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Guerra Civil Española
El Bombardeo de Cassino | El Bombardeo de Cassino |
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| Escrito por Koenig | |
| sábado, 10 de febrero de 2007 | |
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El 15 de febrero de 1944 el infierno decidió derrumbarse repentinamente sobre uno de los lugares mas venerables, hermosos y santos de Europa. Una impresionante armada aérea fue enviada sobre la vertical del Monasterio de Monte Cassino, fundado en el año 529 por San Benito. En febrero de 1944 se estaba librando en Europa la guerra mas terrible que el mundo había conocido. Un solo país, la Alemania dirigida por los nazis, se batía contra medio mundo, y a pesar de que estaba siendo derrotada, disputaba cada metro de terreno con terrible determinación. En el frente oriental los rusos habían derrotado a las fuerzas armadas alemanas en Kursk el verano anterior, y avanzaban decididamente hacia el oeste, preparando lo que sería, probablemente la más importante operación terrestre hasta la fecha: el plan Bagration. En occidente los aliados estadounidenses, británicos y en menor medida la Francia libre, así como muchos otros, habían conseguido liberar el norte de África, tomar Sicilia y desembarcar en Italia continental, avanzando hasta la línea “Gustav”, la última barrera alemana antes de Roma. Mientras, estaban preparando el asalto definitivo contra la “Festung Europa”, el desembarco de Normandía.
Mark Clark Sir Bernard Freyberg El primero al que no hizo ninguna gracia este asunto fue al propio Mark Clark, que opinaba de ellos, en especial de los neocelandeses que “Reclutadas en los dominios, son tropas muy celosas de sus prerrogativas y comandarlas es muy delicado incluso para los británicos. Siempre han sido objeto de atenciones particulares, desconocidas por nuestras propias tropas” **.¿Cómo era esto? Durante la segunda guerra mundial el ejército británico desplegó, junto a tropas provenientes del Reino Unido, tropas originarias de los dominios: Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Estos dominios, si bien supeditados en parte al gobierno británico, tenían sus propios gobiernos. A lo largo de la campaña de África había surgido, en mas de una ocasión, la cuestión de si los ingleses no habían arriesgado en mayor medida las tropas de los dominios que las propias. Estas acusaciones habían causada airadas protestas de algunos de los gobiernos de los dominios, entre otros el de Nueva Zelanda. A este dato hay que añadir que Nueva Zelanda había sufrido la mayor proporción de bajas con respecto a la población masculina en edad militar de todos los aliados occidentales durante la anterior guerra mundial, lo que hacía que fueran muy sensibles a las bajas. Por ello las tropas neocelandesas fueran difíciles de manejar, y su comandante en jefe, el General Sir Bernard Freyberg, lo ponía aún peor. Freyberg era un héroe nacional en su país. Había combatido en la guerra civil mexicana y después en las trincheras durante la primera guerra mundial, donde había sido herido nada menos que nueve veces y ganado la Cruz Victoria. Como podemos ver era pues un hombre experimentado en la guerra, a lo que había que unir su combatividad, su fuerte voluntad y un gran sentido patriótico, todo ello contrapesado por, al decir de algunos de sus contemporáneos, una escasa inteligencia. Como militar, en opinión del Mariscal Alanbrooke, era demasiado sensible a las bajas, herencia de su paso por las trincheras. Su mando tenía también un matiz político, era el representante oficioso de su gobierno en el frente europeo, ya que la suya era la única fuerza neocelandesa en esta zona del mundo, lo que le permitía hablar de tu a tu incluso con sus superiores, siempre esgrimiendo la amenaza de que su gobierno le ordenara retirar sus tropas de la línea de combate. Mark Clark opinó de él que “Freyberg era una Prima Donna, que debía ser manipulada con guantes, con habilidad y delicadeza” **. Acertadas palabras en parte, sobre todo si tenemos en cuenta que Clark no tenía ni la experiencia, ni la veteranía, ni el carácter necesarios para callar a Freyberg. A esto hay que añadir que uno de los grandes defectos de carácter de Clark es que era un general con una intensa preocupación por lo mediático. Allá a donde se desplazaba solía ir acompañado por toda una cohorte de fotógrafos y reporteros, siempre dispuestos a narrar lo que sucedía en su frente. Incluso había dado instrucciones de que al referirse al ejército que mandaba había que hablar siempre del 5º Ejército del General Mark Clark, asegurándose que su nombre estuviera siempre en boca de todos. Así pues se enfrentaban edad, experiencia e influencia en un héroe nacional contra juventud, inexperiencia y escasa prominencia en un hombre que quería convertirse en un héroe nacional, siendo el primero en conquistar una capital enemiga durante la guerra: Roma. En el momento en que se asignó la misión de romper la línea “Gustav” por Monte Cassino a neocelandeses e indios, dando el mando de ambas divisiones, al formarse un cuerpo de ejército “ad hoc”, al general Freyberg, este decidió planificar la batalla ejecutando un asalto directo. A ello se enfrentaba el General Tuker, comandante en jefe de la 4ª Div. India. Tuker era una persona intelectual y tímida, dotada por otro lado de un agudo sentido cínico. Como general no tenía especiales calidades, lo cual significa que sin ser uno de los grandes ases militares de la historia, sabía hacer su trabajo con eficacia, aunque esta eficacia en aquella época se veía mermada por una misteriosa enfermedad, tal vez una sinusitis crónica, que lo hacía sufrir mucho, y debido a la cual debía someterse a molestos tratamientos a base de penicilina. No obstante a él debemos la decisión de que se bombardeara el monasterio. Su médico, John David, con el que le gustaba hablar, menciona en su diario, en la entrada correspondiente al 7 de febrero, una conversación con Tuker en el que este le preguntaba qué le parecía que se bombardeara el monasterio. El médico reconoce haber contestado que dicho bombardeo era un sacrilegio, pero preguntado por Tuker si se le ocurría otra solución, reconoció que no se le ocurría ninguna. Para Tuker el plan de Freyberg era una barbaridad, coincidía con el general francés Juin que era mucho mas viable avanzar por las montañas al este y al norte del monasterio, para rodearlo. En una carta escrita después de la guerra Tuker dijo de Freyberg que era “personalmente valeroso, sin ningún talento táctico, no tenía cerebro ni imaginación” ***. De hecho, Tuker tenía lindezas para toda la cadena de mando por encima de él: “un zopenco obstinado”*** (Freyberg), “un ignorante vanidoso”*** (Clark) y “un indolente superfluo”*** (Alexander). No obstante, quien mandaba no era él así pues, si había que seguir el plan de asalto frontal, entonces decidió que había que destruir el monasterio. ¿Cuál fue el proceso que se siguió para tomar la decisión? El asunto de los bienes culturales italianos había sido una preocupación para los aliados desde su primer paso en Italia. En especial el Monasterio de Monte Cassino. Las autoridades museisticas italianas habían mencionado el tema ya en octubre de 1943, poco después de los desembarcos en Salerno y mientras el frente aliado se desplazaba hacia el norte, para enfrentarse a la línea “Gustav”. A raíz de esta mención el Cuartel General del 5º Ejército de Mark Clark había insistido en que se tuviera absoluto cuidado con el monasterio. El asunto acabó llegando al propio Eisenhower, a la sazón comandante supremo aliado en toda la cuenca mediterránea. A finales de diciembre de 1943 envió una notificación a todos sus comandantes: “Estamos luchando en un país que ha contribuido enormemente a nuestra herencia cultural, un país rico en monumentos que con su creación ayudaron y ahora ilustran el crecimiento de nuestra civilización. Estamos obligados a respetar estos monumentos hasta donde la guerra nos permita...Si debemos elegir entre destruir un edificio famoso o sacrificar nuestros propios hombres, entonces las vidas de nuestros hombres valen infinitamente mas y los edificios deben desaparecer...Nada puede anteponerse al argumento de la necesidad militar”*. Vemos que Eisenhower parecía dispuesto a anteponer las vidas de sus hombres a los monumentos, pero no nos equivoquemos, esto no pasaba de ser una declaración para la galería, ya que no se citaba ningún monumento concreto. No obstante esta declaración tendría su importancia en el futuro. |
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