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El Gran Capitán

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Operación Jubilee PDF Imprimir E-Mail
Escrito por auchinlenk   
viernes, 21 de abril de 2006



El asalto contra la playa principal, de la ciudad había sido desde el principio, el objetivo más importante. Los Royal a la izquierda y los Sout Saskatchewan a la derecha tenían misiones que, de haberse llevado a buen terminó, podían haber aniquilado gran parte de las fuerzas enemigas; pero su papel era de apoyo solamente.

El ataque de los royal fue rechazado, lo que dejo a los cañones y morteros del reducto oriental en situación de contrarrestar el ataque principal; tampoco los Cameron y los Sout Saskatchewan, aun obteniendo mejores resultados, habían sido capaces de reducir al silencio los cañones emplazados detrás de la ciudad: así, pues todos ellos entraron en acción contra las fuerzas principales alemanas y el escenario (el paseo marítimo que tanta fama había dado a Dieppe) quedo preparado para la tragedia.


Al asalto de la playa de Dieppe se lanzaron dos batallones (uno del regimiento de infantería Royal Hamilton y otro del Essex Scottish), ambos procedentes de Notario, que desembarcaron en el momento previsto y apoyados eficazmente por los ataques a baja cota de los caza-bombarderos Hurricane. Pero la acción de estos aparatos, aunque útil en el momento de en que se desarrollaba, no podía ser continua. Intervinieron también como apoyo, aparte de los carros de combate, los cañones de 102 mm de cuatro destructores; pero las piezas de artillería de este calibre tenían un efecto muy limitado contra las defensas de tierra. Por su parte, las embarcaciones de desembarco que transportaban los carros de combate, que quizás podían haber resuelto la situación a favor de los canadienses llegaron un cuarto de hora tarde.

El terrible fuego que se abatió sobre la playa apenas cesaron los ataques de los Hurricanes sorprendió a las tropas mientras intentaban todavía atravesar las alambreras defensivas de la misma playa. Pronto se desvaneció el ímpetu del asalto. Los hombres pensaron mas en su salvación que en avanzar, y los que llegaron a situarse bajo el murallón se acurrucaron allí, unos juntos a otros, totalmente desmoralizados en espera de alguna inesperada salvación. Una unidad tipo, 4ª compañía del Royal Hamilton, quedo casi aniquilada como fuerza operativa, incluso antes de entrar en acción.


Las casas, los hoteles, y el casino de la Promenade estaban llenos de posiciones alemanas que el servicio de información británico no había localizado. Ningún campo de tiro quedaba sin cubrir. El alambre de púas se había empleado abundantemente para canalizar eventuales ataques desde el mar hacia las zonas batidas por las ametralladoras. Faltándoles el apoyo necesario, los soldados canadienses supervivientes combatieron con tesón y se dirigieron hacia lo que les ofrecía mayor protección; el casino. Este imponente edificio, en el extremo occidental de la Promenade, había sido parcialmente por los alemanes, que comprendieron su importancia como punto de apoyo, y entre las ruinas se habían construido casamatas que cerraban todos los accesos.


El Essex Scottish, al encontrar alambre de púas tupidamente dispuesto a lo largo del murallón, coloco una carga bangalore, pero la explosión solo logro una parte del efecto esperado. El Royal Hamilton tuvo más suerte, pues abrió una brecha y en seguida se empleo a fondo en la eliminación de las casamatas.
Aproximadamente en aquel momento entraron en acción los carros de combate, saliendo de las LCT y avanzando ruidosamente por la playa. El regimiento Toronto-Scottish, unidad dotada de ametralladoras Vikers, cubrió la última fase de su aproximación con un intenso fuego desde las lanchas de desembarco.


Entonces, con todas las fuerzas ya en tierra, pareció que la situación mejoraba. A pesar de todos los errores y de la adversa fortuna, el asalto a lo largo de la Promenade tuvo éxito. Un carro supero el murallón y entro en acción a breve distancia. Le siguieron otros varios. El teniente E. Bennett describió así la situación:
Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando nuestra LCT se vio sometida al fuego de enemigo mientras avanzaba para desembarcar en la playa principal de Dieppe. Nos hallábamos en la LCT que iba en cabeza de la segunda oleada. Yo me encontraba en la proa de la embarcación. Luego, apenas había vuelto a mi carro y estaba a punto de subir a el, nos alcanzo un disparo que hizo estallar los depósitos de hidrogeno que servían para rellenar los globos de barrera antiaérea. Resulte con quemaduras en una mano y en la cara y con esquirlas de granada en el ojo derecho. Los restantes miembro de la tripulación quedaron indemnes, y yo, en pie me las ingenie para ayudarles a apagar el fuego en la parte posterior del carro, provocado por una lona impermeable que se había incendiado. Me aplicaron la primera cura a una herida en el cuello, pero no pudimos continuarla porque en aquel momento nos aproximábamos a la playa. Lo primero que vimos fue a un ingeniero, con una bolsa llena de explosivos, atrapado en el alambre y que intentaba liberarse. Nos trasladamos a la izquierda, hacia la red Beach; pero fue imposible seguir adelante. El foso frente al murallón parecía infranqueable. Recorrimos toda la longitud de la playa hasta el casino. Fue una triste marcha, porque a nuestro paso encontrábamos muchos cuerpos. Maniobramos para evitarlos, pero no siempre era posible, mientras bajaba la marea.
Bennet y su tripulación encontraron al fin un paso sobre el murallón y empezaron a disparar sobre las casas que había en la escollera y que tantos daños había creado a la infantería.
Sigue Bennett; los alemanes tenían inmovilizada en la playa a la infantería, estaban apostados frente a los edificios de la Promenade. Los atacamos con ímpetu y con gran sorpresa por nuestra parte, salieron de todas partes corriendo como condenados entre las casas. Nuestras ametralladoras abrieron fuego y alcanzamos a muchos enemigos, entre ellos a uno que intentaba rodearnos.

 
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