7. La armada japonesa: el legado de los “señores del mar”.

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La armada a disposición de Toyotomi Hideyoshi tenía su origen en los llamados “señores del mar”. Durante la era “sengoku”, los poderosos daimyō terrestres se habían visto en la necesidad de contratar los servicios de bandas de hombres con tradición marinera. Al tratarse Japón de un archipiélago era necesario contar con medios navales cuando se quería trasladar tropas de una a otra de las islas y también eran muy útiles para bloquear asentamientos costeros. 
 
Un buen número de estos emprendedores marineros podía tener antecedentes wakō (piratas) pero otros eran simplemente miembros de las comunidades marineras, procedentes sobre todo de la isla de Kyushu en general y de la zona del llamado “mar interior”. En cualquier caso la prosperidad que se podía obtener en los conflictos japoneses hizo que las bandas de wakō que atacaban China o Corea a mitad del siglo XVI tuviesen cada vez menos japoneses en sus filas y más de otros grupos étnicos, sobre todo chinos.
 
Inicialmente los “señores del mar” no se consideraban a sí mismos vasallos de sus patronos, y su lealtad era cambiante. Generalmente la demanda de sus servicios superaba a la oferta, por lo que no tenían demasiados problemas en encontrar un nuevo patronazgo cuando era necesario. Esta situación cambió en la fase final de la unificación de Japón ya que Hideyoshi decidió atar en corto a dichos señores. Grandes flotas tuvieron que usarse tanto para la invasión de Kyushu como para ciertas empresas como el asedio de la fortaleza Hōjō de Shimoda. Con Hideyoshi culminó un proceso de reconversión de los antiguos señores del mar en daimyō, que tuvo como punto culminante la prohibición a la población de dedicarse a la piratería. Así al igual que se desarmó a la población rural, también se hizo lo propio con los habitantes de las zonas costeras. Un simple pescador ya no podía aspirar a “hacer carrera” tomando las armas.

 
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Perfil de un sekibune, el "crucero" de las armadas japonesas
 
 
La armada de Hideyoshi contaba con varios de estos daimyō con tradición marinera, que ejercían de almirantes y contaban con sus propios hombres: Kuki Yoshitaka (1.500 hombres), Todo Takatora (2.000), Wakizaka Yasuharu (1.500), Kato Yoshiaki (1.000), Kuwayama Ichiharu & Kuwayama Masaharu (2.000), Kurushima Michiyuki & Kurushima Michifusa (700).... En total la división puramente naval ascendía a 9.450 hombres. A esto habría que añadir que cada señor con dominios costeros debía proporcionar naves y un determinado número de marineros. El conjunto de la flota nipona podría haber ascendido a cerca de 1.000 naves; pero siendo la mayoría pequeños juncos de transporte, no aptos para el combate.
 
Hideyoshi contaba por tanto con un grupo de hombres con experiencia naval, aunque era una experiencia limitada en principio al tipo de guerra naval desarrollado en las costas del propio Japón, donde había primado el abordaje y captura del navío rival. 
Los arcabuces se habían adoptado para la guerra naval con mayor rapidez incluso que para el combate terrestre. De hecho los contactos de señores del mar y wakō con el sudeste asiático les permitieron “importar” arcabuces de estilo europeo de las factorías asiáticas. Los marinos japoneses encontraron en el arcabuz un arma ideal para barrer las cubiertas enemigas como paso previo al abordaje y terminar con el cuerpo a cuerpo.

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Naves de guerra japonesas por Wayne Reynolds (Osprey): arriba un kohaya, en el medio un atakebune y a su lado un sekibune.
 
 
En el año de 1586 Hideyoshi negoció con un jesuita la compra de dos naves de guerra portuguesas (carracas y/o galeones), con intención de usarlas en la invasión de China; sin embargo sus expectativas se vieron defraudadas cuando los portugueses se negaron a consumar el trato. Por tanto la armada japonesa iba a tener que servirse de los modelos desarrollados por los “señores del mar” durante la era sengoku. Bajo la supervisión de Kuki Yoshitaka, se construyeron nuevos buques hasta reunir una armada de varios cientos de naves. Se trataba de naves impulsadas a remos y que contaban normalmente con una vela, cuyo mástil era plegable.
Simplificando se puede hablar de 3 modelos principales de nave de combate:
 
Kohaya/kobaya. Eran las naves más pequeñas. Se trataba de buques ágiles y rápidos. El típico kohaya contaba con una tripulación de 30 hombres; de ellos 20 remeros y 8 arcabuceros; aunque también los había más grandes con hasta casi 40 remos. Para el combate se confiaba en la acción rápida y coordinada de un gran número de kohaya ya que carecían en principio de superestructuras defensivas para proteger a la tripulación de los proyectiles enemigos; aunque llegado el caso se podían improvisar defensas contra flechas a base de cortinillas de tela o bambú o bien hacer uso de los típicos escudos rectangulares japoneses. 
 
Sekibune. Naves de tamaño medio que constituían la columna vertebral de las fuerzas navales de Hideyoshi. Largos y estrechos eran relativamente veloces a la vez que aptos para el combate de abordaje. Un sekibune típico tenía en torno a 40 remeros y 30 combatientes (20 arcabuceros), aunque en teoría podían llegar hasta tener 80 remeros. Los sekibune contaban con una superestructura en forma de caja, que servía de protección a los arcabuceros. También podían llegar a contar con un cañón.
 
Atakebune. Naves de gran tamaño que constituían el orgullo de los “señores del mar”. Estaban solidamente construidos y con la tripulación bien protegida tras gruesas planchas de madera con agujeros para el uso de los arcabuces. La gran caja que era la superestructura estaba a veces coronada por una cabina de mando parecida a la torre de un castillo, con la propia nave asemejándose a una fortaleza flotante de varias plantas. Un atakebune corriente contaría con al menos 80 remeros y 60 combatientes (al menos la mitad de ellos arcabuceros). Podían llegar a contar con hasta 3 cañones. Su gran tamaño y el peso de toda su superestructura los hacía bastante lentos; aun así se esperaba de ellos que trataran de usar tácticas de abordaje.
 
Algunos de los atakebune podían ser bastante grandes, con hasta casi 200 remeros y llegando a las 200-250 toneladas y teniendo sus estructuras reforzadas con elementos metálicos, además de contar con planchas de madera lacadas. Los atakebune más grandes eran denominados como O-akatebune. La presencia de hierro en estas naves ha llevado a especular bastante con que algunos fueran naves “acorazadas”; no parece que este fuera el caso, al menos entre las naves japonesas presentes en Corea.
 
Entre la armada japonesa destacaba un o-akatebune: el Nippon (Nihon) Maru; construido por Kuki Yoshitaka con la intención de que fuera el buque insignia personal para Hideyoshi. Por ello se trataba de una impresionante mezcla de fortaleza y palacio flotante.
 

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El Nippon Maru en un grabado que destaca su tamaño respecto a las naves circundantes

 

 

 

8. La armada coreana: “cañones para la gloria”.
 
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Ilustración de un panokseon coreano.
 
 
Corea tenía una larga tradición naval debido a la necesidad de defender sus costas durante siglos frente a piratas yurchen, chinos y japoneses. Desde antiguo había ido desarrollando sus propios modelos de naves de guerra, poniendo especial énfasis en la solidez y fortaleza a costa de velocidad. Otra característica era que en general estaban pensados para su uso en aguas costeras, teniendo quillas más planas y siendo más manejables que sus equivalentes en tamaño japoneses en aguas someras.
 
El principal navío de guerra coreano era el panokseon (“barco con cubierta techada”), un navío relativamente reciente surgido a mitad del siglo XVI, después de los grandes incursiones de los wakō y por tanto novedoso para los japoneses, ya que estos se habían concentrado en los últimos decenios en sus propios conflictos civiles. La idea era dotar al tradicional mercante coreano de una superestructura defensiva de tal forma que los remeros quedaban en una cubierta inferior completamente resguardados, mientras que los combatientes se disponían en la cubierta superior elevada y parcialmente protegida, la cual les daba una posición de ventaja en combate contra otras naves. Sobre la cubierta se alzaba una torre que ejercía de cabina de mando. 
 
El panokseon podía contar con dos velas y venir en una variedad de tamaños. Los más normales parecen haber sido los de entre una longitud de entre 15-20 metros, pero algunos pueden haber superado los 30 metros. La tripulación “típica” parece haber rondado los 125 con 50-60 remeros, manejando entre 8-10 remos de estilo chino: yáolǔ (“yuloh”).
 

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Un panokseon en combate disparando flechas con punta reforzada desde sus cañones (Wayne Reynolds para Osprey)
 
 
El punto fuerte de los panokseon no era su complemento de combatientes armados con arcos, lanzas, etc; su baza principal era el uso de artillería. Las naves coreanas llevaban usando artillería desde hacía tiempo y ya en 1410 podían presumir de tener 160 naves equipadas con algún tipo de pieza de artillería. Las formas del panokseon hacían de éste una plataforma estable para el uso de artillería y estos solían estar equipados con el mayor número posible de piezas, normalmente más de una docena por nave, las cuales venían en una gran variedad de formatos.
 
La artillería coreana (chongton) se clasificaba en varios modelos principales. De mayor a menor recibían la denominación de “cheonja” (cielo), “jija” (tierra), “hyeonja” (negro) y “hwangja” (amarillo). Los nombres estaban escogidos a partir del uso de las cuatro primeras iniciales del alfabeto chino, por lo que sería el equivalente a hablar de modelos A, B, C y D.
 
Podían disparar proyectiles tanto de piedra como de hierro, pero el proyectil preferido se parecía a un cohete y se trataba de una gran flecha de madera con cabeza de hierro y alas también de hierro o de cuero. Dichas flechas “reforzadas” tenían un mayor alcance y precisión que las balas de cañón corrientes, teniendo un poder de impacto mas que suficiente. Los cheonja disparaban flechas de 30 kg a una distancia de hasta 1,4 km, mientras que los pequeños hwangja disparaban flechas de 1,5 kg a la mitad de distancia. En caso necesario se podían usar también como proyectiles incendiarios. En el arsenal coreano también había una granada explosiva: el pigyok chinchollae (“el trueno del cielo que produce terremotos”) consistente en una bala de hierro hueca rellena de pólvora y equipada con una mecha.
 
Además de los 4 modelos principales, abordo también se podían embarcar otro tipo de piezas como morteros (wan'gu) de varios tamaños, el lanza-flechas múltiple “hawcha” y pequeñas piezas de uso individual. Además a través de China se habían introducido algunas piezas “extranjeras”: “fo-lang ji”, en concreto piezas de retrocarga en montajes giratorios ajustados a la borda del navío. 
 
Las tácticas coreanas giraban en torno al uso de su poderosa artillería, tratando en lo posible de mantener la distancia con sus rivales y prefiriendo “hundirlos” a cañonazos e incendiarlos con flechas en llamas, para después liquidar a los supervivientes que encontraran en el agua o entre los restos. A diferencia de los japoneses no había un especial énfasis en hacerse con presas de entre las naves enemigas, salvo que se pudiese hacer sin demasiado riesgo

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Réplicas de cañones coreanos de la época Joseon: el más cercano es un "Cheonja", el 2º un "Jija" y el 3º un "Hyeonja".
 
 
Además del panokseon, la armada coreana podía contar con un buen número de naves auxiliares más pequeñas, algunas de ellas de poca utilidad, meros equivalentes a barcos de pesca. El panokseon era sin duda el pilar de las flotas coreanas, pero durante la guerra se le iba a unir en pequeñas cantidades otro modelo de nave de guerra que le arrebataría la fama: el geobukseon (“barco tortuga”).
 
La construcción del primer geobukseon tuvo lugar en 1591 fruto de la previsión del comandante naval de la armada de la izquierda de la provincia de Jeolla: Yi Sun-sin y del buen hacer de su maestro carpintero naval: Na Dae-yong. En realidad se trataba de resucitar un modelo de nave que ya había existido a comienzos del siglo XV y que se había proyectado para usar tácticas de embestida usando como ariete una cabeza de dragón. Ahora se trataba de adaptarlo para convertirlo en un “incursor” artillado.
 
El resultado era una nave de unos 28 metros de largo, pero con sólo 6 metros de altura entre el fondo plano y el techo de la cubierta, dándole un perfil relativamente bajo. La idea no era cañonear al enemigo desde una alta superestructura sino atacar directamente a la altura de sus cascos. El “castillo” del panokseon fue retirado y reemplazado por un techo completo para la cubierta que se curvaba, dándole la característica forma de caparazón de tortuga. La cobertura era completa salvo un estrechos pasillo en forma de cruz para que los marineros pudieran manejar las velas; lo que permitía que la tripulación quedara oculta de la vista del enemigo. Además para evitar el abordaje, el techo estaba plagado de estacas metálicas que en combate se ocultaban bajo esteras de paja (se supone que húmedas como protección anti-incendios). Se ha especulado con que estuvieran protegidas por placas metálicas, haciendo de ellos “ironclad” pero no parece probable ya que no hay ninguna referencia clara al respecto en las propias descripciones coreanas contemporáneas de la época.
 
Se trataba de una nave ágil y rápida, ideal para asaltar a la flota enemiga y hacer un uso devastador de sus cañones a corta distancia. Tanto Sun-sin como su sobrino en sus memorias mencionan que los cañones de proa eran disparados desde la boca del dragón que asomaba por ella. Además había un cañón a proa y 6 cañones por banda; probablemente un número superior en modelos más grandes. Esto contrasta con la típica imagen que se da del geobukseon en el que la cabeza de dragón está elevada sobre la cubierta y no permite el uso de cañones (supuestamente expulsa humo al quemar azufre). Esto se debe a que las famosas replicas de barcos tortuga que hay en las dos Coreas -fuente de inspiración de la mayoría de ilustraciones- se construyeron en base a ilustraciones de finales del siglo XVIII muy probablemente basadas en modelos posteriores al barco tortuga original de Sun-sin. Lo cierto es que no hay ninguna ilustración contemporánea de los primeros geobukseon.
 
 

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Intento de reconstrucción de un barco tortuga.
 
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Ilustración de 1795 que se cree que representa a un barco tortuga del siglo XV, módelo en que se habría basado Yi Sun-sin.
 

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Ilustración de 1795 de un barco tortuga, procedente de una crónica dedicada a Yi Sun-sin.

 

 

 

9. La armada coreana contraataca.
 

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Las campañas navales de Sun-sin en 1592. Las fechas dadas son erróneas, ya que se ha mezclado el calendario lunar con el occidental. Así la batalla de Sacheon tuvo lugar el 29º día del 5º mes lunar, que en este caso no corresponde al 29 de mayo sino al 8 de julio. 
 
 
Habíamos dejado al comandante coreano Won Gyun con su flota reducida (por su propia culpa) a 4 naves de guerra, y con los japoneses como amos de toda la costa de la estratégica provincia de Gyeongsang. Won Gyun tras recuperar la cordura no tuvo otra que requerir la ayuda de su colega de la provincia vecina de Jeolla: Yi Sun-sin (I Sunsin), comandante de la “armada de la izquierda de Jeolla”. Sun-sin ha sido comparado con Nelson pero en cuanto a carácter era diametralmente opuesto; su lema era “actua de forma prudente y pausada, como la montaña”.
 
Yi Sun-sin se tomó su tiempo para acabar de poner a punto a su escuadra, estudiar las cartas marinas de la provincia vecina y coordinar su actuación con la de su colega de la “armada de la derecha de Jeolla”: Yi Eok-gi; asi como cumplir con el importante requisito formal de recibir permiso del gobierno para actuar fuera de su provincia asignada.
 
Aunque la intención de Yi Sun-sin era la de que las dos escuadras de Jeolla avanzaran unidas contra las fuerzas japonesas, la primera orden que recibió fue la de cooperar con la casi inexistente escuadra de Won Gyun, y es que éste había estado mandando mensajes a Seúl quejándose de que Sun-sin se negaba a enviarle refuerzos.
 
 
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Yi Sun-sin
 
 
Batalla de Okpo (16-17, VI)
 
Sin saber que Seúl ya había caído, Yi Sun-sin zarpó de su base de Yeosu el 13 de junio al frente de 24 panokseon, 15 naves de guerra menores y 46 botes auxiliares (usados como enlaces y exploradores). Tras reunirse con Won Gyun y aparecer algún capitán suelto, la armada coreana contaba con aproximadamente unas 90 naves, entre ellas 27-28 panokseon.
 
Los exploradores coreanos descubrieron una flota japonesa de cerca de 50 naves anclada en el puerto de Okpo. Los japoneses se encontraban saqueando la zona -a pesar de la prohibición expresa de Hideyoshi-, y al aproximarse los coreanos corrieron a las naves para tratar de escapar bordeando la costa y arrojando por la boda el botín en el proceso. Sun-sin procedió a rodearlos con su escuadra, atrapando al menos a una veintena de naves que fueron destruidas o bien por fuego de cañón o por flechas incendiarias. Buena parte al verse atrapadas habían buscado refugio en la costa y sus tripulaciones huyeron al interior de los bosques. 
 
Sun-sin sólo había tenido 3 bajas (heridos) y decidió no perseguir por tierra a los fugitivos japoneses. Cinco naves fueron avistadas más tarde cuando la flota se disponía a buscar un sitio para pasar la noche y al menos 4 de ellas destruidas.
 
Al día siguiente, se recibieron noticias de que otras 13 naves japonesas se encontraban en Jeokpinjo. Los japoneses se encontraban de nuevo saqueando una villa costera y huyeron en su mayoría tierra adentro, dejando 11 de sus naves en manos coreanas. Estos procedieron a saquearlas y después las quemaron. 
 
Tras dicha acción llegó la noticia de la caída de Seúl; ambos comandantes recibieron la noticia con pesar y se retiraron a sus bases a escribir sus respectivos informes a la errante corte. Sun-sin se preocupó de señalar que 2 de sus 3 bajas habían sido causadas por las naves de Won Gyun, insinuando que este se había mantenido en “segunda línea” durante la acción de Okpo.
 
 

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Ilustración de un panokseon coreano
 
 
Batalla de Sacheon (8, VII)
La siguiente acción de Yi Sun-sin tuvo lugar tras recibir noticia -a través de Won Gyun- de que una fuerza naval japonesa avanzaba por la costa, aproximándose a la propia base de Sun-sin en Yeosu. Sun-sin zarpó con 23 naves de combate -había decidido prescindir de los pequeños y poco útiles botes auxiliares-, entre los que figuraba el primer ejemplar de “barco tortuga”. Tras unirse con las 3-4 naves de guerra de Won Gyun, se dirigió hacia Sacheon donde se encontraba fondeada una flota japonesa que incluía al menos 12 naves de guerra japonesas “con pabellones” (¿atakebune?).
 
Sun-sin no quería acercarse a las naves fondeadas ya que una fuerza de varios cientos de soldados se apostaba en una colina cercana. Por ello tras entrar en la bahía ordenó realizar una retirada fingida, consiguiendo su objetivo de atraer hasta la mitad de la bahía a parte de la escuadra japonesa. Llegado el momento, la escuadra coreana giró y se lanzó contra los japoneses en un ataque encabezado por el solitario buque tortuga. 
 
A diferencia de la batalla de Okpo, esta vez había naves de combate entre la escuadra japonesa por lo que estos no se arredraron al contemplar el inesperado giro. El comandante japonés, animó a sus hombres a tratar de abordar al enemigo. La nave insignia japonesa consiguió llegar a enganchar a una nave coreana pero su abordaje fue rechazado. El retos de naves japonesas parece que ni siquiera llegaron a eso ya que se encontraron con que sus tiradores apenas podían infligír daño al enemigo, mientras ellas recibían a distancia un duro castigo a manos de la artillería enemiga. 
 
Los coreanos lograron destruir todos los grandes navíos enemigos, dejando intactos algunos de los más pequeños en la esperanza de que el resto de los japoneses que quedaban en la costa tratraran de usarlos para escapar. Durante el combate, el propio Yi Sun-sin resultó herido por una bala de arcabuz. Al parecer perdió su habitual calma al observar que en el campamento japonés de la colina había conciudadanos coreanos y decidió acercarse a cañonearlo, siendo alcanzado por el fuego de arcabucería efectuado desde la colina. En cuanto a Won Gyun, éste se dedicó a recoger las cabezas de los japoneses muertos como trofeo, con el permiso expreso de Sun-sin que se burló diciendo que a un comandante “sin hombres ni barcos que comandar (en batalla)” se le debía proporcionar alguna tarea. 
 
 
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Sun-sin, herido durante la batalla de Sacheon.
 
 
Batalla de Dangpo (9, VII).
Al día siguiente a la batalla de Sacheon, se recibió noticia de que en el cercano puerto de Dangpo se hallaba fondeada otra escuadra japonesa de 21 naves, entre ellas 9 naves de guerra de tamaño similar a los panokseon coreanos, entre las que destacaba una nave mayor con un alto pabellón: la nave insignia del comandante japonés, que parece haber sido Kurushima Michiyuki. 
 
Fue nuevamente el geobukseon coreano el encargado de liderar el ataque contra la escuadra enemiga. A continuación intervinieron los panokseon; uno de ellos se acercó al insignia enemigo. Los coreanos tomaron nota de como el comandante japonés mantuvo en todo momento una expresión impasible como resignado a su suerte; fue abatido por una flecha y su cabeza cortada cuando su nave fue abordada. La muerte de Kurushima y el feroz ataque coreano, hicieron huir a la mayoría de los japoneses tierra adentro, abandonando sus naves para ser quemadas/hundidas a placer por los coreanos.
 
Batalla de Danghangpo (12, VII).
Tras la batalla de Dangpo, Yi Sun-sin vio con agrado como por fin se reunía con él la escuadra de su colega Yi Eok-gi. Eok-gi no sólo aportaba sus naves (40 en total) sino que además era un joven comandante (15 años menor que Yi Sun-sin) con talento y bien predipuesto a actuar de subordinado de Sun-sin. Con cerca de 50 panokseon, además del barco tortuga; los coreanos disponían ahora de una escuadra todavía más formidable.
 
El próximo objetivo coreano era un escuadrón de 26 naves niponas fondeadas en la estrecha bahía de Danghangpo: 13 pequeñas, 4 medianas y 9 grandes. Nuevamente destacaba una nave insignia -cuyo comandante desconocemos-; la única que no estaba pintada de negro, luciendo colores azul, rojo y banco. Cuatro de las naves portaban insignias con el lema de la secta budista Nichiren. 
 
La escuadra coreana penetró en la estrecha bahía y sus naves se vieron obligadas a turnarse para disparar su artillería sobre los japoneses, mientras el barco tortuga seguía actuando a su antojo en vanguardia. Con los japoneses a la defensiva, el temor de Sun-sin era que estos de nuevo decidieran abandonar sus naves y ponerse a salvo huyendo tierra adentro. Sun-sin decidió recurrir de nuevo a fingir una retirada para alejar a las naves enemigas de la costa; los japoneses imprudentemente mordieron el anzuelo.
 
Al reanudarse el combate, el barco tortuga se lanzo directo contra la nave insignia nipona, practicamente embistiéndola y causando enormes destrozos con su artillería, mientras que el comandante caía abatido por flechas. El resto de naves japonesas trató de escapar pero los coreanos les rodeaban y sólo una nave consiguió escapar del cerco, aunque fue atrapada y destruida a la mañana siguiente, probablemente por una de las naves que Sun-sin había dejado destacadas en tareas de vigilancia antes de entrar en batalla. El escuadrón japonés había sido totalmente aniquilado salvo aquellos hombres que habían conseguido salvarse nadando hasta la costa.
 
 

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Sun-sin dirige una batalla desde un panokseon, mientras se ve en acción a un barco tortuga.
 
La escuadra combinada coreana permaneció unos días más barriendo las aguas de la zona, consiguiendo interceptar y destruir 7 naves niponas más. El día 18 de julio, cada comandante retornó a su base. Sun-sin informó a la fugitiva corte coreana de su exitosa campaña: 72 naves destruidas por ninguna perdida, con sólo 11 muertos y 26 heridos entre los hombres de su propia escuadra. Sólo pudo remitir las orejas de 88 cabezas cortadas, pero no dejó de señalar que sus ordenes eran priorizar el acabar con los japoneses y no la busqueda de trofeos individuales. Sun-sin prometió a sus hombres que señalaría en sus informes a quienes se distinguieran en combate, sin necesidad de que tuvieran que presentar “cabezas” para conseguir su recompensa. En su informe no dejó pasar la oportunidad de señalar de nuevo la escasa/nula contribución de Won Gyun a los éxitos coreanos, a pesar de que éste podía presentar más cabezas cortadas fruto de su esforzada dedicación a “recolectar” cabezas. 

 

Con sus acciones la armada coreana había puesta en seria cuestión la posibilidad de que las flotas japonesas pudieran avanzar desde su base en Busan en dirección al Mar Amarillo, en apoyo de las tropas niponas que ya habían alcanzado Pyongyang. Desde Japón, Toyotomi Hideyoshi advirtió a sus comandantes navales de que tenían que pasar a la acción y destruir a la irritante armada coreana. De hecho aún antes de que llegaran las órdenes de Hideyoshi estos ya se habían dado cuenta de la seria amenaza y de que tenían que emprender alguna acción.
 
10. Yi Sun-sin continua al pie del cañón: Hansando.
 
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Heráldica de Wakizaka Yasuharu (reconstrucción de Emmanuel Valerio)
 
 
Batalla de la isla Hansan (14, VIII)
Tras conocer las derrotas por mar japonesas, Hideyoshi despachó ordenes a los almirantes Wakizaka Yasuharu , Katō Yoshiaki y al veterano Kuki Yoshitaka para intervenir. Los tres comandantes ya habían empezado con los preparativos en Busan, aun antes de que llegaran las órdenes. Wakizaka Yasuharu aprestó su escuadra más rápidamente que el resto y decidió zarpar el primero ansioso por lograr una gloria personal. Su escudadra se componía de 73 naves: 36 naves grandes (¿atakebune?), 24 medianas (¿sekibune?) y 13 pequeñas (¿kohaya?). 
 
Los preparativos nipones no habían pasado desapercibidos a los coreanos, que de nuevo habían reunido a sus dos escuadras “y pico”, lideradas por Sun-sin, Eok-gi y Won Gyun. Contaban con unos 53-54 panokseon y 2-3 “tortugas”. La escuadra enemiga de Yasuharu fue localizada en el estrecho de Gyeonnaeryang esperando en formación de batalla. 
 
Yi Su-sin era reacio a internarse en el estrecho dado su escasa longitud de costa a costa y la presencia de arrecifes y rocas sumergidas. Además quería combatir en un entorno en el que a los japoneses les resultase difícil abandonar sus naves en la costa y escapar tierra adentro. Sun-sin prefirió retirar la escuadra coreana algo atrás en las cercanías de la isla de Hansan: allí habría mas espacio para los panokseon para maniobrar y les sería mas difícil huir tierra adentro, al ser islotes el terreno más próximo. Como anzuelo dejó a 6 panokseon para provocar a los japoneses.
 
Una vez más la táctica de Sun-sin se reveló efectiva y la escuadra nipona salió en persecución de los coreanos. Cerca de Hansan esperaba la escuadra coreana en una formación recientemente ensayada por Sun-sin y Eok-gi: el “ala de grulla”: así los flancos de la formación coreana se extendían y curvaban hacia adelante con el objetivo de “embolsar” a los japoneses y evitar su huida. De este modo los navíos más pesados se encontraban en el centro con los más ligeros en la “alas” incluyendo al menos un barco tortuga a cada lado. A retaguardia de la curvada línea coreana había más naves como reserva para ir rellenando posibles huecos. 
 
 
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La escuadra de Wakizaka Yasuharu persigue a los coreanos (ilustración de Ehon Toyotomi Kunkoki)
 
 
Los coreanos se lanzaron al ataque, tratando de mantenerse inicialmente a distancia de cañón, reduciendo varias naves a astillas según las palabras de Sun-sin. El combate cuerpo a cuerpo llegó tras que los coreanos lanzaran una tormenta de proyectiles y flechas sobre sus rivales. La crónica japonesa de la batalla reseña especialmente la lluvia de proyectiles de mortero enemigos. Rodeados y machacados por el fuego enemigo, se permitió el abordaje de aquellos buques japoneses más vulnerables.. En su informe Yi Sun-sin menciona a aquellos oficiales que se distinguieron capturando naves enemigas, cobrando “cabezas” y liberando cautivos.
 
El combate duro casi todo el día, terminando con la llegada de la noche; con los coreanos victoriosos pero totalmente exhaustos. Catorce naves niponas consiguieron escapar a la trampa coreana. Entre ellas figuraba una “nave rápida” en la que iba a bordo el propio Wakizaka Yasuharu; según la crónica nipona en su nave había “10 muertos por cada vivo” y la propia nave había sido atacada con flechas incendiarias. Un capitán japonés: Manabe Samanosuke, eligió el seppuku (cortarse el vientre) a bordo de su incendiado barco antes que afrontar la vergüenza de huir en otra nave.
 
Unos 200-400 japoneses escaparon nadando a un islote cercano donde se encontraron que estaban atrapados y sin nada que comer. A pesar de su difícil situación consiguieron escapar en improvisadas balsas aprovechando la retirada de las patrullas navales coreanas de la zona, al parecer por culpa de una orden de Won Gyun.
 
 
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Esquema de la batalla de la isla de Hansan, a la izquierda una copia de la explicación de Sun-sin de la táctica del ala de grulla.
 
 
Batalla de Angolpo (16, VIII)
Wakizaka Yasuharu se retiró al puerto de Angolpo, encontrándose con sus colegas Katō Yoshiaki y Kuki Yoshitaka que habían corrido en su “persecución” en la idea de que Yasuharu iba a arrebatarles toda la gloria. Tras concer la realidad de la situación y teniendo reunidos sólo 42 naves, adoptaron una actitud convenientemente cauta, permaneciendo en el protegido interior del puerto.
 
Yi Sun-sin trató de provocarles avanzando sólo con la mitad de la escuadra coreana y dejando a la fuerza de Yi Eok-gi oculta en un posición de emboscada. Sin embargo esta vez los japoneses no reaccionaron. Sun-sin se resignó a organizar su escuadra en “grupos” que debían internarse en Angolpo, cañonear a los japoneses y retirarse dejando paso a otro grupo de relevo.
 
La superioridad artillera coreana se hizo valer de nuevo, pero los japoneses aguantaron luchando durante bastante tiempo, evacuando a sus heridos en botes a la vez que se mandaban hombres de refuerzo a las naves que sufrían el ataque coreano. Los objetivos principales de los coreanos eran los atakebune y grandes atakebune que había en las filas enemigas. Entre ellos destacaba el magnífico Nippon Maru de Kuki Yoshitaka; el insignia japonés vio como los cañones coreanos le abrían un peligroso y gran boquete en el centro del casco pero la brigada de carpinteros de abordo salvó la situación con eficacia.
 
Al llegar la noche, Sun-sin se retiró tras haber conseguido infligir bastante daño y causar muchas bajas. Durante la noche los supervientes japoneses escaparon, por lo que a la mañana siguiente los coreanos sólo se encontraron los restos de la flota japonesa y de varias piras funerarias en las que se había quemado a los muertos. Sun-sin declaró en su informe que durante el combate no quiso destruir todas las naves enemigas para que los supervivientes japoneses tuvieran algún medio para escapar en vez de quedarse en tierra y vengarse de la población local. Sin embargo no deja de ser llamativo que una de esas naves a las que Sun-sin “permitió generosamente huir” fuera el propio Nippon Maru, por lo que la afirmación de Sun-sin resulta poco creible y se trató de disfrazar el descuido que permitió la huida de los 3 almirantes japoneses.
 
 
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El Nippon Maru bajo ataque (Wayne Reynolds para Osprey)
 
 
En cualquier caso esta nueva campaña naval de Sun-sin había sido sin duda un éxito arrollador; acabando con gran cantidad de naves y hombres enemigos. Según sus propias cuentas, el coste coreano había sido sólo de 19 muertos y 114 heridos.
 
Tanto coreanos como japoneses eran conscientes del resultado estratégico de los éxitos navales coreanos: Konishi Yukinaga no podría recibir por mar los refuerzos que el plan de operaciones japonés contemplaba; quedaba la ruta terrestre pero esta no era exáctamente la más adecuada para una gran operación como el avance hacia China.
 
Hideyoshi ordenó el cese de actividades navales de importancia a la vez que enviaba al almirante Todo Takatora a Corea de refuerzo. Wakizaka Yasuharu fue “castigado” ordenándole fortificar la isla de Geoje, la primera de varias construcciones defensivas construidas por los japoneses en Corea.