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El Gran Capitán

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Purga en el frente del Este PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Auchinlenk   
martes, 17 de enero de 2006

 Para empeorar la situación Von Brauschitsch acababa de sufrir un paro cardiaco, le aquejaba una gran dificultad al respirar; y naturalmente apenas podía atender los continuos y angustiosos mensajes que los teletipos llevaban a su lecho de enfermo. Van Bock padecía calambres estomacales y solio podía abandonar la cama tres o cuatro horas al día; y por ultimo Hoeppner sufría disentería.

Con el fracaso ante Moscú, todo el ejército alemán desde los más altos oficiales a los soldados, era presa de un gran deseo de volver a la patria lo más pronto posible. Parece mas que probable que Hitler tuviera en mente llevar a cabo modificaciones en la estructura de los mandos, incluso antes de la derrota, puesto que hacia tiempo ya, que había adoptado la costumbre de de comunicar directamente con los comandantes de ejercito. Y esto se hizo mas ostensible a raíz del incidente que provoco la dimisión de Von Rundstedt. Que un Fedmariscal, al mando de un cuerpo de ejércitos en el frente tuviera que amenazar con la dimisión para hacer que se aceptasen sus consignas era bastante grave; pero que se aceptase la dimisión en plena batalla era extraordinario, nunca antes visto. Von Brauschitsch, presento su dimisión el siete de diciembre (menos de treinta y seis horas después de que Zhukov lanzase su contraofensiva), por razones de salud. Si hubiera permanecido en su cargo siquiera una semana más habríamos ido a una catástrofe, afirmo Hitler que hablo de este en los peores términos.

En las tres semanas siguientes, 35 comandantes de ejército, de cuerpos de ejército y de división sufrieron la suerte de su comandante en jefe; entre ellos algunos rodeados del máximo prestigio, Guderian, Hoeppner, Hans, Von Leeb, Von Rundstedt, el conde Von Sponeck (jefe de los paracaidistas que se lanzaron en la Haya el año anterior). ¿Qué perseguía Hitler con estos licenciamientos en masa? En términos operativos se trataba de inducir a los comandantes del ejército, con medidas disciplinarias, a que se mantuviesen firmes combatiendo, y muriendo, donde se encontraran; se trataba de conjurar el peligro que en pocos días se podría transformar en una fuga precipitada; y también se trataba de mantener una barrera detrás de la cual se pudiera construir la Igulstellon, es decir la red de fortificaciones locales que mas tarde deberían detener a los rusos y frenarlos.

 Pero Hitler era al mismo tiempo un político muy hábil. Pensaba en el ejército en términos políticos midiendo su poder, y su influencia no solo por su función sustancial, sino también considerándolo como la fuerza que daba un peso a su política exterior. Ni siquiera las depuraciones estalinistas de 1938 habían eliminado a tan alto número de oficiales de alta graduación y menos en tan corto espacio de tiempo; no obstante, es preciso hacer observar que Hitler obraba bajo el acicate de una guerra en curso. Y por lo demás él solo los licenciaba, no los mataba como hacia Stalin. Por otra parte, muchos observadores estaban de acuerdo hay en día en el hecho de que, a pesar de la dureza, la depuración que hizo Hitler y sus ordenes de no retirarse salvaron al ejercito alemán en aquellas fechas. He aquí las consideraciones que ha posteriori hizo el jefe de estado mayor de Von Kluge. “La orden fanática de Hitler, según la cual las tropas debían de mantenerse con firmeza, en cualquier posición y en las circunstancias mas imposibles, era, sin duda justa. Hitler en un atisbo de lucidez se dio cuenta que cualquier retirada a trabes de la nieve, el hielo conduciría en pocos días a la disolución del frente y que, si esto ocurría, a los ejércitos alemanes les esperaba el mismo fin que tubo la Gran Armè”.

El general Von Tippelskirch llego incluso mas allá, considerando aquella orden como la única gran empresa de Hitler. En aquel momento critico las tropas recordaban lo que habían oído y, estudiado algunos, sobre la retirada de Napoleón de Moscú, y esto era una pesadilla para las tropas. Una vez comenzada la retirada, esta habría podido transformarse en una fuga.

Todo esto es cierto en lo concerniente a los resultados operativos inmediatos de la intervención de Hitler. Pero con su derroche de grandes talentos militares y con la impecable imposición de su voluntad Hitler altero por entero los planteamientos del ejército. Sus acciones reflejas, notables hasta entonces por la flexibilidad táctica y la velocidad de aprovechamiento de la acción, se atrofiaron gradualmente en cuanto los comandantes se sintieron vigilados. Si Hitler, se hubiera limitado a actuar como un comandante en jefe, duro e inflexible, los efectos sobre el ejercito habrían sido menos graves. Pero junto a su interferencia en las operaciones militares, empezaron a desarrollarse otros fenómenos de origen más político que militar. El aumento del poder y del radio de acción de las formaciones paramilitares del partido nazi y, en particular, la proliferación de las unidades Waffen SS.

El numero de los alumnos en los cuarteles de las SS en Bad Tolz, que fue casi constante en 1938, se triplico en 1942. Hasta entonces las pocas divisiones SS en el frente del este combatieron al lado del ejército regular; pero desde aquel momento empezaron a crecer y alcanzar la categoría de cuerpos de ejército e incluso ejércitos nominales. Los oficiales de las SS lograban los ascensos mas rápidamente y a menudo se les prefería a los de la Wehrmacht. La ampliación de las SS costo muy cara al ejercito en cuanto a armamentos y equipos.

En el primer trimestre de 1942, por lo menos, el 60% del armamento y armas nuevas les correspondió a ellas. Lo mismo se puede decir con respecto a las nuevas armas inventadas y perfeccionadas, como el cañón antitanque de 88mm y los carros de combate Pantera y Tigre que se asignaron en primer lugar a las SS, cuando hubiera sido mejor confiar la prueba de su validez a unidades experimentadas del ejercito regular. Así mismo la creación por parte de Goering de divisiones de campaña de la Luftwaffe significo aun un mayor derroche de recursos. Se trataba de divisiones de infantería equipadas con material totalmente nuevo, hasta el último cartucho. Sin embargo su actuación demostró que el valor y entusiasmo de partido no podían sustituir en el campo de batalla la formación profesional del ejército regular. En el aspecto administrativo aun se le pusieron mas pegas y trabas al ejército. A excepción de una zona de combate, de una profundidad de 56 Km, el ejército debía dividir el poder con el Osministeriun y el Riechskomisar, nombrado por aquel, que recibía órdenes directas de Berlín; las SS y las autoridades de policía rendían cuentas de sus acciones a Himmler. Además, los funcionarios del plan cuatrienal, dirigido por Goering, y varias entidades económicas, chocaban constantemente con la administración de los ferrocarriles alemanes y con el ministerio de armamentos, con el de comunicación, con el de interior y con el de asuntos económicos. La corporación de las construcciones (organización Todt), tenia también su parte en aquel continuo confundir y usurpar una autoridad que tradicionalmente había pertenecido a los militares.

Así fue como la derrota en el frente, en invierno de 1941, dio paso a un casi completo predominio político de Hitler sobre el ejército. Era una mordaza que se apretaba inexorablemente a medida que se prolongaba la guerra y que se convirtió en un estrujamiento mortal después del atentado que sufrió Hitler en 1944.

Fuentes consultadas;

Volúmenes 1º y 2º de “Así fue la 2ª guerra mundial”, de Sir Basile Liddell Hart.

“Grandes dossier del tercer Reich”, de Jaches Robinson.



 
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