La liquidación del Imperio colonial: Cuba y Filipinas. El 98 y sus repercusiones PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Grupo EGC   
Jueves, 23 de Febrero de 2017 09:32

ANTECEDENTES

 

A mediados del siglo XIX, existía una fuerte unión sentimental con Cuba, que es la primera colonia española en América (La Española). Por otro lado, la isla presenta un interés económico como fuente de azúcar, tabaco y café, y en ella han hecho carrera militares como Martínez Campos y fortuna comerciantes como Güell, miembros del clan de los cubanos. La aristocracia cubana se reparte la tierra y el poder.

 

En 1868, los autonomistas se sublevan con el Grito de Yara, dando comienzo a la Guerra de los Diez Años, que concluye cuando en 1878 Martínez Campos, enviado allí, logra el Convenio de Zanjón, por el que no se toman represalias contra los sublevados y se acuerda una cierta autonomía en Cuba. Algunos cubanos continúan luchando hasta 1879 (Guerra Chiquita), y finalmente los dirigentes independentistas MartíMaceo Gómez se exilian.

 

Aparecen entonces en España tres tendencias para solucionar el problema cubano. Los autonomistas (intelectuales, nacionalistas y liberales progresistas) son partidarios de una cierta autonomía en Cuba. Los independentistas (republicanos) defienden su emancipación. Los unionistas (conservadores y liberales) argumentan la pertenencia in-negociable de Cuba al territorio español.

 

En 1886 se abole la esclavitud, para la indignación de las clases altas cubanas, y en 1891 se impone un arancel que obstaculiza el comercio con Estados Unidos (85% del comercio cubano). En 1892, José Martí funda el Partido Revolucionario; en esta misma época, José Rizal lucha por la independencia de Filipinas. Los independentistas exiliados en Estados Unidos logran una gran influencia: Pulitzer (diario World) y Hearst (Journal) crean opinión pública en su favor. En 1893, el ministro de Ultramar, Antonio Maura, presenta un proyecto de autonomía para Cuba que es rechazado en las Cortes.

 

 

 LA SUBLEVACION

 

En 1895, los independentistas regresan con apoyo estadounidense y, con el Grito de Baire, inician la Guerra de Cuba (1895-1898). Martínez Campos, enviado por el Gobierno liberal, no logra llegar a un acuerdo y ante la dimensión de la sublevación y su negativa a tomar medidas militares dimite. El Gobierno conservador lo sustituye por Valeriano Weyler, este dividió el territorio mediante dos líneas fortificadas y concentró a la población civil en campos, para evitar que pudiera apoyar a los guerrilleros. Comenzó una feroz guerra de desgaste durante dos años (1896-97) basada en la superioridad militar española y el dominio del terreno por los guerrilleros.

 

En 1896, el republicano McKinley es elegido presidente de Estados Unidos y, habiendo sido rechazadas las numerosas propuestas de compra de Cuba, busca un motivo para el enfrentamiento con España. Cuando en 1897 Cánovas es asesinado, Sagasta sustituye a Weyler por el general Blanco. Este año se aprueba una Ley de Autonomía para Cuba, pero ya es demasiado tarde.

 

LA GUERRA

 

El 15 de febrero de 1898 explotó en el puerto de La Habana el acorazado Maine, estadounidense, y se produjo la muerte de 266 tripulantes, la causa más probable fue una explosión interna. Sin esperar siquiera el resultado de una investigación, la prensa sensacionalista de Hearst publicaba al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo». Provistos de casus belli, los Estados Unidos y el Gobierno del Presidente William Mc Kinley lanzan a España un ultimátum y el 25 de abril le declaran la guerra.

 

El primer encuentro se produjo en Cavite (Filipinas) donde la escuadra del almirante Montojo fue hundida por la del comodoro Dewey procedente de Hong Kong. Ante la noticia, la multitud madrileña que salía de la cuarta corrida de abono de la feria de San Isidro se concentra en la Puerta del Sol exigiendo explicaciones al Gobierno. Mientras el almirante norteamericano Sampson bombardea Puerto Rico y bloquea Cuba. Además las tropas estadounidenses comienzan a concentrarse en Florida con vistas a un desembarco en Cuba.

 

El Gobierno Sagasta ordena al almirante Cervera que traslade el grueso de la flota a Cuba. Éste la envía a las islas de Cabo Verde, reticente ante la idea de dejar la Península desprotegida, pero presionado por el Gobierno termina dirigiéndose a Cuba. El almirante era conocedor la enorme superioridad naval norteamericana, así evitando todo encuentro con Sampson evita Puerto Rico y dado un rodeo vía Curaçao la flota llega al puerto de Santiago, cuya bocana estrecha ofrece una defensa excelente contra el inminente ataque estadounidense.

 

Ante el desarrollo de los acontecimientos y asegurada la supremacía norteamericana en el mar los estadounidenses desembarcan sus tropas en las playas de Daiquiri. El principal combate se producirán en las Lomas de San Juan donde los americanos obligas a las tropas españolas a replegarse y estrechan el cerco a Santiago. El Gobierno ordena a Cervera que abandone Santiago, pese al bloqueo que la flota de Sampson mantiene sobre el puerto. Así pues, saliendo uno a uno todos los barcos españoles son hundidos. El 16 de julio se rinde Santiago.

 

La guerra continuará en Filipinas donde las últimas tropas españolas sitiadas en Baler se rendirán un año después. 

 

LA PAZ

 

La paz se firmará en Paris el 10 de diciembre: España reconocía la independencia de Cuba y cedía a los Estados Unidos, Puerto Rico, Filipinas

 

El Protocolo de Washington establece un alto el fuego e intercambio de prisioneros. La delegación española de Montero Ríos firma la Paz de París (1898), accediendo a la independencia de Cuba y Puerto Rico (la enmienda de Platt de 1902 prevé la posible intervención de Estados Unidos en Cuba) y a la venta forzada de Filipinas y la isla de Guam, en las Marianas, a Estados Unidos por 20 millones de dólares. Los americanos repatriarán a las tropas españolas armadas.

 

En 1899, se venden a Alemania las Carolinas y las Marianas.

 

REPERCUSIONES

 

El año 1898 marca una crisis de mentalidad en España, con el fin del Imperio colonial. La economía, que atraviesa un breve hundimiento, se recupera rápidamente, al recibir capitales repatriados y no tener que mantener un Imperio. Sagasta dimite como jefe de Gobierno, sustituido por el conservador Francisco Silvela. El ministro de Guerra Polavieja trata de reformar el Ejército, reduciendo el número de efectivos de 250.000 a 150.000, reduciendo el escalafón y comprando material moderno, pero esto resulta inviable económicamente y Polavieja dimite. El ministro de Hacienda, Raimundo Fernández Villaverde aumenta la presión fiscal a los industriales, causando la reacción de los empresarios catalanes y la dimisión del ministro de Justicia, el catalanista Durán i Bas. El Gobierno de Silvela entra en crisis y Sagasta regresa en 1902. Con lo cual se ve que tampoco hubo una crisis política al demostrar el canovismo que podía sobrevivir a su creador y que el mismo jefe de Gobierno que perdió la guerra vuelve a formar Gobierno tan solo unos años después.

 

El Regeneracionismo surge como movimiento intelectual que pretende europeizar España, idea lanzado por Ortega y Gasset, y remover la conciencia de los españoles. Joaquín Costa, en su obra Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España, reclama “despensa, escuela y siete llaves sobre el sepulcro del Cid”; es decir, crecimiento industrial, educación y una mirada hacia el futuro olvidando el Imperio que queda enterrado en el pasado. Al igual que Lucas Mallada en Los males de la Patria y en parecidos términos Macías Picavea.

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Actualizado ( Jueves, 23 de Febrero de 2017 09:35 )
 

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