Sin embargo, las autoridades españolas les consideraron más traidores que retornados, los destinaron a Galicia, zona alejada de los combates, y posteriormente la unidad fue disuelta. Tuvo que intervenir personalmente el embajador ruso para que los oficiales fusen restaurados en sus empleos, entre ellos el comandante del regimiento Antonio Alejandro O'Donnell.
Lacy recela de su fidelidad. También teme que provocaran incidentes con el resto de los oficiales de un ejército, que ya no eran los de 1808, cuando la mayoría habían partido de España. En efecto, ni la disciplina, ni la mentalidad de los oficiales era ya la misma. El Ejército Real había dejado paso a los Ejércitos Nacionales, según la denominación de las Cortes, y esta circunstancia no podía ser ignorada. Como tampoco que no había dinero para pagarlos, darles de comer, ni completar el ya maltrecho vestuario recibido en San Petersburgo en noviembre de 1812. El incumplimiento de la orden de Wellington, será más adelante uno de los motivos de fricción entre este y la nueva Regencia nombrada por las Cortes en abril de 1813, así como un nuevo motivo de agravio para el general Enrique O’Donnell por lo que considerará un desprecio a su hermano el coronel.
José Manuel Guerrero Acosta. El Ejército español de Wellington en los Pirineos. Revista Historia Militar I, Extra 2013.
Es curiosa esta reflexión que se hace al respecto; no sólo se duda de la fidelidad de los oficiales retornados sino que se les considera "extraños", reliquias de un Ejército Real desaparecido.
También mencionar el componente político del asunto. Por un lado se agravia a Wellington, que como comandante del ejército español ordenó que la unidad se incorparara a la 2ª división del 4ª Ejército, y ve como la Regencia y el general Lacy le ignoran.
Y por otro está el tema de Enrique O´Donnell, que ya venía teniendo enfrentamientos con las Cortes a cuenta de otro hermano, el general José O´Donnell. Enrique tuvo que dimitir como miembro de la Regencia tras una polémica que se formó por la derrota de su hermano José en la batalla de Castalla en 1812.
Saludos.
"Con más facilidad se les llama bravos a los audaces que seguros a los prudentes".