Little Big Horn - 1876

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

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Esta es una foto de los nueve prisioneros Yaquis. El tercero por la izquierda era un niño de once años que disparó con un fusil más grande que él
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

El próximo año se cumplirá el 150 aniversario de la batalla de Little Bighorn, se augura una auténtica avalancha de libros sobre el tema. Algunos serán simples refritos sin interés (sin novedades), pero hay algunos que prometen nuevos e interesantes descubrimientos.

Hay rumores de que hay autores que van a presentar evidencias arqueológicas que sitúan a la caballería más al norte de vado D, quizá hasta un kilómetro. Eso refrendaría mi teoría del vado D como explico en mi libro: “Little Bighorn 1876, la última carga del general Custer” https://amzn.eu/d/dPDzBma

Esas evidencias parece ser que demostrarían que una o dos compañías del batallón de Custer, intentaron o incluso consiguieron cruzar el río antes de ser rechazadas y subir a Cemetery Ridge.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Siguiendo con mi teoria del vado D, he escrito una novela que describe como creo fue la batalla. La novela tiene una trama más compleja con diferentes personajes que entran y salen pero el clímax final es la tarde del 25 de junio en el río Little Big Horn.

https://amzn.eu/d/05Kwnwec
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por minoru genda »

George Horn escribió: 26 Mar 2026 Siguiendo con mi teoria del vado D, he escrito una novela que describe como creo fue la batalla. La novela tiene una trama más compleja con diferentes personajes que entran y salen pero el clímax final es la tarde del 25 de junio en el río Little Big Horn.

https://amzn.eu/d/05Kwnwec
Me he leído tu libro dos veces que ya es leer y a la segunda he acabado de entender totalmente el mensaje que das respecto a la batalla y si la primera vez estaba de acuerdo con tus apreciaciones con arreglo a todo lo que expones la segunda acabé de convencerme que todo lo que explicas en tu libro tiene que ser lo más lógico y cierto.
Recuedo que cuando estabas corrigiendo los dibujos que te iba enviaando para nada estabas de acuerdo con las tesis de algunos historiadores con sus teorias en algunos casos peregrinas.
La historia y con los datos que uno va aprendiendo se escribe desde la lógica y el sentido común.
De nuevo te felicito por ese libro tan bien hecho y te agradezco el honor de haber compartido en parte ese buen trabajo :dpm:
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Agradezco mucho tus amables palabras. He cuestionado durante años la teoría tradicional del Vado B. Aun reconociendo que Custer no era la mente más brillante del ejército estadounidense de entonces, resulta inverosímil que se introdujera voluntariamente en esa ratonera. El Vado B era sumamente estrecho —con un frente de escasos cuarenta o cincuenta metros—, lo que hacía el cruce imposible desde un simple punto de vista táctico. La retirada por el estrecho canal por el que lo colocaban —Medicine Tail Coulee—, dominado desde las alturas, era imposible. La ausencia de cadáveres de hombres y caballos en la zona del vado desmiente la teoría. Lo cierto es que intentó el cruce tres kilómetros más al norte, en el Vado D, un punto amplio con capacidad para un frente de doscientos o trescientos metros.

El Vado B es una historia inventada por su mujer y transmitida por el escritor Frederick Whittaker, Custer en esa teoría era el mártir que espera una ayuda que nunca llegó ni de Reno ni de Benteen.

En vida pocos lo calibraron con precisión. Sus contemporáneos le dedicaron los poco fiables tributos de la alabanza apasionada o la condena vengativa. Custer era una persona a la que era imposible juzgar de forma ecuánime. Su muerte no aplacó, aunque silenció, a sus enemigos. Los años que transcurrieron antes de su propio fin nunca disminuyeron la clara lealtad de sus partidarios.

El mayor —capitán durante la batalla— Frederick W. Benteen, el más valiente y capaz de sus capitanes de tropa, lo odiaba profundamente. El general —teniente durante la batalla— Godfrey, dedicó gran parte de su vida a la defensa de su héroe. El último en morir de sus oficiales, el coronel —teniente durante la batalla— Charles Varnum, siempre protegió la memoria de su antiguo jefe y nunca dijo ni una sola palabra en su contra.

Pocos hombres han tenido un carácter más vehementemente positivo. Tampoco ninguno ha frustrado la generalización con contradicciones más desconcertantes. Fue un héroe popular que fue despreciado por muchos de su propia profesión. Fue el ídolo de unos pocos subordinados y muy poco valorado por otros. Fue un hijo, esposo, hermano y amigo tiernamente devoto. Fue un comandante brutal. Era gentil con sus perros y caballos, pero ciego al sufrimiento infligido a sus soldados. Fue un oficial peligrosamente insubordinado; fue un cadete de lo más descuidado, pero impuso la disciplina en sus propias tropas implacablemente. Fue elogiado como un enemigo caballeroso y valiente por unos; y fue denostado como un carnicero sanguinario y mentiroso por muchos más.

Es famoso por su arrojo y valentía persona, pero sin embargo, toda su vida llevó encima una mancha imborrable; abandonó a su suerte al mayor Elliott y diecinueve soldados en la batalla de Washita.

Se le recuerda como un gran combatiente indio y sin embargo solo logró una victoria contra ellos, la batalla de Washita, que fue más una masacre que una batalla. Su gran fama viene de ser el culpable de la mayor derrota que sufrieron los soldados del ejercito regular en la lucha contra los nativos de las llanuras. Curiosamente es famoso por haber muerto; su muerte es más recordada que su propia vida. Como escribió Evan Connell en su magnífico libro “Son of the Morning Star”: “Custer continúa de pie en aquella polvorienta colina de Montana y se resiste tozudamente a morir”. Es inmortal.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Lutzow »

La épica de los perdedores, si las cosas hubiesen sucedido de otro modo en Little Big Horn, probablemente solo sería conocido por estudiosos de la Guerra de Secesión y de las Guerras Indias...

Saludos.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por minoru genda »

Es que cualquier análisis lógico de cualquier batalla respecto a los planes iniciales acaba demostrando implacablemente que cualquier táctica preconcebida se tuerce desde el primer momento en que se empieza a combatir, las tácticas son una cosa y los hechos acaban siendo diferentes a los que cuaalquier militar haya planeado. Todo ello marca la diferencia entre los jefes y oficiales que saben improvisar y los que se pierden nada más empezar el combate.
Los primeros son los mejores los segundos suelen ser unos perdedores que aún ganando la batalla, si se estudia la misma, se ve, en muchos casos que se ha ganado por el arrojo y la valentía de sus subordinados y en otros, se nota que el factor suerte ha jugado a favor de quienes estaban abocados a perder.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por cv-6 »

Lutzow escribió: 30 Mar 2026La épica de los perdedores, si las cosas hubiesen sucedido de otro modo en Little Big Horn, probablemente solo sería conocido por estudiosos de la Guerra de Secesión y de las Guerras Indias...

Saludos.
Pues no sé yo. Little Big Horn debió ser una de las batallas más grandes (si no la más grande) de dichas guerras, por lo que creo que si hubiera ganado, sí se habría hecho un nombre (tal vez hasta le habríamos conocido como el presidente Custer).
George Horn escribió: 30 Mar 2026su muerte es más recordada que su propia vida
Salvando las distancias (que son muchas) me recuerda al famoso caza Fokker Dr1 ¿quién sabría de ese cacharro si el barón rojo no hubiera muerto a bordo de uno de ellos?
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por JackHicks236 »

cv-6 escribió: 04 May 2026¿quién sabría de ese cacharro si el barón rojo no hubiera muerto a bordo de uno de ellos?
Pues casi los mismos que conocemos el Sopwith triplano.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Lutzow »

cv-6 escribió: 04 May 2026Little Big Horn debió ser una de las batallas más grandes (si no la más grande)
Mucho mayor fue la del Río Wabash, y si haces una encuesta, la conocerá uno de cada cien...

Saludos.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por minoru genda »

Lutzow escribió: 30 Mar 2026 La épica de los perdedores, si las cosas hubiesen sucedido de otro modo en Little Big Horn, probablemente solo sería conocido por estudiosos de la Guerra de Secesión y de las Guerras Indias...

Saludos.
Custer de ser contemporáneo de Trump sería calificado por éste como perdedor muy aficionado a poner ese calificativo a todo el mundo que le cae mal
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

minoru genda escribió: 05 May 2026
Lutzow escribió: 30 Mar 2026 La épica de los perdedores, si las cosas hubiesen sucedido de otro modo en Little Big Horn, probablemente solo sería conocido por estudiosos de la Guerra de Secesión y de las Guerras Indias...

Saludos.
Custer de ser contemporáneo de Trump sería calificado por éste como perdedor muy aficionado a poner ese calificativo a todo el mundo que le cae mal
Sí; la batalla de Little Bighorn en realidad es conocida por la viuda de Custer, ella fue la que no permitió que se olvidara. Ella construyó la imagen del general Custer. Durante cincuenta años estuvo dando conferencias. Escribió tres libros que fueron betseller. Por respeto a ella los que pudieron contar la verdad callaron.
Por ese motivo, al quedar tantas cosas en el tintero es tan interesante. Parece que todavía puiede quedar alguna sorpresa, alguna evidencia que este año aprovechando que es el 150 aniversario se va a desvelar.
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150 Aniversario de la batalla de Little Bighorn

Mensaje por George Horn »

Hoy se cumplen exactamente 150 años de la batalla de Little Bighorn. Las opiniones siguen divididas entre quienes consideran a Custer un héroe o un genio, y los que, como yo, pensamos que era un militar muy limitado y sobrevalorado como combatiente indio. De hecho, solo venció en la batalla de Washita, la cual muchos historiadores no consideran un enfrentamiento real, sino una masacre contra un campamento indefenso. A Custer le sobraba arrojo, ímpetu, pero le faltaba templanza.
Su carácter era puramente visceral. Quienes combatieron a su lado en la Guerra Civil elogiaban su intuición táctica: sabía golpear en el instante preciso de flaqueza enemiga y tenía un instinto natural para leer el terreno. Paradójicamente, sus aptitudes brillaban más al mover grandes unidades, como brigadas o divisiones, que al manejar un único regimiento. Una limitación que quedó al descubierto el día de su muerte, cuando su mando se desmoronó de forma escalonada: empezó la jornada como jefe de regimiento, pasó a liderar un batallón y la terminó al frente de una compañía.
Aún y eso, a los 150 años de la batalla, la historia oficial sigue tiñendo de heroísmo lo que en realidad fue un desastre estratégico. George Armstrong Custer no cayó ante una emboscada inevitable, sino ante su propia soberbia. Es la crónica anunciada de cómo un comandante cegado por la gloria ignoró a sus guías, dividió a sus tropas y guió a sus hombres hacia la muerte.
Como ya he escrito con anterioridad en otros post, la historia estadounidense transformó durante más de medio siglo la derrota del teniente coronel George Armstrong Custer en una tragedia heroica. Todo gracias a la labor incansable de su viuda que le sobrevivió 57 años y durante los cuales no cesó de dar una imagen heroica de su marido. Insinuó que fue traicionado por subordinados (Reno y Benteen), por envidia y celos profesionales. Especialmente se ensañó con Reno durante toda su vida; lo tacho de cobarde y borracho.
Para tal fin, tuvo el apoyo de un fan incondicional de Custer, el ex teniente del Ejército de Voluntarios en la guerra civil Frederick Wittaker. Este escritor consiguió armar un grueso volumen en seis meses. Una biografía en la que mezclaba verdades con mentiras y con muchas inexactitudes (A Complete Life of Gen. George A. Custer). Contó para esta obra con la inestimable colaboración de la señora de Custer que le proporcionó cartas personales y demás documentos. Usó también mucho material del libro escrito por el propio Custer: “My Life On The Plains”. El caso es que con esa primera biografía se forjó el mito de Custer. Muchos de los que conocían la realidad callaron por respeto a Elizabeth Custer. Ella los sobrevivió a todos y se llevaron sus reproches a la tumba.
Sin embargo, el análisis militar estricto despoja al mito de su romanticismo. Lo que ocurrió el 25 de junio de 1876 en el río Little Big Horn no fue una emboscada inevitable, sino el resultado directo de la soberbia, la insubordinación ante la realidad y una cadena de pésimas decisiones tácticas.
El primer y más grave error de Custer fue subestimar por completo a su adversario. Sus propios exploradores nativos (arikaras y crow) le advirtieron repetidamente que el campamento lakota y cheyenne a orillas del río era gigantesco. La advertencia de sus guías fue profética: allí abajo había más guerreros que balas cargaban sus propios soldados en los cinturones y alforjas.
Custer, obsesionado con la gloria personal y temeroso de que los hostiles se dispersaran antes de poder atacarlos, ignoró los informes de advertencia. Actuó bajo la falsa premisa de que los guerreros huirían en cuanto vieran los uniformes de la caballería. Normalmente era lo que solían hacer. Cuando eran sorprendidos formaban una retaguardia para contener el ataque mientras ancianos, mujeres y niños salvaban lo que podían y huían.
Mucha culpa de la derrota también hay que achacarle al general crook, una semana antes, el 16 de junio fue derrotado en el río Rosebud a menos 80 kilómetros en línea recta. Si Crook hubiera enviado mensajeros al general Terry, Custer no hubiera atacado tan a la ligera.
Custer en lugar de mantener la cohesión de su fuerza para golpear con contundencia, decidió dividir el 7.º Regimiento de Caballería en cuatro batallones fuera de apoyo entre sí en un terreno accidentado y desconocido: Mayor Marcus Reno: recibió el mando de tres compañías (A, G y M).
Capitán Frederick Benteen: tres compañías (D, H y K).
Custer: se quedó con cinco compañías (C, I, L, E y F) para el ataque principal.
Convoy de suministros: la retaguardia con los suministros y municiones quedaron a cargo de la compañía B, reforzada por seis soldados y un sargento de cada una de las otras once compañías.
La dispersión de las tropas anuló cualquier posibilidad de apoyo mutuo. Custer envió primero al capitán Benteen hacia los valles de la izquierda. El objetivo teórico era cortar la retirada de los sioux; la realidad práctica fue que Benteen quedó completamente fuera de la batalla, vagando por un terreno difícil donde los caballos ya cansados se desfondaron del todo. El propio Benteen dijo: “Los indios son más sensatos y no viajan por un terreno tan malo como este a no ser que quieran dispersarse. Por aquí no hay ningún indio”. Benteen giró hacia la derecha hasta cruzarse con el rastro del regimiento, pero estaba entre cinco y siete kilómetros por detrás de Custer cuando empezó la batalla y con los caballos sedientos y agotados.
Mientras Benteen subía y bajaba colinas sin ningún sentido, Custer ordenó al mayor Reno cruzar el río Little Bighorn con sus tres compañías para atacar directamente el extremo sur del campamento. Custer le prometió explícitamente que lo apoyaría con el grueso de sus tropas. Sin embargo, no lo hizo.
La estrategia de Custer era utilizar la táctica del yunque y el martillo: Reno debía ser el yunque que atrajera y contuviera el contraataque indio, mientras Custer ascendía por los acantilados del lado opuesto del río, cabalgando cinco kilómetros hacia el norte para convertirse en el martillo que golpearía por la retaguardia. Aunque Custer estaba convencido de que los indios huirían y se dispersarían. Por lo tanto podemos presuponer que su idea real era capturar a los no combatientes para forzar a los guerreros a una rendición.
El plan se desmoronó cuando Custer llegó a lo alto de los acantilados. Al mirar hacia abajo, descubrió con horror la verdadera magnitud del asentamiento: lo que él creía que era el final del campamento era, en realidad, solo el centro. Por allí no podía atacar. Además ese vado (que ha pasado a la historia con el nombre de Vado B), era muy estrecho, solo se podía cruzar en columna y eso habría sido un suicidio.
Lejos de retroceder, dar la vuelta y reagruparse con el resto del regimiento, Custer insistió en su idea. Cabalgó tres kilómetros más hacia el norte buscando un punto de entrada, intentando forzar el cruce en lo que hoy se conoce como el Vado D.
Para ese momento, la sorpresa se había perdido. Los guerreros, alertados y en un número muy superior, rechazaron con contundencia el intento de cruce. Custer y sus hombres se vieron obligados a retirarse colina arriba, totalmente expuestos.
Sin el apoyo de Benteen, con el convoy de municiones a kilómetros de distancia y con Reno obligado a retirarse al otro lado del río y subir a unos riscos para buscar una posición defensiva, después de ser rechazado en su primera carga, las cinco compañías de Custer quedaron completamente aisladas.
En las áridas colinas de Montana, el pánico y la desorganización sustituyeron a la disciplina militar. Sin capacidad de mantener una línea de defensa sólida, las compañías C, I, L, E y F fueron rodeadas una a una. Los guerreros liderados por Caballo Loco y otros jefes como Gall o el cheyenne Two Moon aprovecharon el terreno y su superioridad numérica para fragmentar aún más a los soldados. En cuestión de media hora (creo yo), el batallón de Custer fue sistemática y brutalmente derrotado.
La aniquilación de Custer no solo fue un desastre militar; fue un trauma nacional que sacudió los cimientos de una potencia en pleno auge. La noticia llegó a la Costa Este a principios de julio de 1876, justo cuando Estados Unidos celebraba con orgullo el Centenario de su Declaración de Independencia. El contraste fue devastador: la nación que se creía la cúspide del progreso descubrió que su regimiento de caballería más famoso había sido borrado del mapa por aquellos a quienes consideraba "salvajes".
La opinión pública de la época, conmocionada y sedienta de respuestas, se negó a aceptar que la soberbia y los errores tácticos de Custer hubieran causado la tragedia. En su lugar, la prensa sensacionalista y el aparato político de Washington prefirieron culpar a la supuesta "crueldad" indígena y transformar una flagrante negligencia militar en un sacrificio heroico.
Este giro propagandístico no solo dio origen al falso mito de la "última batalla de Custer", sino que desató una violenta ola de indignación pública. El gobierno federal utilizó este clima como el pretexto perfecto para justificar la campaña de represión definitiva contra las tribus de las llanuras; les arrebató las Black Hills junto a los territorios no cedidos por los tratados, y las confinó para siempre en reservas. Al final, el mayor error de Custer lo terminaron pagando aquellos que ganaron la batalla.
Para los que estén muy interesados en la batalla y quieran sumergirse a fondo en este enigma histórico, recomiendo mi libro “Little Bighorn: la última carga del general Custer”. Te invito a analizar la versión tradicional, la fatalista y otras teorías alternativas para que compares y saques tus propias conclusiones. Junto a mi hipótesis del Vado D, que considero la aproximación más fiel a lo que en realidad pudo suceder aquel fatídico y caluroso domingo de junio. Compara y juzga por ti mismo.
En el libro hay varios apéndices: las órdenes originales del general Terry a Custer. También los dos informes del general Terry sobre la batalla. Y los informes del mayor Reno y el capitán Benteen.
También hay un apéndice sobre lo poco que se sabe de George Horn, soldado malagueño que sirvió en la Compañía D, y que sobrevivió a la batalla.
El libro se complementa con unos excelentes mapas del compañero “minuro genda”. Y unos cuadros exclusivos del artista irlandés David Shanahan.
Aquí dejo un enlace al libro para los que estén muy interesados en el tema:

https://www.amazon.es/dp/B0DTXHFW7W
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Lutzow »

George Horn escribió: 25 Jun 2026Paradójicamente, sus aptitudes brillaban más al mover grandes unidades, como brigadas o divisiones, que al manejar un único regimiento.
El hecho de estar acostumbrado a mover unidades con mayores efectivos, donde la dispersión no resultaba tan determinante, ¿pudo haber influido en su insensata idea de dividir sus fuerzas ante un enemigo tan superior?
George Horn escribió: 25 Jun 2026Para los que estén muy interesados en la batalla y quieran sumergirse a fondo en este enigma histórico, recomiendo mi libro “Little Bighorn: la última carga del general Custer”.
Deseando leerlo y reseñarlo, creo que no me quedan más de tres meses para concluir mi propio libro y por fin empezar a leer sobre otros asuntos...

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Lutzow escribió: 25 Jun 2026
El hecho de estar acostumbrado a mover unidades con mayores efectivos, donde la dispersión no resultaba tan determinante, ¿pudo haber influido en su insensata idea de dividir sus fuerzas ante un enemigo tan superior?


La respuesta puede ser sencilla; apostó y perdió. Son un cúmulo de factores los que intervinieron: Muchos más enemigos de los que él creía que había. Un terreno que no conocía y que no se prestaba para que la caballería pudiera operar; barrancos, zanjas, colinas... Estaba convencido de que los indios no darían batalla y huirían, se equivocó. Eso fue lo que le descuadró todo el plan. Cuando se dio cuenta de que no estaba con sus cinco Compañías a la ofensiva ya era demasiado tarde. La caballería está diseñada para atacar y perseguir, no para defenderse. Un regimiento de caballería lo primero que tiene que proteger es a los caballos. Son muy grandes y si no están a cubierto son blancos fáciles.
Cuando Custer no pudo cruzar por el vado D, intentó formar una retaguardia con las Compañías E y F, mientras C, I y L se retiraban por donde habían venido para unirse al resto del regimiento. Ya era tarde. Los sioux cruzaron el río por el vado B y subieron por el barranco Deep Coule cortando en dos el campo de batalla. Custer ya no podía retroceder hacia el sur para unirse a Reno, y Reno no podía avanzar hacia el norte para unirse a Custer.
las Compañías en terreno muy malo fueron obligadas a luchar desmontadas. Es muy difícil sujetar un caballo asustado con una mano y con la otra disparar una carabina. Fueron aniquiladas de una en una.
Si el Séptimo hubiera sido un regimiento de Infantería nunca hubiera sido derrotado. para empezar, sus compañías no habrían podido dispersarse y colocarse en una situación de no poder apoyarse unas a otras.
El rifle Springfield de la infantería tenía un rango de tiro efectivo de más de 1000 metros, las carabinas 600 metros. Nunca en toda la historia de la guerra de las llanuras una unidad de infantería fue derrotada. Los indios les tenían miedo por la potencia de fuego, no podían acercarse a ellos y no les podían hacer daño.
En resumen la única posibilidad que pudo haber tenido era mantener al regimiento unido. Con quinientas carabinas disparando a la vez, los sioux/cheyennes no se habrían acercado.

En el mapa ese trazo grueso rojo que sube desde el río hasta Calhoun Hill es lo que hicieron los sioux. Cortaron en dos el campo de batalla, sentenciando a las cinco compañías de Custer. E y F se quedaron en Cementery Ridge. C, I y L regresaron por donde habían ido. La Compañía C llegó hasta Calhoun Hill. La C hasta Greasy Grass y la I del capitán Miles Keogh hasta mitad de Battle Ridge por el lado más alejado del río (este).
Custer con E y F retrocedió rodeado hasta Custer Hill de donde ya no pudo pasar.
El mapa cortesía de minoru genda

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Bruno Stachel »

Como nota jocosa, comentar que, "coincidiendo" con el 150º aniversario, ha surgido otra "novedosa" teoría sobre LBH. ¿Qué hubiera pasado si sólo la mitad del 4º de Caballería es enviada a sofocar los supuestos disturbios electorales de 1876? Así, el coronel Mackenzie y seis compañías del 4º de Caballería estarían con Terry.

Y la parte jocosa es que, en este supuesto, suponen Terry no le preguntaría a Custer si quería al 2º de Caballería. Simplemente ordenaría que el 4º le apoyara. Y sabiendo que Custer no era nada temperamental ni egocéntrico, que esta no era su última oportunidad de reverdecer sus laureles y que no era el subordinado más dócil, seguro que Custer no hubiera salido como alma a la que persigue al diablo para dejar atrás a sus "refuerzos".

Como si cuatro compañías fueran a cambiar el resultado final, salvo añadir más cadáveres al desastre.

PD: Al menos no mencionan a las Gatlings esta vez.
Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.

"Que no panda el cúnico, chicos", dijo ella.

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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Bruno Stachel escribió: 26 Jun 2026 Como nota jocosa, comentar que, "coincidiendo" con el 150º aniversario, ha surgido otra "novedosa" teoría sobre LBH. ¿Qué hubiera pasado si sólo la mitad del 4º de Caballería es enviada a sofocar los supuestos disturbios electorales de 1876? Así, el coronel Mackenzie y seis compañías del 4º de Caballería estarían con Terry.

Y la parte jocosa es que, en este supuesto, suponen Terry no le preguntaría a Custer si quería al 2º de Caballería. Simplemente ordenaría que el 4º le apoyara. Y sabiendo que Custer no era nada temperamental ni egocéntrico, que esta no era su última oportunidad de reverdecer sus laureles y que no era el subordinado más dócil, seguro que Custer no hubiera salido como alma a la que persigue al diablo para dejar atrás a sus "refuerzos".

Como si cuatro compañías fueran a cambiar el resultado final, salvo añadir más cadáveres al desastre.

PD: Al menos no mencionan a las Gatlings esta vez.
Esa posibilidad habría sido sumamente difícil. En 1876, el 4.º de Caballería estaba estacionado en Oklahoma y Texas, ya que no se consideraba necesaria su presencia en el norte. Sin embargo, tras la derrota de Custer, el coronel Ranald Mackenzie fue enviado a Fort Robinson (Nebraska) al mando de seis compañías de dicho regimiento. De haber participado en la operación inicial, el 4.º de Caballería se habría integrado en la columna del sur del coronel George Crook. Si por el contrario se hubiera adscrito al general Alfred Terry, Mackenzie habría quedado relegado a un papel secundario, pues Terry confiaba ciegamente en Custer. Además, existía un conflicto de rangos y egos: Mackenzie era coronel y Custer teniente coronel, por lo que este último jamás habría aceptado subordinarse. El precedente era claro: durante la expedición a las Black Hills de 1873, comandada por el general David Stanley, Custer se deshizo de Stanley en cuanto tuvo oportunidad; de hecho, en mayo de 1876 confesó en Chicago al capitán William Ludlow que, al igual que se había librado de Stanley en el 73, volvería a hacerlo de Terry.
Por otro lado, respecto a las cuatro compañías del 2.º de Caballería, Custer en mi criterio, debería haberlas aceptado para custodiar el convoy de mulas en la retaguardia. No obstante, quitarle esas fuerzas a la columna Montana del coronel John Gibbon la habría dejado solo con seis Compañías de infantería, muy débil. Por este motivo, el general Terry decidió no insistir en que Custer se las llevara.
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Carlos Villarroel »

La caballería podía formar en defensiva, desplegándose en guerrilla con sus carabinas, pero perdían un tercio de su fuerza para guardar los caballos. No conozco a fondo la batalla pero creo que el grupo de Custer se desorganizó por el ataque inesperado de los guerreros indios y posiblemente ya perdió el control de su fuerza.
Última edición por Carlos Villarroel el 17 Jul 2026, editado 1 vez en total.
Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por las almas de los soldados del rey caídos en combate. Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo. Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de tanto repicar a victoria. Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien millones de ducados
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Bruno Stachel
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Bruno Stachel »

Fue una combinación de perdida de la iniciativa, dispersión de las fuerzas, fallo de la inteligencia reunida sobre el enemigo y un más que obvio exceso de confianza por parte de la caballería.
Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.

"Que no panda el cúnico, chicos", dijo ella.

Brunodamus de día, Nostrastachel de noche, Talibán onanista.
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Carlos Villarroel
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por Carlos Villarroel »

Exceso de confianza y menosprecio del enemigo, que estuvo presente en varios desastres coloniales, Adua, Isandhlwana, Annual, Dien Bien Phu, ...
Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por las almas de los soldados del rey caídos en combate. Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo. Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de tanto repicar a victoria. Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien millones de ducados
George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Carlos Villarroel escribió: 17 Jul 2026 La caballería podía formar en defensiva, desplegándose en guerrilla con sus carabinas, pero perdían un tercio de su fuerza para guardar los caballos. No conozco a fondo la batalla pero creo que el grupo de Custer se desorganizó por el ataque inesperado de los guerreros indios y posiblemente ya perdió el control de su fuerza.
Sí, la caballería podía formar una línea de escaramuza y luchar a pie; de hecho, así era como operaba habitualmente. Las cargas directas contra los nativos americanos son, en gran medida, un mito cinematográfico. Estas acciones solo se producían al amanecer, cuando se lograba sorprender a campamentos enteros mientras dormían.
En una posición defensiva, la caballería resultaba muy vulnerable. Su primera prioridad siempre era proteger a las monturas, ya que los animales eran un blanco grande y fácil de alcanzar. Los indios disparaban deliberadamente a los caballos porque sabían que un soldado a pie era un hombre muerto. Sin sus monturas, los jinetes perdían toda su ventaja: sus carabinas tenían un alcance eficaz muy limitado, de unos 500 metros de alcance eficaz.
Aunque la caballería se utilizaba en las Grandes Llanuras para perseguir y acosar a los nativos, su eficacia real era casi nula. A medida que pasaban los días en campaña, la condición física de los caballos empeoraba drásticamente. Los soldados no disponían de animales de repuesto, mientras que los indios contaban con una gran abundancia de caballos y cambiaban de montura continuamente, lo que les permitía tener siempre animales frescos a su disposición.
Por paradójico que parezca, la llamada Gran Guerra Sioux (1876-1877) fue ganada por la infantería. A los indios de las llanuras no les gustaba enfrentarse a la infantería; de hecho, le temían profundamente. A diferencia de la caballería, la infantería operaba en bloques cerrados y compactos, y no tenía nada que proteger. Los soldados estaban equipados con fusiles Springfield, cuyo alcance máximo alcanzaba con facilidad los 1000 metros. Esta superioridad de fuego impedía que los guerreros indios pudieran aproximarse a distancias efectivas de tiro, lo que habitualmente los obligaba a retirarse y abandonar el campo de batalla. Fue el general Nelson A. Miles quien acosó a los sioux y cheyennes sin descanso durante el crudo invierno. A través de varias campañas sobre terrenos nevados, los derrotó en enfrentamientos clave que, aunque causaron pocas bajas directas, destruyeron por completo sus recursos, tipis y provisiones, forzando así su rendición.
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George Horn
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Re: Little Big Horn - 1876

Mensaje por George Horn »

Bruno Stachel escribió: 17 Jul 2026 Fue una combinación de perdida de la iniciativa, dispersión de las fuerzas, fallo de la inteligencia reunida sobre el enemigo y un más que obvio exceso de confianza por parte de la caballería.
Efectivamente, el desenlace de la batalla combinó todos esos factores: pérdida de la iniciativa, exceso de confianza y una excesiva dispersión de las fuerzas. Es una realidad táctica que, si el 7.º de Caballería hubiera sido un regimiento de infantería, jamás habría perdido ese combate.
Cuando el regimiento se aproximaba al río, divisaron una gran nube de polvo. Custer, asumiendo erróneamente que los nativos huían, ordenó avanzar al mayor Marcus Reno con el siguiente mandato: “Avance a la velocidad que considere prudente y cargue; yo le apoyaré con el resto del comando [cinco compañías]”.
Los exploradores arikaras marchaban en vanguardia con la misión de dispersar y capturar la manada de ponis de los sioux. Su intérprete, Fred Gerard, divisó a unos seiscientos metros a un grupo de guerreros parados. Ante la sospecha de un contraataque inminente, retrocedió para alertar a Reno, lo encontró en mitad del río coordinando el cruce de sus tres compañías. Reno ignoró la advertencia, por lo que Gerard continuó cabalgando para informar directamente a Custer. A unos doscientos metros, en una pequeña colina, localizó al teniente William W. Cooke, ayudante de Custer, y le comunicó que los indios no huían, sino que se preparaban para atacar. En realidad, esto no era del todo exacto, pues los sioux solo observaban sin avanzar. Sin embargo, el pánico cundió entre los arikaras (tenían un miedo cerval a los sioux), dieron media vuelta y huyeron en su mayoría.
Reno prosiguió su avance. Tras recorrer algo más de un kilómetro, la situación cambió drásticamente al toparse con una masa ingente de guerreros sioux. De inmediato despachó un mensajero hacia Custer y al no obtener respuesta, envió un segundo quince minutos después. Ambos correos portaban el mismo mensaje de alarma: “El enemigo no huye y sale en grandes cantidades contra nosotros”. Sabemos con certeza que ambos emisarios llegaron hasta Custer, ya que sus cuerpos fueron hallados junto al suyo.
A partir de este punto, entramos en el terreno de la especulación sobre por qué Custer no acudió en apoyo de Reno como había prometido. Reno se vio sorprendido y paralizado, ya que sus órdenes originales estaban completamente supeditadas a la premisa de un enemigo en retirada. Ante el cambio de escenario, Custer debió haberle enviado nuevas directrices: mantener una línea de escaramuza, replegarse hacia el soto del río, buscar una posición defendible o, al menos, informarle de sus propias intenciones. Aunque consta que Custer llegó a conocer la comprometida situación de Reno, se ignora el momento exacto en que recibió a los mensajeros. Si bien su decisión de flanquear el campamento por el norte era una maniobra razonable, su omisión de informar a Reno constituyó un grave error táctico.
Jugando al terreno de las suposiciones históricas, la batalla se podría haber desarrollado bajo escenarios alternativos:
-Mantener el regimiento unido: Como sugirió el capitán Frederick Benteen un par de horas antes al cruzar la divisoria de aguas, el regimiento debería haber permanecido compacto y cruzar en su totalidad por el vado de Reno. Los indios habrían sido incapaces de contener el empuje de once compañías juntas. En ese caso, los sioux habrían formado una retaguardia para cubrir la huida de sus familias; habrían perdido sus tipis, provisiones y muchos ponis, pero habrían escapado hacia el norte, donde se habrían topado con la columna del coronel John Gibbon, desencadenando un combate diferente.
-División en dos alas equilibradas: Organizar el regimiento en dos fuerzas operativas bien definidas. Una primera ala de seis compañías al mando directo de Custer (con Benteen como segundo) y una segunda ala de cinco compañías bajo el mando de Reno. De este modo, Reno habría contado con potencia suficiente para lanzar un ataque sólido por el sur, mientras Custer envolvía el campamento por el norte para golpear la retaguardia.
-Aceptar los refuerzos del 2.º de Caballería: Si Custer hubiera aceptado las cuatro compañías adicionales del Segundo que se le ofrecieron, podrían haber realizado el reconocimiento hacia el sur. Esto habría evitado que Benteen y sus tres compañías quedaran completamente marginados de la fase inicial y crucial del combate.
-Esperar la llegada de Gibbon: Aguardar al día siguiente para coordinar el ataque con la columna de Gibbon. Si Custer hubiera explorado el valle del Tullock Creek y enviado un emisario a tiempo, el general Alfred Terry habría tenido una visión clara de la situación y habría ordenado a Gibbon avanzar sin dilación.
El desastre no puede achacarse exclusivamente a las decisiones de Custer en el campo de batalla; existieron fallos estructurales y logísticos muy graves:
Falta de monturas: Numerosos soldados tuvieron que quedarse en el depósito del río Powder debido a que no había caballos para todos. Las fuentes varían de unas a otras pero estamos hablado de cerca de noventa soldados; dos compañías. El Departamento de Guerra debería haber provisto los caballos a tiempo.
Falta de supervisión de Terry: El general Terry debió haber acompañado personalmente a Custer en lugar de otorgarle una libertad de maniobra tan amplia que le permitió actuar a su antojo.
Debilitamiento de las compañías: Se mermó la capacidad combativa de las once compañías al detraer seis soldados y un sargento de cada una de ellas para custodiar el convoy de suministros, restando un valioso número de soldados que equivalían casi a dos compañías. Sobre todo los once sargentos hubieron sido muy necesarios en el combate.
Dispersión innecesaria: Enviar al capitán Benteen con tres compañías a explorar el sur fue un error desproporcionado; una sola compañía habría bastado para el reconocimiento, liberando a las otras dos para reforzar a Reno.
En última instancia, el propósito fundamental de la campaña carecía de una doctrina clara: se pretendía derrotar a los sioux y confinarlos en las reservas, pero el plan no definía cómo lograrlo sin entablar una guerra abierta de desgaste. La planificación general de la campaña fue deficiente desde su concepción, y el resultado final no fue más que la consecuencia lógica de ese desastre organizativo.
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