| La Noche de los Cuchillos Largos |
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| Escrito por Harry Flashman | |
| viernes, 03 de marzo de 2006 | |
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La historia interna del III Reich y su evolución es, en su mayor parte, una sucesión de enfrentamientos entre las diversas ‘familias’ o ‘secciones’ del movimiento. El III Reich, en teoría, era un sólido ‘todo’ unido bajo el indiscutible mando de Adolf Hitler. Este último punto era cierto, pero no que el III Reich fuera un ‘todo’, porque apenas bajados del primer nivel el régimen se descomponía en multitud de ‘familias’, ‘servicios’ y ‘organizaciones’ en lucha constante para acrecentar sus parcelas de poder y manteneras inmunes a las ‘injerencias’ de otros grupos. En su mayoría, estas ‘familias’ estaban bajo la dirección de los grandes personajes del régimen: Hitler, Himmler, Goebbels, Ley y compañía. En sus luchas internas, la última palabra la tenía Hitler, pero para influir en la decisión del Führer nadie desdeñaba echar mano de todo tipo de recursos. La expresión ‘cuadrilla de gangsters’ que en muchos casos se ha usado al hablar de este grupo cobra todo su sentido si, más que a su desempeño como ‘conquistadores’ se atiende a sus actividades en el seno del Estado que decían defender.
Tal vez el primer ejemplo, y el más claro, fue la liquidación de las SA en lo que ha pasado a la historia como ‘La noche de los cuchillos largos’. Las SA eran el ejército del partido: una enorme fuerza de cuatro millones y medio de hombres que había sido decisiva para que el NSDAP derrotara al Partido Comunista en la lucha por convertirse en la primera fuerza política de Alemania. La lucha había sido encarnizada, literalmente a tiros y golpes, y cumplían además con la función de dar al régimen su coartada de movimiento popular. Eran mucho más numerosos que el mismo ejército, parecían y eran un arma terrible y, si embargo, un día de verano de 1934 Hitler hizo detener y ejecutar a casi todos sus jefes y redujo al grupo a un papel marginal ¿Por qué? ¿Temía un golpe de mano contra él? Difícil, porque la fidelidad del movimiento hacia su persona era absoluta. De hecho, se dice que su líder, Ernest Roehm, murió diciendo "¡Heil Hitler!". Sin embargo, el caso es que el sacrificio de las SA fue el precio que debió pagar Hitler por hacerse dueño de Alemania. Veamos por qué.
(Parada de las SA en Coburgo. Años 20)
Qué eran las SA Las SA habían sido una creación personal de Ernest Roehm (o Rohm). Éste, capitán de artillería de la Reichswehr, era simpatizante de los movimientos ultranacionalistas de posguerra, hasta el punto de llegar a integrarse en el NSDAP. Puede discutirse si las SA son herederas directas de los Freikorps formados por militares que se habían enfrentado a los comunistas en 1918-19 pero el caso es que muchos de sus miembros se integraron después de su disolución en lo que primero fue el Zeitfreiwilingen en 1920, que participó en el ‘putsch Kapp’ y que tras ser disueltas se camuflarían en organizaciones deportivas y que luego derivarían en la SA. Roehm era el encargado de supervisar estas organizaciones y proveerlas de armamento. Un armamento que salía de los depósitos secretos del Reischwehr, que los empleaba como tropas de choque contra los comunistas. En un principio, de hecho, vestían uniforme militar sin insignias.
Los miembros de estos grupos fueron sintonizando, como decimos, cada vez más con el NSDAP, hasta que muchos de ellos se integraron en él formando en su seno las SA, (Sturm abteilung o secciones de asalto, nombre con reiminiscencias de las Sturmtruppen de la I GM). Estas SA eran una guardia paramilitar para mantener el orden en los mitines del partido (es decir, defenderlos de las agresiones de los comunistas) y garantizar su seguridad (es decir, atacar las reuniones comunistas) en un momento político en que la posibilidad de una revolución comunista en Alemania era vista como algo muy real y quien quisiera disputarles las masas populares, tenía que emplear al igual que ellos la fuerza. En realidad, en aquellos momentos no había más organizaciones políticas fuertes en Alemania que los grupos de extrema derecha y los comunistas. Los republicanos y demócratas no tenían base real (era muy escasa) y los partidos de inspiración cristiana eran algo más numerosos, pero no tanto como para poner en cuestión el poder de los extremismos, y además no utilizaba la fuerza como ellos.
Roehm se integró en el NSDAP, pero no era un simple miembro del partido, sino que había colaborado con el mismo Hitler para transformar el DAP en el nuevo partido en 1921 y era, por tanto, su más antiguo camarada político. Roehm era, pues, miembro fundador del partido aunque dada su graduación militar se mantenía en un segundo plano en lo relativo a las SA, correspondiendo su mando teórico al teniente Hans Ulrich Klintzsch. Goering, héroe de guerra y que sería el gran rival de Roehm, se incorporaría en 1922.
(Goering en los tiempos del ‘putsch’ de Munich)
Aquel movimiento por supuesto era visto con más simpatía por el Estado de Weimar que sus rivales comunistas. En 1923 las SA pudieron disponer ya con práctica libertad de los depósitos clandestinos de armas del ejército, gracias a Rohem, y en noviembre de ese mismo año formaron el grueso de las fuerzas con las que Hitler trató de dar un golpe de estado en Baviera, siendo derrotado. Junto a Hitler, sin embargo, había otro hombre: un joven llamado Heinrich Himmler, que tendrá que ver en esta historia.
Las SA en 1923. Uniforme aún casi militar
Tras el fracaso del ‘putsch’, las SA fueron prohibidas, pero subsistieron bajo el nombre de ‘Bahnfront’ y continuaron haciendo proselitismo hacia el partido mientras Hitler estaba en la cárcel. Rohm emigró a Bolivia en 1925 como asesor de su ejército, pero en 1931 volvió a Alemania a petición de Hitler para reasumir sus funciones, si bien habían tenido disensiones previas. Roehm quería utilizar sus fuerzas exclusivamente como elemento militar. Hitler, como seguridad y propaganda. Roehm intentó realizar acciones por su cuenta, pero al prohibirlo Hitler (escarmentado por el fracaso del golpe de 1923) no insistió. En el intervalo entre Klintzsch, que dejó el mando de las SA en 1923 y Roehm, que tomó el mando efectivo a su vuelta de Bolivia, Goering mandó las SA (también hubo un periodo de mando por parte de Hitler y otro de un hombre de confianza de Roehm llamado von Salomon, nombre por cierto curioso para un nazi), dotándolas de una organización militar más rígida, pero subordinada a los intereses políticos, e integró en ellas algunos servicios que luego ser revelarían muy útiles, como la NSKK o sección motorizada del partido, que andando el tiempo fue un servicio auxiliar del ejército y que sirvió para que el Partido pudiera tener una cierta presencia en la Wehrmatch. En aquel momento, sin embargo, su misión era la de una fuerza de ‘acción rápida’ contra los comunistas y de transporte de los líderes del Partido, muy importante en un periodo en que las elecciones eran constantes en Alemania y en que Hitler había decidido llegar al poder por medios pacíficos.
(Ernest Roehm)
Cuando en 1932 los nazis se acercaban al poder, las SA fueron de nuevo ‘oficializadas’ aunque su imagen (camisa parda y brazalete con la esvástica desde después del ‘pusch’ de Munich) nunca se había dejado de ver en Alemania. Fue gracias a ellos, a su labor de propaganda y enfrentamiento con los comunistas (el enemigo más evidente aún no eran los judíos) que Hitler pudo conseguir 230 escaños en julio de 1932. El 5 de marzo de 1933, con Hitler ya en el poder, las SA desfilaron oficialmente en Berlín y, después, se lanzaron y abiertamente a la caza de comunistas. El 22 de febrero un decreto les había encuadrado como auxiliares de la policía. Cuando el Reichstag fue incendiado y se dio vía libre a una cacería de comunistas todavía más abierta, ellos y un nuevo y pequeño grupo conocido como las SS (en realidad, un destacamento especial de las SA –pero independiente en la práctica- bajo el mando del citado Himmler) fueron quienes protagonizaron las operaciones.
En el verano de 1933, el NSDAP, en el poder y con Hitler como canciller, no contaba ya con oposición digna de tal nombre (aunque en el referéndum de confirmación de sus poderes Hitler recibiria siete millones de votos contrarios). Eran las SA las que lo habían conseguido. |
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