Ejército del Potomac, (que también empleaba la organización confederada que les hacía frente). No llevaba sin embargo consigo al equipo que tan bien había funcionado en Virginia Occidental. El que había sido su jefe de Estado Mayor, William Starke Rosencrans, quedaba como comandante de aquel teatro de operaciones con la graduación de Brigadier de Voluntarios, y con él su jefe de Comisariado, Coronel William Wallace Burns, y otro personal. El Inspector Escolar Mortimer Dormer Leggett, que había estado haciendo para él, sin sueldo y sin comisión, una ingente cantidad de trabajo de organización, volvió a su Estado natal, donde meses después levantaría el Regimiento 78º de Voluntarios de Ohio, etc.

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La explicación más probable a esta extraña medida de liquidar un equipo que estaba funcionando bien, puede ser que McClelland, como lo haría enseguida, se había propuesto montar una gran operación de culto a su propia personalidad, y prefería no tener en su entorno muchos hombres de los que le conocían ya demasiado bien. Un indicio inquietante es que, siendo un hombre joven y guapo, con su bigotito y su “mosca” a lo mosquetero, pero de estatura un poco corta, resultó que tanto los hombres que se llevó consigo del Oeste del Alleghany como los que reunió en Washington para su nuevo equipo, eran todos de estatura similar o inferior a la suya. Con lo que creó un curioso Alto Mando de “retaquitos”, con la obvia obsesión de disimular lo que consideraba un defecto físico de su apariencia, cosa que no resulta muy sana.

Inmediatamente tras llegar a Washington, uniendo sus astucias de militar y de ejecutivo, hizo notar su autoridad dictando toda una serie de normativa estándarizadora, (que no siempre se iba a cumplir). Ordenó así que en adelante cada División constara de tres brigadas, y cada brigada de cuatro regimientos. A su vez, cada brigada iría apoyada por una batería de Voluntarios, y el Mando de División dispondría como reserva de una de regulares, cuyo jefe sería el comandante de toda la artillería divisionaria.

En cuanto a los regimientos, que en la anteguerra solían ser de 12 compañías teóricas y 10 reales, con una fuerza teórica por compañía de 90 hombres y un total de 980, también se dispuso a reformarlos. Los de caballería dispondrían de 12 compañías, formando 6 escuadrones, sumando 1.200 hombres. Los de infantería de 8 compañías de 95 hombres, totalizando 840. Pero como los regimientos no solían recibir reemplazos para sus bajas, esto significó que, con compañías típicas de tiempo de guerra de 40 a 65 hombres, la mayoría de los regimientos de voluntarios iban a entrar en adelante en combate con una fuerza de entre 300 y 500 hombres, siendo rarísimos los que pasaran de 600. En cuanto a la caballería, que tenía el problema adicional de las monturas, pese a sus teóricamente superiores efectivos, sus regimientos resultarían aún menos nutridos.

Además McClelland convirtió el antiguo mando del Shenandoah de Patterson, ahora desertizado por el fin de los voluntariados de 3 meses, en una nueva 5ª División del Ejército del Potomac, mandada por el ahora Mayor General Nathaniel Prentiss Banks. (Le sucedió como Comandante del Distrito de Annapolis el ahora también Mayor General de Voluntarios John Adams Dix, miembro del último Gobierno Buchanan, popularizado a principio de año por el “Telegrama de la Bandera”).

A la vez, la hasta ahora 5ª División del Brigadier Ludwig Blenker devino la 4ª. Por cierto, que Blenker tomó como su ayudante a un aristócrata alemán de sangre azul como el cielo, pero algo “tronado”, el Príncipe Félix de Salm-Salm, que había huido a Estados Unidos después de dar el aldabonazo casándose con la ahora Princesa Agnes, una antigua “ecuyére” de circo que en 1861 tenía sólo 21 años. Con ello su división, que era “europea continental”, pareció tomar ciertos aires de respetabilidad social y se vio inundada de oficiales aristocráticos, (entre los que estaba el mismo Luis Felipe Conde de París, pretendiente borbónico al trono de Francia).

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Al mismo tiempo que McClelland iniciaba su tarea de “hacerse” con su “Ejército del Potomac”, Washington reorganizaba sus defensas hacia el Sur, uniendo los fuertes de la zona con una línea de casamatas, según el sistema defensivo, (al menos así se aseguró), utilizado por Wellington en la línea de Torres Vedras.

Para realizar esta labor se ocupó un ejército de Ingenieros militares, encabezado por el propio comandante del Cuerpo, Brigadier John G. Totten. Con él trabajaban personajes como el Coronel John Gross Barnard, que había mandado los ingenieros en Bull Run, el Teniente Coronel, enseguida ascendido a Coronel John Newton, que ocupaba en la fuerza de Joseph King Fenno Mansfield una posición equivalente a la que había ostentado Barnard en la de McDowell, y brillantes subalternos como los Capitanes Hotio Gouverneur Wright (al que recordaremos de su misión en el Gosport Navy Yard), y George Washington Cullum. (Ambos eran veteranos de Bull Run, donde sólo Wrigth había hecho trabajo de ingeniero, mientras Cullum mandaba una compañía de caballería).

En realidad hasta se llegó a pedir los servicios del venerable Coronel de Ingenieros Sylvanus Thayer. Este hombre era considerado el “padre” tanto del Arma de Ingenieros como de la Academia de West Point, pero se desconfiaba de él al considerarlo pro-secesionista y ultraconservador, de forma que sus servicios fueron requeridos sólo en esta tarea y un par de cuestiones puntuales, y sería definitivamente jubilado en 1863, a los 78 años, con una habilitación de Brigadier.

También se produjeron relevos en los cargos militares directamente subordinados a la Secretaría de Guerra en Washington. El Coronel Lorenzo Thomas (un aristocrático caballero de cabello blanco), fue ascendido a Brigadier y nombrado Adjutant General, (Jefe de Servicios), mientras el Coronel James Wolfe Ripley, (de 67 años contra los 57 de su compañero, y que no debe confundirse con el surcarolino Roswell Sabine Ripley, ascendido también a Brigadier aquel mes, pero en el Ejército Provisional Confederado), recibió el Departamento de Ordenanza. Y por su parte el Quartermaster General Montgomery Cunningham Meigs, (capitán sólo cuatro meses atrás), recibía el despacho de Brigadier de Voluntarios.

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Por otra parte, el Ejército contrataba a los Ingenieros civiles Thaddeus Lowe y Anson Stager para crear respectivamente, los departamentos de Globos Aerostáticos y Telegrafía de Cuerpo de Ingenieros. Y, por presiones de George Brinton McClelland, contrataba a Allan Pinkerton para la creación y dirección de un servicio secreto de información militar. (Esta elección resultaría a la larga muy desafortunada).

El gran problema que se presentaba ya a medio plazo era el de dotar de armas medianamente modernas a un ejército pronto superior a 500.000 hombres. La fábrica de Springfield desarrolló de inmediato una versión simplificada del Rifle-Musket 1855, para abaratar y multiplicar la producción. Se denominó “Rifle-Musket 1861”, y su principal diferencia externa con el 55 fue la desaparición del “dispensador de cebo Maynard”, produciéndose casi 40.000 aquel mismo año, (contra unos 8.000 “1855” en los primeros meses), y 120.000 en el siguiente.

Además, un grupo de fabricantes de armas encabezados por Remington y Colt, y que incluía otras cinco empresas, se ofreció para realizar una segunda versión de la nueva arma. Se le denominaría “Rifle-Musket 1861 Colt Contract”, al haber sido diseñada por el equipo de Colt, y su diferencia básica con el “1861” estándar sería su sistema de sujeción del cañón, (que, confesémoslo, era bastante peor que el original). De todas formas los quizá 20.000 primeros “Colt Contract” serían entregados ya en 1861, seguidos de cosa de 80.000 más en 1862. Para completar estas producciones se había iniciado a la vez un plan de compras en Europa, por el que entre 1861 y comienzos de 1863 se adquirirían 400.000 fusiles Enfield 1853 y quizá la mitad de mosquetes belgas viejos, alterados ya para llave de percusión. Finalmente y por supuesto, se llevaba a toda marcha el programa de conversión de los viejos mosquetes Modelo 1819 a llave de percusión, que se finalizaría para la segunda mitad de 1862, procurando cerca de 400.000 armas largas adicionales.

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En cuanto a la Artillería, Columbiad había puesto sobre el tapete dos piezas superpesadas más, de 8 y 15 pulgadas M 1861, y Dahlgren estaba planeando cañones de avancarga “de torreta” de 11 y 13 pulgadas. Los Parrott de 20, 30 y 100 libras comenzaban a producirse en cantidad, y a adquirirse igualmente, y la misma casa ofrecía más aterradoras piezas de 8 pulgadas y 175 libras, y de 10 pulgadas y 250.

Para elevar el nivel general de su Artillería, la Unión estaba además adquiriendo cierto número de Armstrong y Whitworth británicos de los que en su momento hablaremos. Con todo, la gran novedad de la Artillería unionista para aquel Verano fue la entrada en producción de los nuevos Gun-Howitzer “Napoleón” 1857, y de los “Ordenance de 3 pulgadas”, que eran por cierto un diseño Rodman, y serían popularmente conocidos como “Rodman Rifle Guns”. Para fin de año habría ya en uso ocho docenas de estos cañones y cosa de un centenar de Parrott de 10, pero el “Napoleón” seguía siendo muy poco numeroso, (sólo se habían entregado 36, de 179 encargados), a causa de su cara y complicada construcción en bronce.

En el bando confederado, las cosas eran diferentes.

En Richmond, el Congreso Provisional Confederado había reanudado al fin sus sesiones el 20 de Julio, víspera de la Batalla de Bull Run, y uno de los primeros problemas que se le habían planteado había sido el de incluir en el Gobierno Provisional algún político de los Estados agregados a los acuerdos de la Convención de Montgomery desde el mes de Abril. Se lograría hacerlo gracias a que el Secretario de Estado, Robert Augustus Toombs, estaba bien dispuesto a abandonar su plaza en el Gobierno por un despacho de Brigadier en el Ejército Provisional. Lo cierto es que, mucho más fire-eater que el resto de los miembros del Gobierno, se sentía desplazado y solo en él, y además, al ser las relaciones exteriores de la Confederación escasas y preciosas, el Presidente Davis y su equipo intervenían continuamente en ellas, dejando la Secretaría de Estado como un cargo más figurativo que efectivo.

Así, Toombs tuvo su despacho de Brigadier y pasó al Ejército Provisional mientras la Secretaría de Estado pasaba al no muy brillante pero respetado Robert M. T. Hunter, que había presidido bajo James Buchanan el Comité de Relaciones Exteriores, y en las últimas elecciones obtenido junto con James M. Mason, (que presentara años atrás la Fugitive Slave Law), los escaños de Virginia en el Senado.

Pero, si en el Norte Bull Run había acabado galvanizando a la ciudadanía y la clase política, en el Sur parecía haber producido el efecto contrario. La propaganda fire-eater había insistido durante muchos años en el feroz enemigo que sería para el Norte un Sur encabezado por Virginia. Y ahora parecía que, puesto que tal objetivo estaba alcanzado, y el intento norteño de liquidarlo antes de que acabara de materializarse, (Bull Run), había fracasado, la guerra estaba ganada.

La mayor parte de los sureños tomaban por tanto los preparativos de guerra del Norte por maniobras para “salvar la cara”, y la opinión general era que los unionistas aún actuarían para conseguir mantener dentro de sus fronteras Estados como Maryland, Kentucky y Missouri, o para arrancar a la Confederación alguna zona como Virginia Occidental, o impedir que los confederados se apoderaran de “su parte” de los Territorios del Oeste, pero ya no iban a atreverse a intentar aplastar la propia Confederación, por más que deseasen mantener a su propio público ignorante de esto por algún tiempo.

Así, la furia por los asuntos de defensa había decrecido, los propios Gobernadores de los Estados no parecían muy interesados en completar las cifras de voluntarios que Jefferson Davis les había marcado como su contribución al Ejército Provisional, y aún los hombres que ya se encontraban en éste, aburridos por la relativa inactividad y no creyendo en la existencia de un verdadero peligro, se ausentaban sin permiso para ir a visitar a sus familias o simplemente cambiar de actividad. Era esto tan obvio que, cuando en Septiembre se supo que el Ejército Provisional no había llegado aún a reunir 300.000 hombres, (no digamos los 400.000 que Davis y las Cámaras había demandado en Mayo), “Stonewall” Jackson, (hombre escasamente optimista), fue visto repetidamente gruñendo que tal como iban las cosas, quizás hubiese sido mejor perder la famosa “Batalla de Bull Run”.

Los problemas del Sur para armar a un ejército de masas eran sin embargo aún mayores que los de la Unión. Disponían quizá de algo menos de 200.000 antiguos Flintlock Muskets para adaptar a llave de percusión, quizá menos de 80.000 Percusión Muskets, 20.000 Rifle Muskets y una cifra inferior de los viejos rifles Harper’s Ferry y Mississippi de percusión. Y, rápidamente organizaron la producción de un modelo simplificado de Rifle Musket, (basado igualmente en el 1855 y muy similar al 1861 norteño), en toda una red de pequeños arsenales por toda la Confederación:

Así, se fabricaría Rifle Muskets para bala Minié en:

Richmond Armory - Richmond (Virginia)
Fayetteville Armory - Fayetteville (North Carolina)
Bilharz and Hall - Pittsylvania Court House (Virginia)
Todd - Montgomery (Alabama)

Se fabricarían copias del Enfield 1853 inglés en:

Asheville Armory - Asheville (North Carolina)
Cook - New Orleans (Louisiana)
Macón Armory - Macón (Georgia)
Atlanta Armory - Atlanta (Georgia)
Columbus Armory - Columbus (Georgia)
Tyler - Tyler (Texas)

Copias del Mississippi Rifle, en su forma original o reformado para munición deformable tipo Minié en:

Davis and Bozeman - Central (Alabama)
Dixon and Nelson - Dawson (Georgia)
Lamb and C - Jamestown (North Carolina)
Mendenhall, Jones and Gardner - Greensboro (North Carolina)
J P Murray - Columbus (Georgia)

Y se fabricaron copias de Percussion Muskets Modelo 1842 en:

Palmetto Armory - Columbia (South Carolina).
(También fabricó rifles de percusión Harper's Ferry)

De todas formas pocas de estas factorías servirían en 1861 mucho más de unos cientos de armas, y la producción principal fue la de la Richmond Armory. Naturalmente, el total era absolutamente insuficiente, y ya se había iniciado la correspondiente campaña de compras de Enfield 1853, y de mosquetes franceses y austríacos reformados para llave de percusión. Finalmente, una de las mayores fuentes de fusilería para los confederados iba a ser la captura de armas enemigas, que afortunadamente fue muy importante en la segunda mitad del año siguiente.

En Artillería, los confederados iban a seguir tres caminos:

Primero. Aprovechar las piezas, no muy modernas pero numerosas, que ya poseían. Incluso, en ésta línea realizaron modelos simplicados de los viejos 6 libras y 12 libras, la mayoría fundidos en hierro en vez de en bronce para abaratarlos

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Segundo. Ponerse en manos del oficial de Marina John Brooke. Este nativo del Sur se convirtió de la noche a la mañana en un fertilísimo ingeniero, que ideó sistemas para rayar cañones lisos y máquinas herramientas para realizar la tarea, y diseñó más de una docena de cañones, de forma que los Brooke se convertirían en una sólida base para la defensa del Sur. La característica más clásica de sus diseños fue que sabiendo perfectamente que el Sur rara vez iba a disponer de metal de calidad, todos sus cañones rayados, llevarían añadidas 5 bañadas de refuerzo sobre la recámara y la parte posterior del cañón.

Sus “hijos” más clásicos fueron:

Un 3 pulgadas, de 10 libras, considerado el Parrott confederado.
Un 4'62 pulgadas con una banda de refuerzo (como el anterior).
Un 6'4 pulgadas con dos bandas de refuerzo.
Un 6'4 pulgadas con una banda de refuerzo.
Un 7 pulgadas con dos bandas de refuerzo.
Un 7 pulgadas con una banda de refuerzo.
Un 11 pulgadas con dos bandas de refuerzo.

También crearía un 10 pulgadas, y un 11, de ánima lisa, sin hablar de procedimientos para recalibrar y rayar Columbiads y Rodmans de 10 pulgadas, (salían piezas rayadas de 6’4), e incluso otro para tornar uno de sus 6’4 pulgadas rayados en un “anima lisa” de 10.

Tercero. La importación, pero aquí, aunque los confederados no dejaron de adquirir algunas piezas de William Armstrong y Joseph Whitworth, (para buques, defensas navales, y alguna pieza “de capricho”), el grueso de las adquisiciones fueron de las menos exquisitas, pero sólida y mucho más económica casa inglesa “Blakely”.

Y el arsenal de los Blakely era el siguiente:

Dos 12 libras (uno, largo de 3,5 pulgadas, y otro más corto de 3'6).
Un 18 libras de 4 pulgadas.
Un 100 libras de 6,4 pulgadas.
Un 120 libras de 7 pulgadas.
Un 150 libras de 7'5 pulgadas.
Un 200 libras de 8 pulgadas.
Un 250 libras de 9 pulgadas.
Un 375 libras de 11 pulgadas.
Un 650 libras de 12'75 pulgadas.

(Su peso era de 27 Tn, y su granada explosiva pesaba 470 libras).
(Todos eran piezas rayadas de retrocarga)

Mientras, nuevos frentes iban ennegreciéndose para la causa unionista, como si Bull Run fuera una especie de cambio de pendiente en el curso de los acontecimientos:

En Texas, el 2º de Fusileros Montados de John Baylor había avanzado en Julio a Fort Quitman y Fort Bliss, encontrándolos ambos evacuados por unas fuerzas unionistas poco ansiosas de hacerles frente. Como debía dejar guarniciones, aun mínimas, en ellos y estas disminuían su ya escasa tropa, hizo a continuación un alto tratando de reclutar un par de nuevas compañías entre los hispanos de la zona San Elizario-El Paso. Esta nunca había estado muy poblada, y menos entonces, con la creciente inquietud de los apaches, que se iba trasmitiendo incluso tan lejos de los territorios chiricahuas, (Sin hablar de lo poco que podía interesar a los hispanos aquella lucha entre “gringos”). Pero de todas formas obtuvo una escasa cincuentena de hombres, con el grueso de los cuales formó la pintorescamente llamada “Compañía de Espías de San Elizario”, (que pese a tal nombre eran en realidad guías).

Internándose hacia el Norte, llegó a continuación a los alrededores de Fort Fillmore, comandado por el Mayor Isaac Lynde, del 7º de Infantería U.S.A y que contenía casi 500 hombres del 7º y los Fusileros Montados, y algunos refugiados. Efectuados los primeros contactos el 25 de Julio, el 26, al llegar Baylor ante Fort Fillmore, lo encontró desierto. Lynde lo había evacuado sigilosamente durante la noche, cruzando el Río Grande, (que, ya en Nuevo Mexico, corre de Norte a Sur).

Por lo visto, la idea del Mayor Lynde era cruzar el río y fingir que se dirigía a la región de Socorro y Fort Craig por el viejo camino español de La Jornada del Muerto, y desorientar a los texanos tomando la ruta de los Montes San Agustín, más al Este, para alcanzar Fort Stanton, que vigilaba las zonas más montañosas del territorio de los Apaches Mescaleros. Pero, naturalmente no había tenido en cuenta que, con sus “espías de San Elizario”, los texanos se habían hecho con los servicios de un excelente equipo de guías y rastreadores.

Así que Baylor tuvo noticia de las intenciones del unionista y, el siguiente día 27, le cortó el paso en Saint Agustín Springs, en el llamado Saint Agustin Pass. (Obviamente, en vez de perseguir a Lynde se limitó a correr a situarse en los únicos manantiales disponibles en muchas millas a la redonda, sabiendo que, en aquel paisaje reseco y en lo más bochornoso del Verano, Lynde había de pasar por ellos). Y, tras breve intercambio de condiciones, Isaac Lynde se rindió sin resistencia, pese a que su fuerza era casi el doble de la confederada.

Aquello levantó ampollas en el Norte, donde Lynde fue considerado sospechoso de connivencia con el enemigo, y expulsado oficialmente del Ejército por cobardía. Pero en realidad sólo reflejaba el estado de la moral de las tropas federales en Nuevo Mexico, de un derrotismo que tendría largas secuelas hasta el año siguiente.

Al mismo tiempo, Baylor fue nombrado Coronel por la Milicia de Texas y, un poco a su aire, se hizo un uniforme de Brigadier del Ejército Provisional, (aunque nunca recibiría tal graduación), y se declaró en Fort Fillmore, Gobernador confederado del Territorio de Arizona, (entendido, al estilo de aquellos tiempos, como la zona de los actuales Arizona y Nuevo Mexico situada al Sur del Paralelo 34). Esta jactancia lejana de Baylor tendría posteriores consecuencias, pero entretanto las guarniciones unionistas evacuaron el mismo Fort Stanton, que tropas confederadas ocuparon temporalmente el 2 de Agosto, y sucesivamente Fort Thorn, Fort Webster, y hasta por un tiempo Fort Craig, en Elephant Butte, sobre el camino de Santa Fe. (La ocupación de Fort Stanton se atribuye normalmente a Baylor mismo, pero como éste había hecho su proclamación de Fort Fillmore el día 1, y no es probable que gozase del don de la ubicuidad, seguramente la llevó a cabo el Mayor Charles L. Pyron, ex-comandante de la compañía B, que devino rápidamente en su segundo en el mando).

Los unionistas habían demostrado sin embargo que no todos eran tan derrotistas como Lynde, con una viva escaramuza que se libró el 3 de Agosto en Mesilla, cerca de Fort Craig, entre patrullas de Baylor y de los Fusileros Montados, y que dejó 9 bajas unionistas por 12 confederadas. Y después, con ambos bandos muy escasos de personal, (los unionistas aún pasaban de un millar, pero la rendición de Lynde les había dejado apenas por encima de tal cifra), una calma intranquila cayó sobre la zona, mientras de Washington se enviaba a tomar el mando de sus tropas allá situadas al Coronel de activo Edward Richard Sprigg Canby, (anteriormente dedicado a la organización del nuevo 19º de Infantería).

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En la Península de Yorktown, la tranquilidad que había dado al frente virginiano del Potomac la batalla de Bull Run permitió que los refuerzos afluyesen al fin a las tropas del ahora Brigadier John Bankhead Magruder, cuya fuerza llegó pronto a unos 8.000 hombres mientras las tropas del unionista Butler, que había en cambio tenido que ceder algunos regimientos a aquel frente ya antes de la batalla, y otros después de ella, descendían a unos efectivos incluso inferiores.

“Prince John” Magruder aprovechó lógicamente la oportunidad para volver a adelantar sus avanzadas a Big Bethel, e incluso para emprender un avance de cierto estilo contra las Hampton Roads a primeros de Agosto. Butler, poco aficionado a correr riesgos, replegó su tropa a campos fortificados junto a Newport News y Fort Monroe, donde los cañones de la flota, y de la propia fortaleza, podían darle un apoyo decisivo, y el confederado no se atrevió a atacarlo allí.

Pero la ciudad de Hampton había quedado descubierta por el repliegue táctico del unionista y Magruder, tomado por la tentación de hacer algo que sonase “grande” en los periódicos, decidió incendiarla. Y así lo hizo el 7 de Agosto, en parte mediante un bombardeo artillero con “case” (literalmente “carcasa”), incendiaria, y en parte mediante patrullas de soldados con antorchas, casi todos del recién llegado de Pensacola 1º Batallón de Zuavos de Louisiana “Zuavos de Coppens”.

Esta unidad, cuya denominación oficial era fácil de confundir con la de los “Tigres” de Wheat, gastaba saroueis rojos y quizá era aún más salvaje que aquélla. (Finalmente ambas serían denominadas indiscriminadamente “Tigres de Louisiana”). Los del Teniente Coronel George Auguste Gaston de Coppens, (él mismo un duelista habitual, conocido por su habilidad con el florete), eran una colección de suizos, (el segundo de Coppens era el Mayor Waldemar Hylested, un soldado profesional suizo), franceses, ingleses, irlandeses, alemanes, italianos, españoles y algún estadounidense, reclutados en los peores barrios de New Orleans.

La pequeña ciudad de Hampton fue quemada casi hasta los cimientos, y aunque en efecto la acción “quedó muy bien” en los periódicos, y pareció muy gallarda en el Sur e irritó a la opinión pública norteña, (lo cierto es que sólo a última hora intentó algo para entorpecerla el 20º de New York, librando alguna escaramuza, casi sin bajas, con los zuavos), resultó bastante insensato.

Lo malo era que, si bien Magruder aseguró que la emprendía porque Butler se negaba a entregar los ya casi 1.000 esclavos que se habían refugiado en sus líneas, sólo arruinó y en algunos casos mató, a los habitantes de Hampton, con los que Butler y sus hombres, que acampaban fuera, apenas tenían trato porque eran muy proconfederados. (O al menos lo habían sido hasta aquella fecha). Y es cierto que, por mucho que el público sureño la celebrase, hombres como Cooper, Johnston y Lee apuntaron aquella acción como un demerito en el expediente de Magruder.

El público del Norte se encrespó lo suficiente para que los enemigos que Butler ya tenía en el Ejército pidieran su cabeza. Y en efecto, el Mayor General fue destituido de su mando el 18 de Agosto. El mando fue redenominado Department of Virginia y puesto a las Órdenes de John Ellis Wool, ascendido al fin a Mayor General de activo, que llegó para ocuparlo desde New York el siguiente día 21. Sin embargo encontró que Butler, sin inmutarse, había aprovechado los días anteriores para pergueñar un plan de incursión anfibia del que hablaremos en otro capítulo, y que pondría a la Unión de nuevo en deuda con él.

El frente donde se ennegrecía más rápidamente la situación era no obstante el de Missouri, donde importantes fuerzas del Ejército Provisional Confederado iban a hacer pronto su aparición en dos zonas diferentes. En el gran Mississippi, una flotilla de vapores de río confederados, desarmados pero repletos de tropas, zarpó de Memphis, (Tennessee), y ocupó el 25 de Julio New Madrid y la Isla Número 10, en la curva del Mississippi llamada “New Madrid Bend”, y justo en el extremo suroriental del Estado de Missouri. Eran más de 8.000 hombres, mandados por el Mayor General Leónidas Polk, llevando como lugartenientes a los Brigadieres Gideon Johnson Pillow y John Porter McCown. Varios de sus transportes fluviales, como el pequeño “Admiral”, el remolcador de río “Gordon Grant” y los vapores “Charm”, “Cheney”, “H. R. W. Hill”, “Kentucky”, “Prince”, “Saint Francis”, “Vicksburg” y “Yazoo”, se hicieron bien conocidos por sus servicios a la Confederación durante los siguientes meses.

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Así New Madrid, convertida en una base confederada, se tornaría en un medio de presión contra la parte occidental del neutral Kentucky, y una amenaza latente contra el Sudeste de Missouri y el extremo Sur de Illinois, e incluso contra la propia ciudad de Saint Louis, que le quedaba a no tantas jornadas de navegación río arriba. Para colmo, la presencia de tropas regulares confederadas en la zona dio origen a la aparición de una milicia confederada en aquella hasta entonces no muy belicosa región. Curiosamente y como fuera reclutada por el ex-Alcalde de Saint Louis Jeff Thompson, éste hombre muy personalista, no hizo ningún intento de coordinarla con la State Guard del Gobernador Jackson y Sterling Price, (sin duda para no quedar subordinado a ellos), y sería totalmente independiente de aquélla.

Pero la intervención que a corto plazo iba a tener resultados más importantes se produjo al otro extremo del Estado, al Suroeste, donde los unionistas, ya bien reforzados, (para los estándares de aquel frente), y dirigidos personalmente por Nathaniel Lyon, estaban arrojando a Claiborne Jackson y Sterling Price fuera del Estado.

Estas maniobras se habían culminado el 22 de Julio en el combate de Forsyth en que la vanguardia unionista, (1º de Iowa y 2º de Kansas de los Tenientes Coroneles William H. Merritt y R. B. Mitchell, y batería del Capitán Totten, mandados por el Brig. Gen.Thomas Sweeny), obligó a abandonar rápidamente el campo al enemigo, causándole 5 muertos y 10 heridos, por sólo 3 heridos propios. Aunque los confederados regresaron al retirarse los federales. En retaguardia, varias escaramuzas libradas por las reservas y los Home Guards unionistas, siempre con ventaja, en Lane Praerie, junto a Rolla, el 26 de Julio, Athens, el 5 de Agosto, y Potosí el 10 de ese mes, confirmaban el excelente momento unionista en Missouri, aunque otra librada el 24 de Julio en Blue Mills hubiera ido mal para ellos. (La relación de bajas total era de 28 unionistas a 37 secesionistas para los cuatro combates).

Pero ese mismo éxito unionista llevó a que, finalmente, la división confederada organizada en el Noroeste de Arkansas cruzara la frontera para unirse a las tropas de Sterling Price. La mandaba el Brigadier texano Ben McCulloch, que había regresado de Europa en Mayo, y estaba compuesta por dos brigadas de muy diferente composición. La primera, del Ejército Provisional Confederado y creada y mandada por el propio McCulloch, contenía tres regimientos montados, (Regimiento texano del Coronel Elkanah Green y 1º y 2º de Fusileros Montados de Arkansas de los Coroneles Thomas James Churchill y James McQueen McIntosh), y dos formaciones de Infantería, (1º Regimiento de Louisiana del Coronel Louis Hebert, y Batallón de Arkansas del Teniente Coronel Dandridge McRae). La segunda, del Ejército de Arkansas y mandada por el Brigadier de éste Nicholas Bartiett Pearce, estaba formado por lo más operativo de su “División del Oeste”, con dos baterías, el 1º de Caballería de Arkansas del Coronel De Rosey Carroll y los 3º, 4º y 5º de Arkansas de los Coroneles Gratiot, Walker y Dockery. El total era de casi 5.000 hombres.

Lo más curioso respecto a la brigada de Pearce era que, sin que él fuera plenamente consciente, le estaba ganando a su jefe una especie de “suspensión de sentencia”, puesto que los mecanismos del Ejército Provisional ya habían llegado a Arkansas, y el curioso Ejército de Arkansas empezaba a ser desmontado, dejando a sus jefes en una especie de limbo, en los mismos días en que la división de McCulloch se internaba hacia Missouri. (Con el apoyo del Gobernador Rector, que en esa labor estuvo de nuevo de acuerdo con su rival y socio, Hindman).

Así, el 23 de Julio fue defenestrado de su cargo, con diversas excusas, el Mayor General de Arkansas James Yiell, (que volvería a la vida privada, y moriría de muerte natural en 1864). Y a los pocos días caía también el Brigadier Thomas H. Bradley, mientras su “División del Este” era disuelta, y sus unidades absorbidas por el Ejército Provisional. En éste caso, Bradley había colaborado involuntariamente en su propia caída, cometiendo algunos errores tontos de mando, y enzarzándose en un contencioso con sus propios subordinados. El portavoz de éstos había sido precisamente alguien a quien ya conocemos, el irlandés Patrick Romayne Cleburne, ahora Coronel del 15º de Infantería de Arkansas. En todo caso Bradley desapareció a su vez de escena, rumbo a la vida privada, y mientras Pearce se internaba hacia Missouri con su brigada, a sus espaldas el resto de su División del Oeste era a su vez disuelta y encuadrada en el Ejército Provisional.

Los efectos de la llegada de tan masivo refuerzo, que más que duplicaba el volumen de las fuerzas secesionistas en el extremo sudoeste de Missouri, se hicieron notar enseguida con un fuerte ataque de caballería sobre el puesto avanzado de Lyon en el paraje de Dug Springs. El 1º de Iowa y el 3º de Missouri, que lo defendían, lograron rechazarlo, causando 80 bajas al enemigo por la mitad de las propias, gracias a un juicioso uso de la artillería. Pero era obvio que la “División de Arkansas” había al fin llegado y, tras pedir refuerzos a Saint Louis, Nathan Lyon hubo de preparar la evacuación de Dug Springs, (que se llevó a cabo el día 5 de Agosto, al avanzar el enemigo masivamente sobre tal punto), y la concentración de sus fuerzas en Springfield. Sterling Price y Benjamin McCulloch no intentaron desalojarle de allí de inmediato, deteniéndose en las Oak Hills, junto al arroyo denominado Wilson’s Creek.

Ambos altos jefes sureños no habían precisamente simpatizado al primer golpe de vista, siendo dos individuos personalistas y no muy tratables. Price, héroe público desde el asunto de Taos, ex-Gobernador y largo tiempo mayor General de la Milicia de Missouri, pretendía tener el mando, como tal Mayor General y como jefe de la fuerza del Estado anfitrión. McCulloch, que había sido unos de los capitanes de Rangers de la Batalla de Pum Creek, contra los comanches, en 1840, y después había realizado valiosos servicios de exploración y antiguerrilla para el General Taylor en la Guerra de Mexico, no estaba dispuesto a ser segundo de nadie, y alegaba ser el jefe de la tropa regular, y el único oficial-General del Ejército Provisional en aquella parte del mundo.

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Finalmente, y como quiera que Sterling Price estaba bastante empeñado en aprovechar la ventaja numérica aplastante de la que ahora disponían para desalojar a los unionistas de la región, McCulloch se valió de ello, obligándole a reconocerle como oficial al mando a cambio de secundarle en su planteamiento ofensivo. (Júzguese este semichantaje, cual era el grado de animosidad en las relaciones entre ambos hombres).

Price, al que le faltaban unas semanas para cumplir los 52 años, era un hombre alto y corpulento, de mejillas sonrosadas y elegantes patillas no muy grandes. La próstata le ponía a menudo difícil el cabalgar, por lo que dirigía la mayoría de sus campañas desde un calesín que llevaba a todas partes. La fuerza con que se había unido a McCulloch, que no era la totalidad de su State Guard, (Marmaduke operaba en aquéllos días más al Este, Martin Green seguía al Norte del Missouri, y otras fuerzas, como la de D.R. Atchinson, seguían aislados más al Norte), comprendía cuatro “divisiones” mandadas por los Brigadieres de Milicia James Rains, John B. Clark, William Y. Slack y James H. McBride, de las que las tres últimas tenían aún una composición apenas digna de una brigada, y efectivos bastante por debajo de los 1.000 hombres. El total apenas pasaba de 5.200, con casi 3.000 en la unidad de James Rains.

Con todo, la unión de estas fuerzas con las de Ben McCulloch suponía un total superior a los 10.000 hombres, que creaba un problema casi insoluble a Nathaniel Lyon, que tan sólo había podido concentrar hasta entonces en la zona menos de 6.000 hombres. La lógica indicaba que, de intentar defenderse en Springfield, a 120 millas de la terminal ferroviaria más próxima, en Rolla, y en un territorio en general hostil. Donde bastaría la noticia de que estaba asediado para hacer acudir a muchos reclutas a las filas enemigas, estaba condenado a la aniquilación. Pero dudaba en realizar la operación estratégicamente correcta.

Esta hubiese consistido en replegarse sobre Rolla-Ironton, donde con sólo sumarse las milicias unionistas locales y recoger los destacamentos situados en ruta, su fuerza ascendería a 8.000 hombres, y se encontraría en una posición central, en territorio amigo y servido por dos terminales ferroviarias. Pero sucedía que, en el Sudoeste de Missouri, sólo su aparente dominio de la situación, que había desprestigiado enormemente a la State Guard, estaba impidiendo que aquélla recibiera muchos más voluntarios. Y Lyon sabía que retirarse sin luchar rompería esa imagen de poder que sus fuerzas habían logrado crearse, haciendo retroceder la situación del Estado a la inmediatamente posterior a la batalla de Booneville, lo que le parecía inaceptable.

Así, no pudiendo defenderse, y no queriendo retirarse, Nathaniel Lyon adoptó la arriesgadísima alternativa de atacar. Algunos hechos le permitían suponer que ésta no era tan suicida como pudiera parecer. Probablemente no sabía nada de las tirantes que eran las relaciones entre Sterling Price y Ben McCulloch, pero sus exploradores le habían informado bien sobre la consecuencia física que tal tirantez había tenido: en las Oak Hills, los campamentos de la State Guard y la División McCulloch estaban muy separados, no habiendo opción a que se apoyasen mutuamente ante un ataque por sorpresa.

Claro que los rebeldes estaban seguros de no poder ser sorprendidos, por haber 9 millas entre Springfield y el Wilson’s Creek, que podía vigilar su numerosa caballería, (con 3.000 jinetes confederados frente a los apenas 500 unionistas). Pero Lyon calculó que sus tropas, (que pese a la época temprana tenían ya un entrenamiento de marcha como pocas veces se iba a ver en toda la guerra), eran capaces de salvar aquellas nueve millas, tomar posiciones y atacar al amanecer aún en una corta noche de principios de Agosto. Y sobre tal premisa montó su plan de batalla.

Este consistía en que la veterana Brigada de Sigel, un poco disminuida desde Carthage, pero apoyada por dos compañías de caballería regular mandadas por el Capitán Eugene Asa Carr, se adelantara y flanqueando sigilosamente las bases confederadas, se situara a distancia de ataque del campamento de Ben McCulloch al Sur de Skegg’s Branch. Con la caballería y la Batería Backof reforzada a seis piezas, (y mandada por el Teniente Schaefer), sumaba más de 1.200 hombres.

Le seguiría el mismo Lyon al frente del grueso de la fuerza, otros 4.100 hombres y 10 cañones, incluyendo algunas reservas a disposición directa de Lyon, y tres pequeñas brigadas bajo el Mayor Samuel Davis Sturgis, segundo jefe de esta columna, y los coroneles George L. Andrews, (del 1º de Missouri), y George W. Deitzier del 1º de Kansas. Esta fuerza atacaría por sorpresa, al alba, a la cobertura de Caballería de la State Guard que, a lo largo del Wilson’s Creek, protegía el campamento de Sterling Price. Y arrollándola, caería sobre la propia State Guard antes de que ésta se organizara. Entretanto Sigel, advertido por los primeros ruidos del combate, abriría un fuego lo más mortífero posible contra el campamento de McCulloch, obligando a éste a formar frente contra él en vez de marchar en ayuda de Price.

La idea era que, si Sigel lograba retener a McCulloch un par de horas, Lyon podría en tanto dispersar a la State Guard, y luego hacer frente a McCulloch en cierta igualdad de condiciones. Y, aunque excesivamente “pendiente de un cabello” en todo momento, el plan era agresivamente atractivo y fue definitivamente adoptado el día 9. Así, en la noche del 9 al 10 de Agosto, la columna de Franz Sigel partió a primera hora y la principal de madrugada, y a las 5 de la madrugada todos habían llegado a sus posiciones de ataque. (Es notable observar que a Sigel, que debía recorrer 12 millas, le llevó 6 horas, y a Lyon, que debía recorrer 9 millas sólo 4 horas, cuando el ejército de McDowell en Bull Run, para un recorrido de 19 millas, tardó tres días en completar estas maniobras).

Y el ataque se desencadenó a las 5 de la madrugada del 10 de Agosto, dando inicio a la segunda batalla más sangrienta de 1861.

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Capítulo XIV: Wilson's Creek y el Verano de 1861 en el Mar

McCulloch y Sterling Price se habían reunido aquella mañana para tratar de limar sus diferencias durante un desayuno de trabajo cerca de casa de Ben Short, un colono que había ido a instalarse en aquellas soledades, y tenía su propiedad a espaldas del campamento de Price. Pero, apenas se habían sentado a la mesa, el fragor del combate los puso de nuevo en pie. Al comienzo creyeron que se trataría de una incursión puntual, pues aún se negaban a creer que una fuerza importante hubiera podido llegar desde Springfield, y tomar posiciones en una breve noche.

Pero el volúmen de fuego que se escuchaba, el hecho de que éste llegara de ambos campamentos a la vez, y los primeros despachos que llegaron a sus manos, vinieron a convencerles de que el asunto era muy serio, y se separaron para acudir, a caballo, junto a sus hombres. Y es que, en efecto, aquél era uno de los raros días en que Sterling Price podía cabalgar, lo que iba a resultar un golpe de mala suerte para los planes del unionista Lyon.

No hay muchos datos sobre lo que encontró McCulloch al llegar al Skegg’s Branch, salvo que entre sus hombres reinaba una confusión monumental, tributo a la eficacia de la acción de Franz Sigel. De hecho, el desorden era ya tan catastrófico que, pese a contar con una fuerza cuatro veces superior a la del unionista, y atiborrada de caballería, que aumentaba su rapidez de reacción, McCulloch tardaría casi tres horas en montar algo parecido a una línea de defensa coherente ante él.

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En cuanto al espectáculo que encontró Sterling Price al llegar junto a su tropa, resultaba aún más desanimador. La caballería de la State Guard, (al parecer tres batallones y una compañía autónoma, con cosa de 1.000 jinetes), que cubría la orilla del arroyo, había sido atacada simultáneamente por al menos tres puntos, cortada en pedazos y barrida como polvo ante una escoba, en cuestión de poco más de un cuarto de hora. Parte de sus jinetes se habían simplemente dado a la fuga, mientras que la mayoría se retiraba en total desorden, abandonando gran cantidad de caballos y material, sobre los vivacs de la infantería. Y quizá más de un centenar habían sido bajas. Así el Coronel Ben Brown, jefe del más nutrido de los batallones, (perteneciente a la Brigada de Mosby Monroe Parsons, de la División de Rains), había hecho un esfuerzo desesperado por retener su terreno y yacía ahora muerto en la ribera.

Ahora los unionistas penetraban en cuñas en los campamentos de la infantería de la State Guard, con tal violencia que nada parecía poder detenerles. Los secesionistas reculaban y se disgregaban, y su desbandada parecía próxima, con lo que Nathaniel Lyon rozaba con las puntas de los dedos la victoria que estaba buscando.

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Por desgracia para la Unión, Price no sólo podía cabalgar, sino que tenía uno de sus días más inspirados, y obviamente se acordó de que, más atrás de los campamentos, el colono Ben Short tenía una colina en proceso de preparación para la explotación agrícola, al estilo más duro de la frontera. Este, puesto que en la frontera lo que sobraba era terreno, faltando brazos y herramientas, era cortar los árboles y dejarlos, junto con sus tocones, dos o tres años a “madurar” sobre el terreno. Así, los árboles perdían la hojarasca, y el ramaje menor, y se pudrían parcialmente, haciéndose más fáciles de trasladar con pocos brazos. Y las raíces de los tocones se pudrían y partían, haciéndolos relativamente fáciles de extraer cuando la tierra estaba empapada de lluvia. A la vez, toda la podredumbre de hojas, ramitas, raíces y troncos, era retenida en el suelo por los tocones y los troncos caídos, y constituía un aceptable abono para iniciar el cultivo.

Pero mientras, la colina estaba repleta de gruesos troncos, caídos caóticamente y entrecruzados, zarzas que crecían entre ellos y tocones salientes. En una palabra, salvo por carecer de corredores previstos para el contraataque, era una posición defensiva fortificada mejor que muchas de las que por entonces creaban los ingenieros militares.

Así que Price aprovechó la movilidad que le daba el estar a caballo para galopar de un lado a otro, gritar, exhortar, dar explicaciones a sus ofíciales y poco a poco, convertir el retroceso de sus hombres, que a punto había estado de mudarse en fuga, en un repliegue sobre la colina de Ben Short. Los futuros cultivos de ésta iban a encontrar una inesperada fuente de abono suplementaria: Sangre, sudor, lágrimas y los restos de los desgraciados soldados que serían enterrados en ella.

Fue inevitable que, después del empujón supremo con el que habían desalojado los campamentos enemigos, los unionistas redujeran aun brevemente su ritmo de progresión para reorganizarse. Y para cuando llegaron ante la colina, (a la que se acabaría llamando “Bloody Hill” o “Colina Sangrienta”), los State Guards secesionistas estaban ya casi completamente posicionados en sus estribaciones. Aquello presentó un grave problema para Nathaniel Lyon, que si bien partía del principio de que sus soldados estaban mejor armados y mejor instruidos que los del enemigo, seguía contando con poco más de 4.000 hombres frente a casi 5.000 State Guards. En esas condiciones el cargar cuesta arriba, entre aquel laberinto de troncos y zarzales, que en todo momento haría su avance lento y obligaría a inoportunas paradas, parecía casi suicida.

Así que decidió aprovechar la ventaja de sus numerosos “Rifle-Muskets” para intentar “romper” la resistencia secesionista mediante el fuego. No era sin embargo posible hacerlo guardando la media distancia, en que la ventaja de los rifles de munición “Minié” era más aplastante, porque una acción así requeriría grandes cantidades de munición y tiempo. Y con Sigel haciendo frente en Skegg’s Branch a una fuerza que le cuadruplicaba, y como quiera que había dejado en Springfield casi todos los carros del bagaje para que no entorpecieran su marcha rápida, no le sobraba ni la una ni el otro. De forma que decidió fajarse estrechamente.

Así, tras sus órdenes y a toque de silbato, sus unidades empezaron a adelantar compañía tras compañía que, resistiendo estoicamente el fuego que se les hacía, tomaban posición a sesenta pasos del enemigo y vaciaban todas sus armas en una feroz descarga, retirándose a recargar mientras otra compañía ocupaba su puesto. El sistema no era barato en sangre, pero aquellas descargas abrían grandes claros en las filas enemigas, y de nuevo se vio las filas de la State Guard deformarse, con el inicio de conatos de desbandada.

Pero de nuevo, Sterling Price volvió a arrancar la victoria de las puntas de los dedos de Lyon. Soldado sólido, pero no especialmente genial operando, contaba en cambio con una de esas personalidades carismáticas que arrastran a la tropa. Y a caballo, pudo hacer lo que le hubiese sido imposible desde el calesín que habitualmente empleaba, trotando de un lado a otro, saltando sobre troncos y malezas y apareciendo en todas partes con gritos, exhortaciones, blasfemias y hasta sarcasmos. Gracias a ello, sus soldados se pegaron finalmente al terreno, e incluso grupos de ellos comenzaron a emplear la contratáctica de salir a su vez al encuentro de las compañías norteñas, produciéndose intercambios de fusilería a treinta pasos que hacían caer los hombres por racimos.

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No habían pasado dos horas del cruce de Wilson’s Creek, cuando ya estuvo claro que la “Bloody Hill” no iba a caer sino a cambio de un tiempo, un desgaste y una munición que no estaban al alcance de Nathaniel Lyon. Este debió comprender que su arriesgado envite había fracasado y la jornada estaba perdida, habiendo llegado el momento de pensar en cómo minimizar pérdidas. Y no era fácil; si ahora retiraba su fuerza, era poco probable que los agotados State Guards la persiguieran, pero la pequeña brigada de Franz Sigel podía fácilmente quedar copada entre ellos y la tropa de Ben McCulloch, lo que la condenaba a la aniquilación. Si no lo hacía, para a dar a Sigel una oportunidad de escapar, antes o después tendría que hacer frente con su fuerza principal a Price y McCulloch juntos, con una fuerza que más que doblaba a la propia, arriesgándose a que fuera su columna principal la que recibiera un severo vapuleo, o incluso corriese peligro de perderse.

Adoptó de inmediato esta última alternativa, pero es claro que estaba bastante descontento consigo mismo, por haberse metido en tal atolladero, y pronto se notó el que, aún más que Price, aparecía en todas partes, y con tal falta de precaución que pronto recibió un rasponazo de bala en la cabeza, y después un balazo en el muslo, que no le disuadieron de continuar actuando en primera línea.

Como ya hemos dicho, al cabo de unas tres horas de lucha. Benjamín McCulloch había conseguido en Skegg’s Branch reordenar al fin sus filas. Y el unionista Sigel, sabiendo que si seguía haciéndole frente sólo podía esperar ver su fuerza fundirse como hielo al sol, emprendió una bien medida maniobra de ruptura de contacto, consiguiendo retirarse sin perder demasiadas plumas y haciendo una larga marcha, dando un rodeo, para ir a unirse al cuerpo principal de la Unión.

En parte lo logró porque McCulloch, sabiendo más importante ir en ayuda de la State Guard que perseguir a este enemigo menor, no hizo muchos esfuerzos para impedir su retirada, procediendo enseguida a reorganizar su tropa para acudir a “Bloody Ridge”, de donde llegaba el estrépito de la batalla. (Y no pocos mensajes de Price, con desesperadas peticiones de ayuda). Y hacia la cuarta hora de lucha, sobre las 9 de la mañana, su División de Arkansas hizo al fin acto de presencia en el escenario principal del combate.

Lyon, que por supuesto le estaba ya esperando, había llevado el ataque a “Bloody Hill” mediante sus dos primeras brigadas, ambas de pequeño tamaño e integradas cada una por un regimiento missouriano no muy nutrido y un batallón de regulares de a cuatro compañías, (de estas ocho compañías, tres formadas con reclutas de reciente movilización). Los regimientos de Missouri eran los de Peter Osterhaus y George Andrews, los batallones los de los Capitanes Joseph Plummer y Frederick Steele, nombrando siempre en primer lugar al componente de la primera brigada. (Estas fuerzas habían sido utilizadas preferentemente por ser las que disponían de Rifle Muskets con munición “Minié”).

El resto de la fuerza, la 3ª Brigada con los más nutridos regimientos 1º y 2º de Kansas, y reservas, cuyo componente principal era el 1º de Iowa del Coronel Merritt, estaba relativamente fresca. Y reforzada con elementos de la 1ª Brigada y las dos baterías de artillería disponibles, sería la que ahora iba a emplear Lyon frente a las tropas de McCulloch. Eran un poco menos de 3.000 hombres, frente a los casi 5.000 del texano, pero el unionista consideró que habían de bastar. En su flanco, los mismos troncos, malezas y tocones que habían impedido a su gente subir al asalto la “Bloody Hill” impedían ahora a los State Guards bajarla haciendo frente a los excelentes fusiles de la 2ª Brigada, y los elementos de la 1ª Brigada que le daban apoyo.

McCulloch, un tanto molesto porque Price no pudiera secundarlo con un descenso en masa sobre el flanco enemigo, decidió que no obstante su superioridad numérica debía bastar, y lanzó sucesivamente tres brutales ataques en cuña contra la línea unionista, que tenían como objetivo inmediato las dos baterías que apoyaban a Lyon. Los ataques, lanzados con energía, lograron cada vez penetrar la línea de la Unión y llegar hasta las piezas. Pero cada vez Lyon se presentaba en el sector en crisis, organizaba en pocos minutos un contraataque igualmente brutal y recuperaba los cañones, haciendo recular a los atacantes enemigos.

Llegaron así los confederados a la batería del Capitán James Totten y fueron actos seguidos desalojados de ella. Llegaron en su segundo ataque a la batería de la Missouri Light Artillery del Teniente John V. Dubois, hiriendo por cierto gravemente en el proceso al Coronel R. B. Mitchell, del 2º de Kansas, que quedaría inválido y fueron de nuevo rechazados. El tercer ataque, que constituyó el esfuerzo supremo de las tropas de McCulloch, fue el momento álgido de la acción.

En ésta ocasión, el que cayó gravemente herido ante el ataque confederado fue el Coronel George Washington Deitzier, comandante del 1º de Kansas y de la 3ª Brigada a la par. Y su baja, siguiendo demasiado pronto a la de Mitchell, puso a su regimiento, y a la brigada entera, en un peligroso desorden, que el enemigo aprovechó para alcanzar una vez más los cañones. Pero Nathaniel Lyon, que había perdido su caballo en la acción anterior, se hizo montar en otro, (hay que recordar que estaba herido), y lanzó de nuevo al 1º de Kansas al contraataque.

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Los confederados fueron rechazados por tercera vez, pero el final de la carga hubo de ser dirigida por Sam Sturgis, pues Lyon había caído definitivamente del caballo, con el pecho atravesado de un balazo. Obtenía así el nefasto honor de ser el primer General Unionista muerto en combate en esta guerra. Esta vez los confederados se descorazonaron, replegándose sin reanudar la acción. Y Sturgis, que ya tenía noticias de que Sigel se había puesto a salvo, y estaba designado sustituto de Lyon para un caso como aquél, dio orden de retirada, que se cumplió sin dejar de dar la cara, a un enemigo demasiado cansado y desanimado para emprender la persecución. (Curiosamente, era tal la agresividad que Lyon había trasmitido a su tropa, que muchos hombres y mandos criticaron la muy lógica decisión de Sturgis. ¡Pensaban que, ahora que la agresividad de McCulloch había sido domada, era el momento de atacarle!)

Orden de Batalla Batalla de Wilson’s Creek
ARMY OF THE WEST (USA)
Brigadier Gen Nathaniel Lyon

1ª BRIGADA

Companies B, C and D, 1st U.S. Infantry
Wood's Company of Recruits (U.S. Regulars)
Hombres: 300
Bajas: 80

2nd Missouri Infantry
Hombres: 150
Bajas: 55

Kansas Rangers (Company I, 2nd Kansas Infantry, mounted)
Company D, 1st U.S. Cavalry
Hombres: 350
Bajas: 7

Company (Battery) F, 2nd U.S. Artillery
Hombres: 84
Bajas: 11


1ª Brigada
Hombres: 884
Bajas: 153

2ª BRIGADA

3rd Missouri Infantry
5th Missouri Infantry
Hombres: 990
Bajas: 293

Company I, 1st U.S. Cavalry
Hombres: 65
Bajas 4

Company C, 2nd U.S. Dragoons
Hombres: 60
Bajas: 0

Backof's Missouri Light Artillery
Hombres: 85
Bajas: 0


2ª Brigada
Hombres: 1,200
Bajas: 297

3ª BRIGADE


Companies B and E, 2nd U.S. Infantry
Lothrop's Company of Recruits (U.S. Regulars)
Morine's Company of Recruits (U.S. Regulars)
Hombres: 275
Bajas: 61



1st Missouri Infantry
Hombres: 775
Bajas: 295

Du Bois's Battery (U.S. Regulars)
Hombres: 66
Bajas:
3ª Brigada
Hombres: 1,116
Bajas: 359

4ª BRIGADA

1st Iowa Infantry
Hombres: 800
Bajas: 154

1st Kansas Infantry
Hombres: 800
Bajas: 284

2nd Kansas Infantry
Hombres: 600
Bajas: 70

13th Illinois Battalion
Hombres: 21
Bajas: 0

4ª Brigada
Hombres: 2,221
Bajas: 508

ARMY OF THE WEST
Hombres: 5,431
Bajas: 1,317


ARMY OF THE WESTERN (CSA)
Brigadier Gen Benjamin McCulloch

McCULLOCH'S CONFEDERATE BRIGADE


McRae's Arkansas Infantry
Hombres: 220
Bajas: 9

3rd Louisiana Infantry
Hombres: 700
Bajas: 57

South Kansas-Texas Cavalry (3rd
Texas Cavalry)
Hombres: 800
Bajas: 27
1st Arkansas Mounted Rifles
Hombres: 600
Bajas: 197

2nd Arkansas Mounted Rifles
Hombres: 400
Bajas: 54

McCulloch Brigada
Hombres: 2,720
Bajas: 344

ARKANSAS STATE TROOPS


3rd Infantry
Hombres: 500
Bajas: 109

4th Infantry
Hombres: 550
Bajas: 0

5th Infantry
Hombres: 650
Bajas: 14

Carroll's Cavalry
Hombres: 40
Bajas: 0

1st Cavalry
Hombres: 350
Bajas: 27

Fort Smith Battery
Hombres: 73
Bajas: 1

Pulaski Battery
Hombres: 71
Bajas: 3

Arkansas State Troops
Hombres: 2,234
Bajas: 154

MISSOURI STATE GUARD

3ª Division

Burbridge's Infantry
Hombres: 270
Bajas: 98

Major's Cavalry
Hombres: 273
Bajas: 11

4ª Division

Hughes's Infantry
Hombres: 650
Bajas: 142

Rives's Cavalry
Hombres: 284
Bajas: 12

6ª Division

Kelly's Infantry
Hombres: 142
Bajas: 49

Brown's Cavalry
Hombres: 320
Guibor's Battery
Hombres: 61
Bajas: 14

Bajas: 5
7ª Division

Wingo's Infantry
Foster's Infantry
Hombres: 605
Bajas: 146
Campbell's Cavalry
Hombres: 40
Bajas: 0

8ª Division

Weightman's Infantry
Hombres: 1,316
Bajas: 160

Cawthorn's Cavalry
Bledsoe's Battery
Hombres: Unknown
Bajas: Unknown

Hombres: 1,210
Bajas: 87

Missouri State Guard
Hombres: 7,171 (1)
Bajas: 724

(1) Aquí se incluyen los 2000 hombres que no estaban armados.

Army Wilson’s Creek
Hombres Bajas
Union 5,431 1,317
Confederate 12,125 1,222
Total 17,556 2,539

Al parecer, la Unión perdió en aquel combate 258 muertos, sufrió 873 heridos y entregó 136 prisioneros, con un total de 1.317 bajas. Los confederados, cuyas bajas son más difíciles de calcular, tuvieron como mínimo 279 muertos y 943 heridos. Las bajas de la fuerza de McCulloch fueron relativamente escasas, pero las de la State Guard de Sterling Price resultaron bastante abultadas, e incluyendo gran cantidad de mandos. Así de la División de James Rains habían resultado mortalmente heridos los comandantes de las dos primeras brigadas, Coroneles Weightman y Cawthon, quedando ileso sólo Mosby Parsons, cuya brigada había sido en cambio terriblemente diezmada. (Aparte de la muerte de su jefe de caballería, Brown, resultó también herido el de su infantería, Coronel Kelly). Y otros mandos de la State Guard heridos fueron el comandante de división William Yarnel Slack, el Coronel Burbridge, de la infantería de la División de Clark, y el Coronel Foster, de una de las dos unidades de infantería de la de McBride.

Frente a menos de un 10% de bajas en Bull Run, en Wilson’s Creek los unionistas habían soportado casi un 25% antes de darse por vencidos. Y la batalla, que había durado 6 horas contra 9 de la de Bull Run, e implicado menos de 16.000 combatientes en total, contra 70.000 en aquella, había producido más de la mitad de bajas, y prácticamente sin prisioneros ilesos. (Los unionistas capturados eran prácticamente todos los heridos que Sigel había debido abandonar). De todo lo cual podía deducirse que se había combatido con mucha más dureza, y que las batallas de masas posteriores serían quizás mucho más sanguinarias que Bull Run. Pero la relativa modestia de las cifras totales ocultó estos hechos, y la ciudadanía de la Unión y la Confederación viviría aún varios meses ignorándolos.

Después de recoger a Sigel, (que fue designado por los mandos comandante provisional sustituyendo a Lyon), la fuerza unionista recogió en Springfield sus heridos, enfermos e impedimenta, y siguió replegándose hacia Rolla, sin ser molestada en el camino. Y es que los confederados habían quedado bastante desmoralizados por sus altas bajas y su clara inferioridad, unidad por unidad ante el enemigo, y sumidos en una nube de conflictos internos, avivados por este estado de ánimo.

McCulloch y Price se odiaban ahora más que nunca, echando en cara el primero al segundo no haberle sabido secundar desde la Bloody Hill, y éste al primero haber tardado cuatro largas horas para desembarazarse de un enemigo tan pequeño como Sigel y acudir en su ayuda. Otra fuente de discordia manó a su vez a poco, cuando al fin ocuparon Springfield, siendo alcanzados allí por Napoleón Bonaparte Burrow, que venía con un flamante despacho de Brigadier de la Milicia de Arkansas, con la misión de disolver el mando de Pearce, tomar el juramento a sus unidades como fuerzas del Ejército Provisional e incorporarlas a éste. Por desgracia, Pearce y su tropa se tomaron muy a mal la maniobra, (ya habían luchado juntos), y la zafiedad y prepotencia de Burrow, (el número dos de la facción política de Thomas Carmichael Hindman), hicieron el resto. Indignado, Nicholas Pearce asertó que, si el Ejército de Arkansas no existía a ningún efecto, su brigada tampoco, y por tanto estaba dispuesto a disolver las unidades y licenciar a cada uno de los hombres.

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Y como soldados y mandos estuvieron en su mayoría de acuerdo, así se hizo, y la tropa regresó a sus casas. De los mandos, tan sólo el Coronel Thomas Pleasant Dockery, (del 5º Regimiento), pasaría al Ejército Provisional Confederado, que le convertiría en Coronel del 19º de Voluntarios de Arkansas. Nicholas Bartlett Pearce pasó por supuesto a la vida civil, pero Burrow, que había esperado tomar el mando de la brigada y recibir un despacho de Brigadier del Ejército Provisional, fue muy criticado por su fracaso y perdió toda esperanza de recibirlo, pasando el resto de la guerra criando maíz para venderla a la Intendencia Militar sureña.

Esta Batalla de Wilson’s Creek o de Oak Hills es una de las más frecuentemente mal interpretadas de la Guerra de los Estados. Y ello se debe a que, durante varios decenios de la postguerra, el Ejército estadounidense fue a quedar en manos de una fuerte camarilla militar, dirigida inicialmente por el General William Tecumseh Sherman. Y por cosa de cuarenta años, esta camarilla iba a imponer una interesada interpretación de los acontecimientos de la contienda. Parte de ella estaba dirigida a ensalzar las hazañas de los jefes de la camarilla, (y sobre todo de Sherman, que fue objeto de un auténtico culto a la personalidad), y parte a difamar a aquéllos que la camarilla veía como rivales, o que simplemente estaban incluidos en las numerosas fobias de Sherman. (Y éste, que como militar acabó cuajando en un jefe excelente, aunque tras no pocos errores de bulto, fue siempre como persona un egocéntrico inestable a dos dedos de la paranoia, mezquino e insufriblemente maniático).

Una de sus fobias eran los militares politizados y militares-políticos, y otra los extranjeros. (Era de ideología No-Se-Nada aislacionista). Y Nathaniel Lyon concurría en la primera de tales fobias, y Franz Sigel en ambas.

Así, se insiste en que Sigel fue “derrotado” en Skegg’s Branch, (porque se retiró), cuando incluso en aquellos días esta definición de derrota sólo se aplicaba a la batalla campal, y lo que estaba haciendo es lo que se llama una acción de retardamiento. De hecho, hizo un trabajo insuperablemente bueno, como fue reconocido por todo el Ejército de aquellos días, que le nombró para sustituir provisionalmente a Lyon y le consiguió enseguida un despacho de Brigadier de Voluntarios. Pretender que la misión de Sigel, con poco más de 1.200 hombres, era derrotar a McCulloch, (con casi 5.000, y mejor armados que los State Guards).

A Lyon es aún más difícil negarle el pan y la sal, y en general sale mejor parado, pero no faltan descerebrados que aseguran que desde luego no era un Jackson, ni un Sherman. Respecto a la primera afirmación, yerran, porque con su entusiasmo por las largas marchas y la instrucción cuidadosa, su amor por las sorpresas y otros datos, Lyon resulta precisamente el general unionista cuyo estilo se pareció más al de “Stonewall” Jackson, como más tarde, Winfield Scott Hancock sería el más semejante a James Longstreet. Lo que quizás resultaba Lyon en 1861, era un Jackson inmaduro ¡como también lo era el propio Jackson por aquellas fechas!

De hecho, en Marzo de 1862, Jackson iba a sufrir un contratiempo en la Batalla de Kernstown que no deja de tener paralelismos con el de Lyon en Wilson’s Creek. La diferencia es que el confederado, en algún modo menos honesto que Lyon, en vez de enfadarse consigo mismo se enfadó con sus subordinados, y así pudo sobrevivir a su derrota y sacar enseñanzas de ella, mientras Lyon se llevó la experiencia a la tumba.

Y lo que ya parece cómico de puro absurdo es la referencia a Sherman, sólo explicable por el culto bobalicón que se rinde a éste general en Estados Unidos. De hecho, parece que hasta un idiota debería ver que el Sherman de 1861, que, tras un principio prometedor se había mostrado tosco e inimaginativo en Bull Run y, aparentemente habiendo perdido la confianza en sí mismo, no dio un martillazo en el clavo en todo el resto del año, malamente era digno de lustrarle las botas a Lyon. Luego, en efecto, iría madurando, y hacia 1864 comenzaría a hacer cosas francamente interesantes. Pero en todo caso eso ocurrió después, y además la situación de Sherman en 1864, apoyado por superioridades de 3 a 2 a más de 2 a 1, no es homologable con las situaciones que había tenido que afrontar Lyon, una y otra vez en inferioridad numérica.

Se trata ahora de lo que estaba ocurriendo aquel Verano en el mar, desde principios de Julio de aquel 1861.

En Julio, lo más importante es que la Confederate States Navy de los rebeldes concluyó al fin su organización y adquirió un aspecto estable. Aparte de los mandos de costas del Atlántico abierto confiados a los Capitanes Barron y Tattnall, se crearon otros dos en el Golfo de Mexico. Uno controlaba Florida Occidental, Pensacola y Mobile y estaba confiado al Capitán Víctor M. Randolph, (el autor, en Enero, de la toma del Arsenal de Pensacola y Fort Barrancas). El segundo correspondía al río Mississippi y el sistema fluvial interior, su delta y la costa en torno a él.

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Le correspondió al Capitán George N Hollins, héroe de la toma del vapor “Saint Nicholas”. Y finalmente en la costa lejana, donde el grueso de la defensa naval recaía sobre el Texas Marine Department, también se creó junto a él un pequeño mando, de menor importancia, de la C.S.N. Fue confiado al Comandante William W. Hunter. (Se trataba de un inventor y diseñador naval, aunque de moderado éxito; el “USS Alleghany”, que mandaba en la US Navy al iniciarse el conflicto, era una de sus obras. El personalmente, había dejado la marina unionista por el Sur en los días en que el “Alleghany” era remolcado de Baltimore a Annapolis).

Mientras, proseguían las acciones corsarias, y aquel Verano los corsarios sureños lograron apresar una treintena de mercantes de la Unión. Desde luego, la mayoría del trabajo lo hicieron el “Sumter” del Capitán Semmes y el “Jefferson Davis” del Capitán Coxetter, que entre ambos lograron 20 presas, si bien ya hablaremos de la racha de mala suerte que persiguió al buque de Coxetter. El resto de los corsarios que entraron en acción durante aquel Verano, ocho buques, malamente lograrían otras diez presas.

De New Orleans había vuelto a zarpar el “Calhoun” del Capitán Wilson, que tomaría aquellas semanas otras 4 presas, y los vapores de paletas “V.H. Ivy”, de 454 Tn, y “Music”, de 330, que entre los dos harían otras tres presas. Esta fuente de corso quedaría seca a continuación, pues a fin de Septiembre, a comienzo de Otoño, el ahora Comodoro Hollins de la C.S.N adquiriría estos tres buques, amén del vapor de paletas de 656 Tn “William H. Webb”, que había obtenido una carta de corso pero aún no había zarpado como tal. (Los “Calhoun”, “V.H. Ivy” y “William H. Webb” se convertirían en cañoneros. El “Music”, aunque como corsario había portado armamento, “trabajaría” de momento como “tender” desarmado).

De Charleston, en South Carolina, zarpó el vapor “Gordon” de palas y de 518 Tn, mandado por el Capitán Thomas J. Loockwood, que obtuvo un par de presas a fines de Julio y regresó a puerto, y el velero “Petrel”, que tendría bastante menos éxito. Partiendo de los Sounds de North Carolina, nuestro ya conocido “Winslow”, (que no era un corsario, y no es uno de los ocho aludidos), obtuvo aquel Verano otras tres presas, mientras el 23 de Julio el minúsculo velero “Florida”, que servía al práctico del puerto que los rebeldes estaban creando en Gull Island, hizo su propia salida. Ni siquiera tenía carta de corso, pero capturó un mercante, si bien, perseguida al regreso, su presa acabó varando cerca de Nag’s Head y siendo reducida a pavesas por el enemigo, con lo que no le dejó beneficio. Y todavía, sin éxito, zarparían más tarde la goleta “York” virginiana de 68 Tn y armada con un 18 libras y la “Judah” tejana, de 250 Tn y con 5 cañones.

A la vez, los corsarios iban sufriendo pérdidas. El 28 de Julio el “Petrel”, que no era sino el antiguo “cutter” “William Aitken”, de la Revenue Marine, descubrió no mucho después zarpar de Charleston lo que le pareció un “Indiamen” o navío de Indias, y se lanzó en su persecución. Pero el buque que perseguía era en realidad una cincuenta cañones, la “Saint Lawrence”, del Capitán Hugh Y Purviance. El error tenía cierta lógica, porque los “Indiamen” de Inglaterra, y la Nueva Inglaterra americana, se parecían tradicionalmente a las fragatas. Y además Purviance fingió huir largo rato, lo que completó el engaño. (Sin duda, el comandante de la fragata decidió que era más divertido que fuera el corsario el que se esforzara por acortar distancias, en vez de ser él quien llevase una fatigosa persecución).

Naturalmente el comandante del “Petrel”, Capitán William Perry, se dio al fin cuenta de su error y trató de huir, pero para entonces se había aproximado demasiado a su presunta presa, y fue alcanzado tras solo media hora de persecución. Perry intentó incluso resistir, llegando a hacer tres disparos con los dos cañoncitos que portaba. Pero la primera andanada de Purviance, que la había estado reservando para alcanzarle de lleno, rompió la quilla y desencuadernó su cascarón de 82 Tn, mandándolo al fondo del mar en cuestión de minutos. Dos hombres se ahogaron, y los 36 que componían el resto de la tripulación fueron tomados prisioneros, transbordados al “USS Flag” ante Savannah y enviados a Philadelphia bajo una acusación de piratería.

Sólo doce días después la goletilla de 68 Tn “York”, que había logrado burlar el bloqueo saliendo de puerto virginiano y se disponía a refugiarse en los Sounds de North Carolina, se vio perseguida por buques unionistas que la obligaron a intentar pasar prematuramente a los Sounds a través del difícil New Inlet, en el que embarrancó y hubo de ser quemada el 9 de Agosto. Y el 14 de Septiembre el lejano “Judah”, que se había acogido a la bahía de Pensacola, fue allí capturado y quemado por una incursión de los botes de la fragata de hélice unionista “USS Colorado”. Pero el peor golpe fue la pérdida, aún en Agosto, del famoso “Jefferson Davis” de Louis Coxetter.

Este corsario estaba en todo caso teniendo una considerable cantidad de mala suerte. Así, pese a haber logrado 9 presas, solo dos de ellas llegarían ante el tribunal de presa y producirían dividendos. Hasta tres más fueron liberadas por el mismo Coxetter con prisioneros para no sobrecargar su nave de ellos. El “John Carver”, cargado de carbón para la U.S. Navy y bastante torpe, fue quemado por orden de Coxetter, y tres presas se perdieron durante su traslado.

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Así la barcaza “Alvarad”, perseguida por el “sloop” de vela unionista “Jamestown”, debiendo al fin ser varada y quemada, y el vapor "Enchantress", rescatado por el unionista “USS Albatross”, que capturó a su tripulación de presa, mandada por un Teniente William W. Smith. Pero la historia más rocambolesca es la del vapor “J. T. Waring”, perdido por un error de apreciación. En efecto, en este buque una pequeña tripulación de presa secesionista lo ocupaba para llevarlo a puerto junto con tres miembros de la tripulación original: dos fogoneros y el camarero de color William Tillman. Y el error de los sureños fue que aunque mantenían estrechamente controlados a los fogoneros, sus prejuicios racistas les llevaron a ver al camarero, un hombre de color de mediana edad, que ejercía un oficio servil, como una especie de esclavo natural, y relajar su vigilancia. Y Tillman, que tenía alma de hombre libre, aprovechó para robar un objeto adecuado de la cocina, (según unas versiones, un largo y afilado cuchillo de hacer filetes, según otras, una hacha de cortar chuletas), y la noche siguiente mató a tres de ellos, incluyendo el oficial de presa, liberó a sus compañeros, y se apoderó del buque. Después, aún tuvo suficiente sentido de la orientación para hacerlo navegar hasta la boca del puerto de New York City.

El Gobierno unionista, encantado, insistiría en que los tres hombres se repartieran el valor de presa del buque, y Tillman, que recibió la parte del Capitán, se encontró convertido en un hombre bastante próspero. Con tales antecedentes de mala suerte encima, a nadie debe sorprender cual fue el final del “Jefferson Davis”. Dirigiéndose a San Agustín de la Florida a repostar, una fuerte tormenta le impidió entrar en puerto el 16 de Agosto, obligándole a ir arriba y abajo por la costa esperando que amainara. Pero, como quiera que no lo hacía, y el continuo ataque del mar iba deteriorando el buque, el 18 hubo que intentarlo a toda costa, quedando varado a la boca del puerto, donde el mar lo despedazó rápidamente. De todas formas la tripulación fue salvada, y Louis M. Coxetter volvería a navegar para el Sur, sobre todo comandando Rompedores de Bloqueos. (Blockade Runners).

Entretanto, ya se estaban produciendo los primeros conatos de acción naval entre buques de ambas marinas, unionista y confederada. El 11 de Julio, el vapor unionista “U.S.S. Albatross” intentó impedir al gran remolcador armado “Beaufort”, en iba a ser entregado a la C.S. Navy, su acceso hacia las entradas de los Sounds de North Carolina. Pero el menos potente “Beaufort”, mandado por el Teniente norcarolino Robert C. Duval, logró abrirse paso y acceder al Pamlico Sound por el Oregon Inlet.

Dos días después, el 13 de Julio, los cañoneros confederados “Arrow” y “Oregon” trabaron combate con el vapor unionista “Massachusetts” en el Sound del Mississippi, en el Golfo de Mexico, tratando de encelarle y arrastrarle a tiro de las potentes baterías confederadas instaladas en Ship Island. Mas el unionista no se dejó engañar.

Y dos meses después, el 13 de Septiembre y en las Hampton Roads, el sloop auxiliar sureño “Patrick Henry” asomaría a la boca del río James para cañonear de lejos a los buques unionistas surtos en Newport News, sin consecuencias.

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Entretanto, para mitad de Agosto los Capitanes sureños encargados de las grandes zonas defensivas recibieron el grado de Comodoro, (a la europea), y las fuerzas de la Confederate States Navy se habían consolidado en una forma que trataremos de reflejar, incluyendo los buques más importantes para su esfuerzo naval.

COMPOSICIÓN DE LA C.S. NAVY EN BUQUES HACIA EL 15/08/1861

ZONA DE DEFENSA DE VIRGINIA y NORTH CAROLINA
Comodoro Barron

SECTOR POTOMAC/FIRTH DE YORK

“General Scott” (Bote de vigilancia)
“City of Richmond” (410Tn)
“Rappahannock” (1200Tn).
(Dos cañoneros mal equipados, no confundir este Rappahannock con otro del mismo nombre que se compraría en Inglaterra)

SECTOR HAMPTON ROADS

“Patrick Henry” (ex-“Yorktown”), “Thomas Jefferson”, (ex-“Jamestown”)
Dos sloops auxiliares gemelos, de 1300 Tn, el primero mejor armado y equipado que el segundo.
“Edwards”, “Empire”, “Harmony”, “Teaser”, “Torpedo”, Cinco remolcadores armados.
“Arrow” Vaporcito de alarma
“Curtis Peck” (446Tn), “Northampton” (406Tn), vapores de transporte y tenders sin armas
“Duane” (153Tn), Antiguo Revenue Marine cutter “William J. Duans”.
“Gallego” (596Tn) Velero-tender del Cuerpo de Ingenieros C.S.A.
“Confederate States” (l576Tn) Antigua fragata. Acomodación.

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SECTOR DE LOS SOUNDS DE NORTH CAROLINA

“Seabir” (202Tn), “Winslow” (207Tn) Dos vaporcitos-cañoneros
“Beaufort”, “Ellis”, “Raleigh” Tres grandes remolcadores armados

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“Albemarle”, “Coronel Hill”, “Weldon N. Edwards”. Tres transportes tender de vapor desarmados. El último fue devuelto a sus propietarios a fin de Agosto, por poco adecuado.
“Wilson”, (vaporcito), “Pine” (velero), pequeños buques de enlace
“Manassas”. El antiguo cutter “Minot”, de la Revenue Marine

SECTOR DEL CAPE FEAR RIVER

“Uncle Ben” Gran remolcador armado
“Caswell” Transporte-tender, desarmado, de vapor


ZONA DE DEFENSA DE SOUTH CAROLINA, GEORGIA Y FLORIDA
Comodoro Tattnall (1)

CHARLESTON (South Carolina)

Batería Flotante
“General Clinch” Cañonero de vapor de 256Tn
“Governor Aitken” Bote de vela empleado como mensajero
“Chesterfield” (204Tn), “Marion” (258Tn), “Planter” (313Tn). Tres vapores de palas, manejados por el CSA, para ayudar en fortificación.

SAVANNAH (Georgia)

“Talomico”. Vaporcito armado de defensa
“Firefly” y “Robert Haversham”. Transportes, el primero ligeramente armado.


ISLA AMELIA (Florida)

“Darlington” Transporte de 298 Tn, vapor de paletas, del C.S.A

FLOTILLA DE COMBATE DE TATTNALL (BASE EN SAVANNAH)

“Huntress”, “Lady Davis”, “Samson”, “Savannah” Cuatro cañoneros
“Resolute” Tender de flotilla


ZONA DE DEFENSA DE FLORIDA y ALABAMA
Comodoro Ranpolph (2)

PENSACOLA (Florida)

“Bradford” Vaporcito armado
“Fulton” Ex-cañonero de la US Navy, no operativo
“Dana” Ex-cutter del Revenue Service
“Helen”, “Nelms”, “Time” y “Turel” Cuatro pequeños transportes desarmados que actúan en la bahía y el sistema fluvial tras ella.

MOBILE (Alabama)

“A. C. Gunnison” Vapor con patente de corso, comprado antes de actuar como tal
“Lewis Cass” Ex-cutter de la Revenue Marine
“Alert” Minúsculo velero armado
“Danube” Batería flotante blindada, en construcción
“Crescent” y “Dick Keys” Transportes-tenders desarmados.

ZONA DE DEFENSA DEL MISSISSIPPI
Comodoro Hollins (3)

SECTOR ESTE (Sound del Mississippi)

“Arrow”, “Florida”, “Oregón” Tres cañoneros auxiliares.
“Grey Cloud”, “Neafie” Dos transportes-tender desarmados.
“Corypheus” Pequeño velero del CSA, que vigila los lagos.

SECTOR DELTA (Mississippi al Sur de New Orleans)

“Jackson”, “James L. Day”, “McRae”, “Pamlico”, “Tuscarora” Cinco cañoneros auxiliares de muy distintos tonelaje y armamento

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“Pickens”, (ex–“Robert McClellandl”), “Morgan” y “Washington”. Tres antiguos cutters de la Revenue Marine
“Empire Parish” Transporte tender de vapor desarmado, de 279 Tn

SECTOR OESTE (Berwick Bay y Bayou Teche)

“A. B. Seger” (lancha de vapor armada) y “William B. King” (velero) Dos pequeñas unidades armadas
“Dan” y “Gossamer” Dos pequeños transportes fluviales sin armas

RÍO MISSISSIPPI

“Jeff Davis”, “Thirty Five Parallel” Vapores armados, creados por las fuerzas locales
Más multitud de transportes, incluyendo, en primera línea, los citados en el capítulo anterior.

ZONA DE DEFENSA DE TEXAS (4)

MANDO DEL COMANDANTE HUNTER

“Dodge”, (ex-“Henry Dodge”, cutter de la Revenue Marine), “Hanna”, “Julia A. Hodges” Veleros armados de la CSN

TEXAS MARINE DEPARTMENT

“Bayou City” y “General Rusk” vapores cañoneros
“Coronel Stell” y “Mary Hill”, transportes desarmados.

(1)Puede observarse en esta zona que han desaparecido algunos de los buques usados en Abril por los carolinos ante Fort Sumter, devueltos a sus propietarios. (El mismo “Gordon”, ahora corsario, era uno de ellos).

(2) Randolph estaba dando quebraderos de cabeza al mando de Richmond porque, excesivamente entusiasta de los buques blindados, no le interesaba alinear no blindados. Y como estaba en una región poco desarrollada industrialmente, acababa casi no alineando ninguno. (Por eso se le obligó a adquirir y alinear el poco satisfactorio “A. C. Gunnison”).

(3) Hollins no era problemático al nivel de Randolph, pero ya estaba mostrando cierta tendencia a no ver los problemas hasta que éstos le caían sobre el regazo. Así sólo a fin de Agosto, según se fuera viendo una creciente agresividad del Escuadrón del Golfo, y comenzaran a correr rumores en el Mississippi sobre grandes cañoneras en fabricación en Saint Louis, se le ocurriría reforzar su fuerza más expuesta, (enviando el cañonero auxiliar “Pamlico” a la flotilla de los Sounds), y dotar de alguna protección a sus transportes en el alto Mississippi, (artillando el pequeño “Admiral”, y enviando desde el delta el remolcador armado “Jackson”).

(4) El remolcador armado de vapor “Ocean Tug” había sido devuelto a sus propietarios desde las acciones de Febrero.

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En cualquier caso, la acción naval más importante de aquel Verano fue la que los unionistas iban a desencadenar a fines de Agosto en los Sounds de North Carolina.

Estos son el muy cerrado Albemarle Sound en el Norte y, más al Sur, el Pamlico Sound, en el que la enorme barra que los separa del mar abierto se interna en aquél formando un ángulo cuyo vértice ocupa Cabo Hatteras, en Hatteras Island, y se divide en varias islas entre las que quedan canales de acceso al mar, en general angostos y poco profundos. (Los Hatteras, Oregón, Okrakone y New Inlet son los principales).

Estos sounds proporcionaban a los norcarolinos un amplio mar interior en el que pescar, y un excelente refugio y punto de partida para Blockade Runners y corsarios. Y como el mar al otro lado de la barra es uno de los más tempestuosos y traidores de toda la costa atlántica norteamericana, la labor de vigilarlos y bloquearlos desde el exterior no resultaba nada fácil. Se trató por tanto de asegurarlos y, puesto que su entrada meridional estaba vigilada ya por Fort Macon, el Comodoro Barron dio enseguida órdenes para que en la misma isla y en la parte que mira al interior al socaire de Cabo Hatteras, se levantaran dos fuertes para proteger el Hatteras Inlet, (el único medianamente ancho y fácil de aquellos canales), estos serían Fort Hatteras y Fort Clark con un puertecito para servirlos.

Las obras iban adelantando, pero entretanto un oficial mercante norteño, cuyo buque había sido decomisado en Abril por los norcarolinos y que había permanecido prisionero varios meses, presenció sus progresos y comprendió bien su importancia. De manera que al ser puesto en libertad y conducido a Fort Monroe, estuvo interesadísimo en explicar lo que había visto y había deducido. Y encontró al General Butler interesado en oírle.

De inmediato, Butler concibió la idea de capturar ambos fuertes, y arrasarlos, antes de que las obras en ellos estuvieran terminadas. Y como su plan sólo podía ejecutarse con un masivo apoyo naval, se puso en contacto al efecto con el mando del Comodoro Silas Stringham ¡encontrándole aún más vivamente interesado!

Ocurría que la falta de ascensos de los últimos años había llevado a la cúpula de la Marina Federal a un estado gerontológico parecido al del Ejército, (con la diferencia de que los viejos marinos, que no necesitan hacer cosas tan impropias de un hombre de edad como montar a caballo o dormir en tienda de campaña, seguían en primera fila hasta avanzada edad). De hecho todos los comandantes de flotilla de bloqueo, y una alta proporción de los Capitanes con mando de navío de la Flota unionista, estaban a meses vista que, por su edad, se les prohibiesen los mandos en el mar. Strindham cumplía la edad máxima antes de treinta días pero, como era un viejo belicoso, estaba encantado de tener oportunidad de correr la pólvora antes de que le enviaran a capitanear una mesa de despacho. Además, le encantaba tener ocasión de poder probar en una situación real ciertas teorías sobre una nueva forma de bombardear posiciones fortificadas, surgidas de la Guerra de Crimea, en las que creía.

Puestos de acuerdo Butler y Strindham, no les costó nada lograr el permiso del Secretario de Marina, Gideon Wells, y su jefe de Estado Mayor, Gustavus Vaasa Fox, Y a la llegada de John Ellis Wool a Fort Monroe el 21, tuvieron asimismo el del Departamento de Virginia unionista, poniéndose en marcha desde allí el 26 de Agosto.

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La base de su fuerza la formaban las fragatas de hélice “Wabash”, (insignia de Strindham, capitaneada por Samuel Mercer), y “Minnesota”, secundadas por el sloop “Pawnee”, el cañonero “Harriet Lane” y el cañonero ex-civiles “Monticello”, y portaba 880 soldados de los regimientos 9º, 20º y 99º de New York junto con una bateria del 2º US Artillery en los transportes del Ejército “Adelaide” y “George Peabody”. Les secundaba para una oportunidad el remolcador desarmado “Fanny” y, como escolta lejana cuando se encontraban en alta mar, gozaron del apoyo de la fragata de palas “Susquehanna” y el gran sloop “Cumberland”, (originalmente una “50 cañones”).

El 27 navegaban ya a lo largo de la barra de los Sounds, enviando al “Monticello” a adelantarse en un reconocimiento, mientras el Comodoro Barron, avisado por el telégrafo, movilizaba sus fuerzas. Personalmente, acudió a Hatteras Island con una flotilla formada por los cañoneros “Winslow”, (en el que alzó su enseña), “Ellis”, mandado por el Comandante W. T. Muse, (que tuvo el mando táctico), y “Raleigh”. Y también ordenó que se aprestaran en el puerto de New Berne el cutter “Manassas”, (antes “Minot”), y los lanchones de vela “Mosquito” y “Sand Fly”, que debieron ser artillados en el momento, para acudir a los fuertes y ponerse conjuntamente bajo el mando del Teniente W. H. Murnaugh.

El 28, los transportes unionistas empezaron a desembarcar los soldados, mandados por el Coronel William Parrar Smith, en las playas de Cabo Hatteras, muy a retaguardia de los fuertes. Mientras, Strindham iniciaba a su “nuevo estilo” el bombardeo a los fuertes, que llevaban los nombres de Fort Hatteras y Fort Clark. Centrando el fuego en este último.

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Hasta entonces, en combate contra flotas, los fuertes habían sido tomados por infantería desembarcada, o por el fuego indirecto de las bombardas, (o por una combinación de ambos elementos), y rara vez y sólo en superioridad aplastante, por flotas convencionales, pues tenían grandes ventajas sobre los barcos de vela.

En efecto, los fuertes eran posiciones de tiro mucho más estables que un barco de vela, aun anclado, que es como se le solía disponer para bombardear, tenían una proporción mucho más alta de cañones pesados, que el barco de vela sólo podía llevar en su batería más baja, (lo que limitaba su alcance), por no elevar demasiado su centro de gravedad, ya elevado en demasía por la obra muerta, el velamen y las baterías altas. El fuerte podía incluso utilizar el tipo de proyectil más temido por los navíos, la bola de hierro al rojo, que ellos no podían usar. Su respuesta al bombardeo de una flota era centrar el fuego en el navío más potente, tratando de eliminarlo, para pasar a otro y así sucesivamente.

Lo que se proponía Strindham era aprovechar que los vapores tenían una proporción más alta de cañones pesados y a buena marcha, un movimiento más predecible que el de los buques anclados, y atacar los fuertes con los barcos girando en un carrusel, de forma que uno de ellos estuviera siempre disparando, mientras los otros cargaban sus cañones. Así, obligaba a los fuertes a desperdigar sus disparos entre todos los componentes de la flota.

Al comienzo las operaciones marcharon bien, e incluso una de las primeras salvas de Strindham dejó malherido al Teniente Murnaugh, con lo que, al llegar los “Manassas”, “Mosquito” y “Sand Fly”, su flotilla se encontró sin mando. Pero luego las cosas comenzaron a torcerse, porque se levantó un fuerte viento, que rápidamente se fue convirtiendo en una de las tempestades tan características de aquéllas aguas.

El bombardeo perdió precisión a causa de las aguas agitadas y lo que es peor, los botes de la operación de desembarco comenzaron a verse volcados y desencuadernados uno a uno. Finalmente hubo que interrumpirla, dejando unos trescientos hombres empapados, y muy escasos de armas y equipo en la playa. (Se asegura que no hubo ahogados, cosa no muy creíble, pero que en todo caso se debió a que los hombres ya desembarcados se metieron en el agua a ayudar a sus compañeros, con serio daño para la integridad de sus ropas, armas y pólvoras).

De todas formas y pese a los problemas creados por la tempestad, el bombardeo seguía a buen ritmo, y con una relativa impunidad para los buques que reivindicaba las teorías de Strindham. Hacia media tarde, se vio un movimiento de evacuación en Fort Clark, que dejó de disparar sus cinco cañones que además de escasos no eran adecuados para la defensa costera. Y cambiado el blanco a Fort Hatteras, los unionistas tuvieron a poco la impresión de que su bandera había sido arriada, y adelantaron imprudentemente el “Monticello” a parlamentar.

En realidad, lo único que había ocurrido era que la bandera había sido derribada por un cañonazo. Y, al aproximarse el “Monticello”, el Coronel William F. Martin, que mandaba los fuertes, y el propio Samuel Barron, que había desembarcado en Fort Hatteras para dirigir la defensa, hicieron contener el fuego hasta que estuvo muy cerca y casi lo desencuadernaron con una andanada a corta distancia. El “Monticello” no se perdió pero, a media máquina y achicando agua, hubo de regresar pasito a pasito a Hampton Roads a recibir reparaciones.

Llegó así la noche. Como se temía que la tropa de los fuertes aprovechara la precaria situación de los soldados desembarcados para cubrir los cuatro kilómetros que los separaban de ellos y aniquilarlos, la flota la fue a pasar a lo largo de la playa donde se encontraban. Allí había que hacer frente a la tempestad en un punto especialmente peligroso de una costa especialmente peligrosa, lanzando bengalas de vez en cuando, para que los desgraciados soldados supieran que no se les abandonaba, y para poder apoyarles con sus cañones si se producía el temido ataque confederado.

¡Y qué noche más larga tuvo que ser para los propios soldados en la playa, empapados bajo la lluvia y el viento, de pie sobre la arena rezumante y bajo la luz lívida de las bengalas! Se asegura siempre que la tropa no sufrió bajas en aquella operación, pero eso se refiere sin duda a las bajas por fuego. ¿Cuantas graves enfermedades pulmonares se gestarían aquella noche?

La tormenta fue amainando la mañana del 29, mientras Strindham reanudaba el bombardeo con renovado ímpetu hasta que, hacia mediodía, Samuel Barron pidió condiciones de rendición. Butler y Strindham insistieron en imponerle la rendición incondicional, mientras el confederado, que ya había enviado la noche anterior de vuelta a New Berne los veleros, evacuaba heridos y otro personal con las tres cañoneras, (“Winslow”, “Ellis” y “Raleigh”), y con el transporte “Coronel Hill”, que desde el comienzo de sus obras había estado asignado en base fija a los fuertes y estaba naturalmente surto en el puertecillo local.

Finalmente, Barron, (que casualmente había sido el capitán del “Wabash” inmediatamente anterior a Samuel Mercer), aceptó la rendición incondicional. Hubo aún un leve “suspense” pues, al ir a entrar en el puerto para aceptarla, los “Harriet Lane” y “Adelaide” vararon torpemente justo delante de los cañones del fuerte, aún rodeados de artilleros confederados. Pero no se produjo ningún incidente mayor. La Unión había tenido en los buques un muerto y tres heridos, y los fuertes habían sufrido 5 muertos y 51 heridos, entregándose con, según las versiones, desde 670 a 714 prisioneros. (Probablemente, 670 soldados del mando de Martin, y 44 del de la Flota Confederada de Barron).

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La noticia no alcanzó el Secretariado de Marina de Washington hasta ya avanzada la noche, pero, pensando que el Presidente tal vez no estaría aún dormido y agradecería esta buena noticia después de un mes bastante negro, llevó a la Casa Blanca una copia del telegrama. Lincoln ya estaba acostado, pero tenía la luz encendida, y el personal de la Casa Blanca le pasó el telegrama en una bandeja.

Silas Strindham, el marino más parecido a un gnomo que jamás ha navegado, (era bajo y regordete, de gruesa cabezota, boca enorme y nariz de porra bajo unos ojillos cubiertos por hirsutas cejas), podía dejar el mar tranquilo. Su último servicio había sido excelente y durante el resto de la guerra, su “carrusel” iba a ser el sistema habitual contra los fuertes.

Mientras, la aguda mirada de Benjamín Butler había inmediatamente sentenciado que terminar la misión como él y Strindham se habían en principio propuesto, destruyendo los fuertes y las instalaciones portuarias, y taponando la boca del puertecito con el casco de un viejo bergantín, que habían llevado con ellos al efecto cinco, era una tontería. Los fuertes podían ser ocupados por tropas unionistas y bajo su protección contra cualquier sorpresa, una flotilla ligera unionista, instalada en el puertecillo, controlaría el Pamlico Sound, (y con él la única boca de salida del Albermarle Sound) desde dentro, con mucha más eficacia y economía que cualquier fuerza que actuara desde los mares tempestuosos de fuera. En el acto, ordenó suspender las actividades de sabotaje que se habían programado y navegó a toda máquina a Washington, a proponer su idea al Presidente y los Secretarios de Guerra y Marina.

Por supuesto su plan, que era de una absoluta lógica, fue adoptado, y esa capacidad para pensar rápido y profundidad estratégica es una de las características positivas de Benjamín Butler que hoy raramente son recocidas. Pronto sería enviado a los fuertes el 9º de New York, (Zuavos de Hawkings, del Coronel Rush Hawkings, que gastaba pantalones azules y un uniforme menos detonante que los de zuavos más clásicos), y en pocas semanas su esquema estaba funcionando, y con pleno éxito. Provocando más adelante el abandono por parte de los confederados de las baterías de Ocracoke y Oregon y la cabeza de puente que necesitaría Ambrose E. Burnside para su campaña de los sounds de North Carolina contra la actividad comercial de la zona. La cual era muy importante para la exportación del algodón y entrada de armas.

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Capítulo XV: Aún el mar, Escaramuzas de Agosto y Kentucky

La posición unionista en el mar siguió mejorando durante el Verano, aunque Julio comenzó con la U.S. Navy en una situación aún muy irregular. En aquel mes se vería al “USS South Carolina” logrando trece presas, (como ya adelantamos en otro capítulo). La mayoría de ellas cayeron en las proximidades de Galveston (Texas), que quedó efectivamente sellado, y que incluso sufriría un conato de bombardeo, a principio de Agosto, por la fragata de hélice “USS Colorado”. Pero en el mismo Julio el “USS Daylight”, de vigilancia ante Wilmington, (North Carolina), se quejaba en un informe del día 15 de ser incapaz de impedir las entradas y salidas de los mercantes enemigos de tal puerto. En efecto, estos hacían sus “runs” por la boca del Cape Fear River, que incluye varias islas y todo un sistema de canales navegables, de los que el frustrado unionista sólo podía cubrir uno cada vez.

El 30 de Agosto, otro episodio desagradable para la U.S. Navy se dio cuando el sloop “USS Savannah” anclado en Newport News, fue averiado por el fuego de un minúsculo remolcador armado enemigo, que se le aproximó sigilosamente y le disparó de tan cerca que el unionista no podía deprimir sus cañones para responder al fuego. El remolcador, que sobrevivió a su aventura nocturna, era el “CSS Harmony”, mandado por el Comandante A. B. Fairfax, Inspector Jefe de Ordenanza de la CS Navy.

Pero la flota unionista aumentaba continuamente el número de sus buques, merced a su política de compra y armamento de embarcaciones civiles, muy impulsada ahora por los presupuestos extraordinarios. De hecho, y además de los 26 buques de vapor que hemos visto hasta ahora unirse a la fuerza de la Unión, (del malogrado “Uncle Ben” al gran “Rhode Island”), antes de fin de año los unionistas adquirirían en el mercado civil los servicios de más de 80 vapores y unos 70 veleros, comprando una cantidad aún mayor de veleros viejos, (a precio de desgüace), para emplearlos en el papel de pontones sumergidos, que cerraran los canales de salida de los puertos confederados. (El viejo bergantín que Strindham y Butler llevaron a Cabo Hatteras, y finalmente no emplearon allí, pertenecía a este grupo de buques).

Entre los buques así adquiridos contarían al menos diez vapores de más de mil Tn, verdaderos Sloop auxiliares. Eran:

Ruedas:
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Hélice:
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Y también 11 válidos como cañoneros pesados, de tonelajes entre 500 y 1.000 Tn, comprendiendo 8 de ruedas, dos de hélice y uno de rueda de popa. Eran los siguientes:

Ruedas:
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Hélice:
“Farallones” y “Flambeau”

Rueda Trasera:

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En cuanto a los veleros, incluían 8 Clippers:

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Se emplearían como sloops de vela auxiliares, a excepción de los “National Guard” y “Nightingale”, que se convertirían en carboneros rápidos al servicio de las flotas de bloqueo.

La partida más importante de veleros estaba constituida por las cómodas y manejables bricbarcas, que pasaban bien de 35. Aproximadamente la mitad de ellas serían separadas para su conversión en bombardas, de las que ya hablaremos en otra ocasión, mientras el resto, que incluía todas las de más de 350 Tn, serían intensamente empleadas como buques de bloqueo y ataque y alternativamente, de apoyo logístico. Esta subpartida estaba representada por las siguientes 17 unidades:

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Entre los veleros se contaban también seis goletas enemigas capturadas aquel mismo Verano. La ex-negrera “Wanderer”, de 300 Tn y que tenía tras de sí una extraña historia de buque desgraciado, y cinco goletillas de cabotaje, de entre 53 y 94 Tn, (un tipo de embarcación que la U.S. Navy en general desdeñaba usar). Eran las siguientes:


Por cierto que la “Dart”, que era la de 94 Tn, resultó no estar en perfectas condiciones y sería vendida por la Navy en Octubre. Y otros casos peculiares del grupo de los veleros eran dos balleneros, “Roman” y “William Badger”, que serían empleados como buques-depósito, el cutter de la Revenue Marine “Walter B. Forward”, con base en Wilmington (Delaware), (que sería el único Revenue Cutter de vela empleado por la Marina de la Unión), y la gran gabarra de vela “George Washington Park Curtis”, (pocas veces se ha visto un nombre tan largo para embarcación de tan poca importancia), adquirida para actuar con el Departamento de Ingeniería Topográfica del Ejército, remolcando cuando fuera menester los globos de observación del Ingeniero Thaddeus Lowe.

Otros veleros adquiridos eran el buque de 356 Tn “Courier”, los bergantines “Bohio” y “H. W. Johnson”, las goletas “G. W. Blunt”, “Hope”, “Isilda”, “James S. Chambers”, “María A. Wood” y “Minehaha”, y el cutter “Samuel Rotan”, (que iban de 339 Tn en la “Chambers” a 129 en la “G.W. Blunt”).

Aunque parezca increíble, aún estaban regresando a los Estados Unidos algunos de los buques de guerra que tenía su Marina diseminados por los océanos a principio de año. Así, a fines de Verano llegarían de Extremo Oriente el sloop “Dacotah” y el crucero “Hartford”, que iba a tomar gran protagonismo en la guerra naval durante el año siguiente.

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Entretanto, para Septiembre comenzó a quedar clara la enorme ventaja que había ganado la marina unionista con la apropiación, propuesta por el General Butler, de la base de Cabo Hatteras. Instalados en los fuertes, ahora en reparación, los regimientos de New York 9º “Zuavos de Hawkings”, y 51º del Coronel Max Weber, eran con el apoyo de la flota prácticamente indesalojables. Y en los primeros días de Septiembre, aun antes de que la propuesta flotilla ligera se instalara en el puertecito, dos jóvenes oficiales navales emprendieron una curiosa singladura que demostró lo inerme que iba a estar el Pamlico Sound ante ella.

En efecto, bajo la dirección del Teniente Eastman, (de la tripulación del “Pawnee”), tomaron el remolcador “Fanny”, (que la Marina acababa de adquirir definitivamente), le dieron una tripulación de marinos y soldados, lo armaron improvisadamente con un par de piezas de campaña, colocadas directamente sobre cubierta sobre sus mismas cureñas de ruedas de campaña, y zarparon a “conquistar” el Sound.

Y el efecto fue espectacular, porque capturaron o incendiaron una decena de pesqueros y alguna goletilla de cabotaje, vaciando en un día el Sound de movimiento naval. Y hasta enterados por una de sus presas de que el enemigo estaba creando un nuevo fuerte, (si bien a una escala mucho más modesta que Fort Hatteras y Fort Clark), en la Isla Beacon, pusieron de inmediato proa a ella, y su sola aproximación hizo que las obras fuesen abandonadas y la isla evacuada por el enemigo.

El fuerte en construcción, llamado Fort Okrakone por tratar de proteger el Okrakone Inlet, entre el Sound y el mar abierto aunque mucho menos fácil que el Hatteras Inlet, fue arrasado hasta los cimientos, y culminó el rotundo éxito de la expedición del “Fanny”.

En realidad su éxito había sido tan excesivo que el Comandante William F. Lynch, al frente por la C.S. Navy de la defensa de los sounds, consideró necesario para la moral de sus hombres crear un grupo de caza dedicado primordialmente a “lavar la afrenta” capturando al “Fanny” Constaba de los pequeños remolcadores artillados “Raleigh” de 65 Tn, y “Junaluska” de 79, y del vaporcito de paletas “Curlew” de 260, y estaba al parecer mandada como oficial sénior por el Comandante Thomas T. Hunter, patrón del “Curlew”. Y efectivamente, el “Fanny” sería atacado y capturado por esta flotilla en el Loggerhead Inlet el 1 de Octubre, cuando intentaba repetir sus hazañas del mes anterior. Sólo que para entonces, el alcance de tal victoria sería sólo moral, porque la flotilla ligera unionista solicitada por Butler se estaba ya instalando en Cabo Hatteras, y la navegación en el Pamlico Sound se hacía muy difícil.

Con todo ello, los resultados del bloqueo unionista mejoraron sensiblemente aquel Verano, perdiéndose no menos de 60 embarcaciones rebeldes. En el lado del pasivo y unos días antes de la pérdida del “Fanny”, el 20 de Septiembre, se perdía a lo largo de Indian Head (Maryland), otra de las últimas adquisiciones de la flota. Se trataba del minúsculo remolcador armado “USS Tigress”, que se hundiría tras una colisión con el transporte del Ejército “State of Maine”. Debemos hacer notar que estas dos eran las primeras bajas de buques que sufría la U.S. Navy desde la pequeña debacle del Gosport Navy Yard en Abril, y que sus pérdidas totales durante el primer año de guerra iban a ser, si exceptuamos el desastre de Abril, asombrosamente bajas incluso comparadas con las de otros años de la contienda, sobre todo a partir de 1863.

La última consecuencia, si no la menos importante, de la acción de Cape Hatteras, fue que el mando naval secesionista del Comodoro Hollins, en el Golfo, quedó muy preocupado ante aquella demostración sobre sus posibilidades de defender Ship Island, en el Sound del Mississippi, que se encontraba aún más aislada que lo que había estado Hatteras Island en el Pamlico Sound de North Carolina.

Los confederados habían tenido originalmente intención de defenderla y con buenos motivos. En efecto, la isla que sirve de cierre del Sound, era a la vez una excelente base de operaciones en el Golfo, que los ingleses ya habían empleado en 1814, en su intento de conquistar New Orleans. De ello los sureños, pese a sus no muy abundantes medios, se habían pasado los primeros meses de guerra trasladando cañones a ella, y fortificándola.

Sólo que lo que habían logrado tal vez no fuera suficiente. ¿Recuerda el lector al ex-Secretario de Defensa traidor John Buchanan Floyd y sus intentos de enviar cañones pesados al Sur? Los plantes de artilleros del anterior Diciembre habían impedido el envío de un total de 117 piezas de gran calibre y la mitad larga de éstas estaban precisamente destinadas a la defensa de Ship Island y ahora se notaba su falta.

Naturalmente, los sureños estaban enviando cañones desde Louisiana, pero allí también tenían que completar y reforzar la defensa de los fuertes Jackson y Saint Philip, que bloqueaban el Mississippi corriente debajo de New Orleans, y otros puestos. Y Hollins consideró que lo que se había logrado reunir sería insuficiente frente a una acción como la que habían llevado en la costa atlántica Butler y Strindham. Así que, temiendo perder la isla y además unos cientos de hombres y unas docenas de cañones, como había ocurrido en Cabo Hatteras, dio en los primeros días de Septiembre orden de evacuarla, con pleno apoyo del General Twiggs.

Así se hizo, retirando los cañones y destruyendo los emplazamientos. Pero, apenas quedó la isla limpia de confederados, el 16 de Septiembre tomó posesión de ella un destacamento mandado por el Capitán Melachton Smith, al mando del “USS Massachusetts”, y para fin de mes estaría guarnecida por una brigadilla de dos regimientos de Massachusetts, mandados por el ahora brigadier John Wolcott Phelps, (a quien recordaremos como Coronel del 1º de Vermont en Big Bethel, en Junio). Su misión era triple, pues debían, de un lado defender la isla, de otro crear en ella un nuevo sistema de fortificaciones, (la primera se llamó, característicamente, Fort Massachusetts), y finalmente servir de retaguardia a los no tan lejanos defensores de Santa Rosa Island, en Pensacola, a los que podían reforzar o relevar en un caso de necesidad. Considerado el oficial superior de toda la zona, Phelps se vio convertido en comandante de un nuevo Departamento de Florida Occidental mientras, en Key West, su colega el ahora Coronel Lewis Golding Arnold, (al frente de los fuertes Taylor y Jefferson desde el Invierno anterior), quedaba a su vez al mando del correspondiente Departamento de Florida Oriental.

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A la vez, los Flag Officers Strindham y Mervine, cumplida la edad reglamentaria, eran apartados del mando en el mar. Al primero lo sustituiría Louis M. Goldsborough, al otro William W. McLeod. Pero esta sustitución era provisional pues, estando las bases de ambos Escuadrones de Bloqueo en un extremo de las zonas asignadas, se proyectaba, ahora que comenzaban a abundar los buques, crear otros dos Escuadrones que, desde nuevas bases, se ocuparan de la mitad de ambas zonas.

Así, se permitiría que McLeod utilizara como subsidiara la aún escasamente organizada base de Ship Island hasta el fin de la época de los huracanes de Otoño, aprovechando en tanto para completarla. Y en Enero y Febrero quedaría de nuevo reducido a Key West, (“poco saludable” en la época de los huracanes), y su unidad se convertiría en el Escuadrón de Bloqueo del Golfo Oriental, “East Gulf Blockading Squadron”, mientras aparecía un Escuadrón Occidental con base en Ship Island, y con la misión específica de tomar New Orleans en 1862. Para su mando, se había elegido a nuestro ya conocido David Glasgow Farragut.

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Igualmente se había pensado dejar en el Atlántico la fuerza de Goldsborrough reducida a un “North Atlantic Blockading Squadron”, creando un escuadrón meridional que se ocupara de las costas al Sur de la frontera entre ambas Carolinas. No existiendo aún una base en que aposentarlo, se aprovecharía el Otoño para conquistarla mediante una gran operación anfibia: esto determinó quién podía ser su comandante, recayendo naturalmente la elección sobre Samuel Francis Dupont, que había comandado el departamento de estudios de guerra anfibia.

Finalmente y en el lejano Mississippi, la actuación del Comandante John Rodgers no estaba satisfaciendo al Secretario Wells y el Capitán Fox. De un lado, les parecía que estaba llevando el programa de fabricación de cañoneras sin suficiente energía, e incluso no estaban muy satisfechos de las características que parecía preferir en sus pliegos de especificaciones. De otro era claro que Rodgers, un hombre educado, estaba siendo zarandeado de un lado a otro por la banda de abolicionistas prepotentes que se habían apoderado del control del Ejército en Missouri bajo la dirección de John Charles Frémont.

Así que aquel mismo Septiembre lo relevaron, enviándole a mandar un buque, (lo que seguramente les agradeció). Para sustituirlo enviaron al Capitán Andrew Hull Foote, él mismo abolicionista, pero también un marino de cuerpo entero, con las ideas muy claras y con un endiablado carácter que podía hacer subir las chispas a gran altura si los caciquismos locales insistían en buscarle la boca.

En los frentes terrestres, Agosto había sido, desde Wilson’s Creek, un mes de una relativa calma, sí bien intranquila, en los frentes. En la Virginia al Este del Allegheny sólo se habían producido escaramuzas, casi todas hacia la zona del Shenandoah. Así, el 28º de New York había tenido el día 5 una pequeña acción en Point of Rocks, (estrictamente, en suelo de Maryland), el 20º en Hampton y el 19º de New York otra el día 8 en Lovettsville, ambas con buenos resultados, con 5, 9 y 6 bajas confederadas respectivamente. En cambio, a fines de mes el 23º de New York era vapuleado sucesivamente en otras dos escaramuzas, sufriendo 7 bajas en Ball’s Cross Roads el 27 y Munson’s Hill el 31. Para compensarlo, el 13º de Massachusetts causaba 11 bajas al enemigo el 2 de Septiembre, en Beher’s Mills.

Y de nuevo, los unionistas estaban sufriendo más bajas en las incursiones de la caballería del naciente 7° de Caballería de Virginia, cuyas acciones por sorpresa eran una continua picadura de mosca para el mando de Nathan Prentiss Banks, e iban ya firmadas. En efecto y con razón o sin ella, casi todas se las atribuían al Mayor confederado Turner Ashby, que a finales de Verano sería ascendido a Teniente Coronel.

En West Virginia, Rosencrans hubo de reorganizar sus fuerzas tras el fin del periodo de tres meses. Algunos regimientos fueron disueltos, otros le serían arrebatados para reorganizarse más allá del Ohio, con lo que los perdió, y la mayoría perdieron efectivos. De forma que, aunque la fuerza de Cox, en el Sur, se había visto menos afectada, (el abogado Cox había procurado incluir en su tropa la menor cantidad posible de hombres reclutados por 3 meses, y sólo perdió el 2º de Kentucky, que se vería sustituido por el 1º de Kentucky), Rosencrans contaba ahora con menos de 20.000 hombres, en vez de los 26.000 que había tenido McClelland.

Frente a él, el EM Confederado dirigido por Robert Lee tenía la antigua fuerza de Garnett y los refuerzos que él mismo había aportado en su base de White Sulphur Springs y el valle del Greenbrier River, con unos 11.000 hombres largos, y cosa de otros 6.000 en los 8 regimientos y la Caballería de John B Floyd, al Sur de Gauley Bridge. Así, las fuerzas estaban bastante igualadas.

El plan de Lee era presionar en el valle del Kanawha, amenazando Gauley Bridge y Charleston, para obligar a Rosencrans a descender hacia el Sur con el grueso de su ejército. Entonces, él ascendería el valle del Greenbrier hacia el Norte, aniquilaría la cobertura que el unionista hubiese dejado en su flanco y aparecería en su retaguardia.

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Sus problemas para ejecutarlo eran la bisoñez de casi toda su tropa, (Rosencrans contaba con una proporción más alta de veteranos), y los enredos que Floyd estaba provocando en su fuerza. Como un personaje de farsa, el Ex-Secretario de Guerra se mostraba altanero y autosuficiente, logrando reñir con todos sus subordinados de algún carácter, (y guardándoles mezquinos rencores), mientras acumulaba increíbles torpezas. Así, y sin duda para que sus “hazañas” tuvieran la debida cobertura de Prensa, había nombrado Ayudante y Jefe de Estado Mayor de su ejército a dos periodistas influyentes, pero que no sabían como se redactan las órdenes. Como consecuencia llegó a pasar que el Ejército se pusiera en marcha y caminara una jornada sin detenerse a comer, (Floyd era partidario de “endurecer” a la tropa), para descubrir a la noche que los carros de impedimenta no habían recibido órdenes y habían quedado atrás. Lo que significaba que al día siguiente habría que desandar parte de lo andado para salir a su encuentro y llenar la barriga después de treinta y tantas horas de ayuno, “cortesía” de Floyd.

Wise, que también era un fire-eater, pero de la facción estatalista, mientras Floyd lo era de la “confederalista”, desarrolló un odio negro, (y ampliamente correspondido), hacia él. Y el único posible punto de acuerdo entre ambos era el desconfiar de Lee, un militar de secesionismo dudoso. Con ello, las instrucciones de éste eran a menudo soslayadas y el jefe confederado no las tenía todas consigo respecto a ellos.

Finalmente, la acción comenzó a ponerse en marcha a fines de mes, con un avance simultáneo de Henry Wise contra Gauley Bridge y de Floyd contra el desguarnecido Carnifex Ferry, unas millas al Nordeste, por donde se podía desbordar Gauley Bridge y aun avanzar indirectamente sobre Charleston. Jacob Dolson Cox localizó sus movimientos y pidió instrucciones a Rosencrans, que le propuso que enviara un buen regimiento a cubrir la ruta entre Carnifex Ferry y Charleston y le esperara, ya que iba a avanzar hacia el Sur en breve.

No era fácil la situación de Cox con sólo 5 regimientos, y algunos incompletos, (estaba creando un sexto, una unidad local llamada 4° de West Virginia y mandada por el Coronel John Andrew Jackson Lightburn, en Charleston). Hay que recordar que debía mantener cubierto el terreno al Sur, (1° de Kentucky), y Norte de su fuerza principal. (Allí desplegaba el 11º de Ohio, que por cierto el 20 de Agosto libró una escaramuza indecisa en el paraje llamado Hawk’s Nest, con 3 bajas por 4 del adversario).

Así sólo le quedaban tres para la defensa de Gauley Bridge, sobre la que podían cernirse en cualquier momento 8 regimientos enemigos. El más “lucido” de esos tres regimientos era el 7º de Ohio, del Coronel Erastus Barnard Tyler, que Cox envió a que quemara el ferry de Carnicex Ferry y se retirara luego a tomar posiciones en la encrucijada llamada Cross Lanes. Era un regimiento que llevaba en campaña desde el 11 de Julio pero no había visto un solo combate y no teniendo reclutas de tres meses, contaba aún con más de 850 hombres.

Los confederados parecieron “pensárselo” durante varios días y de repente, avanzaron con rapidez el 26 de Agosto. Los hombres de Cox hubieron de librar varias escaramuzas con la fuerza de Wise en Blue’s House y Wayne Court House, al Sur, pero la acción principal se dio al norte de Carnifex Ferry. En efecto, los ingenieros de Floyd lograron poner de madrugada una mínima pasarela en el lugar del antiguo ferry, y por ella cruzaron sus regimientos de avanzada, que eran los 22º y 36º de Virginia, de los coroneles Christopher Quarles Tompkins y John McCausland, ambos reclutados en el Valle del Kanawha.

Como descubrieron que no había ninguna vigilancia enemiga en el paraje, (grave error de Tyler), se adentraron mientras les iban siguiendo los 45º y 50º de Virginia, (oriental), de los coroneles Henry Heth y Alexander Weich Reynolds. Los rebeldes siguieron rápidamente la pista a Cross Lanes, donde un ataque rápidamente organizado por Tompkins cogió a prácticamente todo el 7º de Ohio sentado a la mesa para desayunar, lejos de sus armas. Y, ante el ataque, el regimiento se desintegró.

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Unas horas más tarde, el propio Erastus Tyler aparecía en Gauley Bridge desesperado con poco más de cien hombres. Aseguraba que eran cuanto quedaba de su regimiento, y pedía ser sometido a un consejo de guerra. Para suerte suya se equivocaba. En realidad, sus hombres habían corrido tanto que, como los confederados en Philippi, la mayoría había huido. A poco se supo que su segundo, el Mayor Casement, había alcanzado directamente Charleston con otros 400 fugitivos. Aún aparecerían más y, al final las bajas de Cross Lane resultaron reducirse a 5 muertos, unos 40 heridos y cosa de 200 prisioneros ilesos. (Y a los pocos días, Tyler volvería a entrar en acción, con un regimiento reducido a 600 hombres).

Pero, tras tan buen principio, Floyd se inmovilizó en el Gauley River, tomando posiciones, absurdamente, al Norte del río, que sin embargo en aquellos parajes es estrecho y caudaloso, estrictamente no vadeable por su corriente rapidísima. Como no fintó ni hacia Gauley Bridge ni hacia Charleston, toda la acción en Virginia Occidental hubo de esperar a que William Starke Rosencrans iniciara, de propio acuerdo, su marcha al Sur (que iniciaría, con bastante calma, una semana después).

Al otro lado de Kentucky, en Missouri, el frente permaneció también la mayor parte de Agosto en relativa calma, principalmente porque perdida su Brigada de Arkansas y dadas sus radicales diferencias con Sterling Price, Benjamin McCulloch había terminado por negarse a seguir apoyando a la State Guard y regresar a Arkansas con su otra Brigada. Ese inconveniente obligó a Sterling Price a detenerse largamente a reclutar, (lo que no le fue tan fácil, pues las duras tarascadas, y la feroz lucha final de los norteños antes de retirarse, habían dejado a la ciudadanía muy impresionada). Y no se pondría en marcha, con unos 10.000 hombres, hasta finales de mes.

Pero más al Norte en el Estado las noticias eran más difusas, y todo lo que sabían los partidarios de la rebelión era que el Ejército Federal había sufrido una derrota, lo que excitaba al máximo los ánimos, y más al seguir a la noticia de la derrota de la Unión en Bull Run. Partidas de State Guards se mostraban muy activos por doquier, produciéndose escaramuzas mínimas el 16 de Agosto en Fredericktown y Kirksville, y el 20 en Jonesboro, mientras en una acción más seria, el 17 en Brunswick, elementos de retaguardia del 5º de Missouri sufrían 8 bajas.

A la vez, un hervidero de minúsculas partidas proconfederadas, empezaron a actuar a muy pequeña escala, atacando básicamente la propiedad del Gobierno y de los unionistas conocidos. Así, las líneas férreas y telegráficas eran saboteadas noche tras noche y campos y graneros ardían cada vez que se ponía el Sol. John C. Frémont reaccionó dictando la Ley Marcial en el entorno de Saint Louis el 22 de Agosto confiscando propiedades y liberando esclavos, por esta causa acabaría perdiendo el mando de la tropa. Entretanto, esas distracciones parecían hacerle olvidar los problemas principales, de forma que había sido incapaz de reforzar y reenviar al Sur al Ejército de maniobra, a que derrotara a Sterling Price aprovechando su debilidad tras la partida de McCulloch. (Esto hubiera hecho más para calmar a las partidas enemigas que muchas acciones directas).

Finalmente, el 30 de Agosto y con Price ya en marcha hacia la ribera del Missouri, Frémont lanzó una orden general, ampliando la Ley Marcial a todo el Estado, y añadiendo una serie de disposiciones que crearon un verdadero hervidero en Kentucky y, (por derivación), en Washington.

Kentucky llevaba ya viendo resquebrajarse su neutralidad desde comienzos de mes. De un lado las noticias de Bull Run, (y luego Wilson’s Creek), espoleaban a los secesionistas locales. De otro las milicias prounionistas de Tennessee Oriental, que ya habían tenido algunos choques sobre los que poco se sabe, con la tropa de Zollicoffer en su tierra, se retiraban por las montañas a Kentucky Oriental, tratando de cruzarlo para enlazar con el Ejército de la Unión en West Virginia.

El Gobernador Beriah Magoffin era secesionista, y hubiera preferido poder interceptarlas. Pero sabía que los “minutemen” de Kentucky Oriental eran sobre todo unionistas, y se negarían a hacerlo. Y por otra parte, el enviar milicias desde el Oeste del Estado era arriesgado, pues podía provocar un choque contra unos y otros e incluso molestar a los hillbillies, a los que no les gustaba ver en sus montes hombres armados que no pertenecieran a sus salvajes clanes. Así que no hizo nada por impedirlo, pese a la vociferación de sus fire-eaters más levantiscos.

La situación de Kentucky era por tanto tensa, y parecía aún más peligrosa desde Washington donde, por origen social, la mayoría de los hombres de Kentucky que residían solían pertenecer precisamente a los grupos de aquel Estado más permeables al secesionismo. Peor aún era el caso en la propia Casa Blanca, donde a causa de las relaciones sociales y familiares de Mary Lincoln, parecía que todos los hijos de sus conocidos de Lexington se estaban uniendo a la compañía montada secesionista “Lexington Rifles”, creada en tal ciudad por John Hunt Morgan, a quien también habían conocido años antes.

Aún eran más descorazonadoras las visitas procedentes de allá. Durante las sesiones extraordinarias había sido un invitado constante de la Casa Blanca, alojándose a menudo en ella, el ex-Vicepresidente y ex-candidato a la Presidencia John Cabell Breckenridge, como recordaremos primo de Mary. Este personaje confiaba aún en detener la guerra y evitar la Secesión haciendo algunas promesas al Sur sobre el mantenimiento de la esclavitud y otros puntos, de las que se ofrecía a salir garante, creyendo tener verdadera influencia entre los rebeldes. (Aún no se daba cuenta de que, en las elecciones de 1860, había sido empleado por aquéllos simplemente como mascarón de proa).

Pero naturalmente, nadie más creía ya en semejante tontería y al encontrarse ante la disyuntiva de un país inevitablemente dividido en dos mitades en guerra Breckenridge, no sin sufrimiento y ante los apenados ojos de Abraham y Mary, eligió el Sur. (Pasaría allí a poco y fue recibido con un despacho de Brigadier del Ejército Provisional, aunque su preparación militar era mínima).

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Después pasaron a alojarse en la Casa Blanca la hermana menor y favorita de Mary, Elaine, y su marido Benjamín Helm, un soldado de origen de Kentucky. Y pese a que Lincoln estaba dispuesto a recomendar a Helm y apoyar su carrera, (tenía por otra parte un buen expediente), él y su esposa pudieron darse cuenta de que los Helm sólo esperaban el momento de que “los suyos” hicieran contacto con Benjamín. Y una vez esto ocurrió, desaparecieron a su vez rumbo al Sur.

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Así Washington, y la propia Casa Blanca, tenían una visión de un Kentucky al borde de la rebelión, cuando lo que el Estado estaba era al borde de la escisión.

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Así, si el hijo mayor del famoso John Jordan Crittenden, George Bibb Crittenden, se había unido a la milicia secesionista, su hijo menor, Thomas Leónidas Crittenden, lo había hecho a la unionista, como terratenientes como Theophilus Garrard o el joven ex-soldado Lovell Harrison Rousseau, y militares como el ex-oficial de Marina William Nelson. Lo que ocurría era que, así como la milicia prounionista se reclutaba ante todo en Kentucky oriental y en la ribera del Ohio, mientras la proconfederada era reclutada en zonas del sur y el centro del Estado, y la ribera del Mississippi, también el origen de la oficialidad variaba.

La unionista tendía a ser más mesocrática, de granjeros especialistas de corte técnico y burguesía urbana media y baja. La confederada provenía más bien de la alta burguesía y sobre todo las grandes fincas. Y éstos eran los grupos que normalmente se dedicaban a la política, y por tanto tenían conocidos en Washington.

Con todo, Kentucky estaba aún en la duda cuando dos hombres fueron a perturbar totalmente la situación, acabando con su equilibrio. El entonces menos conocido de ellos, que a la larga sería el más importante, es alguien sobre cuyos antecedentes merece la pena dar una explicación, dado el peso específico que iba a tener en la crónica de la guerra: se trataba de Ulysses Simpson Grant.

Había nacido como Hiram Ulysses Grant en Ohio, de una familia escocesa de las pocas que en la Revolución Americana escogieron el bando independentista, (en ella, el grueso de los escoceses fueron “lealistas”, o sea probritánicos). Su abuelo y su padre habían luchado en la milicia en aquélla y otras guerras y, para los años de 1840 y habiendo alcanzado algún acomodo como granjeros, los Grant decidieron que el timbre de distinción que necesitaba la familia era tener un Grant oficial del Ejército nacional “de verdad”.

Con una recomendación de un político local, el joven Hiram Ulysses fue expedido para West Point, (que lo primero que hizo fue cambiarle el nombre a Ulysses Simpson, como estamos acostumbrado a verlo). Por desgracia, el joven no estaba interesado en la vida militar, y la Academia se encargó de ponérselo aún más duro. En efecto y dada su procedencia, timidez, modales y falta de dinero en el bolsillo, Grant se encontró convertido en el “paleto” oficial de su promoción, siendo marginado y martirizado por ello. Su único amigo era otro marginado, al que su familia había enviado a West Point para “curarle” del capricho de ser poeta y a quién ya hemos conocido de mayor: Simón Bolívar Buckner.

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Grant se envolvió en una especie de cazurra cerrazón céltica que sus instructores consideraban la antítesis del carisma de un oficial pero, aun con notas mediocres, se acabó graduando para verse a continuación lanzado al combate en la Guerra de Mexico. Lo curioso es que, aunque la consideraba una acción injusta, el joven Grant se encontró a sus anchas en campaña y se ganó rápidamente una habilitación de Capitán. Y después de la guerra se casó, con una chica hogareña y de buena familia, pero bizca y sin dote.

El Ejército lo seguía viendo como poco carismático, y lo enterró en un puesto olvidado en California al que no podía llevar su familia y donde, hombre hogareño, sucumbió a las melancolías célticas y acabó dándose a la bebida, por lo que se le pidió discretamente que dejase el Ejército de forma “voluntaria”. Y de nuevo civil pero con poco dinero, tímido, poco carismático y puntillosamente honrado, fracasaría en un negocio tras otro. Así, 1861 lo encontró ayudando a uno de sus hermanos a llevar un comercio en Galena (Illinois), convertido en la imagen humana del segundo de los grandes mitos yankees: el del fracaso.

Al estallar la Guerra Civil, escribió al Secretariado de Guerra ofreciendo sus servicios, que fueron rechazados. (El recuerdo del Ejército sobre él era vago y negativo). No obstante, se estaba formando en Galena una compañía destinada a incorporarse al nuevo 21º de Illinois en Springfield, y Grant se ofreció a darles alguna instrucción y acompañarlos allá. Pero como llegados a Springfield descubriera que el 21º era aun un completo caos, se hizo nombrar su Oficial Ayudante sin sueldo y en diez días, vistiendo siempre un arrugado traje de civil, lo dejó organizado. A continuación regresó a Galena, mientras el grueso de los soldados y oficiales del 21º, que ignoraban que se iba a marchar y habían quedado encantados por su profesionalidad sin alharacas, montaron un plante exigiéndolo como Coronel.

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Fue así, que al llegar a su casa en Galena, Grant encontró esperándole un telegrama del Gobernador de Illinois, que le nombraba Coronel de Voluntarios al mando del 21º de Illinois. Regresó a Springfield a hacerse cargo del puesto y cuando se le ordenó abandonar la ciudad con su regimiento, a la vez que se le ofrecían las correspondientes hojas de ruta ferroviarias, volvió a sorprender a todo el mundo solicitando que se le permitiera trasladar el regimiento a su destino a pié, lo que mantenía que sería un valioso entrenamiento para los hombres y una ocasión para que los oficiales comenzaran a enfrentarse a problemas reales de rutas, alojamiento, aprovisionamiento, disciplina fuera del cuartel etc.

Desde luego tenía razón, y de golpe todo el mundo lo comprendió. Pero era probablemente el primer jefe de regimiento de los cientos nombrados últimamente al que se le ocurría una idea tan elemental, y eso fijó de nuevo la atención en él, haciendo que se le invitase y oyese en las comisiones de estudios estratégicos que proliferaban en Illinois en aquellos días, buscando en qué empeñar con provecho las tropas del Estado. Y allí, quizá por primera vez en su vida, se le empezó a oír.

El Siglo XIX era una época en que el género literario y vital predominante era el melodrama, y por ello se tendía a oír, sobre todo de los personajes secundarios como había sido hasta entonces Grant, más el tono de voz y la declamación que las palabras. Y para su desgracia Grant era, hablando o escribiendo, aburridamente monocorde. Pero ahora comenzaba a ser alguien y sus contemporáneos, en vez de “desconectar” al escuchar su tono aburrido, intentaban entender qué decía. Y descubrieron que tenía el aparentemente simple, pero en realidad, raro y precioso don de hacer obvio lo esencial. Cuando se le consultaba un problema se sabía por tanto que éste iba a ser resuelto, o al menos expuesto en sus elementos más esenciales, facilitando su resolución.

Convertido en un pequeño “gurú” local, Grant acabó de labrar su fortuna con su intervención en la polémica sobre la base de Cairo. Cairo, en el extremo Sur de Illinois, se encuentra en el extremo de un espolón de tierra que se adentra entre las aguas del Mississippi al Oeste y el Ohio al Este y, en las orillas opuestas, los estados de Missouri y Kentucky respectivamente. Muchos mantenían que era un buen lugar para establecer una base ofensiva-defensiva, pero otras voces clamaban que era una posición demasiado avanzada, expuesta si las cosas iban mal en los estados limítrofes,

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El dictamen de Grant fue claro. Cualquier riesgo que corriese la base podía ser minimizado mediante la previsión de su mando y el dominio de las aguas fluviales, que la Unión debía en cualquier caso procurarse a corto plazo, Y la tal base presentaba las siguientes ventajas:

1. Impedía cualquier acción rápida desde New Madrid contra Saint Louis. (Cualquier avance confederado por el Missouri debía intentar someterla antes de cruzar más allá de ella, para no dejar su amenaza en retaguardia).

2. Era la mejor base desde la que emprender un ataque unionista al New Madrid Bend.

3. Permitiría hechar una mano a los unionistas de Missouri, y resultaba un enclave valiosísimo para presionar sobre Kentucky Occidental, y si se extendía la guerra a ese Estado, intervenir y reforzar a los unionistas de tal zona, especialmente difícil por abundar mucho en ella la población prosecesionista.


Los argumentos de Grant impresionaron mucho por su claridad y evidencia, y los primeros experimentos de posicionar tropas en Cairo demostraron tener éxito cuando el 19 de Agosto y ante la aproximación de milicias de Jeff Thompson a Charlestown en Bird’s Point, el saliente de la orilla missouriana frente a Cairo, el 22º de Illinois pudo cruzar el río y rechazarlas infringiéndoles una clara derrota. Los de Illinois sufrieron 7 bajas, incluyendo un muerto, mientras el enemigo dejaba 40 cadáveres en el campo.

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Entretanto el papel de Grant subía, y ya el 31 de Julio recibió el ascenso a Brigadier de las milicias de Ohio. John Alexander McClernand, importante político demócrata local y único Brigadier de Illinois en el Ejército Voluntario hasta la fecha, había asistido, como recordaremos, a las sesiones extraordinarias del Congreso en Washington. A su vuelta, encontró la “moda Grant” creciendo en Illinois, y decidió apoyarla. Hombre de 49 años, quería dar a su carrera política un broche de gloria militar, Y, aunque no carecía de cualidades naturales, su única experiencia hasta entonces había sido en la minúscula guerra Blackhawk, y era lo suficientemente inteligente para comprender que necesitaba apoyo técnico. Y este individuo, barbudo y de cuerpo extraño, que hacía bultos inverosímiles bajo las levitas de uniforme, decidió que un hombre técnicamente preparado y sin ninguna ambición política, como parecía ser Grant, sería su compañero de armas ideal, y le apoyó con interés.

Como también había ganado al Senador republicano por Illinois Elihu B. Washburne, hombre de confianza del Presidente en la zona, y su informe sobre Cairo había gustado al mismo Frémont, Grant se encontró bajo una recomendación múltiple y, en los últimos días de Agosto, fue nombrado Brigadier de Voluntarios, y encargado de formar la Base de Cairo. Sólo que esta ya estaba a medio crear, y la energía de Grant hizo crecer rápidamente el esfuerzo para ponerla en marcha, lo que indirectamente iba a salvar a la Unión en la siguiente crisis en la zona.

Sucedía que, en Missouri, el Legislativo secesionista de Neosho había firmado ya una alianza explícita con la Confederación el 19 de Agosto, y la State Guard avanzaba por el Estado decididamente, coincidiendo con un incremento en las acciones de acoso a los unionistas. Y Frémont “perdió los papeles”, y el 30 dictó unas órdenes por las que, además de ampliar la ley marcial a todo Missouri, la completaba con una serie de ordenanzas que permitían secuestrar los bienes y esclavos de los “enemigos de la Unión”, dando una peligrosa discreccionalidad a los oficiales de campo para decidir quién era “enemigo de la Unión”.

Dados los enconos que existían en el Estado y el carácter abolicionista del grueso de sus oficiales, aquello suponía la abolición de la esclavitud en Missouri a corto plazo, y levantó una verdadera tempestad en el mismo Missouri, en el vecino Kentucky, en Maryland y en Washington, en donde Lincoln no pudo aguantar más de 43 horas antes de telegrafiar a Frémont para exigirle que retirara la nueva ordenanza. (Frémont se negaría dando lugar a un largo forcejeo que duraría hasta Noviembre).

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El Gobernador de Kentucky, Beriah Magoffin, que acariciaba de largo tiempo atrás el proyecto de llevar su Estado al campo confederado, y al que la creación de la base de Cairo preocupaba mucho, por sus obvios efectos disuasores para con el secesionismo en Kentucky, se encontró de repente con buena parte del Legislativo estatal irritadísimo con Frémont, y de ello con los unionistas, y sobre tal base preparó su jugada maestra, que tenía en cartera hacía semanas, sin hallar el momento adecuado.

Se trataba de hacer apoyar un arbitrio por el que se ordenaría, en bien de la “neutralidad”, disolver todas las milicias salvo la milicia estatal oficial. Como ésta era claramente secesionista, los unionistas no podrían aceptarlo. Y así se les podría declarar “rebeldes contra el Estado” y atacar. Y cuando el Ejército de la Unión acudiera en su ayuda, se le declaraba invasor, y se pedía la ayuda de la “amistosa” confederación para “proteger” al Estado. Los unionistas activos, y los medianamente enterados no se dejarían engañar. Pero la mayoría de la gente, incluyendo los siempre mal informados hilibillies, sí.

Hasta entonces había estado logrando acumular partidarios, sobornar votos y acordar otros desesperadamente, sin tener suficientes para hacer aprobar el arbitrio. Pero ahora aprovechó la furia de los políticos locales para apalabrar más de los que aún le hacían falta, y fijó la fecha de discusión del arbitrio para lo antes posible, el 5 de Septiembre. Sólo que, en el último minuto, sus planes se iban a ver “reventados” por el propio Mayor General Obispo Leonidas Polk.

A Polk la rápida creación de la base de Cairo le había puesto tan nervioso como a su enemigo Frémont el avance de Sterling Price por Missouri y, precisamente en la madrugada del 5 de Septiembre, y sin encomendarse a Dios ni al Diablo, sus transportes, salidos de New Madrid durante la noche, llegaron ante los muelles del puerto de Columbias (Kentucky), que por orden suya la milicia de Kentucky de Buckner había ocupado durante la noche. Desde luego Polk debía de saber que tal acción era políticamente contraindicada, pero confiaba compensarlo tomando una gran ventaja militar. Su plan era que en cuanto Columbus estuviese mínimamente consolidado, en tres o cuatro días, una columna salida de ella y encabeza por las milicias de Simón Bolívar Buckner, (para darle un aire más de asunto interno de Kentucky), ocuparía Paducah, en la confluencia del Ohio y el Tennessee, a espaldas de Cairo. Así la base unionista, entre dos enemigas, se vería amenazada, perdería operatividad y tal vez fuera abandonada. En todo caso él recuperaría su ventaja estratégica en Kentucky Occidental, que había adquirido al ocupar el New Madrid Bend y estaba perdiendo con la creación de la base enemiga en Cairo.

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Lo malo es que Polk creía disponer de tiempo, enfrentándose a Frémont, cuyo Mando estaba lejos, en Saint Louis, y que no se había distinguido por su rapidez tomando decisiones, y no se le había ocurrido que el interesado más directo, el Brigadier unionista que acababa de ser ascendido y puesto al mando de Cairo, pudiera tomarlas por su cuenta. ¡Y exactamente fue con esto con lo que se encontró!

A la primera noticia de la ocupación de Columbus, Grant comprendió cual iba a ser el siguiente paso y, sin pedir instrucciones a Saint Louis ni Washington, telegrafió a McClernand pidiendo que enviara todos los refuerzos posibles a Cairo, que iba a quedar medio vacío, reunió una flota improvisada de barcazas y vapores de río y para el día siguiente aparecía en Paducah, ocupándola y forticándola, mientras tranquilizaba a la población con una proclama de tono conversacional y puramente informativo, en que explicaba los hechos.

Así, de repente, el Obispo Polk se encontró en jaque. Era ahora Grant el que podía atacar su base desde dos puntos y con su avance, no había logrado sino colocarse en una posición menos defendible. Y de paso, había “reventado” cualquier oportunidad política de la Confederación en Kentucky. En efecto, lo que su Legislativo había encontrado al reunirse el 5 de Septiembre había sido que eran tropas confederadas las que invadían el Estado. Y que la milicia estatal, que el arbitrio del Gobernador proponía como garantia de total neutralidad, les servía de batidores.

Naturalmente y como esto podía entenderlo el votante más tonto. Magoffin fue abandonado por muchos de los que le habían prometido su voto y el arbitrio fue rechazado. Y aprovechando el desprestigio del Gobernador, los unionistas lo atacaron con furia, aprobando una resolución para exigir la expulsión de las tropas confederadas del Estado. Magoffin utilizó su derecho a veto en esta resolución, comenzando así un abierto enfrentamiento entre los dos bandos. Que acabaría con la destitución de Magoffin en Agosto del siguiente año.
Ulysses Grant, que había regresado a Cairo el 7 de Septiembre, dejando a cargo de la defensa de Paducah al Coronel del 45º de Illinois John Eugene Smith, no sabía hasta qué punto su intervención había encantado a Abraham Lincoln. El Presidente estaba muy bien impresionado por el tono “plano” y sin alharacas de su comunicado a la población de Paducah, (aún no sabía que, hablando o escribiendo, Grant tenía sólo un registro). Y sobre todo había quedado entusiasmado porque hubiese captado la situación de inmediato y actuado con eficacia, sin solicitar siquiera órdenes ante la premura del elemento tiempo. Y es que, como a muchos que tienen que trabajar con militares, al Presidente comenzaba a irritarle la obsesión de la mayoría de ellos por “taparse el culo” en todo momento.

E1 mismo episodio propició una mini-crisis en el Gabinete Confederado, que estaba siguiendo con cierta somnolencia las sesiones del Congreso Provisional. Este, por su misma calidad de “provisional”, no se atrevía a ir muy lejos en sus decisiones y en las sesiones de Verano, se estaba limitando a decidir enviar nuevos representantes a Europa, (se escogió a Pierre Rust para España, John Slidell para Francia y James Murray Mason para Inglaterra), y discutir la posibilidad de crear una especie de Cámara de Compensación interestatal de gastos de guerra, basada en los beneficios del algodón. (Como suponía una cierta nacionalización de tales beneficios, la idea hubo de ser rechazada, ante la cerrada oposición de los estados más algodoneros).

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Pero en el asunto de Columbus el Secretario de Defensa confederado, Leroy Pope Walker, no había hilado precisamente fino. Consultado por el Mayor General Polk, no sólo había estado de acuerdo con realizar la operación sin avisar siquiera a Magoffin, sino que se había mostrado entusiasta. Y ocupada la ciudad, había anunciado la operación con toda clase de inoportunos y triunfalistas latiguillos que suponían ya a todo Kentucky como “en manos” de la Confederación. Con ello había de un lado abundante munición para que los unionistas lapidaran a Magoffin en el legislativo de Kentucky. Y de otro había hecho quedar a la Confederación en ridículo cuando el movimiento de Grant nulificó al de Polk.

A Jefferson Davis estas cosas le caían muy mal, y Walker se vio fulminantemente cesado, y sustituido como Secretario de Defensa por Judah Benjamín, que se estaba convirtiendo rápidamente en la mano derecha y “número dos” del Presidente confederado. Walker consiguió a cambio un nombramiento de Brigadier del Ejército Provisional, pero aun en ello se reservó Jefferson Davis el derecho, (que aplicaría despiadadamente toda la duración de la guerra), de mantenerlo en puestos administrativos, y alejado del mando de tropa.

En tanto, en Missouri la State Guard de Sterling Price estaba ya aproximándose a la ribera Sur del río Missouri, y la agitación de las bandas secesionistas aumentaba en la zona. Así, una de ellas fue interceptada cerca de Lexington, el 29 de Agosto, por tropas unionistas con base en tal localidad sufriendo 8 muertos y otras dos mantuvieron escaramuzas con la Home Guard y el 11º de Missouri los días 1 y 2 de Septiembre. En la primera, los unionistas sufrieron 1 muerto y 8 heridos en Bennet’s Mill, en la segunda, dos muertos en las cercanías de Dallas.

Pero estos eran sólo heraldos del verdadero peligro, que comenzó a materializarse el mismo 2 de Septiembre, cuando una fuerza unionista de caballería, la Brigada de Caballería de Kansas, que salió de Fort Scott. En territorio de ese Estado, trató de interceptar fuerzas enemigas que se había localizado progresando hacia el Norte en territorio de Missouri, al Este de Fort Scott.

La Brigada iba mandada por el Coronel J. H. Lane, y constaba de su 5º de Caballería de Kansas y alguna compañía del 9º amén de la 1ª Batería del Regimiento de Artillería Voluntaria de Kansas, con no más de 600 hombres. Llegados a la zona de los afluentes por el Sur del río Osage, y concretamente al llamado Big Dry Wood Creek, encontraron grandes columnas de infantería enemiga en movimiento. No era ninguna incursión, sino una de las grandes columnas de la State Guard en marcha hacia el Norte, lo que tenían ante sí. Lane atacó de todas formas, alcanzando cierto éxito inicial, pero el enemigo, (quizá tanto como 6.000 hombres), giró para hacerle frente y atacó en masa, obligándole a escapar tan aprisa que su tren de equipajes, transportado a lomo de mula, fue enteramente capturado. En este “Combate de Dry Wood Creek” o “Batalla de las Mulas”, los unionistas sufrieron tan sólo 14 bajas y sus enemigos 4 muertos y 16 heridos, todos de la 8ª División de la State Guard del Brig. Gen James S. Rains. Pero la fuerza de Lane salió maltrecha a causa de la pérdida de su tren, y sobre todo, fue apartada a un lado con la rapidez con que se espanta un mosquito por un enemigo que ya estaba a mitad de camino entre digamos Neosho y Lexington, y avanzaba rápido. Lane regresó a Fort Scott y los confederados llegaron a Lexington con el equipaje extra de las mulas de Kansas arrebatadas a los “jayhawkers”. Además de obligar a los federales a abandonar el Sudoeste de Missouri.

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A la vez, en West Virginia, diversas escaramuzas que se produjeron el 1 de Septiembre en Burlington, Blue Creek y Boone’s Court House, (donde el 1º de Kentucky “hizo presa” en los confederados, causándoles una treintena de bajas), anunciaron que el plan de Lee aún se encontraba en vigencia. Y el momento de que se pusiera a prueba llegaba ya, pues Rosencrans se puso en marcha hacia el Sur con unos 13.000 hombres en 19 regimientos. El 8, rechazando a algunas patrullas enemigas, llegaba a Summershill, a sólo 17,5 millas de Gauley Bridge, aunque para entonces ya había dejado una fuerte protección en su flanco, en Cheat Mountain y el Valle del Tygart bajo los Brigadieres Joseph Jones Reynolds, ex Coronel del 10º de Indiana, y Charles M. Hill, uno de los defensores de Fort Brown en Texas. (Por cierto que su compañero de aventura, George Stoneman aún Mayor de activo, también estaba en el sector, al frente de la cobertura de caballería que, aunque ligera, iba a resultar muy eficaz).

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Así, con la espada pronta a caer en West Virginia y Missouri, y Kentucky entrando en estado de guerra, debemos dejar para otro capítulo el transcurso de la lucha en los escenarios al Oeste del Allegheny a finales del Verano y comienzo del Otoño, mientras, el 10 de Septiembre. Albert Sidney Johnston, el exComandante federal del Departamento del Pacífico, que había anunciado ya su intención de unirse a los confederados meses antes, y realizado un largo y complicado viaje para lograrlo, recibiría el grado de Mayor General del Ejército Provisional, y el mando de los Ejércitos Confederados del Oeste.


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Actualizado ( Domingo, 07 de Diciembre de 2008 18:42 )
 

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