El Gran Capitán Historia Militar es una comunidad de amigos con un interés común, la Historia Militar de todas la épocas. No tenemos afinidad a ninguna ideologia presente ni pasada y no queremos rendir culto a ninguna. El entorno que queremos crear es de entendimiento, respeto mutuo y democracia. Todo esto no es contradictorio con el análisis objetivo de lo que cada cual piense y exprese que fue la Historia. Buscamos un marco de diálogo sobre temas que puedan ser o no polémicos

Los últimos tercios. El Ejército de Carlos II

En el seno de la historiografía española, el reinado de Carlos II ha sido tradicionalmente considerado un periodo de decadencia irremediable, un ocaso tras el esplendor de los Austrias Mayores. Sin embargo, los trabajos recientes y en particular la investigación plasmada en el libro Los últimos tercios. El ejército de Carlos II, editado por Desperta Ferro y obra de Davide Maffi, invitan a replantear esta visión heredada de los mitos del siglo XVIII y la propaganda borbónica.

Analizando con rigor las fuentes documentales —especialmente los fondos del Archivo General de Simancas— y una bibliografía internacional, Maffi desmonta varios tópicos asentados sobre la presunta debilidad militar de la Monarquía Hispánica en la segunda mitad del siglo XVII. El ejército de Carlos II, lejos de constituir una reliquia anclada en formas obsoletas, supo evolucionar y adaptarse a los modelos militares europeos del momento, presentando rasgos de modernidad y eficiencia notables, sobre todo si se le compara en términos estrictos con sus rivales continentales.

Un ejército multinacional y resistente

Durante el reinado de Carlos II, la Monarquía Hispánica mantenía una multiplicidad de ejércitos: desde el poderoso Ejército de Flandes, pasando por el de Lombardía, Nápoles, Sicilia y Cataluña, hasta las guarniciones peninsulares y los presidios del norte de África. Si bien Francia logró movilizar efectivos superiores, España mantenía unas cifras de soldados en campaña apenas por debajo del reino vecino y por encima del resto de potencias europeas, logrando sostener múltiples frentes gracias a esa estructura multinacional que combinaba españoles, italianos, flamencos, valones, mercenarios alemanes y contingentes menores de otras procedencias.

Contrario a la imagen de aislamiento confesional, la política de alianzas de la Monarquía Hispánica en esta época muestra una notable flexibilidad: los aliados de España en las guerras de Devolución y posteriores incluyeron a la protestante Inglaterra y a la calvinista Holanda, evidencia de un sistema internacional mucho más pragmático de lo que se tiende a imaginar. Incluso entre los mercenarios alemanes, de fe luterana en muchos casos, la Monarquía supo recurrir sin reparo a sus servicios, como haría cualquier potencia moderna.

El mito de la inferioridad militar española

Uno de los puntos más sólidos que expone Maffi es la reforma de la caballería española tras las derrotas de Rocroi y Lens en tiempos de Felipe IV. Si durante aquellos años la escasa eficacia de la caballería favoreció varias catástrofes, bajo Carlos II la situación cambió de manera significativa. Tanto es así, que los aliados europeos solicitaban habitualmente la caballería española para las campañas en Flandes, considerándola superior, y la artillería hispánica solo era superada por la francesa en calidad y número. Asimismo, la ingeniería militar española, con su tradición de “escuelas” y formación estructurada, constituía un referente en la Europa del momento, a la altura de la francesa.

El mito de unos tercios transformados en una tropa corrupta, inepta y en retirada tampoco se sostiene frente al análisis comparado. Si bien la unidad básica de la infantería en los tiempos finales era más reducida, siguiendo el modelo de batallones móviles implantado por holandeses y franceses, la calidad del soldado y el cuadro de oficiales españoles se mantuvo en términos comparables a los de otras potencias. Oficiales jóvenes de alta nobleza, posesión de cargos por méritos o por compra, sistema extendido también en Francia y Reino Unido hasta bien entrado el siglo XIX, reunían perfiles muy similares a los del resto del continente. El desdibujamiento de los tercios como “marca institucional” se debió más a la evolución orgánica de la guerra que a la degeneración moral o técnica de la tropa.

La cuestión de los recursos y la crisis demográfica

Sin embargo, debe reconocerse la existencia de una crisis: la del descenso demográfico peninsular y la mengua drástica de los ingresos de la Corona, motivados fundamentalmente por las calamidades de la guerra y las epidemias, a lo que se sumó el agotamiento de las minas americanas. Castillas, epicentro de la monarquía, perdió millones de habitantes entre 1600 y 1700, lo que encareció la leva de nuevas tropas y forzó el recurso a mercenarios, un fenómeno generalizado en toda Europa pero especialmente oneroso para una monarquía en declive financiero. Las deserciones y las levas forzosas aumentaron, y la calidad del soldado reclutado, salvo en los veteranos de Flandes y Lombardía, decayó perceptiblemente.

El relato borbónico y la leyenda negra

Parte del descrédito sostenido sobre el ejército de Carlos II procede, en buena medida, del discurso legitimador de la Casa de Borbón, que afrontó su llegada al trono insistiendo en la supuesta necesidad de una regeneración nacional tras la “decadencia austriaca”. Esta visión, perpetuada en manuales escolares hasta la actualidad, improntó de negatividad cuanto incumbía al último monarca de los Austrias, magnificando carencias que, en realidad, compartían todos los estados europeos salvo —en ciertos aspectos— la pujante Francia de Luis XIV.

Conclusión: crisis, sí; decadencia, no

El ejército de Carlos II, lejos de ser una fuerza anacrónica y «en ruinas», fue capaz de adoptar las innovaciones tácticas y técnicas de su época, resistiendo en condiciones materiales cada vez más difíciles y adaptándose con notable rapidez a las condiciones cambiantes del arte de la guerra. La incapacidad de mantener el rango de potencia hegemónica obedeció más a factores estructurales—demografía, economía, agotamiento fiscal—que a una supuesta incompetencia técnica o atraso doctrinal de sus ejércitos.

La lectura de Los últimos tercios. El ejército de Carlos II abre la puerta a una comprensión más matizada y realista del final de la Monarquía Hispánica bajo los Austrias, desmontando tópicos que la historiografía reciente empieza, por fin, a relegar a la categoría de mito. Frente al maniqueísmo de la leyenda negra y el relato borbónico, emerge una historia más compleja, en la que la resiliencia, el pragmatismo y la capacidad de adaptación de los ejércitos españoles desafían los juicios simplistas sobre su supuesto ocaso militar.

       Librería "Tercios Viejos: El rincón de la historia" - El Gran Capitán

 

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