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Página 1 de 3 INVASION BELGA:
En mayo de 1940 Bélgica movilizo un ejercito de 600.000 hombres; lo cual si se tiene en cuenta de que se trataba de un país pequeño, demuestra lo aguda que era la conciencia del peligro. Ya en 1936 el tiempo de servicio militar obligatorio había sido aumentado a 12 meses en contra de los 8 meses obligatorios hasta esa fecha. Los gastos de defensa ascendieron al 15% del presupuesto total del país.
En 1939 al declararse la movilización, se pasó de las 8 divisiones que consistía la fuerza del ejército en tiempo de paz a 22 grandes unidades, entre ellas dos divisiones de cazadores de las Ardenas y 2 divisiones de caballería. Pero este rápido y fragmentario reforzamiento fue, en gran parte, la causa de la debilidad del ejército belga. Las unidades en reserva no estaban convenientemente encuadradas por oficiales y, muchas veces, la acción de mando, era insuficiente; el equipo era mediocre y la infantería con sus grandes efectivos maniobraba con dificultad y totalmente sobrecargada de personal.
Una de de las dos divisiones de cazadores de las Ardenas, así como las dos divisiones de caballería eran motorizadas, pero en cambio no tenían carros de combate; los belgas consideraban que las fuerzas acorazadas eran un instrumento totalmente ofensivo y fundándose en esto y teniendo en cuenta su neutralidad habían rechazado la creación de fuerzas acorazadas propias.
La aviación era anticuada, no solo por falta de dinero para nuevas adquisiciones, sino también porque las naciones beligerantes no disponían de aviones sobrantes para dárselos a Bélgica, y desde luego, el país no estaba en condiciones de producirlos por cuenta propia. Cuando a fuerza de mucho insistir, consiguió que le cedieran 24 Hurricanes y 24 Facei Battle, la mayor parte de los 200 aviones que constituían la fuerza aérea belga eran casi prácticamente inservibles.
El 10 de mayo el ejército belga se había desplegado, aprovechando las características físicas del país, en las posiciones que defendían los dos grandes ríos paralelos el Escalda y el Mosa y el canal Alberto proyectado y concebido para ser utilizado también con fines militares. La línea defensiva avanzada corría a lo largo de la frontera, desde Amberes hasta Halen. La línea defensiva del canal Alberto, con obras de cemento, carreteras y puentes preparados para su interrupción y demolición, se apoyaba en la plaza fuerte de Lieja, modernizada y reforzada con cuatro fuertes entre ellos Eben-Emael, considerado el mejor sistema fortificado belga. El canal Alberto servia de línea de cobertura, detrás del cual el mando supremo belga situó el grueso de sus tropas, con la esperanza de poder contener en aquella zona cualquier ataque hasta la llegada de los aliados.
La línea defensiva principal, que se encontraba en una posición todavía mas retrasada, atravesaba el país por la mitad, partiendo desde Amberes y dirigiéndose hacia el sur, hasta la plaza fuerte de Namur. Esta línea conocida como KW, se apoyaba en Dyle, formando un obstáculo contra carros continúo desde Amberes a Wavre. Pero el 10 de mayo de 1940 los trabajos para completarlo no habían terminado aun en el sector Wavre-Namur, lo que dejaba abierto un paso a los alemanes.
El día 10 de enero de 1940 se produjo un incidente que tuvo profundas consecuencias. Aquel día, un avión alemán, que llevaba a bordo a dos oficiales, tuvo que efectuar un aterrizaje de emergencia en Malinas, después de haber perdido su ruta sobre Bélgica. Uno de los oficiales llevaba consigo una cartera que contenía las órdenes de operaciones destinadas al grupo de ejércitos B y que no consiguió destruir totalmente antes de ser detenido. Se estudiaron inmediatamente los documentos y ya no hubo dudas sobre su autenticidad; dichos documentos revelaban que Bélgica se encontraría en el centro de la dirección de penetración enemiga. Además los alemanes tenían previsto el empleo de de tropas aerotransportadas, y cuando estallasen las hostilidades tampoco Holanda salvaría su neutralidad como sucedió en 1914. 
De un modo mas bien apresurado, sin consultar siquiera con el gobierno, el jefe de estado mayor; general Vanderbergen, dispuso la inutilización de las defensas de la frontera francesa, considerando que los ejércitos aliados avanzarían rápidamente por territorio belga, puesto que enseguida se había informado a Paris y a Londres de los documentos capturados y de la probabilidad de un ataque inminente. Pero en aquellos momentos, Francia y Gran Bretaña, prefirieron no intervenir, esperando que Bélgica tratase el asunto con Alemania por la vía diplomática.
Después de una atenta consideración por parte de las autoridades alemanas y porque el ataque no se había realizado, el gobierno belga censuro la inutilización de las instalaciones defensivas en la frontera francesa. El 15 de enero se volvieron a poner en servicio; se reprendió el comportamiento del general Vanderbergen y se le destituyo.
Si bien los intentos de enlazar el sistema defensivo belga con el de la provincia holandesa de Brabante fracasaron, (fue un ejercito francés el que realizo el enlace de las fuerzas belgas con las holandesas después de comenzar las hostilidades), tras los contactos anglo-franceses y después de un gran numero de entrevistas, los aliados consiguieron al fin poner a punto un plan general denominado “Plan Dyle”. La finalidad de este plan era sustituir la línea de frontera (geográficamente desfavorable y mal fortificada) por una mas corta y adecuada para la defensa y que atravesaba, de un modo casi rectilíneo, el centro del país.  Henry Giraud Mientras el 7º ejército de Henry Giraud avanzase a través de Flandes, hasta la desembocadura del río Escalda formando un puente entre holandeses y belgas, el cuerpo expedicionario británico debería ocupar la posición “KW” a lo largo del rio Dyle, en el flanco meridional del ejército belga, entre Loumina y Wavre. Por el sur, el 1º ejercito francés del general Blanchard prolongaría la línea defensiva entre Wavre y la zona situada al norte de Namur (ciudad que seria defendida por dos divisiones belgas), y el 9º ejercito de Corap, basculando sobre el centro de su despliegue, avanzaría su ala izquierda para ocupar el Mosa hasta Namur, mientras dos divisiones de su ala derecha permanecerían en sus áreas ya asignadas. Finalmente el 2º ejército del general Hutzinger se mantendría en sus posiciones desde Donchery a Longuyon.
Naturalmente el éxito del “plan Dyle” dependía de que el ejercito belga consiguiese defender el “canal Alberto” por lo menos 5 días, tiempo que el general Maurice Gamelain consideraba necesario para la llegada de refuerzos 
El 9 de abril mientras estos planes estaban todavía en fase de preparación, Alemania invadió Dinamarca y Noruega. En cuanto se les informo de la invasión, los embajadores francés y británico solicitaron que se permitiese a sus tropas la entrada a Bélgica. El momento parecía propicio; puesto que, por cierto tiempo, la Luftwaffe, estaría ocupada en los países escandinavos; pero el gobierno belga rechazó la propuesta aliada y el día 10 de abril curso un comunicado ratificando su decisión.
El día 15 de abril la situación pareció momentáneamente mas tranquila, pero el 24 todos los elementos de información confirmaban nuevamente las necesidad de ejercer en Bélgica una vigilancia especial.
El 8 de mayo, el embajador belga en Berlín, Davignon, informo que los alemanes estaban preparando un ultimátum a Bélgica. Casi de inmediato los holandeses confirmaron el fundamento de esta información y suspendieron los permisos de sus soldados. Fue en aquel momento cuando el agregado militar belga en Berlín, coronel Goethals envió un mensaje a sus superiores informando que el mando supremo alemán había dado a sus tropas la orden de atacar. En el transcurso de la noche del 9 de mayo a lo largo de todo el arco fronterizo que va desde Holanda a Bélgica, había claras señales de que los alemanes estaban efectuando movimientos de tropas. En Bruselas, después de una acaloradas discusión sobre la oportuno de solicitar apoyo a las potencias que se habían comprometido a garantizar la independencia de Bélgica, los ministros dijeron que solo debían de utilizar esta opción cuando se violase terreno nacional. A las 23,15 se decidió proclamar el estado de alarma y la noticia se transmitió a Londres y a Paris.
Occidente se encontraba ahora, frente a una crisis cuya gravedad imponía a todos una acción firme y decidida. Y esta situación se veía agravada por el hecho de haber estallado en Francia, una crisis política que casi había provocado la dimisión del gobierno y la del general Gamelain: Siguió una noche de extraordinaria agitación: las centrales telefónicas estaban sobrecargadas por el enorme flujo de informaciones procedentes de todas partes. Muy pronto empezaron a llegar noticias de que los aviones enemigos volaban sobre el país y poco antes de las 5 se recibieron las primeras noticias de bombardeos. Cinco minutos después se supo que se había violado la frontera y atacado el fuerte “Eben-Emael”.
Los ministros belgas estaban ansiosos por conocer el fundamento de aquellas graves noticias antes de dirigirse al las potencias aliadas, pero la alarma aérea y las explosiones que se produjeron a las 5,17 en la capital los convencieron muy pronto de que sus temores se convertirían en realidad. Y, finalmente, ordenaron que se apelara a Francia y Gran Bretaña.
En cuanto Gamelain recibió el aviso, desde Vinncennes, comenzó a poner en marcha como estaba establecido, el “Plan Dyle” y a las 7,30 de la mañana las tropas aliadas entraban en Bélgica; la “Drole guerre” había finalizado.
De las 137 divisiones que Alemania tenía en occidente, empleo 72 en la ofensiva inicial, excluyendo reservas, que habrían podido llegar al frente en un tiempo mínimo.
Por el norte, el grupo de ejércitos B, del general Van Bock, apoyado por la fuerza aérea del Kesselring, desplegaba 2 ejércitos, con un total de 28 divisiones. Su misión era destruir al ejército holandés, asegurarse el dominio de los pasos del “canal Alberto” y detener a los ejércitos aliados en el norte, cooperando después con parte del grupo de ejércitos A, en el aniquilamiento de las fuerzas que, de este modo, habrían sido cercadas. El 18º ejercito alemán que contaba con una, panzer-división, estaba al mando de Von Kuchler, debía penetrar en Holanda septentrional, al mismo tiempo que las tropas aerotransportadas desembarcarían en Holanda. El 6º ejercito al mando de Von Richenau, operaria en Limburgo holandés y belga, al norte del Mosa; este ejército contaba con dos, panzer-división, y una división motorizada.
En el centro el grupo de ejercitos A, al mando de Von Rundestedt, había de descargar, apoyado por la 3ª fuerza aérea de Sperrle, un formidable ataque a través de las Ardenas; contaba con 44 divisiones, entre ellas 7 acorazadas y 3 motorizadas. En vanguardia, para iniciar la ruptura del frente enemigo, se encontraría el poderoso grupo de unidades acorazadas de Von Kleist, que atravesaría el Mosa entre Dinant y Sedan. Este ataque estaría cubierto en el flanco derecho, por el 4º ejercito de de Von Kluge, que avanzaría a lo largo de la cuenca Sambre-Mosa para unirse después con e grupo de ejércitos B y cercar a las tropas enemigas. El 12º ejercito de Von List penetraría en Bélgica por Luxemburgo meridional y protegiendo el flanco sur de las fuerzas empeñadas en la ofensiva. Dos mandos de los ejercitos 2º y 9º, organizarian después un frente defensivo a lo largo de Aisne, los canales y el Somme, empleando divisiones de reserva y garantizando la libertada de maniobra a la fuerzas empeñadas mas la norte.
Al sur, el grupo de ejércitos C, al mando de Von Leeb, tenia la misión de contener al enemigo en la “Línea Maginot” y la orilla derecha del Rhin hasta la frontera Suiza, con las 17 divisiones de los ejércitos 1º de Witzleben y el 7º de Dollman.
Como bien sabemos la resistencia holandesa ceso al anochecer del día 14 de mayo, y a las 17,45 el ejercito depuso las armas y dejo de combatir. Las unidades de la marina holandesa, junto con la reina Guillermina y su gobierno, cruzaron el canal de la mancha para continuar la lucha desde Inglaterra.
Mientras tanto el 6º ejército de Von Reichenau estaba empeñado en lograr un éxito en el frente belga. A las 5 del día 10 de mayo 53 de los 179 aviones belgas en condiciones de volar fueron destruidos en tierra, y todos los centros importantes de comunicaciones habían sido bombardeados. En el Limburgo reinaba el caos. La población se desparramaba por las carreteras e incluso varias unidades militares, dejándose llevar por el pánico. Las noticias que llegaban al comandante en jefe belga eran increíbles: parecía ser que los puentes de Woldwezel y de Vronnhoven, sobre el “Canal Alberto”, habían caído intactos en manos del enemigo y, lo que era aun mas alarmante, que tropas aerotransportadas alemanas estaban tomando tierra dentro del fuerte de “Eban-Emael”.
En efecto después de haber conquistado los dos puentes y dejar fuera de combate el fuerte de “Eban-Emael”, los alemanes se habían asentado solidamente en la orilla izquierda del Canal Alberto, si bien los carros de la 3ª y 4ª panzer-división quedaron paralizados en Maastricht, donde los holandeses habían volado los puentes sobre el Mosa, hasta el día siguiente, 11 de mayo, en que consiguieron tender un puente militar. Por este puente fueron pasando los carros de combate alemanes, y al mediodía llegaron sin problemas a Tangres. Una vez rebasada esta ciudad se abrieron paso en abanico, y por la tarde una unidad llego a Wareme, amenazando así Lieja por la retaguardia. Fue en este momento cuando Hitler difundió un comunicado anunciando la caída del “Canal Alberto” y del fuerte de “Eban-Emael”. Naturalmente, se había llegado a esa delicada fase, el anuncio tuvo muy graves consecuencias en la moral de las tropas y en la opinión publica belga, confirmando en muchos pusilánimes la impresión de que los alemanes eran invencibles.
En realidad, la situación se estaba desarrollando según los planes. Al amanecer del día 10 el ejercito aliado estaba en marcha hacia el dispositivo de defensa principal, el “Plan Dyle”, al que el ejercito belga empezó a retirarse el día 11. Esta era precisamente la línea defensiva en la que los aliados habían decidido establecerse para detener el avance enemigo.
En lo concerniente a las fuerzas empleadas al norte, en el sector Sambre-Mosa, la situación era claramente favorable a los aliados, por cuanto se habían desplegado, en este sector casi 40 divisiones, incluidas las belgas, contra las 30 que Bock ponía en el terreno. En realidad la perdida del “Canal Alberto” no era nada mas que un desfavorable episodio de orden táctico, en comparación con lo sucedido 36 horas mas tarde entre Dinant y Sedan.
En las Ardenas, siete divisiones panzer se pusieron en movimiento al amanecer del día 10, asegurándose enseguida, sobre el río Mosa, las principales y primeras bases para el ataque. Frente a este avance, las tropas y unidades belgas se retiraron en dirección noreste para ceder sus posiciones a las tropas de cobertura de los ejércitos 2º y 9º francés.
Por la tarde de este mismo día 10, la caballería francesa estableció contacto con los alemanes en Marche, St Hubert y Etalle, pero al día siguiente se retiro atravesando el Mosa. Mientras tanto, Kleist concentro sus fuerzas para efectuar un espectacular paso del río, maniobra que empezó inmediatamente rompiendo la parte central del frente aliado. Era aquí, y no sobre el “Canal Alberto” , donde se decidiría la suerte de la campaña. 
Mientras los belgas se las entendían con las tropas aerotransportadas alemanas, en el “Canal Alberto”, las tropas aliadas, según estaba previsto en el “Plan Dyle”, alcanzaban sus posiciones al norte del Mosa. El día 11 por la mañana, tres divisiones ingleses se organizaron para defenderse entre Wavre y Namur mientras el ejercito de Blanchard se desplegó a lo largo de la línea férrea Wevre- Namur, la caballería de Prioux avanzo hasta los ríos Mehaigne y Gette, extendiendo la línea defensiva de la 2ª división de caballería belga.
Mientras tanto el comandante en jefe belga había comenzado también a reagrupar el ejército a lo largo de la línea “KW”. Se retiraron las dos divisiones de cazadores de montaña belgas, desde las Ardenas a Namur y las dos divisiones de Lieja tuvieron que retroceder. Esta maniobra se realizo con dificultad, ya que el mediodía del día 11 las unidades panzer alcanzaron Tonares amenazando la retaguardia de los belgas. Afortunadamente los alemanes no aprovecharon a fondo su ventajosa situación y los restos de las unidades belgas pudieron retirarse detrás del Gette.
Durante la tarde del día 12, mientras la Luftwaffe bombardeaba sistemáticamente las vías de de comunicación, los puestos franceses situados entre Tirlemont y Huy consiguieron contener a algunas unidades avanzadas del XVI Panzerkorp, en tanto en otros sectores solo algunas unidades de exploración lograron tomar contacto con la línea defensiva. En efecto, las unidades de infantería del 6º ejercito alemán eran bastante lentas para seguir a sus vanguardias acorazadas; por lo tanto, no consiguieron aprovecharse de la confusión que se había creado en uno o dos puntos del despliegue aliado, sobre todo en el abandono prematuro de algunas posiciones de retaguardia situadas entre el Demer y el “canal Alberto”, dejando así tiempo al mando belga para evitar una crisis ciertamente grave. Además, en el norte, parecía que el ejercito de Von Reicheneau le costaba trabajo establecer contacto con el 18º ejercito de Kuchler, así que en el espacio existente entre dos ejércitos había pocas tropas alemanas. Aquella tarde del citado día 12, en Casteau cerca de Mons, tuvo lugar una entrevista entre el rey Leopoldo, Deladier, los generales Georges, y Billote mas el jefe de estado mayor del C.E.B, sir Henry Pownall. Dada la fase a la que habían llegado los combates, se planteaba con extrema urgencia la necesidad de organizar el mando de un modo eficiente, por lo que se estableció que el general Billote, comandante del cuerpo de ejercito I francés, actuara como delegado del general Georges, comandante en jefe del frente noroccidental, para coordinar las actividades de las fuerzas aliadas en territorio belga. Pero esta solución a todas luces ambigua, no aseguraba la adecuada y eficiente acción de mando que requería la situación lo que posteriormente crearía grandes dificultades. Billote, se encontró tan sobrecargado de trabajo que no tenía tiempo apenas para coordinar, y la consecuencia fue que el mando belga y el C.E.B, quedaban sin casi ninguna orden y directiva alguna.
El precio que se pagaba por la insuficiente preparación iba creciendo. Por ejemplo, la tarde del día 10 se encontraron en Lovaina 2 divisiones, una belga y otra británica, que habían recibido la misma orden de ocupar ese sector; solo después de la entrevista de Casteau el 12 de mayo se decidió asignar Lovaina a los británicos.
Tampoco había prácticamente enlace alguno entre los belgas y la división ligera motorizada francesa, que se encontraba en el Gette, precisamente en el momento en el que las unidades acorazadas alemanas estaban atacando, el dia 13 de mayo. Serian los soldados, a quienes se lanzó al ataque a toda prisa y en medio de la confusión, los que pagarían estos errores con su vida.
En esta fase se extendía el frente de un modo casi continuo, a lo largo del “Canal Alberto”, la línea fortificada de Winterbekk, Diese, el Gette y el Mahigne.
A las 11 del día 13, protegidos por los bombarderos Stuka y por un pesado fuego de artilleria dirigido contra la zona de Hannut, Merdorp, y Jandrain, atacaron la 3ª y 4ª Panzerdivision. Los carros de combate franceses Osma y H-35, estaban dispuestos y dispersos a lo largo del frente en pequeños grupos, desperdiciando así su potencial bélico. Esta batalla, la 1ª de carros de combate, puso de manifiesto la superioridad de la ofensiva y la mayor eficacia de los cañones móviles respecto a los fijos. Seguidos de cerca por su infantería, los carros de combate atacaban con gran flexibilidad, desbordando los núcleos de resistencia, atacando por los flancos y por la retaguardia, eludiendo al enemigo cuando era necesario e infiltrándose a lo largo de una 2ª dirección si la 1ª resultaba estar bloqueada. A las 17,45 fueron arrolladas las posiciones francesas, y el general francés Prioux decidió retirarse con sus divisiones ligeras motorizadas, detrás de los obstáculos contra-carros belgas de Perwez. Las elevadas perdidas de estas divisiones en la fase inicial de la campaña fueron irremediables, porque este era el único núcleo importante de carros de combate en los que el mando francés había basado sus planes. Hay que reconocer que, en el encuentro, los alemanes también sufrieron bajas notables, lo que por lo menos tuvo la ventaja de dar al ejército 1º, que retrocedía rápidamente, el tiempo necesario para retirarse a nuevas posiciones.
Durante la noche del 13 al 14 de mayo, el cuerpo de caballería belga se retiró a la línea “KW”, mientras la infantería se alineaba dispuesta a combatir. Por la tarde del 14 de mayo las tropas aliadas estaban así desplegadas:
● Desde Breskens a la desembocadura del Escalda, al norte de Amberes, el frente estaba guarnecido por 3 divisiones del ejército francés, que habían recibido la orden de retirarse después de su inútil misión en Holanda. El frente se extendía en dirección S.E, a lo largo de unos 50 km, hasta los suburbios septentrionales de Lovaina; este sector estaba defendido por el ejercito belga, con las divisiones desplegadas en tres escalones. ● Desde Louvina a Wavre, los ingleses cubrían el frente, con cinco divisiones en el Dyle (dos de ellas de reserva), y otras cuatro mas retrasadas. Esta profundidad se había decidido a fin de permitir que el C.E.B, pudiera llevar cabo maniobras retardadoras, cuando fuera necesario hacerlo sin el menor riesgo posible. Mas tarde los acontecimientos demostraron lo acertado que estuvo Lord Gort, al adoptar este despliegue. ● De Wavre a Namur desplegadas 6 divisiones del 1º ejercito francés, con dos divisiones motorizadas en reserva; antes de retirarse, tenían que ejecutar una acción de cobertura en el sector Gembloux-Ernage. 2 divisiones belgas defendían las posiciones de Namur apoyadas por la artillería de la fortaleza.
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