Little Big Horn - 1876

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George Horn
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Little Big Horn - 1876

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Little Big Horn

25 de junio de 1876

(George Horn)

(Nota importante para seguir el desarrollo de la Batalla)


Es muy importante en esta batalla, el seguir los datos horarios en los que se dieron las diferentes acciones. Estos datos son muy importantes en el devenir final de la batalla.

Los datos horarios, los proporcionaron muchos de los protagonistas de las diferentes acciones y movimientos. Los escribieron en Informes Oficiales de la batalla. De forma oral en el Testimonio de Investigación del Mayor Reno (Chicago, 1879). Innumerables testigos las dieron también, en diferentes entrevistas concedidas a prensa y estudiosos de la batalla, en las semanas y meses siguientes, y hasta la muerte de algunos de ellos en la década de los años treinta del siglo XX.

Los mismos protagonistas, dieron horarios diferentes en unas u otras declaraciones. Ya sea porque la memoria los traicionó, o porque les interesaba cambiar su anterior versión para encubrir posibles responsabilidades.

En las docenas y docenas de ensayos escritos desde el primero, publicado por Frederick Whittaker en diciembre de 1876: “Complete Life of General George A. Custer”, hasta el último que seguramente se estará escribiendo ahora mismo, cada autor ha usado según su particular visión de la batalla, uno u otro horario. En muchos casos, la diferencia en la hora es muy significativa para la conclusión final.

Yo, particularmente; después de años y años estudiando esta batalla desde todos los ángulos posibles, y después de haber leído más de treinta

de esos ensayos. Y docenas, y docenas de documentos oficiales, y entrevistas a participantes en los hechos, he llegado a la conclusión que los horarios más fidedignos los da Gordon Harper en: “The Fights on the Little Horn: Unveiling the Mysteries of Custer’s Last Stand”, (2014).

Gordon Harper; no se los saca de la manga. En todo momento se basa en los horarios dados por el Teniente George D. Wallace, que actuó como Oficial topógrafo encargado de hacer las mediciones de distancias, y tomar los horarios en esa expedición del Séptimo de Caballería. Ningún testigo nunca, ha cuestionado ninguno de sus datos. El magnífico ensayo de Gordon Harper, lamentablemente no ha sido publicado en castellano. Pero no es difícil conseguir una copia en inglés.

En esta batalla, hay momentos en el que están sucediendo tres y cuatro combates a la vez (Reno Hill; Calhoun Ridge y Cementery Ridge). Es muy complicado y farragoso, seguir el desarrollo de los acontecimientos saltando de unos a otros. He optado por explicar las diferentes luchas una por una. El lector siempre puede saltar en el texto hacia atrás, o hacia delante, si quiere saber lo que estaba sucediendo en ese mismo momento en otra parte del campo de batalla.

Al dividir el Regimiento en cuatro Batallones (luego tres de ellos se unirían, Reno, Benteen y McDougal). Se puede organizar la narración en dos bloques. Primera; la batalla de Reno y Benteen. Y segunda; la batalla de Custer.

Los diferentes combates dentro de la batalla Reno/Benteen son: Carga del Mayor Reno hacia el campamento indio. Retirada de Reno al bosquecillo junto al Little Big Horn. Retirada de Reno al otro lado del río, a los acantilados. Benteen llega a Reno Hill. Avance hasta Weir Point. Asedio a Reno Hill. El General Terry llega al campo de batalla.

Los movimientos de Custer son: Subida a los riscos para ver el campo indio. Bajada hasta el vado del río para cruzar el Little Big Horn. Despliege en Nye-Cartwright Ridge, Calhoun Ridge y Cementery Ridge. Caída de Calhoun Ridge. Caída de Custer Hill.

Un español en el Séptimo de Caballería

El Séptimo de Caballería estaba mayoritariamente formado por irlandeses y alemanes, pero había un español: George Horn; Alistado el 12 de enero de 1872, licenciado en Fort Rice el 12 de enero de 1876. Fue propuesto para una medalla por valentía en combate.

Altura 1,67 m. Ojos oscuros. Cabello oscuro. Tez clara. Esa es la descripción en su ficha militar.

Existía la costumbre cuando se alistaban soldados extranjeros, de americanizar los nombres. Probablemente se llamara Jorge Hornos. Quitando las últimas “o y s” se queda en Horn. Se sabe que tenía 27 años cuando se alistó y que era de Andalucía. Probablemente de Málaga.

Estaba adscrito a la Compañía D, mandada por el Capitán Thomas Weir. No fue herido en la batalla. Con toda seguridad avanzó hasta Weir Point, y formó en la línea de escaramuzadores.

No se sabe absolutamente nada de él después de su licenciamiento.

Custer y el Séptimo Regimiento de Caballería

El 28 de julio de 1866, el Congreso autorizó la creación de cuatro Regimientos de Caballería. Y un número suficiente de Compañías de Infantería para reorganizar los 19 Regimientos de Infantería, en 45 Regimientos con 10 Compañías cada uno. El Ejército pasó a tener 10 Regimientos de Caballería, 5 de Artillería y 45 de Infantería.

El 28 de julio de 1866, una de las nuevas unidades de Caballería autorizadas se constituyó en el Ejército Regular, con el nombre de 7.º Regimiento de Caballería. Los reclutas de este nuevo Regimiento de Caballería se concentraron en Fort Riley (Kansas), en agosto de 1866. El 10 de septiembre, el trabajo de organización fue iniciado por el Mayor John W. Davidson del 2.º Regimiento de Caballería.

El 21 de septiembre de 1866 se organizó el 7 ° Regimiento de Caballería en Fort Riley (Kansas), Andrew J. Smith, veterano de la Guerra con Méjico, y distinguido líder de caballería en el Ejército del Oeste durante la Guerra Civil, fue ascendido a Coronel y pasó a ser el primer Jefe en la historia del Regimiento. George Armstrong Custer, fue ascendido a Teniente Coronel, y destinado a Fort Riley en noviembre de 1866. Hasta su muerte en 1876, perteneció al Séptimo de Caballería.

Tres Mayores fueron destinados a la nueva unidad, Alfred Gibbs; Wickliffe Cooper y Joel H. Elliott. Como Capitanes; William Thompson; Frederick W. Benteen; Myles W. Keogh; Robert M. West, "Mike" Sheridan; Louis McLane Hamilton y Albert Barnitz. Los Tenientes; Thomas Custer; W. W. Cooke; H. J. Nowlan; Algernon E. Smith; Thomas Weir; Owen Hale; Samuel Robbins; Myles Moylan; James M. Bell y Henry Jackson.

Los integrantes del Séptimo lo formaban una amalgama de veteranos de la Guerra Civil, hombres de la frontera, y un gran número de inmigrantes extranjeros. En su mayoría irlandeses y alemanes. Existía una velada tensión entre irlandeses y alemanes. Los soldados irlandeses no soportaban a los sargentos alemanes. Los soldados alemanes tampoco soportaban a los sargentos irlandeses. Esa fisura minaba la cohesión y la eficacia del mando. El Séptimo distaba mucho de ser una unidad compacta.

Comienza la campaña

En mayo de 1876 comenzó la campaña de la llamada Gran Guerra Sioux. La primera columna, compuesta por mil trescientos hombres al mando del Brigadier General George Crook, avanzó hacia el norte desde el reconstruido Fort Fetterman, y Fort Laramie en Wyoming.

La segunda columna, al mando del Coronel del 7.º de Infantería John Gibbon, veterano de la guerra contra México y los seminolas, incursionó por el este, desde Fort Ellis en Montana. Gibbon contaba con seis Compañías del 7.º de Infantería, cuatro Compañías del 2.º de Caballería, veinticinco exploradores crows, y una Batería Gattling. En total cuatrocientos hombres.

Por su parte el Ejército del Brigadier General Terry, partió de Fort Lincoln, en el territorio de Dakota el 17 de mayo. Esta fuerza estaba integrada por tres Compañías y media del 6.º de Infantería, dos Compañías del 17.º de Infantería, una Batería Gatling. El 7.º de Caballería con sus doce compañías (primera vez que se reunía el Regimiento completo), y 35 exploradores rees (arikaras). Ciento cincuenta carretas tiradas por mulas; cabezas de ganado; y provisiones. En el camino fueron reforzados por una Compañía del Sexto de Infantería, y otra Batería Gatling. Esta fuerza sumaba en total, cuarenta guías rees, cuarenta y cinco oficiales, novecientos sesenta y ocho soldados y ciento setenta civiles. Poco más de mil doscientos hombres, de los cuales unos setecientos, incluidos treinta y dos oficiales, pertenecían al Séptimo de Caballería. Esta era, la más importante de las tres columnas.

Mientras tanto, la prensa y diversos sectores de la población exigían expulsar a los indios por la fuerza. Para dar paso al avance del hombre blanco. El 17 de junio, en plena campaña, el “Tribune” de Bismarck escribió: “Este es territorio de Dios. Él lo pobló de hombres rojos y plantó agrestes pastos, y permitió que el hombre blanco se afianzara; y conforme los salvajes pastos desaparecen sustituidos por las plantaciones de los tréboles blancos del forraje, también desaparecen los indios por el avance del hombre blanco.

Los filántropos pueden llorar por el pobre salvaje, y contar los males e injusticias que ha sufrido, pero está desapareciendo. Las oraciones y las súplicas de éstos no pueden alterar las leyes de la naturaleza; no pueden frenar las causas que les están arrastrando a su destino final: la extinción.

El pueblo americano necesita el territorio que actualmente ocupan los indios; muchos de nuestros ciudadanos están sin empleo; las masas necesitan de emociones nuevas. La guerra ha acabado, y la era de la construcción del ferrocarril ha llegado a su fin a causa de la avaricia de los capitalistas y la locura de los rancheros; y la depresión reina en todas partes. Una guerra contra los indios no provocaría daños, y antes o después, tendrá lugar”.


La posición oficial del Gobierno sin embargo se presentaba diferente. El Presidente Grant declaró al Congreso que: “Las presentes operaciones militares no se dirigen contra la nación sioux, sino contra elementos hostiles de ella que desafían al Gobierno, y se realizan de conformidad a lo solicitado por la Comisión de Asuntos Indios. Ninguna de estas operaciones se efectúa dentro de, o cerca de la reserva sioux. El descubrimiento accidental de oro en la frontera occidental de la reserva sioux, y la intromisión de colonos dentro de esta no ha causado la guerra, sino que la ha complicado. Los jóvenes guerreros aman la guerra, y frecuentemente escapan de sus agentes para ir de caza o a pelear, que es su único objetivo en la vida. La razón de esta expedición militar es por el interés del mayoritario sector pacífico de la nación sioux, que comprende al menos nueve décimas partes del total, y ninguno de estos indios pacíficos ha sido molestado por las autoridades militares”.

Al salir de Fort Abraham Lincoln, el Séptimo fue dividido en dos alas, la derecha, bajo el mando del Mayor Marcus A. Reno y la izquierda comandada por el Capitán Frederick Benteen. El 7 de junio, Terry alcanzó la confluencia de los ríos Powder y Yellowstone. Desde allí el día 9, salió al encuentro del Coronel Gibbon.

El ala izquierda del Séptimo de Caballería, al mando de Reno y con una Batería Gatling de apoyo, realizó una misión de exploración por el río Powder, para continuar al río Tongue y de ahí retornar. Reno se excedió en las órdenes, y continuó hasta el oeste de Rosebud Creek, donde finalmente descubrió el rastro indio, el cual siguió por cerca de setenta y cinco kilómetros antes de volver al Yellowstone. El 16 de junio, la columna de Terry llegó al lugar donde se hallaba un cementerio sioux, esto confirmó que iban por el camino correcto. El 21 contactó con la columna de Montana del Coronel Gibbon.

Por su parte, el 17 de junio; el General Crook alcanzó el valle del Rosebud, lugar donde sufrió un violento, e inesperado ataque por parte de unos mil
indios oglala-lakota, black foots, sans arcs, miniconjou, hunkpapas y cheyennes al mando de Crazy Horse.

La batalla, se prolongó durante varias horas. Las tropas de Crook tuvieron nueve muertos y veintiún heridos, y pese a que causó entre treinta y cuarenta muertos a los indios, obligó al General Crook, a detener la marcha y replegarse. Al quedar dueño del campo, el General Crook se proclamó victorioso, dato que aceptaron sus contemporáneos. Pero de hecho, Crook fue barrido por los indios y al día siguiente se retiró. La pinza de una de las tres columnas fue desactivada.

Crazy Horse celebró su triunfo volviendo al campo de Sitting Bull. Ignorantes de la derrota de Crook (traería graves consecuencias), el 22 de junio, a bordo del vapor Far West en el río Yellowstone, el General Terry, el Coronel Gibbon, y el Teniente Coronel Custer, continuaron con el plan de acción. Se decidió que, al ser el Regimiento de Custer más rápido y flexible que la Infantería, debía avanzar primero y tomar posición frente a las fuerzas hostiles. Su primera responsabilidad era ubicar según el rastro descubierto el campamento indio, de conformidad con las siguientes pautas:

1. Iniciar la búsqueda por el valle del Rosebud.

2. Bajar desde el sur en paralelo a los montes Wolf, al este de la supuesta posición.

3. De allí avanzar por el oeste, hacia el valle de Little Big Horn, siempre pegado a la izquierda del río del mismo nombre para asegurar que los indios no escaparan hacia el este o el sur.

4. Terry y Gibbon avanzarían por el Yellowstone, hacia el valle del Big Horn y de ahí hacia el valle del río Little Big Horn.

5. Juntos cercarían a los indios.

Se acordó que la fecha de reunión de las fuerzas de Custer con las de Terry y Gibbon, sería el 26 de junio, tras lo cual conjuntamente atacarían a los hostiles.

El General Terry, anticipando el carácter impulsivo de su subordinado, fue enfático en reiterarle verbalmente que, una vez que localizara el campamento indio, por ningún motivo debía entablar combate y debía aguardar la llegada de la columna principal. Las instrucciones de Terry trasmitidas por escrito a Custer a través del Asistente Adjunto del General fueron las siguientes: “Coronel: El Brigadier General al mando ordena que, tan pronto su Regimiento esté listo para marchar, debe usted avanzar hasta el Rosebud en persecución de los indios, cuyo rastro fue descubierto por el Mayor Reno hace unos días. Es imposible darle instrucciones definidas con relación a su avance, y como el Comandante del Departamento expresa su confianza en vuestra clase, energía y habilidad, no desea imponerle órdenes precisas que puedan afectar su acción cuando esté en contacto cercano con el enemigo. Él desea sin embargo indicarle sus puntos de vista sobre cuál considera debería ser su proceder, y espera que usted se atenga a ellos, salvo que encuentre usted razones suficientes que lo desvíen de estos. El Comandante del Departamento piensa que usted debe avanzar hacia el Rosebud, hasta comprobar en definitiva cual es la dirección hacia la que confluye el rastro. Si este es encontrado (y parece más que seguro que así será), debe usted continuar hacia el sur, quizás tan lejos como hasta la cabecera del río Tongue, y de ahí girar hacia el Little Big Horn, orientándose hacia su izquierda para impedir el escape de los indios por su flanco izquierdo. La columna del Coronel Gibbon está ahora en marcha hacia la desembocadura del Big Horn. Tan pronto como alcance ese punto, cruzará el Yellowstone y avanzará hacia la bifurcación del Little y el Big Horn. Evidentemente sus movimientos futuros, estarán determinados por las circunstancias, conforme estas surjan, pero es de esperar que los indios, si se encuentran en Little Big Horn, puedan ser envueltos por las dos columnas de modo que su escape resulte imposible. El Comandante del Departamento desea que en vuestro camino a Rosebud, usted examine detalladamente las alturas de Tullock Creek, y envié un explorador hacia el comando del Coronel Gibbon. El vapor de provisiones avanzará por el Big Horn tan lejos como el río sea navegable, y el Comandante del Departamento, quien acompañará a la columna del Coronel Gibbon, desea que usted se reporte a él, no después de la expiración del tiempo del que sus tropas poseen raciones, salvo que en el intermedio usted reciba nuevas órdenes”.

Ese mismo día, Marc Kellog, el corresponsal del diario “Tribune” de Bismarck, que había reemplazado al editor titular C. A. Londsbury, envío el siguiente telegrama al “Tribune”: “Mañana, 22 de junio, el General Custer, con doce Compañías de caballería explorará desde la boca del valle de Rosebud hasta llegar al rastro descubierto por el Mayor Reno, y se desplazará por ahí con la mayor rapidez posible a fin de sorprender a los indios que se presume están cazando búfalos y realizando pequeñas marchas diarias. Parte del comando de Gibbon marchará hacia arriba del valle del Big Horn a efecto de interceptar a los indios que pretendan escapar de Custer”.

Aquel sería el último despacho enviado por este corresponsal, que cuatro días después correría la misma suerte que los demás hombres del Séptimo que acompañaron a Custer hasta su último combate. El Coronel Gibbon por su parte había remarcado a Custer: “No sea usted impulsivo, espérenos”.

Adoptada la estrategia, Custer partió en su misión con las doce Compañías al completo del Séptimo Regimiento (quinientos cincuenta y seis soldados y treinta y un oficiales). Rechazó una Batería Gatling. Tampoco aceptó reforzarse con cuatro Compañías del Segundo de Caballería de la columna de Gibbon, ofrecidas por precaución. Custer consideraba que su Regimiento era capaz de manejar sólo la situación.

Argumentando una cabalgata forzada en busca de un enemigo rápido y escurridizo, descartó todo equipo pesado. Ordenó a la tropa dejar sus sables. El Séptimo marchó armado con carabinas Springfield modelo 1873 calibre .45-70 con cien cartuchos por soldado, y revólveres Colt .45 modelo 1872, con veinticuatro cartuchos por hombre. La fuerza total, incluyendo guías y civiles, consistía en seiscientos setenta y cinco hombres. Les acompañaban una reata de mulas con las municiones suplementarias y provisiones para un máximo de quince días.


No me desenvaines sin razón, no me envaines sin honor

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JackHicks236
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por JackHicks236 »

Caray, ¡la Batalla de Little Big Horn! Seguiré con gran interés este hilo. :dpm:
"Paz a través de la fuerza." Ronald Reagan /// ¿Por qué el cielo es azul? Porque Dios ama a la infantería. /// Anytime, Baby...!
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

El Séptimo de Caballería inicia su avance

El Séptimo de Caballería inició su recorrido en dirección al sur del valle de Rosebud. Los exploradores indios de avanzada, ubicaron el rastro sioux descubierto por Reno, tenía unos trescientos metros de ancho y el Regimiento lo siguió con cautela. Las huellas dejadas en el camino indicaban que un número considerable de indios habían cruzado por ahí. Conforme avanzaban, el rastro se hacía más claro. Después de una marcha de veinte kilómetros, las tropas acamparon.

El 23 de junio el Regimiento marchó casi cincuenta kilómetros más, encontrando en el camino rastros de aldeas indias abandonadas. Acampó aproximadamente a las 17.00 horas. El 24 reanudó la marcha y durante el nuevo recorrido de cuarenta y dos kilómetros, se descubrieron rastros cada vez más frescos.

Poco después de acampar, a las 21:25 horas, Custer se reunió con sus oficiales y les expresó que sin ninguna duda, el campamento se encontraba en el valle del Little Big Horn, y enfatizó en señalar que llegado el momento, no hallarían más de mil quinientos guerreros indios, razón por la cual sustentó su negativa de aceptar la Batería Gatling y las cuatro Compañías del Segundo de Caballería. Estaba convencido de que su Regimiento podía manejar sin problemas a mil quinientos guerreros.

Todo parece indicar sin embargo, que las dimensiones reales del campamento parecían preocupar a Custer. Antes de partir hacia Yellowstone, algunos guías rees le habían advertido que el campamento era gigantesco. Se desconoce entonces porque se engañó asimismo, y de paso a sus oficiales. En todo caso, Custer consideró que para llegar al campamento enemigo, se hacía imperativo cruzar la divisoria entre los valles del Rosebud y Little Big Horn, pero que sería imposible hacerlo a la luz del día sin ser descubiertos. Ordenó entonces que la tropa se preparara para reanudar la marcha a las 23:00 horas.

A las 02:00 horas del día 25, los guías señalaron que sería imposible cruzar la divisoria antes del amanecer. La tropa descansó por tres horas y a las cinco de la madrugada se reanudó la marcha. A las 8:00 horas, la fuerza llegó finalmente al valle del Little Big Horn. Poco después, los guías indios avistaron lo que podía ser el poblado indio. A media mañana, Custer fue llevado a una elevación (Crown Nest), desde donde los exploradores decían que veían un gran poblado. Custer ni con los binoculares lo pudo ver, pero confió en lo que sus guías le señalaban.

Cuando Custer bajó de Crow Nest, eran aproximadamente las 10.30 horas. Convocó a los oficiales a su tienda, les explicó que tenía la evidencia de que habían sido ya descubiertos por los indios. Dijo en esa reunión, que su intención había sido la de pasar el día ocultos, y atacar al día siguiente al amanecer. Pero que eso ya no era posible porque los hostiles sabían que estaban cerca de ellos. Comentó con sus oficiales, que todas sus esperanzas de cogerlos por sorpresa se habían evaporado, y que sólo quedaba actuar sin tardanza y atacar.

Cuando Custer anunció su intención de atacar, algunos oficiales expresaron su opinión en contra. Los guías reiteraron que había más indios de los que los soldados podían vencer.

Fue en ese momento cuando dividió el Regimiento en cuatro escuadrones.

- Escuadrón del Mayor Marcus Reno:

- Compañía A, Capitán Miles Moylan

- Compañía G, Teniente Donald McIntosh

- Compañía M, Thomas French

El Teniente Benjamin Hodgson era el Ayudante del Mayor Reno. Doctores; Porter y DeWolf.

Los Tenientes Charles Varnum y Luther Hare con los exploradores arikara, y Fred Girard como intérprete.

- Escuadrón del Capitán Frederick Benteen:

- Compañía D, Capitán Thomas Wier

- Compañía H, Capitán F. Benteen y Teniente Francis Gibson

- Compañía K, Teniente Edward Godfrey

(El batallón del Capitán Benteen no tenía ni cirujano ni exploradores)

- Escuadrón del General George Custer:

- Compañía C, Capitán Thomas Custer

- Compañía E, Teniente Algernon Smith

- Compañía F, Capitán George Yates

- Compañía I, Capitán Miles Keogh

- Compañía L, Teniente James Calhoum

Ayudante; Teniente William Cooke. Doctor, Capitán Edwin Lord.

- Escuadrón de retaguardia; Compañía B, Capitán Thomas McDougal, escolta del tren de bagaje (víveres, impedimenta y municiones)

- Convoy de mulas, Teniente Edward Mathey

En el momento de dividir el Regimiento, Custer ordenó que cada Compañía cediera seis soldados, y un suboficial a la Compañía B, que formaba la retaguardia. Esto es motivo de gran controversia, algunos autores dicen seis, otros siete y algunos hasta ocho soldados. Pero Edward Godfrey en su artículo en “Century Magazine” de enero de 1892, lo deja muy claro: “Custer ordenó que seis soldados y un suboficial de cada Compañía fueran destinados para reforzar la escolta del convoy de mulas”. No está claro que soldados fueron destinados a la retaguardia. Se cree que los sargentos escogieron a los más “novatos”, o soldados que estuvieran enfermos o lesionados. La mayoría de estos hombres que pertenecían a las Compañías del Batallón de Custer, salvaron la vida gracias a esta transferencia.

Según escribió el Teniente Edward Godfrey en; “Army and Navy Journal 14, no. 4” (2 de septiembre de 1876), refiriéndose al comando entregado al Capitan Benteen: “La opinión que prevalece entre los militares y los civiles, es que la columna con las tres Compañías del Capitán Benteen, más la Compañía del Capitán McDougal, se organizó para que actuaran de reserva como apoyo a las otras dos columnas de Custer y Reno”.

Custer; sin hacer caso a las advertencias de los exploradores que aseguraban que era el campamento más grande que jamás habían visto, y que exclamaban ¡Otoe sioux, otoe sioux! (¡Muchos sioux, muchos sioux!). Tremendamente entusiasmado por el descubrimiento, avanzó sin aguardar a las fuerzas de Terry y Gibbon. Sin calibrar el poder del enemigo, presa de su espíritu vehemente, y probablemente con la ambición de lograr la gloria personal, decidió no esperar y pasar al ataque.

A las 12.12 horas, en un operativo posteriormente considerado improvisado y sin sustento, producto del ímpetu del comandante (por parte de los detractores de Custer). El General Custer ordenó a Benteen salir con su fuerza a explorar en paralelo a la línea de las colinas, siempre manteniéndose al lado izquierdo, y con la obligación de informar de inmediato si observaba indios en ese sector. Beenten partió con sus tres Compañías, H, D, y K.

Benteen recibió órdenes verbales por parte del Teniente Cooke, Ayudante de Custer. Más tarde volvió a recibir dos órdenes más, una enviada por medio del jefe de trompetas Henry Voss, y otra por el sargento mayor del Regimiento William Sharrow, para indicarle que fuera hasta las siguientes colinas y si no encontraba nada, que siguiera hasta las siguientes. También se le ordenó que mantuviera en todo momento por delante y en zona elevada, un destacamento con un oficial y seis o siete soldados. Frank Gibson fue el Teniente que mandó ese pequeño pelotón de exploración.

El Capitán Benteen, pensaba que la misión que se le encomendó de patrullar el lado izquierdo, era sólo una humillación a la que le sometía el General Custer, alejándolo del combate y privándolo de la gloria. Decidió tomarse las cosas con calma, pero una gran amargura le invadió y le predispuso a no colaborar con Custer. La animadversión de Benteen hacia Custer venía desde la batalla del río Washita. Cuando criticó con dureza en una carta personal que mandó a un amigo (apareció publicada en la prensa), carta en la que contaba como Custer abandonó en el campo de batalla a su suerte al Mayor Elliott, y dieciocho soldados (semanas después, aparecieron muertos). Después de aquel duro enfrentamiento personal, Benteen siempre culpó a Custer de ser la mano negra que hacía que los peores destinos del Séptimo de Caballería fueran para él.

Destacado en remotos fuertes dejados de la mano de Dios. Cuatro de sus hijos murieron por enfermedades en esos insalubres puestos. Sólo un hijo de Benteen sobrevivió; Fred. El odio que sentía Benteen hacia Custer fue intenso durante el resto de su vida.

El Capitán Benteen lideraba la facción anti Custer en el Séptimo de Caballería. Ni en el momento cumbre de la tragedia, Benteen pudo disimular el odio que sentía hacia Custer. Cuando el día 28 recorrió el campo de batalla y llegó donde yacía Custer; exclamó: “¡Ahí está, que Dios lo maldiga. Nunca luchará contra nadie más!”

Benteen, después de avanzar cerca de dieciséis kilómetros, y no encontrar nada, decidió hacer uso de las órdenes alternativas, es decir, retornar con su Batallón y seguir el rastro dejado por su comandante. Benteen no mandó ningún mensajero a Custer para informarle de que no había encontrado nada, y que siguiendo las órdenes volvía al rastro dejado por el Regimiento. Lo hizo con mucha calma. Eran aproximadamente las 14.00 horas cuando encontró el rastro de Custer. En ese momento el tren de mulas con la impedimenta, y la Compañía B, del Capitán McDougal estaba a la vista, según los testigos a menos de un kilómetro de distancia. Custer estaba unos cinco kilómetros por delante.

En su informe oficial del 5 de julio de 1876, Benteen no tuvo ninguna dificultad para detallar las órdenes que había recibido de Custer: “Las instrucciones que recibí del Teniente Coronel Custer, fueron que me moviera con mi Batallón hacia la izquierda. Con un destacamento mandado por un oficial cabalgando rápido hasta una línea de colinas situadas a ocho kilómetros a nuestra izquierda y al frente, con instrucciones para informarme de inmediato si se veían indios desde allí. Yo tenía que seguir los movimientos de ese destacamento de avanzada lo más rápido posible. . ., las otras instrucciones eran, que si a mi juicio no había indios por aquella zona que volviera con el Batallón al rastro que dejaba el resto del comando”.

Siguiendo ya la ruta de Custer, llegó a una pequeña charca y paró para abrevar los caballos. Aquí hay disparidad de opiniones; Benteen en su Informe Oficial escribió que esta parada no había durado más de quince minutos. El Teniente Godfrey, dijo en el Testimonio de Investigación de Reno (Chicago, 1879), que abrevar los caballos costó entre veinte y treinta minutos. El Capitán Weir se impacientó un poco por lo que consideró una inútil pérdida de tiempo, y partió con su tropa, encabezando el avance, cuando su lugar en la columna era el segundo. Benteen salió detrás de Weir y lo alcanzó, se colocó al frente y ralentizó la marcha a ritmo de paseo.

En ese momento eran las 14.30, Boston Custer, hermano del General y que estaba enrolado en el Regimiento como mulero civil. Llegó en ese momento a la altura de Benteen, y preguntó por su hermano. Benteen le señaló el rastro, y el chico montado en un poni indio adelantó rápidamente al batallón y siguió el camino de sus hermanos mayores.

Justo cuando los últimos soldados de Benteen salían de la charca, llegaron las primeras mulas del convoy de aprovisionamiento. Venían con mucha sed, se metieron en el agua y la enturbiaron.

Hacia las 15.15 horas, después de cinco kilómetros, Benteen llega al famoso tepee solitario. En realidad no era un teepe, eran dos, pero uno de ellos estaba medio derribado. Dentro había un guerrero sanc arc muerto a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Rosebud, contra las fuerzas del General Crook una semana antes. Aquí Benteen da la orden de abrevar los caballos. Eso puede ser porque Weir salió de la charca sin esperar a nadie, y quizás algunos caballos se habían quedado sin beber. O también, para que sus soldados llenaran sus cantimploras con agua fresca del arroyo Ash Creek, que desaguaba en el Little Big Horn. Aquí en el tepee solitario, es donde el primer mensajero de Custer contacta con Benteen. Es el sargento Daniel Knipe, lleva órdenes de Custer para decirle de que va a entrar en contacto con los hostiles y pedirle que se dé prisa. Son las 15.15 horas y en ese momento Benteen, está a una hora del lugar donde se encuentra Custer. En ese mismo momento comienzan a escucharse los primeros tiros. De nuevo el Capitán Weir al escuchar los disparos, toma la iniciativa y se adelanta con la Compañía D.

El sargento Daniel Knipe también tenía órdenes para McDougal, para decirle que se apresurara con las municiones. Knipe mientras galopa a lo
largo de la columna se quita el sombrero y les grita a sus compañeros: “los tenemos pillados, chicos”.

La reacción de Benteen es incomprensible. Ha oído los disparos pero no acelera el paso, y sigue de paseo. En el Testimonio de Investigación de Reno (Chicago, 1879), declaró que pensaba que las mulas con la munición estaban a once kilómetros por detrás. El sargento Daniel Knipe en 1879 ya se había retirado del Ejército, y no fue llamado a declarar en ese Testimonio de Investigación, pero en diferentes entrevistas siempre declaró que una vez que dejó el Batallón de Benteen, encontró a McDougal y las mulas a unos dos kilómetros por detrás. No podían estar más lejos. Cuando los últimos soldados de Benteen dejaron la charca, llegaron las primeras mulas.

Dos kilómetros más adelante, hacia las 15.50 horas, Benteen recibe al segundo mensaje de Custer; Giovanni Martini, ordenanza del día de Custer. Este inmigrante italiano, era el portador de una de las más célebres notas de la historia del Ejército norteamericano:

“Come on. Big Village.

Be quick.

Bring Packs. W. W. Cooke

P.S. Bring Pac’s”.

(“Venga rápido. Gran campamento. Sea rápido. Traiga los paquetes. W. W. Cooke. Post data, Traiga los paquetes”.
)

La orden se la había dado a Giovanni Martini de viva voz Custer, pero su Ayudante el Teniente Cooke, no se fiaba del todo del inglés de Martini, y la escribió en una hoja que arrancó de su libreta. Esa nota actualmente está en el Museo de West Point.

Esa nota siempre ha sido objeto de controversia. Unos dicen una cosa, y otros todo lo contrario. Unos piensan que Benteen debía esperar la munición, y otros que debía avanzar con rapidez sin esperar a las mulas. Otros incluso dicen que debería unirse a Reno en su ataque en el valle. Benteen dicen que expresó en voz alta: “¿Cómo puedo serle útil, si tengo que esperar el tren de mulas con las municiones?” Pero el tema pienso que es muy sencillo, es una orden clara y concisa: “¡Venga rápido con los paquetes!” Benteen desobedeció, ni fue rápido ni lento, no fue. Benteen lo único que hizo fue aumentar un poco el ritmo de la marcha, pasó de ir siete km. a la hora, a ir a diez km. a la hora.

Benteen llegó a un punto donde el rastro se bifurcaba. El camino de la izquierda era el del Capitán Reno, el de la derecha, el de Custer. Al llegar a la bifurcación, tuvo dudas de que senda debería seguir. Lo tenía muy fácil, sólo tenía que preguntarle a Martini que camino había tomado Custer. Benteen dijo que allí tenían un dilema. Weir tomó con su Compañía D, el camino de la izquierda (Reno), las otras dos Compañías tomaron el rastro de la derecha (Custer).

Eran las 16.10 horas y desde las alturas Benteen pudo ver la retirada de Reno.

Volvamos atrás hasta las 12.12 horas, cuando Benteen se separó del resto del Séptimo. El teniente George Wallace, el topógrafo Oficial de Ingeniería del Regimiento, señaló las 12.00 cuando el Regimiento cruzó la divisoria y entró en el valle de Little Big Horn. Todas las anotaciones horarias y de distancias, son de George Wallace, el oficial topográfico.

A unos catorce kilómetros de la divisoria, el Regimiento llegó al tepee solitario. La marcha había durado una hora y cincuenta minutos. Eran las 14.00 horas. Los exploradores rees llegaron al tepee solitario, que servía de enterramiento al guerrero sans arc muerto en la batalla de Rosebud. Aquí por un fallo en la traducción de las órdenes de Custer, los exploradores rees se negaron a seguir hacia adelante. Custer amenazó con desarmarlos y quitarles los caballos. Les dijo que se apartaran, que los soldados iban hacia delante. Ahí se resolvió el entuerto. Los rees habían entendido que les pedían que avanzaran ellos solos sin los soldados.

En ese momento fue cuando el intérprete civil de los exploradores rees, Fred Gerard, observó como un grupo de indios cruzaba el valle. Acercándose hasta el lugar donde estaba Custer, Gerard le informó: “Ahí están sus indios General, corriendo como diablos”.

Los Batallones de Custer y Reno continuaron en paralelo, uno a cada orilla del arroyo separados entre trescientos y cuatrocientos metros según las dificultades del terreno, pero siempre a la vista uno de otro.

En el Batallón de Reno, se encuadraban los treinta y cinco exploradores rees al mando del Teniente Charles A. Varnum. El Batallón, con las Compañías A, G, y M, contaba con unos ciento setenta y cinco hombres. Le acompañaban dos civiles que actuaban de intérpretes, Charley Reynolds e Isaiah Dorman (único hombre negro de la expedición). Por un error se quedaron también con Reno los exploradores crows, White Swan y Half Yellow Face.

Sobre las 14.15 horas, Custer mandó a Reno la siguiente orden: “El campamento indio está a tres kilómetros de distancia. Muévase lo más rápido que pueda hacia delante, y cargue contra todo lo que encuentre. Yo le apoyaré”.

Cumpliendo la orden de su superior, Reno avanzó rápidamente hacia el río Little Big Horn con sus tres Compañías (A, G, y M).

La aldea efectivamente, y conforme a los cálculos, resultó encontrarse a poco más de tres kilómetros río arriba. Reno envió dos mensajes a Custer confirmando que el poblado indio se encontraba frente a él, y que se presentaba “bastante fuerte”. Todo parece indicar, que hasta ese momento los vigías sioux no se habían percatado de la presencia de la caballería y no esperaban un ataque.

El campamento, de unos cinco kilómetros de extensión a lo largo del río, estaba dividido en siete círculos, correspondientes a igual número de tribus. Los campamentos estaban ubicados correlativamente de la siguiente manera, de sur a norte: Los hunkpapas, los black foots, los sans arc, los miniconjou, los oglala, los brule y los cheyennes. Había también un grupo de tiendas con indios arikara y otras albergaban a un grupo de two-kettles. El jefe principal sioux era Tatanka-Iyotanka, o Sitting Bull, de los hunkpapa lakota. Otros jefes eran Gall, de los lakota siounan, Red Horse de los minneconjous, Rain in the Face y Two Moon, de los Cheyennes del norte y Tashunca-Uitco o Crazy Horse líder de los oglala sioux o teton lakota. Este jefe de guerra era considerado uno de los más grandes guerreros indios.

Los jefes sioux y cheyennes, tenían bajo su mando uno de los mayores campamentos indios jamás levantado en las llanuras. Comprendía más de mil tepees, entre seis mil y nueve mil nativos, y cerca de treinta mil animales. Todo esto, constituía una fuerza inimaginable para los estándares estratégicos de los militares norteamericanos de la época, acostumbrados a verselas con pequeños asentamientos.

Hacia las 14.30 horas Reno se aproximó al río y abrevó sus caballos. Hacia la misma hora, tres kilómetros río arriba, Custer paró y también abrevó a sus caballos. En ese momento no había ningún motivo para apresurarse, y nada parecía presagiar nada grave. Los caballos en un día tan caluroso necesitaban agua.

Custer cabalgó por delante de su comando hasta unas alturas, para tener una mejor vista del valle. Reno después de recomponer su columna tras cruzar el río, se encontró con un terreno llano que llegaba hasta el comienzo del campo indio.

Reno, en cumplimiento de las órdenes recibidas, colocó a dos de sus compañías en línea y dejó a la tercera atrás en reserva. Los exploradores indios se adelantaron por su izquierda intentando dispersar o capturar la manada de ponis indios. Una vez hecha esta maniobra, cargó a lo largo del valle hacia el campamento, dirigiéndose al sector sur donde estaba el círculo de tepees de los hunkpapas. Las tropas de Reno, mientras trotaban hacia el poblado pudieron ver al otro lado del río, sobre los acantilados a la Compañía E, montada en sus caballos grises. Algunos contaron más tarde, que llegaron a ver a Custer saludándoles con su sombrero. Custer desde las alturas, podía ver mucho mejor que Reno el poblado, pero sólo una porción, no todo. Fue entonces cuando mandó al sargento Daniel Kanipe de la Compañía C, con un mensaje para Benteen y para el Capitán McDougal, con la orden de que avanzaran hacia adelante.

Cuando el Capitán Keogh se acercó, Custer le dijo: “Keogh, algunos indios están huyendo. Pero si los persiguiéramos perderíamos la mitad de los caballos de la columna”. Fred Gerard llegó con información importante que le había dado uno de los exploradores crows. El Teniente Cooke, recibió la noticia de que los indios no huían y salían al encuentro de Reno. Cooke le dijo a Gerard: “Muy bien Gerard, se lo diré”. En ese mismo instante llegó el soldado Archibald Mcllhargey, era el segundo mensajero de Reno para Custer. Comunicó que muchos indios habían salido al encuentro de Reno.

Eran las 14.45 horas, Custer seguramente en un principio tenía la idea y la intención de apoyar la carga de Reno. Probablemente pensó que los indios salían a luchar con Reno, para formar una pantalla y dar tiempo a sus familias a huir, como hacían normalmente cuando se les sorprendía en sus campamentos. Custer decidió cambiar de idea y pensó seguir hacia delante, cruzar el río y atacar por la retaguardia a los indios.

Mientras Custer y los Capitanes Yates y Keohg, miraban el campo indio desde las alturas (ahí fue donde Custer por primera vez vio el gran campamento), los guerreros continuaban saliendo al encuentro de Reno. Cientos de no combatientes, ancianos, mujeres y niños huían hacia el norte.

Eran las 15.15 horas, y Custer estaba convencido de que Reno podía mantenerse en el valle. Custer bajó hacia el río por el barranco que Mitch Boyer le había indicado, la velocidad era un punto muy importante y de momento no podía perder tiempo. Necesitaba cruzar al otro lado, y atacar para continuar manteniendo la iniciativa. También pensaba que Benteen, después de recibir los mensajes se acercaba con rapidez.

Eran las 15.35 horas, y Custer estaba ansioso por cruzar el río y atacar. Pasó por Cedar Coule hasta llegar a Medicine Tail Coulee, un canal ancho y suave que descendía hacia el río. Custer paró por unos momentos la columna y mandó un segundo mensaje a Benteen con el trompeta Giovanni Martini, un inmigrante italiano que apenas chapurreaba inglés. El Teniente Cooke ayudante de Custer, no se fiaba de la capacidad de Martini para expresarse en inglés y escribió y le entregó la famosa nota que habría de convertirse en la última señal de Custer: “Benteen venga. Gran campamento. Venga rápido. Traiga la munición. P.D. Traiga la munición”. Custer dejó una Compañía en reserva en las alturas (Nye-Cartwright Ridge) y cargó hacia el vado. Encontró resistencia. Fue recibido con una fuerte descarga de rifles de repetición. Fue rechazado y tuvo que subir a terreno alto.

Había ordenado a Benteen y McDougal que avanzaran, y decidió aguardarlos porque los necesitaba. Se desplegó entre Calhoun Ridge y Cementery Ridge, y se preparó para la espera.

Aunque no hubo ningún superviviente en la última pelea de Custer, por lo menos, once de los que subieron con él a las colinas sobre el río se salvaron. Los dos mensajeros que envio, el sargento Knipe y el trompeta Martini. Cuatro exploradores crows; Curley; Goes Ahead; Hairy Moccasin y White Man Runs Him. También un indio ree; Black Fox. Los otros cuatro fueron soldados de la Compañía C. La Compañía C cerraba la marcha y se cree que es posible que se dieran la vuelta.

John Brennan; su caballo se desfondó y regresó hacia atrás. Se unió a Reno en Reno Hill. Pasó más de quinientos días arrestado. Fue licenciado con deshonor.

John Fitzgerald; su caballó desfalleció y él terminó en Reno Hill.

Peter Thompson; su caballo también se desfondó en Medicine Tail Coulee. Después de muchas peripecias que contó escondiéndose por el río, llegó a Reno Hill. Fue uno de los voluntarios que bajaron a por agua al río. Fue herido en la mano pero a pesar de la herida hizo varios viajes más a por agua. Le fue concedida por ese acto la Medalla de Honor.

James Watson; su historia es muy confusa. Su caballo también se desfondó en Medicine Tail Coulee. Peter Thompson dijo que estuvo con Watson escondido en el río. Sin embargo, el soldado William Slaper aseguró años después que vio entrar a Watson, con la retaguardia de McDougal llevando de la brida a su caballo agotado.

Carga del Mayor Reno

Al llegar al vado, Reno cruzó y tardó unos diez minutos en recomponer su Batallón. Los caballos bebieron y algunos soldados desmontaron para llenar sus cantimploras. El cirujano Henry Porter contó, que allí dio de beber a su caballo. No fue una parada para abrevar, pero mientras se cruzaba el río, muchos caballos bebieron al pasar. Cuando una columna atraviesa un río no se puede mantener la formación. Por ese motivo se perdieron alrededor de diez minutos antes de volver a ponerse en marcha. Es allí al cruzar el río, cuando muchos testigos afirman haber visto por primera vez a los guerreros indios. El Teniente Luther Hare dijo que cuando cruzó el río, y salió del bosquecillo, vio a los primeros indios. Lo mismo declaró el sargento Culbertson. El soldado Davern vio indios pero no muchos, unos veinte o treinta que galopaban en círculo.

Reno en este momento dudó y mandó al soldado Archibald McIIhargey de la Compañía I, con la noticia para Custer de que los indios estaban delante y que había muchos. Al no recibir respuesta mandó un segundo mensajero, el soldado John Mitchell también de la I, Mitchell era el cocinero de Reno (tanto Mcllhargey, como Mitchell no regresaron, se unieron a Custer y sus cadáveres fueron encontrados en el campo de batalla de Custer). Reno no recibió respuesta y decidió continuar con las órdenes recibidas.

Reno y sus tropas cruzaron un bosquecillo y salieron a campo abierto. En el llano reorganizó a sus Compañías. Los testigos dicen que se formó en línea. El Teniente DeRudio, años después le contó a Walter Camp: “La Compañía A, iba a la izquierda, la G, en el centro y la M, en la derecha. En el momento que se formó la línea Reno salió al galope”. En ese momento eran las 14.50 horas. Reno colocó a la Compañía G, en reserva en la línea y cargó contra el poblado. Los Tenientes Varnum y Hare con los exploradores rees, se adelantaron por la izquierda hacia la manada de ponis sioux.

Al poco de empezar la carga, la Compañía G, pasó hacia delante y se puso en el extremo izquierdo de la línea. En ese momento de la carga varios testigos (el soldado Tom O'Neill y el Teniente Charles Varnum), afirmaron ver en las alturas del otro lado del río al Batallón de Custer. En este avance de unos cuatro kilómetros, Reno invirtió unos quince minutos.

El Mayor Reno comandó la carga junto con su Ayudante, el Teniente Benny Hodgson, cabalgando ambos unos cuarenta metros por delante de sus hombres. En esos momentos, no hubo ninguna oposición por parte de los hostiles.

Reno declaró en su Informe Oficial fechado el 5 de julio de 1876, que pensó que los indios le estaban tendiendo una trampa, y que como no vio ni rastro de Custer, decidió desmontar el batallón a kilómetro y medio de la aldea india, y formar una línea de escaramuza.

Reno vio, o creyó ver multitud de guerreros, pero el polvo levantado por los caballos, impedía ver con claridad lo que ocurría. Era una treta india, mover sus manadas de ponis para levantar polvo y ocultar la huida de los no combatientes.

Sólo unos pocos guerreros hacían frente a las tropas. Esto son hechos confirmados por todas las narraciones indias. Reno creyó ver miles de indios lanzándose contra él. Levantó la mano y paró la carga. Pero en esos momentos, el indio más cercano estaba a unos cuatrocientos metros. Reno tiró toda la iniciativa por la borda. La única esperanza de éxito consistía en cargar contra el poblado y sembrar el pánico entre sus habitantes. Eso dio la iniciativa a los hostiles que hicieron bueno el dicho de que: “la mejor defensa es el ataque”. Las previsiones de Custer de poder enfrentarse a guerreros, más preocupados por defender a sus familias y huir que de atacarle a él, se esfumaron en ese instante.

Reno ordenó desmontar y formar una línea de escaramuza. Este fue el primer error de Reno y una locura sin límites. Echar pie a tierra en campo abierto contra la mejor caballería ligera del mundo, era sinónimo de derrota. Quizás no estaba mentalmente preparado para la carga. A posteriori, muchos de los presentes en la acción consideraron que Reno hizo lo mejor que podía hacer.

Varios caballos no obedecieron a sus jinetes y continuaron la carga desbocados. El caballo del soldado Roman Rutten, llegó en su galopada muy cerca de los indios, pero Rutten consiguió que hiciera una curva y regresara. El caballo de otro soldado, John Meier, se metió entre las líneas indias, los guerreros lo persiguieron casi durante cuatro kilómetros por las colinas antes de regresar al vado. Escapó con una herida de bala en el cuello. Otros dos soldados más de la Compañía M; George Smith y James Turley, no pudieron tampoco detener sus monturas pero estos dos corrieron peor suerte. Sus caballos desbocados los llevaron hasta los guerreros indios, nunca más fueron vistos.

Con el Batallón desmontado, un hombre de cada cuatro se hacía cargo de los caballos. Se formó una línea de escaramuza de unos 100 soldados que comenzaron a disparar contra los guerreros que salían a su encuentro. Eran las 15.15 horas, y la resistencia india era muy débil. El flanco derecho de Reno estaba seguro en la orilla del río, pero el izquierdo se encontraba en campo abierto. Según la mayoría de las declaraciones de los testigos, la línea de escaramuza se mantuvo alrededor de quince minutos. Reno hasta ese momento sólo había tenido un muerto y un herido. El primer muerto de la batalla fue el sargento Miles F. O´Hara, de la Compañía M. El combate era a larga distancia y los soldados estaban con buen ánimo y no había una sensación de gran peligro.

Custer recibió noticias de que los indios no huían y se sorprendió negativamente. Reno a su vez también se sorprendió de que Custer no cruzara el Ash Creek y le apoyara como le había dicho. Mientras tanto Benteen, cada vez estaba más rabioso pensando que Custer le había alejado deliberadamente del combate para privarle de la gloria. Esta idea si anidó en la cabeza de Benteen, hizo que empezaran a clavarse los primeros clavos del ataúd de Custer. A partir de ese momento, Benteen lo hizo todo a cámara lenta. No aligeró la marcha en ningún momento. El Capitán Weir por dos veces, se puso al frente del Batallón con su Compañía D. Por dos veces Benteen aceleró, se puso por delante y ralentizó de nuevo la marcha hacia los disparos.

A las 15.30 horas, Reno; temiendo ser rebasado por su flanco izquierdo, ordenó una retirada hacia la protección del soto en la orilla del río. Los relatos indios cuentan que los soldados, en el momento que empezaron a ser un poco presionados por los guerreros, se retiraron hacia el bosquecillo. La razón esgrimida por Reno fue que los indios se estaban infiltrando por la izquierda en el bosquecillo, y corrían peligro los caballos. El Teniente Wallace explicó que los guerreros en vez de presionar de frente, se infiltraron por el flanco izquierdo, con la idea de espantar los caballos de la tropa. Reno aquí cometió otro error capital. En vez de mandar a un subordinado para comprobar si los indios se habían infiltrado en el bosquecillo, cogió a parte de la Compañía C, y abandonó la posición. El resto de oficiales al no ver a su jefe en la línea, fueron hacia el soto. El Capitán Moylan, ordenó la retirada al bosque a toda la línea de escaramuza. Los soldados rompieron filas y corrieron hacia el soto. El Capitán French les gritó que tranquilos, que se retiraran con calma y disparando.

Eran las 15.35 horas cuando el batallón de Reno se retiró al bosquecillo junto al río. En esta retirada Reno comenzó a perder el control. Testigos como el doctor Porter, declararon que vieron a Reno nervioso y sin saber qué hacer. La ribera del río formaba un parapeto natural muy apropiado para la defensa. Las tres Compañías formaron una delgada línea defensiva, manteniendo los caballos y la munición adicional en el centro. Los guerreros rodearon la posición, algunos cruzaron el río para atacarles por la espalda. Otros intentaban infiltrarse entre los árboles, los arbustos y la orilla del río. En la confusión reinante, Reno perdió el control de sus soldados. Se defendió por espacio de diez minutos, pero sorpresivamente decidió retirarse. Sin toque de trompeta, el Mayor Reno ordenó montar a su Batallón. Dio instrucciones para que formaran en columna de cuatro. Hubo muchos soldados que no escucharon estas órdenes. Muchos guerreros aprovecharon que cesaron los disparos mientras los soldados montaban, para acercarse y disparar una descarga casi a quemarropa. Blody Knife, el explorador favorito de Custer, estaba montado al lado del Mayor Reno, recibió un disparo en la cabeza que esparció sesos y sangre, sobre la cara y el uniforme de Reno. El Mayor Reno claramente nervioso, dio órdenes y contraórdenes mandando sucesivamente montar y desmontar. Reno había perdido su sombrero y se había puesto un pañuelo rojo alrededor de la frente (algunas fuentes dicen que el pañuelo era blanco). Con la mirada propia de un loco (según posteriores testimonios de testigos presenciales), salió a todo galope del soto dirigiéndose hacia el río al grito de: “¡Todo aquel que quiera salvar su vida que me siga!”.

Eran las 16.00 horas. La carga de Reno y posterior retirada al bosquecillo, fue relatada por un soldado que vivió aquellos instantes; John Sivertson, apodado “Big Fritz”. Sivertson (su nombre a veces aparece escrito como Sievertsen o Seivertsen), nacido en Noruega en 1841, fue un soldado de la Compañía M. Sivertson fue, una de las veinte personas que quedaron abandonadas en el bosque. Dieciséis soldados, tres exploradores y un oficial.

John Sivertson fue entrevistado en el año 1916, por el Coronel Henry Hall, en el Hogar del Soldado Nacional en Washington, D. C. Su narración apareció publicada en: “Teepee Book 2, no. 6” (junio de 1916): “Después de vadear el Little Big Horn sobre la aldea india, El Mayor Reno dio la orden, “¡Adelante en línea. Cargar armas. Al galope!" Bajamos por el valle gritando como los indios “hey, hey, hey”. Reno gritó, “muy bien chicos”. Cabalgamos hasta que estuvimos bastante cerca del campamento indio. En este momento vimos que nos venían indios por todos los lados. La parte izquierda estaba llena de ellos. Se dio la orden de desmontar y luchar a pie. Así lo hicimos formando una línea de escaramuza. Separados unos de otros, metro y medio. Los indios nos disparaban por todos los lados. Nos retiramos al soto del río. Yo era el hombre más alto de la Compañía; me llamaban “Big Fritz”. Yo era el número uno de la línea y cuando desmontamos en el bosquecillo, le di mi caballo al número cuatro, que lo sostuvo junto con los otros dos caballos de mis compañeros. La pelea aquí fue muy brava y los hombres caían rápidamente. No podíamos ver a los indios, pero oíamos las señales que se hacían entre ellos con sus silbatos de hueso. Parecía que estaban por todos los lados..

El Mayor Reno temió perder los caballos, y ordenó la retirada. El Capitán French, gritó: "Retroceder con la cara mirando al enemigo”. No pude encontrar ni mi caballo, ni el lugar donde se guardaban los caballos cuando se dio esa orden. Y así, con otros doce o catorce, me quedé en el bosque.

El Teniente DeRudio estaba con nosotros y tomó el mando. Seguían disparando a nuestro alrededor, y pudimos escuchar los disparos y gritos de los indios, cuando perseguían a nuestros compañeros hacia el río y los acantilados. Nos escondimos en el bosque lo mejor que pudimos, para mantenernos fuera de la vista de los indios. Seguían los disparos y las balas silbaban a nuestro alrededor. No sé cómo, pero poco a poco las cosas se calmaron. El Teniente DeRudio dijo que teníamos que llegar hasta los acantilados para unirnos al comando. Nos aproximamos al río, parecía bastante profundo. Como yo era el hombre más alto, el sargento White que era el segundo al mando, me dio su carabina y me ordenó cruzar para señalar el camino a los demás. Crucé la corriente con dos carabinas y dos cantimploras. Fui el primero en llegar a la otra orilla. A poca distancia de allí, me encontré con el cuerpo de un indio. Estaba acostado de espaldas con una carabina en una mano y un látigo en la otra. Palpé su cabeza y descubrí que le habían arrancado el cuero cabelludo, así que supuse que era uno de los exploradores crow, que se habían unido a nosotros unos días antes. Pensé que ninguno de nuestros hombres se habría parado, para quitarle la cabellera a un sioux mientras huía”.
Última edición por Lutzow el 13 Abr 2021 15:57, editado 1 vez en total.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Lutzow »

JackHicks236 escribió:
02 Abr 2021 21:08
Caray, ¡la Batalla de Little Big Horn! Seguiré con gran interés este hilo. :dpm:
Pues tienes lectura y disfrute para rato, porque lo que nos ha traído George Horn más que un artículo es un libro (44.000 palabras), intentaré terminar de subirlo a lo largo de la noche, pero no sé si tendré tiempo...

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por JackHicks236 »

Estupendo, entonces. Ya tengo lectura para esta noche. :D
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Retirada de Reno, pierde el control de la situación

La retirada rápidamente se convirtió en una masa confusa de soldados huyendo llenos de pánico. El Mayor Reno afirmó, en Tribunal de Investigación (Chicago, 1879), que la acción para volver a cruzar el Little Big Horn había sido una carga, no una retirada. En todo caso, cuando los indios vieron como los soldados estaban en franca huida, los acometieron por todas las partes explotando su vulnerabilidad. Veintiún soldados murieron, y diecisiete desaparecieron. Muchos soldados quedaron aislados en el bosquecillo. El explorador civil Charley Reynolds murió cuando su caballo fue derribado e intentaba hacerse con uno que estaba sin jinete.

El Teniente McIntosh, comandante de la compañía G, perdió su caballo pero un soldado le prestó el suyo, fue rodeado por unos 20 indios y murió. La muerte del Teniente Donald McIntosh, fue narrada por el soldado Theodore Goldin en un artículo que se publicó en; “Army Magazine” (junio/julio de 1893): “El caballo de McIntosh fue herido o salió de estampida, y el soldado McCormick le prestó su caballo alazán (McCormick comentó que le daba igual morir a caballo que a pie. Se escondió en el soto. Posteriormente consiguió llegar al acantilado y salvó su vida). Al salir del bosque, me di cuenta de que el lazo de la piqueta de hierro, se le había soltado y de que se arrastraba por el suelo. Varios hombres que estaban cerca de él, trataron de avisarle pero parece que él no los oyó. Lo siguiente que vi fue a su caballo en el suelo de rodillas, y al Teniente rodando por el suelo. Entonces pensé, y lo sigo pensando, que o bien otro caballo pisó la cuerda que se arrastraba por el suelo, o que la clavija se enganchó en algún arbusto o matorral, y McIntosh salió despedido al pararse en seco el caballo. Por lo que sé, no se recuperó de la caída, porque encontramos el cuerpo en el punto donde dejó de rodar”.

El guerrero cheyenne Two Moon, contó a Walter Camp en 1907: “Un soldado tenía problemas con su caballo (Teniente D. McIntosh). Parecía decidido en ir en ángulo recto con la dirección de las tropas que huían, en lugar de ir junto a ellas. De este modo, los indios alcanzaron fácilmente al soldado y lo derribaron de su caballo golpeándolo con sus mazas de guerra”.

El Teniente McIntosh murió; porque aparentemente la soga de la clavija de hierro que se usaba para clavar en el suelo, y sujetar al caballo cuando se hacían paradas, se enredó en un matorral. A McIntosh, le arrancaron el cuero cabelludo desde la frente hasta la nuca. Estaba terriblemente mutilado.

La desbandada de los soldados fue una invitación a los guerreros indios, que sólo tuvieron que utilizar la misma táctica que usaban en la caza del búfalo. Montados en caballos frescos, acosaban y disparaban a los soldados desmontándolos con facilidad. El intérprete civil Isaiah Dorman (único hombre negro de toda la expedición), se volvió y disparó a un indio al que mató de un tiro en el corazón. Sus perseguidores muy enrabietados por la muerte de su compañero, lo rodearon, mataron a su caballo. Dorman quedó atrapado debajo del animal, fue torturado salvajemente, mutilado y escalpado por los guerreros a los que se enfrentó.

Eran ya alrededor de las 16.00 horas, Reno había estado una hora en el valle. Pero perdió a la mayoría de sus soldados, en los cinco fatídicos minutos que empleó en volver a cruzar el río. Muchos guerreros disparaban prácticamente a quemarropa, otros se lanzaban a por los soldados que quedaban desmontados en la corriente.

El Ayudante de Reno, Teniente Hodgeson fue herido y desmontado al cruzar la corriente, se agarró al estribo de un soldado que lo arrastró fuera del río, al llegar a la orilla le dispararon y murió. Varios soldados se atribuyeron el mérito de haber ayudado al Teniente Benjamin Hodgson. Según James Willert en “Little Big Horn Diary” (1997), el soldado que lo hizo fue William Morris. El texto que sigue a continuación, es un extracto de una carta del propio William Morris fechada el 23 de mayo de 1923, dirigida a Robert Bruce: “Durante la retirada me dirigí al río, y salté con mi caballo desde un terraplén de unos tres metros aterrizando en el medio del río que resultó ser profundo. Pensé que estaba perdido, pero tuve suerte. Crucé al otro lado y me dirigí a una senda de ponis que conducía al acantilado. El Teniente Hodgson estaba en el río agarrado al estribo de un soldado que se negó a ayudarlo. Entonces vi que el agua estaba roja alrededor de sus piernas y muslos. Los soldados Henry Turley y William Rye, ambos de la Compañía M, estaban encajonados en una senda estrecha por la que sólo se podía pasar de uno en uno. Las balas volaban como el granizo. Hodgson se me acercó y me dijo: “Por el amor de Dios, no me dejes aquí. Me han disparado en las dos piernas”. Le dije: “Está bien, agárrate”. Le di mi estribo derecho y lo agarró con las dos manos. Yo lo agarré a él del cuello con firmeza. Con la otra mano agarré la crin de mi caballo, y grité a Rye y a Turley: “Muchachos, uno de los dos que retroceda para que podamos subir los demás”. Rye se apartó, Turley subió, y antes de tres metros cayó muerto. Rye subió a continuación sin ser tocado por ninguna bala. Yo seguí con Hodgson, lo tenía agarrado firmemente, estaba a salvo hasta el segundo salto de mi caballo que nos llevó a la senda. En el tercer salto, se soltó y todo su peso cayó sobre mí. Probablemente fue alcanzado de nuevo por alguna bala. De todos modos, cayó por el terraplén que tendría unos cuatro metros otra vez al agua. El sargento Criswell que venía detrás, podría haberlo ayudado a salir del agua. Pero en mi opinión era imposible”.

Otro soldado que también se cree que pudo haber sido el que ayudó al Teniente Hodgson, es el trompeta de la Compañía M, Charles Fisher. El sargento John Ryan dijo que fue Fisher, el que ayudó al Teniente Hodgson. Los soldados de la Compañía M, William Slaper y Edward Davern, declararon que Fisher fue el primero que le ofreció el estribo a Hogdson en el centro del río. Nunca se sabrá con certeza. Lo que es seguro es que alguien lo ayudó en una situación de mucho riesgo. Pero aquel no era el día de suerte de Hogdson, murió en la orilla del río.

Un cabo de la compañía G, mató a un indio, desmontó y le quitó la cabellera. A continuación la agitó enseñándola a los guerreros que estaban en la otra orilla. Los últimos soldados de Reno cruzaron el río bajo un intensísimo fuego. Murieron dieciséis hombres más.

Los exhaustos soldados se vieron obligados a desmontar, y agarrarse a las colas de sus caballos para trepar por los empinados acantilados en busca de una buena posición defensiva. Varios soldados, incluido el cirujano Doctor De Wolf se equivocaron de acantilado y subieron a uno ocupado por los indios. Rápidamente fueron rodeados, muertos y escalpados a la vista de sus compañeros.

En esta retirada no hubo tropas que protegieran la retaguardia. El Capitán Thomas French intentó formar un pelotón que cubriera al resto, pero fue imposible, el pánico había hecho mella y cada cual procuraba sólo por sí mismo.

En los relatos indios, hay por lo menos un soldado recordado por su extraordinaria valentía. Junto con el matador de Custer, la identidad de este soldado es otro rompecabezas del Little Big Horn difícil de resolver. En el libro de William Graham: “The Story of the Little Big Horn: Custer's Last Fight” (1926), el guerrero sioux Red Horse, declaró que: “Entre los oficiales había uno que montaba un caballo con los cuatro pies blancos”. Dijo que los sioux estaban muy acostumbrados a luchar con hombres valientes, pero que este oficial era el hombre más valiente al que se habían enfrentado. No sabía si ese hombre era el General Custer o no; “Algunos dicen que era Custer. Vi a este hombre en la pelea varias veces, pero no vi su cadáver. Se dice que fue muerto por un sioux santee, que todavía tiene su caballo. Este oficial vestía un sombrero de ala ancha y una chaqueta de piel de ante. Él solo salvó su comando varias veces girando su caballo en la parte trasera de la retirada. Cuando hablaban de él, los indios lo llaman "el hombre que montaba el caballo de cuatro patas blancas".

Por la descripción que da Red Horse, parece que habla de la retirada de Reno, del bosquecillo hasta la cima de la colina.

Edward Luce, antiguo superintendente del Campo de Batalla de Little Big Horn; afirma que cuatro oficiales vestían de ante aquel día: Los dos hermanos Custer, George y Tom. El Capitán Myles Keogh y el Teniente William Cooke. Edgar Stewart, autor de “Custer´s Luck” (1980), añade a esa lista de chaquetas de ante, al Capitán George Yates, y a los Tenientes, James Calhoun, Algernon Smith y James Porter. Pero todos estos oficiales estuvieron con Custer. Por lo tanto si Red Horse hablaba de la retirada de Reno, no podía ser ninguno de esos ocho hombres.

Thomas French no llevaba chaqueta de ante pero a pesar de las discrepancias, la mayoría de autores creen que él era, el soldado valiente al que se referían los relatos indios.

Thomas French, mantuvo correspondencia con la madre del Ayudante de Custer, el canadiense William Cooke. French, no deja bien parados ni a Reno ni a DeRudio. Insinúa que hubo mucha cobardía e indecisión, en todo lo que hizo Reno aquel fatídico día. El texto que sigue a continuación, es un extracto de una carta fechada el 16 de junio de 1880. Es una carta del Capitán French a la madre de William Cooke:

“La declaración que hizo el Mayor Reno, de que le dio el último trago de su frasco de whisky al Capitán French, es mentira. Me temo que la información que usted ha recibido sobre la duración del combate de las cinco Compañías, tiene mucho de verdad. Lo que escucharon las primeras personas que llegaron a esa colina, no lo sé. Llegué tarde, escuché atentamente y no oí nada que denotara el fragor de una batalla. Abajo en el valle escuché algunos disparos dispersos, cerca del campamento indio.

Hablé con jefes notables, hombres de esa banda feroz, hombres sinceros. Cheyennes del norte; hombres como Brave Wolf, White Bull y Two Moon.

Estuvieron de acuerdo en decir que condujeron a esos (es decir, a nosotros), al extremo superior de Greasy Grass Creek (el L.B.H.), y luego rodearon al Batallón de Custer tan densamente que apenas la mitad de ellos podían luchar, por miedo de matarse entre ellos.

Toda la escena demostró que fue una lucha encarnizada, sobre todo en el punto donde yacían muertos los dos Custers, Cooke, Yates, Reilly, Smith y unos treinta y cinco más. Keogh estaba un poco alejado. Ni un mosquito hubiera sobrevivido a la intensidad del fuego al que fueron sometidos.

Todos estos indios tenían Winchesters de diecisiete disparos de retrocarga, que pueden dispararse muy rápido como un leve giro de la mano. Muchos de ellos tenían de esos repetidores. Llegué a verlos en las Agencias con cuatro cinturones de cartuchos rodeándoles el cuerpo. También tenían uno o dos revólveres de seis tiros. En tal tormenta de granizo de plomo, dudo que los sacrificados pudieran haber vivido más de media hora.

Yo, desde el fondo de mi corazón, te acompaño en tu gran aflicción. Fue un dolor que afectó a un bruto poderoso y corpulento como yo, que no había perdido nunca ningún pariente consanguíneo. Pero tú tienes valor moral, yo no tengo ninguno. Tu chico era el oficial más apuesto, el mejor jinete, el corredor más veloz, salvo tal vez el General Custer o yo.

No me gusta comentar sobre la valentía de nadie, me refiero al Mayor Reno, pero siempre lo pienso.

Nunca lo hice, pero una vez presenté cargos, y con los nombres de los testigos, lo envié al Departamento del Cuartel General. No esperaba que el cobarde fuera llevado a juicio, ya que habían pasado dos años. Pero quería dar a conocer su conducta. A los primeros tiros se escondió en la maleza, y allí permaneció hasta que pasó todo el peligro. Luego salió de allí a hurtadillas. Debería haberlo denunciado entonces, pero por lástima a su familia no lo hice. Me refiero a ese miserable italiano *(Teniente Charles DeRudio), que se jacta de ser uno de los que intentaron asesinar al Emperador y la Emperatriz de Francia, y que sólo consiguió matar a varias mujeres y niños en la entrada de la Opera.

Pero me estoy enredando. Estaba a punto de hablar de otra cosa. ¿Qué hizo que el Mayor Reno se retirara? No puedo saberlo con certeza, ya que él no me lo dijo. Lo que le hizo detenerse y desmontar como lo hizo, es un asunto en el que soy igualmente ignorante. No era el tipo de guerra a la que yo estaba acostumbrado. Pensé que íbamos a cargar a través de ellos, esa era la única oportunidad. Dar la espalda a los indios, sin estar mejor montado que ellos, es tirar la vida.

Cuando todos se retiraron fue cuando busqué la muerte, intenté pelear la batalla yo solo, y lo hice durante casi un kilómetro y medio. Si un hombre pudo contener a setecientos u ochocientos guerreros, ¿qué no podrían hacer ciento veinte? A veces un minuto es de mucho más valor que muchos años. Y la vida militar consiste simplemente en esperar la oportunidad.

Odio dejar el servicio activo, ya que me gustaría tener una oportunidad más con esos sioux. No es que me deban nada personalmente, pero quiero vengarme por mis amigos. No, no me deben nada. No me extraña que el viejo Red Horse me consideró un espíritu del mal, porque, y no hay error en eso, los vi caer. Dieciocho de sus hombres, que cabalgaron hasta a unos pocos metros de mí, cayeron cuando disparé y sus ponis corrieron sueltos. No sé cuántos estaban muertos, y no me detuve a verlo.

No es agradable, lo sé, mencionar estas cosas, pero no se basan en mi propia versión. Lo que quiero decir es que fui capaz de hacer todo eso yo solo, ¿qué no podría haber hecho con la codiciada oportunidad? Atentamente

Tu amigo,

T.H. French”.

*–NOTA sobre DeRudio (Di Rudio fue un personaje muy curioso. Nació en Italia, era hijo de un aristócrata. El 14 de enero de 1858, durante una visita de Napoleón III a la Salle Le Peletier de la Ópera de París, lanzaron tres bombas a la procesión Real del Emperador. Ocho personas y un caballo murieron, y ciento cincuenta resultaron heridas. Cuatro hombres fueron arrestados: Felice Orsini, el líder de la trama, Giuseppi Pieri, Antonio Gómez, y un vendedor de cerveza portugués llamado "Da Selva", que resultó ser Di Rudio.

Felice Orsini, Giuseppi Pieri y Di Rudio fueron condenados a la guillotina. Orsini y Pieri fueron ejecutados, pero a DiRudio se le conmutó la pena capital por cadena perpetua en la Isla del Diablo en la Guayana Francesa. Se escapó de la cárcel junto a doce personas más y se dirigió a la Guayana Británica. Desde allí fue a Londres donde se reunió con su esposa.

Di Rudio emigró a New York en 1860. Cambió su nombre por DeRudio, y al estallar la Guerra Civil se alistó en el 79º de Voluntarios de New York. Al terminar la guerra, solicitó una comisión como oficial en el Ejército Regular y fue destinado en 1867 al 2.º Regimiento de Infantería, pero tres semanas después no pasó el examen físico y fue apartado del servicio. En 1869 fue admitido y destinado al 7.º de Caballería)
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Reno Hill

Como escribió el Teniente Frank Gibson a su esposa en una carta fechada el 4 de julio de 1876: “La suerte fue que el primer hombre que llegó a la cima de los acantilados desmontó, esa acción salvó a la mayor parte de los soldados. Simplemente por el hecho de parar y no continuar la huida. Si hubiera continuado la retirada, los indios nos hubieran matado a todos”. Luther Hare subió a la colina y desde allí lanzó el grito de guerra rebelde: “Si tenemos que morir, lo haremos como hombres. Soy un hijo de puta luchador de Texas”. Gritó a la Compañía del Capitán Moylan: “No huyaís como perros apaleados”. El arrebato de Hare hizo que Reno tomara por un momento las riendas de la situación. Ordenó al Capitán Moylan que desmontara a su Compañía. El Teniente Luther Hare paró con su acción la retirada.

Hacia las 16.10 llegaron a la cima de la colina los últimos soldados de Reno. De los ciento setenta y cinco hombres que componían el batallón, cuarenta habían muerto, tres de ellos eran oficiales. Otros treinta y siete estaban desaparecidos. Había también trece heridos. Diecisiete de los desaparecidos que se habían quedado en el soto, consiguieron reintegrarse al Batallón sanos y salvos. Los guerreros pararon su persecución. Dejaron un retén con unas docenas de hombres para fijar a Reno en la cima de la colina, el resto giró hacia el norte al encuentro de Custer.

El noruego John Sivertson (se había quedado sin caballo en el bosquecillo), también relató en: “Teepee Book 2, no. 6” (junio 1916), su llegada a Reno Hill: “El primer hombre con el que me encontré en la cima de la colina, fue el Capitán French. Se sorprendió y se alegró mucho de verme. Habían pasado lista, y los que no estábamos presentes estábamos marcados como muertos o desaparecidos. Me estrechó la mano y me dijo: “Fritz, estoy contento de verte. Estabas en la lista de muertos, y aquí estás de nuevo de vuelta a la vida. Estás mojado por vadear el río. Ve al sargento y coge una manta y siéntate junto a la fogata". Entonces busqué a mi Compañía. Conseguí una manta y algo de comida. Sequé parcialmente mi ropa, y pude recuperarme un poco.

Los hombres no sabían nada sobre Custer, pero habían escuchado fuertes descargas después de llegar a los acantilados. Me pusieron en la línea de fuego. Con mi cuchillo de carnicero, cavé un pequeño agujero detrás de una mata de artemisa y luché desde allí. El arbusto no tenía sesenta centímetros de altura y yo era el hombre más grande de la tropa, pero de alguna forma, ese arbusto fue mi protección.

Fuimos atacados muchas veces esa noche, y también a la mañana siguiente, pero los detuvimos. Una vez cargamos contra ellos gritando hurra, y los rechazamos hasta el río”.


El Capitán Benteen llega a Reno Hill

A las 16.20 horas, Benteen llega a la colina ahora llamada Reno Hill. El Mayor Reno al verlo llegar exclamó: “¡Por el amor de Dios Benteen, detenga su comando y ayúdeme. He perdido a la mitad de mis hombres!” Reno todavía estaba en shock, ni había conseguido tranquilizarse, ni había organizado la defensa de la colina.

El Capitán Weir con su Compañía D, formó una línea de escaramuza y combatió con el puñado de guerreros que les hacían fuego desde abajo. Benteen mandó a sus hombres que distribuyeran munición entre los desmoralizados, y derrotados hombres de Reno. El Mayor Reno mandó a buscar el cuerpo de su Ayudante el Teniente Benjamín H. Hodgson muerto al cruzar el río. Mientras tanto, los restos de su Batallón se organizaron en la cima de la colina con la ayuda de Benteen.

En esos momentos, con la situación en la colina controlada. Los pocos indios que había en la zona se mantenían a distancia, y no representaban ningún riesgo. Benteen preguntó por Custer, y Reno le contestó que no sabía nada. Las últimas órdenes que había recibido de Custer, eran que cargara y que Custer le apoyaría con toda su fuerza pero que Custer no había aparecido. Comentó también que había oído disparos río abajo.

Benteen le enseñó a Reno a la famosa nota de Custer. Aquí nos podemos hacer muchas preguntas; ¿por qué Benteen una vez que se restableció el orden en la colina, no obedeció la orden escrita de Custer? ¿Por qué no avanzó a su encuentro? ¿Tenía Reno autoridad para imponerse a esa orden escrita, y obligar a Benteen a quedarse con él?

A pesar de que se había establecido una buena defensa en la cima, Reno no recuperó la calma. Estaba muy consternado, había perdido muchos hombres en el valle. La retirada había sido desastrosa. También había abandonado a muchos soldados heridos. Mirando desde la colina hacia el río, vio como los heridos estaban siendo torturados y muertos por los indios. Había fracasado en el valle, podía ser el fin de su carrera militar.

Probablemente no tuvo claridad de ideas para reunirse con el resto de oficiales, y planificar una estrategia. Su máxima preocupación en esos momentos era recuperar el cadáver de su Ayudante, el Teniente Benny Hodgson. Tuvo no obstante la lucidez para mandar al Teniente Luther Hare en busca del tren de mulas. Necesitaba desesperadamente la munición.

Son las 16.40 horas, y Hare sale en busca de los suministros que trae el Teniente Edward Mathey, escoltado por la Compañía B, del Capitán McDougal. Reno formó un pelotón de diez o doce hombres y bajó a buscar al Teniente Hodgson, lo encontraron muerto en la orilla del río. Los indios le habían quitado el reloj y la cadena de oro. Pero conservaba el anillo de West Point. Reno lo recogió para mandárselo a su familia. Como el destacamento no tenía herramientas dejaron el cuerpo sin enterrar, tal y como estaba. En esta acción de búsqueda del cadáver de Hodgson, se perdieron unos treinta minutos de tiempo. Cuando comenzó la búsqueda del cadáver eran las 16.30 horas, y cuando Reno volvió a la cima de la colina eran las 17.00 horas.

El Capitán Weir durante el tiempo de excursión de Reno buscando a Hogdson, pidió permiso a Benteen para salir con su Compañía D, e intentar establecer contacto con Custer. Benteen se lo negó. La pregunta es por qué Reno negó al Capitán Weir que avanzara siguiendo el rastro de Custer. Cuando a las 16.20 horas, Benteen llegó a Reno Hill, oyeron fuertes disparos río abajo. Estaba claro que era Custer combatiendo. En el Tribunal de Investigación de 1879, Reno declaró que no había escuchado disparos cuando estaba en la colina. Sin embargo en su Informe Oficial fechado el 5 de julio de 1876 declaró: “Escuché disparos en esa dirección y sabía que sólo podía ser Custer”.

No solo Reno escucho los disparos, el Teniente Winfield Edgerly de la D, dijo que se escucharon fuertes descargas en la dirección de Custer, se veían nubes de polvo en el poblado indio y guerreros cabalgando de un lugar a otro. Dijo que cuando Reno y Benteen unieron sus Batallones hacia las 16.20 horas, los disparos se oían con total claridad.

El Capitán Weir le preguntó al Teniente Edgerly: “¿Quieres ir hacia Custer con la tropa?” Edgerly le dijo que sí, y Weir dijo: “Bueno, iré a pedir permiso”. Edgerly escribió en sus memorias de 1892: “Escuchamos dos descargas cerradas que nos sorprendieron a todos. No tengo ninguna duda que las descargas fueron hechas por orden de Custer como señal de socorro, y para indicar donde estaba”.

El capitán Moylan; el doctor Porter; Los Tenientes Varnum; Wallace y Gibson, así como el sargento Culbertson, declararon durante toda su vida que oyeron esas descargas pidiendo auxilio por parte de Custer.

El Teniente Edward Godfrey fue el militar que alcanzó el rango más alto, de todos los oficiales que aquel día estaban allí. Se retiró como Brigadier General en 1907. Participó en la Guerra Civil. En las guerras indias. En la guerra contra España en Cuba y en la guerra de Filipinas.

Godfrey fue el más prolífico de todos los oficiales del Séptimo como escritor de aquellos sucesos. Godfrey es historia viva del Séptimo de Caballería. Participó en las cuatro batallas más famosas de ese histórico Regimiento. Batalla de Washita (1868). Batalla de Little Big Horn (1876). Batalla de Bear Paw Mountains, en la Campaña contra los nez-perces. En esta batalla le fue concedida la Medalla de Honor por continuar al frente de sus tropas a pesar de estar gravemente herido (1877). También estuvo presente en la célebre y desgraciada masacre de Wounded Knee (1890).

En los primeros años después de la batalla, fue un gran crítico del General Custer. Le echó la culpa del desastre y de ser el causante de la muerte de muchos de sus amigos. Con el tiempo fue cambiando de idea, y terminó siendo un gran defensor de Custer. Al final llegó a la conclusión de que el principal protagonista de la derrota fue el Mayor Reno. Le acusó de no haber mantenido la posición abajo en el río. Eso posibilitó según Godfrey, que muchos indios pudieran ir al encuentro de Custer en el otro extremo del campo de batalla.

Escribió un interesante Diario de Campaña. Abarca desde la salida de Fort Abraham Lincoln el 17de mayo, hasta el día 30 de junio cuando dice que envió un despacho a través del telégrafo de Fort Ellis (Montana).

El Teniente Godfrey era el comandante de la Compañía K. Su Compañía pertenecía al Batallón de Benteen. Al leer este Diario se observa que cuando lo escribió, estaba muy resentido con Custer, cometió un par de errores muy groseros que con el paso de los años eliminó. Es muy interesante este Diario de Campo, porque aparte de la historia incorrecta del avance de Weir, el resto es muy veraz. Cuenta el momento en que se unieron al Mayor Reno en lo alto de los acantilados. Comenta el estado de desmoralización, en el que se encontraban Reno y sus soldados. Posteriormente habla de avance del Capitán Weir, para intentar llegar hasta Custer. Dice que el avance fue una orden de Reno, pero o alguien le informó mal, o mintió deliberadamente para encubrir la falta de iniciativa del Mayor Reno.

En su testimonio en el Tribunal de Investigación a Reno (Chicago, 1879), dos años y medio después de la batalla, cambia su declaración y aun cuando sabía perfectamente la respuesta, contesta de una forma muy ambigua al Juez Instructor Militar, cuando éste le pregunta si al oír disparos río abajo, se hizo algún movimiento y por orden de quién; Godfrey declaró: “No sé por orden de quién, pero el Capitán Weir con su Compañía avanzó hasta un punto alto, probablemente a un kilómetro de donde nos encontrábamos nosotros”.

Las notas del Diario de ese terrible día terminan con la vuelta inicial a la posición de Reno, y las acciones hasta esa primera noche del asedio, cuando rendido por el cansancio duerme. Este es un extracto de la entrada del día 25 de junio: “Reno y su Batallón tuvieron un gran combate en los bosques por encima de la aldea india, y fueron rechazados. Estaban muy contentos de vernos. Formamos una línea de escaramuza desmontada, a lo largo de la cresta de los acantilados, donde más tarde nos atrincheramos. Esperábamos ansiosos la llegada del tren de mulas, para hacernos con la munición de reserva que traían los animales. Las tres Compañías de Reno, habían gastado casi toda la munición que llevaban encima en el combate en el bosque de abajo.

Mientras tanto, el Mayor Reno envió una Compañía a unos acantilados más abajo, para mirar si se veía el comando del General Custer (esto no es correcto, Weir actuó por propia iniciativa). Oímos unas descargas cerradas y ruido de armas. La Compañía enviada regresó poco después sin noticias del General Custer (esto tampoco es correcto, Weir no regresó). Pensamos que era raro que no se uniera a nosotros.

Poco después llegaron las mulas, y nos dirigimos hacia donde se suponía que estaba el General Custer. Subimos a unas crestas muy altas. Vimos grandes cantidades de indios en unos acantilados, a poco más de tres kilómetros. Los disparos ya habían cesado, excepto algún tiro suelto. Al aparecer nosotros en las alturas, los indios dirigieron su atención hacia nosotros. Un gran número de ellos corrió casi de inmediato hacia nuestra

posición. Estaba claro que venían a por nosotros con todo. El Capitán Benteen, sugirió que volviéramos al lugar donde por primera vez pusimos los escaramuzadores. Colocarnos en la posición y proteger nuestro stock. Se retiraron las Compañías, excepto las de Weir, French y la mía. Los Capitanes Weir y French estaban en una cresta muy alta. Yo estaba a lo largo de la cresta hacia los acantilados del lado del río. Desmonté a la tropa. Tan pronto como Weir y French iniciaron la retirada, los indios subieron al punto más alto. Recibí órdenes de montar y regresar al campamento.

No había llegado muy lejos, cuando vi que los indios iban a hacer un destrozo en las otras Compañías, a menos que yo lo impidiera. Así que desmonté de nuevo y formé una línea de escaramuza, para proteger su retirada mientras volvían a nuestras líneas. Mientras se retiraban, se llevaron mis caballos a la posición para resguardarlos.

El fuego de los indios era muy intenso, pero afortunadamente ninguno de nosotros fue alcanzado. En las Compañías D, y M, hubo dos o tres heridos y un muerto, que cayó en manos del enemigo. Varios caballos fueron heridos. Me ordenaron regresar a las filas, y al hacerlo, mi línea de escaramuzadores comenzó a correr y a formar grupos. Los detuve, y no dejé que entraran en pánico. Muchos de ellos nunca habían estado bajo fuego. Nos retiramos en orden y entramos en el perímetro establecido. Pronto los indios llegaron a la cresta que habíamos defendido, les dimos una recepción tan cálida que no lo volvieron a intentar.

Todos sabíamos que comenzaba un asedio, e hicimos lo mejor que pudimos para proteger a nuestros caballos y mulas. Los pusimos en una pequeña depresión, y formamos una línea de escaramuza por tres lados. Los indios al ver la abertura del cuarto lado, llegaron hasta el lugar en el que podían disparar directamente a los animales. Se descargaron las mulas, y sus aparejos se utilizaron para formar un parapeto. La Compañía A, de Miles Moylan se situó allí. Benteen estaba en la cima superior del campamento. La B, estaba a su derecha un poco más abajo, y la línea continuaba de izquierda a derecha con la G, D, y con mi Compañía K.

Todos los soldados estaban echados de bruces en el suelo, o rodilla en tierra. Las balas llegaban en gran cantidad. Sin embargo, sentía que tenía que tranquilizar a los hombres y seguí moviéndome por la línea. Los Tenientes Hare y Edgerly me pidieron varias veces que me agachara. Estaba de pie junto al sargento Winney, hablando con alguien y dando órdenes, cuando una bala atravesó al sargento. Dio un giro extraño y dijo: “Me han dado”, me miró suplicante. Le dije que se quedara quieto en el suelo, y que cuando terminara la descarga lo llevaría al hospital. Se volvió sobre sus codos y murió. Era la primera vez desde 1861, que un hombre caía muerto a mi lado.

Me sentía bien y no tenía cuidado por mí mismo. Burckhardt, mi cocinero, estaba justo detrás del sargento Winney cuando fue alcanzado y me suplicó: “Por favor, Teniente, agáchese, o conseguirá que le disparen”. Así lo hice. Comprobé que el sargento estaba muerto. Regresé al final de la línea. Estaba obligado a prestar atención al gasto de municiones; no podía permitir que los hombres dispararan al azar. También me di cuenta de que mis movimientos, estaban atrayendo la atención de los indios, y que estaba poniendo en peligro a otros. Tan pronto como me acosté, dije mis oraciones y me dormí. Me despertó el fuego vigoroso de los indios; hicimos una carga todos los hombres para alejar a los indios, pero uno de la Compañía D, no se movió de su sitio. Cuando regresamos de nuevo a la posición, el soldado de la D, que no había salido con todos los demás, recibió un disparo en la cabeza y murió.

Todos deseábamos que regresara el General Custer. Aquello se parecía mucho a un asedio. Pensábamos en lo que podría pasarnos al día siguiente. Yo era de la opinión de que deberíamos recoger todo, y huir silenciosamente por la noche. El Capitán Weir llegó a donde yo estaba y hablamos del asunto. Mis razones eran porque pensaba que el General Custer estaba debajo de nosotros, y que podíamos unirnos a él. No teníamos agua, nuestras bajas aumentarían al día siguiente. Pensaba que durante la noche los indios no nos hostigarían. Ambos pensamos que Benteen era el único que podía librarnos de nuestra situación o defendernos, porque evidentemente, el Mayor Reno no mostraba ni el

vigor ni la decisión necesaria para actuar. Su comportamiento personal, no hacía que tuviéramos ninguna confianza en él.

El fuego de los indios cesó al anochecer. Hice que los hombres cavaran pozos. El suelo era de arcilla muy dura, y con gran dificultad los pudimos hacer. Con mi mochila y ropa de cama que tenía en el “corral”, el Teniente Luther Hare y yo hicimos una barricada, y nos dormimos”.


El Teniente Luther Hare estuvo con Reno en la carga sobre el campo indio. El día 24 de junio, fue asignado como Ayudante, al grupo del Teniente Charles Varnum, con los treinta y cinco exploradores rees (arikaras).

Luther Hare, no se destacó posteriormente como escritor de los hechos que vivió en primera persona. Pero nunca se escondió, y siempre expresó con claridad su punto de vista sobre la parte en la que participó. A lo largo de su vida se negó a contestar muchas cartas escritas a él, por diferentes escritores, soldados e historiadores. Aunque no pertenecía al llamado “clan-Custer”, nunca le gustó que saliera nada de la batalla a luz pública. Admiraba mucho a Libbie Custer, y no quería que aumentara su dolor con comentarios escabrosos, o actuaciones poco claras de algunos de los mandos del Séptimo.

Se jubiló por discapacidad física en 1903 como Teniente Coronel. Murió el 22 de diciembre de 1929 de un cáncer de garganta.

Después de su muerte, se encontró entre sus papeles personales una carta sin destinatario. Gordon Harper; uno de los más grandes especialistas en la batalla de Little Big Horn, y autor de “The Fights on the Little Horn: Unveiling the Mysteries of Custer’s Last Stand” (2014), creía que la carta había sido escrita en respuesta a algún artículo, aparecido en algún diario o revista. Nunca la envió, o por lo menos nunca se publicó.

En esta carta expone con claridad sus ideas y pensamientos sobre la retirada de Reno, el avance del Capitán Weir, los pensamientos de Benteen, y la valentía del Teniente Varnum:

“Sherman, Texas

11 de junio de 1929

El 25 de junio de 1876, estaba de servicio con los exploradores indios que eran mandados por el Teniente Varnum. Los scouts estaban agregados al Escuadrón del Mayor Reno, y todos estaban enrolados contra los indios sioux, en el 7.º Regimiento comandado por el Teniente Coronel George A. Custer.

Después de que Reno, Benteen y McDougal, se hubieran unido en Reno Hill. El Capitán Weir y la tropa D, marcharon hacia el norte de donde estábamos. Escuché disparos muy distintos hacia el norte (con “disparos distintos”, se refiere a las dos famosas descargas cerradas que se cree ordenó Custer como llamada de socorro). Estuve de acuerdo con todos los oficiales, todos escucharon los tiros, aunque algunos de ellos (dos o tres), pensaban que los disparos sonaban en el campamento indio.

Finalmente, después de que llegaron las mulas con las municiones, el resto del comando partió hacia el norte en la dirección de los disparos. Las tres tropas avanzadas, D, M, y K, en el orden mencionado, llegaron a las colinas que dominan Medicine Tail Coulee, y la región al norte. Podíamos ver gente allá en lo que ahora se conoce como Custer Ridge, pero no se podía distinguir si eran indios o soldados. Algunos de ellos cabalgaban rápido. Yo creo que para cuando llegamos allí (Weir Point), estaban rematando a los heridos y mutilando a los muertos.

Finalmente, los indios nos vieron en nuestra nueva posición, y vinieron hacia nosotros. La tropa M, estaba en la retaguardia, es decir, hacia el sur y adelantó a la tropa K, con un paso más acelerado. Entonces la tropa D, pasó a la parte trasera a una velocidad similar, y pronto todas las fuerzas estaban al otro lado de la cresta en dirección a Reno Hill, excepto la tropa K.

El Teniente Godfrey estaba al mando de la tropa K, aunque yo actuaba como Ayudante del Escuadrón, en lugar del Teniente Hodgson, muerto en el combate del valle. El Teniente Godfrey me dijo: "Estos indios se nos están acercando demasiado rápido. Tenemos que detenernos y pararlos". Dio órdenes para que su tropa desmontara y eso hizo que los indios detuvieran su avance. Se retiraron nuestros caballos. La tropa K, hizo una

retirada muy ordenada y regresamos a Reno Hill sin ninguna dificultad. Ese fue el primer revés que recibían los indios aquel 25 de junio.

Siempre he pensado que ese movimiento salvó al comando. Si hubieran sido capaces de cargar sobre las tropas en Reno Hill con rapidez, el resultado habría sido el mismo que en Custer Ridge. Ese retraso permitió a las tropas B, D, y M, el poder colocarse en posición. Las otras tropas ya estaban posicionadas para la defensa.

Mientras enterrábamos a los muertos en el campo de batalla de Custer, el día 28 de junio, tanto Benteen como Weir, me dijeron que pensaban que Reno debería haber permanecido en el valle. Yo personalmente siempre he pensado que el subir a ese terreno elevado, fue la mejor opción que pudo haber tomado.

En una ocasión le dije al Capitán Benteen: “Si hubieras llegado y encontrado a Reno abajo, en la última posición, rodeado de indios, tendrías que haberte unido a él. Eso habría dejado a McDougal y su tropa, con la munición extra, en una posición muy peligrosa". Pero Benteen siempre pensó que Reno debería haberse quedado luchando en el valle.

Vi al Teniente Varnum mucho durante la pelea en Reno Hill. Era muy atrevida la manera, en la que Varnum se exponía animando a los hombres. Confirmó su excelente historial anterior. Era un soldado de magnifico coraje. Lo había demostrado con Custer en una pelea con indios años antes.

L. R. Hare

Teniente Coronel U.S.A., Retirado”.
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Avance del Capitán Thomas B. Weir

El Capitán Weir volvió a pedir permiso otra vez para avanzar hacia donde sonaban los disparos, pero Benteen se lo negó. Le dijo que si iba hacia allí, lo matarían a él y a toda su Compañía. Unos minutos después de haber hablado con Benteen, Weir montó y salió hacia delante. Su Teniente Winfield Edgerly, pensado que le habían dado permiso, montó a toda su Compañía D, y le siguió. Eran las 16.50 horas.

El Teniente Luther Hare que había salido por orden de Reno, a las 16.40 horas en busca del tren de municiones, regresó a la colina a las 17.10 horas, treinta minutos después. La primera mula con municiones llegó a Reno Hill a las 17.15 horas. Muchos autores han insistido que se esperó a la llegada de las municiones para avanzar hacia la posición de Custer. El resto del tren de mulas entró en la posición a las 17.35 horas. Fue entonces cuando Benteen montó a sus otras dos Compañías y salió tras Weir.

Al llegar el convoy de mulas escoltado por la Compañía B, de McDougal, el propio Capitán McDougal se presentó al Mayor Reno, y le dijo que 15 minutos antes de llegar, había oído disparos hacia su derecha. Fueron dos descargas. El Mayor Reno le dijo que había perdido al Teniente Hodgson (Benny Hodgson era el Teniente de McDougal, pero aquel día era el Ayudante de Reno). Que había caído abajo en el río. McDougal colocó a su Compañía B, en el hueco dejado por la D. A las 17.40 horas, las Compañías, K, M, y H salieron hacia los acantilados detrás del Capitán Weir.

French, Godfrey y Benteen llegaron a Weir Point alrededor de las 18:00 horas, después de marchar durante veinte minutos. French llevó su Compañía M, a una loma justo detrás de la D, de Weir, mientras Godfrey tomaba posición en un espolón justo al este de ambos. Benteen, con la Compañía H, se colocó en la cresta más cercana del río. Más tarde Reno y los heridos les siguieron. Se colocaron a unos 800 metros por detrás Weir y vieron como un enjambre de guerreros se les acercaba. Benteen vio que los indios podían atacarlos por tres partes, y le propuso a Reno regresar a Reno Hill por ser una posición más fácil de defender. Decidieron retirarse.

El Teniente Edgerly contó que Reno ordenó el repliegue a Reno Hill. Las órdenes de Reno llegaron por medio del Teniente Luther Hare. Sin embargo Hare siempre negó haber dado esa orden, y dijo que no sabía quién la había dado. Godfrey aseguró que la orden se la dio Hare.

En la retirada de Weir Point hubo un incidente cómico y otro dramático. El cómico fue cuando el Teniente Edgerly, intentó montar en su caballo; el animal muy nervioso por los disparos, no se estaba quieto y Edgerly no podía poner el pie en el estribo para montar. Su asistente, Thomas W. Harrison, un sargento veterano, se volvió y sujetó el caballo de Edgerly sin dejar de sonreír mientras el Teniente montaba. Los indios a quince metros no dejaban de disparar contra ellos. Después Edgerly le preguntó a su ordenanza que era lo que le había hecho tanta gracia. El soldado le dijo que se reía de la mala puntería de los indios.

El incidente trágico ocurrió pocos minutos después. En plena retirada, Vincent Charley, herrero de la Compañía D, recibió un disparo y cayó del caballo. Edgerly se le acercó y le dijo que se escondiera y que se quedara quieto. Que él mismo volvería a rescatarlo. El propio Edgerly lo contó en una carta que escribió a su esposa fechada el 4 de julio. Le dijo que fue lo más difícil que había tenido que hacer en su vida militar: “Me cruce con un soldado de la Compañía D, que había sido herido. Le dije que se metiera en un agujero, que iba a formar una línea de escaramuza y que volvería a rescatarlo. Tan pronto como llegué a la Compañía K, me encontré con el Capitán Weir, y le dije lo del soldado herido y que le había prometido volver a rescatarlo. Le pedí a Weir que formara una línea de escaramuza para parar a los indios, y así yo podría regresar a por él. Me dijo que lo sentía mucho, pero que las órdenes eran volver a la colina. Le dije que yo le había prometido al hombre que lo salvaría. Me dijo que no podía ayudarme, que las órdenes eran volver atrás”.

Cuando después de la batalla se encontró el cuerpo de Vincent Charley, tenía un palo clavado en la garganta, evidentemente se lo habían clavado estando vivo. Le habían arrancado la cabellera y tenía la cabeza casi seccionada. Los muslos estaban cortados hasta el hueso para marcarlo como víctima de los indios sioux.

Curiosamente, Edgerly nunca mencionó el incidente de Vincent Charley en ninguno de sus escritos de la batalla de Little Big Horn. Si salió a relucir el incidente en el Tribunal de Investigación al Mayor Reno en Chicago en 1879. Edgerly y otros dos testigos, relataron que se abandonó herido al soldado herrero Vincent Charley, Pero ni el Juez Instructor Militar, ni el abogado de Reno tuvieron ningún interés en aclarar el asunto.

La retirada de Weir Point, acosados por unos 900 guerreros se saldó milagrosamente sólo con la muerte de Vincent Charley. Esa fue la única víctima en esa zona en las dos últimas horas y media. Eran las 18.30 horas, el asedio a Reno Hill empezaba.

Custer se separa de Reno

A las 12.00 horas, del día 25 de junio, el General Custer se separa del Batallón del Mayor Reno, y marcha por el lado derecho del arroyo llamado Ash Creek. Custer le da el mando del ala izquierda al Capitán George W. Yates, y el ala derecha al Capitán Miles W. Keogh. Las Compañías avanzaron en línea con el siguiente orden de izquierda a derecha: L – I – E – F – C. La Compañía L, junto al arroyo, y la Compañía C, en el terreno más elevado. Durante dos horas, Reno y Custer cabalgaron en paralelo, uno a cada lado del Ash Creek separados entre cien y trescientos metros por la diferente orografía del terreno, pero siempre a la vista uno de otro.

A las 14.00 horas, El Batallón de Reno pasó al lado derecho del arroyo. Quince minutos después, a las 14.15 horas, recibió la orden de Custer de avanzar por el valle y cargar contra todo lo que encontrara por delante. Después de abrevar los caballos, Custer reemprendió la marcha pero cambió la dirección hacia la derecha, ascendiendo hacia el terreno más elevado. Las Compañías seguían en línea cabalgando cada una en columna de dos. Ahora el orden de marcha se cambió a: C – F – E – I – L. En esta formación se llegó hasta el risco donde Custer vio por primera vez, parte del campo indio. Ahí como ya hemos visto antes, mandó al primer mensajero (sargento Daniel Knipe), con órdenes para Benteen y el tren de mulas.

Custer continuó más hacia el norte buscando otro lugar para poder ver mejor la aldea india. En ese punto alto de los riscos (Weir Point), es donde varios testigos que estaban en la línea de escaramuza de Reno, afirman que vieron a Custer saludarlos con el sombrero. Es lógico pensar que si los soldados vieron a Custer en las alturas, los indios también lo vieron. Desde Wier Point hasta el vado al final del campamento indio, había dos profundos barrancos que bajaban hasta el río. Cedar Coulee estrecho y polvoriento desemboca en el Medicine Tail Coulee, un canal más amplio que llega hasta el río. Al llegar cerca de Medicine Tail Coulee, o un poco antes, las columnas pasaron a ser de cuatro hombres en fondo. Eran las 15.25 horas, después de salvar el barranco, comenzó una pequeña ascensión y llegó a lo que ahora se conoce como; Luce Ridge, eran las 15.35 horas. Desde allí, es dónde por fin vio el campamento indio al completo. Vio nubes de polvo y pensó que los indios huían a toda velocidad. Decidió que un ataque rápido desde el final del poblado indio detendría esa huida. Aquí, a la entrada del Medicine Tail Coulee mandó a Giovanni Martini con la nota escrita por Cooke. El ala izquierda formada por las Compañías C, E, y F, con Custer al frente, bajó por Medicine Tail Coulee. Las otras dos Compañías, la I, y la L, comandadas por Miles Keogh subieron a Nye-Cartwright Ridge y quedaron en reserva.

A las 16.00 horas, justo más o menos cuando Reno alcanzaba Reno Hill, Custer llegaba cerca del vado. Custer ordenó al ala izquierda de Yates, las Compañías C, E, y F, que contaban con unos ciento veinte hombres en aquel momento, que cargara hacia el río para cruzar por un vado que los búfalos usaban desde tiempos inmemorables. Custer probablemente iba delante con la Compañía E, la de los famosos caballos grises. En las tradiciones orales indias, se cuenta que los soldados que bajaron hacia el río llevaban dos banderas. Una llena de estrellas blancas. La otra llevaba dos grandes cuchillos blancos cruzados. La bandera de cuchillos blancos cruzados, era el guión personal del General Custer. Si iba su guión, también iba él. Al llegar a la orilla del río fueron recibidos por un nutrido y rápido fuego de rifles de repetición. Aquí cayeron los primeros soldados del Batallón de Custer.

Eran las 16.15 horas, Custer vio que cientos de guerreros venían por el valle en dirección a él. Había sido rechazado en el vado y comprendió que con las fuerzas que tenía, no podía pasar el río. Por lo tanto, subió otra vez a terreno elevado para no quedar atrapado entre los guerreros que habían defendido el vado, y los que se acercaban por la otra orilla. Se ordenó la retirada al galope. La Compañía E, del Teniente Algernon Smith quedó en la retaguardia para cubrir el flanco izquierdo. La Compañía E, disparó dos descargas cerradas contra el campo cheyenne que estaba al otro lado del río, y contra los guerreros que se estaban acercando. El combate en esos momentos pasó a ser a larga distancia y hubo pocas bajas.

La batalla había comenzado una hora antes y la mayoría de los guerreros estaban combatiendo a Reno. Los no combatientes huían hacia el norte. Pero poco a poco comenzaron a llegar más, y más indios, que cruzaron al otro lado del río. Los soldados de la Compañía E, se retiraron en buen orden. En esos primeros momentos no estaban siendo muy presionados y no hubo bajas significativas en ese repliegue. El Capitán Yates formó la retaguardia, para proteger la retirada de la Compañía E, de Algernon Smith hacia la zona ahora llamada; Cemetery Ridge. El combate continuó a distancia sin hacerse ningún bando daño. Por unos momentos, las dos alas del Batallón del General Custer, se reunieron en ese punto que ahora se llama Cemetery Ridge. Se dieron las órdenes pertinentes y los Batallones se volvieron a separar.

El ala derecha se movió hacia la derecha, hacia lo que hoy se conoce como; Calhoun Ridge. Formó una línea de escaramuza con la compañía L, en el extremo más alejado. El Batallón en estos momentos todavía estaba casi intacto formando una línea de unos dos kilómetros entre Cemetery Ridge, y Calhoun Ridge. Entre las dos alas no había contacto visual, un pequeño cerro entre las dos fuerzas lo impedía.

Aquí, según los relatos orales cheyennes, el ala izquierda esperó durante 20 minutos. Presumiblemente esperaban la llegada de Benteen y las municiones. El ala derecha tampoco tenía todavía mucha presión. Pero los guerreros que habían combatido a Reno, estaban empezando a llegar en grandes cantidades a esta parte del campo de batalla sin ser detectados. Los profundos barrancos los ocultaban.

Los sioux siguen a Gall, y los cheyennes a Two Moon y Lame White Man. Suben por los barrancos. Son indetectables. Otros muchos guerreros están cruzando el río tres kilómetros hacia al norte, comandados por Crazy Horse. La táctica de intentar rodear a los soldados comienza a funcionar. El Batallón de Custer está esperando a Benteen y McDougal. Custer con las bajas en el primer intento en el vado tendrá cerca de doscientos hombres. El General espera contar con unos quinientos soldados para intentar forzar nuevamente el cruce del río. Si recibe los refuerzos todavía puede tener la oportunidad de capturar a parte de los no combatientes, forzar la rendición de los guerreros, y conducirlos a la reserva.

En ese momento de espera en Cemetery Ridge, llega Boston Custer. Llega con importantes noticias para su hermano. Ahora Custer sabe por su hermano Boston, que tanto el sargento Daniel Kanipe, como el trompeta Giovanni Martini han entregado sus mensajes a Benteen y McDougal. En consecuencia piensa que Benteen cumpliendo sus órdenes, ya está en camino. Y por su hermano que ha pasado sin problemas, sabe también que el camino está despejado, los indios todavía no lo bloquean.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

Marcus Reno, que para algunos se convertiría en "El cobarde de Little Big Horn"
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Foto de Thomas B. Weir, acompañado de una niña.
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A decir verdad, en esta lucha de cada instante, donde el resultado más corriente es que se petrifique todo lo que hay de más espontáneo y valioso en el mundo, no estoy seguro de que podamos ganar.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Satur »

Estamos degustando un plato de primera categoría. A disfrutar, queridos foreros. :dpm:
Cuando el líder eficaz ha dado por terminado su trabajo,
la gente dice que todo ocurrió de un modo natural.
LAO TSE.

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por JackHicks236 »

Satur escribió:
03 Abr 2021 12:49
Estamos degustando un plato de primera categoría.
100% de acuerdo. Este hilo es todo un lujo para los interesados y amantes de la historia de EEUU y de las Guerras Indias en particular, entre los que me incluyo. Mis felicitaciones a George Horn. :Bravo
"Paz a través de la fuerza." Ronald Reagan /// ¿Por qué el cielo es azul? Porque Dios ama a la infantería. /// Anytime, Baby...!
"El fuego puede ser nuestro mejor amigo; ya sea asando unas chuletas, ya sea atacando al VietCong". Sgt. Seymour Skinner US Army
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

La última posición de Custer

El último hombre blanco que vio con vida a Custer y su Batallón, fue el trompeta Giovanni Martini. Todo lo que se sabe de las aproximadamente cuatro últimas horas de vida de Custer, y de los hombres que lo acompañaron, está basado en testimonios de guerreros indios. En los años siguientes a la batalla, oficiales del Ejército, periodistas y escritores, entrevistaron a muchos veteranos indios de la batalla. Algunos tenían miedo a posibles represalias. Muchos indios contaban lo que los blancos querían oír. Que los soldados habían luchado mucho y bien. No querían enfadar a los blancos y no se complicaron la vida.

Pero hay una cosa muy importante y de mucha credibilidad, se cuenta con la tradición oral de sioux y cheyennes. Los pueblos que no conocen la escritura, tienen una gran tradición de relatos orales que pasan de generación en generación. Hay muchos estudiosos de la batalla de Little Big Horn que dan absoluta credibilidad, a muchas de estas narraciones. Sobre todo cuando tres o cuatro personas, cuentan más o menos de forma parecida el mismo incidente.

También, gracias a las modernas técnicas de arqueología, se han podido descubrir muchos datos que se desconocían y que han venido a dar validez a muchos de los relatos indios. La arqueología, esa “voz” del suelo, ha desenterrado muchos artilugios usados en la batalla. Balas, vainas, cuchillos, puntas de flechas, cartucheras, cinturones, hebillas, herraduras, revólveres, carabinas, cadáveres. Objetos encontrados en partes del campo de batalla donde los indios situaban acciones, y que se pensaba que no eran ciertas.

Desde siempre se ha pensado que Custer había amagado un ataque por el centro del campamento. Los indios le habían detenido, obligándole a emprender la retirada. Custer entonces intentó llegar a la cima de una colina, y allí se desplegó esperando que llegaran fuerzas en su auxilio. Crazy Horse fue el jefe que dirigió la maniobra y en poco menos de treinta minutos, el Séptimo fue rodeado y aniquilado hasta el último hombre. Este sensacional y fatal relato se debe en su mayor parte a Frederick Whittaker, autor de la primera biografía de Custer. Estas teorías eran inciertas e infundadas como han demostrado las excavaciones arqueológicas que se han realizado en el campo de batalla en los últimos años. El desarrollo final de la batalla fue mucho más complejo y complicado.

Custer desciende por el Medicine Tail Coulee

Cerca del acantilado donde había visto por primera vez el campo indio, Custer se encontró con Mitch Boyer y los cuatro guías crows que se habían adelantado para buscar el final del campamento. Los exploradores dieron la vuelta y llevaron a Custer al punto alto donde por fin pudo ver toda la aldea india. También vio la retirada de Reno al soto y pudo pensar que esa era una buena posición para contener a los guerreros. Reno podía hacer de “yunque”, y Custer sería el “martillo” que golpearía por detrás. Tenía claro que la única posibilidad de victoria era atacar por el flanco. Custer bajó del mirador y según contó Giovanni Martini gritó a sus soldados: “Chicos, los hemos pillado echando la siesta”.

A las 15.45 horas, el Batallón llegó a un barranco seco llamado Cedar Coulee por unos cedros que crecían allí. Los guías le comunicaron que ese paso conducía hasta un buen vado en el río. El Batallón bajó por el árido barranco hacia el rio. El barranco también le ocultó de los ojos de los indios. Aquí, Custer hizo una parada para dar descanso a los caballos, después de la galopada por el fondo de esos secos y polvorientos desfiladeros en aquella calurosa tarde de junio. Los caballos estaban agotados y los iba a necesitar fuertes. Sabía que estaba en terreno bajo y que si los indios ganaban las alturas que lo rodeaban, sería como disparar a los patos en un puesto de feria. Aquí fue donde mandó a Giovanni Martini con la famosa nota a Benteen. Necesitaba los hombres de Benteen y necesitaba munición extra. No quería repetir el error de la batalla del río Washita, cuando a punto estuvo de quedarse sin municiones rodeado de guerreros indios.

Mitch Boyer y los guías crows estaban en Wier Point vigilando los movimientos de los hostiles. Curley, el guía crow le contó a Walter Camp en 1910: “Vimos el combate de Reno. Cuando Mitch Boyer vio a Reno retirarse hacia la arboleda, bajó por una ladera agitando el sombrero para llamar la atención de Custer. Custer y su hermano Tom también agitaron sus sombreros. Los soldados vitorearon. Boyer (según Curley), le dijo a Custer que Reno había sido derrotado y que se había retirado, porque habló mucho con él”.

Bajando en columna de a dos pronto el barranco giró y entró en otro mayor que descendía suavemente hacia el río. El canal seco Medicine Tail Coulee. Custer sabía por sus exploradores crows, que aquel amplio canal llevaba a un vado usado por los búfalos para cruzar el río. Martini ascendiendo por la pendiente echó una mirada hacia atrás, vio a las cinco Compañías descendiendo por el Medicine Tail Coulee. Se cree que fue el último hombre blanco en ver con vida a esos hombres. Giovanni Martini en el Tribunal de Investigación de Reno en Chicago, en febrero de 1879, declaró: “Lo último que vi fue la tropa bajando por el canal. Los caballos grises iban en el centro y galopaban”.

Al entrar en el canal más ancho, la formación pasó a ser de cuatro en fondo. Esta barrancada se abrió a un valle llano de unos setecientos
metros de ancho. El vado se ofrecía apetitoso pero Custer receló. Sabía de la astucia natural de sus enemigos. Los guerreros indios eran maestros en el arte de la emboscada, como habían demostrado en docenas de escaramuzas y combates anteriores con fuerzas del Ejército.

Fueron las mujeres cheyennes, las que al cruzar el río huyendo del combate de Reno, descubrieron a los hombres de Custer. Ellas fueron quienes dieron la voz de alarma, y fueron a buscar a los guerreros para avisarles del nuevo peligro que se cernía sobre ellos.

Después de salir del canal a terreno llano y ancho, las tropas se colocaron en línea para ofrecer menos blanco a los posibles guerreros indios que pudieran estar defendiendo el vado.

Unos pocos guerreros, en su mayoría cheyennes eran los que defendían el vado. Los relatos indios dicen que no llegaban a treinta. Cuando las tropas se acercaron a la orilla fueron recibidas por un nutrido fuego de rifles de repetición. Según algunos estudiosos e historiadores como Jack L. Penninngton, Custer murió o fue gravemente herido en esa primera andanada. En su libro “The Custer Controversy: A Critical Analysis” (1996), explica que esa herida propició la desorganización del Batallón y su posterior derrota.

Los relatos cheyennes cuentan que los guerreros estaban escondidos entre los árboles, los matorrales, y detrás de una barrera de sedimentos que habían dejado las riadas. Los guerreros veían perfectamente a los soldados, pero los soldados a pesar de estar a caballo, no los veían a ellos. Las Compañías C, E, y F, fueron las que cargaron hasta la orilla del río. Fueron recibidas por una granizada de balas y retrocedieron dejando muertos y heridos. Las Compañías I, y L, en reserva en un terreno más alto (Nye-Cartwright Ridge), cubrieron la retirada.

El Capitán Miles Keogh sería el encargado de intentar un nuevo cruce del río con las Compañías I, y L. Se piensa que se hizo un segundo intento por cruzar, porque se encontraron cadáveres de soldados de estas Compañías cerca del río. El soldado Marion E. Horn de la Compañía I, encontró allí la muerte.

Hay constancia de que por lo menos siete soldados cruzaron el río. El día 28 cuando se inspeccionó el campamento indio, se encontraron cabezas de soldados, y restos de al menos tres soldados atados a un poste y quemados. Las mujeres y niños arrastraron hasta el campamento, a los soldados heridos que quedaron atrás después de la retirada. Los soldados fueron torturados hasta la muerte. Two Moons, un jefe menor de la Sociedad Cheyenne Kit Fox declaró: “En el vado Medicine Tail Coulee algunos soldados fueron muertos y luego fueron arrastrados a la aldea, desmembrados y quemados en el gran baile de esa noche”. Este comentario aparece en el libro editado por Richard G. Hardorff y basado en entrevistas hechas en los años posteriores a la batalla a protagonistas de la misma: “Cheyenne Memories of the Custer Fight” (1998).

En otro trabajo de Richard G. Hardoff: “Indian Views of the Custer Fight” (2004), aparece el muy explícito comentario de Little Knife: “Cogimos un prisionero que tenía rayas en el brazo (sargento), lo atamos de pies y manos con correas de piel de búfalo. Lo metimos en un tepee. Por la noche tuvimos un baile salvaje. Unos hombres fueron a por el cautivo y lo mataron con un cuchillo”.

Jack Pennington y otros historiadores creen, que los cuerpos de los Tenientes James Porter; James Sturgis, y del cirujano Edwin Lord que nunca fueron encontrados en el campo de batalla, fueron heridos o muertos en el combate del vado, y luego llevados a la aldea. En el campamento indio se encontró ensangrentada la chaqueta de piel del Teniente James Porter. Tenía con un agujero de bala en el lado izquierdo de la espalda. También se encontró la ropa interior del Teniente Sturgis.

Según los relatos indios el combate en el vado continuó a distancia durante un buen rato. El fuego de los soldados mató a muchos caballos que estaban en el poblado, pero no pudieron acertar a los guerreros ocultos. Esta acción defensiva en el vado, compró el tiempo suficiente para que llegaran a esa parte del campo de batalla, la gran mayoría de los indios que habían combatido a Reno.

Volviendo al General Custer si fue herido de muerte, o muerto. También existe otra posibilidad a la que yo me aferro, y que sinceramente creo que

es la que realmente sucedió. Es sabido por todos que el cadáver de Custer se encontró en la colina del Monumento. Según los testigos oculares, tenía una herida en el costado izquierdo y otra en la cabeza que le atravesaba las sienes. También tenía una herida en el antebrazo derecho. Esa herida del antebrazo podría ser la herida que recibió en el vado. Si la bala no tocó hueso o arteria sería menos grave. Si tocó el hueso le destrozaría el antebrazo. Si alcanzó una arteria la pérdida de sangre sería muy importante, y necesitaría un torniquete con urgencia. Esa herida pudo desencadenar toda la serie de errores en cadena que sucedieron a continuación. Custer era un oficial de caballería con mentalidad ofensiva. De no estar herido e incapacitado para cabalgar, nunca hubiera echado pie a tierra. Lo mismo que le sucedió a Reno, estar desmontado ante la mejor caballería ligera del mundo era un suicidio.

Una vez que el Batallón fue rechazado en el río, subió a terreno elevado para recomponer las Compañías. La estancia en Cementery Ridge de veinte minutos, pudo ser para que el cirujano atendiera la herida. Lo que es prácticamente seguro es que Custer fue herido en el vado.

Los recuerdos de los guerreros son muchos. Los indios de las llanuras eran unos amantes de los caballos, en todos los relatos cuentan que la carga la lideraba un oficial vestido con pieles de ante, montado en un caballo alazán con los pies blancos y careto blanco. Esa descripción corresponde a Vic, el caballo que montaba Custer aquella tarde. En esos relatos dicen que el oficial que lideraba la carga fue herido, tres soldados se pusieron a su lado cubriéndolo y lo sacaron de allí. Algunos relatos mencionan que el oficial cayó al agua, y que unos soldados se bajaron de los caballos y lo sacaron. Cuesta creer que si estaba mal herido lo subieran a un kilómetro de distancia del río. Lo hubieran retirado sí, pero no hubieran cabalgado casi un kilómetro con un moribundo.

David Humphreys Miller, en “Echoes Of The Little Bighorn” (1935), relató la historia que le contó el sioux White Cow Bull: “Cuando los soldados bajaron hacia el río, disparé a un hombre que llevaba pantalones de piel de ante. Montaba un caballo alazán con cuatro medias blancas (patas blancas). Junto a él, cabalgaba un soldado con una bandera. Cuando cayó al río, muchos soldados se acercaron a él y lo rescataron”.

Si la historia es cierta, podría ser Custer el herido, o el muerto. Es fácil imaginar que si fue Custer el que cayó, la confusión entre sus compañeros sería muy grande. Si subió hasta Cementery Ridge por sus propios medios, o ayudado por sus subordinados, permanecerá para siempre dentro de la especulación perpetua. Muchos autores de trabajos sobre el Little Big Horn, dan crédito a esta historia. Según ellos, eso podría explicar porque había tantos oficiales muertos junto a Custer, en vez de estar al frente de sus respectivas Compañías. Una cosa sobre este incidente también es cierta, desde que ese soldado fue herido y fue rescatado por los que estaban cerca de él, desapareció de todos los relatos de testigos oculares de la batalla. También a partir de ese momento, los relatos indios coinciden en que los soldados desde ese momento lucharon mal. Que parecían confusos y con falta de liderazgo.

Sus hermanos Tom y Boston probablemente lo ayudarían a salir de allí. El Batallón se desplegó entre Cementery Ridge, Custer Hill y Calhoun Ridge formando una línea de unos dos kilómetros. Esperaron la llegada de Benteen. Custer ya sabía que había perdido la batalla. Cuando Mitch Boyer le anunció la retirada de Reno, comprendió que sólo su cruce del río podría salvar la derrota. Y durante un momento cuando cargó hacia el vado, seguro que vio la posibilidad de arrancar la victoria, de las garras de la derrota. Ahora estaba derrotado. Había puesto toda la carne en el asador en el cruce del vado y fue rechazado. Irónicamente, Benteen y Reno que deberían haberlo salvado a él, se salvaron gracias a Custer. El jefe al que ambos odiaban y dejaron en la estacada, les había salvado a ellos con su intento de cruzar el río. Mientras duró el combate de Custer, ellos pudieron afianzarse en lo alto de los acantilados.

Curley es uno de los personajes más controvertidos de la historia de la batalla. Dejó muchos comentarios. Hay diferencias sustanciales de unos a otros. Por ese motivo, la mayoría de historiadores no los tienen en consideración.

Curley era uno de los cuatro exploradores crows que marcharon con Custer cuando se separaron de Reno. Era muy joven, tenía entre diecisiete y veinte años de edad. Fue el que contó más veces sus vivencias de aquellos días. Muchas de ellas se contradicen unas con otras. Pero puede ser por la mala traducción de los intérpretes. Curley no hablaba ni una palabra de inglés. Cuando en sus últimos años le señalaron que unas veces había dicho una cosa y otras veces otra, respondió que él siempre había contado la misma historia, y que él no sabía si los intérpretes la habían explicado bien.

Curley ha sido retratado como el único superviviente del combate de Custer por algunos autores, y por otros como el mayor mentiroso del mundo. Muchos estudiosos coinciden en afirmar que Curley simplemente fue víctima de una mala traducción. Curley nunca afirmó haber hecho todas las cosas que se le acreditaron a él, muchas de ellas muy increíbles. Otros historiadores por el contrario afirman que Curley es un testigo muy confiable. Yo creo que no miente cuando cuenta que vio la carga, y posterior retirada de Custer del vado.

Curley concedió entrevistas a Walter Camp, uno de los primeros historiadores de la batalla en los años: 1908; 1909; 1910 y 1913.

Al General Hugh Scott le concedió una entrevista el 24 de agosto de 1919. La entrevista se hizo recorriendo el campo de batalla. Actuó de intérprete Russell White Bear, Angela Buell fue la taquígrafa que recogió todo lo que allí se dijo.

Las dos últimas veces que habló fue un poco antes de morir. Murió el 21 de mayo de 1923 y está enterrado en el Cementerio Nacional de Little Big Horn. Estos últimos recuerdos de Curley, están recogidos en dos cartas de Russell White Bear, que actuó de intérprete para el General Scott y también a veces para Walter Camp. Russell White Bear envió una de las cartas en 1926 a una persona no identificada. La segunda en 1938 se la remitió a Fred Dustin, autor de “The Custer tragedy” (1939). Las cartas aparecieron publicadas en la obra del Coronel Graham: “The Custer Myth” (1953).

La primera narración de Curley se publicó en el “Helena Herald” (Montana), el 15 de julio de 1876: “No se encontró ni un solo superviviente del mando de Custer, e incluso hasta el momento en que el General Terry entregó su Informe Oficial al General Sheridan se suponía que hasta la última alma había perecido; pero cuando el comando regresó a Yellowstone, encontraron allí un explorador crow, llamado Curley, quien según lo testificado por el Mayor Reno cabalgó con Custer ese día fatal. Sólo él escapó y a continuación damos su relato de la batalla. Es interesante, ya que es la única historia del combate, contada por una persona que participó al lado de Custer: Curley es; con toda probabilidad el único superviviente de su mando.

Custer, con sus cinco Compañías, tras separarse de Reno y sus siete Compañías, se movieron hacia la derecha alrededor de la base de un alto montículo que dominaba el valle de Little Big Horn a través de un barranco estrecho, apenas podía permitir que las tropas fueran en columna de cuatro. No había signos de la presencia de indios en las colinas de ese lado (margen derecha) del Little Big Horn, la columna avanzó constantemente hasta que rodeó la colina y llegó a la vista de la aldea que estaba en el valle debajo de ellos. Custer parecía estar muy eufórico, y ordenó que las cornetas tocaran a la carga. Avanzó a la cabeza de su columna, agitando su sombrero para animar a sus hombres. Cuando se acercaron al río, los indios, escondidos en la maleza en el lado opuesto del río, abrieron fuego contra las tropas, lo que frenó el avance. Aquí una parte del comando desmontó y se acercó hacia el río, y devolvió el fuego a los indios. Durante esos momentos, cientos de guerreros salieron de la aldea y se desplegaron a su frente y a su izquierda como si hubieran intuido que la intención era la de cruzar el río a su derecha. Mientras tanto se vio salir mujeres y niños en grandes cantidades hacia el lado opuesto.

Durante el combate en este punto, Curley vio a dos de los hombres de Custer caer muertos al río. Después de luchar unos momentos aquí, Custer se convenció de que era imposible cruzar, ya que sólo podía hacerse en columna de cuatro, y estaría expuesto durante el movimiento a un fuego intenso desde el frente y ambos flancos. Custer, por lo tanto, ordenó a la cabeza de la columna girar a la derecha, y subir en diagonal a las colinas, sus hombres a pie, conduciendo sus caballos. Mientras tanto los indios habían cruzado el río en números inmensos, y comenzaron a aparecer en su flanco derecho y en su retaguardia; el continuó unos pocos cientos de metros en la nueva dirección que la columna había tomado, pero se hizo necesario reanudar la lucha con los indios que habían cruzado el río. Al principio el comando permaneció junto, pero después de algunos minutos de lucha se dividió, una parte se desplegó circularmente a la izquierda, y el resto de manera similar a la derecha de modo que cuando se formó la línea tenía un burdo parecido a un semicírculo, aprovechando en la medida de lo posible la protección que brindaba el terreno. Los caballos estaban en la retaguardia, los hombres desmontados en línea, combatiendo a pie.

De los incidentes de la pelea en las otras partes del campo batalla Curley no está bien informado, ya que él se escondió en un profundo barranco, desde el cual sólo se veía una pequeña parte del campo.

El combate parece haber comenzado, a partir de la descripción de Curley por la situación del sol, alrededor de las 14.30 o 15.00 horas, y continuó sin parar hasta casi el atardecer. Los indios rodearon el mando, dejaron sus caballos en barrancos atrás, ellos cargaron a pie, hicieron varias cargas en todos los puntos de la línea de Custer; pero las tropas aguantaron su posición con firmeza, y respondieron con un violento fuego. Curley dice que el tiroteo fue más rápido que cualquier cosa que él jamás había imaginado, un ruido continuo, como el ruido de una manta cuando se rasga.

Las tropas gastaron todas las municiones de sus cinturones, y luego fueron a sus caballos para coger municiones de reserva que llevaban en las alforjas. Mientras las municiones no escasearon, las tropas, aunque tuvieron muchas bajas en la lucha, mantuvieron bien su posición a pesar de los esfuerzos de los guerreros sioux. Cuando el fuego comenzó a debilitarse hacia el final de la tarde, los indios empezaron a pensar que las municiones estaban a punto de agotarse e hicieron una gran carga final. En el curso de la cual el último de los soldados fue eliminado. Los indios llegaron tan cerca de la línea que muchos soldados murieron a flechazos.

Curley dice que Custer permaneció vivo durante la mayor parte del enfrentamiento, animando a sus hombres a resistir valientemente; pero aproximadamente una hora antes del final de la pelea recibió una herida de muerte.

Curley dice que el campo quedó densamente sembrado con los cadáveres de los sioux que cayeron en el ataque, más indios muertos que soldados. Está muy satisfecho de que tuvieran más trescientos muertos, además de un inmenso número de heridos.

Curley consiguió escapar del campo de batalla, cubriéndose con una manta al estilo sioux y pasando entre sus líneas”
.

Algunas de las cosas de este artículo suenan inverosímiles. Puede ser a causa de la mala traducción, o de la fantasía de la fuente o del editor. Dice que el combate duró hasta el atardecer, y que los indios tuvieron trescientos muertos. Ninguna de las dos cosas es cierta. Pero Curley afirma que vio a Custer cargar en el vado. La gran mayoría de historiadores han pasado este hecho por alto. Probablemente, por las diferentes versiones que Curley dio en su vida de aquel día.

No se sabe el nombre del periodista que escribió el artículo, probablemente el editor del “Helena Herald”. Pero supongo que la información la obtuvo, o bien a través de Thomas H. Leforge, un blanco que conocía el idioma crow, o por medio del Teniente James Bradley.

Curley apareció en la desembocadura del Little Big Horn el 27 de junio, dos días después de la batalla. En el vapor “Far West” no había nadie que hablara crow, y Curley no hablaba ni una palabra de inglés. Por medio de signos y dibujos en la arena, intentó explicarles lo que había sucedido. George Morgan casado con una india, y con nociones básicas del lenguaje de signos usado por todos los indios de las llanuras, tradujo los signos. Dijo que Curley decía que el comando de Custer había sido aniquilado y que Reno estaba en un gran aprieto. Nadie creyó su historia.

Cuando llegaron al campamento de suministros en la desembocadura del Yellowstone, Thomas H. Leforge, un hombre blanco que había vivido con los crows y conocía su idioma, hizo de intérprete para el Teniente James Bradley del Séptimo de Infantería. Bradley puede ser la fuente del artículo “Helena Herald”.

Continuando con el tema de la carga en el vado; Benteen en la carta a su esposa el 4 de julio, escribió que por lo que él, personalmente vio al inspeccionar el campo de batalla, estaba seguro de que Custer atacó en el vado. Y creía que aunque otros oficiales no pensaban lo mismo, que incluso alguna de las Compañías pudieron cruzar el río.

También el General Alfred Terry estaba convencido de que Custer cargó en el vado. En su primer Informe Oficial de la batalla escrito el día 27 de junio, después de estudiar el campo de batalla escribió: “Su rastro, desde el punto donde Reno cruzó el arroyo, va hacia adelante y por la parte de atrás de la cresta de los acantilados, de la orilla derecha del río. Luego desciende hasta la orilla del río, pero de inmediato se aparta, como si hubiera intentado cruzar el río sin éxito. Luego gira sobre sí mismo, casi completa un círculo y se detiene”.

Por lo tanto, Curley no mentía cuando contó que Custer cargó con los caballos grises en cabeza en el vado. Si lo vio o no, es ya otro asunto.

A Curley, además de Mitch Boyer (guía e intérprete), le acompañaban tres exploradores crows; Hairy Moccasin, White Man Runs Him y Goes Ahead. Los tres también dejaros sus recuerdos para la posteridad. Y en el testimonio de los tres hay algunas contradicciones que hacen que algunos historiadores, desechen sus declaraciones. Son recuerdos contados treinta y tres años después de la batalla (las primeras entrevistas). No son precisos al cien por cien, porque estuvieron los cuatro juntos hasta el momento que vieron el combate de Reno desde Wier Point, y cada uno de ellos lo contó con diferentes variantes.

White Man Runs Him, habló sobre el mismo campo de batalla con el General Hugh L. Scott en 1919: “Custer giró a la derecha por Cedar Coulee y nosotros tomamos posiciones en los acantilados (Wier Point), para vigilar el campamento sioux. No veíamos nada por el polvo pero creíamos que todos los soldados de Reno estaban muertos. Mientras estábamos en el terreno elevado, Custer estaba en Medicine Tail Coulee y se movía hacia el río. Los primeros disparos de Custer fueron allí. Custer intentó cruzar el río en el vado pero no pudo hacerlo. Mitch Boyer nos dijo que nos fuéramos. Él bajó al encuentro de Custer. Si no hubiera sido por Boyer estaríamos enterrados allí con Custer”.

El 23 de febrero de 1911, Hairy Moccasin contó a Walter Camp: “Custer, Mitch Boyer y los cuatro crows vimos el inicio del combate de Reno. Luego Custer bajó por Medicine Tail Coulee y llegó hasta el río. Ahí mataron a dos hombres. Los sioux me dijeron cinco años después que sólo un soldado a caballo cruzó el río, lo mataron en su campamento. Los soldados se retiraron y subieron a las alturas por Custer Ridge hasta Cementery Ridge. Mitch Boyer nos dijo que podíamos irnos”.

Curley y White Man Runs Him, afirman que Custer bajó hasta el río y que allí empezó su último combate. Hairy Moccasin dijo que Custer llegó hasta al río y que allí murieron dos soldados. Luego comenta que los propios indios sioux le contaron cinco años después, que solo un soldado consiguió cruzar el vado. No está claro cuando dice que Custer llegó hasta el río si lo vio él, o se lo contaron los sioux. Sin embargo el testimonio del cuarto guía crow, Goes Ahead difiere en ese punto con sus tres compañeros. El 5 de agosto de 1909 contó a Walter Camp: “Vimos la batalla de Reno y regresamos al sur por los acantilados y nos reunimos con el comando de Reno. Los tres crows (dice que Curley ya no estaba con ellos en Wier Point, que se había ido antes), no volvimos a ver a Custer desde que giró a la derecha en Cedar Coulee. No vi pelear a Custer. No sé si Custer llegó al río. Regresamos demasiado pronto para ver lo que hizo Custer”.

Estos textos aparecen en el libro “The Arikara Narrative of Custer's Campaign and the Battle of the Little Bighorn” (1920). Orin G. Libby entrevistó en el año 1912, en la Reserva de Fort Berthold, a nueve exploradores crows que habían participado en la campaña.
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Battle Ridge

Una vez que se recompuso el Batallón en Cemetery Ridge después de ser rechazados en el río. Las Compañías se desplegaron en línea, la Compañía L, al mando del Teniente James Calhoun, era la que estaba en el extremo sur para proteger la llegada del Batallón de Benteen. Las Compañías I, y C, del ala derecha quedaron en reserva. Según el manual de tácticas de la caballería norteamericana de 1874, tres de cada cuatro soldados desmontaban y le entregaban las riendas de sus caballos al cuarto que permanecía montado y alejaba los caballos hacia la retaguardia para protegerlos. Los soldados desmontados actuaban como infantería, y formaban una línea con una separación de tres metros entre cada soldado.

Mientras tanto, Crazy Horse y sus guerreros cruzaron el Little Big Horn al norte del poblado para girar después hacia el este. Gall se aproximaba a Calhoun Ridge por el sur. El jefe cheyenne Lame White Man lo hacía por el oeste. La bolsa se estaba cerrando, y las cinco Compañías en breves momentos, estarían irremisiblemente cercadas por un enemigo muy superior en número y en potencia de fuego. El Batallón al completo de Custer espera a Benteen mirando hacia al sureste. La batalla en esos momentos se limitaba a disparos a larga distancia con muy poca efectividad. Pero cada vez, más y más guerreros se estaban acercando y se infiltraban por los barrancos cerca del ala derecha.

Entre las 16.30 y 16.40 horas, más y más guerreros se fueron infiltrando por los barrancos sin ser detectados por los soldados. El aumento de las descargas de fusilería contra la Compañía L, hizo que empezara a estar comprometida la seguridad de los caballos. El Teniente Calhoun desmontó a su Compañía L, y colocó sus caballos en una pequeña depresión que había detrás de la colina. Los soldados de la L, se desplegaron en una línea de escaramuza en forma de semicírculo. Se disparaba a larga distancia, y no había problema de momento para mantener alejados a los guerreros. Pero poco a poco, guerreros de forma individual, aprovechando la rugosa orografía del terreno, se iban acercando a la posición de los soldados. Según Wooden Leg, estos guerreros disparaban flechas en comba, no en tiro recto. Metidos en sus escondites, las flechas se pueden lanzar en una curva alta y llegar muy lejos. De esta forma no se exponían a la vista de los soldados, y estos no tenían blancos a los que disparar. Pronto esas nubes de flechas, empezaron a causar graves problemas a los soldados y a los caballos. Algunos caballos murieron, otros heridos por las flechas empezaron a encabritarse, y causar problemas a los soldados que los sujetaban. Algunos se escaparon.

Son las 16.45 horas, el comandante del ala derecha Capitán Miles W. Keogh, había dispuesto sus tres Compañías según el libro de texto de la Caballería de los Estados Unidos. La Compañía L, del Teniente Calhoun, formó un semicírculo donde comenzaba la pendiente de la colina. Los soldados que sujetaban los caballos estaban por detrás. Las Compañías I, y C, estaban desplegadas en reserva en la parte más alta de la colina, cerca de la cresta. El número de guerreros se incrementaba minuto a minuto. La Compañía L, en unos pocos instantes estuvo envuelta en un violento combate y sus caballos se encontraron en un serio peligro.

Los escaramuzadores de la L, sin objetivos a la vista hacían muy poco daño a los hostiles. En “Wooden Leg: A Warrior Who Fought Custer” de Thomas Bailey Marquis (1922), el propio Wooden Leg contó: “Los indios en todo momento podían ver a los soldados y a sus caballos, pues estaban en la cresta. Pero los soldados no podían verlos a ellos, habían dejado los ponis en los barrancos y se arrastraban por el suelo. Los indios se levantaban, disparaban y se dejaban caer de nuevo entre la artemisa, y avanzaban un poco más. Tuvimos muy pocas bajas en aquellos momentos”.

En 1905, Fred Huntington, un abogado de Billings (Montana), entrevistó a un guerrero sioux anónimo que había participado en la batalla. El guerrero dijo que una carga desafortunada en Calhoun Ridge, motivó que en cuestión de unos pocos minutos, el conflicto se convirtiera en una lucha cuerpo a cuerpo.

Aunque Huntington no tenía ni idea, su informante había resumido de forma perfecta la carga de la Compañía C, y su posterior derrota que arrastró a las Compañías I, y L, a la desintegración táctica y a la derrota total. El veterano sioux, contó que pensaba que no más de una docena de soldados de esas tres Compañías salieron con vida, y que se unieran a Custer en la colina del Monumento.

A las 16.55 horas, el Capitán Keogh ordenó al Teniente Harington de la Compañía C, que cargara contra el grupo de guerreros que hostigaba a la L. Harrington mandó montar a sus hombres y cargaron cuatrocientos metros colina abajo, disparando sus revólveres. Desalojaron a los indios. Al llegar al barranco mandó desmontar. Uno de cada cuatro soldados cogía los caballos y los retiraba de la línea según el manual de la Caballería. Con esa acción en principio ya se perdía un 25% de potencia de fuego. Los soldados estaban preparando sus carabinas, cuando montones de guerreros los atacaron desde el barranco. Disparando y agitando mantas, espantaron los caballos y crearon confusión. Los guerreros llegaron hasta los soldados, y lucharon cuerpo a cuerpo con garrotes de guerra, hachas y cuchillos. Los soldados usaban sus carabinas descargadas como mazas. La Compañía C, cedió, y los que no estaban muertos o mal heridos, iniciaron una huida hacia arriba. La Compañía L, cambió su posición para intentar cubrir a los que continuaban vivos. El Teniente Harrington y los tres sargentos de la compañía, Bobo; Finkle y Finley, todavía estaban a caballo e intentaron parar y reorganizar a los soldados. Los sargentos Finley y Finkle murieron allí. El sargento Bobo galopó hacia la protección de la L. El Teniente Harrington, en un alarde de vergüenza torera, cargó el solo contra los guerreros y descargó contra ellos su revólver. Fue rodeado, desmontado y muerto. Su cadáver nunca fue identificado. Harrington también es señalado por algunos autores como el “soldado valiente”, que salvó a muchos de sus hombres enfrentándose él solo a los guerreros.

Ese fue el principio del fin. Al fracasar la carga de la Compañía C, los restos se tuvieron que retirar y la Compañía L, tuvo que variar su posición para cubrir la retirada de los escasos supervivientes. Los cheyennes liderados por Lame White Man, aprovecharon esa situación y pasaron al asalto. Se desató el pánico, muchos de los soldados que hasta ese momento estaban combatiendo bien perdieron los nervios. Hubo quien mantuvo la compostura y continuó en su puesto. Pero la tónica general, según los relatos indios fue de: ¡sálvese quien pueda! A este ataque se sumaron los sioux liderados por Gall, y los que seguían a Crazy Horse que atacaron desde el norte.

Entre las 17.00 y las 17.20 horas, Keogh vio desintegrarse la Compañía C. Los pocos supervivientes corrían hacia la L. El sargento Bobo cabalgó directamente hacia la Compañía I, de Keogh, seguido por otros cinco soldados de la C, que habían conservado sus caballos. El Teniente Calhoun vio a los pocos de la Compañía C, que continuaban con vida corriendo hacia él. Los guerreros los perseguían disparándoles flechas, y golpeándolos con garrotes y hachas. Los escaramuzadores de Calhoun abrieron fuego contra los indios, muchos cayeron, pero no pudieron parar la masa de vociferantes guerreros. En el libro del Coronel William Graham: “The Story of the Little Big Horn: Custer's Last Fight” (1926), el guerrero sioux Red Horse contó: “Un grupo de soldados estaba justo detrás de nosotros; cuando ellos cargaron nosotros retrocedimos. Luego nos paramos unos enfrente de otros. Y cargamos contra ellos. Recorrimos una pequeña distancia y los rodeamos. Todo el tiempo pude ver a sus oficiales gritar y mandar a sus hombres. Fue en esta carga donde tuvimos la mayoría de muertos de esta batalla. Tuvimos ciento treinta y seis guerreros muertos, y ciento sesenta heridos. Terminamos con aquellos soldados allí”.

La Compañía L, que hasta ese momento estaba combatiendo bien, al ver huir a los derrotados compañeros de la C, perdieron la compostura. Los Tenientes Calhoun y Crittenden, trataron de mantener el orden pero no pudieron. Murieron los dos juntos.

Keogh mandó un pelotón de su Compañía I, para cubrir la retirada de los supervivientes. Si la intención del Capitán Keogh, fue desplegarse para cubrir la retirada de Calhoun Hill, el movimiento fracasó. La Compañía I, sufrió graves pérdidas por el fuego enemigo y la unidad se desintegró. El pánico y el terror envolvieron el sector de Keogh. Los supervivientes de las tres compañías huyeron, algunos tenían caballos, pero la mayoría no. La disparidad en la velocidad de la movilidad agravó la situación. Algunos soldados se vieron aislados, cuando los indios se acercaron a ellos para contar sus golpes de honor. La mayoría de los soldados murieron por garrotes de guerra, hachas y cuchillos. Algunos hombres de la Compañía I, incluido el comandante del ala derecha, el Capitán Keogh, se agruparon y murieron juntos. Otros perdieron la viva huyendo.

En el libro de Walther Chancey Camp, basado en las notas que Walter Camp recopiló en los primeros años 1900: “Custer in '76: Walter Camps Notes on the Custer Fight” (1976), se relata el final del Capitán Keogh: “Myles Keogh mandó regresar al pelotón que había enviado para cubrir la retirada de la C, y la L. Con la Compañía I, unida, los restos del batallón empezaron a moverse lentamente hacia Last Stand Hill. Pero Crazy Horse hizo unas cargas entre los soldados y eso aumentó la moral de sus compañeros. Crazy Horse condujo a sus guerreros en una aplastante carga contra la fuerza en retirada de Keogh. Los guerreros que venían persiguiendo a los restos de la C, y la L, se unieron a los guerreros de Crazy Horse en la carga contra los restos del ala derecha. Myles Keogh trató de reunir a sus soldados pero antes de que lo consiguiera, cayó herido. Una bala atravesó a su caballo “Comanche”, y le destrozó su pierna y rodilla izquierda. Gritando de dolor, el caballo tiró a su jinete y salió corriendo hacia el río. El valiente irlandés, lisiado y sin poder moverse, empuñó su revólver y murió disparando a los guerreros que lo mataron. Dos de sus suboficiales; el sargento primero Varden, y el sargento Bustard, trataron de protegerlo pero murieron en el intento. El trompeta John Patton cayó muerto encima de Keogh. También estaba cerca el cadáver del soldado John Wild. Casi toda la Compañía I, que unos momentos antes era una fuerza disciplinada de combate, yacía muerta alrededor de su comandante. El segundo al mando, el Teniente James E. Porter, nunca fue identificado. Pero en el campamento se encontró su chaqueta de piel de ante ensangrentada. Un agujero de bala en la espalda no dejaba dudas sobre su destino final. El sargento Bobo, que había escapado de la aniquilación de la C, encontró la muerte con Keogh”.

Algunos de estos soldados en retirada consiguieron llegar a Custer Hill, pero la mayoría fracasó en su intento. Sólo una docena de soldados completamente traumatizados llegaron a Custer Last Stand. Los fugitivos, no sabían en esos momentos que iban a correr la misma suerte que sus compañeros de Calhoun Hill.

Eran las 17.30 horas, y la mitad de los hombres de Custer ya habían caído. Los que quedaban estaban rodeados por un número incalculable de guerreros y en una posición prácticamente indefendible. Con apenas ochenta soldados, las Compañías E, y F, estaban ya completamente cercadas en Cemetery Ridge. Lo que quedaba del Batallón de Custer, estaba inmovilizado por un número infinitamente superior de enemigos. Quizás la proporción fuera de diez o quince guerreros indios por cada soldado. No había ninguna señal de Benteen.

Las dos Compañías, E, y F, intentaron llegar a la cima de la colina, lo que hoy se conoce como Custer Hill, o última posición de Custer. No era una gran posición, pero peor era la que tenían abajo. Cientos de guerreros se movían alrededor, entre los barrancos. Los guerreros intentaron provocar con sus mantas y gritos, la estampida de los caballos de los soldados. Muchos se asustaron y se escaparon. Los soldados se parapetaron detrás de los caballos muertos. Los guerreros desistieron de tomar la posición al asalto. La munición no faltaba a los soldados, y no era de momento motivo de preocupación. Muchos relatos indios hablan de que capturaron muchísimas cananas llenas de cartuchos.

El combate seguía siendo a distancia. Los guerreros escondidos y protegidos por los barrancos, lanzaban un fuego demoledor contra los soldados de la cumbre. Muchos de los guerreros indios estaban armados con rifles de repetición Henry, y Winchester. En muy pocos minutos los soldados que estaban en Custer Hill, se hallaban en su mayoría heridos.

La Compañía E, cargó hacia el barranco Deep Coulee para intentar desalojar a los indios que desde allí los hostigaban. El Teniente de la Compañía E, Algernon Smith no fue con ellos, quedó atrás muerto o herido. Cuando la Compañía E, cargó hacia Deep Ravine, la resistencia en Custer Hill prácticamente ya había terminado. La Compañía E, en su carga, se dirigió hacia un profundo barranco tratando de evitar a los francotiradores, que los enfilaban en campo abierto. La maniobra falló. Cientos de guerreros se lanzaron contra ellos en el barranco llamado Deep Ravine y les dieron muerte.

Los últimos supervivientes de Custer Hill, de quince a veinte soldados iniciaron una fuga desesperada a pie hacia Deep Ravine, siguiendo la dirección de la carga de la Compañía E, pero fueron rodeados y muertos. Sus cuerpos quedaron esparcidos por toda la colina en dirección hacia el barranco. Por eso se creyó que habían formado allí una línea de escaramuza, pero las nuevas evidencias arqueológicas de la batalla, no han encontrado rastro de resistencia en esa zona, ni casquillos ni balas enterradas en el suelo. Fue una simple huida para salvar la vida.

Custer; en los momentos finales, ya estaría muerto o muy mal herido. Fue encontrado boca arriba, encima de un soldado y un caballo. Tenía un disparo en la parte izquierda del pecho, otro en la sien izquierda y otra herida en el antebrazo derecho. A su lado yacía su hermano Tom, cubierto de flechas y horriblemente mutilado. El Ayudante de Custer; el Teniente Cooke también estaba allí. El guerrero cheyenne Wooden Leg, escalpó uno de los famosos mechones de su barba. Otros de los cuerpos que se encontraron al lado de Custer, eran el del jefe de trompetas, sargento Henry Voss y el sargento Hughes Farther, portador del guión personal de Custer.

¿Cómo y cuándo murió Custer? Hay numerosos relatos de cómo murió, y todos ellos lógicamente provienen de los que derrotaron al Séptimo de Caballería. Los indios en un principio, ni conocían a Custer, ni sabían que era el jefe de los soldados que habían matado. En los primeros tiempos después de la batalla, los indios estaban asustados y no soltaban prenda. Algunos declararon que era imposible saber quién lo había matado, porque no lo sabían y además con el humo y el polvo prácticamente no se veía nada. Pero una vez que se dieron cuenta que habían derrotado a "Long Hair", y que los blancos no buscaban venganza contra el guerrero que lo había matado. Los indios se liberaron de sus temores y comprendieron que los blancos con sus preguntas, sólo pretendían conocer quién había sido el matador y como había muerto Custer. A partir de ese momento se puso de moda entre los indios, atribuirse el mérito de su muerte.

Como ya he dicho antes, pienso que Custer fue herido en el vado. La herida del antebrazo fue hecha por un disparo del rifle del sioux White Cow Bull. Creo que esa herida lo dejó parcialmente incapacitado para luchar, pero que continuó dando las órdenes. Creo que hasta los últimos momentos siguió al mando. Lo creo por la forma en que fue encontrado su cuerpo rodeado por sus compañeros. En los momentos de pánico y desesperación. Cuando parece que todo está perdido, las personas tienden a apiñarse en torno de sus líderes naturales buscando su ayuda. ¿Si Custer estaba ya muerto, o gravemente incapacitado, qué sentido tenía acercarse a él? Otro motivo por el que me inclino a pensar que

Custer, no fue herido de muerte en el vado, es porque el Capitán George Yates hubiera tomado el mando, y probablemente se hubiera retirado, o por lo menos hubiera buscado una posición en la que atrincherarse, mientras esperaba la llegada de las fuerzas de Benteen.

Creo que el relato de White Cow Bull es cierto. Eso daría sentido al “impasse” de casi media hora en Cemetery Ridge. Algunos autores especulan, con que el cirujano fue allí donde atendió a Custer. Fuera muerto o herido en el vado, o arriba en su última posición, ese será uno de los misterios más grandes de Little Big Horn. Ese misterio perdurará por los siglos de los siglos. Y también esa incógnita, hace que esa batalla sea tan asombrosamente especial después de casi ciento cincuenta años.

Es imposible determinar hoy exactamente quién mató a Custer, pero la mayoría de indios sioux que estuvieron allí dan un nombre: White Bull (más adelante volveré con el relato en primera persona de White Bull).

En Custer Hill, también estaban los cadáveres del Capitán Yates y el segundo Teniente Reily, oficiales los dos de la Compañía F. Unos veinte soldados de la Compañía F, también encontraron la muerte allí. El Teniente Algernon Smith, fue el único hombre de la Compañía E, encontrado en Custer Hill. Cuando su Compañía cargó hacia Deep Ravine, o estaba muerto o estaba gravemente herido. En total había cuarenta y dos cuerpos en la colina y treinta y nueve caballos muertos. Eran las 18.00 horas, y los doscientos diez soldados del Batallón de Custer estaban muertos.
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

fco_mig escribió:
03 Abr 2021 09:32
Marcus Reno, que para algunos se convertiría en "El cobarde de Little Big Horn"
Imagen

Foto de Thomas B. Weir, acompañado de su hija.
Imagen
No es que tenga gran importancia pero Thomas Weir era soltero. La niña de la foto es Nina Tilford, hija del Mayor Joseph Tilford del 7.º de Caballería. Tilford no participó en la campaña de 1876, estaba en excedencia. Nina se casó con un militar y murió en 1960. Está enterrada en Arlington
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Custer Last Stand

Un poco antes del colapso masivo del ala derecha, entre las 16.40 y las 16.50 horas, el Teniente Algernon Smith formó a su Compañía E, en dos líneas de escaramuza, unos rodilla en tierra y otros de pie. Su trabajo consistía en parar a los indios que subían del río. Pero unos guerreros consiguieron infiltrarse por un barranco que había a su espalda. Cuando quisieron reaccionar ya había muchos guerreros casi a punto de rodearlos. Smith se dio cuenta de que era el momento de subir hacia Cemetery Ridge. El fuego que estaban recibiendo mató a muchos caballos. Dio la orden de retirada, pero conducir el caballo con una mano, y con la otra recargar la carabina era muy difícil. Con más ganas de montar en los caballos para huir, que de disparar para defenderse, el fuego decreció mucho. Eso lo aprovecharon los indios, era la misma situación que en la desbandada de Reno. Los más osados se acercaron a los soldados y contaron golpes de honor, como el que contó Yellow Nose. La historia la relató el oglala White Cow Bull: “Un guerrero llamado Yellow Nose, un indio ute que de niño había sido capturado por los cheyennes, después de perseguir a los soldados que huían del vado, hizo una carga ante ellos. Regresó a un lugar seguro pero había visto una pequeña bandera que un soldado había clavado en el suelo. Cargamos de nuevo contra los soldados, como hacíamos tanto ruido, los caballos de los soldados estaban muy nerviosos y terminaron huyendo en todas direcciones. Los soldados intentaron sujetar los caballos mientras disparaban. Justo en ese momento, Yellow Nose, cargó de nuevo entre los soldados, y cogió la bandera que los soldados habían clavado en el suelo. Con el extremo afilado de la bandera golpeó a un soldado y contó un golpe. Demostró así más valentía que si hubiera matado al soldado”. La escena aparece narrada en el libro compilado y editado por Richard Hardoff: “Cheyenne Memories of the Custer Fight” (1998).

Whithe Cow Bull le contó a David Humphreys Miller, en “Echoes Of The Little Bighorn” (1935): “Me escondí en el barranco y empecé a disparar contra los soldados. Yo era un buen tirador y tenía un rifle de repetición. Disparé a los dos grupos de soldados, primero a un lado y luego al otro. Era muy difícil ver a través del humo y el polvo, pero vi caer a cinco soldados cuando les disparé”.

Eran entre las 16.50 y las 17.00 horas, desde su posición elevada en Cemetery Ridge, Custer podía ver con claridad como la Compañía E, estaba siendo superada por los guerreros indios. Custer quería unir las dos alas mientras esperaba la llegada de Benteen. Custer hizo dos movimientos rápidos, mandó un destacamento de la F, colina abajo para ayudar al Teniente Smith que estaba rodeado. Un poco más tarde mandó al resto de la Compañía F, con el Capitán Yates al frente, cargar para rescatar a la Compañía E, la famosa Compañía de los caballos grises (casi blancos, como los llamaron los indios). En esta carga según los relatos indios, murió el sargento mayor William H. Sharrow. Los relatos lo identifican porque llevaba el guión personal del General Custer. Wooden Leg siguió relatando en: “A Warrior Who Fought Custer” de Thomas Bailey Marquis (1931). “Después de una lucha más tranquila, unos cuarenta soldados cargaron en dirección hasta el río. Los muchos sioux y cheyennes que estaban allí, se dieron la vuelta y se refugiaron en los barrancos”.

La carga de Yates fue un éxito, según contó Wooden Leg. El Estado Mayor de Custer, bajó un poco a una posición más fácil de defender. Custer mandó formar a la Compañía F, en una línea de escaramuza un poco más por debajo, de donde ahora está el monumento conmemorativo de la batalla.

Entre las 17.00 y las 17.10 horas, a pesar de que la carga de Yates había alejado a los guerreros que presionaban a los soldados de la E, todavía estaban atrapados entre Cementery Ridge y el Deep Ravine. Wooden Leg relató en; “A Warrior Who Fought Custer” de Thomas Bailey Marquis (1931): “Viendo que los soldados habían hecho huir a los indios, el jefe cheyenne Lame White Man, llamó a los guerreros y les dijo: “Volver, tenemos que luchar. Luego gritó; ¡los podemos matar a todos!” En ese mismo momento se prepararon para cargar los “guerreros suicidas”. Eran hombres jóvenes, en su mayoría solteros que se habían conjurado para morir antes que ceder ante los soldados. Los suicidas cargaron contra los soldados de la Compañía E, que ya habían soportado la embestida de Lame White Man.

Fue una lucha desesperada cuerpo a cuerpo. Una repetición de la misma lucha de la Compañía C. Los soldados usando sus carabinas y revólveres descargados como mazas. La abismal superioridad numérica de los indios, hizo huir a los sobrevivientes. Con la E, derrotada y huyendo, el segundo Teniente William Van Wyck Reily de la Compañía F, se abrió camino hacia el norte pero fue interceptado por Yellow Nose. John Stands-In-Timber explicó así la escena en: “Cheyenne Memories: Yellow Nose Tells of Custer’s Last Stand” (1967): “Reily gritó a sus soldados y se acercó a ellos. Descubrió que no le oían. Yellow Nose lo vio, los soldados de la Compañía E, habían caído como grano bajo la hoz. Yellow Nose iba armado con un viejo sable e intento sablear a Reily. El poni del indio era medio salvaje. Reily le disparó a quemarropa y falló. Yellow Nose cargó de nuevo y Reily volvió a fallar el tiro. Yellow Nose cargó de nuevo, esta vez ya sin peligro porque Reily estaba sin municiones. Yellow Nose le golpeó con el sable detrás de la cabeza y cayó al suelo muerto”.

Sólo hubo tres supervivientes de la Compañía E, uno de ellos el Teniente Smith. Consiguieron refugiarse en la línea de escaramuza de la Compañía F, en la parte baja de lo que hoy es conocido, como Last Stand Hill. Del primer pelotón de la Compañía F, que mandó Custer para ayudar a la E, sólo cinco soldados llegaron con Smith a la línea de escaramuza.

En ese momento, Custer ya debería ver la situación muy complicada. Seguramente pensaba que Benteen le había abandonado. Probablemente podría haber ordenado una retirada. Custer era muy orgulloso, no querría que esa vergüenza le acompañara el resto de su vida.

Por medio del sargento Voss, ordenó al Capitán Yates que mataran a los caballos para formar un parapeto. Custer se mantenía un poco por encima de la línea de escaramuza. No podía ver el combate que mantenía el ala derecha, por el cerro que había en medio, pero oía los disparos, y creía que Keogh estaba conteniendo a los indios. Esperaba que Keogh pudiera unirse a él de un momento a otro.

Entre las 17.10 y 17.20 horas, a Custer se le acumulaban los problemas. La Compañía E, que se mantenía por delante, estaba prácticamente derrotada. Los guerreros continuaban infiltrándose por los barrancos, y aprovechaban cualquier accidente natural para protegerse y esconderse. Rodearon a Custer, unos subían del río hacia la colina, y los otros, dirigidos por Crazy Horse, estaban por encima de Custer Hill, y se preparaban para atacar. Los guerreros se sabían vencedores.

Las esperanzas de Custer de unir sus fuerzas con las de Keogh, desaparecieron cuando vio llegar a los cinco soldados supervivientes de la Compañía C. Ellos le confirmaron que el ala derecha había sido masacrada. El Capitán Yates estaba con la Compañía F, y unos metros detrás, Custer y su Estado Mayor. Todavía estaban junto a él; su hermano Tom, su Ayudante el Teniente William Cooke, los sargentos, Robert Hughes, John Vickory y el jefe de trompetas Henry Voss. Además estaba su hermano Boston y su sobrino Autie Reed. El explorador Mitch Boyer y los cinco soldados supervivientes de la Compañía C.

Por debajo de él, la Compañía F, de Yates parapetada detrás de los caballos muertos estaba recibiendo una gran lluvia de flechas. Según relató el guerrero Runs The Enemy en el libro de Dr. Joseph K. Dixon: “The Vanishing Race” (1913): “Corrí alrededor de las colinas, y vi a cientos y cientos de indios escondidos en los barrancos. Tenían allí a los caballos protegidos y disparaban a los soldados desde todas las posiciones”. El jefe sioux Gall por su parte contó en la obra de David F. Barry: “Indian Notes on The Custer Battle” (1949): “Los soldados de la línea se estaban defendiendo bien. Disparaban y cargaban pero no podían acertar a los guerreros escondidos en los barrancos. El humo era muy negro y casi no se veía”.

Entre las 17.20 y 17.30 horas, ya no había caballos vivos en Custer Hill. En esos últimos instantes, habría docenas y docenas de guerreros por cada soldado que quedaba vivo. Los indios se iban a cercando cada vez más a los últimos defensores. Los más valientes intentando tocar a un soldado vivo para contar un golpe. Muchos guerreros cargaron contra los soldados para matarlos con hachas o mazas de guerra. No todos lo consiguieron, más de uno murió en ese intento. Wooden Leg: “Wooden Leg: A Warrior Who Fought Custer” de Thomas Bailey Marquis (1931), describió como un guerrero sioux que estaba a su lado incorporándose, y disparando con su rifle, recibió un disparo en plena frente y murió.

Los guerreros esperaron a que disminuyera el fuego de los soldados para lanzarse a la carga final y definitiva. Cuando hubo unos instantes sin disparos, los guerreros pensaron que todos los defensores o estaban muertos, o gravemente incapacitados y cargaron hacía arriba. Pero la Compañía F, todavía estaba en situación de combatir. Se descargaron las armas y el combate prosiguió cuerpo a cuerpo. La línea de la Compañía F, fue sobrepasada y todos los defensores muertos. Los pocos supervivientes se unieron al grupo de Custer. Los guerreros se pararon a recoger las armas y municiones de los soldados muertos, y continuaron hacia la cima de la colina. Allí los que todavía conservaban la vida, no pudieron hacer nada para mantenerlos a raya. Crazy Horse vio la oportunidad y cargó con sus guerreros entre los restos de la Compañía F, y el grupo donde se encontraba Custer.

En esta carga de Crazy Horse, es dónde cuenta Gordon Harper que Custer murió; “The Fights on the Little Horn: Unveiling the Mysteries of Custer’s Last Stand” (2014): “El resultado de la carga de Crazy Horse fue devastador para el puñado de sobrevivientes. El General George Armstrong Custer recibió una herida grave en el pecho. Cooke; Vickory y Voss estaban muertos o agonizando. Sólo quedaban en pie Tom Custer, Boston Custer; Autie Reed, Mitch Boyer, el sargento Hughes y quizás alguno de los fugados de la Compañía C.

Tom Custer, viendo la posibilidad de que su hermano fuera capturado todavía con vida, le disparó en la cabeza con un Colt de pequeño calibre. Tom Custer, dos veces condecorado con la Medalla de Honor en la Guerra Civil, era un luchador feroz. Se llevó por delante a varios guerreros antes de caer. Por ese motivo su cuerpo fue tan salvajemente mutilado. Los guerreros no querían encontrárselo en la otra vida y tener que volver a luchar contra él”
.

Algunos de los defensores que estuvieron en la cima de la colina trataron de huir hacia el río. Intentaron llegar al barranco Deep Ravine donde podrían refugiarse. Boston Custer y su sobrino Autie Reed, fueron encontrados muertos cerca de la loma. Cerca de ellos cayó el soldado Weston Harrington de la Compañía L. Cerca de Deep Ravine se encontraron los cuerpos del explorador Mitch Boyer y del sargento Robert H. Hugdes. El soldado de la F, Timothy Donnelly también llegó lejos. Esta línea de cadáveres, hizo pensar a muchos historiadores que allí se había establecido una línea de escaramuza. Pero con las modernas técnicas forenses actuales, se ha podido comprobar que no hubo lucha. No hay ninguna evidencia de combate por la falta de casquillos. El dilema que siempre quedará sobre estos últimos hombres en caer, es sí corrían por sus vidas, o por el contrario iban en busca de refuerzos. Parece que era muy tarde para buscar ayuda. Eran ya las 17.30 horas y no quedaba nadie vivo del Batallón de Custer.

El relato final hecho por Gordon Harper, de la muerte de Custer, parece muy hollywoodiense, pero está extraído según él, de fuentes primarias. Harper, durante muchos años vivió al lado del campo de batalla y lo recorrió y midió muchas veces. Según escribió, conoció y habló con muchos guerreros que participaron en la batalla.

Hay otras versiones de la muerte de Custer. Una se cuenta en el libro del Coronel W. A. Graham: “The Story of the Little Big Horn: Custer's Last Fight” (1926). Waterman, uno de los cinco guerreros arapahoes que combatió en el Little Big Horn, relató: “Llevaba ropas de trampero, y cuando lo vi estaba caído, sosteniéndose de manos y pies en el suelo. Había sido herido en un costado y le salía sangre por la boca. Parecía observar curiosamente a los indios que le rodeaban. Cuatro soldados más estaban cerca de él, pero todos estaban heridos de gravedad; los demás componentes de la fuerza ya habían muerto. Entonces los indios le rodearon y ya no pude ver más”.

Esta versión puede ser cierta, pero los indios no sabían quién era Custer. Y Custer, según contó Giovanni Martini no llevaba puesta la chaqueta, la llevaba atada en la silla de montar. Pero también puede ser posible que se la pusiera antes de entrar en combate. Se la pudo poner para protegerse del polvo cuando cabalgó por los barrancos secos camino del vado. En todo caso, sólo Martini dijo que no la llevaba puesta.

Otra de las versiones conocidas la dio Sitting Bull un año después de la batalla. Cuando estaba fugado en Canadá concedió una entrevista que apareció publicada en el “New York Herald”, el 16 de noviembre de 1867: “Algunos indios lo reconocieron un poco antes de que muriera. No llevaba el pelo largo, su color era el de la hierba cuando se hiela. En los últimos momentos de la lucha, Long Hair Custer permanecía aún de pie, como una mazorca de maíz que ha perdido ya todas las hojas a su alrededor. Disparó a un indio, lo mató, y se rio mientras caía muerto”. Esta versión de Sitting Bull, suena como muy dulce, y como dicha para complacer a los blancos. Habla de una muerte valiente y gallarda. Era una buena política para no enfadar a nadie. Pero parece que hay mucha ficción en esa escena.

Hay muchos relatos indios de los instantes finales en Custer Hill. El guerrero sioux, Lone Bear le contó a David Humphreys Miller, en “Echoes Of The Little Bighorn” (1935): “En el frenesí final de la lucha, muchos guerreros se nos unieron. Cruzaron chapoteando desde el campamento por el vado, y corrieron por la colina para llegar al centro de la lucha. Había mucho polvo y humo. Balas y flechas silbando por todas partes. Cuando sonaba el clarín los disparos eran más intensos. Los soldados disparaban sus pistolas a corta distancia. Nuestros cuchillos y garrotes de guerra brillaban al sol. Podía escuchar las balas pasar zumbando junto a mis oídos, pero yo gritaba: ¡Es un buen día para morir! Para que todos los que me escuchaban supieran que yo no tenía miedo a morir en la batalla”.

El arapahoe Waterman, comentó al Coronel Graham, “The Story of the Little Big Horn: Custer's Last Fight” (1926): “Los soldados estaban completamente rodeados y el campo estaba lleno de indios. Había miles de ellos. Algunos soldados intentaron escapar hacia el río pero murieron todos”.

A la pregunta de Walter Camp: “¿Cuándo los soldados estuvieron en su última posición, todos lucharon hasta el final, o algunos intentaron escapar?”. Lone Bear, contestó a Camp: “Hubo algunos que trataron de escapar”. “Custer in '76: Walter Camps Notes on the Custer Fight” (1976).

En: “Lakota Recollections of the Custer Fight” (1997), de Richard Hardorff, el guerrero sioux Respects Nothing contó: “En cualquier caso, todos estaban ya muertos en Custer Hill. Hubo unos pocos que pasaron por una brecha en la línea india. Corrieron hacia el río tratando de escapar. Iban a pie. Los indios los siguieron y los mataron con mazas de guerra y con lanzas. Un indio tropezó y cayó al barranco entre los soldados. Los soldados lo mataron”.

Estas dos declaraciones de Respects Nothing y Lone Bear, corroboran muchos de los otros relatos que cuentan que los últimos defensores de Custer Hill, corrieron hacia el río. Casi todos los comentarios de guerreros presentes en el último momento, coinciden en señalar que un puñado de soldados intentó escapar hacia el río Little Big Horn, y que estos fueron los últimos hombres que perdieron la vida en la batalla.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

George Horn escribió:
03 Abr 2021 18:18

No es que tenga gran importancia pero Thomas Weir era soltero. La niña de la foto es Nina Tilford, hija del Mayor Joseph Tilford del 7.º de Caballería. Tilford no participó en la campaña de 1876, estaba en excedencia. Nina se casó con un militar y murió en 1960. Está enterrada en Arlington
Gracias por el dato. Entonces, la fuente que encontré está equivocada. Hay varias imágenes del hombre en la red. Esta es la única que lo representa acompañado. Y la elegí por humanizarlo. En fin "Errare humanum est".
Ya he corregido el error. He hallado una imagen que incluso menciona los nombres.
A decir verdad, en esta lucha de cada instante, donde el resultado más corriente es que se petrifique todo lo que hay de más espontáneo y valioso en el mundo, no estoy seguro de que podamos ganar.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

Y aquí tenemos a Toro Sentado (Sitting Bull):
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

Y creo que este es el Oso Solitario (Lone Bear) al que se refiere el artículo.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Final de Custer

Los cuerpos de la mayoría de los soldados fueron mutilados por los guerreros y las mujeres que les siguieron. Siempre se dijo que el cuerpo de Custer no fue mutilado, que sólo le cortaron un dedo y le taladraron los tímpanos. Pero no es cierto, se mantuvo esa mentira para no añadir más dolor a su esposa. Custer tenía los muslos cortados hasta el hueso y una flecha clavada en el pene. Los guerreros indios posteriormente declararon que no sabían quién era Custer. El cadáver de Tom Custer, estaba tan horriblemente mutilado que sólo pudo ser reconocido por un tatuaje que tenía en el brazo de la Estatua de la Libertad.

El cadáver de Custer, según diferentes versiones de testigos oculares, tenía según unos un disparo en el pecho izquierdo cerca del corazón. Según otros, tenía un disparo en el costado izquierdo que le atravesaba el cuerpo, y salía por el lado derecho. También tenía un tiro en el antebrazo derecho. Tenía también un orificio de entrada y salida entre las orejas y los ojos, en las sienes. No había quemadura en la piel, por lo tanto no fue hecho a quemarropa, no parecía un tiro de gracia.

El disparo del costado o pecho, según los oficiales y soldados que lo vieron, no era de un arma de gran calibre. Llegaron a la conclusión de que fue hecho por un rifle de repetición calibre 44, un Henry o un Winchester (el arma de White Cow Bull era un rifle de repetición). El disparo que le atravesaba la cabeza de sien a sien, estaba hecho con un arma de pequeño calibre. Gordon Harper; afirma que el disparo en la cabeza de Custer, fue hecho por su hermano Tom en los momentos finales de la lucha. Tom Custer, tuvo claro que no había salvación posible, y después de ver agonizar a su hermano, quiso asegurarse de que los indios no lo cogieran con vida, y así, con ese disparo le evitó una muerte más cruel.

El Teniente Bradley mandó una carta al editor del “Helena Herald” que se publicó el 25 de junio. En ella explicaba que Custer no sufrió mutilaciones. Se cree que esta carta se envió para dar consuelo a las viudas y amigos de los fallecidos. Habían corrido rumores de terribles mutilaciones en los cadáveres: “Fui enviado para guiar al campo de batalla al Coronel Benteen del Séptimo de Caballería. Fui testigo del reconocimiento de los restos de Custer. Otros dos oficiales de ese Regimiento también estaban presentes, y no podían estar equivocados. El cuerpo identificado estaba totalmente intacto. Incluso las heridas que causaron su muerte eran apenas perceptibles (aunque el cuerpo estaba completamente desnudo), tanto que cuando luego pregunté a los caballeros a quienes había acompañado, si habían observado sus heridas, se vieron obligados a decir que no.

Probablemente nunca un héroe que ha caído en el campo de batalla, parezca que ha muerto de muerte natural. Su expresión era más bien la de un hombre que se ha quedado dormido, y que disfruta de la paz de sus sueños. Y no la de uno que ha encontrado la muerte, en medio de escenas tan espantosas como en ese campo había presenciado. En su rostro no había horror, o impresión de miedo o desesperación. Murió como vivió, y provocó la emoción en los comentarios de aquellos que lo habían conocido. Uno casi se lo podía imaginar de pie ante ti. Así estaba Custer en el momento de su entierro el día 28 de junio, tres días después del combate en el que había caído. Espero que esta confesión deshará las horribles historias de mutilación y profanación de sus restos”
.

Un personaje muy interesante por su dedicación al estudio de la batalla es, David Humphreys Miller (8 de junio de 1918 – 21 de agosto de 1992). Miller era originario de Ohio. Nació en una familia de artistas y pasó su infancia dibujando y pintando. Con dieciséis años viajó a la reserva sioux de Pine Ridge, en Dakota del Sur.

En su obra “Custer's fall: The Indian side of the story” (1957), Miller escribe: “La histórica batalla de Little Big Horn, había ocurrido cincuenta y nueve años antes, así que pensé que todavía debía haber muchos veteranos indios de la batalla vivos. Pensé que podrían contarme su versión de los hechos. Para explorar el pasado, me parecía vital encontrar a esos supervivientes que realmente estuvieron en la batalla.

Pronto descubrí, que ninguno de esos indios mayores que deseaba retratar y entrevistar, hablaba inglés. Se me hizo evidente que la barrera del idioma, y la necesidad constante de un intérprete, serían un obstáculo para obtener declaraciones completas.

Aprendí el lenguaje de signos que usaban todos los indios de las llanuras. Estudié concienzudamente la lengua sioux, y más tarde, cheyenne, arapaho, crow, blackfoot y kiowa, cuando entré en contacto con esas tribus.

Superar el obstáculo lingüístico, abrió la mente y los recuerdos de los viejos guerreros. Las tribus que habían luchado contra el Ejército, y finalmente habían sido derrotadas, fueron maltratadas. En los años treinta, muchos de esos antiguos “hostiles” pasaban hambre. Hice todo lo que pude para ayudarlos, compartí sus privaciones y poco a poco me gané su confianza. Fui adoptado formalmente por cinco tribus de las llanuras. Muchas familias indias me hicieron su “pariente”.

En total, entreviste a setenta y un veteranos. De setenta, ochenta y noventa años de edad. Cincuenta y cuatro sioux; dieciséis cheyennes, y un arapaho. Los interrogué en sus propios idiomas. Y con muy pocas excepciones, descubrí que ninguno de ellos había contado su historia a un hombre blanco, ni había pintado sus acciones en la batalla.

Mi propósito era poner a prueba sus recuerdos. Siempre que me fue posible, organicé conferencias conjuntas con varios supervivientes, a menudo entre ellos, se recordaban acciones que hicieron aquel día. Acciones que de otro modo podrían haberse pasado por alto. Sin embargo, en su cultura, se consideraba de muy mala educación, que alguien hablara de algo que no hubiera visto, o que no hubiera hecho personalmente.

Al mismo tiempo, su complicado sistema de conceptos para ganar honores de guerra, y contar los golpes, requería testigos confiables. A veces, eran necesarias dos o tres entrevistas, para cotejar ciertos puntos con la versión de los soldados blancos en los anales militares. Pero dado que Little Big Horn, fue la batalla más grande en la que estuvieron, no me sorprendió encontrar sus recuerdos honestos y lúcidos. Ningún hombre blanco sobrevivió al último combate de Custer, y sólo estos guerreros que lucharon contra él, podían describir esos acontecimientos culminantes


El asunto del indio que mató a Custer, ha preocupado a generaciones de historiadores. White Bull, un guerrero sioux, estaba firmemente convencido de que él había matado a Long Hair. Porque indudablemente, había matado a un líder de los soldados que vestía una chaqueta de ante. Pero White Bull puede no haber sabido, que los hermanos del General Custer, Tom y Boston, presentes en la escena final también usaban chaquetas de piel de ante. O que los oficiales Yates, Cooke, Smith, Porter, Calhoun y posiblemente Keogh también las usaban (como se describe en un informe especial fechado el 16 de enero de 1896, por el General, entonces Teniente, E. S. Godfrey). El líder que White Bull mató, podría haber sido cualquiera de esos hombres. Ningún guerrero sabía que Long Hair estaba en el campo. Hasta después de la pelea, Custer no fue reconocido.

Conocí a White Bull a mediados de la década de los treinta. Era un anciano canoso. Como no hablaba inglés, todas nuestras conferencias se llevaron a cabo en sioux y en lenguaje de señas. Mi encuentro más memorable con él, tuvo lugar en 1939 en su casa de troncos en el asentamiento indio de Cherry Creek, en la reserva india del río Cheyenne en Dakota del Sur.

Era un anciano de complexión fuerte, que incluso en su ocaso, transmitía una impresión de gran fuerza física y resistencia. Su cabello, recogido en mechones en las orejas, era casi blanco. Su prominente nariz se torcía ligeramente hacia la izquierda como si estuviera rota. Su rasgo más llamativo, sin embargo, era su expresión intensa, casi animal, de feroz orgullo, y sus ojos, aunque mostraban señales de un azul lechoso en las pupilas (como suele ocurrir entre los indios de edad avanzada), estaban alerta y eran penetrantes. Tenía la inquietante costumbre de reír. Reía incluso cuando relataba los detalles más sangrientos de su sanguinaria carrera: “Soy el único que queda de la tribu Miniconjou. Mi padre era Makes-ltoom. Mi madre era Good Leather Woman, hermana de Sitting Bull, por lo que él, era mi tío”.

En el Little Big Horn, White Bull, armado con un Winchester de diecisiete balas, luchó primero contra Reno y luego fue a unirse a la batalla contra Custer: “Pequeños grupos de lakotas y cheyennes, cabalgaban hacia el barranco. Cabalgué hasta donde dos lakotas y dos cheyennes estaban parados montados en sus caballos, esperando para cargar contra los soldados. Les grité: "¡Solo el cielo y la tierra son eternos!" Los pasé por el barranco. Se animaron y me siguieron. Estábamos detrás de los soldados cuando subimos a la cresta, y comenzamos a dispararles. Algunos de aquellos soldados se bajaron de sus caballos, y se escondieron detrás de ellos para dispararnos. Los lakotas cabalgaban por todas partes disparando a los soldados. Rodeé la cresta, y esquivé las balas hasta que me encontré con el grupo de guerreros de Crazy Horse. Era un jefe de los oglala, un valiente luchador. Vestía pieles sencillas y llevaba el pelo suelto, sin cincha. Tenía manchas blancas pintadas aquí y allá en la cara, para protegerse en la batalla, y se decía que era a prueba de balas.

Los soldados se dividieron en dos formaciones. Galopé con mi pony entre los dos grupos, y me mantuve sobre su cuello hasta que rodeé uno de los grupos. Volví haciendo un círculo hacia Crazy Horse. Le grité: “¡Hoka hey, hermano! ¡Esta vida no durará para siempre! Volví a rodear a los soldados una vez más. Esta vez Crazy Horse y los demás me siguieron. Algunos de los soldados corrieron como conejos asustados, y nosotros cabalgamos tras ellos. Un soldado montaba un caballo negro. Un Lakota a pie le disparó, y cayó del caballo. Corrí para golpearlo con mi fusta. Uno de los soldados tocó una corneta. Los demás montaron en sus caballos. Reté a Crazy Horse a encabezar una carga contra ellos. Él se negó, así que salí solo y me encontré detrás de un soldado en un caballo bayo. Lo agarré por su chaqueta y lo derribé de la silla. Me disparó pero falló el tiro; cayó gritando al suelo. Derribé a dos soldados más y los azoté con mi fusta. Crazy Horse golpeó a estos dos hombres después de mí.

Los soldados que aún estaban vivos, se bajaron de los caballos y se tumbaron para disparar. Cargué a través de ellos dos veces. Estaban disparando al aire y actuaban como si estuvieran borrachos. Un valiente lakota se acercó y ahuyentó sus caballos. Pronto; caballos bayos, alazanes y grises corrieron por todas partes. Muchos lakotas dejaron de disparar, y empezaron a perseguir esos caballos sueltos. Cogí un caballo alazán. Justo después de eso, mi pony cayó muerto con balas en la cabeza y las costillas. Entonces tuve que pelear a pie. Un soldado me disparó con su rifle y luego me lo tiró a la cabeza. Se puso a luchar conmigo. Me costó mucho que no me quitara mi rifle. Comenzó a golpearme en la cara. Luego agarró mi largo cabello con sus manos, y trató de morderme la nariz. Dos lakotas llegaron corriendo, y golpearon a este soldado con sus garrotes de guerra. Me soltó. Lo derribé con la culata de mi rifle. Era un hombre valiente y dio buena pelea, excepto que trató de morderme la nariz.

No quedaban muchos soldados con vida en ese momento. Los rodeamos y seguimos disparándoles. Actuaban como borrachos. Dispararon salvajemente, sin conseguir herirnos a ninguno de nosotros. El Ejército estaba loco por haber enviado un grupo tan pequeño de soldados contra nosotros, de todos modos, nunca podrían habernos vencido en esa pelea. Un soldado que aún vivía hacia el final del combate, vestía una chaqueta de piel de ante con flecos. Pensé que este hombre era el líder de los soldados, porque se había adelantado a todos los demás, a medida que avanzaban por la loma. Me vio, y me disparó dos veces con su revólver, fallando en ambas ocasiones. Levanté mi rifle y le disparé; cayó. Luego vi a otro soldado gatear hacia él. El líder estaba muerto.

A media tarde todos los soldados estaban muertos. La pelea duró poco tiempo. Todos estábamos locos. Habíamos matado a muchos soldados. Nos habían atacado y tenían la intención de acabar con nosotros. Luchábamos por nuestras vidas y nuestra patria. Se elevaron los gritos de victoria. Nuestras mujeres atravesaron el bosque junto al río, y comenzaron a desnudar a los soldados muertos.

Mi primo Bad Soup, estaba desnudando al soldado que yo creía que era el líder, y le quitó la chaqueta de piel de ante. Buscó en los bolsillos de la chaqueta y sacó unos papeles con dibujos [mapas]. En uno de los bolsillos encontró rizos de largo cabello amarillo. “¡Oye! Me gritó Bad Soup. Este hombre era Long Hair Custer. Pensó que era el hombre más grande de la tierra, pero ahora yace aquí muerto. ¡Y se cortó el pelo para que no le cortaran el cuero cabelludo! Él era el líder que había intentado matarme. Pero yo lo había matado.

El anciano en ese momento, pareció aliviado y vagamente preocupado. Después de un momento dijo: “Nunca antes le había dicho esto a nadie. Tenía miedo de que los hombres blancos me colgaran o me encerraran durante mucho tiempo, si supieran que yo había matado a Long Hair. Hecetuyelo. Que así sea. ”

En la pelea de Custer, White Bull contó siete golpes, mató a dos soldados en combate cuerpo a cuerpo, capturó dos carabinas, y doce caballos. Antes de salir del campo de batalla, cogió dos pares de pantalones de los soldados muertos, que luego entregó a su padre. En total, fue un récord envidiable de coraje imprudente, probablemente no superado por ningún otro guerrero sioux o cheyenne en Little Big Horn”.


White Bull, también contó una historia muy parecida de su pelea con Custer, a Stanley Vestal (Stanley Vestal es el seudónimo de Walter Camp). En la versión que cuenta a Miller; Custer parece que es el oficial que le dispara dos veces con el revólver y falla. White Bull le dispara con su rifle y lo mata. Antes de eso, cuenta la salvaje pelea con otro oficial que a punto está de matarlo a él. En la versión que cuenta a Stanley Vestal, parece que Custer es el oficial con el que se agarra en un combate cuerpo a cuerpo (muchos autores identifican al oficial que peleó salvajemente con White Bull, como Tom Custer). La historia a Stanley Vestal, se la contó White Bull en 1932. La de Miller es posterior, en 1939. Curiosamente, White Bull le dice a David Humphreys Miller, que nunca había contado la historia a un blanco por miedo a las represalias. Pero está claro que sí había hablado, por lo menos con Stanley Vestal en 1932.

Stanley Vestal; escribe en “Warpath: The True Story of the Fighting Sioux Told in a Biography of Chief White Bull" (1934): "Yo cargo contra un soldado alto y fuerte, que tiene pelo amarillo y bigote. Me vio llegar, y trató de engañarme apuntándome con su rifle. Pero cuando lo encimé, me arrojó su rifle sin disparar. Lo esquivé. Nos agarramos el uno al otro, y luchamos allí en el polvo y el humo. Era como pelear en la niebla. Este soldado era muy fuerte y valiente. Trató de quitarme el rifle. Lo golpeé en la cara con mi fusta. Se soltó, y luego agarró mi arma con ambas manos hasta que yo lo golpeé de nuevo. Pero el soldado alto luchó duro. Estaba desesperado. Me golpeó con los puños en la mandíbula y los hombros, luego agarró mis trenzas con ambas manos, me acercó la cara y trató de morderme la nariz. Grité pidiendo ayuda: ¡Oírme, oírme, venir y ayudadme! Pensé que ese soldado me mataría. Dos guerreros lakotas, Bear Lice y Crow Boy, me oyeron gritar y vinieron corriendo. Estos amigos intentaron golpear al soldado. Pero estábamos dando vueltas, de un lado a otro. La mayoría de los golpes del soldado me acertaban. Me mareé. Grité tan fuerte como pude para asustar a mi enemigo, pero él no me soltó. Finalmente me liberé. Sacó su pistola. Se la arranqué de la mano y le golpeé con ella, tres o cuatro veces en la cabeza, luego con su pistola le disparé en la cabeza y le disparé en el corazón. Cogí su pistola y su cinturón de cartuchos. Hawk-Stays-Up contó el segundo golpe en su cuerpo.

Fue una pelea dura. Pero fue una batalla gloriosa, la disfruté. Estaba recogiendo plumas en la cabeza a la derecha y a la izquierda ese día.

Luego, cuando estaba entre el río y los soldados de la colina, algo me golpeó y caí. Mi pierna estaba adormecida, vi que mi tobillo estaba hinchado. La piel no estaba rasgada, sólo magullada. Debí haber sido alcanzado por una bala gastada (perdida y sin fuerza). Me arrastré a una zanja, y me quejé allí hasta que mataron a todos los soldados. En el momento en que dejé de luchar, sólo diez soldados estaban de pie. Ellos fueron los últimos vivos.

Los soldados parecían cansados, pero lucharon hasta el final. Quedaban pocos cartuchos en los cinturones que quité a los soldados. Esperé donde estaba, hasta que mi amigo With Horns vino y me encontró. Me puso en su caballo y me llevó de vuelta al otro lado del río. Después de descansar, comer y vendarme la herida del tobillo, monté un caballo y vadeé el río para volver al campo de batalla, para ver a los muertos. La mayoría de los cuerpos estaban desnudos. No vi a nadie mutilando a los muertos.

En la cima de la colina, me encontré con mi primo Bad Soup. Él había vivido cerca de Fort Abraham Lincoln, y conocía a Long Hair a simple vista. Llegamos junto al soldado alto, estaba desnudo, acostado boca arriba. Bad Soup lo señaló y dijo: “Long Hair pensó que era el hombre más grande del mundo. Ahora yace aquí muerto”. Bueno, le dije; “si ese es Long Hair, yo soy el hombre que lo ha matado”. Nadie le arrancó el cuero cabelludo, porque su cabello era corto.”


Stanley Vestal continúa: “Por supuesto, Bad Soup no era el único indio que conocía a Custer, otros muchos pudieron haber reconocido su cuerpo. En cualquier caso, nunca he conocido a un veterano sioux, que participara en esa pelea, que no supiera que White Bull mató a Custer. White Bull me declaró: "Dicen que maté a Long Hair, yo no lo conocía antes de la batalla. No creo que mi primo, Bad Soup, me hubiera mentido”.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Resumen final del colapso del Batallón de Custer

Vale la pena repasar la batalla de Little Big Horn, para examinar los posibles factores causantes de la derrota. A mi entender, la bisagra y clave de la batalla ocurrió en el intento de cruce del río. ¿Qué sentido tiene hacer un viaje desde los acantilados a siete kilómetros, y llegar cerca del río y pararse? ¿Custer para qué, va a mandar tres Compañías a buscar un vado que sabe que existe? Muchos estudiosos y autores escriben que el intento de cruce del vado fue una finta. Piensan que Custer mandó cargar a las Compañías E, y F, de Yates contra el vado. Tocando las trompetas para hacer creer a los indios que el verdadero ataque venía por su retaguardia. Creen que Custer pensó que con ese movimiento, los hostiles dejarían a Reno y se volverían contra él. Mientras tanto, las otras tres Compañías (I, C, L), subieron a Nye-Cartwright Ridge para esperar la llegada de Benteen.

Puede ser; pero me niego a creer que Custer, un impetuoso oficial de caballería, famoso por sus temerarias cargas en la Guerra Civil, desaprovechara la ocasión de cargar con todo contra un vado prácticamente desprotegido. Podía romper la espina dorsal de los hostiles. Custer sabía que la única posibilidad de victoria la tenía cruzando el río, cargar hacia la posición de Reno y provocar la desbandada general. Desde el momento que Mitch Boyer le comunicó en Medicine Tail Coulee que Reno se retiraba, ya sabía que la victoria total era imposible. Quería por lo menos destruir el campamento y las propiedades de los indios. Custer atacó el vado con todo su Batallón. Nunca pretendió engañar a nadie. Custer fue al Little Big Horn a luchar, no a esperar a nadie en los riscos.

En el Informe Oficial de la Batalla del General Alfred Terry, escrito sobre el terreno la noche del 27 de junio declaró: “Su rastro, desde el punto donde Reno cruzó el arroyo, va hacia adelante y por la parte de atrás de la cresta de los acantilados, de la orilla derecha del río. Luego desciende hasta la orilla del río, pero de inmediato se aparta, como si hubiera intentado cruzar el río sin éxito. Luego gira sobre sí mismo, casi completa un círculo y se detiene”.

Incluso Benteen en la carta dirigida a su esposa el 4 de julio de 1876, escribió: “Sí los indios permitieron que la columna de Custer cruzara el río es un tema para discutir. Pero yo soy de la opinión de que casi todas, si no todas las Compañías de Custer entraron en la aldea, pero fueron rechazadas inmediatamente. Huyeron en gran desorden de dos en dos”. ¿Por qué estas declaraciones de militares tan cualificados, no han sido tenidas en cuenta por los historiadores? Es incomprensible que no le den valor al combate del vado. Igual Benteen no acertó al pensar que Custer cruzó el río. Pero si es seguro que vio evidencias de que el Batallón al completo combatió allí.

Custer era el martillo y Reno debería haber sido el yunque. Pero ni hubo yunque, ni martillo. Yunque nunca hubo. Reno se retiró sin ni siquiera intentar mantener la posición. El martillo lo manejaba Custer pero fue rechazado en el vado, por un fuego violento y una herida que desmoralizó a sus hombres. Si Custer que iba a la cabeza de la carga, no hubiera sido tocado, habría cruzado el río. Con su ímpetu, su Batallón al igual que en sus cargas en la Guerra Civil lo hubieran seguido. El disparo de White Cow Bull acabó con todo.

El asedio a Reno Hill

Eran las 18.30 horas, cuando todos los soldados de Reno y Benteen, se dispusieron a defender la zona que con el tiempo, pasó a llamarse Reno Hill. En ese momento desconocían por completo la suerte de Custer. Su primera preocupación era defenderse de la gran masa de guerreros indios que se acercaban. En esos momentos, los guerreros disponían de algo más

de doscientas carabinas Springfied, y municiones extras que habían quitado a los soldados de Custer. La magnífica retirada hecha por el Teniente Edward Godfrey con la Compañía K, dio tiempo al resto de las tropas para apostarse en Reno Hill y prepararse adecuadamente para su defensa. Las Compañías G, y H, formaron la línea de la derecha, el resto se colocaron a la izquierda, de cara a los barrancos por los que habían subido cuando se retiraron del valle. Las fuerzas formaron una especie de arco en torno a una depresión donde colocaron a los heridos. Delante de los heridos colocaron a los caballos y las mulas para protegerlos.

Los indios ocuparon unas colinas más altas, y desde allí hostigaron a los soldados con disparos a larga distancia. Desde las 18.30 horas, hasta que oscureció (entre las 21.00 y 22.00 horas), los indios mantuvieron un fuego ininterrumpido, como recordó el Teniente Edward Godfrey. Esos disparos causaron bajas entre los soldados que ocupaban las posiciones más desprotegidas. Poco a poco, se fueron mejorando los parapetos. Se colocaron sillas de montar, aparejos de las mulas y las cajas de madera de las provisiones. Se cavó con cuchillos, platos y tazas de hojalata. Todo lo que pudiera servir para cavar en el duro terreno se usó. Los soldados; Frank Braun; William George; Henry Voight; Julius Helmer; y el sargento DeWitt Winney murieron en esos primeros minutos. Otros tuvieron más suerte, fueron alcanzados por los disparos pero sobrevivieron a sus heridas. El doctor Porter, único cirujano que quedó vivo de todo el Regimiento, hizo un gran trabajo con los heridos y muchos pudieron contarlo gracias a él.

Cuando llegó la noche, cesaron los disparos y la atención se dirigió hacia el General Custer. Prácticamente todos daban por supuesto que había sido derrotado, y que había abandonado el campo siguiendo el río hacia el norte, para encontrarse con las fuerzas del General Terry. Todo tipo de especulaciones se daban entre la tropa y los oficiales, pero ninguno imaginaba el terrible destino que había sufrido el Batallón del General Custer.

Al caer la oscuridad el Mayor Reno, ordenó que se fortificaran las posiciones. Dio órdenes para que los caballos y mulas muertas, fueran arrastradas hasta los parapetos y fueran cubiertas por tierra. Benteen sin embargo no dio ese tipo de órdenes, y su Compañía no fortificó nada. Posteriormente explicó que no consideró oportuno hacerlo, porque pensó que no iban a ser necesarias esas mejoras en los parapetos, porque al día siguiente los indios se iban a retirar. Esa decisión de no dejar que sus hombres mejoraran las defensas, se iba a pagar muy cara por la Compañía H. La primera víctima del día 26, fue el soldado Richard B. Dorn, de la Compañía B. Dorn murió mientras despertaba a su Capitán Thomas McDougal. Otro de los primeros muertos fue el mulero civil Frank C. Mann, recibió un disparo en la cabeza y murió de forma instantánea.

Pero el mayor de los problemas de los asediados lo constituía la sed. El día ya desde muy temprano era muy caluroso. Tres hombres; el soldado John Foley, junto con los sargentos John Rafter y Louis Rott, todos de la Compañía K, cogieron teteras y bajaron al río a por agua. Benteen organizó un fuego de cobertura para mantener alejados a los indios. La operación fue un éxito, pero el agua sólo alcanzó para los heridos.

Hacia las 10.00 horas, el fuego indio aumentó y los más perjudicados fueron los soldados de la H. No habían reforzado sus defensas por la noche y ahora sufrieron las consecuencias. La Compañía H, había llegado a Reno Hill con treinta y nueve hombres, en esas primeras horas de la mañana tuvieron tres muertos y diecisiete heridos; un 50% de bajas. Uno de estos muertos era el soldado Thomas E. Meador. El soldado Jacob Adams de la Compañía H, contó que Meador recibió un tiro en el lado derecho del pecho, y que él trató de ponerlo a salvo, pero en ese instante el herido recibió otro tiro en la cabeza que lo mató al instante. Adams contó que dejó caer el cuerpo y que volvió a esconderse en el parapeto. Al volverse, vio a un indio con una vara adornada con plumas que intentaba tocar el cadáver del soldado Meador para contar un golpe. Se sintió invadido por la furia y aseguró que el indio aquel ya no hizo ninguna otra hazaña. El guerrero era, Long Road, un guerrero sanc arc. Este incidente está narrado en el libro de Richard G. Hardorff: “Custer Battle Casualties: Burials Exhumations and Reinterments (Montana and the West V 7)” (1990).

Se hicieron dos cargas para desalojar a los indios que se acercaban al perímetro defensivo. La primera fue ordenada por Benteen al Capitán McDougal. La Compañía B, de McDougal, cargó unos cincuenta o sesenta metros pero tuvo que retroceder de nuevo a su posición. La segunda carga la lideró Benteen con las Compañías B, D, G, y K. Le pidió permiso a Reno para hacerlo. Las cuatro Compañías saltaron el parapeto y cargaron contra los indios que huyeron. Pero al retirarse de nuevo las tropas, los guerreros volvieron y ocuparon sus antiguas posiciones.

Pero el mayor de los problemas seguía siendo la falta de agua. El Teniente Francis Gibson lo relató en: “Francis M. Gibson: Account, From a manuscript in the Collections of the North Dakota Historical Society” (sin fecha): “Fue otro día de calor abrasador, y sin agua, la sed era una preocupación muy importante. La demanda de agua se hizo tan alarmante y angustiosa, que varios hombres muy inquietos por la situación, se ofrecieron voluntarios para ir a por ella. Bajaron por un barranco profundo y escarpado, intentando pasar desapercibidos. Pero lamentablemente, no lo consiguieron, dos pobres tipos perdieron la vida en ese intento de aliviar los sufrimientos de sus camaradas heridos. Otro de ellos perdió una pierna en ese mismo intento (Michael Madden). Pero al fin, se obtuvo agua y un alivio temporal para los moribundos”.

Michael Madden era un veterano irlandés alistado en agosto de 1866 en el Séptimo de Caballería, y renganchado por otros cinco años en 1871. Era guarnicionero de la Compañía K. Se encargaba de la reparación de sillas de montar, cinturones, correas y demás artilugios de cuero. Fue uno de los primeros voluntarios que bajaron a por agua al río. Recibió un tiro por debajo de la rodilla y la bala le destrozó la pierna. Sus compañeros lo apartaron de la orilla pero no lo pudieron rescatar en un primer momento. Uno de los soldados que bajó a por agua le ofreció beber y no aceptó. Madden tenía fama de ser un gran bebedor. Hay una historia que quizás no sea cierta, ¿pero quién sabe? Cuando por fin pudo ser rescatado, el Doctor Porter le dio un gran trago de whisky, y le amputó la pierna por debajo de la rodilla sin anestesia. Cuando terminó, Madden le dijo al doctor que si le daba otro trago se dejaba amputar la otra pierna.

El soldado de la Compañía A, William D. Nugent, relató su vivencia referente al problema de la falta de agua en: “Winners of the West 3, no. 6” (Junio 1926): “Dos días sin agua, el sol abrasador. Los heridos torturados con fuertes dolores, sus lenguas en muchos casos se hincharon hasta que les fue imposible cerrar la boca. ¡Agua, agua!, era el grito constante de todos los que sufrían heridas.

El 26 de junio de 1876, cerca de las 16.00 horas, se dio permiso para ir a por agua. Para llegar al río, tuvimos que cruzar por un lugar que estaba desenfilado, y les daba a los indios todas las oportunidades del mundo para dispararnos. Muy pocos quisieron suicidarse cruzando al otro lado. Cuando llegué a un lugar seguro en un barranco que conducía al río, me encontré con cuatro compañeros; Harmon de la F, Easley, Johnson y Weaver. Los tres como yo, eran de la Compañía A.

Entre nosotros y el río había muchos recodos y quebradas, que desembocaban en el barranco que teníamos que seguir para llegar al río. Nuestras expectativas eran de encontrar indios escondidos en esos sitios, pero felizmente para nosotros, nuestras expectativas no se cumplieron, y llegamos al río sanos, y salvos. Hicimos una pausa antes de salir a la orilla para ver si había indios por allí cerca. Al otro lado del río había entre cincuenta y cien guerreros indios montados, esperando nuestra aparición en la orilla. Estaban casi a quinientos metros del río, pero parecía que estaban mucho más cerca.

Dejamos a un lado nuestras armas y nos preparamos para llenar deprisa nuestras cantimploras. Les quitamos los corchos y las atamos todas juntas para que se sumergieran al mismo tiempo. Me metí en el agua y bebí hasta que casi me ahogo. Supongo que mis camaradas hicieron lo mismo. Después de descansar un momento y recuperar el aliento intenté volver a beber. Al inclinarme hacia el agua para beber, recibí un golpe en mi cabeza acompañado de un diluvio de agua. Me toqué la cabeza y descubrí que no estaba herido. La bala india había pegado en un corcho y el corcho de rebote me había pegado a mí en la cabeza. Regresamos al lugar donde habíamos dejado nuestras armas, y les tiramos unos cuantos tiros a los indios. No le acertamos a ninguno.

Hicimos más viajes al río por turnos, y nuestro recipiente más útil para llevar agua fue nuestra tetera de campamento, hasta que un indio juguetón la atravesó con una bala. Disparamos a los indios que estaban a

unos quinientos metros y esta vez fuimos más efectivos. Los indios empezaron a correr. Tenía verdadera rabia contra ellos, y cuando vi que uno se quedó separado del resto, y que tenía por lo menos mil metros antes de poder quedar a salvo empecé a dispararle. Cada vez que una de mis balas le pasaba cerca se encogía. Antes de que pudiera llegar al otro lado de la colina, por lo menos le disparé una docena de tiros. No le acerté, pero por lo menos sentí que estaba empatado con ese indio por el mal rato que le hice pasar.

Llenamos nuestras cantimploras, regresamos a la barricada de los acantilados y le dimos el agua a los heridos.

Nunca he tenido cuatro camaradas más valientes, o más leales que aquellos que estuvieron allí conmigo. A Harmon nunca más volví a verlo. Tenía un hermano en la Compañía L, que murió con Custer. Harmon me dijo que no pudo identificar el cuerpo de su hermano, ya que estaban tan mutilados que la identificación fue imposible. Easley era un perfecto caballero. Johnson era un hombre cercano, el hombre con menos miedo que he conocido. Lo probó muchas veces, le llamábamos el “sueco”. Weaver fue nuestro historiador o enciclopedista, y todas las disputas y argumentos, le fueron remitidos a él a lo largo de los años para que dictaminara. Tenía un corazón de oro.

Nunca olvidaré a estos cuatro verdaderos camaradas míos azules, y siempre los recordaré como héroes. Puede que el mundo nunca los conozca, no habrá medallas ni menciones. Pero en el corazón de un viejo camarada, sus nombres siempre ocuparán el lugar de honor”.


En total, treinta y cuatro soldados afirmaron haber bajado a por agua al río. Cuatro más les cubrieron en su bajada. De esos treinta y ocho hombres, veinticuatro fueron condecorados con la Medalla de Honor por ese acto de valentía. La condecoración reconoció el valor de esos soldados que arriesgaron sus vidas, para conseguir agua para sus compañeros, y para los heridos en particular.

A las 15.00 horas, el fuego indio cesó. Durante el asedio a Reno Hill murieron diez y ocho soldados y cincuenta y dos fueron heridos.

Hacia las 16.00 horas de ese día 26 de junio, los guerreros indios comenzaron a retirarse. Dejaron unos pocos francotiradores para hostigar a los soldados. Habían recibido noticias de que nuevas columnas de soldados, se acercaban al lugar de la batalla. Eran las tropas del General Alfred Terry y del Coronel John Gibbon.

Al atardecer de ese día 26, los guerreros quemaron la hierba de la pradera. Los soldados en la cima de la colina observaban las grandes llamas. Charles Windolph describió el hecho: “Una fuerte humareda se levantó en un instante, y pudimos ver en el valle a cientos de indios, a pie y a caballo, con sus manadas de ponis y sus travois, perros y animales de carga, como cogidos en una trampa en un gran campo, moviéndose lentamente hacia el sur. Fue como el Éxodo de la Biblia; los Israelitas escapando de Egipto; una gran tribu en marcha”.

Reno enterró sus muertos y ocupó posiciones en el río al atardecer de ese día 26 de junio. No había ni rastro de la columna del General Terry. Todos los indios se habían ido. Había sido la victoria más grande de todos los tiempos sobre los blancos..., y la última.
No me desenvaines sin razón, no me envaines sin honor

George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

El General Terry llega al campo de batalla

Alrededor de las 09.00 horas del día 27, se vio una polvareda en el horizonte. Se mandó a unos exploradores para comprobar quienes se acercaban. Los exploradores volvieron con la noticia de que era el General Terry el que llegaba.

El Teniente Wallace confirmó que recibió órdenes de Reno, para que saliera al encuentro de Terry, y lo guiara a la posición. Cuando el General Terry llegó a Reno Hill, hubo vítores y lágrimas, tanto de oficiales como de soldados. El destino final de Custer se desconocía, el General Terry les dio la terrible noticia.

El Teniente Edward Godfrey revivió ese momento en su artículo de “The Century Magazine” en 1892: “Un hombre blanco, de nombre Harris, creo. Declaró que dos exploradores crows habían dado la noticia a Terry de que la columna (Séptimo de Caballería), había sido derrotada y que casi todos habían muerto. Terry no creyó la historia de los crows, pero mandó al explorador (Harris), por delante con asistencia médica. El explorador no pudo llegar a la colina el día 26, porque los indios estaban muy alerta. Muy poco después, llegó a nuestra posición el Teniente Bradley, del Séptimo de Infantería. Saludé muy cordialmente a mi viejo amigo e inmediatamente le pregunté: ¿Dónde está Custer? Él me respondió: “No lo sé, pero supongo que está muerto. Hemos contado ciento noventa y siete cadáveres y supongo que nadie ha escapado”. Esa fue la primera noticia que tuvimos de su destino. Simplemente estábamos estupefactos. Fue difícil hacerse a la idea. Parecía imposible. No había prácticamente ni un ojo seco. Todos llorábamos”.

John Sivertson de la Compañía M, también relató la llegada de Terry al campo de batalla en: “Teepee Book 2, no. 6” (junio 1916): “El segundo día, quizás al mediodía, vimos un cuerpo de hombres subiendo por el valle del río. Al principio pensamos que eran más indios, pero a medida que se acercaban, vimos que marchaban en orden como soldados. Pronto surgió el grito: "¡Es Terry, es Terry!" Los pocos indios que todavía estaban merodeando, se marcharon a toda prisa, y en poco tiempo el General Terry y su mando, estaban en los acantilados a nuestro lado. El Mayor Reno y los oficiales se adelantaron, y formaron un círculo a su alrededor. Le dieron a Terry tres vítores. El General Terry se quitó el sombrero y lloró como un niño.

Bueno, por supuesto que eso puso fin a la lucha allí, y pronto hice amistad con los del grupo de socorro. Y una cosa más; después de estar en el campo de batalla en los enterramientos, fui al campamento indio y vi a mi caballo en la pradera. Lo cogí; estaba tal y como lo había dejado, cuando desmonté en el bosque el primer día de la pelea. Mi chaqueta estaba atada a la silla, y las alforjas llenas de munición. Evidentemente, los indios no se habían apoderado de mi caballo. Me puse muy contento al verlo”
.

La misma noche en que el General Terry llegó al campo de batalla, y se unió a los restos del Séptimo, escribió un Informe Oficial de la batalla. El desastre tenía que ser conocido por sus superiores. Urgía escribirlo y mandarlo por mensajero al puesto más cercano con telégrafo.

Terry no conocía todos los detalles que habían culminado con la destrucción de las cinco Compañías de Custer, pero recordaba las órdenes que él personalmente le había dado. Conocía el carácter impulsivo de Custer. Y escuchó el relato del Mayor Reno y del Capitán Benteen.

El texto que sigue a continuación es el primer Informe Oficial que escribió el General Terry sobre la batalla:

“Departamento de Dakota

Campamento en el río Little Big Horn, Montana

27 de junio de 1876

Al Ayudante General de la División Militar del Missouri,

Chicago, Illinois, A través de Fort Ellis:

Es mi doloroso deber informar que anteayer, día 25 de junio. Ocurrió un gran desastre al General Custer, y a las tropas bajo su mando. A las 12.00 horas del día 22 de junio, salió con todo su Regimiento y un fuerte destacamento de exploradores y guías desde la desembocadura del Rosebud. Subió por el río 32 kilómetros, y enlazó con un rastro indio que se había descubierto previamente. Lo siguió, y descubrió que como se suponía, el rastro conducía al río Little Big Horn.

Aquí encontró un poblado de una extensión casi sin precedentes, y de inmediato lo atacó con parte de la fuerza de la que disponía en ese momento.

El Mayor Reno, con tres Compañías; A, G, y M, fue enviado al otro lado del arroyo por donde el General Custer, con cinco Compañías, C, E, F, I, y L, intentó cinco kilómetros más abajo, cruzar el río.

Reno vadeó el río, y cargó por su orilla izquierda, desmontó y luchó a pie hasta que finalmente, completamente abrumado por el número de enemigos, se vio obligado a montar, volver a cruzar el río, y buscar refugio en su margen derecha. Justo cuando volvió a cruzar, llegó el Capitán Benteen, con tres compañías, D, H, y K. Benteen iba a unos tres kilómetros a la izquierda de Reno cuando comenzó la acción, pero como había

recibido la orden del General Custer de regresar, volvió al río. Y concluyendo que a pesar de su fuerza, era inútil reanudar la lucha en el valle, se unió a Reno en los acantilados.

El Capitán McDougall; con su Compañía B, estaba al principio a cierta distancia en la retaguardia, con el tren de mulas de carga; también se unió a Reno.

Pronto, esta fuerza unida estuvo casi rodeada por indios, muchos de ellos, armados con rifles de largo alcance, ocuparon posiciones que dominaban el terreno controlado por la caballería, terreno del que no había escapatoria. Se cavaron trincheras y se aceptó la pelea, aunque con grandes pérdidas, desde aproximadamente las 14.30 horas en punto del día 25, hasta las 18.00 horas del día 26, cuando los indios se retiraron del valle, llevándose consigo su aldea.

De los movimientos del General Custer, y las cinco Compañías bajo su mando inmediato apenas se sabe nada, porque sólo lo presenciaron ellos. Ningún oficial o soldado de los que lo acompañaban ha sido encontrado con vida. Su rastro, desde el punto donde Reno cruzó el arroyo, va hacia adelante y por la parte de atrás de la cresta de los acantilados, de la orilla derecha del río. Luego desciende hasta la orilla del río, pero de inmediato se aparta, como si hubiera intentado cruzar el río sin éxito. Luego gira sobre sí mismo, casi completa un círculo y se detiene.

El rastro está marcado por los restos de sus oficiales, hombres, y caballos. Algunos de ellos están esparcidos a lo largo del camino, otros están amontonados en barrancos y montículos, donde parece que han encontrado la muerte. Hay abundantes pruebas de que las tropas ofrecieron una valiente resistencia, pero fueron acosados por todos lados por un número abrumador de enemigos. Los oficiales que se sabe que han muerto son:

General Custer, Capitanes Keogh, Yates y Custer, Tenientes Cooke, Smith, McIntosh, Calhoun, Porter, Hodgson, Sturgis y Riley, de la caballería; El Teniente Crittenden, del Vigésimo de Infantería; y el Cirujano Auxiliar Interino DeWolf. El Teniente Harrington, de caballería y el asistente del cirujano Lord están desaparecidos.

El Capitán Benteen, y el Teniente Varnum, de caballería, están levemente heridos.

El señor Boston Custer, y el señor Reed, hermano y sobrino respectivamente del General Custer, estaban con él y están muertos. Ningún otro oficial que éstos que he nombrado, están entre los muertos, los heridos o los desaparecidos.

Todavía es imposible obtener una lista nominal, de los hombres alistados que están muertos y heridos; pero el número de muertos, incluidos los oficiales, deben llegar a 250; y el número de heridos es 51.

En la desembocadura del Rosebud, informé al General Custer, que yo iba a ir en el barco de vapor de suministros Far West, por el Yellowstone para transportar la columna del General Gibbon; yo acompañaría personalmente esa columna; y que, con toda probabilidad, llegaría a la desembocadura del Little Big Horn el día 25. El vapor llegó al campamento de las tropas del General Gibbon, cerca de la desembocadura del Big Horn, a primeras horas de la mañana del día 24, y a las 16.00 horas, todos sus hombres y animales estaban al otro lado del río Yellowstone. A las 17.00 horas en punto, la columna, compuesta por cinco Compañías del Séptimo de Infantería, cuatro Compañías del Segundo de Caballería, y una Batería de tres ametralladoras Gatling, marcharon hacia el otro lado de Tullock's Creek. Comenzando poco después de las 5.00 en punto de la mañana del día 25, la infantería hizo una marcha de treinta y cinco kilómetros, sobre el terreno más difícil que he visto.

La caballería con la Batería, siguió unos veinte kilómetros más. Llegando al campamento a la medianoche.

La mitad de los exploradores fueron enviados pasadas las 4.00 horas de la mañana del día 26, hacia delante. Descubrieron tres indios que pensaron que eran sioux, pero cuando llegaron a su altura resultaron ser crows, que habían estado con el General Custer. Ellos dieron la primera noticia de la batalla. Su historia no fue creída. Se supuso que quizás había habido un fuerte combate, pero no se pensaba que pudiera haber ocurrido un desastre tan grande, a una fuerza tan potente como doce Compañías de caballería.

La Infantería, que había levantado el campamento muy temprano, pronto llegó, y toda la columna entró y subió por el valle del Little Big Horn.

Durante la tarde, se hicieron esfuerzos para enviar exploradores a lo que se suponía que era el puesto del General Custer, para obtener información sobre el estado del asunto; pero los que fueron enviados, fueron rechazados por grupos de indios que, en números crecientes, fueron vistos alrededor y en el frente del General Gibbon. A las 20.40 horas, la infantería había marchado unos cuarenta y ocho kilómetros. Los hombres estaban muy cansados y la luz del día se estaba desvaneciendo. Por lo tanto, la columna se detuvo para pasar la noche, en un punto unos diecisiete kilómetros en línea recta sobre la desembocadura del arroyo.

Por la mañana se reanudó la marcha y, tras unos quince kilómetros, se alcanzó la posición atrincherada del Mayor Reno. La retirada de los indios de los alrededores del mando de Reno, y del valle, fue indudablemente causada por el acercamiento de las tropas del General Gibbon.

El Mayor Reno y el Capitán Benteen, son oficiales de gran experiencia, ambos están acostumbrados a ver grandes masas de hombres montados, estiman que el número de indios comprometidos, era no menos de dos mil quinientos. Otros oficiales piensan, que el número todavía era mayor.

El poblado del valle tenía unos cinco kilómetros de largo, y alrededor de casi dos kilómetros de ancho. Además de los tepees propiamente dichos, se encontró un gran número de refugios temporales hechos con matorrales, lo que indica que muchos otros hombres se habían unido a los habitantes del poblado.

El Mayor Reno, está muy seguro de que hubo una serie de hombres blancos peleando con los indios. Se cree que las pérdidas de los indios son muy grandes. Hasta el momento no he recibido informes oficiales sobre la batalla; pero lo que indico, lo he recopilado de los oficiales que están aquí y que lo han visto.

Alfred H. Terry,

General de Brigada”
.
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Posibles causas de la derrota

A los tres días de la batalla, mientras se enterraba a los muertos, el Capitán Benteen y el Teniente Hare, recorrieron el campo de batalla buscando una explicación lógica de la derrota.

Los dos expresaron sus opiniones por separado. Los dos estaban familiarizados con las tácticas de combate de la caballería, y los dos llegaron a la misma conclusión; no había habido una gran resistencia en ninguna parte del campo de batalla.

Es sabido que Benteen no tenía una gran opinión de Custer como soldado, y que estaban personalmente enfrentados. En su testimonio de 1879 en el Tribunal de Investigación que se hizo de la batalla en Chicago, a requerimiento del Mayor Reno; Benteen declaró que: “Había sido una derrota en toda regla. El pánico se apoderó de todos hasta que el último hombre murió”.

Por supuesto, como Benteen se había opuesto públicamente varias veces a Custer, su opinión ha sido la mayoría de las veces desestimada por muchos de los estudiosos de la batalla.

La opinión del Teniente Hare simplemente ha sido ignorada por la historia. Pocos años después de 1900, Hare le confió a Walter Camp, uno de los primeros investigadores de la batalla: "Los hombres fueron presa del pánico y no lucharon bien”.

La búsqueda de causas en la derrota de Custer, ha sido larga y complicada. Se han propuesto numerosas teorías. En general, las razones de la derrota pueden deberse a factores preliminares como: “Custer lanzó al Regimiento a la batalla de forma precipitada y sin tener conocimiento real de las fuerzas del enemigo”. “La derrota llegó porque los indios estaban mejor armados”. “Se debió al mal funcionamiento de las carabinas Springfield que no expulsaban bien los casquillos”. “Los soldados se quedaron sin municiones”.

Todas esas preguntas tienen sus respuestas pertinentes. En muchos casos contrarias las unas a las otras. Depende de si el autor es pro Custer, o por lo contrario es anti Custer.

Está claro que faltó un reconocimiento profundo de la zona y de las fuerzas indias. También hay que tener en cuenta un dato muy importante, en la parte final del combate, el batallón de Custer se enfrentó a una diferencia de hombres por lo menos, de diez a uno.

Custer por su conocimiento de los indios de las llanuras, estaba convencido de que estos usarían la táctica habitual, a la que recurrían cuando eran atacados. Los guerreros siempre formaban una retaguardia y combatían para dar tiempo a sus familias a huir. Era lo que habían hecho en el río Washita, batalla que siempre fue considerada como una gran victoria de Custer contra los indios.

Custer supo por medio de Mitch Boyer (se encontraba con Reno cuando éste avanzó), que los indios salían al encuentro de las tropas. Cuando subió a los acantilados pudo ver la línea de escaramuza de Reno. Vio también el polvo levantado en el poblado, y pensó que era una argucia para enmascarar la huida. Por eso intentó cruzar el río más abajo para cortar la retirada de los no combatientes. Custer cuando descendía por Medicine Tail Coulee, también supo por Mitch Boyer que Reno se había retirado a la arboleda del río. Pero no supo de la retirada de Reno a los acantilados al otro lado del río. En todo momento pensó que Reno podía mantenerse en el valle.

Tampoco sabía y esto es muy importante, que esos mismos guerreros se habían enfrentado una semana antes al General Crook. No sabía que habían salido a su encuentro. No sabía que lo habían detenido y obligado a retirarse. Hay un magnífico libro de Paul L. Hedren: “Powder River: Disastrous Opening of the Great Sioux War” (2016). Ahí, el autor argumenta (con mucho acierto a mi entender), que si el General Crook, en vez de retirarse para lamerse sus heridas, hubiera mandado un destacamento para contactar con el General Terry, y darle noticia de la derrota, las cosas hubieran sucedido de otra forma. Yo también pienso que el primer clavo del ataúd de Custer, lo clavó el General Crook con su desidia al no dar parte de su derrota.

Custer no sabía que estos guerreros habían cambiado de táctica. No sabía que se sentían fuertes y que estaban dispuestos a pelear. Si Custer hubiera sabido todas esas cosas, seguramente habría actuado de forma diferente. Probablemente nunca hubiera dividido el Regimiento en cuatro Batallones, y nunca los hubiera separado tanto como para no poder acudir en ayuda uno de otro con rapidez. Se dio cuenta cuando fue rechazado en el vado. Seguramente ahí intuyó que había cometido un error muy grave.

Reno y Benteen siempre declararon que no había ningún plan de batalla, y que si lo había, Custer no se lo dijo a ellos. Pero eso no es cierto. Tanto a Reno como a Benteen, Custer les dio orden de cargar contra todo lo que encontraran por delante. Cada uno de ellos iba por una dirección. Custer también iba en otra dirección. Sabían positivamente, que la táctica era envolver al enemigo por todos los lados para evitar su huida. Benteen había sido enviado a la izquierda, y Reno hacia delante.

Benteen; después de explorar las colinas de la izquierda, y no encontrar nada, decidió volver sobre sus pasos. Reno por su parte desobedeció las órdenes. Se le había ordenado cargar. Cuando Reno cargó, había pocos guerreros en su frente y sólo le hicieron algún disparo ocasional. En un primer momento no hicieron nada especial para pararlo. Reno confesó en el Tribunal de Investigación que pensaba que los indios le estaban invitando a cargar para tenderle una trampa, como habían hecho con el Mayor Elliott en la batalla de Washita.

La realidad es que no había ninguna trampa preparada. Sólo cuando los soldados se acercaron a la aldea los indios salieron con más energía y decisión contra los soldados. El flanco izquierdo de Reno estaba formado por los treinta y cinco exploradores rees del Teniente Varnum. Tenían la orden de Custer de llevarse la manada de caballos sioux. Custer además les había dicho, que podrían quedarse con todos los que quisieran, porque a sus muchachos no les interesaba ese tipo de botín. Los rees al llegar cerca de la manada de ponis separaron los que pudieron y se retiraron del campo (una partida de sioux los persiguió y al final recuperaron todos sus ponis). Los rees no pararon de correr hasta dos días después, cuando llegaron al depósito de suministros que se había montado en el río Powder. No todos los exploradores huyeron, varios echaron pie a tierra y combatieron con los soldados. Con esa retirada de los exploradores rees del Teniente Varnum del flanco izquierdo, Reno tuvo la excusa perfecta para a su vez retirarse hasta el bosquecillo junto al río.

Durante toda su vida, Reno mantuvo que a los pocos minutos de recibir la orden de atacar, se le acercó el Ayudante Cooke y le dijo: “El General Custer le indica que vaya hacia delante lo más rápido que usted crea prudente y ataque el campamento. Será apoyado por todo el comando”. También dijo en el Tribunal de Investigación: “Por la forma en que recibí la orden, siempre entendí que vendría detrás de mí y me apoyaría”. Sin embargo, en su Informe Oficial de la batalla fechado el 5 de julio de 1876 escribió: “Después de separase de mí, era evidente para mí que Custer tenía la intención de apoyarme moviéndose río abajo y atacando el poblado por el flanco”. Evidentemente mintió en el Tribunal de Información. Reno sabía que existía una táctica.

Ni Reno ni Benteen obedecieron las órdenes recibidas, los dos tenían necesidad de negar la realidad. Lo hicieron en el Tribunal de Investigación de 1879 en Chicago.

Otro argumento para intentar explicar la derrota, ha sido decir que el Séptimo estaba en gran parte formado por reclutas. Que muchos de ellos no habían disparado más de una docena de tiros, y que justo podían mantenerse a caballo.

Pero si se hace un estudio serio de los hombres alistados, se descubre que el 80% de los soldados eran veteranos y que sólo un 15% eran reclutas con menos de un año de antigüedad en el Regimiento. Sólo había diez soldados alistados en el año 1876, en Little Big Horn. Los veteranos superaban a los reclutas en una proporción de cinco a uno.

El porcentaje más alto de estos reclutas estaba en el batallón del Mayor Reno, un 20%. En el batallón de Custer, los reclutas representaban el 12%. No parece que el trágico final, fuera provocado por dos docenas de soldados repartidos en cinco Compañías.

El armamento de los guerreros indios también ha sido muchas veces motivo para explicar el desastre. Los hostiles contaban con una gran variedad de armas de fuego. Según los más recientes estudios arqueológicos hechos en el campo de batalla, con la recogida de casquillos y balas que impactaron en el suelo y después de su examen balístico, se ha llegado a la conclusión, que los guerreros indios disponían de un total de doscientas quince armas de fuego. De ellas sesenta y dos eran rifles Henry de repetición del calibre 44. De los populares Winchester había siete unidades. Había también sesenta y nueve carabinas Springfield modelo 1873 (el arma reglamentaria de la caballería), la mayoría de ellas con toda seguridad capturadas a los soldados del Batallón de Reno y a los soldados del ala derecha de Custer caídos en Calhoun Ridge. El resto de las armas eran una heterogénea colección de revólveres, viejos fusiles de avancarga de un tiro. Había veintisiete fusiles Sharps del calibre 50 usados por los cazadores de Búfalos. Seis Springfield del calibre 50. Muchas de estas armas sólo tendrían un puñado de cartuchos. Hay que tener en cuenta que los guerreros no tenían acceso fácil a las municiones, y que las conseguían de los muertos o en los puestos comerciales cambiándolas por pieles. La única munición de sobra fue la que recogieron de los cadáveres de los soldados, y la que recuperaron de las alforjas de los caballos que capturaban o mataban.

En el combate en el vado y en el campo de batalla de Custer, los rifles de repetición se mostraron superiores a las carabinas mono tiro Springfield. En el punto culminante de la batalla el cruce del vado, las armas de tiro rápido decidieron posiblemente la victoria para los indios. En los combates a larga distancia en Reno Hill, la carabina con su mayor alcance mantuvo a los guerreros sin muchos problemas a distancia.

Los soldados de Custer no se quedaron sin municiones, los relatos indios cuentan que recogieron muchos cartuchos de los cadáveres y de los caballos. Los relatos indios también cuentan que durante ese impasse de hora y media de espera en el campo de batalla de Custer, el fuego fue muy débil. La Compañía L, sería la que gastó más munición por estar conteniendo a los indios que pretendían infiltrarse desde los barrancos.

El mal funcionamiento de las carabinas Springfield reglamentarias, es una constante en ciertos escritores como T. M. Coughlan quien en su libro: “Battle of the Little Big Horn”, publicado en 1934, apuntaba que la negligencia de las autoridades superiores del Ejército, seleccionado la carabina Springfield como arma estándar de la caballería, había contribuido en mucho a la derrota. Otro erudito estudioso de la batalla como Edgard Stewart, también consideró que las carabinas de un disparo Springfield fueron las causantes de la derrota. Y así lo defiende en su libro: “Custer´s Luck” (1955).

El defecto identificado por estos, y muchos otros autores, consiste en el fallo del mecanismo extractor del cartucho una vez disparado. El problema es que al abrir el mecanismo de expulsión para introducir otro cartucho, el polvo y la suciedad impedía el cierre hermético de la recámara. Al quedar cerrada incorrectamente, las vainas se atascaban y había que extraerlas con cuchillos u otros objetos punzantes. De ser esto cierto, la cadencia de tiro disminuye considerablemente. En condiciones normales, un soldado medio podía efectuar unos cuatro disparos por minuto. Es lógico pensar, que si había que recurrir a cuchillos para extraer las vainas, se perdía un tiempo precioso.

El Mayor Reno (miembro de la Junta de Armamento que seleccionó la carabina Springfield Modelo 1873, como arma estándar de la caballería en 1873), mencionó; que sólo un mínimo de oficiales se opusieron a su selección. El caso es que después de su introducción en 1873, como arma reglamentaria de la caballería, y con unas pocas modificaciones, se mantuvo en servicio como arma oficial durante veinte años más.

Otra teoría era que los cartuchos de cobre, hacían una reacción con el cuero de las cartucheras y se formaba el cardenillo. Esa especie de óxido que se formaba, se convertía en una pasta que actuaba como pegamento, cuando se metían los cartuchos en las recámaras calientes. Los cartuchos sucios o con corrosión, también podían causar ese tipo de problemas de expulsión.

Hay relatos históricos que hablan de esos problemas en la extracción de las vainas, pero no están muy claros. En la defensa de Reno Hill, el soldado Daniel Newell dijo que: “La mayoría de las carabinas de la Compañía M, fallaron cuando se calentaron por el uso. El Capitán Thomas French y él mismo tuvieron que usar cuchillos para extraer los cartuchos”. Pero el Teniente Godfrey, presente también en ese combate no puso ningún énfasis en los fallos de extracción, indicando simplemente que los casquillos de los cartuchos sucios, se atascaron en la recámara, pero que cuando cartucho y recámara estaban limpios, no hubo ningún problema.

El Mayor Reno, informó en una carta oficial fechada el 11 de julio de 1876, dirigida al Jefe de Artillería, General S. V. Benet; que el fallo en la extracción de los cartuchos, dejó “inservibles” a seis de las trescientas ochenta carabinas usadas en Reno Hill. Pero no habló de cuantas fallaron. El Mayor Reno, en su Informe Oficial de la batalla, fechado el 5 de julio de 1876, escribió: “Que en su inspección del campo de batalla, encontró muchos cuchillos con las hojas rotas”. Ahí se basó su teoría, de que se habían roto al intentar extraer los cartuchos atorados en la recámara.

Fue esa carta del Mayor Reno publicada en el “Army and Navy Journal”, la que parece haber iniciado la idea de que el fallo en la extracción, provocó la derrota de Custer. Por supuesto, Reno necesitaba desviar las críticas hacía otra parte.

Los fallos de extracción continuaron siendo una preocupación después de la batalla, y durante el resto de la campaña de 1876. El Capitán C. E. Dutton, preguntó a treinta y siete oficiales sobre el supuesto problema; todos habían visto al menos una carabina con problemas, y algunos informaron que tenían conocimiento, de hasta siete carabinas que dieron fallos.

El capitán O. E. Michaelis examinó una carabina que se utilizó en Reno Hill que tenía un casquillo atascado en la recámara. Pero no llegó a ninguna conclusión práctica.

Después de la batalla de Custer, hombres bajo el mando del Coronel Gibbon, informaron que habían encontrado, carabinas con los extractores rotos y cartuchos defectuosos en la recámara, en la inspección que hicieron del campo de batalla, mientras buscaban cadáveres para enterrar. Estos hallazgos son mencionados como "docenas". Pero no está documentado de forma oficial y cuesta mucho creer que se encontraran docenas de carabinas estropeadas.

Algunos relatos indios también hablan de esos problemas. Al terminar la batalla, el guerrero cheyenne, Wooden Leg, vio a un sioux con una carabina capturada que tenía un cartucho atascado firmemente en la recámara. Los guerreros sioux trataron infructuosamente de sacar la vaina y como no lo consiguieron de ningún modo, tiraron la carabina al río.

Años después de la batalla, White Bull le contó a Stanley Vestal, que había conseguido una "buena carabina" de un soldado muerto, una carabina que no tenía ningún problema. Stanley Vestal, un estudioso de la batalla de Little Big Horn con toda seguridad conocía la teoría del fallo de la extracción. El comentario de White Bull lo publicó en 1934, en su obra: “New Sources of Indian History”.

Es importante señalar que en la tradición oral de los cheyennes, estas teorías de los fallos de extracción no se mencionan nunca.

En relatos de soldados del Séptimo, se describen los casos de esas vainas atascadas, pero nunca cuantifican el número de armas, ni aclaran el alcance real del problema. Los testimonios indios pertinentes parecen sugerir que el problema surgió simplemente, como una excusa para justificar la derrota.

Hoy en día, por medio de la arqueología, se pueden examinar vainas de cartuchos recuperados del campo de batalla. En su obra: “Archaelogy, History, and Custer´s Last Battle” (1993), Richard A. Fox dictamina que sólo tres de los ochenta y ocho (3,4 por ciento), cartuchos recuperados que examinó, tienen un rasguño producido por hacer palanca en ellos por algún objeto punzante. Ninguno tenía rota la base del fulminante. En ese análisis de cartuchos disparados por sesenta y nueve carabinas diferentes, los tres cartuchos dañados en la extracción representan el 4,3 por ciento. Siguiendo ese análisis del 4,3 por ciento, y teniendo en cuenta que el Batallón de Custer contaba con doscientas diez carabinas, nos lleva a pensar que sólo alrededor de nueve carabinas utilizadas por el Batallón de Custer, podrían haber experimentado problemas de extracción.

Cálculos ligeramente diferentes se derivan del análisis de las vainas recuperadas arqueológicamente del campo de batalla Reno-Benteen. Allí se encontraron siete vainas dañadas. De doscientas cincuenta y siete carabinas, sólo el 2,7 por ciento presentaban marcas de extracción forzada. Eso daría siete carabinas con problemas. Reno escribió en “Army and Navy Journal”, que eran seis las carabinas estropeadas.

Curiosamente el 17 de junio, la batalla de Rosebud, enfrentó a las tropas del General Crook contra los mismos guerreros que combatieron justo ocho días más tarde a Custer. Según los informes militares posteriores a esta batalla, las fuerzas de Crook, dispararon no menos de 25.000 balas con las mismas carabinas Springfield. No hay ni un solo informe en el que se hable de problemas en la extracción de los cartuchos. Esto viene a corroborar la teoría de muchos estudiosos de Little Big Horn, que el asunto de los problemas mecánicos de las carabinas fue una cortina de humo, para cubrir muchas responsabilidades.

Cuando las noticias de la batalla de Custer y su derrota se conocieron en el país, llegaron las críticas; y las críticas llegaron por muchos lados. Una de las afirmaciones más repetidas por la prensa en sus relatos de la batalla, era que los indios estaban mejor armados que los soldados, por tener rifles de repetición Henry y Winchester. Afirmaban que la carabina Springfied era inferior a esos rifles y además ineficaz en la lucha contra los indios.

Entre las críticas más específicas, un observador argumentó que la carabina era inútil más allá de una distancia de trescientos metros. Otros hicieron campaña por un arma de fuego capaz de aumentar el alcance sin peso adicional y sin alargar la longitud del cañón.

Las quejas más amargas, argumentaban que los soldados armados con carabinas de un solo tiro no eran rival para los indios armados con rifles de repetición. Este argumento fue tan fuerte que el Coronel Ranald MacKenzie del 4.º Regimiento de Caballería, y experimentado soldado combatiente de indios, solicitó sin éxito, que la carabina Springfield reglamentaria fuera reemplazada por el rifle de repetición Winchester.

Incluso el General John Gibbon, abogó por la adopción de un arma de fuego de repetición. Decía en sus comentarios que el rifle de repetición era más fácil de manejar a caballo.

John F. Finerty, autor de “War-Path and Bivouac, Or the Conquest of the Sioux” (1890), llegó a afirmar en su obra, que si el Séptimo hubiera llevado Winchesters a Little Big Horn, el resultado de la batalla podría haber sido muy diferente. Puede tener mucha razón.

La preocupación por el papel del rifle de repetición, en la victoria de los indios sobre Custer, no carecía de cierta verdad. En el combate en el cruce del vado, un puñado de guerreros con rifles de repetición, pararon primero, y rechazaron después a cinco Compañías de Caballería. Sin embargo el historiador Robert Utley, escribió en su libro: “Cavalier in Buckskin: George Armstrong Custer and the Western Military Frontier” (1991): “Es muy exagerado afirmar que los rifles de repetición fueran los causantes de la derrota de Custer”.

El Teniente Charles Varnum, que había luchado en la batalla Reno-Benteen, declaró en su testimonio en el Tribunal de Investigación de Reno que el alcance efectivo de la carabina excedía en cuatrocientos metros el alcance efectivo de los Winchesters.

A partir de una perspectiva técnica, la afirmación de que los rifles de repetición eran superiores a la carabina Springfield es tan extremadamente inexacta que no se puede sostener en un estudio serio.

Las pruebas hechas en el Parque de Artillería del Ejército en 1879, demostraron que la carabina, en comparación con los rifles de repetición de la época, era claramente superior en alcance, potencia de frenado y precisión. La solicitud del Coronel MacKenzie de que su regimiento fuera equipado con Winchesters, fue rechazada por los oficiales del Ejército precisamente por esos motivos.

En el combate defensivo en Reno Hill, el largo alcance de la Springfield mantuvo sin ningún problema a los indios a distancias más allá de las que podían alcanzar los hostiles con sus rifles de repetición. No fue sino hasta que capturaron las carabinas del Batallón de Custer, cuando los guerreros
indios pudieron hostilizar a las fuerzas de Reno y Benteen desde larga distancia.

Otra cosa muy distinta, es la eficacia de una y otra arma, en el combate cuerpo a cuerpo. Ahí sin duda el rifle de repetición sale vencedor. Cuesta mucho recargar las carabinas mono tiro. Mientras que el rifle de repetición con un movimiento de palanca, ya tiene otro cartucho listo en la recámara para disparar. En ese combate cercano, la potencia de frenado y el alcance no sirven para nada. Muchos relatos indios, cuentan que cuando llegó el momento del combate cuerpo a cuerpo, los soldados mayoritariamente arrojaron las carabinas al suelo. Probablemente sería por considerarlas ineficaces, sacarían los revólveres y continuarían disparando con ellos.

Ciertamente, los rifles de repetición podían manejarse más fácil a caballo, pero en aquella época, el ejército usaba la caballería como infantería montada. Se utilizaba como fuerza rápida de búsqueda y acoso. Cuando entraban en contacto con los guerreros hostiles, desmontaban, formaban la línea de escaramuza y disparaban rodilla en tierra, según ordenaba el manual táctico de la Caballería de 1974. El tradicional papel de carga y choque de la caballería había disminuido. Los altos oficiales del Ejército, y los observadores, no comprendieron la naturaleza de los combates que se desarrollaban durante las guerras indias. La perspectiva popular de la época, que persiste aún hoy en día, imaginaba hordas de indios galopando con sus ponis, y disparando sin cesar. Nada de eso ocurría. Los guerreros indios eran muy reacios a exponerse de forma innecesaria si se podía evitar. Preferían la huida y el combate a larga distancia siempre que podían escoger.

Aunque el rifle de repetición fue un factor importante en el combate, su efectividad, fue más medida en términos del impacto proporcionado por la rapidez de fuego que proporcionaba. Por usarse en posiciones cercanas y no por una superioridad técnica. Estas posiciones tan cercanas en las que derivó el combate, exacerbó las limitaciones de la capacidad de disparo único de la carabina y ayudó es cierto, a contribuir al colapso masivo en la estabilidad táctica.

Las causas de la derrota hay que buscarlas también por otros lados. Personalmente yo creo que Custer en todo momento después de ser rechazado en el vado, confió en la llegada de Benteen. Reno tampoco luchó tal y como se le había ordenado. Ambos; Reno y Benteen le fallaron. Al retirarse Reno al otro lado del río a una sólida posición defensiva, los indios dejaron un pequeño retén de guerreros muy jóvenes y muy mayores, y los más capaces se liberaron y pudieron acudir al campo de batalla de Custer.

Benteen por su parte recibió órdenes de avanzar con su Batallón y las municiones y no lo hizo. Durante la hora y media que Custer esperó los refuerzos, tuvo tiempo de sobra para buscar una posición favorable de defensa o bien para retirarse. El camino estaba libre. Su hermano Boston Custer que iba con el tren de suministros se unió a él sin ver a un indio. Custer fue al Little Big Horn a luchar y estuvo esperando a Benteen para luchar. La mentalidad militar ofensiva de Custer, y su confianza en sus subordinados lo condenó.

Como ya he comentado antes, el Teniente Edward Godfrey fue el oficial que más y mejor escribió sobre la batalla. Para muchos autores, sus escritos sobre lo que presenció son los más precisos y veraces. Gordon Harper lo único que le achaca en contra, es que se fio mucho, de lo que le contó Gall sobre el combate final de Custer. Godfrey siempre mantuvo que el Batallón de Custer nunca se acercó al vado. Lo creía porque Gall así se lo dijo. Pero Gall tampoco le mintió. Gall no vio al Batallón de Custer cerca del río porque él, estaba combatiendo a Reno en el otro extremo del campo de batalla. Cuando Gall llegó, Custer estaba ya en su última posición. Como explicó David Humphreys Miller; en la cultura de los indios hablar de algo que no se ha visto es de muy mala educación. Hoy se sabe positivamente por las pruebas arqueológicas, que el Batallón de Custer bajó hasta el río.

Edward Godfrey; empezó a escribir sus recuerdos cuando a principio de la década de los ochenta, estuvo como Instructor en West Point. En esa primera versión escrita (desaparecida o destruida), parece ser que fue muy crítico con Custer, y lo señalaba como único responsable de la derrota. Con el paso del tiempo, conforme fue estudiando la batalla y obteniendo nuevos datos, fue cambiando. Llegó a la conclusión final de que el mayor culpable del desastre fue Reno.

Godfrey en un principio pensó que la orden dada al Capitán Benteen de avanzar por la izquierda del valle, había sido una estupidez, una pérdida de tiempo y una pérdida de potencia ofensiva del Regimiento. Pero cambió de idea y en su artículo en “Century Magazine” (1892); escribió que estaba convencido que la acción encomendada a Benteen, era porque el General Custer estaba seguro de que habían sido descubiertos, y que los hostiles intentarían huir por el valle del Little Big Horn. Por eso mandó en esa dirección a Benteen para que los interceptara y los mandara de regreso a la aldea.

Godfrey en su artículo de 1892 fue muy severo con Reno. Estaba convencido de que su carga fue muy poco enérgica. Con su precipitada retirada al bosquecillo cuando todavía no había sufrido ninguna baja, y su retirada final del valle cuando subió a los acantilados, propició que la gran mayoría de guerreros pudieran enfrentarse a Custer. Tampoco creía que Custer hubiera podido salvarse gracias a Reno. Cuando se oyeron las dos descargas cerradas pidiendo auxilio, Reno no hizo absolutamente nada. Reno no estaba mentalmente capacitado en aquellos momentos para actuar. Godfrey pensaba que la conducta del Mayor Reno durante el asedio no inspiró ninguna confianza a ninguno de los oficiales, y que sólo su rango superior lo mantuvo al mando. En el artículo publicado en 1892 había ya muy pocas críticas a Custer. En 1908 revisó el artículo para una nueva reimpresión, y eliminó las pocas críticas a Custer que quedaban.

Esa animadversión hacia Reno no cesó con los años, al contrario; aumentó. También cambió de idea con respecto a Benteen, y llegó también a culparle del desastre por desidia, por no enfrentarse a Reno y obligarle a ir al rescate de Custer cuando sus dos Batallones se unieron en Reno Hill. Cuando oyeron las dos descargas cerradas de Custer pidiendo ayuda. Godfrey y su Compañía K, eran una de las unidades del Batallón de Benteen. En sus años finales recordaba con amargura como Benteen perdió casi media hora, abrevando los caballos en la charca y luego continuó hacia delante a un paso muy lento a pesar de que se oían los primeros disparos del combate.

En referencia a esas dos descargas cerradas, Godfrey cuando llegó a Weir Point y vio los últimos momentos del combate, pensó que Custer había sido rechazado y que las descargas eran los tiros de su retaguardia retirándose. Con el paso de los años comprendió la realidad. Era Custer pidiendo auxilio.

La prueba final de este sentimiento anti Reno, por parte de Godfrey la tenemos en una carta fechada el 18 de enero de 1929, y dirigida a C. H. Asbury, Agente de la Reserva Crow en Montana.

En aquellos años se estaba pensando en colocar un memorial en Reno Hill, donde quedaron sitiados los sobrevivientes del Séptimo. Una de las ideas que se barajaban era poner los nombres de todos los que estuvieron allí en el monumento que se pensaba erigir. Esta es la carta que le dirigió a C.H. Asbury:

“Cookstown, New Jersey

18 de enero de 1929

C.H. Asbury, Agente,

Crow Agency, Montana

Mi querido Mayor Asbury,

Su carta del 2 de enero trata para mí de una cuestión que me interesa mucho. Varias veces, estando en Washington, he tenido la tentación de ir a ver a los funcionarios del Departamento de Interior por el asunto del Memorial en el campo de batalla de los acantilados. Pero pensé que era mejor esperar el progreso de los acontecimientos.

Siempre he sentido que no se deben colocar nombres individuales en el Monumento.

Primero; porque siempre he pensado que el Mayor Reno fracasó de forma estrepitosa en su carga en el valle. Luego cuando se retiró al bosquecillo no pudo organizar un fuego efectivo, cosa que podía y debería haber hecho.

Segundo; porque habiendo tomado la decisión de retirarse, no hizo ninguna disposición para cubrir esa retirada, ni informó al mando de tal

decisión. Su conducta propició el pánico, y una retirada desastrosa en la que sacrificó muchas vidas, y la moral de su mando. La impresión por ver la muerte de Bloody Knife a su lado, parece haberle despojado de su sentido de la responsabilidad, e impulsarlo a buscar la salvación en la huida.

Tercero; cuando estábamos asediados en la posición, pareció resignado a la inactividad, excepto cuando el Capitán Benteen le aconsejó. Cuando llegó la noche del día 25 de junio y cesaron los disparos, planeó abandonar la posición. Destruyendo el material que no pudiera ser transportado. Montar a todos los hombres que pudieran cabalgar y retirarse al campo de suministros en la desembocadura del río Powder. Cuando se le preguntó que iba a hacer con los heridos que no podían montar, dijo que había que abandonarlos. Benteen le dijo que no lo hiciera. Yo todo eso lo sé porque me lo contó el Capitán Benteen.

Protesto. El nombre del Mayor Reno como Comandante de esa fuerza, no debe estar grabado en el Memorial. Por lo tanto, no deben aparecer los nombres individuales de los supervivientes y sugiero la siguiente inscripción:

Esta área fue ocupada por las Compañías; A, B, D, G, H, K y M, del Séptimo Regimiento de Caballería de EE. UU. Y el tren de abastecimiento donde estuvieron sitiados los días 25 y 26 de junio de 1876.

Con los mejores deseos para ti y los tuyos,

Cordialmente, E.S. Godfrey”


Y lo consiguió, porque en el memorial de Reno Hill, es exactamente eso que él sugirió lo que está grabado en granito.

Yo; como resumen a mi idea particular de esta batalla, estoy convencido que la clave hay que buscarla en el combate en el vado. Ahí es donde se decidió el destino. Si Custer hubiera podido pasar con sus cinco Compañías hubiera cargado hacía Reno, y se hubiera producido una desbandada general de los indios. Muchos relatos indios dicen que si hubiera cruzado el río ellos habrían huido.

En aquel vado usado por los búfalos, fueron los rifles de repetición los que pararon la carga. Una granizada de balas a veinte o treinta metros, paró la última carga de Custer.
No me desenvaines sin razón, no me envaines sin honor

George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Formación del Séptimo de Caballería

Cuando el Séptimo salió de Fort Abraham Lincoln el 17 de mayo de 1876, estaba integrado por 788 personas.

-738 oficiales y soldados.

-2 guías civiles (el hermano pequeño de Custer Boston y su sobrino Autie Reed.

-5 muleros

-38 guías arikaras (rees) y 5 dakotas

En el Depósito que se instaló en el río Powder se quedaron para custodiarlo ciento veinticinco soldados. Desaparecieron once rees y un dakota. Se perdieron seis soldados por deserción o enfermedad.

Se añadieron tres intérpretes, y seis guías crows. A estos hay que sumarles el corresponsal del “Bismarck Tribune”, Mark Kellogg. En total 655 hombres.

Bajas del 7.º Regimiento de Caballería

El 7º de Caballería sufrió un cincuenta y dos por ciento de bajas: Dieciséis oficiales y doscientos cuarenta y dos soldados murieron, o posteriormente murieron por las heridas recibidas en la batalla. Fueron heridos: Un oficial y cincuenta y un soldados.

Todos los soldados de las cinco Compañías que estuvieron con Custer (E; F; C; I; y L), murieron. Sólo se salvaron, los cuatro exploradores crows que guiaron el batallón de Custer (fueron licenciados por Custer en el momento de avistar el poblado indio), y varios soldados que abandonaron la columna por venirse sus caballos abajo, y que tuvieron que volver por sus pasos andando y reintegrase al Batallón de Reno.

Entre los muertos se encontraba el hermano de Custer, Boston y su sobrino Henry Reed, que estaban en nómina como muleros civiles pero que en el momento final se unieron al Batallón.

Casi todas las fuentes sobre el número de bajas en la batalla, difieren en los totales finales. El informe final real es muy difícil de precisar. Antes de la batalla, Custer destinó a seis soldados y un suboficial de cada Compañía para que reforzaran a la Compañía B, del Capitán Thomas McDougal, encargada de la retaguardia y de la custodia de las mulas que transportaban la impedimenta, víveres y munición.

En las listas oficiales del Séptimo hechas el 30 de junio, se encuentran soldados heridos, o que luego murieron por heridas, cuyas Compañías estaban con Custer. En consecuencia es extremadamente difícil precisar el número exacto de soldados que acompañaron a Custer en su última batalla.

La mutilación de los cadáveres, así como los tres días transcurridos hasta el momento de los entierros, en muchos casos hizo que fuera imposible la identificación personal de muchos de los caídos. En realidad sólo se hizo esfuerzo, en la búsqueda de los cadáveres de los oficiales. Los soldados que fueron reconocidos por sus camaradas se registraron, los que no lo fueron, se enterraron sin más.

Los relatos varían entre doscientos ocho y doscientos diez, los cadáveres encontrados y enterrados el 28 de junio. Esta cifra puede no contar con un número indeterminado de cuerpos que no se encontraron, incluyendo los tres Tenientes; Henry M. Harrington; James E. Porter y James G. Sturgis. Hay relatos indios de algunos soldados que consiguieron pasar las líneas pero que fueron perseguidos y muertos a varios kilómetros de distancia. En años posteriores se encontraron algunos esqueletos con restos de equipo militar, que hacen pensar que eran los soldados que según los indios consiguieron pasar las líneas, para simplemente morir más lejos.

Las bajas totales publicadas por el Ejército en la Batalla de Little Big Horn fueron:

- Muertos en acción (260)

- Muertos a consecuencia de las heridas recibidas (6)

- Heridos en acción (68)

- Desaparecidos en acción (3)

Bajas Sioux- Cheyennes

Las estimaciones de las bajas de los guerreros sioux-cheyennes, han diferido ampliamente. Desde tan solo treinta y seis muertos, hasta los trescientos.

Algunos de los relatos orales indios, incluso mencionan el nombre del guerrero, la tribu a la que pertenecían y la edad aproximada. El jefe de los sioux lakota, Red Horse; le dijo al Coronel W. H. Wood en 1877, que los guerreros indios tuvieron ciento treinta y seis muertos y ciento sesenta heridos en la batalla (es de suponer que muchos de esos heridos murieron en los días posteriores a la batalla).

En 1881, el mismo Red Horse, le dio al Dr. C. E. McChesney, los mismos números. Pero en una serie de dibujos hechos por el propio Red Horse para ilustrar la batalla, dibujó solo sesenta figuras que representan los muertos sioux y cheyennes. De esas sesenta figuras, sólo treinta están representadas con el método convencional de los indios de las llanuras para indicar la muerte.

En estos últimos 144 años, los historiadores han podido identificar varios nombres indios pertenecientes al mismo individuo, lo que ha reducido considerablemente los números previamente inflados. Hoy existe una lista de bajas conocidas positivamente que enumera noventa y nueve nombres, atribuidos y consolidados a treinta y un guerreros perfectamente identificados.

Se sabe también que seis mujeres sioux sin identificar, y cuatro niños, murieron al comienzo de la batalla durante la carga de Reno. Estas muertes se creen que fueron hechas por los guías rees, a los que Custer mandó que fueran a espantar la manada de caballos de los indios. Estas mujeres y niños, probablemente habían salido del campamento para coger caballos para los guerreros. Entre estos muertos, se encontraban dos esposas y tres hijos (algunas fuentes mencionan dos esposas y un hijo), del jefe de los sioux hunkpapa, Gall. El propio Gall; años más tarde declaró, que cuando vio a sus dos mujeres y tres hijos muertos perdió la razón y dejó el rifle. Se armó con un hacha y en la desbandada de Reno al retirase del soto y cruzar el río para llegar a las alturas, cabalgó entre los soldados matándolos a golpes de hacha.

El respetado autor e historiador Richard G. Hardorff, en su libro: “Hokahey! A Good Day to Die!: The Indian Casualties of the Custer Fight” (1993), identifica con su nombre y tribu, a 1.489 indios que estuvieron presentes el 25 de junio de 1876 en el lugar de la batalla. De ellos, 1274 son hombres o niños y 214, mujeres o niñas. De este total, gracias a las tradiciones orales y documentación oficial, se cree que sesenta y seis de los enumerados en la lista, murieron en la batalla.

Es extremadamente complicado, y seguramente una cosa que nunca se sabrá con certeza, el número ni real, ni aproximado de los muertos indios en la batalla. Sean treinta y seis como dicen algunas tradiciones orales. Sean ciento treinta y seis como declaró Red Horse. Los noventa y nueve que se manejan en otras listas o los sesenta y seis de Richard G. Hardorff. Está claro que el número de heridos tuvo que ser muy alto. Red Horse dijo que tuvieron ciento sesenta heridos. En aquella época, las heridas de bala en el estómago eran todas mortales por la peritonitis en la que derivaban. Las heridas en las extremidades si tocaban hueso, eran terroríficas. En los días, semanas y meses posteriores, debió haber muchos muertos por las heridas recibidas.

Custer; ¿héroe o villano?

El país entero entró en shock en el momento en que se conoció la noticia de la derrota. La opinión pública rápidamente exigió responsabilidades, y
todo aquel que tenía algún cargo, intentó salvarse y le echó la culpa al muerto, nunca mejor dicho. Custer estaba muerto y no podía defenderse.

El Presidente de los Estados Unidos, el General Ulysses S. Grant, el Capitán General William T. Sherman, Jefe del Ejército y el General Phillip H. Sheridan, Jefe de la Division del Missouri; en un primer momento culparon del desastre al Teniente Coronel Custer. El informe de Alfred H. Terry, Jefe del Departamento de Dakota y Jefe de la columna en la campaña, culpó a Custer de no haber obedecido sus órdenes. Terry escribió en su informe que las órdenes dadas a Custer, eran de que esperara al resto de la columna. Que se limitara a contener a los hostiles y que sólo entrara en acción en caso de huida de los indios.

Si sus superiores lo condenaron, sus subordinados también. El Mayor Reno dijo que las órdenes que recibió de viva voz de Custer, eran que avanzara y cargara, y que Custer con el resto del comando lo apoyaría. Según Reno su carga fue parada por un contingente que estimó entre seiscientos y setecientos guerreros. Muchos para enfrentarlos con sus ciento veinte soldados. Dijo que al no recibir el apoyo prometido se tuvo que retirar a una posición defensiva.

El Capitán Benteen declaró que cuando volvió por sus pasos y llegó a la posición de Reno, tuvo que ayudar con sus tres Compañías a mantener la posición. También afirmó que cuando pudo ponerse en camino hacia Custer, los guerreros ya habían acabado con el Batallón y que bloqueaban el camino.

Ni lo que dijo Reno, ni lo que dijo Benteen en la Comisión que investigó la batalla en 1879 en Chicago era verdad. Pero ninguno desmintió las declaraciones del otro. El Tribunal de Investigación las dio por buenas, y exoneró al Mayor Reno de cualquier responsabilidad en la derrota.

La verdad es que Reno no se enfrentó en el valle del Little Big Horn a seiscientos guerreros, no fueron muchos más de doscientos. Y además al principio del combate, esos guerreros iban a pie. No habían conseguido coger sus caballos que estaban pastando libremente. En los quince minutos que duró la línea de escaramuza que formó, sólo perdió dos hombres. Cuando se retiró al bosquecillo al lado del río en la media hora siguiente sólo perdió otros nueve soldados. No tuvo ninguna necesidad de retirarse del soto. Allí podría haber aguantado bien las envestidas de los hostiles. Fue en su desastrosa retirada al otro lado del Little Big Horn donde sufrió cuarenta bajas.

Benteen también mintió. Cuando llegó a la posición de Reno estuvo durante una hora sin moverse. Fue el Capitán Weir, quien pidió primero permiso a Benteen para avanzar con su Compañía D. Benteen se negó, pero Weir montó a su Compañía y avanzó hasta el punto que hoy es conocido como Weir Point. Veinte minutos después, Benteen lo siguió. Cuando llegaron vieron en la lejanía los últimos momentos de la batalla. Desde que Benteen llegó a la posición de Reno hasta que avanzó hasta Weir Point, transcurrió una hora y veinte minutos. Si Benteen hubiera obedecido las órdenes recibidas, y habida cuenta que entre la posición de Reno y la de Custer había seis kilómetros, es muy plausible pensar que a pesar de ser un terreno accidentado, a un paso vivo podría haber llegado al campo de batalla de Custer en una media hora.

Si Benteen hubiera avanzado en su momento, el camino estaba libre y podría haberse acercado sin problemas a Custer. Los hostiles habrían detectado el avance de Benteen, bien por exploradores o bien por el polvo que levantaría la columna. Ante esa tesitura, los indios podrían haber reaccionado de dos formas. Una; mandando a parte de sus fuerzas al encuentro de Benteen, con lo que la presión sobre el comando de Custer hubiera decrecido mucho.

La otra posibilidad hubiera sido que quizás los indios se hubieran retirado al otro lado del Little Big Horn, para montar una acción defensiva de retaguardia para permitir que los no combatientes pudieran huir. En cualquier caso, si Benteen hubiera avanzado con rapidez, la batalla probablemente no hubiera acabado en derrota aplastante. Tampoco con victoria, pero si con la desbandada de los hostiles.

Pero al mismo tiempo que salieron estos, y otros muchos detractores de Custer, emergió la figura de Frederick Whittaker; un inglés que emigró a Estados Unidos, y que se alistó voluntario en el 6.º Regimiento de Caballería de Nueva York durante la Guerra Civil. Whittaker terminó la
contienda como Capitán. Combatió en importantes batallas incluida la de Gettysburg. Fue herido, capturado y canjeado por otro prisionero.

Frederick Whittaker se convirtió en el primer biógrafo de Custer, y tiene gran parte de culpa del aura romántico, que adquirió el General Custer después de su muerte. Whittaker era un escritor de novelas de diez centavos. Idolatraba a Custer, y rápidamente en seis meses, escribió un grueso tomo repleto de inexactitudes, sacadas mayoritariamente de informaciones falsas publicadas en periódicos. Otra información la extrajo directamente del propio libro escrito por el General Custer: “My Life on the Plains: Or, Personal Experiences with Indians” (1874).

Whittaker contó con un colaborador especial en este trabajo; Thomas B. Weir, Capitán del 7.º de Caballería. Weir era todo un caballero con las damas y era el favorito de las esposas de los oficiales en la guarnición. Era poseedor de una mente rápida e ingeniosa cuando estaba sobrio. Lamentablemente era muy aficionado a la botella, y poco después de ayudar a Whittaker en la biografía, murió por los efectos del alcohol.

Esa gruesa biografía, sirvió como fuente de inspiración para toda una generación de escritores de libros de aventuras. Escritores que repitieron como un mantra las conclusiones heroicas a las que llegó Whittaker.

Otro personaje que entró en escena fue Elizabeth Custer, esposa del General. Libbie Custer; la joven viuda de treinta y cuatro años. Dedicó el resto de su vida a proteger y defender la memoria de su "Autie".

La rígida sociedad de la época hizo que por respeto, muchos de los que podrían haber hablado y criticado duramente a su difunto marido, mantuvieran silencio. Parece que hubo una especie de "conspiración de silencio", para aplazar los ataques contra el General Custer hasta que ella muriera. Fue una conspiración inútil, porque los sobrevivió a todos. Libbie Custer murió el 6 de abril de 1933, dos días antes de su nonagésimo primer cumpleaños. Casi cincuenta y siete años después del día 6 de julio de 1876, cuando el barco de vapor “Far West” llegó a Fort Lincoln con el Mayor Reno y los heridos del campo de batalla de Little Bighorn. Cuando el vapor “Far West” llevó la desgraciada noticia de que había treinta nueve viudas en Fort Abraham Lincoln.

La esposa del General, trabajó en estrecha colaboración con Whittaker. Le dio mucha información de primera mano sobre su vida en común con el difunto General. Entre los dos, garantizaron que la imagen del General Custer, fuera la del valiente y esforzado soldado que murió luchando mientras sus subordinados (especialmente el Mayor Reno), le abandonaron.

Libbie Custer escribió tres libros; “Boots and Saddles” (1885), “Following The Guidon” (1890), y “Tenting on the Plains” (1893). Todos eran íntimos recuerdos de un matrimonio idílico, un marido solícito, galante, divertido y valiente. Los libros también cuentan la vida en la frontera de las esposas de los militares. La vida dura en esos puestos remotos de las llanuras. Esos libros no carecen de valor, y son muy interesantes para entender la monotonía del servicio de guarnición en aquellos Fuertes. El día a día de los soldados, la vida social y el inmenso aburrimiento que envolvía todo.

Esos libros, hicieron que sus numerosos lectores vieran a su esposo de la misma forma que lo veía ella. Con estos libros ganó una pequeña fortuna que le permitió viajar por Europa y Asia, y disfrutar de una holgada situación económica.

Thomas Rosser; compañero y amigo De Custer. Compartieron habitación en West Point, también salió a la palestra. Publicó en una carta en el “St. Paul Pioneer Press and Minneapolis Tribune” el 8 de julio de 1876: “Creo que Custer hubiera tenido éxito si Reno, junto con toda la reserva de siete Compañías, hubiera avanzado y se hubiera unido a él tras la primera retirada. Como soldado, antes que vivir en el lugar de los supervivientes en las colinas sitiadas, preferiría yacer hoy en la tumba del General Custer y de sus valientes compañeros, solos en aquel lejano páramo, para que cuando suenen “las trompetas del último día” resucite y sea juzgado desde mi puesto del deber”.

Sin embargo, Custer también tuvo sus detractores. El primero y principal entre los escritores fue Frederic F. Van de Water. Escribió en 1934 el libro: “The Glory Hunter”. En esta obra, describió a un Custer radicalmente distinto al gallardo caballero que había descrito Frederick Whittaker.

Según Frederic Van de Water, Custer era un soldado brutal; detestable; vanidoso; arrogante; tiránico; egoísta; imprudente e incompetente.

Con el paso del tiempo la literatura sobre esta batalla no ha disminuido, todo lo contrario. Cada año que pasa hay más y más libros sobre el tema. Se han escrito más libros sobre la batalla de Little Big Horn, que sobre cualquier otra batalla de la historia mundial. Cada año hay más estudios y más estudiosos sobre esta pequeña batalla, que para cánones de la época en Europa, no habría pasado de ser catalogada como una simple escaramuza. Una batalla en la que contando las bajas de ambas partes, no se llegaron a los cuatrocientos o quinientos muertos como mucho.

Pero hay algo mágico en esa batalla que ha permitido, que el mito de Custer esté muy vivo casi siglo y medio después. Como escribió Evan S. Connell en su libro “Son of the Morning Star” (1984): “Custer continúa de pie en aquella polvorienta colina de Montana, y se resiste tozudamente a morir”.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Lutzow »

Una vez concluida la tarea de subir este artículo (más bien libro) en el nombre de George Horn, debo decir que he disfrutado mucho con la lectura, una exposición clara y amena de los hechos que llevaron a la batalla, del propio combate y de sus consecuencias, plagada de citas escritas por personajes contemporáneos al suceso que resultan muy interesantes, así como las opiniones personales del autor... De modo que mis felicitaciones a George y ya sabéis, si queréis conocer todos los detalles de esta pequeña pero mítica batalla, no dejéis de leer este artículo, pues no vais a encontrar nada semejante en español...

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

George A. Custer junto a su esposa y su hermano Thomas:

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El teniente Henry M. Harrington:
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El jefe lakota Caballo Rojo (Red Horse):
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A decir verdad, en esta lucha de cada instante, donde el resultado más corriente es que se petrifique todo lo que hay de más espontáneo y valioso en el mundo, no estoy seguro de que podamos ganar.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

El controvertido capitán Frederick Benteen, según un dibujo de la época:
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El probable matador de Custer: Toro Blanco (White Bull)
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por lonesomeluigi »

En efecto un gran artículo/libro, impresionante el numero de fuentes tratadas, como dice Lutzow no encontraremos nada semejante en español. Una amena e instructiva lectura para un domingo por la mañana. Mis felicitaciones al autor George Horn. :Bravo

He encontrado un mapa para así situarnos geograficamente en la acción y los movimientos realizados.

Imagen

Salud.
Mölders era conocido por su fuerte carácter. Sus hombres lo apodaron "Vati" (papaito), en reconocimiento a su actitud paterna hacia ellos, y el cuidado que tuvo en su bienestar. Era un individuo devotamente religioso que exigía que todos los aviadores aliados capturados por aquellos bajo su mando fueran tratados civilmente, y que a menudo invitaba a esos pilotos capturados a cenar con él.
"Era un táctico maravilloso. Mi admiración por él era ilimitada. Tenía un gran ingenio y una gran personalidad. Era el hombre con más principios que jamás haya conocido".
Günther Rall.

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por fco_mig »

Carabina Springfield modelo 1873.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Prinzregent »

Excelente artículo. Mis felicitaciones al autor y palmadita suplementaria al "subidor" :Bravo :Bravo :Bravo
“¿No es extraño?; los mismos que se ríen de los adivinos se toman en serio a los economistas”. Anónimo

“Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río”. Nikita Jruchev

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Bruno Stachel »

Felicidades, Mr. Horn, por el artículo. Sobre la pobre actuación de Benteen, su resentimiento jugó un gran papel en lo que sucedió; se imaginó que Custer iba a repetir una de sus cabalgadas míticas mientras él estaba dándo vueltas por la pradera y eso terminó de desquiciarle. Además, la memoria de lo sucedido en el río Washita seguía fresca.

Si Custer fue herido, tuvo que ser una herida ligera, porque de haber sido grave, se hubiera desangrado antes de llegar a Last Stand Hill o hubiera quedado incapacitado para el mando. Si muere en el vado, las fuerzas bajo su mando simplemente se desintegran ante semejante golpe moral. Ni resistencia en la colina ni nada, salen al galope en todas direcciones. ¿Que fuera herido y sus órdenes confusas a partir de ese momento? Es posible, aunque no lo creo. La herida más la desagradable sorpresa de haberse confundido garrafalmente tuvo que tener un peso considerable. Confiaba en repetir la jugada del Washita y capturar al poblado para luego salir tranquilamente del campo de batalla. Y, de repente, se encuentra con muchos más indios de lo esperado, muy agresivos y con su mando dividido y superado. Tal vez, al darse cuenta de que su famosa suerte se había terminado pudieron provocarle un "cortocircuito" mental que causaran las órdenes erráticas.

¿Fue un error desmontar y combatir? Visto con la distancia que da el tiempo así lo parece, pero tengamos en cuenta un detalle. Custer sabía que sus caballos, tras varias horas de marcha, no estarían tan frescos como los de los indios. Huir al galope podía salir bien o terminar siendo cazados como conejos. Así que optó por una solución que parecía aceptable: atrincherarse como fuera y lanzar una andanada de fuego tras otra mientras esperaba que Benteen llegara. Como ya le había pasado con el tamaño del poblado indio, también se equivocó en eso.

Hace dos años intenté hacer una reconstrucción de lo que fue la batalla de Little Big Horn vista desde ambos bandos, con mayor o menor fortuna.

He aquí la recopilación de lo que me salió (veinticuatro entradas, en total). Quise hacer algo corto y casi me salió el Custer de la Mancha...

https://jackchatterley.wordpress.com/20 ... rn-1876-1/
https://jackchatterley.wordpress.com/20 ... rn-1876-2/

Desde mi punto de vista, el desastre del 7º de Caballería fue el resultado de, por parte de Custer, un exceso de confianza y una falta total de información sobre el enemigo; de un exceso de resentimiento, por parte de Benteen: de una mezcla de estress de combate y vapores alcohólicos (siendo generoso), por parte de Reno, y, finalmente, una falta para dejar claras las órdenes e imponer su autoridad por parte de Terry.

Podría añadirse que el regimiento no era tan "elite" como se ha querido vender y del mal armamento de los soldados de Custer. Por otra parte, soy de la opinión que la presencia de las famosas ametralladoras no hubieran marcado ninguna diferencia en el curso de la batalla. Al ser lentas y pesadas ,se hubieran quedado con el tren de bagaje y, a lo sumo, hubieran llegado a tiempo para apoyar a Reno y a Benteen.
Última edición por Bruno Stachel el 04 Abr 2021 17:52, editado 1 vez en total.
Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.

"Que no panda el cúnico, chicos", dijo ella.

Brunodamus de día, Nostrastachel de noche, Talibán onanista.

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