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Introducción 

 

El fusil de infantería modelo 1777, es el resultado de todas las modificaciones realizadas en dicho fusil desde 1717. Si el fusil puede considerarse como llegado a su versión definitiva cuando estalla la Revolución, se seguirá utilizando durante el largo periodo de las guerras de la Revolución y del Primer Imperio. Básicamente, el fusil de infantería de 1777, al que se suele considerar como el apogeo del sistema en Francia, es un fusil de pedernal de un solo disparo -- como todas las armas de la época -- que se carga por la boca. Experimentará ligeras modificaciones en 1801 y a partir de entonces se le llamará “Fusil año IX” o “Fusil 1777 corregido año IX” *. 

 

*[ Recordemos aquí que el año IX del calendario republicano o revolucionario empezó el 23 de septiembre de 1800 y terminó el 22 de septiembre de 1801. ] 

 

Un concepto “revolucionario” 

 

La concepción del fusil de 1777 es de lo más clásica pero la diferencia con lo existente anteriormente reside en los controles rigurosísimos que se ejercen durante el curso de su fabricación y en que, por primera vez, se puede hablar de estandarización, técnica que Gribeauval aplicará también a la artillería. 

 

La nueva arma aparece por primera vez bajo la severa dirección de Jean-Baptiste Vaquette de Gribeauval (1715-1789), inspector general de artillería y reformador del arma, poco antes de que Francia entrara en guerra al lado de los Insurgentes americanos. Durante los años de 1760, Gribeauval aplica la normalización a la artillería real siendo el inventor de lo que llamará la “estrella móvil”, una herramienta que permite medir con exactitud las dimensiones interiores de un cañón. Deseando ampliar la normalización a las armas de la infantería, primero como inspector y después como teniente general realiza con la ayuda del inspector Honoré Blanc (1736-1801), un nuevo modelo de fusil en 1777. La idea que anima a los dos hombres es facilitar las reparaciones, lo que supone un arma estandarizada, de piezas idénticas en dos fusiles de un mismo modelo. Las ventajas son evidentes : posibilidad de arreglar un arma con piezas de otra irrecuperable y, por consecuencia, ahorro al no tener que fabricar piezas nuevas para sólo arreglar un arma que sigue siendo válida. Con vistas a una recuperación intensiva después de las batallas, el Ministerio de la Guerra dará primas para cualquier material que se lleva al parque de artillería. El baremo es publicado el 20 de octubre de 1805 : 100 francos por un caballo (¡ imaginar lo que representa esta cantidad para un fusilero que cobra 35 céntimos diarios !), 1 francos por un fusil con su bayoneta en buen estado, 50 céntimos por un fusil roto, 15 céntimos por una platina en buen estado, 10 céntimos por una bayoneta en buen estado … 

 

Las dimensiones de cada una de las piezas de un mismo fusil se fijan por el reglamento del 26 de febrero de 1777. Con herramientas concebidas especialmente a este efecto, los inspectores de las manufacturas tienen la posibilidad de comprobar la uniformidad de las piezas realizadas sin que puedan intervenir en el proceso de fabricación interpretaciones locales o personales*. Gracias a estas medidas el fusil de 1777 es un arma fiable, de buena tecnicidad y robusta, cualidades que debe a una realización fuera de norma para la época. 

 

*[ Es de recordar que el sistema métrico no se aplicará oficialmente en Francia hasta el 4 de noviembre de 1800 y que hasta aquella fecha se utilizaban pies, toesas, líneas, etc. cuyo largo podía variar de una región a otra. ] 

 

Estas exigencias tienen un precio : el de un fusil oscila entre 25 y 34 francos según la manufactura. Como punto de comparación : un coronel cobraba por aquel entonces unos 14 francos diarios, un teniente 3,50 francos, un sargento 72 céntimos, un fusilero 35 céntimos. 

 

Las manufacturas 

 

El fusil de 1777 se fabrica en “manufacturas” pero aun considerando los progresos introducidos por Gribeauval y Honoré Blanc, no se puede hablar en rigor de producción industrial de esta arma : hasta los años de 1850 la fabricación de las armas militares es esencialmente manual y las manufacturas son más conjuntos de talleres dispersos por una zona determinada que una fábrica en el sentido que damos hoy a la palabra. El primer fusil realmente industrial será el modelo Chassepot de 1866 y la verdadera estandarización de las piezas no intervendrá hasta 1886 con el modelo Lebel.

 

Las principales manufacturas de la época imperial son : 

 

-- La Manufactura Imperial de Saint-Etienne

-- La Manufactura Imperial de Tulle

-- La Manufactura Imperial de Charleville

-- La Manufactura Imperial de Maubeuge

-- La Manufactura Imperial de Mutzig

-- La Manufactura Imperial de Roanne

-- La Manufactura Imperial de Versalles

-- La Manufactura de Culemborg

-- La Manufactura de Lieja

-- La Manufactura de Turín 

 

Los modelos 

 

El fusil de 1777 no es un modelo único sino la base de un sistema que abarca diferentes versiones según se destina el arma a oficiales, dragones, artilleros, tropas a caballo o de marina. El sistema ofrece la gama completa en 1786. 

 

Con las modificaciones del año IX, encontramos las variantes siguientes: 

 

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Las características
 

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[www.littlegun.info]
 

 En este artículo nos limitaremos al modelo que usaba la infantería. 

 

La característica principal de este fusil del que se fabricarán casi 2 millones de ejemplares es ante todo una gran resistencia, sobre todo en lo que respecta al cañón que podía llegar a disparar 25.000 veces sin sufrir daños mayores. Antes se gastaba por el estropajo usado para limpiarlo que por los disparos. 

 

El fusil tiene un largo total de 1,52 m y pesa 4,750 kg. El cañón que mide 1,137 m es de ánima lisa. Como todos los fusiles de reglamento franceses del siglo XVIII, el calibre es de 17,5 mm. Desprovisto de alza, tiene a lo sumo un simple guion de cobre en la abrazadera. 

 

Se completa con una baqueta que sirve esencialmente para cargar el arma (no se usará como instrumento de castigo en lo que se llamaba “paseo por las baquetas”) y una bayoneta de cubo de un largo total de 0,406 m siendo el largo de la hoja propiamente dicho de 0,38 m. Con la bayoneta, el fusil pesa 5,079 kg y alcanza un largo total de 1,92 m, lo que permite que, después de disparar, el soldado pueda oponer una resistencia suficiente frente a la caballería enemiga gracias a la célebre formación en cuadros.

 

La llave se compone de varios elementos entre los que aparecen la cazoleta, el ojo, el gatillo y la llave de chispa. Este mecanismo es muy sensible a la humedad, de allí la necesidad den envolverlo en un trapo, a ser posible graso, cuando llueve. Respecto al cañón muy sensible también, cuando llueve se clava la bayoneta en el suelo con la culata hacia arriba para que no entre el agua. 

 

La cazoleta es de cobre, más resistente a la oxidación que el hierro. Inclinada hacia delante, permite al soldado poner la pólvora que servirá de mecha más rápidamente y sin tener que mantener el arma en posición horizontal. 

 

El ojo comunica la pólvora depositada en la cazoleta con la carga contenida en el cañón. Tiene el inconveniente de atascarse rápidamente por el hollín producido por la combustión de una pólvora poco refinada. 

 

La chispa que enciende la carga de pólvora de la cazoleta se produce mediante una llave de sílex moreno o rubio (más frágil). Se cambia una buena piedra cada 50 disparos. Para mantener firmemente el pedernal en la llave de chispa se le rodea con una fina hoja de plomo ya que el trapo o el papel que usan los soldados descuidados puede contener chispas a partir del primer disparo y que, aparte de quemar los dedos del imprudente, pueden encender la carga de pólvora cuando se ceba el arma para el disparo siguiente quemándole la mano. A veces el soldado la realiza él mismo a partir de una bala que aplasta con la culata del fusil pero esta “artesanía” está muy mal vista por las autoridades porque esta práctica puede deteriorar la culata. 

 

Un soldado entrenado puede disparar hasta cuatro veces por minuto pero la cadencia puede bajar a dos si, por ejemplo, se aplica la carga en 12 tiempos y 18 movimientos (ver más lejos) o si le falta experiencia al soldado. 

 

El alcance práctico es de 250 m, el útil de 300 m. La penetración en tablas de pino es de 5,7 cm a 157 m y 4,6 cm a 250 m. El problema mayor es el de los fallos que alcanzan un promedio de un disparo de cada quince por tiempo seco. 

 

La concepción general permite disparar con los soldados dispuestos sobre tres rangos, teniendo en cuenta que dicha disposición supone soldados entrenados ya que en el caso contrario se producen bastantes heridas. En 1813, época en que empieza a notarse la falta de veteranos, estas heridas provocan un conflicto entre el mariscal Soult que ve en ellas heridas que se hacen voluntariamente los soldados para retirarse de las filas y Larrey, cirujano jefe de la Guardia Imperial, que conseguirá demostrar que dichas heridas se debían esencialmente a la inexperiencia de los quintos; Napoleón adoptará la visión de Larrey pero a partir de entonces Soult odiará para siempre a Larrey. 

 

La precisión

 

El uso de balas esféricas da lugar a desviaciones considerables de 1 m por 100 m. Esta falta de precisión no se debe solamente a la forma de la bala sino también a diferencias de peso de la carga de pólvora, al retroceso y al humo que, después de cada disparo, tapa la visión del soldado. Con un fusil de pedernal, la cadencia de tiro se reduce a partir del momento en que el cañón empieza a ensuciarse … y la precisión también ya que el hollín frena la bala. La táctica usual para limpiarlo es … orinar en el tubo. La lluvia y la humedad también entran en cuenta puesto que deterioran las municiones, los pedernales y oxidan las partes metálicas de los fusiles. La eficacia máxima se alcanza con los fuegos de salva en que dispara simultáneamente una línea completa de soldados, sobre todo si tiene en cuenta que el enemigo avanza en línea compacta, codo contra codo, y que la bala, si se desvía de un metro a la derecha o a la izquierda, siempre encontrará un blanco. 

 

El cartucho 

 

El cartucho es en realidad un estuche de papel de forma trapezoidal de 14,4 cm x 11,5 x 5,8 que, una vez debidamente doblado, contiene una bala de plomo de 24,45 gr (una onza como máximo) y una carga de 12,24 gr (media onza) de pólvora. Para cargar el arma, el soldado tiene que abrir el cartucho con los dientes por la parte opuesta a la donde se encuentra la bala (La ausencia de dientes incisivos es motivo de exención), verter una pequeña parte de la pólvora en la cazoleta donde la chispa del sílex la encenderá e introducir la cantidad sobrante en el cañón, dejando entonces caer la bala y por fin empujar con la baqueta el papel hecho una bola evitando así que la bala caiga si se inclina el fusil. 

 

En caso de fallo, se emplea el sacatrapos, espiral de hierro a modo de sacacorchos que se atornilla en el extremo de la baqueta y sirve para sacar los tacos o las balas del ánima del cañón.  

 

Se fabrican en talleres de 10 hombres que llegan a producir de 8.000 a 10.000 cartuchos por jornada de 10 horas. 

 

El soldado lleva consigo 50 cartuchos en total (35 en la cartuchera y 20 en la mochila) pero con las reservas que vienen en furgones cada hombre dispone teóricamente de 110 cartuchos. Nunca le faltarán municiones a la infantería durante todas las campañas del Imperio. 

 

Así se presentaban las municiones sueltas y empaquetadas

 

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Para quienes quieran realizar sus propios cartuchos, la web littlegun.info da un paso a paso muy interesante

http://www.littlegun.info/arme%20francaise/collection%20fusils/a%20a%20collection%20fusils%20tir%20fr.htm

 La bala

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La bala de plomo es esférica, de un diámetro de 16,54 mm y un peso de 24,45 gr. Sale del cañón con una velocidad inicial de 420 m/s. La diferencia entre el calibre del fusil (17,5 mm) y el de la bala corresponde a un espacio llamado “viento” ; es un margen de seguridad para tener en cuenta eventuales variaciones en los diámetros de las balas pero sobre todo por el hollín que aparece en el ánima por la combustión de la pólvora y que acaba reduciendo el calibre del fusil. Disparada contra tablas de pino a 157 m penetra de 5,7 cm y de 4,6 cm a 250 m. 

 

La pólvora 

 

La pólvora es una mezcla de salitre (3/4 de la mezcla), de carbón de leña (1/8 de la mezcla) y azufre (1/8 de la mezcla) no exenta de impurezas que acaba ensuciando el arma por el humo que produce. Es la misma para todas las armas de fuego, incluso para la artillería. Otro uso menos esperado : en caso de penuria de sal se utilizaba para sazonar los alimentos. 

 

La cartuchera 

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La cartuchera, un bloque de madera protegido por un estuche de badana, se lleva colgada de una bandolera que cruza el pecho desde el hombro izquierdo hasta el muslo derecho. El interior lo constituye un bloque de madera con huecos para 2 paquetes de 15 cartuchos con la bala hacia arriba más 5 cartuchos sueltos colocados en sendos agujeros y las herramientas necesarias para el mantenimiento del arma : un botellín de hojalata con aceite en un sexto agujero, un trapo graso, una aguja para limpiar el oído del fusil, pedernales de recambio ya que, como queda dicho anteriormente, un pedernal servía para unos cincuenta disparos y un pedernal … de madera para el ejercicio. Por cierto, la cartuchera es el objeto de muchos cuidados ya que tiene que ser impermeable ; en que la engrasa bien o mal puede ir la vida del soldado : unos cartuchos húmedos o un pedernal mojado inutilizan el arma. 

 

El mantenimiento 

 

No disponiendo el soldado de las herramientas adaptadas, no se le permite desmontar su arma. El mantenimiento corriente se limita a limpiar : el cañón con la baqueta de limpieza, el orificio del oído con la aguja, la llave de chispa y la cazoleta de los residuos de pólvora. 

 

Después de 50 a 60 disparos es preciso lavar el cañón. La operación se realiza llenando el mismo con agua y paseando un trapo en el tubo con la baqueta de limpiar ; a continuación se pasa un trapo muy seco y para terminar otro con aceite.

 

Solamente el armero de la compañía o del regimiento puede desmontar completamente el arma, operación larga y delicada, puesto que es el único que dispone de la totalidad de las herramientas necesarias y de la técnica imprescindible para llevar la operación a buen fin. 

 

Sin entrar en detalles, desmontar la llave supone dos fases. La primera consiste en separar la llave del arma y exige 12 operaciones distintas. Durante la segunda frase se separan las diferentes piezas de la llave, lo que implica 10 operaciones distintas. Después viene lo más difícil : volver a montar el arma, colocado cada pieza en el lugar adecuado. Por fin viene la prueba con varios disparos para cerciorarse que todo está en orden. 

 

Cargar el arma

 

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Cargar el arma es todo un ceremonial (en las líneas que siguen “atacar” tiene el sentido de “apretar el taco” o sea, la bola de papel que viene por encima de la bala, no el de atacar al enemigo). Existen dos tipos de carga cuando el tiro es organizado : 

 

La carga en 12 tiempos y 18 movimientos 

 

Según el "Règlement concernant l’exercice et les manoeuvres de l’infanterie" del 18 de Agosto de 1791, así se desarrollaba la “Carga en 12 tiempos y 18 movimientos” :

 

Antes de disparar, el oficial ordena : “Carga en 12 tiempos” antes de dar las órdenes siguientes: 

 

1 – Carguen (las armas): 1 tiempo, 2 movimientos

2 – Abran (la cazoleta): 1 tiempo, 1 movimiento

3 – Cojan (el cartucho): 1 tiempo, 1 movimiento

4 – Rasguen (el cartucho): 1 tiempo, 1 movimiento

5 – Ceben: 1 tiempo, 1 movimiento

6 – Cierren (la cazoleta): 1 tiempo, 1 movimiento

7 – Arma (a la izquierda): 1 tiempo, 2 movimientos

8 – Cartucho (en el cañón): 1 tiempo, 1 movimiento

9 – Saquen (la baqueta): 1 tiempo, 2 movimientos

10 – Atacar: 1 tiempo, 1 movimiento

11 – Volver a colocar (la baqueta): 1 tiempo, 2 movimientos

12 – Levanten (las armas): 1 tiempo, 3 movimientos

 

El arma está cargada. El oficial ordena a continuación “Apresten (las armas)”. Los tres rangos toman la posición reglamentaria; el oficial ordena entonces “Fuego” (el primer tiempo es un tiempo de mando, el segundo el de la ejecución de la orden). 

 

La carga precipitada

 

Cuando es preciso hacer fuego rápidamente durante el combate, los oficiales ordenan la “carga precipitada” que se divide en 4 tiempos principales: 

 

1 – Cargar (las armas), abrir (la cazoleta), coger (el cartucho), rasgar (el cartucho), cebar

2 – Cerrar (la cazoleta), arma (a la izquierda), cartucho (en el cañón)

3 – Sacar (la baqueta), atacar en 2 golpes

4 – Volver a colocar (la baqueta), levantar (las armas)

 A voluntad 

 

En plena batalla, cada soldado dispara sin esperar órdenes. Lo esencial es mantener la posición.

 Apuntar 

 

Siendo la carga de pólvora muy fuerte, basta pues, para distancias inferiores a los 120 m, con apuntar directamente al enemigo al nivel del cinturón para tener la posibilidad de alcanzarlo. Más allá, a unos como 200 m, la bala cae muy rápidamente el suelo. Con el ángulo de tiro máximo (aproximativamente 45 grados), la bala puede, por simple gravedad, herir ligeramente a un hombre a una distancia de 975 m … ¡ según el manual ! Está establecido que, en condiciones normales de combate, el tiro es realmente eficaz a 40 m. 

 

De manera empírica, con un blanco a 150 pasos (unos 100 m) se apunta al pecho; a 210 pasos (unos 136 m) a los hombros ; a 270 pasos (unos 175 m) a la cabeza ; a 300 pasos (unos 195 m) al tocado ; entre 600 y 800 pasos (390 a 520 m), el alcance es totalmente incierto y hay que apuntar 3 pies (1 m) encima del blanco para esperar alcanzarlo. Estas indicaciones se entienden para alcanzar al contrario en el pecho. 

 

Se cuenta la anécdota de un oficial que había ordenado disparar al enemigo que avanzaba cuando estuviera a 40 pasos. El enemigo llega a la distancia indicada y los soldados no disparan. El oficial vuelve a ordenar el fuego y uno de los granaderos le dice “Bah, todavía tendremos tiempo para disparar cuando les veamos el blanco de los ojos, y más seguro”. Se puede suponer que esta sangre fría sería la de veteranos que no se dejarían impresionar fácilmente. 

 

El fuego 

 

No faltan expresiones que se refieren al fuego. Todos conocemos “hacer fuego” o “ir al fuego”. Pero otras se refieren típicamente a la manera de disparar y por eso aparecen aquí. 

 

“Hacer fuegos” (notar el plural) significa realizar regular y conjuntamente varias maneras de disparar.

 

Prácticamente, en los fuegos de filas o de dos rangos, los hombres están de pie. 

 

El “fuego de batalla” es la acción en que cada rango dispara a su vez y produce así un fuego graneado y nutrido. 

 

En los fuegos de rangos, el primero y el segundo rango disparan al mismo tiempo la primera vez y después a voluntad; el tercer rango tiene por única misión cargar las armas de los dos primeros ; si no dispara es por el peligro que representaría para los soldados del primer rango que podrían ser heridos por los del tercero. 

 

En los fuegos de filas, el fuego empieza por la derecha de cada pelotón. La segunda fila espera para disparar que la primera esté cargando el arma. A continuación se dispara a voluntad. 

 

En los fuegos de unidades menos numerosas (pelotón, batallón o regimiento), los tres rangos disparan simultáneamente, el primer rango con una rodilla en tierra, los dos otros de pie. 

 

El veterano se reconoce a su aptitud a cargar con cuidado, cebar con atención, atacar sin olvidar de sacar la baqueta, echar el arma al hombro y disparar a la altura del cinturón del contrario, rápidamente pero sin precipitación, conservando la calma y la sangre fría. 

 

El argot 

 

Como era de esperar, el fusil no escapa del argot militar. Es “el repelente”, el “berlingot”, el “clarinete de 5 pies” (un pie equivalía a 32,5 cm). 

 

El ataque con bayoneta se convierte en “almuerzo con tenedor”. En cuanto a los que huyen durante el combate, se exponen a que les “laven el pelo con plomo” o sea, acaben al pie del paredón. 

 

En conclusión 

 

Históricamente el fusil de 1777 bate los records de duración. Empezó como dotación de las tropas del Antiguo Régimen, sirvió bajo la Revolución, el Consulado, el Imperio, sin que cambiara fundamentalmente su concepción y llegó hasta la Monarquía de Julio (1830-1848). Las transformaciones más importantes se realizarán durante los años 1840 y 1850 con la sustitución del sistema de pedernal por el de percusión y la aparición de las rayas en el cañón aumentando así la precisión y el alcance. Así transformada el arma de base de 1777, algunos ejemplares servirán hasta la guerra franco-prusiana de 1870-1871, como quien dice un siglo.

 

Foro de discusión: http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=21&t=24516