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INVASION BELGA: | INVASION BELGA: |
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| Escrito por Auchinlenk | |
| domingo, 12 de febrero de 2006 | |
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Página 2 de 3 ![]() Lord Gort Pero la suerte de estos ejércitos se decidiría muy pronto en el sur. La noche del día 15, dándose cuenta de la ruptura en el frente de Sedan era irremediable, el general Billote tomo una decisión de sumo gravedad: era preciso que las fuerzas aliadas en Bélgica se retiraran a la línea del Escalda y a las antiguas posiciones de la Frontera. Esto significaba el abandono del Plan Dyle y la vuelta al plan escalda que era una de las primeras soluciones tomadas en consideración antes del 10 de mayo. Por ser inevitable, esta decisión debería haberse comunicado inmediatamente a los belgas y a los británicos, y sin embargo Lord Gort no recibió la información hasta las cinco del día siguiente (y aun así gracias a un oficial que habían enviado a Billote y que por casualidad, había podido leer la orden antes de distribuirse). A las fuerzas belgas llego a las 10 de aquella mañana a través de los elementos de enlace de las mismas. Los belgas acogieron la noticia con gran amargura. Baste citar las frase del subjefe de estado mayor del ejercito belga, general Derousseaux para darse cuenta de ello “llego como un rayo en un cielo sereno; junto con la posterior rendición, constituye el peor recuerdo personal de la campaña”. Los ejércitos belgas y británico tenían que retirarse en todo el frente, en una profundidad de mas de 80 kilómetros. Sin embargo, la situación era aun bastante favorable, puesto que el enemigo no estaba todavía en condiciones de organizar un ataque sistemático contra las fuerzas que se replegaban. La retirada de las tropas en el sector septentrional se realizo aquella noche en 3 fases, y fue cubierta por las fuerzas de retaguardia, situadas en los canales navegables que se encontraban a lo largo de la línea de repliegue. Fue también necesario proteger el flanco septentrional de la retirada, ya que la 7ª división francesa había recibido la orden de abandonar la desembocadura del Escalda y desviarse hacia el sur. Cortando en ángulo recto la línea a lo largo de la cual se estaban retirando belgas y británicos, las tropas francesas provocaron tal confusión que, que acabaron por dispersarse y su jefe, el general Giraud, fue capturado por una patrulla alemana el día 18 de mayo. En el flanco septentrional fueron sustituidas por el cuerpo de caballería belga, que operaba en la región de Waas. Las dos divisiones fortaleza belgas, que estaban en Namur, recibieron la orden de abrirse camino hasta Gante; las restantes fuerzas del sector septentrional del frente, esto es, el 1º ejercito francés, se retiraron al escalda y al sensee, a lo largo de la linea Maulde-Bouchain –Arleaux, evacuando así territorio belga. El día 20 de mayo el ejército belga sostenía el frente desde Terneuzen hasta Oudenaarde, con 11 divisiones en primera línea y siete de reserva. Las fuerzas inglesas estaban desplegadas en el Escalda, desde Oudenaarde hasta la frontera, a su vez con siete divisiones en primera línea y una de reserva. Preocupado por la escasa eficacia del sistema de transmisiones y porque le llegaban noticias insuficientes sobre la situación de su flanco derecho, lord Gort decidió asegurar este sector por cuenta propia. Situó algunas de sus unidades en el río Scarp, cerca de Arras y a lo largo del canal La Bassee, en la retaguardia del 1º ejercito francés, y otros pequeños destacamentos a lo largo del canal, hasta la costa, asegurándose de este modo cierta protección en todas direcciones. La preocupación del mando británico era muy comprensible, dada la atmósfera que reinaba por aquellos días en el alto mando francés, donde, al parecer, nadie se daba perfecta cuenta de la magnitud del desastre. Mientras tanto en Francia, el general Gamelain había sido destituido de su cargo el 19 de mayo, precisamente en el momento que estaba ordenando una contraofensiva contra el flanco de las formaciones acorazadas que habían efectuado la irrupción en sus líneas. En realidad la orden era bastante absurda, dada la imposibilidad de reunir en el poco tiempo disponible, algo parecido a una masa de maniobra. Como había comprobado Churchill en el curso de su viaje a Paris, no habían quedado reservas dignas de ese nombre. El anciano General Weignad sustituyo a Gamelain en el cargo de comandante en jefe francés; lo primero que hizo fue anular la orden de contraataque dada por su predecesor, y luego tomo la decisión de acudir al frente para comprobar personalmente el estado en que se encontraban las tropas. En aquel momento ignoraba un dato esencial: a las 21 horas de la noche anterior, la 2ª panzer-división había llegado a Abbeville, completando el cerco de las fuerzas aliadas situadas al norte. En medio de este desbarajuste, el general Ironside, jefe del estado mayor del imperio británico, acudió para conferenciar con Gort y con el general Billote. Ignorando, como Weygand, el estado de la situación, ordeno a lord Gort que forzase el camino hacia Amiens, colaborando a ser posible con franceses y belgas, a fin de restablecer la continuidad del frente aliado. A primera vista la orden era lógica, no había duda alguna de que entre los días 18 y 21 de mayo las unidades acorazadas alemanas, demasiado avanzadas respecto a la infantería, eran extremadamente vulnerables a un ataque, en tanto que su retaguardia se había creado un vació. La errónea decisión de Hitler de invertir las misiones asignadas a los ejércitos 2º y 12º retraso la llegada dos días de las tropas de apoyo. La idea de Ironside era buena, pero el tiempo y las fuerzas disponibles para llevarlas a la práctica eran insuficientes. Por su parte Gort, confiaba en una operación que iba a efectuar en los alrededores de Arras y con un objetivo limitado; para esta operación pretendía emplear dos divisiones (la 50ª y la 5ª) y su brigada acorazada, al mando del general Franklyn. Este había aceptado coordinar sus ataques con los franceses, que a su vez, intentaban atacar en dirección Cambrai, donde seria posible establecer contacto con el nuevo grupo de ejércitos francés, que el 23 de mayo estaba preparando para atacar por el oeste. Pero el ataque efectivo, iniciado al as 14 horas del día 21 de mayo, se desarrollo a escala limitada. Como los franceses todavía no se habían desplegado, los británicos empezaron solos la acción, y el general Martel, a quien se había confiado el mando de la operación, consiguió organizar una punta ofensiva tan solo con tres batallones de infantería y 74 carros de combate, 58 de ellos ligeros. A pesar de su modestia, la operación, realizada con energía, fue un verdadero golpe para las unidades avanzadas de la división 7ª del general Rommel y para la división Totenkopf. La agrupación inglesa avanzo unos 16 kilómetros y destruyo un gran número de tanques antes de ser detenida, lo que sucedió alrededor de las 20 horas. En consecuencia Martel se vio obligado a retirar sus fuerzas aquella misma noche. Pero este contraataque en Arras, causo a los alemanes un deprimente efecto psicológico: la sorpresa fue tan grande que Rommel aquella noche informo en estos términos: “se han desarrollado durísimos combates entre las 15,30 horas y las 19 con centenares de carros enemigos apoyados por infantería.....” Lo cual indica que el mando supremo alemán también fue presa del pánico, pues juzgo que las fuerzas británicas ascendían a nada menos que 5 divisiones. Sintiéndose inseguro, Hitler envió a Keitel al lugar de la batalla, donde se reorganizo todo el despliegue de las fuerzas. La 5ª y 7ª panzer-división, con las brigadas motorizadas de la Totenkopf, permanecerían inmovilizadas, mientras que la 6ª y 8ª panzer-división retrocedieron hacia posiciones más al este. A partir de aquel momento los alemanes mostraron cierto nerviosismo en la dirección de las operaciones. Von Rundsedt dijo después que el ataque de Arras fue la única maniobra aliada, en mayo de 1940, que le había inspirado cierto temor. Aquella misma tarde del 21 de mayo, Ypres, el general Weygand convoco por primera vez (que fue también la última) a los tres comandantes en jefe aliados. Al llegar a la ciudad solo encontró al Rey Leopoldo y a su consejero militar, general Overstraeten, Billote; llego mas tarde, y lord Gort ni siquiera llego a tiempo de ver a Weygand. Este expuso sin demora su plan: el objetivo era cerrar la brecha existente mediante una ofensiva, desencadenada al mismo tiempo en el Norte y en el sur, por las fuerzas cercadas y por las que se encontraban en el Somme respectivamente. Las tropas belgas deberían retirarse sobre el Yser, a fin de reunir las fuerzas para la contraofensiva. El general Overstraeten era contrario a este plan, afirmando que una nueva retirada tendría una grave moral sobre las tropas. Y añadía: “la línea de Yser no esta convenientemente preparada, las carreteras están embotelladas por centenares de miles de fugitivos; el ejercito belga esta cansado y muchas unidades están en fase de disgregación. Nuestro ejercito esta en condiciones de batirse en las posiciones actuales, pero si se les obliga a retroceder y abandonar esas posiciones yo no puedo garantizarles nada”. Durante la conversación que siguió se supo que Weygand no había sido informado aun de la llegada de los alemanes a Abbeville. Al saberlo la noticia lo trastorno. Mientras tanto llego Billote, que informo sobre la situación desastrosa en que se encontraba su grupo de ejércitos; de esta de esta declaración resulto evidente que el único instrumento ofensivo eficaz eran las fuerzas británicas. El mismo Weygand admitió entonces la dificultad de que los belgas se retirasen al Yser, por lo que dio su conformidad a que se mantuviesen en el canal Gante-Terneuzen y en el Escalda. Faltaba solo convencer a lord Gort de que aceptase el nuevo plan. Cuando este llego comunico la noticia de que los alemanes habían atravesado el Escalda cerca de Oudenaarde, y añadió que, en su opinión, era inevitable una retirada hacia Lys. Lord Gort opinaba también que los aliados no estaban en condiciones de acometer una contraofensiva enérgica e inmediata, ya que las divisiones británicas estaban dispersas en frentes excesivamente amplios y los ejércitos franceses estaban prácticamente desechos. Cuando termino la reunión se había decidido trasladar las tropas aliadas a un nuevo frente formado por Valenciennes, el Escalda, la antigua línea defensiva de la frontera y el Lys. La situación empeoro todavía más con la muerte del general Billote, victima de un accidente de carretera cuando regresaba a su puesto de mando. De este modo desapareció de la escena, sin haber podido comunicar sus órdenes. Su sucesor Blanchard, no estuvo al corriente de las decisiones tomadas y de las decisiones adoptadas, hasta las 12 del día siguiente. Mas tarde ya fue imposible toda coordinación. La situación evolucionaba tan rápido que los generales Weygand y Blanchard no pudieron ejercer ningún mando sobre las fuerzas desplegadas en el norte y durante el resto de la campaña cada ejercito se vio forzado a obrar por cuenta propia. Los carros de combate habían cubierto los 380 km que separaban Bastogne de la costa en unos diez días aproximadamente. La operación guadaña, realizada hasta el día 21 de mayo con gran habilidad, había puesto en fuga a todas las fuerzas que habían tratado de detenerlas; y sin embargo, a pesar de este empuje, las fuerzas alemanas necesitarían otros dieciséis días para cubrir los 50 Kilómetros que separaban Abbeville de Dunkerke. En la noche del 22 al 23 de mayo el general Von Brauchitsch, resumió la situación en términos exactos: no sintiendo excesivo temor por las reacciones aliadas, ordeno a su grupo de ejércitos que continuasen con energía la acción de cerco. El general Von Rundstedt, no se mostraba demasiado entusiasta ante la idea de una conversión hasta el norte. Preocupado por la presencia en su flanco meridional del reconstituido 7º ejercito francés y por el contraataque de Arras, decidió, de acuerdo con Von Kleist, agrupar sus unidades acorazadas a lo largo de la linea Gravelines, St Omer, Bethune, donde permanecieron temporalmente, lo que dio otro día a los británicos para reforzar las defensas en su flanco occidental. La misma tarde del 23 de mayo, Brauchitsch, ignorando la decisión de Rundstedt, decidió trasladar el ejército de Kluge, del grupo de ejércitos A de Rundstedt, al grupo de ejércitos B de Bock. Con el fin de poner bajo un solo mando todas las unidades destinadas a aniquilar las fuerzas cercadas de los aliados. Esta orden, que había de entrar en vigor a las 20 horas de día siguiente, habría decidido probablemente la suerte de los aliados. Pero entonces intervino Hitler. A las 11,30 del 24 de mayo, mientras visitaba el puesto de mando de Rundstesdt en Charleville, se le informo de las ordenes dadas por Brauchitsch e inmediatamente Hitler las anulo. Y no solo aprobó la decisión de Rundstesdt de detener las unidades acorazadas, sino que ordeno además que esta detención fuese permanente en lugar de temporal. Mientras tanto, la situación de las fuerzas aliadas se estaba haciendo imposible tras la primera línea, ya que a las grandes columnas de fugitivos, las incursiones aéreas y las primeras y apresuradas fases de evacuación creaban un grave desorden. Al amanecer del día 24 el ejercito belga estaba desplegado y contacto con el enemigo en un arco de 95 kilómetros, que se extendía desde Menin, hasta el mar. A pesar de las grabes perdidas sufridas en hombres y en material, la moral de algunas unidades belgas seguía siendo excelente, pero en otras se había instalado cierto pesimismo. Durante la noche del 23 al 24 de mayo y a la mañana siguiente, la artillería alemana sometió a un intenso fuego las defensas aliadas situadas entre Cuortrai y Menim, mientras los Stukas extendían el ataque a la retaguardia. Al comienzo de las tarde después de haber atravesado el Lys, a ambos lados de Courtrai, cuatro divisiones atacaron consiguiendo arrollar las posiciones defensivas belgas. Desde el punto de vista estratégico, el lugar había sido muy bien elegido. Lanzando cerca del punto de unión de los ejércitos británicos y belga, amenazaba el enlace de ambos y podía aislarlos. Pero el mando aliado se dio cuenta de este peligro y actuó rápidamente: la brecha fue taponada aquella misma noche con las reservas que quedaban, maniobra que algunos criticaron después injustamente, sosteniendo que aquellas reservas no debían de haberse utilizado tan pronto. ¿Pero que otra cosa se podía hacer? En el ínterin el Rey Leopoldo había leído una patética proclama a sus tropas: “ La gran batalla que estamos teniendo será dura. Combatiremos con todas nuestras energías y con gran valor; nos batiremos en este suelo donde en 1914 detuvimos victoriosamente al agresor. Bélgica espera que hagáis honor a su bandera. Soldados, cualquiera que sea vuestro destino es el mío”. Pero a las 7 del 25 de mayo habían roto el frente y formado una cabeza de puente mas al norte. Pese algunos brillantes hechos aislados, como el de los cazadores de las Ardenas, que retrasaron el avance enemigo en un espléndido contraataque, las horas del ejercito belga estaban contadas. En la madrugada los alemanes atacaron con violencia en el oeste, en una línea comprendida entre Geluwe e Izegen. Atravesaron el canal Mandel, y las cabezas de puente constituidas el día anterior quedaron de este modo unidas, mientras que mas al norte forzaron el paso del canal derivado Deynze-Heist. Al mando supremo aliado, que tenia que hacer frente a peligros cada vez mayores en seis puntos distintos, le llovían las peticiones de refuerzos. Como reserva solo quedaban los restos de tres divisiones, pero se trataba de tropas que habían soportado durísimos combates. La 3ª división solo podía reunir 1250 hombres y todas sus armas pesadas habían sido abandonadas o destruidas durante el combate. Sorprendía incluso que aun existiera un frente continuo, pues si bien los alemanes lo habían roto en muchos puntos, en cada ocasión todas las brechas habían sido taponadas, aunque en el último momento. La tarde del 26 de mayo el rey de los belgas comunico a Blanchard el siguiente mensaje: “El mando belga me pide que informe al comandante en jefe de los ejércitos aliados que la situación del ejercito belga es grave, pero que no obstante el mando tiene intención de continuar la lucha. Sin embargo, ya se a llegado al limite de toda resistencia”. Lord Gort había recibido también un mensaje que, entre otras cosas decía: “los belgas ya no tienen mas fuerzas disponibles para detener el avance sobre Ypres. Por lo tanto debe descartarse la idea de una retirada es este punto, ya que una maniobra semejante destruiría nuestras unidades mucho mas rápidamente que una batalla, y con el inconveniente de no causar daño alguno al enemigo. Se a dado la orden de de extender las inundaciones a la orilla oriental del Yser y del Ypelee; pero hay que hacer observar que el nivel de las aguas subirá lentamente, ya que estamos ahora en el periodo de de las mareas bajas”. En estas trágicas circunstancias se inicio el ultimo de de lucha del ejercito belga. El mayor peso del ataque alemán se concentraba en el sector central del frente, en dirección a Tielt, donde a las ultimas horas de la mañana se abrió una brecha de mas de 8 kilómetros. Y como no se disponía de medios adecuados para taponarla, los alemanes encontraron el camino abierto hacia la ciudad de Brujas. A las 12,30 del 27 de mayo el Rey Leopoldo envió a Lord Gort el siguiente mensaje:” El ejercito belga esta desanimado. Hace cuatro días que esta combatiendo ininterrumpidamente bajo constantes bombardeos, y se esta acercando la hora en que no podrá continuar la lucha. En estas circunstancias, para evitar un colapso general, el rey no tendrá mas remedio que rendirse.” A las 14,30 la misión militar francesa recibió una comunicación similar |
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