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Tras el exitoso ataque de Prien en Scapa Flow, los rumores en Londres y Washington no cesaban. Los británicos insistían en que el comandante alemán debía haber recibido ayuda desde el interior de la base para poder acceder a ella. Nadie podía hundir al orgullo de la flota británica sin ayuda.Curt Riess, hábil periodista y escritor conocido, residente en Nueva York, escribió un artículo que fue publicado en el Saturday Evening, donde contaba la historia completa del espía alemán que ayudó a Prien a entrar en la base naval de Scapa Flow.
Scapa Flow, una triste y desolada ensenada de 20 Km. de larga y 14 de anchura a 60º de latitud Este, se encuentra en la isla Pomona, en el archipiélago de las Orcadas, al norte de la punta extrema de Escocia, de la que está separada por un brazo de mar que se llama Pentland Firth. Esta gran bahía, refugio segurísimo de la Royal Navy, está protegida, naturalmente, por una corona de escollos e islotes, muy cercanos unos a otros, y los canales que forman están bloqueados con barreras, pontones, redes antisubmarinos y cascos de barcos hundidos. Desde hace más de setenta años los ingleses han hecho de Scapa Flow el eje de su estrategia naval contra Alemania. Desde este punto los navíos de guerra británicos dominan tanto el acceso al Mar del Norte como las grandes rutas del Atlántico. Cuando quieran, pueden imponer a Alemania un bloqueo naval tan riguroso que la ahogaría. A más de mil kilómetros de las bases alemanas, las Orcadas están casi siempre envueltas en las densas y gélidas nieblas del norte; huranes de viento y nieve que barren con gran violencia la zona la protegen de cualquier desagradable sorpresa del adversario. Los aviones de reconocimiento alemanes rara vez se arriesgan a fotografiar Scapa Flow. Los bombarderos, aunque tengan la suficiente autonomía para llegar a la base, atacarla y regresar, suelen verse obstaculizados por el mal tiempo y la escasa visibilidad. Los cazas y los antiaéreos ingleses los tienen a su merced.
Por estos motivos, ya durante la IGM los submarinos alemanes habían intentado, por dos veces, penetrar en Scapa Flow. En Octubre de 1914, el U-18 de von Henning, escondiéndose tras la estela de un mercante inglés, había podido llegar a uno de los accesos de la base, pero la bahía estaba desierta porque la flota se había hecho a la mar. En 1918 también el U-116 de von Emsman, que había intentado hacerlo, había sido echado a pique con toda su tripulación.
Cuando Wildhelm Canaris, futuro almirante y jefe de la Abwehr, fue nombrado a principios de 1926, comandante de la "A-11 Marina" en el ministerio de Defensa, con orden de fortalecer el servicio de espionaje, su primer pensamiento fue para Scapa Flow. Aquella bahía escocesa era para él, marino de profesión, no solo uno de los objetivos del servicio secreto como corazón vulnerable de la flota inglesa, sino también el símbolo de la derrota alemana. Allí después del armisticio de 1918, fue llevada la flota alemana, y allí para no sufrir la humillación de ser repartida entre las potencias vencedoras, los marinos del almirante von Reuter hundieron sus propios acorazados y cruceros un año más tarde.
Como indica el sentido común, solo hay un método de introducirse en Scapa Flow: penetrar con un submarino, pero ¿por donde? Ciertamente -piensa Canaris- debe haber un punto debil en la férrea defensa de la bahía y , en tal caso, únicamente un espía podrá descubrirlo.
Fue así como, aquel mismo año, comienza la Operación Baldur, nombre cifrado del ataque a Scapa Flow. Ante todo hace falta un hombre idóneo, y la elección de Canaris recae sobre un oficial de marina, el capitán Alfred Wehring, que ha servido al emperador a bordo del Admiral Hipper. Quincuagenario, moreno y de mediana estatura, Wehring es un hombre simpático, culto y de caracter solitario, aunque nunca ha querido casarse. Nacido en Hannover en 1875, Wehring ha vivido siempre en el mar. Físicamente más parece español que alemán. Este oficial ha trabajado ya, durante la primera guerra mundial, para el servicio secreto de la marina, y su ficha lo caracteriza como "excelente oficial, excrupuloso, muy atento, agudo observador". Licenciado al final de la guerra, ha estado empleado como contable en una pequeña fábrica de relojes propiedad de un tio suyo. En 1921, vuelto al servicio activo, ha estado encargado también de una investigación reservada sobre los equipos navales franceses. En 1925, cambiando su nombre por el de Karl Müller, se ha convertido en corredor de relojes de una conocida fábrica alemana y en dos años ha recorrido Francia a lo largo y a lo ancho. Sus informes mensuales a la empresa contienen -en cifra- interesantísimos datos sobre tonelaje, armamento y tripulación de todos los nuevos barcos de guerra que están en construcción en los astilleros de Brest, El Havre y Marsella.
El día de Navidad de 1927 el supuesto Müller es llamado a Berlín al despacho de Canaris. La conversación con el jefe de la sección "A-11 Marina" se desarrolla sin testigos, pero en seguida se sabrá que el futuro "pequeño almirante" le ha encargado de una misión excepcional: encontrar a toda costa el modo de establecerse en la base naval de Scapa Flow y descubrir el secreto de las barreras que hacen inviolable a la bahía. Todas las noticias que Wehring, alias Müller, pueda recoger, las debe transmitir al dueño de un café de La Haya. De allí llegarán enseguida a Berlín.
En enero de 1928, el relojero Müller -con nombre nuevamente cambiado por el de Joachim van Schüllermann- parte hacia Holanda. Esta vez el agente de Canaris es físicamente distinto del corredor que viajaba por Francia. Sus cabellos son ya rubios, lleve bigote, y gafas de gruesos lentes ahumados. A quien le pregunta el motivo, van Schüllermann cuenta que un grave accidente de coche le ha provocado una disminución de la vista. Wehring pasa un año en Holanda vendiendo despertadores y cronómetros y aprendiendo bien el oficio de reparador de relojes. Por fin, en 1929 pasa a Suiza, donde toma el nombre de Albert Oertel. Esta es la "cobertura" decisiva para el espía de Canaris. Cuando, en verano del siguiente año, el falso Albert Oertel abandona ginebra y va a residir en Gran Bretaña, en las cercanias de Londres, está provisto de un normal pasaporte suizo. Su verdadera identidad está ya enterrada, y oculta a cualquier posible encuesta. Con increíble paciencia, el capitán Wehring espera otros dos años -continuando siempre con su trabajo de representante y reparador de relojes- hasta que en 1932 solicita su ciudadania inglesa. Su petición es pronto aceptada. ¿Quien podría sospechar que es un espía este pacífico caballero entrado en los sesenta años, traquilo y digno, que centenares de personas ven todos los días inclinado sobre su mesa tras la vitrina de su negocio de Petham, cerca de Canterbury?
Y nadie sospecha de él cuando, en la primavera de 1933 (pocos meses antes Canaris ha sido nombrado jefe de la Abwehr, el servicio secreto alemán) el falso Oertel deja Londres y la Gran Bretaña, se va a Escocia y se traslada finalmete a Kirkwall -en la isla de Pomona del archipielago de las Orcadas, a pocas millas de la bahía de Scapa Flow- para abrir una tienda de relojes suizos y "souvenirs".


































