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El Gran Capitán

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Purga en el frente del Este PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Auchinlenk   
martes, 17 de enero de 2006

En diciembre de 1941 el ejército alemán sufrió su primer revés desde el comienzo de la guerra. Es mas, como el estado mayor estaba firmemente convencido de que lo ocurrido en 1918 no fue una derrota sino una traición, la batalla por Moscú era el primer fracaso aceptado desde el Marne. Antes de examinar estas repercusiones, es importante saber como funcionaba la cadena de mando y hasta que punto el ejército era aun una identidad independiente.

 En los tiempos de la 2ª guerra mundial, la fuerza de la personalidad de Hitler y la habilidad con la que había privado al ejercito de todo poder político, quito a los militares toda influencia política lo que dejo en ellos un descontento profesional que en algunos casos llego a manifestarse como una mal disimulada insubordinación. Hitler afianzo su ascendencia en el ejército de 1938, con la destitución de Von Blomberg y con el proceso contra el comandante Von Fritsch. Los puestos que quedaron vacantes los cubrió el mismo Hitler en calidad de ministro de la guerra y el maleable y sumiso Von Brauchistch, como comandante en jefe. Al año siguiente, un decreto promulgaba el más importante decreto, la unificación de los 3 ejércitos, tierra, mar y aire en un pequeño comité ejecutivo el OKW, que presidía el mismo Hitler. También en esta ocasión los puestos capitales en esta nueva organización, no se asignaron a los que ocupaban los más altos cargos en el ejército, sino a los oficiales preferidos de Hitler; Keitel y Jold.

Esto era en teoría la situación, pero a principios de 1941, diversos factores comprometieron su validez. Ante todo estaba el enorme e indiscutible prestigio del ejército; mientras la Luftwaffe no había conseguido el éxito esperado y la acción de la marina no pasó de discreta, el ejército permanecía invicto. Hasta entonces la victoriosa guerra y más aun la misma estructura del Reich, se apoyaba o por lo menos lo parecía en la preparación, disciplina y el valor de los soldados y oficiales alemanes. Además el ejercito estaba ahora desplegado en el frente del este con casi tres millones quinientos mil soldados. Ni la gestapo, ni las SS habían conseguido penetrar en el ejército y estaba convirtiéndose cada vez más en una unidad independiente. Contaba con su propia organización de seguridad e información y una vez lejos de Alemania, el ejercito empezó a difundir sus propias opiniones de cómo debería encauzarse la campaña rusa. Estas opiniones variaban según la posición y las perspectivas de quien las expresaba. Por ejemplo el Fedmariscal Von Leeb, había organizado un ataque a gran escala contra Leningrado, tres días después de recibir la orden de destinar el grueso de sus fuerzas acorazadas y aéreas para operaciones en el frente central. Interpreto a su manera la frase, “la ciudad debe cercarse estrechamente”, y había obviado la frase final de la directiva de Hitler que decía; “todo ahorro de tiempo con su consiguiente anticipación sobre los tiempos preestablecidos repercutirá a favor de la operación (es decir, del ataque por parte del grupo de ejércitos del centro) y de su preparación”.

Esta tendencia de los diversos comandantes de intentar mantener el centro de gravedad de las operaciones en el propio frente ya se había revelado anteriormente en Guderian, con la aprobación tacita, o quizás con el aliento de su comandante de grupo de ejércitos, Van Bock. Guderian mantuvo a sus fuerzas acorazadas en acción contra los rusos en Yebri y posteriormente, había tenido ocupadas a las reservas de Timoshenko en la batalla por Roslaul, a pesar de haber recibido ordenes de reunir sus divisiones para el avance hacia el sur.

 Los comandantes tampoco estaban de acuerdo en los aspectos tácticos, según mandasen unidades acorazadas o de infantería. Los de las fuerzas acorazadas véase; Manstein, Hoth, Kleist y sobre todo Guderian, eran partidarios de envolvimientos cada vez mas amplios y cada vez mas profundos. Pero los que mandaban la infantería que se movía a paso de hombre, con cañones y vivieres transportados a caballo, consideraban esta táctica como peligrosa. No obstante los generales pese a su discrepancia en cuestiones de táctica y estrategia, en su mayoría estaban de acuerdo en cuanto al desprecio y desagrado que profesaban por la guía superior (como la llamaba Halder en su diario). Muchos de ellos (Guderian era una excepción notable) habían sido consultados, en algún momento sobre la posibilidad de sustituir a Hitler, hasta lo habían discutido en publica y abiertamente con otros. Halder llego realmente a participar en un proyecto para asesinar a Hitler y hasta Brauchistsch presto oídos sordos a deponer a Hitler. No tenemos pruebas para saber hasta que punto Hitler estaba al corriente de todo esto, pero sus sospechas, justificadas, puede medirse por sus precauciones que se tomaron con motivo de una visita al frente, al puesto de mando del grupo de ejércitos del centro, el día 3 de agosto de 1941. En aquella ocasión los 2 oficiales mas vinculados al comandante de ejércitos centro, habían preparado un plan para secuestrar a Hitler y forzarlo a dimitir. Pero se encontraron con que se hallaba tan protegido por los hombres de las SS, que les resulto imposible acercarse a él. Incluso durante la reunión, su guardia hubiera matado a cualquiera que hubiera metido su mano en el bolsillo para sacar un pañuelo.

 Abiertamente desleales en la palabra y el pensamiento, aunque no en los hechos divididos entre si en cuestiones de estrategia y de táctica, dispuestos, en cuanto se presentaba la ocasión, a seguir sus propias ideas a expensas de los planes del OKW, Hitler pensaba que era tiempo de meter en cintura, a los comandantes del ejercito. Pero no era fácil reprender y mucho menos meter en cintura, a los comandantes del ejercito valerosos y menos durante una campaña espectacular y victoriosa. Sin embargo, ahora, en diciembre de 1942, el ejercito alemán acababa de sufrir un terrible revés y bastante peligroso.

Todos los ingredientes clásicos de una derrota se acumulaban en un solo golpe, que puso en peligro todo el centro del despliegue alemán. Sus tres ejércitos mas fuertes el 1º el 9º y el 2º panzer, habían sido diseminados al máximo en un frente excesivamente largo y extenso. Los hombres estaban agotados por las infinitas marchas y contramarchas de las batallas de verano. Ni la infantería, ni los carros de combate estaban equipados para los rigores invernales rusos y con temperaturas inferiores a 0, debían hacer frente a los ataques de las divisiones rusas llegadas recientemente del ejército de Extremo-Oriente. En esta situación los altos mandos alemanes recurrieron al principio de que, si no se puede cortar una penetración, es preciso hacer retroceder a los flancos para evitar el envolvimiento. Pero en aquellas gélidas tormentas de nieve, los alemanes, vestidos con ropas inadecuadas, no se podían retirar a la misma velocidad que avanzaban los rusos, y así, a los tres días del comienzo de la operación de Zhukov el grupo de ejércitos del centro empezó a experimentar un peligroso proceso de fraccionamiento.


 
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