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SEMANAS FINALES DE LA REPÚBLICA Y CAIDA DE MADRID

 

CONDICIONES GENERALES DE LA CAPITAL

Durante el mes del enero de aquel nuevo año de 1939 y cuando ya se acercaba el mes de febrero, Madrid se mostraba como lo que era: una ciudad cansada tras todos aquellos meses de lucha. Contra ella se habían estrellado todos embates de las fuerzas de Franco, que a medida que transcurría el tiempo se hacían más y más potentes en acopio de material y de unidades cohesionadas y había resistido, con la mayor entereza, la lucha sorda del hambre, las privaciones y hasta la miseria que conlleva consigo toda situación de guerra. Ni siquiera Barcelona, masacrada por los intensos bombardeos, había sufrido tanto y tan largamente. No son fáciles de olvidar los zarpazos de las batallas cuando se reciben en sus propias carnes, y lo que supone defender, y perder la Casa de Campo, Carabanchel, la Ciudad Universitaria, el Jarama. Esta ciudad ha sabido luchar, resistir, ganar y sostener, en el mismo casco urbano, las más violentas luchas; se va a anticipar, en unos años a las famosas resistencias de Leningrado y Stalingrado en el frente ruso durante la II Guerra Mundial, pero, por aquellas fechas eso aun queda lejos y en ningún caso va a compensar a los madrileños de los sufrimientos que sufren. El horror de Brunete, aun hace estremecer a más de uno.
Se ha hecho difícil mantener la alta presión de quienes resistieron tan heroicamente durante dos años, esta dureza, poco a poco, ha cedido. Los madrileños, tan esforzados ante el combate feroz y habitual de la guerra, se van desmoronando ante la otra lucha soterrada del hambre, la penuria, el mercado negro y el engaño encubierto por mil artimañas. Aunque los precios han alcanzado cotas altísimas, poco representan ante la carencia de mercancías. Faltan artículos de la más primaria necesidad y también medicamentos vitales. Los madrileños están recibiendo una media diaria de 800 a 900 calorías, contando las que le suministran los racionamientos oficiales y las que se pueden buscar por los más imaginativos medios. El madrileño está comiendo en ocasiones mondas de patatas guisadas y saboreando esto como el más pantagruélico festín. Los niños madrileños están criándose con una alimentación totalmente insuficiente y los enfermos no tienen muchas veces las medicinas necesarias.
La espiral de los precios se dispara al socaire del mercado negro que aprovecha el hambre reinante. Las naranjas se venden a 7,50 el kilo, el pan a dos pesetas el «chusco» de soldado, los huevos alrededor de 100 pesetas la docena. Para podernos hacer una idea de cómo se habían disparado los precios, en 1936, su precio nunca rebasó la peseta por docena.
Un día de la última decena de este mes de enero se produce uno de los muchos hechos que salpican la picaresca y la imaginación de los madrileños por suplir el déficit alimenticio: una pequeña fuerza de caballería atraviesa la ciudad, procedente de su cuartel con destino a cierto lugar del frente; la gente ve pasar esta tropa, no con la admiración del paisano a los desfiles, sino con el estómago contraído por el ayuno y el pensamiento puesto en la cantidad de filetes que se podrían sacar del pequeño escuadrón. Sólo el cincuenta por ciento de la tropa se incorporará a su destino. Han desaparecido buena parte de los soldados y caballos; los soldados han desertado para cubrir la ausencia de los caballos que van al matadero clandestino de Vallecas. Unos cuantos centenares de madrileños, a costa de buenos montones de billetes de banco, van a comer durante dos o tres días abundante carne de caballo. Todo se ha resuelto falsificando una orden militar y donde venía escrita una cifra de soldados y jacos se ha puesto otra más reducida y todo arreglado.
Los escaparates de los comercios permanecen vacíos desde hace tiempo. El paisaje ciudadano está salpicado de barricadas en algunas calles, así como de casas destruidas o con algún “agujero", pero, adornando los muros que se han salvado del diario batallar, se exponen muchos y variados carteles de propaganda. Una constante son las largas colas de gentes ateridas con caras famélicas esperando conseguir el alimento que cada día se hace más difícil. La vida sigue su curso ajena a todas las penurias, insensible a todo lo que no sea el espíritu de supervivencia que caracteriza al ser humano.
Algunos árboles han perdido sus ramas, y muchos bancos sus tablones de madera, porque la falta de combustible obliga a aprovecharlo todo para combatir las bajas temperaturas de aquel invierno de 1939 donde hace mucho, muchísimo frío, quizás más que nunca, pues la intemperie de los estómagos repercute en su rigor y no ayuda a atemperarla. El “Metro” se abarrota de familias enteras que lo utilizan como refugio nocturno contra los potenciales bombardeos y en los pisos vacíos de inquilinos antiguos se apelotonan ahora, los huidos de los barrios madrileños castigados por el fuego enemigo, o los refugiados llegados de los pueblos extremeños, manchegos o castellanos de donde les ha expulsado el enemigo en su avance.
Con frecuencia deja de salir un periódico por falta de papel o de fluido eléctrico. Un día reaparece Heraldo de Madrid, porque consiguió la ansiada materia prima, pero esta vez es el diario Ahora que vuelve a desaparecer y no como los demás por falta de papel, ahora son problemas en el suministro de fluido eléctrico.
El hambre se ha hecho ya habitual. Georges Roux cita la noticia dada por “The Times”, en su número 16 de febrero, según la cual en Madrid fallecen por entonces semanalmente, a causa de las privaciones, de 400 a 500 personas. Esta noticia alarmista es desmentida oficialmente por el Ayuntamiento: “La media de fallecimientos al día es de 78, incluidos los que ocasiona la guerra entre la población civil, por lo que no es cierto que haya aumentado la mortalidad infantil” Claro que si multiplicamos los 78 fallecimientos, cifra que da el Ayuntamiento por los 7 días de la semana, ya se acerca bastante a la suma dada por el periódico inglés.
A pesar de las condiciones extremas, paradójicamente, el índice de mortalidad, tanto entre la infancia como en adultos, no ha aumentado en la población civil. Los médicos tal vez conocen, cuales pueden ser las curiosas causas por las que durante la guerra, con toda su enorme tensión, con su drama creciente del problema alimenticio, no sólo no hay más muertos, sino que hay menos. Incluso algunos enfermos de úlcera de estómago se curan sin tratamiento, quién sabe si precisamente por comer menos y alimentos menos fuertes y casi todos ausentes de las grasas que tradicionalmente poseían.

ESTADO DE GUERRA

Se hacen públicos los últimos decretos del Gobierno: Movilización de los reemplazos de 1915 a 1921; militarización de los varones de cuarenta a cuarenta y cinco anos; disolución de los Batallones de Fortificaciones; utilización del personal civil hasta de cincuenta años en labores de guerra; revisión del personal útil de la retaguardia; aprovechamiento de los funcionarios públicos jubilados.
Prácticamente todo hombre útil está en pie de guerra. Han sido llamadas las quintas que abarcan los varones de diecisiete a cuarenta y cinco años, quedando paralizado el trabajo en oficinas, talleres y fábricas, pero la movilización es, a veces, incluso deseada, pues la incorporación a filas es la manera de poder comer un poco mejor.
En el mes de enero, el 23 concretamente el general Miaja, desde Valencia, ha declarado el estado de guerra en toda la zona, decisión que ha producido más de un comentarlo humorístico en los madrileños. ¿Guerra? Pero, ¿qué es lo que ha habido hasta entonces?
El mismo día de la proclamación del Estado de Guerra en toda la zona republicana, esto es, en las dos zonas que ha quedado dividida la República, Casado dirige dos proclamas a los madrileños. En la primera dice:
“Nosotros luchamos por la independencia de la patria, pero luchamos también por algo que está por encima de la patria misma que es el imperio de la justicia.”
Y en la segunda:
“No toleraré ni desmayos, ni vacilaciones, ni tibiezas, ni traiciones. Hoy más que nunca mantenemos con firmeza nuestra fe inquebrantable en el triunfo de las armas de la República, para bien de España y de la libertad”
Por su parte Miaja, con referencia al Decreto el Estado de Guerra, recuerda en detalle las facultades que pasan a manos de los militares, menciona el artículo 95 de la Constitución de la República y los artículos 53 al 58 y 61 de la Ley de Orden Público y ratifica su jurisdicción sobre el todo o las partes de las provincias de Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Almería, Jaén, Granada, Córdoba, Badajoz, Ciudad Real, Toledo, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Castellón y Albacete.
No se puede obviar el comentario que hace el general Vicente Rojo, sobre el Decreto del Estado de Guerra: “Existía una resistencia política evidente a cuantas propuestas se hacían para mejorar los resortes del mando militar, estableciendo de manera efectiva el mando único y el mejor aprovechamiento de los institutos armados y de los hombres en edad militar; la declaración del estado de guerra, tantas veces pedida, no llegaba nunca, dándose la inexplicable paradoja de que salvo los últimos quince días, hayamos sostenido una guerra que alcanzaba en sus fines, en sus medios y en sus procedimientos a la misma entraña del país y este no se hallase en estado de guerra, posiblemente por un temor tan secreto como inexplicable de dar al mando militar todas las facultades que en tal situación la corresponden”.

LLEGAN NOTICIAS DEL FRENTE CATALÁN

Las noticias que se reciben de Cataluña avivan, según los casos, todos los entusiasmos o bien todos los temores. Un anarquista, García Prados, repasa las impresiones de aquellas febriles jornadas con estas palabras: “Yo recuerdo mis noches de Madrid ante el mapa de Cataluña. Iba señalando los pueblecitos perdidos y los núcleos defensivos en que me imaginaba resistiríamos. A la noche siguiente, estos núcleos quedaban a retaguardia en las líneas fascistas, ¿Dónde estaban las nuestras? Las carreteras, los ríos, los ferrocarriles se convertían, ante nuestros ojos, en raudales de sangre. Perdíamos Cataluña, perdíamos la guerra, sin que nadie explicase nada ni protestase de algo... A la madrugada tiraba el lápiz sobre la mesa e iba a acostarme, a no dormir, porque esto era imposible para quien tenía los nervios en tensión y sentía el hundimiento de su pueblo en la catástrofe”
Del 1 al 5 de enero, pese a los durísimos contraataques del V Cuerpo republicano, el avance de Las tropas franquistas es incontenible, cayendo en su poder Argentera, Montargull, Aña y Artesa de Segre, frente a Igualada; Borjas Blancas y Vinaixa, en la dirección a Tarragona; al final de este 5 de enero se han formado dos grandes entrantes del dispositivo nacionalista, uno frente a Tarragona y Vendrell y otro sobre la carretera Lérida-Barcelona, cerca de Igualada. Ya no se trata de un frente roto en cuatro puntos como en diciembre último, sino de dos masas operativas que avanzan a buena velocidad una hacia Tarragona y otra hacia Barcelona.
Del 6 al 10 de enero, los pueblos ocupados son, en la dirección de Tarragona, Tarrés, Vimbodi, Vallclara, Espluga Calva, Fulleda, Senant y Blancafort; en la dirección de Barcelona, Bellcaire, Boldú, Fuliola, Arcs, Bellvís, Alcoletge, Vilanova de la Barca, Tornabous y Mollerusa. La punta de lanza enviada por las tropas que avanzan sobre Tarragona hace contacto con la enviada por las que avanzan sobre Barcelona, con lo que las dos masas son ya una sola, en el centro de las cuales quedan 30.000 prisioneros gubernamentales. El desastre va consumándose paso a paso.
Del 11 al 15 caen Montblanc —llave del paso a Tarragona—, Valls, capital de una comarca feraz
y con importante aeródromo militar, Prades, Capafonts y la propia Tarragona. En la otra dirección, el avance obtiene la ocupación de Bellpuig —punto clave decisivo en la ruta hacia la capital de Cataluña—. Belltall, Sarrall, Tárrega— que es toda una ciudad—, así como una red de fortificaciones paralela al canal de Urgel y unos cuantos aeródromos próximos.
Entre el 16 y el 20 de enero, los nacionalistas ocupan Cervera, en la carretera Lérida-Barcelona. Aquí son los soldados del Cuerpo italiano los que, combatiendo en esta campaña mucho más valientemente que en otras anteriores, y sobre todo constantemente protegidos por su aviación, van empujando al V Cuerpo gubernamental (Lister), que, a pesar de realizar una resistencia tenaz y valerosa (ocho horas dura la lucha sangrienta en Santa Coloma de Queralt), tiene que ir cediendo terreno en el peligroso espacio que separa el frente de Barcelona. Al llegar la noche del día 20, el resumen de estos últimos cinco días es aterrador para el Estado Mayor Central republicano: las tropas nacionalistas, sólo en el sector del avance sobre Barcelona, han ocupado 23 pueblos y se hallan a 32 kilómetros de Tarrasa y a 40 de Sabadell.
El 23, es decir, a un mes de comenzada la ofensiva, ya están en poder de los nacionalistas Igualada, Martorell, Olesa, Sitges, Isona, Bastus, San Román de Abellá, y los avances de los cinco Cuerpos que convergen sobre Barcelona continúan casi vertiginosamente. El Gobierno ordena la evacuación automática de todos los centros administrativos que todavía quedan en la capital hacia pueblos de Gerona próximos a la frontera. Algunas unidades administrativas son enviadas por avión a la zona Centro-Levante-Sureste, al tiempo que se piden refuerzos que no se sabe como van a poder llegar en barco a través del Mediterráneo absolutamente bloqueado por la flota nacionalista.
El 25, el Llobregat es cruzado y el 26 cae Barcelona sin resistencia. La hecatombe moral y material se han culminado en paralelo.
Había un sentimiento de desanimo que se iba generalizando con rapidez, era muy raro que nadie creyera de buena fe que la guerra pudiera prolongarse mucho, y resultaba extraño encontrar a quien pensara que Madrid, oscuro y codiciado deseo del enemigo, no iba a ser el inmediato objetivo del general Franco La voluntad de resistencia se va minando poco a poco. La pregunta que todos se hacían era, ¿acaso se podía seguir resistiendo ante el derrumbe del frente catalán?

ULTIMAS REACCIONES DEL ERP

No sólo se podía aun resistir si no que se intentó atacar. Con el pensamiento puesto en la salvación de Cataluña, el Alto Mando republicano organiza tres ofensivas, casi simultáneas, bien lejos del centro neurálgico de la batalla más importante.
Uno de los ataques se localiza en el sector del Norte de Córdoba. El día 5 de enero, la sorpresa y el arrojo de los soldados gubernamentales consiguen un éxito realmente espectacular, pues en la primera jornada de ofensiva logran nada menos que 22 kilómetros en profundidad en dirección a Peñarroya, sobre una línea de casi treinta kilómetros. Es decir, el territorio ocupado por esta fracción de un ejército al que se considera totalmente derrotado es, en menos de veinticuatro horas, de 660 kilómetros cuadrados.
El general Gonzalo Queipo de Llano termina de recuperar, el 4 de febrero, las posiciones que un mes antes le había arrebatado el jefe del ejército republicano de Extremadura, general Escobar. Franco ordena a las divisiones italo españolas del CTV, que acababan de entrar en Gerona junto a los navarros, y se habían apoderado ya de Palamós y Palafrugell, que se detengan en la línea del Fluviá para evitar las suspicacias de Francia.
El ataque en Extremadura, continúa en los días siguientes con tal ímpetu que el mando nacionalista del sector ha de acumular numerosas tropas para frenar a duras penas el avance republicano. Las tropas del Ejército gubernamental, han ocupado cinco pueblos y tres sierras del sector, baldío esfuerzo que no consigue distraer del frente de Cataluña, por el momento, un solo soldado. Al mismo tiempo, otro ataque republicano se proyecta en Extremadura, en dirección hacia Valsequillo, rompiéndose el frente en varios sitios y avanzando los asaltantes con gran decisión. Copan prisioneros, capturan material importante, fuerzan la concentración de tropas nacionalistas en el sector, pero tampoco logran que varíen en Cataluña las cosas que siguen exactamente igual, como si nada estuviera sucediendo en “la otra zona”. Al final, el frente se estabiliza e incluso han de darse mucha prisa los gubernamentales para no caer en un contraataque fulminante de los soldados franquistas.
Angel María de Lera, conocido escritor y por aquel entonces combatiente en el GERC, lo describe así: “Era una fuerza ciega. El Ejército de la República jadeaba ya, malherido. Los altos mandos militares no tenían ninguna fe en los resultados. Pero no fue una batalla de broma, con 12000 bajas nacionales y 40 000 republicanas. “
Y hay aún un tercer intento, cerca de Madrid, en Brunete. No menos de tres divisiones son empleadas otra vez en este pedazo de tierra ya martirizado en la dura batalla de casi dos años antes. Pero parece ser que la deserción de algunos elementos bien informados desde el campo gubernamental al nacionalista ha puesto sobre aviso a los mandos militares de Franco, y cuando miles de soldados republicanos se disponen a iniciar su bien preparada ofensiva, la artillería adversaria, disparando a cero, hace estragos en las unidades de Miaja y de Casado, que deben dejar este intento como frustrado.
Pero lo más importante de estos tres ataques no es su resultado militar, que difícilmente podía ya resolver las consecuencias de la dura papeleta catalana, sino la confirmación de que por lo menos en gran parte de los mandos políticos y militares ni en las unidades combatientes no existe moral de derrota. La posibilidad de perder la guerra apenas pasa por las mentes de estos hombres. Todos están de acuerdo que la guerra va mal, muy mal, pero se sigue manteniendo la ilusión que puede enderezarse la situación y se ha enraizado el convencimiento de que se enderezará. La previa censura y la información prefabricada-como en toda guerra-ayudan a elevar a certeza este estado de ánimo.
Además de Cataluña, donde el avance de los nacionalistas recibe la colaboración inapreciable del férreo salto aéreo, también merece especial atención por parte de la aviación con base en las Baleares, Valencia con 10 bombardeos sobre todo en la zona portuaria, donde el trabajo de estibador se convierte en más peligroso que el de primera línea de combate. Siguen en importancia, las incursiones sobre Gandía y Cartagena, con cinco cada una, Alicante con tres, Almería con dos, Sagunto, Torrebaja, Ademuz, Los Santos, Denia, Puig.
El acoso es cada vez más continuado de los ataques que se realizan con casi impunidad ya que las escuadrillas de defensa ni tienen tiempo ni capacidad de respuesta para acudir a los frentes y a las costas
por la cada vez más angustiosa carencia de aparatos.

ULTIMOS GESTOS DEMOCRÁTICOS DE LA REPUBLICA

En la dramática madrugada del 31 de enero al 1 de febrero, las Cortes republicanas —lo que queda de ellas—, se reúnen en las caballerizas del castillo de Figueras. Martínez Barrio, sentado ante una mesa cubierta por la bandera republicana preside aquella mermada representación del pueblo español que les había elegido casi tres años antes. Después del discurso de Negrin, donde ya se habló abiertamente de paz bajo unas condiciones que nadie creyó que fueran aceptadas por el enemigo los diputados, acuerdan otorgar una votación de confianza al Gobierno del doctor Negrín. El documento, por histórico, merece ser reproducido:
"Las Cortes de la Nación, elegidas y convocadas con sujeción estricta a la Constitución del país, ratifican a su pueblo, y ante la opinión universal, el derecho legitimo de España a conservar la integridad de su territorio y la libre soberanía de su destino político.
"Proclaman solemnemente que a esta obra de independencia y libertad nacional asiste unánime el concurso de los españoles, y que sean cuales fueren las vicisitudes transitorias de la guerra, permanecerán firmemente unidos en la defensa de sus derechos imprescriptibles.
"Saludan al Ejército de Tierra, de Mar y de Aire y ratifican su confianza invariable en el porvenir glorioso y libre de la patria española.
"Castillo de Figueras, a primero de febrero de mil novecientos treinta y nueve. Alvaro Pascual Leone, Eduardo Castillo, Belarmino Tomás, José Sosa, Luis Fernández Clérigo, Antonio Mije, Ramón Lamoneda, Margarita Nelken, Vicente Sarmiento, M. Torres, Luis G. Cubertoret, Marino Saint, José Aliseda, Antonio Pasagali, dos firmas ilegibles.
El presidente resume la votación:
“Han votado afirmativamente los 62 señores diputados. Hago constar que se ha hecho presente a la Mesa por distintos señores diputados ausentes su adhesión a los acuerdos que la Cámara adopte.
Sesenta y dos diputados de una Cámara de casi 500 quiere decir que faltan demasiados. Y con ser malo aquellos que no pueden presentarse porque ya no cuentan en el mundo de los vivos, es significativa la ausencia de otros muchos que se han apresurado a salvar la frontera poniéndose a salvo de avances excesivamente rápidos del adversario. Hay que contar, también, algunos otros, pocos, que se hallan combatiendo con las armas en la mano.”
El presidente, Martínez Barrio cierra la sesión con un triste y breve párrafo:
“Señores Diputados. Nuevamente vamos a separarnos. No quiero añadir una sola palabra a las que aquí ha pronunciado el jefe del Gobierno y a las de los distintos señores Diputados representantes de las minorías. De la misma manera que hasta aquí el Parlamento ha cumplido su deber, lo cumplirá en lo futuro, coadyuvando a la obra heroica y patriótica que en las trincheras realiza el Ejército para la salvación de la República española.”
A continuación la sesión se suspendió para que todos pudieran emprender de inmediato la larga y triste marcha hacia el exilio.

BALANCE MILITAR DE LOS CONTENDIENTES

Más que hablar de equilibrio a estas alturas de la contienda mejor sería llamarlo desequilibrio. No hay duda: la balanza se ha inclinado, ya definitivamente hacia "Burgos". Ha desaparecido junto con el frente, el Ejército del Norte, del general Dávila, que pasa a engrosar la masa operativa de los distintos ejércitos que quedan: el de Levante (general Orgaz). el del Centro (general Saliquet) y el de Andalucía (general Queipo de Llano). Son en total. 14 Cuerpos de Ejército, 50 Divisiones de Infantería, dos de Caballería, dos Agrupaciones de Reserva, cuatro destacamentos Ligeros, con fuerte reserva de Artillería e Ingenieros y todos los servicios logísticos. En total, 1.659 generales y jefes, 19.739 oficiales, 38.848 suboficiales y auxiliares y 736.475 soldados, esto es, 796.721 hombres, armados con 1.051.000 fusiles, 22.000 fusiles ametralladoras, 13.000 ametralladoras, 7.600 morteros, 650 carros, 3.244 piezas de todos los calibres y 469 aviones.
Es una fuerza disciplinada a la que todos aquellos meses de lucha y de victorias han elevado su moral. Todos están convencidos por los continuos triunfos y también por el cansancio y el secreto deseo de terminar cuanto antes aquella lucha que ya va durando mucho, que bastará dar un papirotazo para que el débil tinglado enemigo se venga abajo.
Por el otro bando, las fuerzas de Miaja son el Grupo de Ejército de la Región Centro, la Zona Aérea Central y la Flota, surta en la base naval de Cartagena. El G.E.R.C. cuenta con cuatro Ejércitos, 17 Cuerpos de Ejército, 49 Divisiones, 138 Brigadas mixtas tres de Caballería, una de Defensa de Costas y dos de la D.C.A, o Defensa Contra Aeronaves, más de una división de Blindados y tres de Asalto. Los cuatro Ejércitos están mandados por los generales Menéndez (Ejército de Levante) y Escobar (Extremadura), y los coroneles Casado (Centro) y Moriones (Andalucía). Jefe de la Zona Aérea Centro-Sur es el coronel Camacho, y de la Flota el almirante Buiza. Muy importante, dada la situación de aislamiento, es la base naval de Cartagena, al frente de la cual se encuentra el general Bernal.
En la zona Centro-Sur el general Miaja ha sido nombrado, el 8 de febrero, jefe de todas las fuerzas de Tierra, Mar y Aire “con mando delegado del ministro de Defensa": es, pues, la máxima autoridad, no sólo militar, sino también civil, puesto que el estado de guerra recientemente declarado le confiere estas atribuciones. Al frente del G.E.R.C., o Grupo de Ejércitos de la Región Centro-Sur, queda su antiguo jefe de Estado Mayor, el general Matallana, reemplazado por el coronel don Félix Muedra; y a este Estado Mayor pertenece el teniente coronel don Antonio Garijo Hernando y el comandante don Leopoldo Ortega Nieto, llamados a desempeñar un importantísimo papel en las conversaciones destinadas a poner fin a la lucha.
La declaración del estado de guerra tendrá enorme trascendencia, pues cuando dimita Azaña de la presidencia de la República. sin que se le encuentre sustituto, Negrin carecerá de respaldo constitucional, apareciendo ante él un poder que él mismo ha creado y con el que acabará enfrentándose.
En Valencia el 9 de febrero, se sale al paso desmintiendo el bulo propalado en el extranjero, "según el cual el Estado Mayor del general Miaja se hallaba en negociaciones con el Estado Mayor rebelde". El 12 de febrero el coronel Casado dirá al jefe del Gobierno, en unas dramáticas palabras: “La población civil de Madrid, que, durante treinta meses, ha derrochado valor, abnegación y espíritu de sacrificio, no se recata en decir en voz alta que está harta de guerra y quiere la paz".
El propio García Prados señala: “Había terminado la guerra en Cataluña sin que nadie se ocupara de hacer la paz, y en la zona Centro-Sur quedábamos ocho millones de españoles, sin víveres, sin ropa, sin calzado, sin medios de transporte, sin municiones, sin aviación, sin armas en la medida necesaria para resistir los futuros ataques”.

UN INFORME PESIMISTA

Aparato bélico republicano es tan solo ilusorio, la situación real es bien distinta a la que la propaganda quiere hacer creer. Cuando el coronel Casado habla con Negrín, en Madrid, el 12 de febrero, su informe no puede ser más pesimista. Y, aunque referido a su Ejército propio, es claro que cuanto dice puede extenderse a las demás fuerzas combatientes: “La pérdida de Cataluña ha reducido en más del 50 por ciento la producción de nuestra industria de guerra, y además la escasez de materias primas, sin esperanza de recuperación, nos ha creado una situación inquietante. En esas condiciones no podemos producir un mínimo indispensable para continuar la lucha. La artillería es muy escasa y de mediana calidad. La cantidad de armas automáticas es tan reducida que la potencia de fuego de un batallón enemigo equivale a la de tres batallones nuestros. Los morteros brillan por su ausencia. Nuestras posibilidades en tanques, antitanques y artillería antiaérea son sumamente reducidas. Nuestras fuerzas aéreas se reducen a tres escuadrillas de Natachas y dos de Katiuskas y veintiocho aparatos de caza. Enfrentar estas fuerzas aéreas con las nacionalistas, muy superiores en calidad y cantidad, sería tanto como llevar a nuestro heroicos aviadores al suicidio. Nuestras tropas, tanto en la Sierra como en los Páramos de Cuenca y Guadalajara, están sufriendo los rigores de este crudo invierno en alpargatas, porque no ha sido posible proporcionarles zapatos, y sin prendas de abrigo, porque a consecuencia de las heladas sus capotes se han convertido en témpanos de hielo. Además, hace ya varias semanas que los soldados no han podido mudarse de camisa, porque no tienen más que la puesta, y en bastantes unidades padecen sarna, Y por último, la avitaminosis hace verdaderos estragos, especialmente en el frente de Guadalajara."
Penuria general del Ejército: en alimentos, en vestuario, en municiones. Ángel Maria de Lera, cuenta, refiriéndose concretamente a las fuerzas del IV Cuerpo, algo que creemos podría ser aplicado a las de los otros: “Los jefes de compañía debían dar, en el parte diario, cuenta de las bombas y de los proyectiles de fusil gastados, porque el parque de municionamiento se hallaba agotado y era preciso escatimar una bala. La alimentación del soldado, salvo el pan. que era bueno, se componía exclusivamente de dos sopicaldos —a mediodía y por la noche— y de un cazo de agua ennegrecida por algunos granos de cebada tostada, que servía de desayuno. Su vestuario llevaba mucho tiempo sin ser renovado y corría prácticamente a cargo de los familiares de los combatientes, como asimismo el calzado. No se recordaba ya cuándo fueron distribuidas las últimas botas.”
Hay un peligrosísimo predominio comunista en los mandos, que algunos cifran en un 70 por 100 y que luego se hará patente, cuando llegue el momento del enfrentamiento entre los grupos rivales.
Ausentes de Madrid, Miaja y Matallana, que tienen sus cuarteles generales en Valencia, quedan como supremas autoridades castrenses madrileñas el general Martínez Cabrera, gobernador militar, y el coronel Casado, verdadero poder, ya que dispone del mando directo de las fuerzas de un Ejército. El coronel va a ser ahora la máxima figura militar, no sólo de Madrid, sino de toda la Zona.

CASADO Y SU PUESTO DE MANDO

¿Quién es Segismundo Casado López? Zugazagoitia dice de él: "Muy dotado intelectualmente, su obra de disciplina sobre las unidades a sus órdenes era alabada”.
Segismundo Casado López había nacido en Madrid el 10 de octubre de 1893. Ingresó en el ejército el 31 de agosto de 1908. Republicano de toda la vida, era comandante de Caballería y jefe de la escolta del presidente Azaña cuando estalló la guerra civil. Prestó a la República un insigne servicio; ante las confusas noticias de África consiguió sacar de la Quinta de El Pardo al presidente, en la misma tarde del 17 de julio, y trasladarle al Palacio de Oriente. Con ello, arrancó la más codiciada presa al ambicioso regimiento sublevado de El Pardo, cuyos oficiales tuvieron que contentarse con llevarse hacia Segovia al recluta Paquito Largo, hijo del que meses después sería jefe de Gobierno Largo Caballero.
Casado es un hombre fundamental durante toda la guerra. Es uno de los jefes profesionales que más contribuye a la organización del Ejército Popular. A cargo de la Tercera Sección del Estado Mayor, en Madrid – penetrada por importantes elementos comunistas- contribuye a la contención, en los puertos y en los barrancos de la sierra, de las columnas del general Mola. Precisamente en uno de esos barrancos tiene un sonoro altercado con el jefe de la columna de la FAI Cipriano Mera, que se resiste a entregarle un cañón aduciendo que es “propiedad de la CNT” como ejemplo de las constantes contradicciones: un anarquista enarbolando el derecho de la propiedad aunque fuera para una loable utilización El Destino reuniría a estos dos hombres. Casi tres años más tarde, Mera, convertido en militar profesional, iba a ser el principal y decisivo apoyo de Casado en la conjura de febrero.
Es en la base en Albacete-centro de las Brigadas Internacionales- es donde Segismundo Casado, como profesor de la Escuela de Estado Mayor y teórico y técnico militar, materializará y desarrollará las Brigadas Mixtas, una brillante idea del grupo de Madrid que estaba destinada a convertirse en el núcleo del naciente Ejército Popular.
Participa Casado, en sustitución del coronel Enrique Jurado, en la batalla de Brunete; los comunistas le acusan de actuación equívoca en el mando del XVIII Cuerpo; estas imputaciones de traición a la República, pueden ser el comienzo de su hostilidad manifiesta que siempre tuvo hacia los comunistas. Casado asume el mando del ejército del Centro, bajo la autoridad de Miaja, jefe del GERC. Perfectamente relacionado con todos los grupos y capillas del Frente Popular y adyacentes (excepto los comunistas) Casado es el hombre central en el Madrid de 1939 y no se recata en exteriorizar su derrotismo y su voluntad capituladora, mientras está cayendo Cataluña.
Su retrato moral se completaba con la declaración, apoyada en diversas anécdotas, de su austeridad. “Se racionaba como el último soldado y trabajaba como el primero”. Cordón, igualmente enemigo político de Casado, escribió por su parte; “Era inteligente y culto, tanto profesionalmente como en sentido general. Era diplomado de Estado Mayor y durante algún tiempo había desempeñado el cargo de ayudante de profesor de la clase de Táctica General en la Escuela Superior de Guerra. Poseía dotes de mando. Pero todas esas cualidades positivas quedaban nubladas por su soberbia y desmedida ambición”. Casado era, sin duda alguna, popular y en cierto modo había sustituido aquí a Miaja, presente en Valencia desde hacía meses, bien que sin contar con la unanimidad de aquél en los afectos; porque Miaja procuraba estar bien con todos y Casado, no.
Este último había establecido su puesto de mando en un lugar evocador, al que daba el nombre adusto de “Posición Jaca”, pero su aspecto no correspondía a lo que podría presuponer esta parte de la geografía española agreste, dura y montañosa pues en la realidad el lugar que era un palacio romántico rodeado de estatuas y parterres correspondientes a la finca denominada “El capricho” aunque ahora se la conociera por la Alameda de Osuna.
Pocos quedaban de aquellos nombres que fueran legendarios en las luchas de la Sierra, Ciudad Universitaria, el Jarama, Guadalajara, o Brunete; nombres como Cipriano Mera, Bueno, Ortega... También habían desaparecido, “tragadas”en las luchas de Aragón, de Levante, del Ebro, de Cataluña, grandes unidades históricas: los Cuerpos del Ejército V y XVIII, las Divisiones 11, 46, 36, 15. 45, 35 y, por supuesto, las Brigadas Internacionales.

PESIMISMO GENERAL

La moral general era pésima. Pesaba en el ambiente las noticias que llegaban de lo ocurrido en la “lejana” Cataluña al que se añadía el fracaso de la ofensiva llevada a cabo en el sector de Peñarroya, donde a pesar de haber comenzado con éxito y haberse ocupado al principio un extenso terreno, todo se vino abajo finalmente Se quiso hablar de sabotajes, cuando mejor era achacarlo a la incapacidad de mando, que, habían llevado a cabo la ofensiva con evidente desgana, como si estuvieran conscientes de que todo estaba ya perdido.
En Madrid los ánimos habían cambiado mucho desde los heroicos días de noviembre de 1936. Hasta bien entrada la primavera de 1937, el pueblo había creído en la victoria, y estaba jubiloso al darse cuenta de que en su ciudad se estaban desarrollando acontecimientos de importancia mundial. Luego vino la caída de Largo Caballero, la pérdida de Bilbao y la horrible e inútil carnicería de Brunete. La guerra había acabado con un jaque mate que tenía a todos con los nervios en tensión, los principales teatros de acción estaban lejos de Madrid, pero con el enemigo acampado a las puertas esperando sin prisas ya, el momento oportuno para lanzarse sobre su presa, mientras que el hambre y el frío iban desgastando la moral de los ciudadanos. La inflación galopante significaba la bancarrota de la economía republicana. La emisora de Burgos radiaba las series y números de los billetes de banco que los nacionalistas aceptarían como válidos a su entrada en la capital y los comerciantes se negaban sin recato a aceptar otros que no fueran los anunciados en clara demostración de su falta de fe en la victoria republicana
La clase obrera de Madrid era en su mayoría socialista o anarquista; la clase media, en gran parte republicana moderada. A nadie le pasaba desapercibido lo grave de la situación y hasta para los más optimistas se estaban reduciendo las posibilidades si no de victoria, cuanto menos conseguir algún acuerdo ventajoso con el enemigo.
Un profundo cansancio general, la miseria, el dolor en sus más agudos tonos, la conciencia de la irremediable derrota había ido ganando, por igual, a la masa humana, la inmensa mayoría de los dirigentes políticos y los jefes militares.
Vicente Rojo, que representaba la máxima autoridad militar, se niega a volver de Francia para ir a la zona Centro-Sur, parapetándose tras los argumentos de la inutilidad de toda resistencia. Cuando se le invoca la necesidad de obedecer, contesta: “Ya se harán cargo de que no porque el superior nos mande arrojamos por la ventana debemos hacerlo". Y en el informe que, a requerimiento del presidente Negrín, se redacta sobre la actitud rebelde de los generales Jurado y Rojo, el segundo manifiesta que no se encuentra dispuesto a presidir un nuevo desastre de mayores proporciones todavía que el de Cataluña. Él había previsto con mucho tiempo de adelanto, la imposibilidad material de toda resistencia, que su criterio no había sido oído y que, por consiguiente, se podría considerar desligado de nuevos compromisos. Por lo demás, esta actitud de Rojo era clara y antigua, dando a esta palabra una dimensión relativa, y según Azaña, Negrín dijo a los ministros que “unos días antes de salir de La Bajol, le había propuesto Rojo la rendición sin condiciones de todo nuestro Ejército, con un plan detallado para llevarla a cabo”.
He aquí los problemas que apunta Rojo, sobre la situación que se encuentran los españoles en territorio francés:
—Que nuestro ejército se aglomeraba confusamente en los campos de concentración, no acondicionados para ello, y quedaba pulverizado, sin el menor indicio ni posibilidad de reorganización.
—Que nuestro material de guerra pasaba a depender de las autoridades francesas, así como el armamento y automóviles, sin posibilidad alguna de control ni de estadística.
—Que los oficiales y jefes quedaban en los campos de concentración, cualquiera que fuese su categoría (salvo limitadas excepciones).
—Que ninguna autoridad civil española aseguraba la dirección e imponía la responsabilidad debida en nuestras actividades.
—Que no había posibilidad de establecer un régimen de socorros y de organización del personal, ni siquiera de tener contacto con nuestros hombres, pues las autoridades francesas, por razones de tipo político, o de otro género, no consentían aquellos días el acceso a los campos a los Jefes autorizados para residir en el departamento.
Por lo que se refiere al orbe político predominaba el hastío y la desesperanza y, como consecuencia de ello, el deseo de terminar cuanto antes. Claro está que la rendición pura y simple era excesivamente peligrosa, por lo que había que jugar con la baza de la resistencia, a fin de convencer al contrario de que le convenía más un acuerdo condicionado que una futura y encarnizada y casi numantina batalla final. ¿Caería el enemigo en esa trampa. o se zafaría de ella como lo había hecho ante las vanas proposiciones de paz?
Poco ayudaba a convencer de estas supuestas actitudes heroicas las noticias que se estaban difundiendo sobre la venta de material y suministros. Sí era verdad que en la zona Central iba a continuar la guerra en serio, ¿por qué se liquidaban en Francia las existencias que en víveres, materias primas y armamento de tránsito se tenían acumuladas? Esto era demasiado claro y significativo para no desconcertar a propios y hacer recelar al enemigo. Si por un lado se liquidaba económicamente el conflicto, transformando todas las existencias en metálico; poca coherencia tenían las órdenes de resistir sin proporcionar medios para ello, ni siquiera víveres.
Sobre la base de una resistencia. mas o menos ficticia, más o menos tenaz, cabían matices, posturas diversas, según la ideología de cada cual y cabían también oposiciones enconadas. El barco estaba amenazado de total hundimiento y en esa hora aparecía, todas las recriminaciones y afloraban los más acerbos odios.

ULTIMO APOYO: LOS COMUNISTAS

Todo parece indicar que los animadversiones principales se polarizaban en torno a los comunistas —por quienes no lo eran, claro está— y sobre quien decían todos que les servía incondicionalmente: el jefe de Gobierno, el doctor Negrin.
El divorcio con el comunismo se agudizó al ser precisamente, el Partido Comunista y los mandos militares de esa significación los que más defendían la postura de una defensa a ultranza, de una resistencia desesperada, numantina. “En febrero de 1939 el Partido Comunista era el único partido que seguía propugnando la continuación de la resistencia", ha escrito el socialista Ramos-Oliveira. Y haciéndose eco de opiniones parecidas. Hugh Thomas señala; “Todos estaban hartos de guerra” La política de continua resistencia no era expuesta con sinceridad más que por el Partido Comunista". Esta actitud hizo creer a muchos que mientras los comunistas se hallaran presentes, Franco no estaría dispuesto ni siquiera a considerar el término de las hostilidades. Se generalizó la idea que para conseguir una pronta paz, se hacía necesario el desprendimiento de aquel lastre.
El 17 de febrero, Lister se reune con los tres jefes comunistas de los Cuerpos del Ejército del Centro: Barceló, del I; Bueno, del II, y Ortega del III. No se produce, en cambio, ninguna entrevista entre Lister y Cipriano Mera que manda el IV Cuerpo. También conferencia con Casado y aunque ésta, se desarrolla en términos cordiales, Lister saca la consecuencia de que no existen verdaderos deseos de cumplir la consigna de Negrin de resistencia a ultranza.
La disensión entre Negrín y Casado, es tan manifiesta que es alimento cotidiano de las tertulias de café de esos días. Para acallar los rumores, Casado, declara públicamente: “Puedo asegurar que reina una absoluta tranquilidad en Madrid, mantenida por el gran sentido de responsabilidad que caracteriza al heroico y abnegado pueblo madrileño”
El día 23, el parte oficial de guerra de la Zona Centro-Sur es lacónico: “Sin novedades dignas de mención en los diversos frentes.” El 24, Casado es ascendido a general, nombramiento que el agraciado prácticamente no acepta, con lo cual pierde el efecto deseado. Al día siguiente también se eleva a Ossorio Tafall, de comisario general del Ejército al grado superior del mismo cargo, comisario general de Defensa. La maniobra de Negrin es clara: por un lado intenta neutralizar los deseos de entrega de Casado con su elevación jerárquica a la vez que reforzaba a los numantinistas comunistas con el reforzamiento en su autoridad al comunista Osorio.
A estas alturas, no se le escapa al Jefe de Gobierno, cual es el estado de la cuestión. Se hace innegable el cisma que se ha producido entre los militares y los anarquistas, proclives en dar término a las hostilidades y el partido comunista entregado a llevar la guerra a sus últimas consecuencias. Lógicamente, siendo Negrin que se ha inclinado por este último parecer – al margen de cualquier discusión por auténtica ideología política - lleva a cabo el reajuste de mandos que mejor benefician sus proyectos; esto supone, como no podía ser de otra manera, una ratificación de la idea central de Negrín de apoyarse en los mandos comunistas. Por tanto las nuevas designaciones orientadas en este sentido son las siguientes:

Jefe Supremo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire: General Cordón (comunista)
Jefe del Ejército del Centro: General Modesto (comunista)
Jefe del Ejército de Levante: Coronel Líster (comunista)
Jefe del Ejército de Extremadura: Teniente coronel González "El Campesino" (comunista)
Jefe del Ejército de Andalucía: Teniente coronel Tagüeña (comunista)
Jefe de la Base Naval de Cartagena: Teniente coronel Galán (comunista)
Comandante militar de Murcia: Teniente coronel Vegas (comunista)


Al tiempo que se confirma a Hidalgo de Cisneros como jefe de las Fuerzas Aéreas. Hidalgo de Cisneros es comunista también.
Negrín ha puesto en manos de los jefes militares comunistas todo el dispositivo general de la línea de combate. Éstos son los únicos que han declarado firmemente que están dispuestos a combatir hasta el fin y además de ser los únicos que ofrecen confianza al presidente, son los que también se la ofrecen a la Unión Soviética, que es la que de verdad, desde un principio a llevado el peso de la guerra enviando el grueso del material empleado por los gubernamentales. Francia e Inglaterra, que se han pasado todo el tiempo de la contienda nadando entre dos aguas y ahora acaban de reconocer a Franco.
Hubiera sido impensable, por parte de Negrin, confiar la continuación de la contienda a unos a unos jefes militares de los cuales ya sabe ya con casi absoluta certeza que están en contacto con el enemigo a través de la 5.ª columna.
Casado invita a comer a Hidalgo de Cisneros, con la esperanza de que si bien sabe que este jefe militar está afiliado al Partido Comunista, es un profesional de carrera y perteneciente a una familia distinguida. Cree que con estas dos bazas, podrá inclinar la balanza a su lado y llegar a una inteligencia con él. Intento inútil éste, Hidalgo permanecerá fiel a sus convicciones y seguirá alineado con Negrin.
Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, los comunistas ponen en marcha todos sus recursos mediáticos para caldear a la opinión pública ante los acontecimientos que se avecinan y conducirla a al terreno de la lucha numantina que preconizan.
.A lo largo del mes de febrero el órgano oficial del comunismo, “Mundo Obrero", bombardea la mente de quienes lo leen con un martilleo constante alrededor de la resistencia: “Llevaremos la lucha hasta el fin. Arrostraremos todos los sacrificios" (número del 9 de febrero); “Preparémonos para la resistencia victoriosa. Todos los recursos al servicio de la independencia de España” (día 12);
“España unida está más decidida que nunca a “luchar por su independencia" (día 16); “Queremos ser libres y lo seremos. España no se rinde. Tenemos medios y entereza para sostener la lucha hasta el fin” (día 17); “¡En pie de guerra para defender la independencia de España!” (día 18); “SÍ; podemos vencer y venceremos. Ni siquiera tenemos opción” (día 19); “Unidos hemos empezado la lucha y unidos hemos de continuarla hasta el fin. Nos quedan energías para asegurar que la última batalla será de la República. (día 22); “¿Qué significa resistir? Asegurar la paz y asegurar la independencia de España” (día 23): “Mientras quede un invasor en España el pueblo seguirá en pie de guerra”(día 24); “Podemos resistir y debemos resistir” (día 25); “Para terminar la guerra, la resistencia y lucha del Ejército y del pueblo pueden continuar y continuarán” (día 26).
Indudablemente esta aparatosa postura era más “exterior" que "interior”, más espectacular que real; pura táctica. Porque. en definitiva, ¿a quiénes obedecían los dirigentes comunistas extranjeros, la “troika” Togliatti-Cadovilla-Stepanov, sino al Kremlin? ¿Y a quiénes seguían los comunistas españoles —Díaz, Hernández, Ibarruri, Mije, Uribe, etcétera—, sino a la “troika" mencionada? ¿Es que la URSS deseaba que nuestra guerra se prolongara definitivamente?

LA URSS, REVISA SU POLÍTICA EN ESPAÑA

Las posturas de Stalin. la Komintern, la III Internacional, el comunismo, en expresión general, se han enfriado con respecto a las del inicio del conflicto. El sentido de Rusia, en ese momento, es tibio, realista y práctico. Hacía ya tiempo que habían soltado las amarras al barco español de la guerra. Desechando el proyecto de cercar a la Alemania de Hitler por medio de un pacto franco-anglo-ruso, Stalin, que temía al “Führer”, buscaba ahora su entendimiento. Estamos en el mes de febrero, no pasarían seis meses para que ese acuerdo tuviese lugar.
Si como parece ser, en los últimos meses de nuestra guerra civil, la Unión Soviética se estaba desligando de sus compromisos anteriores con la República, ¿Cómo es que Negrín se apoyó en los comunistas españoles y estos aceptaron el reto?
No sería desacertado decir que éstos, los comunistas españoles, fueron los únicos dispuestos a seguir luchando hasta el final.
Sobre los motivos, debemos aceptar las palabras de Jesús Hernández, ministro comunista un día, comisario general de la Zona Centro-Sur entonces, porque parecen realistas y hasta lógicas: “Naturalmente, se advierte en seguida que el Caso español estaba ya sustancialmente explotado y agotado, y que había sido subastado por la URSS en todas las Cancillerías. Ahora era una rémora y un estorbo. Se trataba, pues, de desembarazarse del lastre, de tirarlo por la borda”. Y más adelante qañade: “Si Rusia hubiera querido que el Partido Comunista hubiese organizado la resistencia, hubiera ordenado al Buró Político las medidas adecuadas; ahora el contexto de la política internacional no lo hacía aconsejable. La delegación política soviética, reducida ahora a Togliatti y Stepanov, llegó a la Zona Centro-Sur con el deliberado propósito de poner fin a la resistencia de la República".
Aunque hay que valorar su opinión, las palabras del anarquista García Prados son quizá las más expresivas, las que arrojan más luz sobre el problema de la actitud comunista. Al referirse a la vuelta a España de Negrin, Alvarez del Vayo y sus amigos, García Prados se pregunta para qué volvieron. Y responde así; “Teníamos mucho que hacer. La zona central no podía quedar abandonada, porque en ella había documentos importantes, valores cuantiosos, dirigentes civiles y militares comunistas muy destacados, miembros de la G.P.U., material de guerra recuperable, barcos, aviones y, sobre todo, un problema político trascendental: el de la misma liquidación de la guerra. Tener el poder equivalía a ser dueño de los medios de evacuación, lo que ya merecía sacrificios; y conquistarlo bajo la bandera de la resistencia era acusar de liquidadores a los demás sectores del antifascismo, que si se resignaban a sufrir el golpe de Estado se quedarían en tierra mientras embarcaban los estalinianos, a quienes las tropas que aguantasen el ataque de Franco les cubrirían la retirada hacia puertos y aeródromos, y si respondían con su contragolpe, con su digna y necesaria rebelión podría decirse de ellos con calumnia fácil en la confusión que se sublevaron en pro del enemigo”.
Como apoyo lo anterior, he aquí estas palabras de Juan López, que, pese a su rabiosa oposición a los comunistas, deben aceptarse, entre otras razones por su formidable verosimilitud: “Si los socialistas, los republicanos y los anarquistas no estaban dispuestos a volver a la lucha, allí estaban los comunistas, que no cedían su puesto. Y no sólo no lo cedían, sino que estaban dispuestos a quitárselo al más pintado. La trágica realidad del ambiente español en la masa refugiada en Francia favorecía los intereses y las consignas de los comunistas” Los puestos en el avión que se negaban a ocupar los demás elementos, cuidarían ellos de acapararlos. ¡Qué imbéciles eran todos, cediendo el terreno a los hijos de Stalin en los momentos que había que terminar la guerra y salir del territorio republicano enarbolando la bandera de la resistencia, el honor de haber sido los últimos en defender las libertades y combatir contra el derechismo! Pero así había de ser". Los comunistas, con su empecinamiento, parecían querer ser sencillamente, los liquidadores de la República, convirtiéndose en sus últimos dueños.
Por otra parte, no había que descartar la eventualidad de una futura guerra general, en la que España acabaría viéndose envuelta. Para cuando llegase ese momento entraba dentro de lo posible que fuera reconocido el valor y la experiencia militar comunista y se sospesaran las posibilidades de conseguir rentabilidades políticas importantes en el incierto futuro que se avecinaba.

NEGRIN PREPARA LA RETIRADA

Refiriéndose a la situación creada tras la pérdida de Cataluña, Salvador de Madariaga dice: “Hay un hecho irrebatible: sólo los comunistas y el doctor Negrin están en aquel momento en favor de continuar la guerra. Los adversarios del doctor Negrin se lo toman en cuenta como un crimen". Pero a continuación agrega. “Él alega que se trataba de mera táctica. Era como una especie de combate de retirada sobre el campo diplomático para obtener promesa de no represalias y dar tiempo a que se salieran de España los españoles de izquierda que desearan hacerlo antes de que el general Franco ocupase las zonas republicanas”.
Mucho más rotundos fueron los testimonios de los incondicionales negrinistas. Así. Alvarez del Vayo. que había acompañado al jefe del Gobierno a todas partes y era su más destacado mentor, escribió: “Sabíamos que nuestro deber era hacer la paz y hacerla lo antes posible”; “pensábamos que la única manera de obtener cualquier acto de gracia del general Franco era combinando toda la presión que pudiéramos aplicar en el plano internacional con una actitud que diera la impresión de que estábamos preparados para seguir luchando”. Palabras clarísimas, pese a que el ministro de Estado era, políticamente, un hombre oscuro.
Otro acompañante de Negrin, Zugazagotia, nos habla de cómo en los trágicos días del avance nacional sobre Cataluña, el Presidente "buscaba por los caminos internacionales una solución al conflicto que teníamos planteado”. Más adelante dirá: “Este Negrin trabajaba por su cuenta, obseso por dos ideas: evitar que la derrota de Cataluña degenerase en catástrofe humana y conservar la resistencia como único medio de lograr una paz que no supusiera el aniquilamiento de los vencidos”, Y en otra ocasión: “Negrin no llevaba otro designio que el de terminar, con el menor número .de daños, una guerra perdida".
El propio Zugazagoitia ha trascrito la orden que le dictó unos momentos antes de salir de Cataluña para Francia. Entre otras cosas, se decía en ella: "Los señores Alvarez del Vayo, Méndez Aspe, Zugazagoitia y Méndez (don Rafael), con los colaboradores que consideran necesarios, y eventualmente con la cooperación del señor Prieto, procederán inmediatamente a la ordenación y situación de los emigrados de España en los distintos países del mundo, creando para ello, rápidamente, un organismo eficaz que se ocupe de realizar el trabajo de referencia".
Sólo era verosímil esta orden si se consideraba que, tras Cataluña, se perdería la Zona Centro-Sur, con lo cual no quedaría terreno propio que pisar.
Juan López, ex ministro cenetista, transcribe estas palabras de Eduardo del Val, compañero suyo, en conversación mantenida en Francia: “Precisamente, hace pocos días, Negrin ha telegrafiado, en clave, naturalmente, a los amigos suyos socialistas de Madrid, ordenándoles que quemen todos los ficheros y lo preparen todo para evacuar. Esa es la resistencia que piensa hacer ese granuja...”.

EN BUSCA DE LA PAZ / LA ALTERNATIVA BESTEIRO

Cuando el ministro de Instrucción Pública, Segundo Blasco, de las filas anarcosindicalistas, se reunió en Madrid con sus compañeros de grupo, al poco de regresar de Francia, les comunicó que “los ministros traían instrucciones, cada cual de su sector político, para organizar la emisión de pasaportes, la evacuación de los militantes civiles y militares y la salvación de documentos y valores". Estaban decididos al abandono de la lucha. “Voy a confiaros —agrega Blanco—, para que no quedéis recelosos. un secreto de Estado. El Gobierno, desde hace varios meses, anda procurando entrar en relaciones con los, fascistas para hacer la paz. Pero ellos, ¡chico!, no quieren."
Alvarez del Vallo revela en el libro Freedom’s Battle lo siguiente:
“Aquel día el primer ministro me anunció haber informado al Comité Central del Partido Comunista que se reservaba completa libertad de acción, fueran cuales fuesen las decisiones tomadas por los partidos políticos. Había llegado a su conocimiento que en una reunión del Comité Central los comunistas acordaron oponerse a cualquier propuesta de paz que no estuviese basada en las tres condiciones expuestas por el primer ministro en su discurso ante las Cortes. En el curso de su entrevista con el Comité Central, el Dr. Negrín recordó a sus miembros que sólo el Gobierno podía arrogarse tales facultades.
—En tanto que usted sea su jefe —observaron los comunistas.
—Sea jefe yo o cualquier otro a quien considere capacitado en estas circunstancias —replicó el primer ministro-. Mientras la presidencia de la República permanezca vacante, la responsabilidad de las (supremas) decisiones recae en mi. Si en cualquier momento designase a otro para ocupar mi puesto, quiero asegurarme que no habría dificultad en realizar el cambio.
—Pero ¿quién podría reemplazarlo? —inquirieron los comunistas.
—Besteiro, por ejemplo —repuso el doctor Negrín. Una exclamación de horror acogió el nombre de Besteiro; pero la entrevista se cerró con un voto de confianza en el primer ministro y con la promesa de respetar sus decisiones.”
La personalidad civil más admirada en Madrid era indudablemente el socialista moderado Julián Besteiro. Este hombre, que era madrileño, había sido catedrático de Lógica y decano de la Universidad. Fue concejal del Ayuntamiento de Madrid y había ocupado un escaño en las Cortes desde 1918 hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera. En 1931 los otros diputados lo eligieron para presidir las Cortes Constituyentes. Educado en la Institución Libre de Enseñanza, dio allí frecuentes conferencias, así como en la Casa del Pueblo. Había sido compañero intimo de Pablo Iglesias, y varias veces presidente de la UGT. Así que durante décadas participó activamente en las mejores fases liberales, intelectuales y socialistas de la vida de Madrid. Durante la guerra fue particularmente querido por su lealtad a la ciudad. Se quedó en Madrid cuando el Gobierno y las Cortes se marcharon a Valencia. A principios de 1937 le ofrecieron la embajada en la Argentina. Como estaba enfermo, pudo haber aprovechado la oportunidad para servir a la República y de paso escapar de la guerra. Pero como concejal del municipio estaba ocupado con los problemas del alojamiento y las condiciones generales de vida de los refugiados, y declaró que no deseaba abandonar la ciudad mientras estuviera sitiada.
Azaña, envía a Julián Besteiro a Londres con el pretexto de asistir a la coronación del rey Jorge VI, pero en realidad su misión era solicitar la mediación con Burgos, al gobierno británico. Besteiro habla con Anthony Eden, secretario del Foreign Office, el 11 de mayo, y obtiene buenas palabras pero nada más.
Tras este fracaso, regresó inmediatamente a Madrid, diciendo que no volvería a dejar la ciudad de nuevo, excepto para hacer un servicio mayor al pueblo español, tal vez tuviera la premonición que el Destino le había reservado un lugar preeminente en un Gobierno que negociara la paz.
El pesimismo de Besteiro era tanto político como militar. En su opinión, la República había llegado con el adelanto de una generación, antes de que hubiera echado raíces en las masas españolas una actitud tolerante y cultivada, y antes de que la UGT hubiera tenido tiempo de preparar una generación de obreros políticamente educados y con la necesaria experiencia administrativa en el autogobierno
Su proyección política siempre fue de lealtad para la República de 1931-36, y para las tradiciones de Francisco Giner de los Ríos y Pablo Iglesias, siempre fueron conocidas sus disensiones con Largo Caballero y Juan Negrin.
En su consecuente deseo de terminar con aquella hecatombe nacional que significaba el enfrentamiento entre españoles y enlazando con sus intentos pacificadores durante su viaje a Inglaterra, Besteiro ya tiene contactos con quintacolumnistas desde abril de 1938. Estos contactos se vieron favorecidos porque distintas personalidades del mundo universitario que le rodeaban eran afines y algunos, colaboradores activos del espionaje nacionalista. Después de la caída de Cataluña, estos encuentros se sucedieron con más frecuencia hasta llegar a ser regulares e intensos.
Aunque Besteiro y Casado perseguían un mismo fin, comenzaron a estar en comunicación desde diciembre, pero no se conocieron personalmente hasta febrero de 1939.

 

RECONOCIMIENTO DE FRANCO Y SUS CONSECUENCIAS

Al día siguiente, 28 de febrero, tras difundirse la noticia del reconocimiento de Franco por Gran Bretaña y Francia, Azaña, desde París, dimitió de la presidencia de la República. Aunque externamente pudo provocar preocupaciones legalistas, sólo repercutió en el curso de los acontecimientos para precipitarlos.
La actitud de Azaña, una vez en Francia, fue la de negarse a responder a las comunicaciones de Negrin para que regresara hasta que se produjo su dimisión. Martinez Barrio, en sus memorias, cree que ante el conflicto del presidente de la República con el de gobierno debía haber prescindido de éste. “Legalmente era posible la sustitución; moralmente la imponía el decoro y la conveniencia general”.
Al no hacerlo Azaña, dejó subsistente la autoridad formal del señor Negrin, de lo cual derivaron infinitas dificultades más tarde y no tomó sobre sus hombros la tarea de liquidar el drama nacional. Azaña en su opinión era el capitán de un buque naufragado que hubiera debido tomar sobre sus espaldas el esfuerzo de salvar a la tripulación
El comité permanente de las Cortes se reunió en La Pérouse, famoso restaurante situado en el Quai des Grands Augustins, y Martínez Barrio se hizo cargo del puesto de Azaña según estaba previsto en la constitución de 1931 con la condición exclusiva de que quien recibía ahora la más alta magistratura de la nación, la empleara exclusivamente para la obtención de la paz. Pero no tenía ya intención de regresar a España.
En Burgos, aproximadamente el 5 de febrero, el “representante oficioso”, sir Robert Hodgson, propone los “Tres Puntos”de Negrin al general Franco, en nombre del Reino Unido con escaso éxito ante un gobierno que veía en triunfo al alcance de la mano y que estaba recibiendo, por distintos estamentos republicanos, inequívocos contactos.
Ese mismo día, Franco comunicó a Londres, para apaciguar los recelos que estos tenían de la influencia italiana y alemana, que estaba dispuesto a apartarlos de una futura operación de ocupación de la isla de Menorca. El señor Hillgarth, cónsul británico en Mallorca, se ocupó de organizar la rendición de la isla. Cuando la guarnición se sublevó contra Negrin, un capitán, que tenía a un hermano de jefe de artillería en Pollensa, telefoneó a éste para gestionar la entrega de la isla. La intervención, del crucero Devonshire, en la rendición de la isla sirvió para conseguir que en dicho navío se trasladasen al exilio a destacados republicanos a Marsella.
El cónsul en Madrid, Cowen, que mantenía frecuente comunicación con el coronel Casado, jefe del ejército republicano, del Centro, redobla en Madrid sus esfuerzos conciliadores. Casado, que no necesitaba demasiados ánimos para inclinarse a la capitulación, deja caer entre sus allegados, cuyas tendencias políticas conocía bien, que está dispuesto a iniciar por su cuenta las negociaciones precisas para llegar a un final honroso. Lucero Verde, capta mediatamente las alusiones y José Centaño, teniente coronel jefe del taller de Artillería número 4 y ayudante de Casado, pide una audiencia normal con el jefe de su ejército. Empiezan así, de forma casi regular, los contactos entre jefes de ambas facciones. Estamos a primeros de febrero, el 5.con toda seguridad.
La organización “lucero verde”, dependiente del SIPM de Bernal, era una de las muchas que formaban el entramado quintacolumnista madrileño (como organización Antonio y otras) a cuyo frente se encontraba el Teniente Coronel José Cestaño de la Paz ayudante, como se ha dicho, de Casado. Estos dos personajes celebran su primera reunión el cinco de febrero en la posición Jaca. En este primer encuentro, al que seguirían otros, Cesteño, descubrió su otra secreta identidad a su superior quien acompañado de Manuel Gaitian, comenzó los primeros contactos directos a fin de conseguir la entrega de Madrid a las tropas nacionales.
A pesar de los varios intentos por parte de distintos sectores, Franco eludió toda intervención que no proviniera del estamento militar, en detrimento de los civiles aunque estos fueran de la categoría de Besterio. Consecuente con esta actitud, Franco denegó, el 27 de febrero, el placet que dicho político había solicitado el 22 del mismo mes, para desplazarse a Burgos.
Esta actitud también apareció en la idiosincrasia de Casado, que solicitó de Brugos la intervención en las negociaciones del general Barrón que había sido compañero suyo en la Academia de Caballería, petición esta que le fue concedida.
Casado, tuvo que desistir en sus pretensiones de desplazarse a Burgos ante la cerrada negativa nacionalista de recibirle. El coronel republicano deseaba realizar varias aclaraciones sobre las “concesiones”, escrito que respaldaba ciertas garantías (ver al final artículo) que un principio Burgos parece ser que le envió y que el final de los últimos días de marzo, después de unas conversaciones, quedó en papel mojado. Consecuentemente con los deseos de los vencedores, Casado mandó a Antonio Garijo Hernández y Leopoldo Ortega Nieto más que a “negociar” a “entregar” lo que quedaba de la República; a tal punto se habían tensado los encuentros en aquel remedo de entrevista negociadora.

 

NEGRIN VUELVE A LA ZONA CENTRO-SUR

Negrin marchó a Toulouse en la mañana del día 9 de febrero. celebrándose allí seguidamente un Consejo de Ministros.
Podemos suponer todo lo que se trató en ese Consejo y sobre qué temas. ¿Seguir?, ¿no seguir? ¿Volver a la otra zona?, ¿no volver? Pero si consideramos la total desgana de los ministros —fuera de alguna excepción— para regresar a España, se puede afirmar que la voluntad del doctor Negrín se impuso en Toulouse: se volvería a Madrid.
El día 10, sin perder tiempo, Negrín y su ministro de Asuntos Exteriores, Alvarez del Vayo, aterrizaban en el aeródromo de Alicante, desde donde se dirigieron a Valencia, a la residencia del general Miaja, “con el que cambiaron impresiones”, según la prensa. También se entrevistaron con el jefe del Grupo de Ejércitos, general Matallana; con el del Ejército de Levante, general Menéndez, con otras autoridades militares y con las civiles. Negrin, anunciaba luego que el Gobierno iba a fijar su residencia en Madrid, “guiado en su interés de sentar la base de la paz”. pero continuando la lucha hasta tanto se lograran los fines anunciados en la sesión de las Cortes del 1 de febrero. Dos afirmaciones contrapuestas que trataban, sin duda, de impresionar favorablemente a todos los bandos y lógicamente no satisfizo a nadie.
Han llegado ya los consejeros que faltaban y el día 11, en Valencia, se celebra un nuevo Consejo de Ministros, al salir del cual Alvarez del Vayo hace unas declaraciones a la prensa, en las que dice, entre otras cosas: "Terminada la lucha en Cataluña, nuestro puesto está aquí. Aquí estamos en la plenitud de nuestra autoridad y con vosotros, el pueblo de la España libre", Azaña, en tanto, firma en la Embajada parisiense varios decretos; por uno se restablece en Madrid la residencia oficial del Gobierno de la República; por otros dos se asciende a los generales Miaja y Rojo a la categoría de tenientes generales, grados estos que habían sido derogados. Prebendas que no surten el efecto deseado y no consiguen que Rojo deje el territorio galo ni que Miaja no se ponga un día, tras algunas vacilaciones, al frente del Gobierno de la Junta en claro enfrentamiento con la República.
El ritmo de trabajo que viene desarrollando el doctor Negrin después de las batalla de Cataluña es agotador, y no va ceder ni para un lógico descanso que salvaguarde su salud y que parece merecer. El 10 llama desde Valencia al coronel Casado, anunciándole que dos días después estará en la capital de España.
Hacia las once de la mañana del 12, Negrin habla por teléfono con Casado desde el edificio de la Presidencia, a donde acude el coronel seguidamente. El Presidente le dispensa una acogida cordial con el ánimo de atraérselo y le solicita completa información sobre la situación general del Ejército y de la población civil. La situación no puede ser peor: escasez de materias primas, de municiones y de víveres. El frío y el hambre ayudan a que el desaliento sea absoluto.
Ante esta situación no valen enfáticas dialécticas y el doctor Negrín, hombre inteligente no discute este panorama, que escapa a sus posibilidades, pero insiste: “Estoy de acuerdo con usted en que la situación es verdaderamente grave —le dice a Casado— pero por grave que sea la situación, las circunstancias nos exigen continuar la lucha como única solución. Ha tratado, desde hace mucho tiempo, de entenderse con el enemigo, pero no lo ha logrado; ha pedido que el Gobierno británico intervenga como mediador, sin éxito; pero en Francia —¡en Francia!— hay mucho, muchísimo armamento, y también enormes contingentes de tropas internadas. Se están haciendo gestiones para que los hombres y armas lleguen a la España republicana, aunque no se sepa cómo. Y por lo que se refiere a la falta de abastecimientos y transportes, se tomarán las medidas necesarias para resolver estas cuestiones.
Casado rebate a Negrin. Le hace ver que no se podrán resolver tales problemas, y en cuanto al armamento situado en Francia, ni el Gobierno de aquel país autorizará su salida —porque sabe que está ya en tratos con el general Franco—, ni aunque lo autorizara dejarían los buques nacionales que el cargamento llegase a los puertos de Valencia, Alicante o Cartagena. No hay nada que hacer, “En estas condiciones —termina Casado—, si la resistencia es materialmente imposible, si todas las gestiones para la paz han fracasado, me permito sugerirle la conveniencia de convocar a todos los jefes de Ejército, jefe de las Fuerzas Aéreas y almirante de la Flota a una reunión, para que todos y cada uno de ellos exponga lo que, a su juicio, conviene hacer.” Así podrá el presidente del Gobierno conocer los términos exactos de la responsabilidad histórica que va a asumir.
El bloqueo del Mediterráneo, por aquellas fechas es prácticamente total mientras la escuadra se refugia, fondeada en Cartagena. El 17 de febrero se da una lista de pérdidas en mercantes, la mayoría incautados por los nacionales, de 230 navíos. Al mes siguiente la cifra de 221 casi iguala a la anterior. Prácticamente el tráfico marítimo en el Mediterráneo, ha quedado estrangulado.
Frente a todas las desalentadoras noticias comenzó a extenderse en el ánimo de todos, ciertas informaciones que llegaban sobre el proceso de liquidación, por parte del gobierno de material depositado en el extranjero. Llegan comentarios de la existencia de contactos para saldar, más que vender--o revender--el material adquirido en el extranjero que aun no ha llegado a nuestro país. Con esto se pone claramente de manifiesto, que quedaban pocas esperanzas de poderlas utilizar. Casado, asegura que Negrin había dado orden al coronel Trejo, encargado de compras de material aeronáutico en los Estados Unidos, para que procediera con urgencia a la reventa del material comprado recientemente en dicho país, “poniendo como precio de venta tope la mitad de su valor de compra": agregando que don Fernando de los Ríos, embajador de España en los Estados Unidos, envió el 4 de marzo a Indalecio Prieto. a la sazón en Méjico, un despacho sobre la venta de 22 aviones y 61 motores y piezas de recambios, por los que ofrecían sólo un diez por ciento. “Como no se ha admitido semejante oferta, por tener orden de venderlos en un 50 por ciento de su valor limite, ruego a usted gestione la venta en Méjico en estas condiciones.”
Negrin se limita a decirle “Estoy de acuerdo con su criterio, pero yo no puedo renunciar a la consigna de resistir (según Casado), lo que no deja de representar una absurdo.
Mientras tanto han llegado a Madrid los ministros, y Negrin --que ha celebrado en este mismo día más entrevistas con otros jefes militares-- preside un nuevo Consejo, a la salida del cual se lee una nota con la celebre alternativa: “O todos nos salvamos o todos nos hundimos en la exterminación y el oprobio. Nuestra suerte está los echada”. Ángel María de Lera cuenta cómo la presencia de Negrin en Madrid desencadenó una ola de rumores sobre el próximo fin de la guerra: "Inmediatamente se pensó que todo iba a cambiar, que comenzaba la gran crisis postrera, porque era unánime la opinión de que así no se podía seguir." Para confirmarlo, para subrayar que se aproximaban jornadas decisivas, estaba el enemigo, que en este día y en los sucesivos castigaría terriblemente la capital con sus baterías artilleras.
Sólo los pertenecientes al Partido Comunista estaban dispuestos a venir a la Zona Centro-Sur, donde no se podían esperar precisamente más que riesgos, el resto de los dirigentes políticos y mandos militares exiliados en Francia sentían gran renuencia al regreso.
Ya estaban en España los miembros del Comité Central del Partido, que, al parecer, se estableció en El Palmar, cerca de Valencia; el llamado “general Berov”, último representante de las fuerzas armadas soviéticas en España, que lo hizo en El Vedat, caserío también muy próximo a la ciudad del Turia; los representantes máximos de la Komintern, Togliatti y Stepanov; los jefes militares más significativos dentro del comunismo. Sobre este último particular conocemos la referencia de Lister, que precisa su viaje de Toulouse a Albacete el día 14: es posible que los otros jefes viajaran ese mismo día o en los inmediatos.
En la tarde del 15 se celebra en Madrid un nuevo Consejo de Ministros, y Negrin expone las diversas entrevistas que ha celebrado con las autoridades militares, “comprobando la excelente moral del Ejército”. Sin embargo, va a acceder a la sugerencia de Casado de celebrar una reunión conjunta con los mandos principales de las fuerzas armadas.

LA REUNION DE LOS LLANOS

La reunión se celebra el día 16 de febrero, (hay discrepancias sobre la fecha, hay quienes la sitúan la reunión en el 26) en un pabellón del aeródromo de Los Llanos, próximo a Albacete. Negrin quiere pulsar la opinión y actitudes de la clase en quien espera apoyarse para lo que ya todos esperan como lucha final. Acuden los generales Miaja, Matallana, Menéndez, Escobar y Bernal, el almirante Buiza y los coroneles Moriones, Casado y Camacho.
Siguiendo su costumbre, Negrín expone durante dos horas su tesis de la resistencia, pero no consigue abrir ventana alguna a la esperanza ni brecha ante la postura que han adoptado aquellos militares; la única causa de su actitud es el fracaso, que comunica a los reunidos, de las negociaciones de paz hechas por mediación de Francia e Inglaterra, sobre la base de los Tres Puntos de Figueras.
He aquí la versión de Casado: “La sesión comenzó a las doce horas, presidida por el doctor Negrin. quien tomó la palabra y, con la locuacidad e imprecisión que le caracterizaba, manifestó que nos había convocado con objeto de informarnos sobre las gestiones que había realizado para tratar de negociar la paz, y oír después la opinión de todos los convocados".
El general Matallana y los cuatro jefes de Ejército pusieron de manifiesto la necesidad de terminar la guerra cuanto antes y buscar la paz por todos los caminos. El almirante Buiza, llegó más lejos en sus exigencias amenazando que la Flota—surta en Cartagena— estaba decidida a abandonar las aguas jurisdiccionales españolas si no se hacía la paz rápidamente, ya que no quería seguir sufriendo más bombardeos aéreos. El coronel Camacho alegó que sólo disponía de cinco escuadrillas muy gastadas y unos aparatos de caza. y que con ese material era una locura enfrentarse con la aviación enemiga.
Se quejó Miaja de no haber sido consultado, pese a su mayor categoría militar, y Negrin le contestó que, precisamente por ello, había dejado la consulta para el final. Entonces el general jefe supremo de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, inopinadamente, se mostró partidario de continuar la resistencia a toda costa. Negrin, por su parte, cerró la asamblea con estas palabras; “Como el enemigo no quiere pactar, la única solución es resistir”. Cuando el 5 de marzo, Negrin, viera que Miaja presidía la Junta de Madrid es de suponer que evocaría con cierto rubor la efímera firmeza de Miaja.
De nada sirvió que Negrin asegurara que se encontraban almacenadas en Francia grandes cantidades de material bélico que podían ser trasladas al país. Todos estaban de acuerdo que siendo imposible hacerlo por tierra era improbable que se consiguiera por mar por el dominio que del mar tenía el enemigo. Además, el reconocimiento del Gobierno francés del de Burgos, lo hacía aun más inverosímil.
En febrero se produjo cierta tirantez internacional con el gobierno francés, que temeroso de que en aquella frontera se instalara un gobierno de corte fascista, había insinuado una inminente intervención nuestra contienda.
El Diario de Ciano de los día 15 y 16 de febrero es contundente: Mussolini está dispuesto a desembarcar en Valencia treinta batallones en caso de intervención francesa. Consignado, también está, la advertencia de las posibles intenciones del Duce a lord Perth, embajador británico en Roma.
La reunión de Los Llanos revistió enorme trascendencia y es muy posible que allí quedasen tramadas, al margen de Negrín, las líneas maestras de la conjura; los generales y jefes republicanos atraen a su órbita pacifista al propio general Miaja. Ese mismo domingo todo el mundo volvió a sus respectivas residencias; Negrín pasó la noche en su retiro de Elda. El presidente del Consejo de Ministros chocó con una realidad evidentísima: los mandos superiores del Ejército, la Marina y la Aviación no querían continuar la guerra Ante este hecho sólo había una solución para de proseguir la lucha, y era removiendo aquellos mandos por otros de opinión radicalmente distinta: mandos comunistas. La mayoría de éstos ya se encontraban en la Zona Centro-Sur, esperando órdenes.
Un destacado miembro del Comité General del Partido Comunista, figura máxima del Comisariado. Jesús Hernández, escribió que el presidente estuvo en aquella ocasión mal aconsejado por los delegados soviéticos. De otro modo hubiera podido detener fácilmente a todos los partidarios de la rendición, en el propio aeródromo albaceteño.”Cuando quiso hacerlo, la medida fue tardía impolítica e inoperante.”
En la tarde del 17 de febrero, el coronel Casado está ya de regreso en Madrid e inmediatamente el jefe del GERC, general Matallana, le comunica los propósitos de Negrín sobre una nueva combinación de mandos militares. Se esparce por Madrid el rumor de que Casado va a ser sustituido por el coronel Juan Modesto Guilloto, el ex jefe del ejército rojo del Ebro. Ante esas noticias y esos rumores, Casado ajusta las últimas piezas de la conjura y apresura su ejecución.
De nuevo Negrin, convocó a Casado para celebrar otra entrevista en Elda el 2 de marzo, en compañía de Matallana. Ambos oficiales recorrieron los 400 kilómetros que les separaban de Elda en el curso de la mañana. Negrín propuso la reorganización del estado mayor central. Matallana y Casado serían jefes del estado mayor y del estado mayor central respectivamente.
De vuelta a Mdrid, se recibió un telegrama de Negrín en el se que requería a Casado a otra reunión en Elda. Casado, consciente que la conspiración estaba llegando demasiado lejos y que era muy verosímil que el presidente estuviera avisado de sus intenciones, telefoneó a Matallana, que estaba con Negrín, avisando que no asistiría, por temor a ser detenido. Con Negrín se excusó por razones de salud, que le impedían volver a efectuar un viaje tan largo por carretera. Negrín envió su avión privado en busca de Casado, avión que regresó sin el convocado. Los recelos se estaban convirtiendo en certezas.
Negrin, no aguarda más y elige como apoyo a los oficiales comunistas que habían dirigido la única resistencia concertada durante la lucha en Cataluña; fueron ascendidos: el coronel Modesto, nombrado general jefe del ejército del Centro (en sustitución de Miaja), los comandantes Líster y Galán obtuvieron el grado de coronel. Oficiales comunistas fueron nombrados para regir los puertos de Alicante y Cartagena. En Madrid, Negrín trató de conservar la lealtad del coronel Casado, nombrándolo general.
En Valencia, el general Aranguren, gobernador militar, se negó a entregar el mando a Líster y, junto con el general Menéndez, del ejército de Levante, se dispuso a resistir por la fuerza. También se unió a esa desafección el gobernador socialista de Murcia, Eustasio Cañas, el cual ordenó detener a los comunistas. El cisma se estaba gestando con rapidez.
En Madrid, Casado continuaba conspirando y recibía el apoyo de la mayor parte de los coroneles no comunistas y de los partidos políticos no comunistas, Prohibió la circulación del Diario Oficial del día 3 de marzo, en el que se publicaban los nombramientos de nuevos cargos del alto mando decididos por Negrín. El general Martínez Cabrera (gobernador militar de Madrid), Vicente Girauta (director general de Seguridad) y especialmente Ángel Pedrero García, jefe del SIM en Madrid, aseguraron su apoyo. El apoyo del SIM a Casado revestía gran importancia. Casado dijo a Cipriano Mera que se preparara para reemplazarle en el mando del ejército central Entretanto, todos los dirigentes comunistas que habían llegado de Francia se concentraron en Elda, esperando que Negrín les confiara puestos de responsabilidad; Cordón sería nombrado secretario general de Defensa; Jesús Monzón, secretario de éste; Francisco Galán, jefe de la base naval de Cartagena; y los gobernadores militares de las importantes provincias costeras de Valencia, Murcia y Alicante serían sustituidos por Líster, Etelvino Vega y Tagüeña.
A pesar de todos estos esfuerzos por concentrar el poder militar en manos comunistas, por parte de Negrin, llama la atención el comentario de Dolores Ubarruri en el libro “El único camino”: “En el fondo de su pensamiento el propio Negrin estaba deseando se produjese una catástrofe que le liberase de toda responsabilidad estatal... con mucha frecuencia se ha acusado a Negrin de ser un instrumento de los comunistas, cuando en realidad más bien, fuimos nosotros las víctimas de nuestro apoyo sin reserva a la política de resistencia, que era la única justa en aquellos momentos”

CARTAGENA

En aquel 4 de marzo, en Cartagena, todo el mundo conspiraba. Las tramas eran varias y de distintos signos y alcances, aunque en algunos puntos se juntaban o cruzaban o bien se solapaban unas a otras. Aunque los movimientos fueran de distinta ideología, los diferentes grupos coincidían en su hostilidad hacia Negrín y el Partido Comunista y en su decisión de poner fin a la guerra. Conviene precisar que en aquella ocasión coexistían y aun coincidían numerosos puntos de vista: desde quienes pensaban en un simple cambio de gobierno que eliminara a los comunistas del poder sería suficiente, hasta los que se mostraban decididos a alzarse en nombre de Franco y a poner la plaza a disposición de los nacionales, pasando por los oportunistas que calculaban que un cambio de postura podía granjearles beneficios, y aquellos que contra sus propósitos y convicciones, se habían visto forzados a luchar en favor de la República veían ahora la ocasión de hacerlo por quienes se decantaban sus simpatías, había que añadir, además, los indiferentes, los vividores, los que resignados a la derrota trataban de eludir las represalias, los exaltados... El motivo que había exacerbado el frenesí conspirativo era que aquella misma mañana se había publicado la sustitución del jefe de la Base, general Bernal por el teniente coronel Francisco Galán, militante del PCE.
Esta designación de «Paco» Galán para el puesto de jefe de la base naval de Cartagena, fue el motivo desencadenó que los oficiales de artillería, encabezados por el coronel Gerardo Armentía, se lanzaran a la calle en señal de desaprobación. Al mismo tiempo la flota se unió a esta protesta. El almirante Buiza y el comisario general Alonso pensaron en atacar la ciudad, pero apareció una quinta columna falangista, que apoyados por una multitud exaltada rodearon los cuarteles de artillería. Un oficial retirado, el general Rafael Barrionuevo, se proclamó gobernador militar en nombre de Franco. Con la ayuda de un regimiento de infantería de marina que se unió a los falangistas, se apoderaron de la emisora de radio desde donde pidieron ayuda a Cádiz.
Las medidas tomadas por Negrín sólo sirvieron para precipitar los acontecimientos que en Cartagena se adelantaron a los de Madrid. La mayoría de los no comunistas rechazaron los ascensos de los oficiales del PCE, pues suponían que éstos tomarían el control de los puertos por los que habría de tener lugar la segura evacuación.
Buiza recibió un radiograma cifrado procedente de la Agrupación de Ejércitos radicado en Torrente Valencia: "Encontrándonos desatendidos por una parte del ejército y habiendo surgido otras dificultades, quede sin efecto el acuerdo de oponerse a Negrín y en consecuencia le relevamos a usted del compromiso contraído. La Flota puede obrar con arreglo a su criterio."
El almirante Buiza, siguió su juicio como le recomendaban desde Valencia y convocó a los comandantes de los barcos y a los comisarios políticos. Les comunicó que se estaba preparando un golpe de estado contra Negrín y que iba a formarse un consejo nacional de defensa en el que estarían representadas las fuerzas armadas, todos los sindicatos y los partidos políticos. Nadie presentó objeciones y Buiza sacó la conclusión de que se había conseguido un acuerdo.
La “quinta columna” aprovechó las circunstancia para promover su movimiento subversivo al que se puso al frente en comandante Espa cuya misión era la de amotinar a las baterías. Para articular la sublevación se contaba en principio con el Regimiento de Infantería Naval dada la actitud favorable de su jefe, el comandante Francisco García Martín, y de algunos oficiales y suboficiales. Entre los soldados había bastantes elementos “nacionales” y se confiaba en la pasiva obediencia de los demás, movilizados por las quintas, cansados de una guerra a la cual no se veía fin y acomodados, casi siempre por influencias, en aquella unidad de retaguardia.
Había otros núcleos que pudieran calificarse de quintacolumnistas en potencia, que se unieron a los sublevados pues su propósito de actuar contra las fuerzas de la República, sin que casi nadie supiera con exactitud donde se encontraba el adversario, tal era el estado de confusión que se vivía en la plaza.
Comenzaron a desencadenarse los movimiento paralelos de insubordinación. Unos tratarían de oponerse a Galán apoderándose del control de la ciudad y de la Base. Otros, aprovechando la confusión y las medidas adoptadas por los ejecutores del golpe de carácter republicano y pactando con algunos de ellos, se alzarían en nombre de Franco, forzarían a abandonar el puerto a la Flota y solicitarían ayuda nacional para poner a su disposición la plaza.
La confusión reina en todos los bandos y sub-bandos que van a intervenir en el conflicto. Artemio Precioso se adelanta a Galán y se presenta en la Capitanía de la Base. Allí está todavía instalado el general Bernal, a quien acompañan Vicente Ramírez, Morell, Semitiel. Tratan de presionar para que la brigada comunista se aleje de la ciudad y, como la orden escrita que presenta el comandante es la de ponerse a las órdenes del jefe de la Base, Bernal se muestra enérgico y se declara único jefe hasta el momento y como tal manda a Precioso que se traslade con sus hombres al Cabo Palos y que permanezcan allá acantonados., Por su parte Precioso no piensa acatar al general a quien, al igual que a los que le acompañan, considera depuestos y sospechosos de insubordinación
Entretanto la sublevación ha comenzado. El comandante Arturo Espa y los artilleros que le secundan se han apoderado del control de las baterías sin hallar resistencia.
Francisco Galán se ha presentado en Capitanía y allí Bernal, ante la reprimida indignación de Ramírez, Morell y Semitiel, sin más ceremonia le traspasa el mando y se retira desalentado. Hacia las doce de la noche el sábado 4 de marzo nadie es capaz de interpretar los hechos, ni siquiera los propios protagonistas.
La sublevación, de la cual todavía puede hablarse en plural a pesar de que los elementos nacionales, dominando el portavoz y altavoz de la emisora, van predominando, progresa en su carrera un tanto ciega. En el Arsenal, junto a los sublevados, se hallan acuartelados en actitud ambigua elementos que no se manifiestan, quizá porque en sus dársenas hay barcos de la Flota. En Intendencia de Marina también la situación es favorable a los rebeldes. Algunos destacamentos están alzados de manera pasiva y expectante. Lo mismo puede decirse del cuartel de Infantería Naval. Dos baterías de la DECA (antiaéreos), a pesar de que dependen de Aviación, se ponen a la disposición de Espa. Nadie sabe lo que ocurre, muchos creen que la guerra ha terminado, pocos desean comprometerse. En algunos lugares han aparecido banderas nacionales: una tercera franja roja cosida a una bandera republicana, de la cual se ha desgarrado la franja morada. En algunos barrios o pueblos los más exaltados se echan a la calle para exteriorizar su contento, mientras que otros, por temor o enemiga, se encierran en sus casas.
Veinticuatro horas más tarde llegó Paulino Gómez, ministro socialista de la Gobernación, quien comunicó a los comandantes que el gobierno se había enterado de las declaraciones de Buiza del día anterior y que estaba decidido a mantener su autoridad. Viendo el cariz de los acontecimientos, el almirante Buiza ordenó que la flota se hicieran a la mar. Los cruceros Miguel de Cervantes, Libertad y Méndez Núñez. y ocho destructores y pusieron rumbo a Bizerta. Como muestra del gran desconcierto y confusión existente en la Base y en la ciudad es el hecho que Galán, enviado para controlar la situación, se embarcó en el Libertad siguiendo el destino de la flota. Tiempo después Galán, alistado a la Legión francesa, alcanzaría el grado de capitán.
Jesús Hernández, comisario general para la zona Centro-Sur, envió tropas al mando de oficiales comunistas para reprimir la sublevación. Salieron estas de la base de Archena, a las órdenes de un oficial comunista de lealtad probada, el coronel Joaquín Rodríguez, que había iniciado su carrera bélica en el Quinto Regimiento. A media tarde habían sido sofocados el levantamiento falangista y el anti-comunista.
Uno de los sucesos más lamentables por cuanto a perdidas humanas, fue la llegada desde Mallorca de un convoy nacionalista con tropas para ayudar a la rebelión. Cuando se encontraban cerca de su destino recibieron el aviso de que la plaza había sido tomada de nuevo por la República y el motín sofocado. Todos pudieron virar a tiempo menos el buque nacionalista Castillo de Olite, con 3.500 soldados a bordo, no pudo ser avisado por carecer de radio y fue hundido por la artillería que había vuelto a manos republicanas, en el preciso momento en que arribaba a puerto para reforzar a los sublevados. Los demás buques nacionalistas se retiraron a tiempo.

LA JUNTA

La Junta, tal como fue organizada por el coronel Casado, representaba prácticamente a todos los elementos no comunistas del Frente Popular en la zona de Madrid. Casado retuvo la cartera de Defensa y Besteiro actuó como ministro de Estado, ante la posibilidad de negociaciones con Burgos. Un socialista del ala de Caballero, Wenceslao Carrillo, se hizo cargo del ministerio de la Gobernación. El general Miaja, como comandante de los ejércitos de la zona central se había mostrado partidario de la resistencia hasta la celebración de la conferencia de Los Llanos, se unió a la conspiración en el último momento. Su prestigio hizo que, naturalmente, fuera elegido presidente de la Junta. Los generales Matallana y Menéndez, militares de carrera apolíticos, que eran muy respetados, apoyaron a la Junta, al igual que Cipriano Mera, el principal oficial anarquista del frente de Madrid, y lo mismo hicieron prácticamente todos los dirigentes de la UGT y la CNT en la ciudad.
La Junta se hizo cargo del poder el 5 de marzo y Besteiro explicó por radio sus propósitos al pueblo de Madrid. Acusó a Negrin de tratar de proseguir en el cargo a pesar de la dimisión de Azaña y su extrema posición minoritaria dentro del Gobierno tras la pérdida de Cataluña. Dijo que Negrin estaba engañando al pueblo con falsas esperanzas de llegada de más armamento y de una guerra mundial que sumergiría el conflicto español en una guerra victoriosa contra las potencias fascistas. Instigó al pueblo a obedecer a la Junta de Casado y a mostrar su valor por el modo como aceptaran la derrota.
Sobre la decisión de Casado, he aquí la opinión de Rojo:
“ El golpe de Estado pudo tener intenciones honradas, pero fue torpe. En esencia se trataba de dirigir una acción contra un partido, del que estaban celosos, es decir, de una ruptura del Frente Popular. Era la revelación del cansancio de la guerra, la exteriorización brutal, en un momento de crisis, de la pugna interna entre los partidos, y el reconocimiento público de la impotencia militar a que se había llegado; a pesar de ello lanzan la consigna de paz digna o guerra a muerte, tan osada como falta de sentido real. Y aunque aquel mismo Gobierno, que con tanta obstinación impusiera ciegamente la orden de resistencia a ultranza, les dejó libre el camino para que realizaran sus fines —claros o enmascarados—, bien pronto desembocaron en lo que no esperaban: en la lucha intestina. La suerte de los españoles pasaba de las manos de un Gobierno más o menos desconcertado ante la situación, a las da unos hombres que si podían actuar movidos por un noble anhelo iban a perseguirlo por el camino más reprobable.”
La radio madrileña, controlada por las nuevas autoridades, difunde la composición del flamante gobierno:

Presidente............................ General Miaja
Estado.................................. Besteiro
Defensa................................ Casado
Gobernación......................... W. Carrillo
Instrucción Pública............... Del Río
Justicia y Propaganda........... San Andrés
Trabajo.................................. Pérez
Comunicaciones y O. P......... Val
Hacienda y Economía............ González Marín

El día 6, Negrin y casi todos sus ministros salen en avión de territorio español, dejando mermada su fe en el futuro. Sólo quedan aquí los dos ministros comunistas, Moix y Uribe, que siguen decididos a llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias. Tenemos, pues, que al anochecer de este día, la República no tiene presidente, ni jefe de Gobierno, ni jefe de Estado Mayor, ni ministros, y si un Gabinete de circunstancias que acaba de sublevarse contra el poder constituido, en el centro de una inmensa bolsa que cierran por una parte las tropas de Franco y por otra las aguas del Mediterráneo.
En la mañana del 7, el general Matallana se hace cargo de todas las fuerzas dependientes de este Gobierno o Consejo de Defensa. La lucha ahora va a ser múltiple: de las tropas adictas al equipo de Casado contra los comunistas, de Franco contra todo el adversario común que tiene enfrente, de la C. N. T. a favor de Casado y en contra de los comunistas. Por lo que los comunistas no sólo quedan cogidos entre dos fuegos —Franco y Casado—, sino entre tres: la C. N. T. materializada en el Cuerpo de Ejército de Mera, que abandona el frente que guarnece y se dirige a Madrid a marchas forzadas a apoyar la rebelión de Casado, Miaja, Matallana, Besteiro, etc.
La lucha en Madrid en todos estos días no es, por tanto, contra los soldados de Franco, que ocupan todas las posiciones que circundan la gran Zona Centro como espectadores, sino entre facciones de lo que hace tan sólo dos días eran un mismo Ejército.
Mientras la radio y los periódicos, controlados por el Consejo de Defensa, difunden las proclamas de Miaja, de Besteiro y de Casado, en el centro de Madrid se lucha a brazo partido entre los que quieren continuar la guerra y los que quieren detenerla como sea, es decir, entre comunistas y los partidarios del Consejo. En un momento determinado alternan en el micrófono Besteiro, Casado y Mera:
"—...al desconocer y negar la autoridad del doctor Negrin y sus ministros para mantenerse en el Poder, afirmamos nuestra propia autoridad de auténticos y genuinos defensores del pueblo español."

 

COMIENZA LA LIQUIDACIÓN

Las divisiones comunistas que rodeaban Madrid no están dispuestas a perder su cuota de poder y además conservaban la voluntad de combatir.. Barceló movilizó su 1.er Cuerpo de ejército para cerrar todas las entradas de la capital. Ocupó los ministerios situados al final de la Castellana, el parque del Retiro y el antiguo cuartel general del ejército del centro, en La Alameda. Tres de los coroneles de Casado y un comisario socialista resultaron muertos. Los coroneles Bueno y Ortega enviaron tropas del 2.º y 3.º Cuerpos de ejército en apoyo de Barceló. De esta forma, la mayor parte del centro de Madrid quedó bajo el control de los comunistas. Sólo unos pocos edificios gubernamentales quedaron en manos de los casadistas. Sin embargo había mucha confusión y los únicos miembros del comité central que quedaban en España (Togliatti, Checa, junto con Jesús Hernández y el dirigente juvenil Fernando Claudín) perdieron durante muchas horas el contacto con los ejércitos de las afueras de Madrid, y durante algún tiempo fueron prisioneros del SIM en Monóvar.
Por la tarde, el 4.º Cuerpo de ejército de Mera, anarquista en su mayor parte, se puso en marcha para liberar a Casado, que ahora se había hecho fuerte en los suburbios de la zona sureste. Su 12.ª División, mandada por Liberino González ocupó Alcalá y Torrejón. Mera no tardó en convertirse en el hombre fuerte de la facción de Casado, siendo respaldado por su segundo de a bordo, el comandante socialista «Paquito» Castro.
Las tropas de Cipriano Mera en la capital y del general Escobar en Ciudad Real inclinaron pronto la balanza en favor de la Junta de Casado.
En la mañana del 7, el general Matallana se hace cargo de todas las fuerzas dependientes de este Gobierno o Consejo de Defensa. La lucha ahora va a ser múltiple: de las tropas adictas al equipo de Casado contra los comunistas, de Franco contra todo el adversario común que tiene enfrente, de la C. N. T. a favor de Casado y en contra de los comunistas. Por lo que los comunistas no sólo quedan cogidos entre dos fuegos -Franco y Casado-, sino entre tres: la C. N. T., materializada en el Cuerpo de Ejército de Mera, que abandona el frente que guarnece y se dirige a Madrid a marchas forzadas a apoyar la rebelión de Casado, Miaja, Matallana, Besteiro, etc.
La lucha en Madrid en todos estos días no es, por tanto, contra los soldados de Franco, que ocupan todas las posiciones que circundan la gran Zona Centro, sino entre facciones de lo que hace tan sólo dos días eran un mismo Ejército.
Mientras la radio y los periódicos, controlados por el Consejo de Defensa, difunden las proclamas de Miaja, de Besteiro y de Casado, en el centro de Madrid se lucha a brazo partido entre los que quieren continuar la guerra y los que quieren detenerla como sea, es decir, entre comunistas y los partidarios del Consejo. En un momento determinado alternan en el micrófono Besteiro, Casado y Mera.
El 9 de marzo, Edmundo Domínguez, un socialista de Negrín. habló por radio para insistir en que Negrín no deseaba mantenerse en el cargo por la fuerza, que no había opuesto resistencia a Casado y que no había "desmentido ni desautorizado al Consejo Nacional de Defensa". Al día siguiente el general Matallana habló por radio para decir de modo razonable y calmoso que nadie había derribado al Gobierno de Negrin; sencillamente había caído por si mismo."
La marcha de Negrin en avión de la posición llamada Dakar, cerca de Elda, en dirección a Francia sin tomar disposición alguna ante el establecimiento de la Junta de Casado, no ayudaba a mantener la moral de victoria que aun algunos deseaban sostener a toda costa. Sólo en su descargo hay un tímido intento de reconducir la situación con una carta apresurada dirigida a Casado en estos términos:
“El Gobierno de mi presidencia se ha visto dolorosamente sorprendido por un movimiento que no parece justificado ni por las discrepancias en los propósitos que anuncia ese Consejo en su manifiesto al País. a saber: una paz rápida y honrosa sin persecuciones ni represalias que garantice la independencia patria, ni por la manera en que las negociaciones habían de iniciarse. Si impaciencias que en los no conocedores de la situación real de nuestras gestiones pueden justificar interpretaciones equivocadas de actos de gobierno, que sólo ha buscado que se conserve el espíritu de unidad que informa su política, hubieran permitido aguardar a la exposición que sobre el momento actual iba a hacerse la noche de hoy en nombre del Gobierno, a buen seguro que este infortunado episodio habría quedado inédito. Si una inteligencia entre el Gobierno y los sectores que aparecen discrepantes se hubiera establecido a tiempo, a no dudarlo hubieran aparecido borradas toda clase de diferencias. No se puede corregir el hecho, pero sí es posible evitar que acarree males graves a los que fraternalmente han combatido por un denominador común de ideales y sobre todo a España. Si la semilla del daño se depura a tiempo, puede dar frutos debidos. En aras de los intereses sagrados de España debemos todos deponer las armas y si queremos estrechar las manos de nuestros adversarios, estamos obligados a evitar toda sangrienta contienda entre quienes hemos sido hermanos de armas. En su virtud, el Gobierno se dirige a la Junta constituida en Madrid y la propone designe una o más personas que puedan amistosa y patrióticamente zanjar las diferencias. Le interesa al Gobierno, porque le interesa a España, que en cualquier caso toda eventual transferencia de poderes se haga de una manera normal y constitucional. Solamente de esta manera se podrá mantener enaltecida y prestigiada la causa por que hemos luchado. Y sólo así podremos en el orden internacional conservar las ventajas que nuestras escasas relaciones aún nos preservan. Seguros de que al invocar el sentimiento de españoles esa Junta prestará oído y atención a nuestra demanda, le saluda, Negrin.”
Entre el 7, el 8, el 9 y el 10 de marzo, Madrid ve sus calles ensangrentadas, y no precisamente por la lucha contra los soldados que desde hace dos años y medio permanecen alerta en la trinchera del asedio, sino por el enfrentamiento de los comunistas de Barceló con los anarquistas de Mera, por los que desean la paz de compromiso y por los que saben -o intuyen- que esa paz no va a producirse y que no hay más camino que proseguir la guerra.
El 11 de marzo, los comunistas fueron desalojados de sus posiciones y muchos de 'los hombres de Barceló y Bueno se pasaron a las filas de Casado. Al final, la mayor parte de sus comandantes fueron hechos prisioneros y se mostraron dispuestos a concertar la paz. Las unidades militares dirigidas por oficiales partidarios de la junta habían rodeado Madrid. Casado estipuló que todas las unidades volvieran a las posiciones que ocupaban el día 2 de marzo. Los prisioneros serían devueltos y los jefes militares, destituidos. Así Casado tendría las manos libres para nombrar a sus propios hombres al frente de los tres cuerpos de ejército comunistas. En contrapartida, Casado se comprometía a poner en libertad a todos los prisioneros comunistas «que no fueran criminales» y a escuchar los puntos de vista de los dirigentes comunistas. Así concluyó aquella guerra civil surgida dentro de la guerra civil; el balance final fue de unos 250 muertos y unos 560 heridos. Entre los contendientes habían fígurado grupos procedentes de todas las antiguas columnas que tanto se habían destacado por su bravura en julio de 1936: incluso podían encontrarse los restos de la Columna de Hierro en la 12.a División que mandaba Liberino González.

COMIENZAN LAS NEGOCIACIONES, FINALIZAN LAS ILUSIONES

La balanza se inclina al fin del lado de Casado y del Consejo de Defensa. Fuerzas de Cipriano Mera están en la Puerta del Sol. El 11, el Cuartel General del Consejo Nacional de Defensa -Miaja, Casado, Besteiro- ordena radiar la siguiente nota:
"El Consejo Nacional de Defensa hace público el heroico comportamiento de las fuerzas citadas, que una vez más han rivalizado en el cumplimiento del deber.
¡Españoles! Madrid vuelve a la normalidad.!
¡A cualquier cosa le llama normalidad el Consejo Nacional de Defensa! El coronel Barceló, jefe del I Cuerpo de Ejército, y el Comisario Conesa, han sido pasados por las armas en el término de unas horas, después de un juicio sumarísimo.
La Junta de Casado esperaba poder negociar ahora el fin de la guerra con los nacionalistas. La prensa de Madrid empezó a referirse a las "fuerzas bajo el mando del general Franco" dejando lo de "las hordas fascistas".
Los contactos de Casado con el jefe de la 5.ª Columna madrileña, o representante del generalísimo Franco en Madrid, comandante Centaños, jefe la red Lucero Verde que operaba en la calle Goya 27 y recibía instrucciones del coronel Ungría jefe del SIPM, son cada día más frecuentes. Pero la desilusión es grande en este Consejo Nacional de Defensa cuando son conocidas las condiciones del Cuartel General nacionalista: capitulación pura y simple, sin una sola concesión.
Besteiro habló por radio Madrid de preparar una "paz honorable". Serrano Súñer habló por Radio Zaragoza de una "paz victoriosa". El 14 de marzo Burgos anunció el establecimiento de un tribunal de Responsabilidades Políticas, el cual, bajo la presidencia de Serrano Súñer. juzgaría los actos de todos aquellos que se hubieran opuesto al Movimiento Nacional desde el primero de octubre de 1934.
Se van perdiendo días, mientras los nuevos dirigentes de esta inexistente República hacen todo lo que pueden por mostrarse claramente enemigos de los comunistas. El día 17, el Diario Oficial, que sustituye provisionalmente a la Gaceta, publica un Decreto según el cual «queda suprimida la estrella roja de cinco puntas en el uniforme y prenda de cabeza de todo el personal militar y de los Comisariados de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, por considerar innecesario su uso, toda vez que no tiene significación jerárquica.» Es la misma estrella que tanto Miaja, como Matallana, como Casado, como Mera han llevado sobre el distintivo de su graduación durante todo el tiempo que ha durado la guerra.
El 18, la radio y la prensa recogen una comunicación de Besteiro -Consejero de Estado-, que dice así:
"La necesidad de sofocar el pasado levantamiento comunista y los cuidados conducentes a prevenir la repetición de semejantes contingencias no ha hecho olvidar un momento al Consejo Nacional de Defensa lo que constituye su misión y la verdadera razón de su existencia.
"En prueba de ello, queremos poner en vuestro conocimiento los términos exactos de la comunicación que el Consejo Nacional de Defensa dirige al Gobierno nacionalista, sirviéndonos de la radio como el medio más rápido y de máxima difusión. Ese comunicado dice así:

"HA LLEGADO EL MOMENTO DE QUE ESTE CONSEJO NACIONAL SE DEDIQUE POR COMPLETO A SU MISION, Y, EN CONSECUENCIA, SE DIRIGE A ESE GOBIERNO PARA HACERLE PRESENTE QUE ESTAMOS DISPUESTOS A LLEVAR A EFECTO NEGOCIACIONES QUE NOS ASEGUREN UNA PAZ HONROSA Y QUE AL MISMO TIEMPO PUEDAN EVITAR ESTERILES EFUSIONES DE SANGRE. ESPERAMOS SU DECISIÓN.

Solamente un estado de desesperación que haga flaquear el sentido común, o una ingenuidad que no puede darse por admitida en personas de la talla de Besteiro, pueden justificar este lenguaje.
El día 19, Franco hace saber a los miembros del Consejo de Defensa Nacional de Madrid que se halla dispuesto a recibir emisarios portadores de la propuesta de condiciones de paz. Este mismo día, varias unidades de los Ejércitos del Centro y de Levante dan cuenta de haberse registrado numerosas deserciones, algunas de ellas un poco descaradas y con la complicidad incluso de los superiores inmediatos de los desertores. La descomposición consecuente a las luchas internas de Madrid empieza a dar sus frutos.
El 23 toma tierra en el aeródromo de Gamonal, de Burgos, un avión en el que vienen los enviados del Consejo de Defensa de Madrid. Hay en el aeródromo la natural curiosidad por ver cómo vienen vestidos, cuál es su gesto, quiénes son los enviados y hay también cierta curiosidad en el Cuartel General de Franco por conocer cuáles son las condiciones que estos hombres de Madrid osan elevar al Caudillo. Los enviados son un teniente coronel de Estado Mayor y un comandante de Caballería.
Franco exige, además, como muestra de buena voluntad o como anticipo de la rendición, la entrega de todos los aparatos de aviación el día 25. Estos aparatos deberán trasladarse en vuelo a los aeródromos nacionalistas que se designan. No se firmará nada absolutamente. La guerra está ganada y esto no es más que buscar la fórmula de que los últimos coletazos sean lo menos cruentos que sea posible.
La respuesta cae en el Consejo de Defensa como una ducha fría. «Es una capitulación sin condiciones». Cuando los comunistas se enteran de la contestación de Burgos, se dicen: «Nosotros teníamos la razón». Pero ahora ya no es momento de hacer marcha atrás por parte del Consejo de Defensa, aunque quisiera, que no quiere. Todavía están calientes los muertos de la lucha en las calles madrileñas los días últimos
El 27, ya con todos los aviones republicanos a buen recaudo en aeródromos de Franco, hay una serie de movimientos envolventes, nada precipitados, de los Cuerpos de Ejército nacionalistas que se hallan en posición en la línea del frente, pero los de Levante casi no se mueven, lo que es interpretado por algunas autoridades de Madrid como parte de la promesa verbal de respetar unos cuantos puertos del Mediterráneo para que puedan embarcarse aquellas personas que, considerándose comprometidas políticamente, deseen ir al extranjero. En cambio, en Andalucía, el Ejército de Queipo de Llano está arrollando pueblo tras pueblo y sierra tras sierra, no sin vencer antes la nada blanda resistencia de unos combatientes gubernamentales empecinados en la defensa.
Al atardecer del día 27 de marzo. el coronel Losas avanzó sus líneas y los nacionales ocuparon el puente de los Franceses, los edificios de Odontología, Medicina y Farmacia, la parte del Parque del Oeste aún no tomada, alcanzando el Paseo de Rosales, la Cárcel Modelo y el Estadio Metropolitano. Además, era constante la riada de hombres que se pasaban de bando, al de los vencedores, claro.
Esa noche del día 27, a través de la radio, los miembros del Consejo Nacional de Defensa se despedían de los madrileños y les pedían calma, orden y acatamiento de la autoridad. La última intervención fue la de Segismundo Casado, que reiteró esas demandas en beneficio de la paz que era lo que todos deseaban.
En la noche y la madrugada del 27 al 28, la mayoría de los puestos de la defensa gubernamental quedan desasistidos. Las carreteras de salida de la capital en dirección a Levante vuelven a ser, como en noviembre de 1936, un hervidero de gentes que huyen en toda clase de vehículos y las más de ellas a pie.
Miaja es de los que se marchan hacia Levante. Casado, también. Un avión le espera en las cercanías de Algete para conducirle a Valencia, donde en Manises, aeropuerto militar, es recibido con muchos nervios pero con honores casi de Jefe de Estado.
El 28 por la mañana, todas las fuerzas que rodean Madrid van aproximándose a sus accesos y quedan a la espera de la orden de entrar. Son estas fuerzas las correspondientes a las Divisiones 16, 18 y 20, que mandan, respectivamente, los coroneles Losas, Ríos Capapé y Caso y que constituyen, como se ha dicho, el Cuerpo de Ejército de Madrid, a las órdenes del general Espinosa de los Monteros.
El día 28 amaneció soleado en la capital de España. Los soldados, en las lineas nacionales, se encaramaban a lugares elevados o parapetos, sin temor, para observar Madrid. En el interior de la ciudad ya aparecieron banderas y colgaduras bicolores. Esa mañana, ya diversos edificios públicos madrileños, como el Ayuntamiento, el Ministerio de Hacienda o la sede de la Presidencia de la Castellana, iban siendo ocupados. Mientras, en la sierra madrileña, este día los nacionales, desde Guadarrama, ocupaban El Escorial y Los Molinos, y las fuerzas en Somosierra avanzaban y entraban en Buitrago.
Y, como estaba previsto, a las 13 horas, el teniente coronel de infantería Adolfo Prada Vaquero se presentó en el Hospital Clínico, acompañado del capitán de Estado Mayor Francisco García Viñals, el capitán Francisco Urzáiz Guzmán y el capitán médico (y, quintacolumnista) Diego Medina y Merijo, escoltados por tres guardias y tres milicianos. Prada informó a Losas que en Madrid la gente se había echado a la calle llena de entusiasmo en espera de la entrada de las tropas nacionales, aunque aconsejaba la siempre necesaria precaución ante focos de resistencia de última hora que, no obstante, consideraba poco probables. Losas ordenó que se concentraran todas las fuerzas para entrar en la capital. Las tropas nacionales ocuparían la ciudad en las horas siguientes.
Como el alcalde de Madrid, Henche, es también de los que se han ido hacia Levante, queda en su puesto uno de los concejales anarquistas, Melchor Rodríguez. Las autoridades militares nacionalistas le confirman como alcalde provisional hasta tanto no llegue de la retaguardia nacionalista la persona que ha de sustituirle. No ha de tardar: se trata de Alberto Alcocer, y la entrega de poderes se hace en un ambiente de sorprendente cordialidad.
Franco no va a ver culminado uno de sus mayores deseos, la conquista de la capital, pues Madrid no fue tomada, se entregó sin resistencia, terminando así 32 meses de terrible guerra, por unos y otros, que ahora deseaban que cesase el derramamiento de sangre. La victoria proporcionaba la paz, o quizá la paz suponía el precio de la victoria.
Mientras esto ocurría el día 28, el Cuerpo de Ejército de Urgel, mandado por el general Muñoz Grandes, ocupaba Brihuega, y el de Aragón, dirigido por el general Moscardó, alcanzaba Cifuentes.
Al día siguiente, 29, los italianos entraban en Guadalajara. además se ocupaba Cuenca, Albacete y, en general, la llanura manchega, y por el norte lo que restaba de la sierra madrileña. El día 30, el Cuerpo de Ejército de Urgel terminaba la ocupación material de lo que restaba de las provincias de Guadalajara y Madrid.
España entera había dejado de ser republicana. No obstante, quedaba un reducto donde el drama iba a persistir unas horas.
El puerto de Alicante se fue llenando de personas que querían huir, entre políticos y combatiente se reunieron entre 12.000 y 15.000 llenando los muelles de Levante, primero de forma lenta, para convenirse en una compacta humanidad desde la tarde del 29. El Cuartel General del Generalísimo situó la cifra en 12.000, y otras fuentes la elevaron hasta 15,000. como es el caso de Manuel Tuñón de Lara.
Para la mayoría el triste periplo había comenzado con su marcha de Madrid el 27. ante la inminente caída de la ciudad en poder de las tropas de Franco. Valencia fue la primera etapa transitoria. Allí el tropel de gentes contempló con desesperación que algún barco de la Stan-line zarpaba vacío, negándose a recoger refugiados. También tuvieron ocasión de escuchar las palabras falsamente optimistas del coronel Casado, temeroso de un estallido final de violencia incontrolada y seguro de su propia evacuación: “El generalísimo Franco me ha prometido que no se opondría a esta evacuación; no ha firmado ningún papel, porque eso seria una humillación que no puede pedirse a un vencedor, pero pueden ustedes creer en su palabra; todas las promesas que me ha hecho las ha cumplido”.
Poco a poco la multitud fue desviada hacia el sur: primero hacia el puerto de Gandía; luego hacia Alicante. Con objetivos diferentes tanto Casado y el cónsul británico Goodden, que deseaban alejar a la multitud, como la Delegación internacional lanzaron la frase fetiche: había barcos en Alicante para lodos aquellos que desearan partir. En el caso de la Delegación internacional existía una base cierta. Barcos de la compañía France Navigation, propiedad del partido comunista francés, surcaban las aguas rumbo a Alicante. El problema residía en que la Marina nacional bloqueaba los puertos mediterráneos. La Delegación intentaba convencer a los cónsules británicos para que presionaran a su gobierno. Sólo una decidida acción de la Marina británica podía asegurar la evacuación, Pero la doctrina Halifax se impuso por encima de cualquier otra consideración.
El después historiador Manuel Tuñón de Lara realzó aquel trayecto entre Madrid y Alicante. Allí llegó cuando clareaba el día 29, junio a otros compañeros de la JSU y de la FUE. El día anterior habían zarpado del puerto de Alicante los dos últimos barcos con refugiados. El Slanbrwk partió a las 11:00 horas del 28 de marzo hacia Oran, con un total de 2.638 refugiados a bordo, cuya procedencia social, obreros, artesanos, profesionales de clase media, intelectuales, profesores, configuraba un verdadero microcosmos de lo que había sido el mundo del republicanismo español. Por el contrario, el S. S. Maritime abandonó el puerto a la medianoche con apenas 32 pasajeros, entre ellos las últimas autoridades civiles y militares de Alicante.
Los refugiados constituyeron su propia organización, el Comité de evacuación, compuesto por los más destacados dirigentes militares y políticos presentes en el puerto. En un contexto humano falto de informaciones precisas, los rumores siguieron alimentando las esperanzas en la evacuación durante el día 30. En esta dirección Charles Tillen y Víctor Ullman, miembros de la Delegación internacional, desarrollaban una intensa actividad, cerca de los cónsules de Francia, Argentina y Cuba en Alicante, para conseguir la entrada en el puerto de los barcos de la France Navigation, sobre todo, el Winnipeg, capaz de transportar 6.000 personas.
Al atardecer del 30 llegaron a Alicante, ya ocupado por la quinta columna local, las tropas italianas de la División Littorio, al mando de! general Gaetano Cambara. Ha sido lugar común en la historiografía de la guerra dar como cierto el establecimiento de un acuerdo entre el comité de evacuación y el general italiano; especie de concesión de Cambara por la que se creaba una zona neutral en el puerto, bajo protección internacional de los cónsules, que de hecho garantizaría la evacuación. Probablemente algunos de los protagonista del puerto lo creyeran así, cuando en realidad sóo se trató de un comportamiento prudente del general italiano, temeroso de que un desalojo por la fuerza, tal como le indicaba el general Saliquet, provocara una reacción a la desesperada de los republicanos todavía armados.
Por si quedaba alguna duda de cuales eran las intenciones de Franco, a primeras horas de la tarde del 31 de marzo atracan en el puerto de Alicante el crucero Canarias y el minador Vulcano y desembarcan fuerzas pertenecientes al Cuerpo de Ejercito Galicia que relevan a los contingentes italianos que provisionalmente se habían cuidado de mantener cierto orden. Cualquier esperanza fue erradicada de los corazones angustiados que esperaban su evacuación, Nadie más salió sino a otro destino que el Campo de los Almendros que en unión de los cientos que salpicaban nuestra geografía iban a ser como las cuentas de un cruento rosario en donde media España iba a expiar el pecado o el delito de haber sido vencido.
En un afán de extirpación de las ideologías, con la crueldad del caudillo victorioso de ancestrales contiendas, no quiso Franco distinguir entre comunistas y anarquistas, socialistas, republicanos, católicos disidentes etc.; todo el conglomerado que formó el Frente Popular y a todos los incluyó en un solo grupo: el de los vencidos cuyo estigma a pesar de todo aun, a pesar del tiempo transcurrido, hay quien no ha podido desprenderse de él. El estipendio de sangre ha alcanzado, en muchos casos, varias generaciones y su recuerdo las ha marcado de forma indeleble.

 

CONCESIONES DEL GENERALÍSIMO QUE NUNCA SE CUMPLIERON
(documento trascrito por Casado)

I – La España nacional mantiene cuantos ofrecimientos de perdón tiene hechos por medio a proclamas, la radio y será generoso para cuantos, sin haber cometido crímenes, hayan sido arrastrados engañosamente a la lucha.

II – Para los Jefes y Oficiales, que depongan puntualmente las armas, sin ser culpables de la muerte de sus compañeros ni responsables de otros crímenes, aparte de la gracia de la vida, la benevolencia será tanto mayor cuanto más significados y eficientes sean los servicios que en estos últimos momentos presten a la causa de España o haya sido menor su intervención y malicia en la guerra.

III – Los que rindan las armas, evitando el sacrificios estériles y no sean reos de asesinatos y otros crímenes graves, podrán obtener un salvoconducto que le ponga fuera de nuestro territorio, gozando entretanto de plena seguridad personal.

IV – A los españoles que rectifiquen su vida en el extranjero, se les dispensará protección y ayuda.

V – Ni el mero servicio en el campo rojo ni el haber militado simplemente como afiliado en campos políticos extraños al movimiento nacional, serán motivo de responsabilidad criminal.

VI – De los delitos cometidos durante el dominio rojo, sólo entenderán los Tribunales de Justicia. Las responsabilidades civiles se humanizarán a favor de las familias de los condenados.

VII – Nadie será privado de libertad por actividades criminosas más que el tiempo necesario para su corrección y reeducación.

VIII – El retraso en la rendición, la estéril resistencia a nuestros avances, serán causas graves de responsabilidades que exigiremos en nombre de la sangre inútilmente derramada.

Datos recogidos de Thomas, Jackson, Bravo Morata, La Cierva, Bahamonde, Cervera, (Codex) etc.