¬ęDISCURSO BREVE SOBRE LA BATALLA DE LOS GELVES¬Ľ Por el soldado Mart√≠n de la Vega. PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Hector J. Castro   
Miércoles, 15 de Marzo de 2017 11:27

La ilustraci√≥n procede de "Especial Los Tercios (III). Norte de √Āfrica de Desperta Ferro Ediciones", y el autor es Pablo Outeiral.

Especial Tercios de DF: https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/desperta-ferro-especial-v-los-tercios-en-el-siglo-xvi/Blog del Ilustrador: http://pabloouteiralilustrador.blogspot.com.es/

 

Martín de la Vega, al igual que el capitán Alonso de Contreras, Bernardino de Mendoza, Alonso Vázquez, o el más famoso Miguel de Cervantes, fue un soldado que, tras licenciarse del ejército, supo dedicarle tiempo a la pluma.


Sus escritos nunca fueron publicados. Tampoco su obra es extensa: tan sólo existen algunos versos dedicados a las mujeres que pasaron por su vida y alguna breve relación autobiográfica.


Por suerte, aquí se conserva este texto en el que narra su participación en la aciaga jornada de los Gelves, y cómo sobrevivió a aquel infierno gracias a la ayuda de un soldado de origen portugués llamado Afonso Duarte.


√Čste es el momento que da comienzo a la s√≥lida amistad que posteriormente ambos mantienen en la trilog√≠a del Siglo de Acero.

* * *

¬ęDISCURSO BREVE SOBRE LA BATALLA DE LOS GELVES¬Ľ
Por el soldado Martín de la Vega.

 

 

"En el a√Īo 59 del siglo, cuando ocurren los hechos que narro, yo apenas contaba dieciocho a√Īos, y, tras cuatro al servicio de las tropas de Su Majestad el rey Felipe II, al fin hab√≠a conseguido mi tan deseada plaza de soldado.


Cuando se firmó la paz con los franceses volví a Nápoles. En aquellos días, el Gran Maestre de la orden de Malta estaba tratando de convencer al rey D. Felipe de que era buen momento para retomar Trípoli, región costera que había caído en manos del corsario Dragut.


El Duque de Medinaceli, virrey de Sicilia y Grande de Espa√Īa por linaje, pero hombre poco ducho en el arte de la guerra, secund√≥ la idea y se propuso a s√≠ mismo para dirigir la campa√Īa, con lo que el rey finalmente accedi√≥, bendecido tambi√©n por el papa, pues todo aquello interesaba a la cristiandad.


En septiembre de ese a√Īo comenz√≥ el alistamiento y la juntanza de nav√≠os, lo que dur√≥ hasta noviembre. Yo part√≠ de N√°poles con mi compa√Ī√≠a, que era la capitaneada por Ricardo Villalobos, al bordo de la galera de don Stefano de Mari, y nos detuvimos siete d√≠as en Siracusa. Al octavo d√≠a, los capitanes nos reunieron en torno a las banderas.


Muchas hogueras ard√≠an al amanecer en el arenal. Hac√≠a bastante fr√≠o en la playa donde se pas√≥ la √ļltima revista. El paisaje resultaba muy colorido: los papales y los florentinos enarbolaban sus propios estandartes. Llevaban sobrevestas en las que se ve√≠an blasones bordados con las llaves cruzadas de San Pedro, borgo√Īotas ricamente cinceladas, arneses damasquinados, muchas plumas y acuchillados, gran variedad de alabardas, arcabuces, morriones‚Ķ Yo no hab√≠a visto aparato tan grande desde el d√≠a de San Quint√≠n.


Finalmente salimos de Siracusa a finales de noviembre, con mal tiempo para navegar. Los soldados viejos se persignaban y clamaban mal augurio para la empresa, pues se preparó con tal lentitud que no quedaba mahometano en el mundo que no estuviera ya sobre aviso del ataque.


√ćbamos 9 galeras de la escuadra de N√°poles, m√°s 10 galeras de Sicilia, 4 de Florencia, 4 del Papa y otras 4 de la Orden de Malta, cuajadas las cubiertas con los mantos rojos en los que revoloteaban las cruces blancas de los caballeros de San Juan de Jerusal√©n.


Pusimos pie a tierra en el fondeadero del Palo, situado entre Tr√≠poli y los Gelves, que era el punto de reuni√≥n. Mi compa√Ī√≠a baj√≥ de las primeras, con todos los capitanes y sargentos, y una docena de arcabuceros y otra de piqueros. Luego los esquifes fueron trayendo al resto de la gente. Al llegar a la arena las banderas y los v√≠veres, formamos escuadr√≥n para protegerlos. A√ļn no hab√≠amos empezado la jornada y mi calabaza de agua ya estaba mediada. La comida era mala y escasa, el descanso m√°s escaso a√ļn, y la tensi√≥n mucha pues ten√≠amos el mar a la espalda y enfrente miles de enemigos.


Próximas al Seco del Palo estaban acampadas las tribus Mahamidas, enemigas de los turcos. Muchos vinieron a recibirnos con regalos y nos pusieron en conocimiento de que Dragut estaba en Trípoli con sus huestes. Decían que no contaba Trípoli con más de 500 turcos de guarnición, y que los alarbes nativos de allí estaban tan descontentos y oprimidos por aquéllos, que se pondrían de parte de los cristianos.


Se estableció entonces la isla de Gelves como base para afianzar la conquista, y allí nos instalamos el 14 de febrero. Comenzamos al punto con la construcción de un fuerte, utilizando para ello las ruinas de un antiguo torreón levantado por los catalanes. Consistía el trazado que se hizo de las obras en cuatro grandes baluartes que, con fosos, bastiones y cortinas, serviría de buena defensa en el caso de recibir el ataque de una fuerza numerosa.


La mayor dificultad que teníamos era que mucha gente se hallaba enferma por culpa de la mala comida, lo que cada día provocaba numerosas muertes; en suma estábase agotando la reserva de agua dulce, por lo que fue forzoso meternos tierra adentro.


El 8 de Marzo, formado el ej√©rcito en tres cuerpos, llevando la vanguardia el Comendador de Malta con sus caballeros, las compa√Ī√≠as alemanas y francesas; el centro, Andrea Gonzaga con las italianas, y, la retaguardia, D. Luis Osorio con las espa√Īolas, emprendi√≥ la marcha hacia los pozos, distantes ocho nueve millas de camino llano espacioso.


Los moros Mahamidas nos traicionaron. Habían cegado los pozos, a excepción de uno, para obligar al ejército cristiano a ir hasta él. Este pozo estaba en un lugar apto para realizar una emboscada, pues el camino discurría entre varios riscos, los cuales ocultaban grutas en las que se podía apostar tropa disimuladamente.


En efecto, all√≠ se descubrieron mil turcos y moros montaraces, m√°s de la mitad de ellos de a caballo, luciendo turbantes, cotas de malla y adargas blancas. 


Los mahometanos de a caballo son en extremo diestros, ya sea peleando a la jineta como arrojando venablos. Su orden es, precisamente, acometer desordenados, por lo que no se les puede romper. Atacan por todas partes y siempre diversas veces. Aquella tarde carg√≥ la caballer√≠a enemiga tres veces, hasta el crep√ļsculo, dejando por su parte trescientos muertos, y unos cien por la nuestra, contando tambi√©n los estropeados.


Los sargentos nos ordenaron mantenernos siempre en formación de corona, es decir, en círculo, para evitar ser flanqueados. Teníamos que procurar alternarnos al disparar, no dejando nunca de hacerlo, pues si disparábamos todos a la vez, en el tiempo de la recarga los mahometanos se nos echarían encima y estaríamos perdidos.


No mostraban piedad alguna con nosotros. Cortaban la cabeza de cuanto cristiano ca√≠a en sus manos y la agitaban en el aire mientras voceaban extra√Īos c√°nticos, mostr√°ndonoslas para hundir nuestro √°nimo.


Hambrientos y agotados, nos alojamos en campo atrincherado, aprovechando las ruinas de un viejo castillejo árabe. Durante la segunda noche, en la cual ninguno dormimos, llegó un mensajero con malas noticias: una gran armada turca de 80 velas, al mando de Pialé Bajá, estaba de camino con el objetivo de destruir la armada cristiana. Los miembros de la plana mayor realizaron consejo y, temerosos de que los otomanos destruyesen los barcos y todos quedásemos allí perdidos sin remedio, se optó por volver al fuerte de Gelves para organizar una defensa.


Durante un día entero marchamos sin descanso y en buen orden, acosados siempre por la caballería enemiga que nos daba cabalgadas en busca de rezagados. Muchos cristianos murieron por el camino o fueron apresados; nuestro ejercito avanzaba penosamente, dejando un rastro de sangre cristiana en la arena.


Hacia la tarde del segundo d√≠a, terminadas pr√°cticamente las raciones, el agua y la munici√≥n, llegamos al fuerte que estaba al cargo de Don √Ālvaro de Sande.


All√≠ descansamos unas horas y se volvi√≥ a hacer consejo. 


El bravo Sancho de Leyva dec√≠a de luchar todo lo necesario hasta la muerte; que un espa√Īol antes pierde la vida que la honra. Por otra parte, el temeroso Andrea Doria opinaba que era mejor salir cuanto antes de los bajos, ahora que hab√≠a viento sur, e iniciar la evacuaci√≥n antes de que la escuadra otomana cayese sobre los cristianos. 


‚ÄĒNo tendremos posibilidad si se entablaba combate ‚ÄĒdec√≠a‚ÄĒ: los nuestros est√°n fatigados y enfermos, mientras que los turcos vienen frescos y fuertes, adem√°s de ser m√°s numerosos.


El Duque caviló durante dos horas y finalmente decidió:
‚ÄĒVale m√°s una buena escapada, que un combate en que evidentemente se perder√≠a todo.


Así accedió a la evacuación; pero ordenó, ignorando las quejas de Doria, que no se abandonase a los soldados, y se asegurara salvar a los máximos posibles.


Don √Ālvaro de Sande decidi√≥ quedarse a defender el fuerte con 2000 hombres, mientras que el resto avanzar√≠a en orden de batalla hacia las embarcaciones, para asegurar que los generales y la gente principal pudiesen huir a Malta si fuese menester.
Empezaba a clarear el cuarto d√≠a cuando, a unas tres millas a sotavento, mostr√≥ la luz primera las galeras turcas muy unidas. Ven√≠an numerosos nav√≠os, cargados con miles de hombres sedientos de sangre cristiana. Por tierra tambi√©n apareci√≥ Dragut con otros miles de turcos y moros montaraces, dispuesto a cogernos entre dos frentes mientras la tropa a√ļn estaba subiendo a los esquifes para ser evacuada.


La playa se convirti√≥ entonces en un enorme campo de batalla. Llegaron las galeras turcas tocando canciones de guerra. Entre horribles clamores, los jen√≠zaros del Gran Turco se lanzaron al asalto, y las aguas de la orilla comenzaron a te√Īirse de rojo. La evacuaci√≥n se convirti√≥ entonces en un caos y un s√°lvese quien pueda.


Mi capitán Ricardo Villalobos conservó la cabeza fría y nos hizo formar en cuadro en la playa, para así avanzar lentos pero seguros y no acabar descompuestos y corriendo como conejos.


Nos ven√≠a encima una avalancha inagotable de enemigos. Parec√≠a que el sult√°n nos hab√≠a echado encima a la morer√≠a entera. Yo todav√≠a no era experto con mi arma, por lo que mi arcabuz se calent√≥ tanto de usarlo sin pausa que el ca√Īo se resquebraj√≥. Saqu√© la espada, con la que puedo asegurar que siempre fui diestro, y me defend√≠ lo mejor que pude contra las cimitarras sarracenas.


Entre carga y carga, los turcos nos arrojaban encima una lluvia de flechas. Sent√≠ en el muslo el mordisco de una de esas saetas afiladas, y musit√© un patern√≥ster pidi√©ndole a Dios que no estuviera emponzo√Īada, o aqu√©l ser√≠a mi fin.


Ya est√°bamos cerca de los barcos. El agua de la orilla, que tra√≠a espuma roja tinta en sangre, nos ba√Īaba las botas.


Vi caer a muchos camaradas a mi alrededor. Hab√≠a tanto rebumbio de gritos, tiros y ca√Īonazos que aquello parec√≠a el fin del mundo. Entonces un turco negro y feo como un demonio se me ech√≥ encima. Me tir√≥ al suelo como si yo fuese un mu√Īeco en sus manos, y realmente lo era, pues √©l deb√≠a de pesar el doble que yo. Me agarr√≥ del cuello y me intent√≥ ahogar. Yo palp√© mis ropas en busca de mi estilete, consegu√≠ agarrarlo y se lo clav√© al turco en la ingle. Dio el verraco un alarido monstruoso, y, antes de vaciarse desangrado, me larg√≥ un tajo de un palmo en la espalda con su cimitarra.


Me derrumb√© casi sin sentido, doli√©ndome todo el cuerpo. El sonido de las olas me bat√≠a en los t√≠mpanos y la cabeza me daba vueltas. A punto estaba de dejarme ir, cuando escuch√© una voz con un extra√Īo acento, como el de los gallegos y portugueses de por ah√≠ arriba, que dec√≠a: ¬ę¬°√Čste est√° vivo! ¬°√Čste est√° vivo!¬Ľ.


Una mano fuerte me sujetó del talabarte y me levantó. Abrí los ojos, entonces pude ver a un soldado corpulento, al cual reconocí como uno de los que habían estado luchando junto a mí en el arenal, que me llevaba hasta la galera más cercana. No pude articular palabra; pero reuní todas las pocas fuerzas que me quedaban para dar unos cuantos pasos. Un par de turcos trataron de detenernos, pero el soldado portugués repartió dos mandoblazos, uno para cada turco, que los dejó muertos, flotando en el agua con las ropas hinchadas.


Milagrosamente conseguimos alcanzar la galera; all√≠ otros soldados nos ayudaron a subir. La cubierta estaba encharcada con toda la sangre de los heridos que hab√≠a amontonados. Por suerte, aquella galera contaba con cirujanos, pues era una de las que hab√≠an aparejado como hospital de campa√Īa.


A nuestro alrededor, las naves otomanas segu√≠an con su pertinaz ataque. Nos pusimos en marcha, y Flaminio Orsini, general del papa, combati√≥ muy bizarramente contra tres naves enemigas, abri√©ndonos el paso. A partir de aqu√≠ una nube negra ocup√≥ mi mente, y ya no recuerdo nada hasta la ma√Īana siguiente, cuando me despert√© en estado febril.


Sé que me desperté exclamando:
‚ÄĒ¬°Agua! ¬°Me muero! ¬°Dadme agua!


Notaba que me abrasaba por dentro. Me hab√≠an limpiado las heridas con vinagre y cosido la cuchillada, que era superficial pero aparatosa. El soldado portugu√©s estaba a mi lado, rasc√°ndose la barba mientras me miraba con unos ojos bondadosos que poco coincid√≠an con lo bravo de su aspecto. Me dio agua y yo le agradec√≠ el haberme salvado. Le pregunt√© su nombre, y √©l me dijo que se llamaba Afonso Duarte de Amor√≠n, y que era natural de Mourenzo. Me explic√≥ entonces que la batalla hab√≠a sido un desastre; que m√°s de 8000 cristianos quedaron para siempre en la isla de Gelves, y que Pial√© Baj√° consigui√≥ capturar muchas naves; incluso hundiendo la nao capitana llamada la Imperial. Pero gracias al Cielo, muchos conseguimos salvar la vida; y pese a que la noticia de la derrota reson√≥ desde Constantinopla hasta las columnas de H√©rcules, los espa√Īoles no cesamos de luchar contra los enemigos de la cristiandad en el Mediterr√°neo, empe√Īando hasta la √ļltima gota de nuestra sangre, sin temer el enorme trabajo que supon√≠a guerrear en aquellas costas ardientes."

 

Podéis comentar el texto en este hilo del foro:

http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=45&t=23970

 

Podéis saber más del autor en este hilo:

http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=17&t=23847&p=861454&hilit=peones+damas#p861454

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