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La Noche de los Cuchillos Largos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Harry Flashman   
viernes, 03 de marzo de 2006

 

El 1 de julio 1933 Hitler anunció oficialmente a la SA que la revolución había terminado. El 6 recalcó que "sobre todo hay que mantener el orden en la economía". Roehm hizo caso omiso y no se recataba en decir que "Adolfo –era el único nazi que le tuteaba- piensa como un pequeño burgués". Las SS, sin embargo, tenia ya 200.000 hombres y la recién creada policía secreta, la Gestapo, estaba a su servicio.

 

Sus enemigos trataron de perjudicarle contándole al puritano Hitler las evidencias sobre su homosexualidad, pero éste contestó que no quería oír hablar de "aquellas guarrerías". Pero siguieron bombardeándole con informes sobre sus discrepancias y sus contactos, reales o fingidos, con opositores.

 

Burgueses y militares

Con todo, el peligro real para Roehm llegó cuando la Reichswehr no quiso hacerse cargo de las SA porque no estaban seguros de poder dominar un movimiento revolucionario de ese calibre. Hitler mimaba al ejército. No había usado contra él la misma demagogia y violencia que contra otras instituciones republicanas, y de hecho había suavizado entre ellos la represión contra los judíos: pocos fueron expulsados. Y los militares se volvieron contra el antiguo capitán.

 

En abril de 1934 Roehm dio un discurso en el que afirmó que "Nuestra revolución es nacional socialista. Sobre todo, socialista" pero el 17 de junio Franz von Papen, recordemos que era el hombre de los ‘poderes tradicionales’ en el gobierno, pronunció otro discurso en el que reclamaba que se pusieran fin a las amenazas de las SA. Al mismo tiempo, Himmler y Goering seguían acosando a Hitler con informes negativos sobre Roehm. Sin embargo, lo que realmente pesaba era la oposición a las SA, y por tanto a la posibilidad de una revolución populista, del gran capital y el ejército. Para entonces, grandes industriales y consorcios como Hugenberg, Siemens, Krupp y otros tenían parte en el gobierno. Y la Reichswehr manfiestó discretamente su apoyo a Von Papen.

 

Finalmente, tras mucho dudarlo quizá por recordar que en el fondo debía a Roehm el poder, Hitler accedió: Las SA serían puestas fuera de juego. Y en el mundo nazi, no bastaba con una orden administrativa, sino que eso significaba la plena eliminación de los elementos considerados peligrosos.

 

 

 

 

(Goering en 1933)

 

El final

 

Himmler llevó a Hitler el último informe: el 29 de junio de 1934 Roehm daría un golpe de estado. A las SA, sin embargo, no se les escapaba el ambiente enrarecido y Roehm había decretado un periodo de permiso para todos de un mes, para poner fin a las sospechas, precisamente a partir de ese mismo día. Antes se había programado un almuerzo de camaradería para los líderes en la localidad bávara de Bad Wiesee.

 

Las SS fueron armadas por el ejército y prevenidas para entrar en acción ese día junto a elementos militares y de la policía. Hitler y Goebbels se dirigieron a Munich mientras Goering y Himmler partían hacia Berlín para centralizar la represión.

 

En la madrugada del 29 de junio, Hitler, acompañado de militares, SS y policías se dirigió Bad Wiesee. La leyenda dice que sorprendió a los jefes SA en una orgía homosexual, pero no fue tal, aunque encontró evidencias de las inclinaciones de algunos. Todos fueron encontrados dormidos y sin ningún indicio que permitiese deducir que allí se estaba preparado un golpe de estado aunque lo que se ventilaba en realidad no era eso, sino que las SA era el tributo que había que pagar a la alta burguesía y al ejército. Algunos fueron abatidos por sospechas de que pretendían huir o resistir, dirigiendo Hitler personalmente la operación e insultando y a veces golpeando a los detenidos. Los arrestados fueron trasladados a Munich. Desde Berlín, Goering y Himmler dirigían la detención de los que figuraban en las listas confeccionadas al efecto. Las órdenes con algunos eran detenerlos, a otros, detenerlos y fusilarlos en el acto y a otros, matarlos en cuanto los vieran.

 

 Roehm fue asesinado el 30 de junio. Trasladado a Berlín, fue encarcelado en Staldheim. Sometida a Hitler la lista de detenidos, señaló a más de un centenar de ellos y ordenó que fueran fusilados sin más requisitos legales. La lista se fue poco a poco reduciendo, pero Roehm siguió en ella. Se le trató de inducir al suicidio pero lo rechazó. Luego, un SS entró en su celda y dejó en ella una pistola cargada. Roehm no hizo ademán de tocarla. Finalmente entraron dos SS y uno de ellos, Theodor Eicke, que luego sería comandante del campo de Dachau, le disparó varias veces en la cabeza. Luego, siguieron las ejecuciones de los incluidos en la lista de Hitler y los que figuraban en las confeccionadas por Goering y Himmler, en toda Alemania. En Berlín las ejecuciones fueron dirigidas por Sepp Dietrich en el campo de maniobras de Litcherfeld. Los habitantes de alrededor podían verlas desde sus ventanas.

 

En total, la represión alcanzó a cerca de un millar de personas en toda Alemania. Significó la liquidación de la posibilidad de una revolución en el seno del nazismo, pero también la traición a quienes habían ayudado a Hitler a llegar al poder creyendo en ella. El ejército y la burguesía, eliminado el peligro, comenzaron a colaborar cada vez más activamente con Hitler, aunque después emplearía con ellos métodos similares, pero no tan brutales, de depuración. Para el mundo del poder nazi, significó el fin de los ‘viejos tiempos’ (porque entre los muertos figuraron muchos que no eran SA, pero a los que por cualquier razón se juzgaba peligrosos, ya fuera dentro del partido como Gregor Strasser o el general von Schleiser o fuera de él. También se asesinó a Von Kahr, que hizo fracasar el golpe de Munich en 1923, y a varios colaboradores de Von Papen como ‘advertencia’ a sus patrocinadores) y la ascensión de un nuevo grupo de poder formado por Goering, Hess, Himmler, Heydrich y Goebbels, con las SS y la Gestapo como brazo armado. El mariscal Hindenburg, aún presidente del Reich, dio su pública aplicación a las medidas.

 

Y para Hitler, el poder absoluto en Alemania, porque la gratitud de ejército y burguesía se la cobraría luego con creces.

Las SS fueron separadas de las SA y las SA, puestas bajo el mando de Viktor Lutze, plenamente leal a Hitler, y vaciadas de contenido: en el futuro sólo serían responsables del entrenamiento militar anterior y posterior al servicio militar y al mantenimiento del NSKK. En 1939, muchos de sus miembros acabaron en los paracaidistas.

 Bibliografía.

 

- La Gestado, Jacques Delarue. Bruguera. 1962

- Diversas páginas de internet (Axishistory, Exordio, Artehistoria...)

- Archivo del autor.

http://www.koolpages.com/aerodrome/roehmwithgoering.jpg

http://www.koolpages.com/aerodrome/goring-sa-1933.jpg

http://web.vip.hr/a.pecner.vip/himmler-rohm.jpg

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www.koolpages.com/aerodrome/goering-helmet.jpg

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