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El Gran Capitán

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La ofensiva del Tet PDF Imprimir E-Mail
Escrito por jaro   
jueves, 30 de agosto de 2007

Quizá el ataque más desafortunado para los norvietnamitas fue el que descargaron sobre la ciudad de Chau Phu, en la frontera con Camboya. Los desafortunados atacantes se encontraron con los guerreros más duros del bando americano: el destacamento B-42 de las Fuerzas Especiales, la unidad de reconocimiento PHOENIX (un “experimento” de los marines) y los SEAL de la Armada. La lucha duró 36 horas y supongo que no es preciso indicar el resultado.

Por el contrario, donde la Ofensiva cosechó su más cruento éxito fue en la antigua capital imperial, Hue. Era la ciudad más antigua y hermosa de todo Vietnam. La Ciudad Prohibida de Pekín había servido de modelo para su Ciudadela, el edificio monumental más visitado del país. Cuidados jardines flanqueaban ambas riveras del río Perfume, y la guerra se había mantenido hasta entonces alejada de Hue. Aunque estaba en principio defendida por la 1ª División survietnamita, lo cierto esa que ésta se hallaba dispersa por el contorno de la ciudad, y en la urbe permanecía únicamente una compañía. En una guerra más convencional esto hubiera tenido algún sentido, pero en una guerra de infiltraciones y ataques por sorpresa era un total error. La fuerza atacante Viet Minh se componía de 12.000 guerrilleros, la resistencia de los defensores se prolongó tan sólo dos horas pero recuperar la ciudad llevó a los americanos 25 días.


El cometido fue asignado a trece batallones survietnamitas y ocho batallones americanos, sobre todo de la 1ª División de marines, que tenía una base de combate cercana, en Phu Bai. Pero no era un cometido fácil. Los comunistas encontraron en Hue un importante arsenal de armas americanas destinadas al Ejército survietnamita, y se equiparon con ellas. Aprovecharon las murallas centenarias de la ciudadela para guarecerse, pero convirtieron cada bloque de casas de la ciudad en un fortín. Desde las ventanas, y desde troneras abiertas en las paredes, como las de un búnker, barrían las calles con su fuego, utilizaban los estrechos callejones para desplazar refuerzos a los sectores en peligro y para lanzar contraataques súbitos e inesperados.
Fueron además capaces de mantener abiertas sus vías de suministro desde el valle de A Shau durante varias semanas. Fue necesario que la Caballería Aérea lanzara una operación a gran escala en el Valle para cortar los suministros.
La larga batalla de Hue consistió en una serie de combates casa por casa entre pequeñas unidades. Por las calles principales avanzaban los Patton M48A3, pero eran presa fácil para los RPG, que si bien rara vez lograban destruir un blindado por completo, sí herían a la tripulación. Cada tanque era alcanzado varias veces antes de retirarse, en cuanto estaba a cubierto se sustituía a sus tripulantes heridos o muertos por otros nuevos y el vehículo volvía a la lucha. Hubo tanques que cambiaron por completo de dotación varias veces en el mismo día.

 

Tras los M48A3 avanzaban agachados los marines, enfundados en chalecos antibalas, coordinando su fuego con el de los tanques y apoyados desde atrás por cañones sin retroceso de 106 mm montados en jeeps. Desde los edificios ya conquistados operaban francotiradores de los marines encargados de dar cobertura a los que avanzaban por la calle. No fueron escasos los duelos a muerte entre francotiradores de un bando y del otro, al estilo Stalingrado.

 

Debido al valor simbólico de Hue como referente histórico de Vietnam, el mando americano se autoprohibió recurrir a su artillería más pesada, como el obús de 203 mm, tan devastador como preciso, y eso endureció la lucha.
Al fin el 20 de enero equipos de asalto americanos entraron en la Ciudadela de Hue. Allí sí que no era posible emplear apoyo artillero ni aéreo. Había que neutralizar a los Viet Minh uno a uno. La lucha en la ciudadela fue trágica y feroz, pero lograron controlarla por completo el día 23. Después todavía hubo que seguir haciendo frente a francotiradores y bolsas aisladas de resistencia en los suburbios.

 

Recuperar Hue a lo largo de 25 días de combate supuso para los americanos y sus aliados 600 bajas mortales, los Viet Minh sufrieron de 5.000 muertos. Los civiles…
La batalla fue atroz, larga, sangrienta y sin embargo las fuerzas que Giap había destinado a Hue no eran de las mejores. Años después un periodista preguntó al general Abrams, sustituto de Westmoreland, cómo se hubiera desarrollado la batalla si Hue hubiera sido tomada no por guerrilleros sino por una división de choque del Ejército de Vietnam del Norte.
“Todavía seguiríamos luchando allí”, respondió el general.

Los survietnamitas en el Tet

Los militares americanos tendieron a desdeñar la pericia y el coraje de sus camaradas asiáticos. Sus informes siempre se centraban en los logros americanos, y los de la Ofensiva del Tet no fueron una excepción. Sin embargo, hubo unidades y líderes del Ejército de Vietnam del Sur que destacaron al afrontar la Ofensiva, incluso que fueron decisivos en los sectores a su cargo, en especial las dos Brigadas de marines y, sobretodo, la División Aerotransportada, cuyos integrantes se desplazaron incansablemente de un punto a otro allá donde más se les necesitaba como fuerza de reacción rápida.

 

La presencia casual en Saigón, al comienzo de la Ofensiva, de los batallones 1º y 8º de la Aerotransportada proporcionaron una ventaja providencial a los americanos en su defensa de la capital. Pero incluso entre tropas menos selectas hubo ejemplos de eficacia y coraje. Un ejemplo: la ciudad de Ban Me Thout, en las Tierras Altas Centrales, donde se hallaba la 23 División survietnamita. Se consideraba una unidad como poco efectiva y no tenía experiencia en combate. Su comandante, el coronel Dao Luang An, había sido alertado por informes de inteligencia de su División de la inminencia de la Ofensiva, canceló todos los permisos por el Tet, puso a toda la unidad en alerta y colocó emboscadas en un perímetro de diez kilómetros en torno a la ciudad. Estas medidas permitieron a la División combatir con una eficacia que nadie esperaba de ella. Durante nueve días luchó sin descanso por la ciudad, perdiendo su control en dos ocasiones y volviendo a recuperarlo en otras tantas. El liderazgo hábil y decidido del coronel An causó fuerte impresión en los americanos, que definieron su control táctico de la batalla como “impecable”.
Hay que tener en cuenta, además, que excepto las mejores unidades, la mayoría del Ejército de Vietnam del Sur estaba equipado con fusiles M-1, o incluso con armas más antiguas, pobres rivales frente al mortífero AK-47. Sin embargo, ante la Ofensiva del Tet, los americanos comenzaron a distribuir generosamente M-16, y la efectividad de las tropas survietnamitas aumentó notablemente.

 

Sin embargo, resulta inevitable que en las fuerzas armadas de países no democráticos muchos militares ostentan el mando por designación política, es decir, por nepotismo, clientelismo y otras formas de vasallaje. Esto era muy habitual en Vietnam del Sur, en el que el único negocio floreciente era la guerra, y los “enchufados” demostraron su nula capacidad para el mando en situaciones de combate. Abundaron los casos de oficiales superiores bloqueados por el terror y la indecisión, de generales que no quisieron salir de sus búnkeres durante días, de oficiales de Estado Mayor que acudían a sus puestos con ropas civiles bajo el uniforme para así poder huir mejor en caso de que los Viet Minh llegaran a asaltar el cuartel general de su unidad.
Desde el punto de vista de Vietnam del Norte, mucha mayor importancia que la actitud del Ejército la tenía la de la población civil survietnamita. Giap había bautizado su operación como Ofensiva general/Insurrección General, y contaba con el apoyo espontáneo de los civiles para darle un giro al conflicto. Sin embargo, el ansiado levantamiento general no se produjo en ninguna medida, porque si bien el pueblo se hallaba cansado de guerra y hastiado de un régimen despótico e ineficaz, también estaba aterrorizado por la guerrilla, con sus atentados indiscriminados y su feroz represión contra los “colaboracionistas”, es decir, contra todo aquel a quien los comunistas consideraran colaboracionista. La prevista sublevación masiva contra el gobierno no se produjo. La inmensa mayoría de la población era neutral y su único objetivo en la contienda era sobrevivir.
Pero la Ofensiva cambió un poco esto, surgió entre la gente una actitud inesperada. Después de unas horas iniciales de pánico, las fuerzas armadas survietnamitas habían reaccionado con bravura. Se contaban cientos de historias de soldados valientes y de pequeñas unidades que lucharon con un coraje y una decisión que nadie esperaba de ellos. A pesar de no estar equipados ni entrenados para ello, los 70.000 miembros de la Policía se implicaron en la lucha. Por el contrario, el Viet Minh, con su empeño en atrincherarse en sectores densamente pobladas pese a que eso suponía tremendas bajas entre los civiles, daba la impresión de estar tomando a la población civil como rehén. El impopular gobierno survietnamita no se volvió más querido, pero sí se creó en la población la percepción de que estaban en guerra contra un enemigo común, de que hacer frente a los guerrilleros no era el negocio de unos cuantos, sino la causa de todos.
La Ofensiva del Tet fracasó en toda la línea. El Viet Minh quedó casi aniquilado tras perder 45.000 muertos y 7.000 prisioneros. Un guerrillero lo resumió más tarde diciendo: “Perdimos nuestra mejor gente”. En adelante sería el Ejército de Vietnam del Norte el único que podría continuar la lucha en el bando comunista.  

 

Pero con el fracaso de la Ofensiva General, el Viet Minh no solo había perdido a sus guerreros, sino también a sus informadores y agentes, a la gente que vivía perfectamente integrada en el Sur y que eran los ojos y los oídos del Norte. Al ser usados como tropas en la lucha habían sido sacrificados inútilmente. La falta de una red de inteligencia, la auténtica fuerza del Viet Minh hasta entonces, impidió a Vietnam del Norte lanzar ningún ataque de importancia en el resto de 1968 y en todo 1969.
Pero pese al fracaso de la Ofensiva general, y a la inexistencia de la Insurrección General, el planteamiento de Giap iba a cosechar un éxito, diferido pero efectivo, por la intervención de un nuevo elemento en la guerra:

La prensa americana: el mejor aliado de Vietnam del Norte

Cuando llegaron a los Estados Unidos las primeras noticias sobre la ofensiva del Tet, Walter Cronkite, el periodista de televisión más conocido en América, exclamó: ”¿Qué diablos está pasando? Creí que estábamos ganando la guerra”.
Los americanos llevaban meses escuchando mensajes optimistas de sus políticos y militares, confiaban en que el conflicto asiático estaba en vías avanzadas de resolución, que ya no aumentaría mucho el número de bajas, pero de repente todo Vietnam del Sur parecía saltar por los aires. Llegaban imágenes de intensos combates en zonas que habían sido solemnemente declaradas como “pacificadas”. El número de bajas se disparaba. Los líderes militares no acertaban a explicar lo que sucedía, y sus apariciones públicas delataban confusión y desconcierto.

 

 


 
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