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El Gran Capitán

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El Ejército Español: De la Victoria a los 30 años de Paz: 1939-1969 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Urogallo   
domingo, 25 de julio de 2004

1-EL AÑO DE LA VICTORÍA

El 19 de Mayo de 1939 el general Franco presidió el desfile triunfal de sus tropas, poniendo fin así a la campaña comenzada el 17 de Julio de 1936. La mayor parada militar de nuestra historia culminaría la victoria del ejército nacional. Desde un palco de madera y tela construido para la ocasión, el comandante en jefe recibió el homenaje de su ejército.El acto tuvo su colofón con la imposición de la cruz Laureada de San Fernando por el bi-laureado general Varela (superior por tanto dentro de la misma orden).La concesión había sido tramitada por el general Davila, en quién el general Franco había delegado sus poderes durante unas pocas horas para evitar la auto-concesión.

El desfile fue realizado por 120.000 hombres, 245 baterías de artillería, 27 escuadrones de caballería y unos 3.000 vehículos, entre los cuales se distinguían 150 tanques de procedencia variada. Era solo una selección de las 60 divisiones que formaban en 1939 el ejército de la victoria, integrado por un millón de hombres. Las tropas desfilaron encabezadas por el Mando del ejército del centro y el C.T.V, seguidas por una agrupación a pie, una montada y cerrando el desfile, las fuerzas motorizadas. Al pasar junto a la tribuna, se ordenaba vista a la izquierda y saludo al jefe del Estado. Las tropas desfilaron con uniformes de gala y banderas desplegadas...uniformes de gala que muchos veían por primera vez. Fue un desfile triunfal en toda la extensión de la palabra, que hizo especial hincapié no en la uniformidad, si no en la variedad de las fuerzas que integraban aquel ejército: Milicias de Falange, Renovación Española, Mehala, Regulares, Tercios de Requetés, C.T.V, Viriatos, Legionarios, Policia montada de Sevilla, cazadores de montaña, esquiadores...La exaltación de la victoria se aumentaba destacando la vistosidad y la diversidad del ejército que la había logrado y de los hombres que lo componían.

El ejército español en 1939 se destacaba básicamente por ser una fuerza de infantería y caballería al antiguo estilo. De entre ese millón de hombres en armas (1) apenas menos de 70.000 serían de procedencia extranjera, destacando los 35.000 soldados marroquíes y los más de 30.000 integrantes del C.T.V. Su armamento era ligero, con insuficiente artillería y un apoyo blindado limitado. Para un millón de hombres en armas apenas existían unos 900 carros disponibles, de los que solo 651 carros y blindados se encontrarían realmente operativos al final de la campaña. Por si fuera poco se trataba de material de procedencia diversa, desgastado por la campaña y al que la rápida evolución tecnológica condenaría rápidamente a la obsolescencia. Incluso en 1939, y para estar a nivel Europeo, el ejército español habría necesitado 1.000 carros que incluyesen al menos un 25% de carros pesados, que no existían en nuestras FAS.

A modo de comparación, la incompleta Wermacht de 1939 disponía de 158 divisiones, con casi 3.000 carros y blindados de diversos tipos. Los carros con ametralladoras y cañones de pequeño calibre todavía eran, no obstante, habituales. En 1944 las fuerzas contendientes dispondrían de fuerzas acorazadas contadas en decenas de millares...y con equipos muy superiores a los carros españoles, cuyo armamento ya no tenía validez en el combate moderno.

No obstante el ejército español de 1939 era sin duda la fuerza militar mas completa y equilibrada de la que España había dispuesto desde la época de los Fernando VII. Con oficiales competentes, armamento moderno y soldados experimentados en combate el ejército español alcanzaba la mayor potencia de la que era capaz una potencia medio-pequeña con una base industrial mínima y un tejido social y político destrozado por la guerra. Con todas las limitaciones que se puedan señalar, el ejército español era en 1939 una fuerza operativa digna de ser tenida en cuenta, e incluso temida. Antes de que terminase la segunda guerra mundial nuestras fuerzas armadas se habrían visto reducidas a una variada colección de chatarra obsoleta e infantería desprovista de medios de apoyo. 10 años después, con el producto interior de Costa Rica el ejército español estaba reducido a la impotencia, al carácter de mera masa de infantería dotada de armamento ligero y simple apoyo artillero.

2-LA CAIDA DEL EJE.

Terminada la guerra se produjo la desmovilización acelerada del ejército de la victoria. Se programó reducir hasta 20 las 60 divisiones operativas, encuadradas en 8 cuerpos de ejército peninsulares, a los que se añadían el Ejército de Africa y las fuerzas de guarnición en Baleares y Canarias. Los ejércitos y Cuerpos de Ejército de la victoria se refundían en las 8 nuevas capitanías generales, cada una con un Cuerpo de Ejército, excepto el protectorado de Marruecos que contaba con 2. Como dato anecdótico, todas esas capitanías estaban al mando de Tenientes Generales o inferiores, ya que Franco limitó todo lo que pudo la concesión del rango de Capitán General.

No obstante, la proporción de material acorazado seguía siendo mínima. La republica había recibido más de 900 blindados rusos de todos los tipos, frente menos de 300 italianos y alemanes por los nacionales. Esto benefició notablemente al ejército español de la post-guerra, ya que el material recibido por los nacionales servía para poco más que para tareas de exploración. De hecho algunos de los blindados sobre ruedas rusos disponían de cañones de 45 mm frente a las pequeñas ametralladoras de los tanques del eje. La necesidad de mantener una importante fuerza de caballería convenció a los militares de ese arma de entregar los 4 regimientos de carros de combate a la infantería, convertidos así en "infantería acorazada". Igualmente existían 10 grupos de exploración y explotación de caballería, con material mas ligero, y un Escuadrón de auto-ametralladoras destacado en Sidi-Ifni.

Las necesidades bélicas obligaban a mantener una fuerza contundente en armas, lo que era imprescindible para asegurar la independencia de España. El gobierno español no pretendía luchar en solitario contra ninguno de los bloques enfrentados, pero confiaba en que la agresión de uno de los bandos implicase el apoyo inmediato del otro contendiente. De ese modo, la desprovista infantería española podría encuadrar rápidamente material moderno y tropas especializadas que subsanasen sus deficiencias. (2) Como única fuerza disuasoria, el ejército español encuadraba unos 360.000 hombres en todo momento, lo que implicaba casi tres reemplazos completos. Frente a quienes han pintado un ejército español que mantenía movilizada a una proporción elevadísima de la población, baste señalar que en los últimos meses de la guerra existían en España casi 1.500.000 hombres en armas sin excesivos problemas de falta de mano de obra. Por otra parte 360.000 hombres no es un número realmente impresionante comparado con los ejércitos masivos de la segunda guerra mundial, a los que presuntamente España habría tenido que hacer frente (3).

En 1940, un año clave, España disponía de 24 divisiones, 12 regimientos de caballería, 47 de artillería y 5 regimientos de carros, divididos en 10 cuerpos de ejército.

Bajo el mandato del ministro Asensio los uniformes del ejército español se actualizaron, superando la improvisación y el estilo "civil/africano" que había marcado la guerra civil. Se pasó de los bombachos a los pantalones rectos, y a un estilo menos decimonónico y más “alemán”. Igualmente comenzó a concentrarse una importante fuerza en la frontera pirenaica. Al amparo de una serie de fortificaciones de escasa entidad se concentraron gran cantidad de tropas en las provincias fronterizas con Francia, dispuestas a rechazar el mas que posible ataque exterior. (4). Sin embargo el material seguía deteriorándose sin ser sustituido.

El uso desgastaba los blindados y los imparables avances tecnológicos habían reducido a la obsolescencia nuestra fuerza aérea. En la parada triunfal de 1939, pararela al desfile de la victoria de la Castellana, se agrupaban todo tipo de aparatos , notables y capaces para los años 30, pero insuficientes y anticuados para una guerra mundial Existían 172 aviones de caza en 1940, pero solo 42 eran mono-hélice. Solo 164 bombarderos, de los que 13 eran junkers-52 de transporte.

Con Alemania, nuestro único suministrador viable envuelto en un conflicto a gran escala, supuso todo un triunfo incluso la obtención de un puñado de carros y aviones. (5). Tras no pocos contratiempos y negociaciones, los más de 250 cazas diurnos, 75 nocturnos y 150 bombarderos solicitados se quedaron en 15 Me-109-F4 y 10 bombarderos Ju 88 A-4. A 600.000 Reichmarks cada uno, los Junkers-88 supusieron una completa decepción. No solo se trataba de un aparato superado ( muy lejos del mítico Caza-bombardero con el que soñaban los aviadores españoles) si no que al tratarse de un equipo producido durante una emergencia bélica su tiempo de vida fue realmente corto. A pesar de su cuidadoso mantenimiento se mantuvo solo unos pocos años en servicio, ya que se había diseñado para permanecer operativo durante unos pocos meses, sucumbiendo rápidamente a la fatiga de sus materiales. Era un aparato diseñado para una guerra en marcha, no para los largos periodos de servicio que España impone invariablemente a sus adquisiciones.

El ejército de tierra, con pretensiones también notables, solo logró algunos materiales, de los que los mas importantes fueron sin duda las piezas soviéticas capturadas del 122/46. Gracias a un compromiso personal de Hitler, España consiguió 150 piezas soviéticas al nada económico precio de 112.000 Reichmarks. Pero no había alternativas y tuvo que aceptarse. Frente al Junkers 88 esta si fue una inversión de éxito, ya que solo en los 90, y fruto del tratado de limitación de armas en Europa se destruyeron los últimos, y muy modernizados, ejemplares en servicio.

Respecto a los materiales acorazados España tampoco se mostró sobria: Solicitó 250 carros medios y 100 carros pesados. Equipos que la Wermacht necesitaba mucho más en sus frentes abiertos. Solo se obtuvieron, y por consideraciones políticas, envíos meramente nominales: 10 StuG-III y algunos Pz IV. Da fe de la calidad de este material el hecho que pudiese ser rápidamente vendido en Siria y en Turquia cuando la ayuda americana lo sustituyó en nuestras plantillas por materiales mas modernos. El recuerdo del Pz-IV, a pesar de su limitado número, será largo en España: La divisa de la Brunete es la estampa de uno de estos vehículos. La caballería también se doto de algunas motocicletas, otra adquisición poco interesante en un momento en que las unidades de exploración alemanas habían abandonado ese tipo de vehículo.

En cuanto a la marina, se pensó en Italia, pero no se terminó de llegar a ningún acuerdo en cuanto a la cesión de la tecnología necesaria para reconstruir la flota. Se enviaron expertos a formarse en la marina alemana y se establecieron acuerdos para construir buques sobre planos franceses, pero las limitaciones económicas y la debilidad de nuestra industria impidieron el éxito de estos planes.

En 1943 se crea la división acorazada Brunete, dentro de las fuerzas generales de reserva destinadas a apoyar la defensa de la línea de los Pirineos.

En 1944 el ejército sufrió una nueva reorganización, que creaba una nueva región militar, la 9ª, Granada. Las 8 capitanías contaban cada una con 2 divisiones, excepto la recién creada que solo tenía 1, junto a 2 brigadas acorazadas destacadas en Madrid y Valencia. En total, 63 regimientos de todos los tipos, 24 batallones independientes y las tropas de Africa. Un ejército notable en el número, pero limitado en sus capacidades. Para 1945 el ejército contaba con 300.000 hombres en armas. Desaparecía el peligro inmediato de la guerra, pero llegaba otro enemigo implacable: El hambre.


 
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