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Página 3 de 5 Evidentemente, las fuerzas “fantasma” que eran desconocidas por el otro bando, juegan a favor de los británicos ya que sus formaciones son muy superiores a las italianas, pero un apercibimiento rápido de la situación podía hacer intervenir a los aviones basado en Sicilia y Rodas golpeando duramente a unos desconcertados ingleses. Las fuerzas de vanguardia (los cruceros ligeros de Pridham-Wippell, frente a los cruceros pesados y ligeros de Sansonetti) obedecían al mismo cometido, simular una retirada para emboscar al enemigo con la fuerza principal de sus respectivas flotas. Pridham-Wippell inmediatamente cambiaron de rumbo e intentó poner mar por medio al tiempo que Sansonetti se lanzaba en su persecución. En descargo de Sansonetti podríamos decir que si bien no sospecho de la falta de compatibilidad británica, en contradicción con la actitud observada en los británicos durante toda la guerra, hay que reconocer que su superioridad era manifiesta (tres cruceros pesados y dos ligeros junto con trece destructores contra cuatro ligeros y cuatro destructores de su contraparte británico), y quizá pensó que el ánimo británico se había truncado al fin. Fuera como fuese, lo cierto es que Iachino no pico el anzuelo y ordeno al vicealmirante italiano suspender la persecución y dirigirse hacia el oeste. Pero, quizá para sorpresa de Sansonetti, los británicos también invirtieron el rumbo y comenzaron a perseguir a los latinos. La precaución de Iachino, estaba justificada, los británicos guardaban un as bajo la manga. Eran las 08:55 del 28 de marzo de 1941, el panorama comenzaba a clarificarse. Sobre las once, ante la perseverancia de los británicos de perseguir a los cruceros italianos, Iachino opto por rodearlos y cogerlos entre dos fuegos. De pronto sobre los cruceros ingleses se desencadenó el fuego del acorazado trasalpino y si a este se hubiese sumado el de los cruceros de la I y VIII división la suerte de estos hubiese estado sellada. Pero Cunningham no permaneció ocioso. Temiendo por la destino de los cruceros de la Fuerza B, ordenó el ataque de los Albacore del Formidable creando una curiosa confusión a su llegada, los ingleses los tomaron por italianos e hicieron fuego antiaéreo contra ellos, Iachino pensó también que eran CR42 con base en Rodi. Cuando fue evidente que los biplanos se dirigían contra los buques italianos, Iachino ordenó el cese del ataque contra la Fuerza B y aprestarse a la defensa antiaérea. 
El Veneto abre fuego Si bien el ataque aéreo no tuvo ningún resultado, tuvo dos consecuencias de mediana importancia, de un lado, la fuerza B pudo retirarse sin problemas y por otro el comandante italiano considerando que la escolta aérea no aparecería ordenó a sus buques retirarse, aún desconociendo la presencia del portaviones en el área y estimando que los torpederos provenían de las bases enemigas de Grecia y Creta. Cunningham por su parte continuó la persecución del enemigo a distancia, considerando que si bien tenía pocas posibilidades de alcanzarlos por la mayor velocidad de la flota italiana, no debía dejar la oportunidad de aprovechar cualquier circunstancia que le favoreciese. Y es que a menudo, la fortuna favorece a los audaces. Sobre las 14:25 Iachino recibe las primeras noticias de la presencia de grandes unidades británicas en la zona al interceptar un mensaje de la base de Rodi a Supermarina informando del avistamiento por parte de un avión de reconocimiento estratégico de un acorazado, un portaviones, seis cruceros y cinco destructores a levante del Veneto. Iachino desconfía de la verosimilitud de esta información ya que sus exploradores no habían descubierto a esa formación y espera confirmación por parte de Supermarina, que tampoco la cree y no da curso a la misma para evitar confusión. Ambos centros italianos supusieron que los exploradores habían confundido formaciones amigas, tomándolas como enemigas, pero como pudieron confundir un portaviones con uno amigo si no existía. En realidad el avistamiento de la Fuerza A no provenía de un avión de exploración sino de dos torpederos que incluso habían atacado al Formidable sin éxito y el obviar esta información es un error achacable tanto a Iachino como a Supermarina que tenían medios para confirmar la noticia y tendría consecuencias funestas para la Regia Marina. Frente a la ignorancia de la situación táctica de Iachino, Cunningham si posee un cuadro completo del escenario en el que se movía, tan solo desvirtuada por la suposición de que tal vez, junto al Vittorio Veneto podrían hallarse dos Giulio Cesare, y bajo tal visión comenzó a trazar una estrategia.

Cunningham era consciente de que no podía alcanzar a buques más veloces y que además el tiempo corría en su contra ya que cuanto más se acercase a las bases italianas, más posibilidades tenía de sufrir un ataque de aviones italianos o alemanes y menor cobertura aérea podría tener de sus propios aviones con base en Creta o Grecia. Su única posibilidad consistía en un ataque de los torpederos de Formidable que alcanzasen a una nave capital italiana que hiciese aminorar la marcha de la escuadra italiana dando tiempo a sus acorazados de situarse en posición. Fiel a este pensamiento, el almirante británico lanzó un ataque consistente en cinco torpederos (3 Albacore y 2 Swordfish) y algunos cazas con la finalidad de servir de distracción a la defensa antiaérea y dar cobertura a los torpederos en el supuesto de que llegasen aviones hostiles. El capitán Dalyell-Stead, al mando de la operación se colocó junto con otros dos torpederos en abanico frente al acorazado y a 1000 metros del Leviatán lanzó su torpedo, justo antes de ser derribado. Su sacrificio no fue vano, el torpedo toco la popa explotando a la altura de la hélice izquierda. Cuatro toneladas de agua entraron en el casco, bloqueando el timón y deteniendo la nave. Cuando consiguieron volver a ponerla en movimiento, gobernada con el timón de mano, habían pasado 6 interminables minutos, la flota enemiga se encontraba a 55 millas y la base más cercana a 420 millas y lo peor de todo, la velocidad, la mejor arma de los acorazados italianos, aquella carta a la que se había sacrificado armamento y protección se había reducido a 15 nudos. La tragedia comenzaba a mascarse.
 HMS Formidable
Los ataques aéreos continuaron y a pasadas las 15:00 horas seis Blemheims de la RAF bombardean sin éxito al Zara y al Garibaldi y otros cuatro atacaron al Trento y al Bolzano con idéntico éxito. A las 16:45 se repiten los ataques sobre Cattaneo y a las 17:00 sobre Sansonetti, ningún ataque de los comentados tuvo el menor fruto pero si los comento es por que en todo este tiempo de aprensión para los italianos ni los aviones alemanes ni los de la Regia Aeronáutica hicieron acto de presencia. Llegado este momento, Iachino decide que ya estaba bien, que la misión era imposible y que había que regresar a puerto antes de que el daño fuese mayor
 El Vittorio Veneto tocado
Para Iachino, la misión había cambiado radicalmente, de cazador había pasado a presa y sabía que los lebreles británicos no iban a abandonar la caza fácilmente. Su primera prioridad pasó a ser la supervivencia de su buque insignia y ordenó al resto de la flota adoptar una formación defensiva en torno al acorazado. Situó a sus fuerzas en cinco columnas con el Vittorio en el centro con un destructor a popa y otro a proa, a la izquierda el Trento, el Trieste y el Bolzano. A la derecha el Zara, el Fiume y el Pola, como piquete exterior los destructores, tres a la izquierda y cuatro a la derecha. El Garibaldi y el Abruzzi recibieron permiso para dirigirse por sus medios a su base.
 Swordfish painting by Dennis Andrews - see www.warshipart.com
El HMS Warspite se prepara para recoger el Swordfish del capitan Bolt
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