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El Gran Capitán

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Escrito por Jurguen Stroop   
martes, 30 de noviembre de 1999

El fusil, el eterno amigo del soldado, muchas veces el hecho de no mantenerlo limpio podía significar estar muerto.

Los fusiles de la primera guerra mundial se portaban mal en la lucha de trincheras. No podían hacer fuego automático eran demasiado potentes, y demasiado grandes. El arma que dominaba la batalla era sin duda la ametralladora. El soldado con su fusil de cerrojo tenía muy pocas posibilidades de enfrentarse a ella.

Al evolucionar la guerra los datos demostraban que las trincheras estaban muy cerca unas de otras y que si se lograba fabricar algun arma fácilmente portátil y relativamente ligera se podría lograr más resultados que con el fusil clásico.

Sin embargo aunque estas ideas se pensaron en ambos lados los stocks de fusiles y balas eran tan grandes y las fabricas estaban tan saturadas que ningún país quiso arriesgar con algo nuevo y que luego fuera un fracaso. Se empezó con algún subfusil que sembró la semilla de la evolución del fusil, pero todo estaba bastante restringido.


“Durante la I guerra mundial surgió el germen de un arma nueva”.

 

 

Las ideas perduran, y algunos oficiales germanos sabían lo que querían, un arma ligera de diseño sencillo que pudiera disparar tiro a tiro y tiro automático, y que tuviera un gran cargador.

La Europa de entreguerras seguía siendo conservadora en el tema de la evolución del fusil y muchos militares no veían la necesidad de cambiar los fusiles de cerrojo.

El único medio de lograr un proyecto eficiente era sencillo, cambiar la munición algo intermedio ni para un fusil ni para un subfusil. Las balas de los fusiles de cerrojo eran prácticamente iguales en todos los ejércitos de Europa. Todas tenían efectividad a unos 1000 metros. Tras muchos análisis se llego a la conclusión de que los combates se realizaban a una distancia de unos 400 metros, es decir que se podía bajar el calibre de la bala y así se podría reducir el peso de la misma arma.

Durante los años 20 un norteamericano llamado Pedersen desarrollo un fusil automático de 6,90 milímetros, el arma era bastante eficaz. Pero el estado mayor desestimo el proyecto y ordeno que cualquier fusil automático debería de ser del calibre 7,5 milímetros ya existente. El gran problema era que había tremendas cantidades de munición sobrante y de fusiles para dispararla y hacer algo nuevo era tirar todo aquello a la papelera. Además en el mundo había paz, una relativa tranquilidad que no parecía que iba a truncarse. ¿Por qué razón desarrollar un arma nueva?, sino se necesitaba.

Pero un pequeño grupo de hombres alemanes seguían desarrollando lentamente sus ideas, pero curiosamente había un hombre en Rusia que había logrado un proyecto de primer nivel.

En 1916 el proyectista ruso Federov produjo un fusil automático que llamo “Automát.”, podía disparar tiro a tiro o automáticamente, el arma era ligera menos de 5 kilos y un alcance aceptable, además contaba con un buen cargador. El punto flaco del arma era el cartucho de relativamente poca potencia que utilizaba. Se trataba del cartucho japonés de 6,5 milímetros que se utilizaba de forma limitada en el ejercito imperial ruso después de la guerra ruso-japonesa (1904-1905). El Automát. Lanzaba una bala ligera y poco potente y era impopular en el ejército, así que fue sustituido por fusiles clásicos y lo innovador del diseño fue olvidado.

Durante los años 20 y 30 los rusos produjeron una pequeña cantidad de fusiles de asalto, eran construidos por Tokarev y usaban la potente bala de fusil de cerrojo que usaba el ejercito rojo, el mayor inconveniente de estas armas soviéticas fue la selección de disparo automático que no se logro perfeccionar antes de la guerra. Algunos de estos fusiles de asalto fueron usados por tiradores soviéticos como fusiles semiautomáticos.

En Alemania en la época de entreguerras había una batalla de ideas un grupo dentro de la jefatura de armamento pensaba en diseños futuros y otro estaba encasillado en la primera guerra mundial. Este grupo de hombres desarrollo un nuevo cartucho mas pequeño y menos potente, a su vez desarrollaron un arma para usar este nuevo cartucho, este, arma serviría para funciones varias y cumpliría con todas las exigencias del fusil de asalto. Las ideas estaban claras una bala y un arma eficaz para lanzarla. Una empresa produciría la munición y otra el arma.

Era el año 1938 y los germanos sabían que su proyecto de fusil de asalto debía acelerarse ya que corrían vientos de guerra por el mundo. Se aceleraron los procesos probando la nueva munición.

El contrato para producir el arma le fue adjudicado a la empresa Haenel y la empresa Polte fabricaría la munición.

En 1942 los 50 primeros prototipos fueron evaluados, la munición de Polte era de primera calidad y respondió perfectamente a las exigencias. La empresa denomino al nuevo cartucho como “Kurz” y era del calibre 7,92 milímetros, se acorto la vaina y la bala pero tenia las mismas medidas circulares. Las pruebas fueron de forma excelente la munición pesaba dos tercios menos que la munición estándar de 7,92 milímetros. La munición salía con una velocidad de 700 metros segundo, y es mas se cumplía perfectamente con las exigencias de 400 metros de alcance operativo.


 
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