La preparaci√≥n del ej√©rcito libertador de Venezuela y la campa√Īa de Boyaca de 1819 PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Hans Joachim Marseille   
S√°bado, 19 de Noviembre de 2011 16:53

ImagenAun con el riesgo de sonar un poco cabal√≠stico, estudiando los diversos textos que refieren la historia de la Independencia hasta 1819 nos da a entender que hubo una alternancia curiosa entre las fuerzas republicanas y realistas: a las primeras les correspond√≠an los a√Īos impares, y a las segundas los a√Īos pares. La Primera Rep√ļblica comienza en 1811 con buenos augurios, pero queda hecha a√Īicos en julio de 1812 con la capitulaci√≥n de Francisco de Miranda en San Mateo; luego, la Campa√Īa Admirable de 1813 hace posible la entrada triunfal de Sim√≥n Bol√≠var en Caracas en agosto de ese a√Īo, pero ese periodo de una Segunda Rep√ļblica se acab√≥ con el infausto a√Īo de 1814, donde Jos√© Tom√°s Boves y los suyos infundieron el terror. Si bien 1815 no fue favorable ni para venezolanos ni para neogranadinos (especialmente despu√©s de la toma de Cartagena por Pablo Morillo), 1816 fue el annus horribilis para los patriotas neogranadinos, cuando acaba finalmente un intento de hacer resurgir la Rep√ļblica, la Patria Boba.

El des√°nimo de la poblaci√≥n en seguir a la Rep√ļblica, la avasalladora ‚Äúcampa√Īa‚ÄĚ del Ej√©rcito de Barlovento de Jos√© Tom√°s Boves (hasta su muerte en Urica) y la sistem√°tica labor de Morillo al frente de las fuerzas realistas, entre otras razones, pueden tomarse como las causas de la ‚Äúdesbandada‚ÄĚ que ocurri√≥ en los distintos batallones de l√≠nea.


Esto dio pie a que, al no poder seguir una guerra frontal, algunos comandantes republicanos debieron seguir el camino de las guerrillas, entendidas como cuerpos irregulares, de peque√Īa dimensi√≥n, en cierto sentido n√≥madas (no pod√≠an tener una base de operaciones estable), no muy disciplinados pero bien entrenados y concentrados alrededor de un solo mando, como lo fueron varios grupos de llaneros. En un principio, estos cuerpos guerrilleros estuvieron dispersos y lograron algunas sorpresivas victorias, pero luego de alguna manera u otra se fueron incorporando a las huestes comandadas por Sim√≥n Bol√≠var.

Mientras que los √©xitos de P√°ez en los Llanos venezolanos en 1817 (n√≥tese: a√Īo impar) proporcionaban una buena dosis de moral en el bando republicano, la conquista de Guayana ese mismo a√Īo permiti√≥ a los patriotas obtener un vasto territorio que, aparte de los grandes recursos, pod√≠a proveer a los ej√©rcitos republicanos de una base de operaciones desde la cual se pudiese organizar sus cuadros. No fue f√°cil, pues se debi√≥ enfrentar a diversos problemas, pol√≠ticos, como el Congresillo de Cariaco; militares, como el fracaso de la Campa√Īa del Centro en 1818 (a√Īo par); y hasta morales, como el fusilamiento del general Manuel Piar. Con todo, el Libertador entendi√≥ la importancia de conseguir un estructura definitiva que permitiese no s√≥lo consolidar la jefatura suprema del Ej√©rcito Libertador, sino que √©ste consolidara sus cuadros operativos para poder desarrollar una guerra convencional, es decir abandonar la guerra de guerrillas.


Para ello, el Libertador tom√≥ medidas pol√≠ticas y militares. La principal medida pol√≠tica fue la fundaci√≥n de la Rep√ļblica de Colombia (febrero de 1819), para darle legitimidad a los ej√©rcitos y para hacer ver al mundo que no se trataba de una ‚Äúguerra civil entre espa√Īoles‚ÄĚ, sino una ‚Äúguerra internacional‚ÄĚ entre dos pueblos distintos, dos pa√≠ses distintos. Y la principal medida militar fue organizar al Ej√©rcito Libertador de forma efectiva para la Campa√Īa de Boyac√°. La organizaci√≥n ayud√≥ a brindar una efectiva preparaci√≥n del arma de infanter√≠a, puesto que la caballer√≠a se encontraba en manos de jefes carism√°ticos, que no admitir√≠an otro tipo de instrucci√≥n m√°s que lo aprendido en la llanura.

I. ESTADO PREVIO DE LOS IRREGULARES Y EL EJ√ČRCITO REGULAR REPUBLICANO.

1. Condiciones

En 1817, la base de lo que m√°s adelante se denominar√≠a el Ej√©rcito Libertador estaba dividido en dos tipos de soldado: el regular, que m√°s o menos estaba formado en cierta instrucci√≥n militar y que obedec√≠a una estructura de mando que a veces resultaba endeble (por los continuos conflictos entre los jefes republicanos, como se vio evidenciado a√Īos antes combatiendo a Boves), y el irregular o ‚Äúguerrillero‚ÄĚ.

Es necesario un paréntesis para explicar este concepto de guerrillero. En el sentido estrictamente militar, Thibaud explica que existen dos tipos de guerrilla en el siglo XIX:

a) la ‚Äúmuta‚ÄĚ, definida como ‚Äúuna banda de menos de un centenar de personas, jinetes por lo general, al mando de un jefe muy poderoso en t√©rminos de influencia‚ÄĚ; y

b) la mesnada, que es un conjunto de ‚Äúmutas‚ÄĚ que se re√ļnen alrededor de un personaje carism√°tico: ‚ÄúSu naturaleza profunda es distinta puesto que tiene un centro que impulsa al conjunto y que fija, para cada c√©lula, el c√≥digo de funcionamiento‚ÄĚ. Adem√°s, a diferencia de la muta original, era muy heterog√©nea, pues la compon√≠an guerreros y desplazados por la guerra quienes buscan cobijo al amparo de esa masa guerrera (p. 282).

Hay que hacer notar que, a pesar de los √©xitos conseguidos por P√°ez desde el a√Īo de 1816 (Mucuritas, Mata de la Miel, El Yagual, El Mantecal‚Ķ) y de su creciente prestigio en el Casanare, t√©cnicamente todav√≠a era el jefe de una formaci√≥n irregular, m√°s espec√≠ficamente de una mesnada (seg√ļn Thibaud). Tampoco era un guerrillero surgido de la nada, sino que ya ten√≠a el rango de teniente coronel del ej√©rcito de la Nueva Granada (quien luego fue ascendido a General de Brigada por las autoridades neogranadinas).

Las condiciones de esos irregulares de la época los refleja un testigo de excepción:

(‚Ķ) h√©roes que no ten√≠an un lugar seguro donde permanecer ocho d√≠as porque eran perseguidos por grandes columnas enemigas desprendidas de un numeroso ej√©rcito disciplinado y aguerrido; muertos de hambre, porque muchas veces, careciendo de ganado, era necesario batirse para quit√°rselo a los espa√Īoles; sin otro alimento que carne asada sin sal; desnudos porque no hab√≠a sino uno que otro que tuviera una camisa; descalzos, durmiendo a la intemperie, muchas veces sobre el agua en esas sabanas anegadas, sin cobija, disput√°ndose los cueros las reses que se mataban para que les sirviera de abrigo en la noche; sin armas, sin municiones, pues hab√≠a escuadrones cuyas lanzas eran palmas de albarico (‚Ķ) (L√≥pez, M., p. 3).

Por otro lado, el soldado regular que estaba en el Ej√©rcito del Centro, al mando del General Manuel Piar, estaba en mejores condiciones, pero tampoco eran las m√°s √≥ptimas: ‚Äúsegu√≠a careciendo de unidad; algunos soldados llevaban ‚Äėvestidos con uniformes encarnados y sombreros apuntados con grandes plumeros blancos‚Äô y ‚ÄėLa dem√°s comitiva, algunos iban con chaquetas de paisano, [pero] la mayor parte desnudos con solo sombrero y fusil‚Äô", pero que reun√≠a la ‚Äúconsiderable‚ÄĚ cantidad de 1.400 a 1.600 soldados (Thibaud, p. 304).

Incluso, durante 1817 se sabe que oficiales de infanter√≠a, tanto venezolanos como granadinos, que se encontraban con P√°ez, ‚Äúpara quienes era insoportable una posici√≥n tan penosa, y que no pod√≠an hacer lo que los llaneros acostumbrados a esa vida errante‚ÄĚ, recibieron licencia de √©ste para ir a otros destinos, terminando algunos de ellos bajo el mando de Bol√≠var en Barcelona y otros al mando de Piar en Guayana (L√≥pez, M., pp. 3-4). Entre los que fueron a Guayana se cuenta el entonces Coronel Francisco de Paula Santander (Moreno de √Āngel, p. 155).

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Santander

Aun en estas condiciones desfavorables, tanto irregulares como regulares obtienen victorias: las ya nombradas de P√°ez, como Mata de la Miel, El Yagual, Mucuritas, El Mantecal, entre otras; y por su parte, Piar emprende la Campa√Īa de Guayana que culmina con las victorias de El Juncal y San F√©lix.

2. Primera organizaci√≥n ‚Äúordenada‚ÄĚ

Ya conquistada Guayana para la causa republicana, y asegurada Angostura como base de operaciones y capital de la futura Rep√ļblica de Venezuela, adem√°s de la reorganizaci√≥n de un gobierno efectivo, el Libertador sab√≠a que deb√≠a contar con un ej√©rcito organizado y adecuadamente entrenado de acuerdo a los est√°ndares de la guerra europea. Por ello, en septiembre de 1817 instituy√≥ el Estado Mayor General que servir√° de base para organizar al ej√©rcito. Asimismo, adopt√≥ el primer manual no procedente de Espa√Īa: el Manuel des adjutants-g√©n√©raux et des adjoints empoy√©s dans les √Čtats-Majors-Divisionnaires des Arm√©es, de Paul Thiebault (mencionado por Thibaud, p. 322), de clara inspiraci√≥n napole√≥nica y que servir√° para darle forma org√°nica al Estado Mayor General y a las futuras divisiones que se formar√≠an. Bajo esta premisa, nombr√≥ al general Carlos Soublette como Jefe del Estado Mayor General, y a Santander como Sub-Jefe.

Los irregulares no se quedaban atr√°s. Tambi√©n ten√≠an un manual, las ‚ÄúInstrucciones del guerrillero‚ÄĚ, atribuidas a Pedro Zaraza, quien las aplicaba para su propia mesnada: ‚ÄúMientras que las partidas trabajan al enemigo eludi√©ndolo, la mesnada ‚Äď la uni√≥n de guerrillas ‚Äď se vale del enfrentamiento-destrucci√≥n propio de los cuerpos regulares‚ÄĚ (Thibaud, p. 304).

3. Primer ensayo: la Campa√Īa de 1818

El Libertador quiso aprovechar este impulso que se le estaba dando a la organizaci√≥n de un ej√©rcito profesional al emprender una campa√Īa por las llanuras del Apure, y as√≠ aprovechar de entrevistarse con Jos√© Antonio P√°ez, lo cual hizo en enero de 1818 en el Hato de Ca√Īaf√≠stola; P√°ez y sus tropas juraron obediencia al Libertador y √©ste lo reconoci√≥ como General de Brigada.

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P√°ez en 1838

As√≠, los ej√©rcitos republicanos emprendieron una campa√Īa corta, infructuosa, pero que dej√≥ valiosas lecciones para seguir organizando a las fuerzas militares de la Rep√ļblica. Si bien los primeros d√≠as fueron provechosos, especialmente con la espectacular Toma de las Flecheras (febrero de 1818) por P√°ez, el cuerpo se dividi√≥: P√°ez se dirigi√≥ a San Fernando de Apure para sitiarlo, y, Bol√≠var remont√≥ hacia el norte con direcci√≥n a Caracas con el grueso de la infanter√≠a y algunos jinetes, y se top√≥ con el ej√©rcito realista de Morillo en Calabozo a finales de febrero.

Morillo se replegó, pero una serie de movimientos y contramarchas de ambos jefes derivaron en la batalla de Semen (12 de marzo de 1818), donde Morillo derrotó a Bolívar, y éste emprende la retirada hacia el Rincón de los Toros, donde casi es sorprendido por una avanzada realista (abril de 1818).

Esta campa√Īa ense√Ī√≥ al Estado Mayor republicano la importancia de mantener una cohesi√≥n en las operaciones militares, lo cual qued√≥ en evidencia en la diversi√≥n de tropas hacia un objetivo secundario (San Fernando de Apure) que no era prioridad para el ej√©rcito (pero s√≠ para P√°ez). Tambi√©n ense√Ī√≥ que se deb√≠a tener una mejor organizaci√≥n de los batallones de infanter√≠a, y en especial lo referente a las comunicaciones.

II. LA CONTINUACI√ďN DE LA ORGANIZACI√ďN DE CARA A 1819: OPERACIONES MILITARES PREVIAS A LA CAMPA√ĎA DE BOYAC√Ā

1. El énfasis en la instrucción de la Infantería.

a. El desempe√Īo de Anzo√°tegui

A mediados de 1818, ya con las lecciones aprendidas de la Campa√Īa del Centro, Bol√≠var decidi√≥ continuar con la organizaci√≥n del ej√©rcito profesional que deseaba, y para ello eligi√≥ a un oficial de su Estado Mayor, famoso por su valor, su inteligencia y por su mal genio (seg√ļn O‚ÄôLeary): el General de Brigada Jos√© Antonio Anzo√°tegui.

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Bol√≠var cre√≥ la Guardia de Honor, una unidad militar con tama√Īo de regimiento la cual le servir√≠a de escolta, pero tambi√©n como base de instrucci√≥n para un nuevo modelo de infanter√≠a, y nombr√≥ a Anzo√°tegui como Comandante de la misma. El barcelon√©s tom√≥ lo aprendido en el manual de Thibault y comenz√≥ a darle orden a su nueva unidad:

(‚Ķ) los batallones Granaderos y Rifles con oficialidad mitad venezolana y mitad extranjera (por lo general antiguos oficiales bonapartistas franceses, italianos y polacos), y tropas tomadas enteramente de las comunidades ind√≠genas del cant√≥n de Upata. M√°s tarde se a√Īadir√≠a un Batall√≥n denominado Rifles Ingleses, constituido √≠ntegramente por oficiales y tropas de esa nacionalidad (Falc√≥n, pp. 45-46).

A pesar de las burlas que le han hecho a esta unidad (Boussingault se refer√≠a a la Guardia de Honor como una ‚Äúman√≠a del general Bol√≠var tratar de imitar a Napole√≥n‚ÄĚ), Anzo√°tegui consigui√≥ formar una s√≥lida formaci√≥n, a pesar de las continuas deserciones que afectaron en ese a√Īo a los dem√°s regimientos de infanter√≠a.

Para probarla en combate, Bol√≠var decidi√≥ que gran parte de la Guardia de Honor deb√≠a unirse a P√°ez en los llanos de Apure, y as√≠ lo hicieron a mediados de octubre. Luego Bol√≠var se les uni√≥ para proseguir una peque√Īa campa√Īa de exploraci√≥n. Mas en enero, recibieron comunicaci√≥n de que Morillo, con una fuerza superior a las suyas, se encontraba tambi√©n en reconocimiento de la zona. All√≠, P√°ez decidi√≥ evacuar San Fernando e incendiarlo, adem√°s del camino a la ciudad, ‚Äúde modo que no quede piedra sobre piedra‚ÄĚ (Bencomo Barrios y Robinson dan cuenta de esta pol√≠tica de ‚Äútierra quemada‚ÄĚ, muy poco com√ļn en Venezuela).

En esos menesteres, Bol√≠var recibi√≥ la noticia de la llegada de un contingente ingl√©s a Angostura, y decidi√≥ embarcarse hacia la capital provisional a finales de enero (Robinson, testigo presencial, llega a referir que, al recibir la noticia, Bol√≠var ‚Äúestall√≥ en l√°grimas‚ÄĚ), dejando a P√°ez como Comandante en Jefe del Ej√©rcito del Apure y comandante de la caballer√≠a, y a Anzo√°tegui como comandante de la infanter√≠a. P√°ez decidi√≥ seguir emprendiendo un repliegue hacia Calabozo, pero sus fuerzas se encontraron los las de Morillo y hubo un combate en Caujaral en marzo que result√≥ indeciso.

b. El nombramiento clave de Santander

En los Llanos de Casanare, Bol√≠var tom√≥ una decisi√≥n trascendental: nombrar a Santander, ya General de Brigada, como Comandante de la Vanguardia del Ej√©rcito Libertador de la Nueva Granada, con jurisdicci√≥n en el Casanare, en agosto de 1818. La misi√≥n del granadino queda plasmada por el Libertador en una carta de √©ste a P√°ez, manifest√°ndole que Santander ir√° ‚Äúa tomar el mando de la fuerza armada que hay en ella, y a levantar, organizar y disciplinar una Divisi√≥n respetable que mover√° y dirigir√° seg√ļn las instrucciones que ha recibido de m√≠‚ÄĚ (Moreno de √Āngel, p. 165).

Si bien la decisi√≥n era un acierto del Libertador, no menos lo era tratar de conciliar la animadversi√≥n entre Santander y P√°ez, de vieja data. Aun en junio de 1818, Santander le recriminaba a P√°ez, entre otros asuntos, su actuaci√≥n en los sucesos de Casanare en 1816 y haberlo tildado de ‚Äúhombre criminal‚ÄĚ:

¬ŅSostener los derechos y rango de mi pa√≠s, causa alg√ļn trastorno al gobierno de Venezuela, o es alguna maquinaci√≥n contra √©l? ¬ŅEs traici√≥n? De ninguna manera. Aprobar que se representen los derechos de una provincia, sin excitar a la insubordinaci√≥n militar, que es cosa muy diferente, creo que debe ser juzgado por todo hombre como un acto de patriotismo y de honor excepcional (Carta de Santander a P√°ez, Angostura, 22 de junio de 1818).

Santander parti√≥ hacia su nuevo destino casi inmediatamente despu√©s del nombramiento. Llevaba consigo un peque√Īo Estado Mayor, compuesto por Joaqu√≠n Par√≠s, Antonio Arredondo y Antonio Obando; luego se les unir√≠a Jacinto Lara. Llevaban consigo 800 fusiles, 25 quintales de p√≥lvora, 40 quintales de plomo, 10.000 piedras de chispa y una peque√Īa armer√≠a (forja equipada) (Moreno de √Āngel, p. 166). Pero hab√≠a un gran detalle: no llevaban tropas de infanter√≠a: la misi√≥n era formarla all√° totalmente. Tal era la preocupaci√≥n por este hecho, que Santander le escribi√≥ a P√°ez desde Caicara, en fecha 3 de octubre de 1818, pidi√©ndole oficiales y tropa de infanter√≠a: ‚ÄúEnv√≠eme algunos oficiales de infanter√≠a, los oficiales del reino que no son necesarios en su ej√©rcito en esa parte, y probablemente todos los que est√°n en Guasdualito, que me servir√°n mucho‚ÄĚ. Y luego, en la misma carta, a√Īad√≠a: ‚ÄúUsted en tal caso no necesita de 200 infantes que habr√° en Casanare y all√° son la mejor base para levantar un cuerpo‚ÄĚ.

Luego de un breve incidente, donde P√°ez pr√°cticamente detuvo a Santander en Caribana por unos d√≠as, lo dej√≥ ir por orden de Bol√≠var y finalmente el granadino lleg√≥ a Casanare a mediados de noviembre. En poco tiempo logr√≥ formar dos batallones de infanter√≠a y puso orden a la administraci√≥n en Casanare, la cual se encontraba descuidada desde P√°ez. El total de los efectivos reunidos por Santander montaba a 1.100 infantes y 800 jinetes, aproximadamente, aunque la situaci√≥n no era la mejor: ‚ÄúLa dotaci√≥n es notoriamente indiferente, y la deserci√≥n y las defecciones causan estragos‚ÄĚ. Ya a mediados de 1819 se calcula que la vanguardia ha perdido m√°s del 10% de sus efectivos (Thibaud, p. 420), aunque luego se ver√°n reforzados con unidades frescas desde Angostura.

2. La caballería indómita.

En este periodo es dif√≠cil analizar si hubo una organizaci√≥n de la caballer√≠a a la europea, ya que las unidades montadas todav√≠a no hab√≠an salido del todo de la estructura de la mesnada, centrada en un l√≠der carism√°tico. Santander pudo hacer algunos adelantos al respecto, e impuso los comandantes que estim√≥ convenientes, pero que se sab√≠a que eran representantes del carisma que estaba comenzando a adquirir el cucute√Īo.

En el Apure el liderazgo de Páez era incuestionable, y tenía como segundo a otro líder, el oriental José Tadeo Monagas. Tenían mucho menos deserciones que la Vanguardia de Santander, y seguían sus propias tácticas.

Luego de otro combate indeciso en Gamarra (mediados de marzo), P√°ez se reuni√≥ con el Libertador (quien se hab√≠a reincorporado unos d√≠as antes, desde Angostura) para seguir un plan de acci√≥n. Segu√≠an estancados cerca del paso de Caujaral, cerca de un sitio llamado los Poretritos Marrere√Īos. P√°ez concibi√≥ un plan para atacar a Morillo fingiendo una retirada con salidas hacia los flancos, iniciando una persecuci√≥n contra ellos y luego volver√≠a contra la caballer√≠a enemiga y la tratar√≠a de dispersar. En efecto, se inici√≥ una persecuci√≥n, pero la caballer√≠a enemiga ech√≥ pie en tierra, y cuando los jinetes de P√°ez dieron vuelta, destrozaron la l√≠nea de caballer√≠a y casi dispersan al resto del ej√©rcito de Morillo. Esto es lo que se conoce como la batalla de las Queseras del Medio, el ‚ÄúVuelvan Caras‚ÄĚ.

Esto reforzó la posición de Páez como el táctico por excelencia de la caballería, aunque apegado a su propio sistema.

3. La situación de la Marina republicana.

Es extra√Īo que en toda esta organizaci√≥n que emprendi√≥ el mando republicano del componente terrestre del Ej√©rcito Libertador, no se le pusiera la misma atenci√≥n a la Marina de Guerra. Quiz√° por el motivo que, en caso que la guerra se extendiera al sur (como as√≠ ocurri√≥), los buques no ser√≠an tan necesarios. En un oficio de marzo de 1819, Bol√≠var le escrib√≠a al Almirante Luis Bri√≥n la principal raz√≥n de este ‚Äúdescuido‚ÄĚ hacia la Escuadra: ‚ÄúNo s√© c√≥mo piensa V. E. comprar nuevos buques, cuando no tenemos c√≥mo tripular y mantener los pocos de que consta nuestra escuadra‚ÄĚ. En el mismo oficio manifest√≥ su preferencia por las actividades de corso: ‚ÄúLa experiencia nos ha probado la utilidad de los corsarios, particularmente en nuestra lucha con Espa√Īa‚ÄĚ (L√≥pez Contreras, p. 251).

4. El plano político.

Durante esta vor√°gine de acontecimientos, Bol√≠var hizo un par√©ntesis en febrero de 1819 para atender asuntos de gobierno. Se cre√≥ la Rep√ļblica de Venezuela, y Bol√≠var fue electo su primer Presidente, quedando como vicepresidente Francisco Antonio Zea. Para Bol√≠var resultaba important√≠simo convertir a la Rep√ļblica en una realidad, para que a los ojos del mundo fuese vista como un Estado beligerante: Gil Fortoul, citado por D‚ÄôAlta, dice con raz√≥n que ‚Äúera, pues, urgente convertir el gobierno de hecho en un aparato siquiera de r√©gimen constitucional, para demostrarle al extranjero que ya la Rep√ļblica no se apoya solamente en el √©xito de las armas‚ÄĚ.

En este contexto, se puede decir que entre 1819 y 1821, entre las sesiones del Congreso de Angostura y la apertura del Congreso de C√ļcuta, hubo un gobierno militar, donde el Presidente atend√≠a los asuntos militares y el Vicepresidente atend√≠a los civiles, pero d√°ndole prioridad al tema castrense: ‚Äúlas necesidades del Ej√©rcito priman sobre cualquier otra consideraci√≥n‚ÄĚ (Thibaud, p. 434).

III. LA CAMPA√ĎA DE BOYAC√Ā.

1. Preparativos.

En mayo de 1819, ya el Ejército Libertador tiene una consistencia parecida a un ejército profesional. Claro, le falta mucho aun, pero ya cuenta con una organización que le permitiría mantener los cuadros de divisiones y batallones. La instrucción de los nuevos batallones de infantería ha sido bien aprovechada, sólo faltaba probarlas en batalla.

A principios de ese mes, Jacinto Lara llegó al cuartel del Libertador en Rincón Hondo, procedente del Casanare. Si bien no quedó en muy buenos términos con Santander, se sabe que ambos hombres mantenían relaciones cordiales de respeto. En esas condiciones, Lara le dio un avance muy completo de la situación en el Casanare: la organización que había llevado a cabo Santander, el ambiente favorable que existía en la región hacia la causa independentista y el equipamiento de acuerdo a sus instrucciones.

Bolívar, ante tal panorama, decidió que era hora de tomar la ofensiva.

Previendo que se acercaba la época de lluvias, que solían anegar los Llanos, decidió tomar varias previsiones:

‚ÄĘ Nombrar al general Jos√© Francisco Berm√ļdez comandante en jefe de los ej√©rcitos en Oriente, para actuar como movimiento de diversi√≥n de tropas hacia Caracas (sin intentar un ataque masivo).
‚ÄĘ Orden√≥ al general Rafael Urdaneta trasladarse con todos sus efectivos al Apure, para actuar como reserva del ej√©rcito.
‚ÄĘ Parti√≥ con todas las fuerzas que ten√≠a disponibles rumbo al Casanare, para reunirse con Santander y all√≠ delinear la ofensiva.
‚ÄĘ Orden√≥ a P√°ez que marchara hacia C√ļcuta con su caballer√≠a.

Un punto interesante es, que mientras Urdaneta y Berm√ļdez cumplieron su cometido a cabalidad (a pesar de ciertos obst√°culos con el gobernador de Margarita, general Juan Bautista Arismendi), P√°ez no ejecut√≥ la maniobra que le fue requerida; s√≥lo lleg√≥ a los alrededores de San Crist√≥bal y casi inmediatamente volvi√≥ a los Llanos.

Otra determinaci√≥n estrat√©gica que tom√≥ fue el decidir atacar a la Nueva Granada, no por C√ļcuta (una Campa√Īa Admirable al rev√©s), sino atravesar la cordillera andina para sorprender a la tropa realista. Hab√≠a tres puntos en la cordillera que pod√≠an ser franqueados: Salina de Chita, Pisba y Labranza Grande. Pero mientras la primera y la tercera ubicaciones estaban cerca de puestos realistas muy bien pertrechados, el p√°ramo de Pisba fue elegido por el Libertador y su Estado Mayor General para marchar.

Ya en Tame, el 13 de junio de 1819 el Libertador emiti√≥ una Orden General dando la organizaci√≥n definitiva del Ej√©rcito en campa√Īa. Se compondr√≠a de la siguiente forma:

‚ÄĘ El Estado Mayor General; con Bol√≠var como Jefe Supremo y Soublette como Jefe del Estado Mayor.

‚ÄĘ Dos Divisiones:

o La de Vanguardia al mando de Santander, la cual contaba con dos batallones:

Ôāß Cazadores, al mando del Teniente Coronel Antonio Arredondo.
Ôāß 1¬į de L√≠nea, comandado por el Teniente Coronel Antonio Obando.

o La de Retaguardia, comandada por Anzoátegui, que tenía a su disposición dos brigadas:

Ôāß La Primera, al mando del Coronel Francisco de Paula Alc√°ntara, con dos batallones y un regimiento:
‚ÄĘ Batall√≥n Rifles, al mando del Teniente Coronel Arturo Sandes.
‚ÄĘ Batall√≥n Barcelona, al mando del Coronel Ambrosio Plaza.
‚ÄĘ Regimiento Gu√≠as de Apure, al mando del Teniente Coronel Hermenegildo Mujica.

Ôāß La Segunda, al mando del Coronel James Rooke (ingl√©s), la cual contaba con un batall√≥n y una legi√≥n:
‚ÄĘ Batall√≥n Bravos de P√°ez, al mando del Coronel Cruz Carrillo.
Ôāß Legi√≥n Brit√°nica, al mando del Sargento Mayor Juan Mackintosh, con dos escuadrones:
‚ÄĘ Escuadr√≥n 1¬į de Llano Arriba, comandados por el Teniente Coronel Juan Jos√© Rond√≥n.
‚ÄĘ Escuadr√≥n 2¬į de Llano Arriba, comandados por el Teniente Coronel Leonardo Infante.

El total del ej√©rcito en campa√Īa sumaba 3.400 efectivos, 2.000 al mando de Anzo√°tegui y 1.400 bajo Santander. No obstante, la cifra total de efectivos se reducir√≠a a 2.500 luego de la traves√≠a por el p√°ramo de Pisba, y como a√Īadido las enfermedades y las deserciones hicieron de las suyas (Lozano y Lozano, p. 367).

Los realistas, por su parte, al mando del General Jos√© Mar√≠a Barreiro, contaban con cuatro batallones (Tambo, 2¬ļ y 3¬ļ de Numancia y del Rey, as√≠ como caballer√≠a, artiller√≠a y dragones. En total, la Tercera Divisi√≥n comandada por Barreiro contaba con 4.300 hombres (Lozano y Lozano, p. 374).

2. La marcha por el p√°ramo de Pisba.

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La ruta del ejército venezolano

El 22 de junio se puso en marcha el ejército, rumbo a Pisba. La travesía por el páramo, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, fue en extremas condiciones de frío, aun para la época (junio). La situación se tornó favorable cuando el 27 la Vanguardia capturó el poblado de Paya, con una carga del batallón Cazadores, permitiendo al grueso del ejército tener un lugar de llegada sin mayores inconvenientes. Así fue, aunque la reanudación de la marcha se retrasara hasta el 30.

Barreiro, ante tal acción, decidió adoptar una posición defensiva, reforzando posiciones en Salina de Chita, Labranza Grande, y estableció su cuartel general en Sogamoso. Con esto, dejó prácticamente libre el páramo de Pisba.

El 5 de julio, la avanzada patriota lleg√≥ a Socha, aun en la parte m√°s dura de la monta√Īa. Ya para este momento algunos oficiales comenzaron a murmurar descontento, especialmente por las condiciones penosas a las que estaban sometidos. Lozano y Lozano llega a afirmar que exist√≠a disgusto en los llaneros por tener que ‚Äúmarchar en un pa√≠s monta√Īoso‚ÄĚ, ya que deb√≠an atravesarlo sin sus monturas (p. 379). No obstante, la marcha prosigui√≥.

3. G√°meza.

Barreiro se dio cuenta, aunque un poco tarde, del movimiento de Bol√≠var, y orden√≥ que dos columnas de 800 hombres cada uno marcharan a las poblaciones de Corrales y G√°meza, llegando a su destino el 10 de julio. Ambas columnas fueron divisadas por los republicanos, rechazando el coronel Justo Brice√Īo la columna situada en Corrales; la Vanguardia divis√≥ a la columna de G√°meza y se plante√≥ batalla.

De forma ordenada, se hab√≠a enviado primero una avanzada de reconocimiento para saber la magnitud de las fuerzas concentradas en el sitio; fueron rechazadas, y la avanzada emprendi√≥ una retirada ordenada, auxiliada por el batall√≥n de Cazadores. Aprovechando la ventaja que le otorgaba la noche, el ej√©rcito en pleno organiz√≥ un ataque total. Despu√©s de ocho horas de combate, donde el ej√©rcito realista se repleg√≥ dos veces para evitar una mayor p√©rdida de hombres, los republicanos lograron rechazar a los realistas de G√°meza, debiendo √©stos replegarse m√°s all√° de ese poblado en la ma√Īana del 11.

G√°meza quiz√° puede ser considerada la primera batalla donde se pudo poner a prueba los conocimientos adquiridos durante todo el entrenamiento riguroso que llevaron a cabo Santander y Anzo√°tegui. Por supuesto, esto infundi√≥ mucha moral entre los patriotas, quienes tambi√©n contaron en el camino a Socha con mucho apoyo de la poblaci√≥n local: el Libertador lleg√≥ a escribir que ‚Äúvienen los principales ciudadanos a ofrecer sus personas y propiedades para el servicio del ej√©rcito. No es necesario que el ej√©rcito se acerque o entre a las poblaciones para que el pueblo reconozca mi autoridad o ejecuten las √≥rdenes que les libro‚ÄĚ (Lecuna, p. 337).

4. Pantano de Vargas.

Barreiro decidió mover sus tropas a un sitio más favorable, pero Bolívar anticipó su movimiento al dirigir el ejército hacia la retaguardia realista. Barreiro, presionado, se replegó y atrincheró en el sitio de Pantano de Vargas. Luego de unos movimientos provocadores de parte y parte, el 25 de junio Barreiro presentó batalla y el Libertador la aceptó.

Durante el combate, Barreiro ten√≠a ventaja t√°ctica: hab√≠a ocupado dos cerros que dominaban la llanura del Pantano, que era ocupado por los republicanos. As√≠, envi√≥ a un batall√≥n del Numancia para cercar y envolver a la retaguardia patriota, quedando √©sta en posici√≥n cr√≠tica. Bol√≠var, en ese estado, le ordena al comandante del Escuadr√≥n 1¬ļ de L√≠nea, Juan Jos√© Rond√≥n, que organice una carga de caballer√≠a para destruir la infanter√≠a realista, con estas dram√°ticas palabras: ‚ÄúCoronel, salve Vd. La patria!‚ÄĚ.

Rondón, junto con Infante y el teniente Juan Carvajal, cargaron contra la infantería realista, desbandándola en un sangriento combate. Eso permitió el avance del resto del ejército patriota, logrando el avance del cuerpo principal y retomando las alturas, arrebatándoselas a los realistas.

Pantano de Vargas, si bien no fue un indicativo de orden dentro del ejército republicano, se indica que se supo hacer una maniobra concentrada en un punto aun fuerte del enemigo, sobreponiéndose a una gran desventaja. Tal fue la impresión que causó en Barreiro la acción de Rondón que el jefe realista le escribió al virrey Juan Sámano:

Su destrucción era inevitable y tan completa, que ni uno solo hubiese podido escaparse de la muerte. La desesperación les inspiró una resolución sin ejemplo: su infantería y su caballería, saliendo de los abismos en que se hallaban, treparon por aquellos cerros con furor; nuestra infantería, que por su ardor excesivo y por lo escarpado de su posición se encontraba desordenada, no pudo resistir sus fuerzas (López Contreras, p. 138).

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Monumento a los lanceros en Pantano de Vargas

Las bajas fueron numerosas: Rojas menciona que los realistas dejaron en el sitio 1.000 bajas, mientras que los patriotas contaban 500 bajas. Entre las bajas patriotas se contó la del comandante de la Legión Británica, el coronel Rooke, quien murió pocas horas después de la batalla.

5. Boyac√°.

El efecto moral de la victoria de Pantano de Vargas para los republicanos fue bien capitalizada: Bol√≠var llam√≥ a las armas a los ciudadanos locales, quienes se unieron a las tropas ‚Äúdispuestos a llevar el honroso t√≠tulo de soldados del Ej√©rcito Libertador‚ÄĚ (Bencomo Barrios, p. 23). Barreiro hab√≠a escrito a Venezuela y Santa Fe para recibir refuerzos, ya que ve√≠a que su posici√≥n estaba muy comprometida.

Bol√≠var, al ver una cierta pasividad del lado realista, decidi√≥ avanzar hacia Tunja, y luego de unos combates menores (donde se destac√≥ la caballer√≠a), la ocup√≥ el 5 de agosto. Barreiro, quien parec√≠a estar un paso atr√°s de las maniobras republicanas, decidi√≥ avanzar hacia Santa Fe de Bogot√° por el camino real de Tunja. El Libertador, enterado de los movimientos realistas por su caballer√≠a de exploraci√≥n, decidi√≥ interceptarlo en la ma√Īana del 7 de agosto cerca del Puente de Boyac√°.

Con un ataque coordinado de dos batallones de la vanguardia republicana, lograron sorprender a la vanguardia realista, separada del grueso del ejército. Los realistas cruzaron el puente de Boyacá y se apoderaron del margen izquierdo, mientras que Santander ocupó el margen derecho.

La retaguardia patriota, con Anzoátegui al frente, venía avanzando en la misma dirección que su vanguardia, cuando se percató que el cuerpo realista avanzaba para apoyar a su vanguardia, por lo que decide cortarle el paso. Esto causó que los realistas se replegaran hacia el norte. Bolívar, ubicado estratégicamente en una casa céntrica de Tunja (la Casa de Teja) le impartió órdenes a Anzoátegui para que efectuara una maniobra de tenaza o envolvente: con los batallones Bravos de Páez y Barcelona atacaba por el flanco derecho, y la Legión Británica y el Rifles los envolvían por el flanco izquierdo realista. Esta brillante operación fue ejecutada personalmente por Anzoátegui, ubicándose en el ataque de la Legión y el Rifles.

Luego, los realistas intentaron quebrar el cerco patriota, pero Bolívar ordenó a los escuadrones de línea (caballería) con Rondón, Infante y Carvajal atacar el resto de la infantería, a lo cual obedecen con su ímpetu habitual, destrozando las líneas de infantería y a un escuadrón de caballería realista, que presentó batalla pero fueron aniquilados (Rojas, p. 19). La retaguardia realista se rindió.

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Batalla de Boyac√°. √ďleo de Mart√≠n Tovar y Tovar (fragmento)

Mientras tanto, los realistas han mantenido el combate en el puente, pero un ataque patriota es rechazado causando graves bajas, lo cual es aprovechado por Santander para cruzar el puente con dos batallones, y termina por rendir a un peque√Īo grupo de infanter√≠a realista; los dem√°s han salido huyendo, s√≥lo para ser capturados por los Voluntarios de Tunja, los combatientes locales que hab√≠an acudido al llamado del Libertador, quienes se dedicaron a perseguir y apresar a los fugitivos. Entre √©stos se encuentra, herido, el general Jos√© Mar√≠a Barreiro.

Es extra√Īo que en los partes de ambos bandos se hayan reportado muy pocas bajas: los republicanos contaron 13 muertos y 53 heridos; mientras los realistas verifican 100 muertos y 150 heridos (Rojas, p. 21).

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Monumento conmemorativo en el sitio de la Batalla de Boyac√°

La inmediata consecuencia es que el camino hasta Santa Fe de Bogot√° quedaba despejado para el Ej√©rcito Libertador, al cual arrib√≥ a la capital virreinal el 10 de agosto de 1819. Esto permiti√≥ la fusi√≥n de Venezuela y la Nueva Granada en un solo pa√≠s, la Rep√ļblica de Colombia, la cual quedar√≠a constituida el 17 de diciembre de 1819 en Angostura.

CONCLUSIONES

La acci√≥n r√°pida del Ej√©rcito Libertador en la campa√Īa de Boyac√° (¬°ochenta y cinco d√≠as!) sin duda fue un factor determinante, quiz√° el m√°s resaltado por la historiograf√≠a tanto venezolana como colombiana, y es que el factor sorpresa castig√≥ la pasividad de los ej√©rcitos realistas en la Nueva Granada.

Pero hay un factor que cabe resaltar, y que no se le ha dado su justo m√©rito. La preparaci√≥n que efectu√≥ de forma met√≥dica el Libertador Sim√≥n Bol√≠var a partir de septiembre de 1817 para constituir un ej√©rcito profesional, ‚Äúa la europea‚ÄĚ, con tropa y oficiales preparados en las m√°s novedosas t√©cnicas de combate en infanter√≠a llevadas a cabo en los diversos teatros de operaciones de la convulsionada Europa de principios del siglo XIX tuvo una influencia decisiva en el comportamiento de las tropas, que si bien no alcanzaban aun su m√°xima operatividad (se dice que en Carabobo fue la primera vez que todo el Ej√©rcito Libertador llevaba un uniforme completo‚Ķ), se convirtieron en la base para llevar a la Guerra de Independencia de Venezuela y la Nueva Granada, de una ‚Äúguerra civil‚ÄĚ a una ‚Äúguerra internacional‚ÄĚ. Otro punto a favor fue la adaptaci√≥n de los jefes de caballer√≠a y su modo de hacer la guerra a las exigencias que ped√≠an de ellos los altos jefes del Ej√©rcito Libertador, lo cual qued√≥ demostrado en Pantano de Vargas y Boyac√°.

También es de destacar el apoyo que enviaron los ingleses con cierta cantidad de armamento y muchos hombres dispuestos a hacer la guerra, y que además contribuyeron con su experiencia guerrera a formar ese ejército profesional que tanto necesitaban Bolívar, Santander y los demás jefes republicanos.

Gracias a esas medidas de organizaci√≥n, instrucci√≥n y disciplina, a partir de 1819, se puede decir que ‚Äúel Ej√©rcito republicano es una fuerza coherente, disciplinada, con jerarqu√≠a y objetivos trazados, con suficientes recursos humanos ‚Äď incorporaci√≥n masiva de sectores populares ‚Äď y log√≠sticos‚ÄĚ (Ziems, p. 55). Esto se reflej√≥ en que no volver√≠an a tener derrotas significativas, y no parar√≠an hasta derrotar definitivamente a los realistas en Ayacucho en 1824.

‚Ķ Y tampoco contar√≠an las c√°balas de los a√Īos pares e impares.

FUENTES

BENCOMO BARRIOS, H√©ctor. Campa√Īa Libertadora de Nueva Granada: Batalla de Boyac√°. Caracas, Editorial Grijalbo, 1991, 63 p.
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CORT√ĀZAR, Roberto (Comp.). Cartas y Mensajes del General Francisco de Paula Santander. Bogot√°, Talleres Editoriales de Librer√≠a Voluntad, 1953, Volumen I (1812-1819), 396 p.
D’ALTA, Alfredo. Bolívar de Guayana a Bogotá. Caracas, Editorial Impresos Hermanos Rojas, 2008, 127 p.
FALC√ďN, Fernando. Jos√© Antonio Anzo√°tegui. Caracas, Editorial Panapo, 1997, 75 p.
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L√ďPEZ, Manuel Antonio. Recuerdos del Coronel Manuel Antonio L√≥pez, ayudante del Estado Mayor General Libertador, Colombia y Per√ļ, 1819-1826. Bogot√°, Imprenta Nacional, 1955, 246 p.
L√ďPEZ CONTRERAS, Eleazar. Bol√≠var conductor de tropas. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la Rep√ļblica, 2005, 221 p.
LOZANO Y LOZANO, Fabio. Anzo√°tegui (visiones de la Guerra de Independencia). Bogot√°, Biblioteca de Historia Nacional, 1963, 475 p.
MORENO DE ANGEL, Pilar. Santander: Biografía. Bogotá, Planeta Colombiana Editorial, 3ª edición, 1990, 795 p.
ROBINSON, J. H. Journal of an Expedition 1400 miles on the Orinoco and 300 up the Arauca: With an account of the country, the manners of the people, military operations, &c. Londres, Black, Young and Young, 1822, 397 p.
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THIBAUD, Cl√©ment. Rep√ļblicas en armas. Los ej√©rcitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela. Bogot√°, Planeta; IFEA, 2003, 571 p.
ZIEMS, √Āngel. El gomecismo y la formaci√≥n del Ej√©rcito Nacional. Caracas, Editorial Ateneo de Caracas, 1979, 277 p.


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Actualizado ( S√°bado, 19 de Noviembre de 2011 18:44 )
 

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