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Nos encontramos en la segunda mitad del siglo IV d.c. Roma a pesar de haber tenido contratiempos y de arrastrar durante los dos últimos siglos, incursiones de tribus bárbaras –sobre todo germanas- en los límites del Imperio, continuas guerras civiles y luchas internas por hacerse con el poder central por parte de sus respectivos generales sigue siendo un Imperio poderoso y que controla todo el Mediterráneo.

El Imperio está constituido por una diversidad de pueblos y razas que han ido sumándose tras siglos de conquistas y se han ido adaptando al mundo y civilización romano, atrás quedaron las antiguas legiones compuestas únicamente por miembros de la ciudadanía romana, inaccesible para los extranjeros y que tan solo estaban reservadas para las personas originarias de la península itálica, pero Roma fue comprendiendo conforme agrandaba sus fronteras que necesitaba incorporar a su cultura y civilización a todos esos nuevos miembros que se incorporaban dentro de sus territorios, para que formaran parte de ella todos aquellos pueblos que iba engullendo, necesitaba repoblar las nuevas tierras conquistadas con nuevos colonos y ciudadanos del Imperio, además de necesitar constantemente una fuente enorme de futuros soldados con los que seguir agrandando, manteniendo el orden y defendiendo el Imperio de las agresiones y amenazas que pudieran provenir desde el exterior, es por ello que ya desde el legendario Julio César (gran innovador y reformador en la manera de pensar romana), se fue comprendiendo y aceptando por parte de los cónsules, emperadores y gobernadores futuros, repartidos a lo largo de los territorios, que Roma sería un gran Imperio multiétnico en donde sus súbditos se integrarían dentro de la cultura e idiosincracia romanas.

Las principales amenazas con las que contaba el Imperio romano provenían de los pueblos bárbaros del Norte –germanos-, que eran vigilados y controlados por las legiones fronterizas (limitanei), que estaban apostadas principalmente a lo largo del Río Rhin en la parte Occidental del Imperio y a lo largo del Danubio en la parte Oriental del mismo.

Estos pueblos bárbaros habían provocado mas de un susto a los romanos, y habían originado en algunas ocasiones incursiones y amenazas que habían sido mas tarde o mas temprano sofocadas y controladas por parte de las magníficas legiones con que contaba el Imperio en sus dominios. A pesar de ser consideradas tribus hostiles e inferiores a Roma, ésta se había visto en la necesidad de recurrir cada vez mas frecuentemente a estas tribus principalmente para contratar mercenarios o miembros jóvenes que se unieran a las filas del enorme ejército romano, por tanto no es de extrañar que en la época del Imperio tardío dentro de las Legiones se hallaran soldados, oficiales y generales de origen bárbaro o que luchaban como mercenarios durante determinadas campañas.

Las Legiones habían ido evolucionando en su organización, estructura, vestimenta, armamento y equipo, pero seguían manteniendo su profesionalidad y disciplina que siempre habían sido elogio y admiración a lo largo de los siglos. Ahora están estructuradas en formaciones entorno a los 1.000 hombres por lo que en cuanto a su número la Legión se asemeja a un Regimiento, combaten principalmente en formaciones cerradas y utilizando sus largas lanzas en una hilera compacta que recuerda a las antiguas falanges macedónicas.

Principalmente las Legiones estaban formadas por dos tipos de unidades: los “limitanei”, que eran aquellas unidades apostadas en las fronteras y encargadas de contener las incursiones y amenazas del exterior hasta la llegada de los ejércitos móviles del Imperio “comitatenses”, unidades mejor armadas y preparadas para enfrentarse a enemigos en campo abierto. Las unidades de infantería de las legiones estaban constituidas por soldados con cota de malla de hierro y también de escamas, un casco metálico que podía ser variable, ya fuera de origen germano, sármata, sirio, o incluso la evolución del típico casco imperial, (casco itálico imperial), se protegían con un escudo grande y redondo u ovalado. El armento utilizado también sufrió cambios, ahora en vez de los “pilum” arrojadizos y el mítico “gladius”,utilizan como arma arrojadiza el “spiculum”, saeta pesada de origen germano y otras ligeras llamadas “veruta”. Curiosamente, se desarrollan unos dardos arrojadizos de un reducido tamaño, llamados “plumbatae”, que se transportaban sujetos a la cara posterior del escudo. Como armamento principal portaban lanzas que superaban los 2 metros de longitud y espadas mas largas “espatha”.

Dentro de las Legiones había un gran número de unidades extranjeras como hemos comentado anteriormente, muchas en situación de “federatii”, como ocurría con los guerreros germanos, considerados en tales casos aliados de Roma. En los ejércitos romanos estaban incorporadas unidades de arqueros, en su mayoría unidades auxiliares provenientes de Oriente, las cuales portaban su equipo y armamento de procedencia. En cuanto a la caballería que también estaba integrada en los ejércitos estaba constituida por miembros extranjeros, mercenarios o tropas auxiliares, en su mayoría eran godos y jinetes sármatas. Sobre todo las Legiones que se encontraban en la parte oriental del Imperio incorporaron y dieron mas importancia a las unidades con arco, principal arma junto a la caballería de los ejércitos en las naciones de Oriente. Cabe destacar que los ejércitos imperiales, principalmente del lado oriental habían formado una fuerte caballería pesada (clibanarios y catafractos y que serían muy temidos dentro del Imperio Bizantino) como influencia de los pueblos próximos de oriente. Además contaban con la famosa caballería imperial, unidad de élite, “scholae”.


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Aspecto que podría tener la guardia del emperador del Imperio tardío en los tiempos de la batalla de Adrianópolis en los puestos fronterizos donde controlaban las incursiones de los pueblos bárbaros, como se puede observar el aspecto idealizado de las legiones Imperiales de los siglos I y II d.c. había cambiado considerablemente.

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Caballería e infantería romana de finales del siglo IV y principios del siglo V.


Aún a finales del siglo IV, la infantería constituía el arma principal en los ejércitos de Roma, pero se iba acrecentando dentro y fuera de las fronteras la enorme importancia estratégica que suponía el uso de la caballería.

En la segunda mitad del siglo IV el Imperio romano estaba mandado por diferentes emperadores encargados de dirigir el extenso Imperio, por lo que el poder se dividía en la parte Occidental y Oriental del mismo, debido a la dificultad de dirigir y administrar tan vastos dominios, hasta su separación definitiva en dos mitades en el año 395 con Teodosio. En los años que comentamos, el Imperio era dirigido tras la muerte del emperador Valentiniano, en la parte Occidental, por sus hijos Graciano y Valentiniano II, y en la parte Oriental se encontraba el emperador Valente.

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Extensión del Imperio Romano en el siglo IV y situación de la batalla de Adrianópolis acontecida el 9 de Agosto del año 378.


Nos situamos por tanto unos años antes de la decisiva batalla de Adrianópolis, en el año 376, Valente se encuentra en Antioquía donde está reuniendo y armando a sus ejércitos en una confrontación que lleva acabo contra el también poderoso Imperio persa (sasánida), principal enemigo que rivalizaba con Roma en Oriente.

Mientras esto sucedía, en la frontera Norte del Imperio en su parte Este, donde el río Danubio servía como barrera natural, se encontraba un pueblo de origen germano, eran personas de gran altura, rubios y de constitución fuerte, –los godos- que habían sido desplazados de sus tierras en la Bielorrusia y Ucrania actuales hacia el Sur, por el empuje y barbarie que provocaba un pueblo guerrero nómada, que al parecer actuaba como auténticos demonios, saqueando y asesinando a su paso -los hunos-, además de esta embestida, los godos se habían visto obligados a emigrar como consecuencia de la hambruna producida en sus tierras debido al saqueo y destrucción que habían llevado acabo las hordas nómadas. Todo se encontraba arrasado por lo que la población goda no tuvo mas remedio que dirigirse hacia tierras donde no murieran de hambre ni se vieran acosados por los hunos, esto produjo que se fueran agrupando cada vez mas hacia el Sur hasta irse acantonando a la otra orilla en la frontera límite con el Imperio Romano, desde allí los jefes de las tribus godas ante la situación límite en que se encontraba su pueblo, acorralados y asediados por otras tribus y no teniendo nada que llevarse a la boca, imploraban a los soldados romanos que les dejasen cruzar la frontera, para servir al Imperio, ya fuera para enrolarse al servicio de Roma como mercenarios o incluso sirviendo como esclavos a ciudadanos romanos, cualquier posibilidad antes que morirse de hambre a las puertas de un Imperio donde ellos veían una posibilidad de supervivencia.

Esta enorme aglomeración de personas puso en alerta las guarniciones militares que controlaban el paso fronterizo hacia la Tracia romana, por lo que informaron seguidamente a los dirigentes romanos que junto al Emperador, no le dieron mayor importancia ante la nueva situación y que vieron en la misma mas ventajas que inconvenientes, ya que según sus planes, podrían utilizar a toda esa gente como mano de obra para el campo, como siervos, esclavos, y como no...para engrosar las necesitadas filas del ejército romano.

Por tanto se permitió de un modo controlado que las tribus bárbaras godas, una vez desarmadas fueran cruzando el Danubio con la ayuda de la ingeniería romana –que no había perdido su practicidad e importancia-, por lo que fueron asentándose paulatinamente en el lado de la orilla que ya si formaba parte del Imperio. Allí los que iban llegando se iban sintiendo protegidos dentro del Imperio mas grande y respetado por siglos, allí sintieron seguramente un atisbo de alegría, de descanso y de esperanza para salir del infierno que provenían, estaban deseosos de servir al nuevo dueño que les había salvado de una muerte segura por inanición o a manos de sus verdugos los hunos.

Conforme fueron pasando los días los mandos militares romanos se fueron dando cuenta que la multitud de personas que estaban cruzando la frontera sobrepasaba un número muy elevado, ante lo cual no estaban preparados logísticamente para mantener y controlar a tal cantidad de personas, por lo que viendo que se empezaban a sumar miembros de otras tribus (a los que habían llegado la noticia que Roma estaba acogiendo a miles de refugiados dentro de sus territorios) y se empezaba a descontrolar la situación deciden cerrar el paso, por lo que aún miles de miembros de tribus bárbaras quedan al otro lado de la frontera desesperados ante la situación. Mientras tanto empiezan a surgir problemas en la parte del Imperio donde se han asentado los godos, el hacinamiento en los campamentos, la escasez y mala distribución de los alimentos que entregaba el ejército a los godos, llevaron a situaciones extremas para éstos, que llegaron a comer perros muertos que compraban a los legionarios para tener algo que llevarse a la boca, e incluso llegó a ser la situación tan desesperada para muchos de ellos, que llegaron a vender como esclavos a sus propios hijos.

Viendo los dirigentes romanos que la situación se iba de las manos y que era insostenible por mas tiempo, decidieron junto al gobernador de la provincia romana de dirigir mas hacia el Sur de una manera controlada a toda aquella aglomeración de gente, mas al interior de la extensa Tracia, en donde se hallaban zonas mas fértiles y surtidas de materias primas vitales para sostener la situación que se avecinaba. A lo largo de la caravana que se formó en peregrinaje los abusos cometidos por parte de los legionarios a la población bárbara y las necesidades antes comentadas fueron produciendo crispaciones y tensiones entre unos godos que empezaban a impacientarse.

Tras varios días de peregrinaje la enorme caravana de refugiados escoltados por una pequeña guarnición de soldados llegaron a la ciudad amurallada de Marcianópolis (ciudad cercana al mar Negro y al río Danubio), ante la cual los jefes godos exigieron que se les dejara adentrarse para conseguir alimentos y donde pudieran descansar y recuperarse parte de la población enferma y exhausta por las adversidades y penurias, cosa que les fue denegada sobre todo ante la negativa de la población de la ciudad, que veía en los bárbaros a una población inferior, mugrienta y con unos cultos y ritos deplorables, no querían mezclarse con aquel tipo de gente tan distante en costumbres y aspecto físico de la ciudadanía romana que a pesar de ser multiétnica, se había latinizado o helenizado más incluso que los originarios romanos itálicos, sobre todo en la parte oriental del Imperio.

Ante esta situación y ante la desesperación y límite a que había llegado la población goda se produjo un enfrentamiento con los legionarios romanos que impedían a los bárbaros adentrarse en la ciudad, ante lo cual esta pequeña guarnición insuficiente para contener tal cantidad de hombres fueron masacrados por los guerreros godos, inmediatamente las puertas de la ciudad se cerraron e impidieron inextremis que la misma fuera asaltada.

Los godos dirigidos por su líder Fritigerno, no estaban preparados para asaltar una ciudad amurallada, por lo que tras ver que la situación se había tornado muy complicada y temiendo las represalias por parte del coloso romano, se jugaron todas las cartas sobre la mesa y emprendieron la guerra hacia él, ya que no vieron otra salida, por lo cual se dedicaron al saqueo y al pillaje de las aldeas y granjas de la zona, buscando alimentos y botín.

El gobernador de la provincia romana, el conde Licipino era un dirigente corrupto que intentó en todo momento lucrarse con la situación de la nueva mano de obra goda que se adentraba en el Imperio, por lo que tensó demasiado la cuerda hasta un punto que se tornaría en un infierno para los propios habitantes romanos de Tracia. Viendo los incidentes acaecidos en Marcianópolis y la extensión de violencia que se había originado, intentó por cuenta propia remediar el problema y sin esperar refuerzos de otras zonas del Imperio y sin consultar los nuevos acontecimientos con el emperador reunió un contingente militar para destruir a los descontrolados godos.

Cerca de la propia Marcianópolis se produce el primer encuentro en campo abierto entre godos y el pequeño ejército dirigido por Licipino, que es muerto junto con sus hombres en dicha acción, tal fue la furia con que lucharon los guerreros godos, unido a su mayor número que todas las tropas legionarias sucumbieron por la ineptitud y arrogancia del gobernador de la provincia. Este enfrentamiento y victoria de los godos sobre los romanos produjo un exacerbado entusiasmo y fervor entre la tribu bárbara, que se veía dueña en aquellos momentos del control y riquezas de toda Tracia, no tenían oposición alguna mientras saqueaban y se lucraban de botínes que obtenían en aquellas tierras.

Fritigerno gran líder, sabía que Roma vendría con nuevas y numerosas tropas por lo que procedió a prepararse para ello, mientras se unían a su causa mercenarios godos al servicio de Roma que se encontraban acampados cerca de Adrianópolis, además seguían llegando bandas de bárbaros a Tracia, tras cruzar la frontera sin oposición alguna...

A miles de kilómetros al emperador Valente le llegan las nuevas noticias de la terrible situación que se había originado en sus dominios en Tracia, se le plantea una terrible situación y decide que no es posible seguir llevando acabo el intento de invasión del Imperio persa, por lo que envía emisarios para negociar la paz y prepara a las tropas que debe dirigir hacia la nueva ola de conflictos y destrucción que amenazan sus territorios, por lo que envía a dos de sus generales, Trajano y Profuturo al mando de unidades acantonadas en Mesopotamia, para que se dirigieran a marchas forzadas al lugar del inesperado levantamiento bárbaro.

Tras un tiempo de saqueos y descontrol, las nuevas legiones romanas llegan a territorio tracio y deciden dirigir todas sus fuerzas a destruir al grueso del ejército godo que se encuentra acampado cerca de la ciudad de Marcianópolis. Fritigerno alertado de la presencia de las nuevas tropas romanas decide emprender una marcha hacia el Norte entre las montañas de la Tracia central, donde se erige una gran columna de guerreros y civiles godos, cargados con prisioneros capturados y botínes obtenidos en los saqueos.

Los generales romanos siguen acechando la columna de godos que siguen marchando hacia el Norte, cuando ya muy cerca del río Danubio junto a una localidad llamada “ad Sauces”, deciden ambos contendientes presentar batalla, ambos ejércitos forman uno frente al otro y se enzarzan en un combate que termina sin vencedor y en el que tanto godos como romanos tienen numerosas pérdidas. Los generales romanos temerosos que pudieran encontrarse nuevas tropas de refuerzo godas cerca de la frontera, ante las bajas sufridas en la batalla antes mencionada y ante la inminente llegada del invierno deciden retirarse hacia al Sur, y repartir sus unidades en las diferentes ciudades amuralladas de Tracia, donde los legionarios si estarán protegidos y podrán reponerse para la futura batalla decisiva que tendría lugar en la campaña siguiente.

Mientras tanto Fritigerno se dirige un poco mas al Norte hasta el delta del Danubio donde espera acontecimientos e intenta adherir a su causa a otras tribus bárbaras de alanos e incluso hunos, que ven con buenos ojos la oportunidad de adentrarse en busca de botínes en el tan goloso Imperio romano.

Comprobando que las legiones se habían retirado y se encontraban divididas, Fritigerno junto con unidades de caballería bárbara y aprovechando una gran movilidad acosó y destruyó, cogiéndolas desprevenidas a numerosas unidades romanas que se hallaban desperdigadas y siguió saqueando aldeas y continuando el terror por doquier. La situación estaba totalmente descontrolada y el temor a que se extendieran los desmanes y los saqueos había llegado hasta los dominios de la parte occidental del Imperio, la cuál ofreció unidades militares en apoyo del emperador Valente. Cabe destacar que se hacía complicado mandar a la zona grandes cantidades de soldados debido a que Roma no podía desproteger las zonas límites que se encontraban en el Norte, en el Rhin, por temor a futuras invasiones de pueblos germanos en esa zona, además eran necesarias guarniciones en las diferentes y recónditas partes del Imperio para mantener el orden, sofocar revueltas...aparte del problema logístico y económico que suponía trasladar a una cantidad ingente de hombres entre lugares extremos del Imperio. Toda esta situación adversa favorecía que los godos camparan a sus anchas por la extensa Tracia y amenazara las provincias adyacentes del Imperio.


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Jinete de la caballería goda a finales del siglo IV y V.


El malestar de la población romana, los abusos cometidos por los godos, saqueos y barbarie que estos estaban ocasionando y el fracaso continuo de los contingentes militares enviados a sofocar la rebelión, llegaban una y otra vez a oídos del emperador Valente, que se vio obligado finalmente a intervenir personalmente a comienzos del año 378, por lo que se dirigió con todo su séquito desde Antioquía hasta la capital Constantinopla, llevándose consigo a todas las unidades que pudo, ya que no podía desproteger las fronteras orientales del Imperio ante el peligro persa. Desde la parte occidental del Imperio el joven emperador Graciano, también movilizó un fuerte ejército con intención de dirigirse en auxilio de Valente y poner fin a la ola de violencia bárbara, pero en aquellos momentos surgió un imprevisto en la parte fronteriza del Rhin. A los bárbaros alamanes les habían llegado noticias del levantamiento godo en Tracia y de los fructíferos botínes que habían conseguido éstos, además imaginando que las fronteras del Imperio habían sido debilitadas tras el envío de refuerzos a Tracia vieron la oportunidad de realizar incursiones y adentrarse en los territorios del Imperio. Éste levantamiento por parte de los Alamanes en el Rhin, provocó que Graciano tuviera que dirigirse con su ejército a sofocar y castigar dichas incursiones bárbaras, por lo que tuvo que retrasar el apoyo a los ejércitos de la parte oriental del Imperio algunos meses.

Valente aglutinaba y pertrechaba a su ejército con las nuevas unidades que venían de las diferentes partes del Imperio, en su mayoría unidades de “comitatenses” y la poderosa caballería imperial “scholae”, además de unidades auxiliares, y caballería pesada (Clibanarii y catafractos), todos ellos se iban concentrando cerca de la capital, Constantinopla, sin duda se trataba de unidades militares profesionales, bien equipadas y con gran experiencia en combate.

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“Scholae” romano de la caballería Imperial, era considerada una unidad de élite del Imperio.

Mientras el ejército que estaba preparando iba tomando forma, ordenó llamar a uno de los mejores generales del Imperio en aquellos tiempos “Sebastián”, quien con unos 2000 hombres muy selectos, realizó incursiones contra los bárbaros en una guerra de guerrillas muy efectiva, que provocó la caída de muchas bandas bárbaras, así como la recuperación de diversos botínes. La nueva táctica romana funcionaba, pero el emperador Valente ansiaba una victoria aplastante y definitiva que acallara las voces en contra de su persona (Valente fue un emperador impopular entre la mayoría de sus ciudadanos), por lo que decidió partir hacia el interior de Tracia en busca del grueso de las tropas godas y acabar de una vez por todas con aquellos desgraciados bárbaros.

A Fritigerno, el caudillo godo, le llegaron noticias de la aproximación del potente ejército de Valente por lo que decidió replegar a sus hombres mas al Norte en caso de tener que retirarse a través del Danubio.

Valente se puso en marcha con su ejército regular formado entre 18.000 y 20.000 hombres, junto a él reunió lo mejor de que disponía el Imperio, y a pesar que muchas voces le imploraron que esperara la llegada del ejército occidental de Graciano, que acababa de someter a los alamanes y se dirigía hacia Tracia, Valente consideró suficiente su ejército para someter a los godos a los que consideraba salvajes inferiores, además no soportaba la idea que la gloria de acabar con los bárbaros en Tracia se la llevara su joven sobrino Graciano.

Una vez adentrado en Tracia, exploradores del ejército de Valente informaron que el grueso de las tropas godas se encontraban cerca de Adrianópolis al noroeste, y que estaría formado por no mas de 10.000 guerreros (aunque realmente su número era mucho mayor), por lo que el emperador seguro de su superioridad numérica y la experiencia de sus tropas, se dirigió a dicha ciudad, donde dejó el tesoro imperial y estableció las impedimentas y logística del ejército en las afueras de la misma en un campamento custodiado por algunos hombres, se marchó con su ejército al encuentro de las fuerzas godas, a pesar de la oposición de algunos generales que seguían viendo una imprudencia entrar en combate sin esperar la llegada del ejército romano occidental de Graciano.

Era un día caluroso de verano del 9 de Agosto del año 378, cuando la vanguardia del ejército de Valente avistó a poca distancia de Adrianópolis en un valle cercano, el campamento godo, formado en círculo por los carros y la impedimenta. Pero Fritigerno le estaba aguardando, sus guerreros se habían dispuesto tras los carros donde aguardaban las directrices de su líder, muchos de ellos poseían armamento, escudos y cotas de mallas capturadas a los soldados romanos que habían dado muerte en los diferentes combates que habían tenido lugar en los dos últimos años.

Valente tras avistar a los godos, da la orden de formar para el combate, para lo que el ejército comienza ordenadamente el despliegue de las unidades, la infantería forma en el centro, mientras la caballería pesada fuertemente dispuesta y armada, fuerza de élite sin duda del ejército Imperial, forma en las alas, Valente junto con su guardia personal se sitúa detrás del centro, protegido por los infantes.

Mientras Fritigerno, junto con el resto de jefes godos seguramente temiera lo que le esperaba en cuestión de breve tiempo, ante la impresionante fuerza que tenía delante, bien quiso entablar conversaciones con las que evitar el combate o quizás únicamente intentaba sacar algo de tiempo, ya que esperaba la llegada de fuerzas de caballería ostrogodas y alanas, que habían salido hacía varios días en busca de alimento, seguramente ésta última opción sea la mas creíble, el caso es que envió emisarios para intentar negociar con los romanos, cosa que el emperador Valente aceptó, quizás también evitando en lo posible un enfrentamiento que se preveía complicado y también pensando en la posibilidad de poder conseguir como súbditos que sirvieran al Imperio a los godos que tenía en frente, cosa que desde un principio siempre quisieron los dirigentes romanos.

Cuando las conversaciones se iban a llevar acabo algo inexplicable pasó en las filas romanas, quizás debido a la fuerte tensión del momento, sin autorización del emperador, parte de la infantería auxiliar comandada por Bacurio de Iberia y Cassio, se lanzaron al ataque contra la infantería goda que se encontraba en el exterior del recinto de carros, y fue seguida por la caballería romana del ala izquierda que apoyó el movimiento mientras el resto del ejército quedaba perplejo por la maniobra. Tras la nefasta coordinación y el solitario ataque llevado acabo fue desbaratado rotundamente por la infantería goda, que se mantuvo en sus posiciones, mientras los auxilia romanos y parte de la caballería volvían en desbandada a sus posiciones.

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Rotas repentinamente las conversaciones por el inesperado ataque romano, Fritigerno pasó a la acción realizando un ataque contra las posiciones romanas, una vez que gran parte de la caballería bárbara había regresado al campamento, por lo que cuando lanzó a sus guerreros se unieron al mismo tiempo al combate la caballería ostrogoda y alana al mando de los jefes Alateo y Safrax, por el flanco derecho de las fuerzas godas. Esta entrada de la caballería bárbara sobre las posiciones del ala izquierda romana arrolló a las fuerzas de caballería de éstas que habían salido anteriormente de sus posiciones, aunque debido a la experiencia y fuerte equipamiento de éstas pudieron reagruparse y regresar a su posición inicial tras entablar combate con las unidades de caballería bárbara, mientras el grueso del ejército godo arremetía contra las posiciones romanas originándose un fortísimo combate cuerpo a cuerpo.

Mientras el centro y flanco derecho romano se veía envuelto en unos durísimos combates cuerpo a cuerpo, la caballería romana del flanco izquierdo lanzó un poderoso ataque contra la caballería bárbara de Alateo y Safrax provocándoles grandes bajas y consiguiendo llegar hasta la línea fortificada de carros, pero para la sorpresa de éstos, se dieron cuenta que se habían quedado solos en su ataque y no habían sido respaldados por unidades de infantería, por lo que finalmente su ataque fue perdiendo fuerza y ampliamente siendo superados en número por nuevas tropas godas salidas del campamento de carros, la caballería del flanco izquierdo romano fue abatida y puesta en fuga. Quizás aquí estuvo el punto de inflexión de la batalla, ya que según los expertos si la caballería romana hubiera dispuesto de un apoyo de infantería hubieran podido atacar la retaguardia bárbara.

Tras quedar el flanco izquierdo romano desprotegido y ciegos por la dura lucha que llevaban acabo con el grueso de la infantería goda, vieron aparecer a la caballería bárbara junto a unidades de infantería goda que atacaban el mencionado flanco izquierdo e iban rodeando y atacando por la retaguardia al ejército romano, el ataque fue inesperado cogiendo por sorpresa a los infantes, que no tuvieron tiempo de reaccionar ante tal maniobra enemiga.

Con el inesperado ataque a la izquierda y retaguardia romana, llegó la desesperación a las filas imperiales, cada soldado luchaba por su propia vida, los godos presionaban las filas romanas en casi todos sus flancos por lo que muchos hombres no podía combatir mientras apretujados por sus propios compañeros apenas podían desenvainar sus espadas, sus escudos estaban destrozados por las flechas y lanzas bárbaras y las abatidas de la infantería goda, y muchos soldados resbalaban en los charcos de sangre que se formaban debajo de la extenuada línea romana, el fin estaba próximo y aunque aquellos valerosos y veteranos soldados romanos sabían que el final estaba cerca, no dudaban en hacer caer a cuántos godos podían llevarse consigo. Todo estaba perdido, se fueron formando focos de resistencia inútiles mientras las fuerzas godas iban engullendo y pasando a cuchillo a los soldados romanos, hasta el propio emperador Valente según cuentan las crónicas halló la muerte en los combates junto algún último punto de resistencia, su cuerpo nunca pudo recuperarse, es improbable que pudiera salir con vida de aquel infierno, pocas fueron las unidades romanas que sobrevivieron a la batalla, si pudieron escapar algunos componentes de las unidades de la caballería del flanco derecho tras ver el desastre final, pero la gran mayoría de la infantería fue masacrada en aquel día fatídico para Roma, que recordaba a derrotas tan humillantes y sangrientas como las de Cannas (216 a.c.), Carrae (53 a.c.) o Teutoburgo (9).

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Unidades de infantería romana aguantan en una última posición desesperada, el ataque de los guerreros bárbaros durante la batalla de Adrianópolis el 9 de Agosto del año 378.

Habiendo sido aniquilado por completo el ejército romano junto a su emperador Valente, Fritigerno se dirigió inmediatamente hacia Adrianópolis tras descansar varias horas tras la batalla, sabiendo del inmenso botín que se hallaba en la ciudad, ya que sabía que el tesoro imperial se había guardado dentro de sus murallas, por lo que marchó para asediarla. Pero Adrianópolis amurallada mantenía una guarnición de por si que protegía la ciudad y donde además la población se armó para la lucha, también se sumaron para defenderse del nuevo ataque godo, los supervivientes romanos de la batalla, que aunque no pudieron entrar en la ciudad se fortificaron dentro del campamento romano donde se hallaba la impedimenta del ejército y donde resistían algunas unidades junto a las murallas de Adrianópolis. Pero como había pasado años atrás los godos carecían de armas de asedio y les fue imposible acceder a la ciudad ante la fuerte resistencia con que lucharon sus habitantes y las restantes tropas regulares que seguían en pie.

Los godos por tanto se dirigieron nuevamente al saqueo y pillaje de los campos, cosa de la que tenían bastante experiencia, y de las que podían seguir sacando botín, sin embargo siguieron fracasando ante el intento de apoderarse de ciudades amuralladas defendidas por guarniciones.

Cuando llegaron las noticias del desastre de Adrianópolis al emperador Graciano, éste dio media vuelta con su ejército y se dispuso en la zona del Ilírico, con la intención de defender la parte occidental del Imperio ante el hipotético ataque e incursión de los godos hacia el Oeste. Graciano tras conocer que el emperador Valente había perecido en la batalla, con el consecuente vacío de poder que había en la parte oriental del Imperio, reaccionó rápidamente y tras meditar con los dirigentes romanos, decidió llamar a uno de sus generales, Teodosio y coronarlo emperador de Oriente, que pasaría a la historia como Teodosio I o “el Grande”.

Una vez establecido como emperador, Teodosio se puso manos a la obra e intentó enmendar la situación junto con la ayuda de Graciano, por lo que inmediatamente mandó reclutar un ejército, que sin tener la experiencia y preparación de los hombres que se perdieron en Adrianópolis, si permitieron demostrar a los godos que a pesar de la gran derrota que había sufrido Roma, se había sobrepuesto a la situación, pero Teodosio ante todo hizo un gran alarde de diplomacia y poco a poco fue manteniendo conversaciones con los diferentes jefes godos, que fueron aceptando las condiciones que les ofrecía Teodosio, dando tierras a sus hombres, para que las cultivasen en la zona de Tracia e incorporando a gran parte de ellos en los ejércitos del Imperio, en definitiva se les ofreció lo que en un primer momento se les prometió y que como consecuencia de las falsas promesas originaron el levantamiento bárbaro años antes.
Los jefes godos también comprendieron que la integración dentro de la civilización romana y adhesión al Imperio era la mejor opción, ya que por si solos los godos se habían visto incapaces de apoderarse de las ciudades fortificadas y la posesión de parte de los Balcanes era un poco ficticia y engañosa, poseían la tierra pero no las ciudades, además sus condiciones de vida mejoraban bastante al integrarse dentro del Imperio por lo que la gran mayoría optaron por acceder a los tratados ofrecidos por el nuevo emperador Teodosio y en el año 382 se podía considerar acabada la rebelión goda.

Pero estos tratados con los godos no fueron bien vistos por una gran parte del Imperio, que veía como en vez de poner de rodillas a los bárbaros, se les había tendido la mano y se les había dado la oportunidad de formar de una manera muy importante parte del Imperio, evidentemente eran parte fundamental e imprescindible para mantener el mismo, desde entonces las partidas de mercenarios bárbaros, fueron imprescindibles para defender el territorio, eran la base y eran muy necesarios, quizás fue este un punto de inflexión que provocaría en el futuro la caída del Imperio de Occidente de manera definitiva, tras poner las tribus bárbaras, ya fueran godas, francas, vándalas...sus miras en los territorios del Oeste.
El Imperio carecía de recursos humanos propios para poder mantenerse, necesitaba a las tropas bárbaras, que mas que soldados fieles al Imperio se movían por intereses económicos, obtención de botínes o de poder por parte de sus respectivos jefes. Adrianópolis significó la apertura total a los territorios romanos de los bárbaros, que empezaron a apoderarse del poder ya no solo militar sino también político y social de determinadas zonas, todo ello unido al ascenso de emperadores poco capaces, en muchos de los casos siendo aún unos niños y carentes de la posibilidad de reconducir al Imperio, siendo manejados fácilmente por los generales bárbaros.

Como la historia demostrará un siglo después, la debilidad del Imperio romano de Occidente provocará su caída y el surgimiento de los diferentes reinos bárbaros que surgirán de sus cenizas, allí la situación fue insostenible, mientras en la parte oriental del Imperio, quizás al tener gobernantes y militares mas capaces, y estar menos corrompido el Estado, además de ser la parte del imperio mas civilizada y que consiguió estar un poco mas aislada de la intromisión bárbara en las tramas por el poder, pudo perdurar aún un milenio más, como Imperio Bizantino.


Fuentes:

-- Textos del historiador romano Amiano Marcelino, testigo de los
acontecimientos que tratamos en este artículo.
-- Adrianople AD 378 (Osprey, Simon McDowalld)
-- El día de los Bárbaros (Alessandro Barbero)
-- Imperius Legionis (Andrea Press, José Sánchez Toledo)
--http://www.satrapa1.com/articulos/antiguedad/adrianopolis/adrianopolis.htm
--http://es.geocities.com/orgenomescos/legio/arma.htm


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