“En la decadencia de su vida, la heroína de esta narración está desamparada…
“Está deseosa de encontrar empleo en alguna institución pública, y es totalmente capaz de ejecutar cualquier cargo de confianza e inspección.
“Aquellos benévolos lectores que deseen contribuir a su comodidad en sus últimos años pueden enviar sus aportaciones al sr Murgatroyd, en el 18 de Stafford Row en Pimlico o al sr John Brown, en el 9 de Hans Place en Sloane Street”.
Este dramático texto acompaña las memorias de la casi desconocida enfermera galesa Betsi Cadwaladr, quien trabajó de manera eficaz durante la guerra de Crimea (1854 – 1856), se enfrentó a la famosa Florence Nightingale, cuestionó sus métodos al observar los sufrimientos de los aliados heridos en la guerra, las deficiencias en los hospitales administrados por la “Dama de la lámpara” y no estuvo de acuerdo con ella por haberla designado para remendar ropa, aun cuando Betsi, ya de 60 años, había adquirido una gran experiencia atendiendo enfermos, así como en el cuidado, organización e inventario de la carga en buques mercantes, algo que aprendió en sus múltiples viajes por diversas partes del mundo.
Y lo narrado hasta ahora fue sólo parte de su vida, si nos atenemos a sus memorias
Desde su niñez, Betsi habría dado muestras de una energía y vitalidad útiles para forjar un carácter fuerte e impetuoso que le permitió resistir su triste etapa de niña al haber quedado huérfana de madre a los cinco años de edad y ser constantemente maltratada por su padre y hermana mayor –por cierto con Betsi eran 16 hermanos-. Aquella situación la habría motivado a escapar de la casa paterna a los 9 años y luego huir de algún otro sitio para ir a radicarse a Liverpool.
En aquella ciudad empezó a trabajar en una tienda cuya administración le fue confiada, lugar que Betsi impidió sea robado, al enfrentarse al ladrón y hasta perseguirlo. Luego de algún tiempo decidió embarcarse y viajó por numerosos sitios de Asia, Australia y Africa, regresando ya mayor a Inglaterra, con algo de fortuna material y cargada de presentes que habría recibido de numerosos pasajeros y hasta uno que otro noble agradecidos por sus servicios y atenciones. Sin embargo, su pequeña fortuna la perdió al invertirla en negocios de bienes raíces, siendo estafada por gente inescrupulosa.
Perseverante, Betsi encontró empleo en la casa de un abogado, quien al morir le dejó la mayor parte de sus bienes, herencia que luego fue reclamada por los familiares del fallecido, siendo despojada de ella por medio de argucias legales. Ya cercana a los 60 años y aparentemente sin nada más qué hacer en su vida, vio renacer sus esperanzas para lograr algo mejor, al ver la oportunidad que significaba el conflicto que se avecinaba en Crimea, al cual decidió acudir de voluntaria y prestar sus servicios y experiencia como enfermera.
Desde su llegada a Scutari, centro de operaciones de Florence Nightingale, empezaron entre las dos los roces y desacuerdos, que pronto motivaron a Nightingale a trasladar a la enfermera galesa al Hospital General de Balaclava, cercano al frente de guerra. Y ahí pudo Cadwaladr desarrollar toda su actividad, realizar de la mejor manera sus métodos para poder atender más eficazmente a los heridos en combate, no sólo como enfermera sino como alguien siempre presto a escuchar, poniendo además, gran énfasis en la preparación de alimentos adecuados para sus pacientes.
Al final, la mismísima Florence Nightingale reconoció la calidad del trabajo de la enfermera galesa. Sin embargo, tanto esfuerzo desplegado en su trabajo, su edad avanzada y el ambiente plagado de enfermedades como la disentería y el cólera, pasaron factura a la esforzada y sexagenaria enfermera, teniendo que regresar a Inglaterra en 1855 con su salud quebrantada y hasta con la incertidumbre sobre los emolumentos que debía recibir por sus servicios prestados en la guerra de Crimea.
Betsi Cadwaladr murió en 1860 a los 71 años de edad, en condiciones de extrema pobreza y casi olvidada…
“No me gusta el nombre Nightingale. Cuando escucho un nombre por primera vez, es muy probable que conozca mis sentimientos, si me agradará la persona que lo lleva”.
Betsi Cadwaladr, sobre Florence Nightingale

Como corolario, personas estudiosas de la vida de este notable personaje e instituciones de salud, llevan ya algunos años difundiendo y reviviendo su obra, sus métodos prácticos, su atención hacia los heridos, el cuidado y alimentación de aquellos y resaltando su gran sentido de humanidad y solidaridad, para que sean reconocidos por justicia.
Fuentes:
https://headtopics.com/es/c-mo-el-enfre ... a-12542810
https://womenyoushouldknow.net/betsi-ca ... war-nurse/








