LOS TERCIOS; SOLDADOS INMORTALES PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Conde-Duque   
Viernes, 07 de Diciembre de 2007 21:12
‚ÄúEspa√Īoles en la mar quiero, y si es en tierra San Jorge nos proteja‚ÄĚ...
As√≠ reza un proverbio ingl√©s desde hace siglos al buen hacer de la infanter√≠a espa√Īola y al gran manejo que con las armas hac√≠an los mismos en los combates cuerpo a cuerpo, especialmente con la espada y la daga ‚Äďllamada vizca√≠na-, eran manejadas por aquellos infantes espa√Īoles con una destreza y bravura como ning√ļn otro soldado de su √©poca...
emperador Carlos V
Se le debe al emperador Carlos V, la creaci√≥n formal de los Tercios en 1534, formando el Tercio de Lombard√≠a y al que se le unir√≠an posteriormente los que se conocer√≠an como ‚ÄúTercios viejos‚ÄĚ; Lombard√≠a, N√°poles, Sicilia, Brabante y Cartagena.

Los Tercios espa√Īoles dominaron los campos de batallas de Europa durante todo el siglo XVI y el primer cuarto del siglo XVII, siendo muy temidos y respetados por todos aquellos adversarios que la joven Espa√Īa ten√≠a por aquellos remotos y controvertidos siglos.

Fue el emperador Carlos V, Rey de Espa√Īa y Emperador del Sacro Imperio Romano Germ√°nico, quien cre√≥ los Tercios de manera oficial en el a√Īo 1534, formando los primeros Tercios en Italia -conocidos como ‚ÄúTercios viejos‚ÄĚ-, pero podemos remontarnos al reinado de los Reyes cat√≥licos cuando ya unidades de infanter√≠a comparables a los Tercios fueron creadas para defender las posesiones espa√Īolas en Italia y realizar las incursiones en el Norte de √Āfrica en la lucha contra los piratas berberiscos que amenazaban las costas espa√Īolas.

Los hombres que nutr√≠an las filas de los Tercios espa√Īoles, eran voluntarios en su gran mayor√≠a, contratados para campa√Īas militares concretas o para periodos de tiempo establecidos, eran soldados mercenarios, con el transcurso del tiempo se fueron convirtiendo m√°s en tropas profesionales permanentes, que hab√≠an acabado enrol√°ndose en gran parte como salida a una vida de penurias y de hambre, eran gentes de procedencia humilde o hidalgos venidos a menos, pero todos ellos endurecidos por la crudeza de la vida en aquellos tiempos, otros eran simples mercenarios que no sab√≠an otra cosa que no fuera desenvainar su espada y envainarla manchada con la sangre de sus enemigos y donde los futuros bot√≠nes que pudieran tomar en los saqueos y capturas al enemigo eran suficientes para reclamar su atenci√≥n. Tambi√©n el hecho que se pudiera ir ascendiendo dentro de la jerarqu√≠a militar, pelda√Īo a pelda√Īo, sin importar la condici√≥n social de que se viniera, significaba un gran reclamo, ya que en aquella √©poca daba mucho prestigio y era algo apreciad√≠simo en la sociedad espa√Īola la distinci√≥n y jerarqu√≠a que se tuviera...en definitiva eran hombres endurecidos por la batalla y por la vida que les toc√≥ vivir, p√≠caros, disciplinados como ning√ļn otro en los campos de batalla, diestros con la espada, enormemente valientes y con un gran sentido del honor que aquella √©poca requer√≠a y emanaba.

Los Tercios espa√Īoles estuvieron formados por todo tipo de nacionalidades que comprend√≠an por aquellos a√Īos las posesiones espa√Īolas a lo largo del Continente, por tanto pod√≠amos encontrar; italianos, valones, suizos, borgo√Īones, flamencos...aunque las tropas espa√Īolas, siempre se procuraron que estuvieran en Tercios independientes a los extranjeros, eran la base de aquella m√°quina perfecta de guerreros que recordaban a las antiguas legiones romanas, eran la flor y nata del ej√©rcito.

Los tiempos de gloria de la infanter√≠a espa√Īola estuvieron dirigidos a cargo de generales ilustres y que han pasado con letras de oro a la historia militar espa√Īola y mundial: Don Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba ‚Äúel Gran Capit√°n‚ÄĚ quiz√°s sea su principal precursor y uno de los mas afamados jefes de los ej√©rcitos espa√Īoles, pero no el √ļnico...Don Juan de Austria, Alejandro Farnesio, Ambrosio de Sp√≠nola, Conde de Tilly o el mism√≠simo Duque de Alba, por poner algunos ejemplos, han dirigido a la infanter√≠a espa√Īola por tierras hostiles y lejanas, infundiendo el temor y el respeto que su solo nombre produc√≠a en los enemigos de Espa√Īa.

Duque de Alba
Si hay un hombre que infundió auténtico pavor en Flandes al mando de los Tercios, ese fue sin duda el Duque de Alba, quien como consecuencia de la tremenda represión y dureza con que reprimió los levantamientos protestantes sería recordado como símbolo de terror y sometimiento de generación en generación. También se le atribuyen grandes innovaciones militares en los Tercios durante el siglo XVI.

 

Los Tercios espa√Īoles fueron evolucionando y variando en su organizaci√≥n en gran medida con el paso de los a√Īos, pero podemos enfocar el encuadramiento de dicha unidad en tres clases de combatientes: piqueros, arcabuceros y mosqueteros, aunque antes de la evoluci√≥n que tomaron las armas de fuego, se utilizaban ballesteros y espingarderos junto a los piqueros. Estaban encuadrados en compa√Ī√≠as (unos 250 hombres aprox. cada una), y cada cuatro compa√Ī√≠as se establec√≠a una coronel√≠a (1000 hombres), y tres de √©stas formaban el Tercio, que sol√≠a constar de unos 3000 hombres aproximadamente, aunque a la hora de la verdad las filas estaban siempre bastante mermadas y el n√ļmero real de combatientes distaba mucho de lo que se presupon√≠a

Sargento, arcabucero y piquero
Sargento, arcabucero y piquero de los Tercios durante el reinado del emperador Carlos V.

 

 

Al frente del Tercio estaba un maestre de campo, establecido por nombramiento real, seguido de un sargento mayor que hac√≠a las funciones de primer ayudante y segundo jefe al frente del Tercio correspondiente. Cada coronel√≠a era dirigida por un Coronel, y las compa√Ī√≠as eran dirigidas por los respectivos capitanes, encargados de reclutar a la tropa cuando as√≠ se requer√≠a y responsables de la formaci√≥n de la misma.

Capit√°n de los Tercios de Flandes en la primera mitad del siglo XVII.
Capit√°n de los Tercios de Flandes en la primera mitad del siglo XVII.

Dentro de los Tercios había una figura muy importante: El Alférez, era el lugarteniente del Capitán a quien sustituía cuando éste se hallaba enfermo, herido o ausente. Era responsable de la bandera, que debía portar en los combates y en las revistas.
Adem√°s dentro de cada compa√Ī√≠a hab√≠a una figura, los sargentos, que ayudaban a mantener la disciplina en las filas y velar por que se cumplieran y realizaran adecuadamente las ordenes recibidas por el capit√°n.
Adem√°s en todos los Tercios hab√≠a capellanes, cirujanos, p√≠fanos, tambores, que realizaban las labores propias de su cargo. Especialmente la religi√≥n estaba muy inculcada en los ej√©rcitos espa√Īoles donde la funci√≥n de los capellanes era fundamental para inculcar la fe y la fuerza divina en los bravos guerreros espa√Īoles.

 

Junto a los Tercios en las campa√Īas militares, les segu√≠a un tropel de personas vinculadas a los mismos sin pertenecer a la estructura militar, como familiares, prostitutas, vivanderos...etc, en cierta medida recuerda a todo el s√©quito que segu√≠a a las legiones de Roma en sus campa√Īas y que formaban aut√©nticas ciudades en torno a los campamentos militares.
Evidentemente los mandos intentaban mantener una férrea disciplina en sus hombres para que todo este conglomerado social no se convirtiera en un desmadre.

En los siglos que tratamos no había una uniformidad establecida, sino que cada cual vestía conforme su condición económica y social se lo permitía, sus ropas iban convirtiéndose con las inclemencias del tiempo y las duras condiciones de los combates, en harapos y mas bien en muchas ocasiones como consecuencia de la indebida reposición de vestimenta, tenían mas aspecto de vagabundos que de los soldados de uno de los mas grandes Imperios que el mundo ha conocido.
Para su identificaci√≥n con las armas espa√Īolas, aparte de los estandartes propios de cada unidad, los ej√©rcitos espa√Īoles de la √©poca abanderaban la Cruz de Borgo√Īa ‚Äď seg√ļn los manifiestos se empez√≥ a utilizar por primera vez en la batalla de Pav√≠a en Febrero de 1525-, los componentes de los Tercios sol√≠an llevar un aspa en el pecho o bien lazos o trozos de tela en el cuerpo siempre de color rojo. Contaban con el mejor acero de la √©poca y con la mejor formaci√≥n que los expertos veteranos iban inculcando en los nuevos reclutas que iban sum√°ndose a las filas de los ej√©rcitos espa√Īoles.

 

Cruz Borgo√Īa
Cruz de Borgo√Īa, estandarte que llevaban los Tercios espa√Īoles desde 1525 y que quedar√≠a como ense√Īa para los ej√©rcitos espa√Īoles en las banderas coronelas de los ej√©rcitos.

 

 


 

Bandera del Tercio de ‚Äúmorados viejos‚ÄĚ.
Bandera del Tercio de ‚Äúmorados viejos‚ÄĚ.

 

 


 

Bandera del Tercio de Ambrosio de Spínola.
Bandera del Tercio de Ambrosio de Spínola.

 

Durante la √©poca que tratamos de los Tercios, principalmente durante el siglo XVII, las guerras sol√≠an llevarse acabo estableciendo sitios a plazas principalmente, pero era en campo abierto donde la infanter√≠a espa√Īola marcaba su supremac√≠a absoluta, era una fuerza de choque de amplia autonom√≠a y gran capacidad de maniobra y de potencia de fuego, debido a la acertada combinaci√≥n entre armas blancas y de fuego.

Alejandro Farnesio, uno de los generales mas ilustres con que contaron las armas espa√Īolas, destac√≥ en la campa√Īa de Lepanto (1571) contra los turcos y en el campo militar y diplom√°tico en la lucha contra los rebeldes flamencos en los Pa√≠ses Bajos.
Alejandro Farnesio, uno de los generales mas ilustres con que contaron las armas espa√Īolas, destac√≥ en la campa√Īa de Lepanto (1571) contra los turcos y en el campo militar y diplom√°tico en la lucha contra los rebeldes flamencos en los Pa√≠ses Bajos.


La gran cohesión existente entre cada una de las clases de combatientes que antes se han expuesto hacía que los Tercios se convirtieran en una magnífica máquina de guerra, se establecían formando un cuadro de formación cerrada, llamado escuadrón de picas, en el que los piqueros -con lanzas que superaban los 4 metros de longitud- formaban una barrera infranqueable y tras la cual se refugiaban los mosqueteros y arcabuceros, una vez que hacían fuego sobre el enemigo, éstos estaban apostados en las esquinas del cuadro dando protección al mismo y mezclados entre las líneas de picas.
Los Tercios eran apoyados por artiller√≠a y en algunas ocasiones contaban con peque√Īas unidades de caballer√≠a para proteger sus flancos o perseguir al enemigo una vez eran derrotados.

Estas t√©cnicas innovadoras en el arte militar durante el siglo XVI y magistralmente llevadas acabo por los grandes generales con que cont√≥ la infanter√≠a espa√Īola fueron copiadas por los enemigos del Imperio espa√Īol y perfeccionadas a lo largo del siglo XVII por enemigos tan brillantes como Gustavo Adolfo II de Suecia.

 

 

Un jinete herreruelo de la caballer√≠a espa√Īola dispara a un sargento alem√°n al servicio de Francia durante la Batalla de San Quint√≠n en Agosto de 1557, donde los Tercios lograron una gran victoria sobre el ej√©rcito de Enrique II de Francia.
Un jinete herreruelo de la caballer√≠a espa√Īola dispara a un sargento alem√°n al servicio de Francia durante la Batalla de San Quint√≠n en Agosto de 1557, donde los Tercios lograron una gran victoria sobre el ej√©rcito de Enrique II de Francia.

 

En aquellos tiempos para el Imperio de los Austrias, en que pose√≠an tierras a todo lo ancho y largo del mundo, donde dec√≠an que en sus territorios ‚Äúnunca se pon√≠a el Sol‚ÄĚ, manten√≠a una poderosa flota con la que proteger sus posesiones y rutas con Am√©rica, de la cual proced√≠a principalmente la riqueza que costeaba las guerras en las que estaba Espa√Īa inmersa. Ingleses y holandeses fueron superando poco a poco a la Armada espa√Īola en cuanto al control de los mares e incluso super√°ndola en t√°cticas navales y el adiestramiento de los marineros que ocupaban las embarcaciones, por lo que los galeones espa√Īoles procuraban abordar las naves enemigas, sabi√©ndose de la enorme superioridad en el cuerpo a cuerpo de su infanter√≠a, hasta en la mar eran temidos los infantes espa√Īoles cuando de manejar la espada y el arcabuz se trataba...

 

Mapa
Posesiones del Imperio espa√Īol durante el siglo XVI, sin contar los territorios de la corona portuguesa que recaer√≠a en manos de Felipe II en 1581.

 

Las victorias espa√Īolas de Ceri√Īola (1503), Garellano (1503), Or√°n (1509), Bicocca (1522) Pav√≠a (1525), M√ľhlberg (1547), San Quint√≠n (1557), Gravelinas (1558), Gemmingen (1568), Lepanto (1571), Mock (1574), Maastrich (1579), Amberes (1585), Ostende (1604), Breda (1625), N√∂rdlingen (1634), han pasado a la historia como grandes gestas de nuestros Tercios en los campos de honor, en esos campos llenos de la sangre derramada por aquellos hombres que sin ser ejemplo del momento hist√≥rico que les toco vivir en lo social y humano, si fueron los mejores soldados de su tiempo.

 

las Lanzas
Cuadro de ‚Äúlas lanzas‚ÄĚ del pintor Diego de Vel√°zquez donde se representa el triunfo de las armas espa√Īolas en la rendici√≥n de la plaza de Breda por el magistral general genov√©s al servicio de Espa√Īa, Ambrosio de Sp√≠nola.
Nuestros Tercios combatieron en √Āfrica, Italia, Europa central, a lo largo de todo el Mediterr√°neo e incluso muchos de esos primeros hombres soldado que estuvieron a las ordenes del ‚ÄúGran Capit√°n‚ÄĚ, cruzaron el inmenso mar del Atl√°ntico en busca de fortuna y aventuras hacia el Nuevo Mundo, pero es en tierras flamencas, en tierras de Flandes, donde nuestros afamados Tercios sosten√≠an a sangre y fuego los territorios que los Austrias se negaban a dejar en manos de protestantes y herejes flamencos, donde las guerras de religi√≥n se llevaban hasta las mas terribles consecuencias y donde la sangre y el odio sembraban unas tierras que tardar√≠an en ver la paz, all√≠ es donde se origin√≥ la leyenda de tan bravos soldados.
Fue all√≠, en Flandes, donde nuestros ej√©rcitos lucharon contra todas aquellas potencias que estaban destinadas a relevar en la supremac√≠a mundial a las armas espa√Īolas; franceses, ingleses y holandeses, todos ansiaban desposeer de aquellas tierras de los Pa√≠ses Bajos a la poderosa pero exhausta Espa√Īa, por all√≠ nos desangr√°bamos, all√≠ se fundieron principalmente las riquezas que llegaban de Am√©rica, en las interminables, costosas y sangrantes guerras de Flandes.

All√≠ Espa√Īa se ve√≠a rodeada y amenazada de enemigos por todos lados, en tierra hostil, donde cada vez se hac√≠a mas dif√≠cil establecer rutas para el suministro y abastecimiento de las tropas que all√≠ estaban acantonadas, o bien para los nuevos refuerzos que se solicitaban, de ah√≠ el dicho ‚Äúponer una pica en Flandes‚ÄĚ, dando a entender un hecho que conlleva bastante dificultad para llevarse acabo, en alusi√≥n al grave problema que ocasion√≥ a Espa√Īa durante el siglo XVII la recluta y formaci√≥n de buenos soldados y el poder enviarlos en rutas seguras hasta tierras de los Pa√≠ses Bajos.

La grandeza y efectividad de los Tercios fue decreciendo con el paso del tiempo y con la llegada a la corona espa√Īola de reyes ineptos y despreocupados de las tropas que tantos t√≠tulos, s√ļbditos y tierras les hab√≠an otorgado. Atr√°s quedaron reyes vinculados a sus hombres de armas como fueron el gran Carlos V y su hijo y sucesor Felipe II, que sin tener el carisma de su padre, fue un monarca de buen hacer. Con la llegada al trono de reyes como Felipe III y Felipe IV, despreocupados de los problemas que acuciaban al Imperio y a las tropas espa√Īolas que lo sosten√≠an, establecidas en la interminable y desmoralizante guerra de Flandes, crearon un descuido imperdonable en los ej√©rcitos espa√Īoles, que yac√≠an mal vestidos y alimentados, descuidados, y en las ocasiones en que permanec√≠an ociosos se dedicaban al saqueo y al pillaje, provocando motines, en muchas ocasiones producidos por la falta o retraso en las pagas, la escasez de alimentos y las duras condiciones de vida, conocido es el tremendo castigo y terror que produc√≠a en las poblaciones la llamada ‚Äúfuria espa√Īola‚ÄĚ, como ocurri√≥ por ejemplo en el saqueo de Amberes en 1576.
Este horror y odio que sembraban los soldados espa√Īoles fue en detrimento de Espa√Īa que ve√≠a como la causa protestante en los Pa√≠ses Bajos se hac√≠a cada vez mas enconada y consegu√≠a mas afectos.
Todas estas desavenencias unidas al estancamiento en las t√°cticas militares y el avance que sus enemigos hab√≠an llevado acabo en el campo militar, provocaron la decadencia paulatina de los Tercios espa√Īoles, que fueron dejados a su suerte por unos monarcas despreocupados de sus responsabilidades y que dejaron en manos de validos como en el caso del Duque de Lerma, que bien solo se preocuparon de desangrar a√ļn mas las arcas del Estado para su propio beneficio, y que sin estar capacitado lo mas m√≠nimo para una empresa tan dif√≠cil y necesaria como requer√≠a Espa√Īa, se comport√≥ mas como enemigo de la Naci√≥n que como un soberano del Imperio. En otros casos hubo gobernantes como el Conde-Duque de Olivares que a pesar de tener buenas intenciones en sus actos y de intentar por todos los medios mantener los territorios espa√Īoles, las continuas guerras a las que el Imperio estaba sometido, la quiebra econ√≥mica producida por los enormes gastos de la corona y los continuos levantamientos ya vinieran de fuera o dentro de nuestras fronteras provocaron el descalabro del Imperio espa√Īol en Europa y su supremac√≠a del Continente en detrimento de Francia.

 

Siempre se ha hecho creer que la batalla de Rocroi acontecida en Mayo de 1643, frente a los ej√©rcitos franceses, fue la sepultura de los Tercios espa√Īoles, pero su ocaso fue paulatino y progresivo y no podemos establecerlo de repente en esa fecha fat√≠dica para las armas espa√Īolas y en las que el desenlace de la batalla estuvo muy cerca de ser una victoria para los ej√©rcitos imperiales.

 

Rocroi
La Batalla de Rocroi en Mayo de 1643, supuso una gran derrota de los Tercios espa√Īoles ante el ej√©rcito franc√©s del Duque de Enghien, pero no podemos atribuir esta derrota como ocaso final de los Tercios, sino que su decadencia fue de manera paulatina y progresiva a lo largo del siglo XVII.

 


Atr√°s quedan tiempos de gloria y tiempos de ocaso para nuestros Tercios, que grabaron con el filo de sus picas y espadas y el tronar de sus arcabuces y mosquetes la furia espa√Īola, la bravura de los hombres de Castilla, de Arag√≥n y de tierras vascongadas, esos gritos de: Santiago! y Cierra Espa√Īa! que a√ļn retumban por tierras de Europa, de √Āfrica o Am√©rica donde los infantes espa√Īoles lucharon y quedaron imperecederos ante el paso del tiempo, junto a las antiguas legiones de Roma, como los mejores infantes que los campos de batalla han conocido.


Espa√Īa mi natura,
Italia mi ventura,
Flandes mi sepultura.



Fuentes:

-- Los Tercios en las campa√Īas del Mediterr√°neo s.XVI (Eduardo de Mesa) Almena 2002.
-- El Ejército y la Armada (Manuel Jiménez González) Almena 2003.
-- El Sol de Breda (Arturo Pérez Reverte) Alfaguara 2004.
-- La batalla de San Quintín (Eduardo de Mesa) Almena 2004.
-- Rocroi 1643 (Mario Díaz Gavier) Almena 2006.
-- Breda 1625 (Mario Díaz Gavier) Almena 2007.
-- http://es.geocities.com/capitancontreras/


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