El frente se había estabilizado en la línea “Gustav”, y el Monasterio se encontraba en primera línea de fuego. Pronto tuvieron lugar los primeros errores, y los primeros proyectiles de artillería cayeron sobre, o demasiado cerca del venerable edificio. De inmediato el General Alexander tomó cartas en el asunto indicando que no se debía apuntar al monasterio, aunque a su orden añadió una última frase muy interesante “No se tolerará que la consideración por la seguridad de esas áreas interfiera en la necesidad militar” *
Es decir, Alexander prohibía que se disparara contra el monasterio, concretamente, pero luego generalizaba con respecto a la seguridad de “esas áreas” frente a la necesidad militar. Se desarrollaba el tipo de argumento poco valiente que al final llevaría a la destrucción del monasterio. Cuando se hablaba de él se prohibía que fuera atacado o dañado. Sin embargo cuando se hablaba en general de los monumentos, se invocaba la necesidad militar. Ninguno de los altos oficiales aliados estaba dispuesto a permitir que la “necesidad militar” se concretara en el bombardeo del monasterio, y convertirse en el responsable de su eventual destrucción. Pero lo peor de este tipo de declaraciones era que creaban confusión en la cadena de mando. Siguiendo las instrucciones de los altos jefes se podía entonces atacar un monumento cualquier para salvar vidas de soldados, pero por otro lado no se debía dañar el monasterio de Monte Cassino.

Este debate llegó a la mismísima cámara de los comunes, donde el Arzobispo de Canterbury, exhortaba a que se protegieran los tesoros artísticos de Italia como patrimonio de toda la humanidad, y Lord Lathan le contestaba que: “Yo no deseo ver una Europa poblada de monumentos culturales venerados por una humanidad encadenada y de rodillas...El pueblo de este país no accederá a que sus muchachos sean sacrificados –ni siquiera uno de ellos- innecesariamente para salvar un edificio sea cual sea” * Una vez mas se trataba de consideraciones generales y en este caso pronunciadas por personas que, en el fondo, tampoco tenían poder real para tomar la decisión.

El destino del edificio empezaba ya a dibujarse a lo lejos.
El 9 de febrero, encontrándose Mark Clark el del 5º Ejército en una reunión con su Estado Mayor, se enteró oficialmente (es posible que lo sospechara desde antes) de la intención de Freyberg de solicitar el bombardeo del monasterio. Su respuesta, según sus propias memorias, fue de los mas mordaz: “No mas que los oficiales de mi Estado Mayor, no mas que los generales que habían comandado delante de Cassino antes que Freyberg, tenía yo la impresión de que fuera necesario”. ** escribió.
Si analizamos este comentario veremos que la situación había evolucionado. Sentada la base de la teoría de la “necesidad militar” por Eisenhower y Alexander, superiores de Clark, este no hablaba ya de protección de bienes culturales, pero si de que no había necesidad de destruir el monasterio. Es que la posición de Mark Clark era muy difícil. Un general mediático como él no podía permitirse dar una orden que le hiciera pasar a la posteridad como el hombre que mandó destruir el monasterio de Monte Cassino.

¿Cómo se pensó en un bombardeo masivo? El primer plan de Freyberg había sido enviar un raid de 36 P-40 armados con bombas de 500 Kg. Pero Tuker lo hizo cambiar de idea. La solidez de la construcción no podía ser efectivamente afectada por un ataque de este tipo. Para destruir el monasterio de Monte Cassino hacían falta un ataque aéreo masivo con bombas rompedoras. Y para solicitar ese ataque era necesaria una autoridad superior a Freyberg.
El 11 de febrero fue el General Dimoline, sustituto de Tuker, que se hallaba en el hospital bajo tratamiento, quien solicitó a Freyberg que pidiera el bombardeo del Monasterio. En la orden de operaciones de la 4ª Div India Constaba: “Se ha solicitado que todos los edificios y supuestos baluartes en los objetivos y sus cercanías incluyendo el monasterio, sean sometidos de aquí en adelante a un intenso bombardeo” ***

Pasemos ahora a analizar la red de comunicaciones que se tejió durante los días 12 y 13 de febrero.

En primer lugar es importante analizar donde estaban los personajes:
Tuker se hallaba en el Hospital, sometido a tratamiento con penicilina, para curarlo de su enfermedad. Su intervención en este asunto puede darse pues por terminada.
Dimoline y Freyberg estaban en sus respectivos cuarteles generales. Dimoline tampoco intervendrá ya en nuestra historia.
Mark Clark se hallaba en la cabeza de puente de Anzio, inspeccionándola, o tal vez huyendo de la inminente solicitud de Freyberg. En su cuartel general, en Presenzano se hallaba el general Gruenther, su jefe de Estado Mayor.
En el Palacio Real de Caserta, Cuartel General de Alexander, se hallaba el General Harding, jefe de Estado Mayor de Alexander. Casualmente Alexander tampoco parecía hallarse disponible.

Una vez explicado esto, pasemos a los acontecimientos.
A las 19:00 del 12 de febrero Freyberg llama al CG de Clark. No estando este se pone en contacto con Gruenther, para solicitar el bombardeo. Parece que parte de la conversación fue mas o menos como sigue:
Gruenther: “¿Quiere usted decir el Monasterio? No figura en la lista de objetivos.”**
Freyberg: “Le puedo asegurar que está en mi lista, pero sea como sea quiero que sea bombardeado. Los otros objetivos carecen de importancia, pero este es vital. El jefe de la división que va a realizar el ataque [Tuker] cree que es un objetivo esencial y yo estoy completamente de acuerdo con él” **
Así pues, la primera declaración oficial realmente firme sobre el asunto pretendía el bombardeo del monasterio. Frente al argumento de Clark de que no había necesidad militar, se enfrentaba el de Freyberg de que si la había.
Gruenter contestó a Freyberg que él no podía tomar la decisión, que debía hablar con Clark.
Acto seguido Gruenther trató de ponerse en contacto telefónico con Clark, en Anzio, pero no lo consiguió, así que le dejó un mensaje indicándole lo que había pedido Freyberg y recomendándole que volviera de inmediato. Clark iniciaría la vuelta poco después de conocer el mensaje.
Mientras esperaba la llegada de Clark, Gruenther llamó al CG de Alexander, donde dio con el General Harding. Le comunicó la solicitud de Freyberg, y asimismo, que dado que Clark estaba en contra, y dado lo delicado del objetivo, solicitaba una opinión expresa de Alexander. Harding le prometió averiguar la opinión de Alexander y comunicársela después. La promesa es curiosa, pues Alexander y Harding habían estado en el CG de Freyberg esa misma tarde ¿Es creíble que no les comunicara sus intenciones? ¿Realmente desconocía Harding la opinión de su jefe o trataba de ganar tiempo a ver si Clark tomaba la decisión solito?
Tras esta llamada Gruenther pudo por fin hablar con Clark. Este le pidió que insistiera ante Harding, cuando llamara, en que él (Clark) estaba en contra del bombardeo, pero que la insistencia y tozudez de Freyberg, lo pondrían en un aprieto si al final fracasaba la ofensiva de la 4ª Div India.
Gruenther se puso en campaña para tratar de ayudar a su jefe. A las 21:15 del 12 de febrero habló con el General Keyes, que le dijo que estaba en contra del bombardeo del monasterio, así como otros jefes con mando en la zona: los Generales Ryder y Butler, y el Coronel Boatner. También habló con el General Mercer Walter, oficial de inteligencia del 2º Cuerpo de Ejército estadounidense. Este informó de que había refugiados civiles en el monasterio, y aunque había posiciones cerca, no había alemanes dentro, o a lo sumo un puesto de observación pero no estaba seguro.
A las 21:30 del 12 de febrero Gruenther volvió a comunicar con Harding. Este le comunicó que: “El General Alexander ha decidido que el monasterio debe ser bombardeado si el General Freyberg lo considera una necesidad militar. Lamenta que se deba destruir el edificio, pero tiene confianza en el criterio del General Freyberg. Si hay alguna posibilidad razonable de que se esté usando el edificio con fines militares, el General Alexander piensa que su destrucción se justifica” ***
Como vemos Alexander aceptaba la necesidad de bombardear Monte Cassino, pero la responsabilidad, en manos de Freyberg, y la decisión en las de Clark. Sin embargo se negaba a dar la orden, simplemente, por medio de su jefe de Estado Mayor, indicaba al jefe de Estado Mayor de Clark que debía hacer caso a Freyberg. Fue una actitud cobarde, sin duda, pero Alexander no había destacado hasta entonces por ser un jefe valiente.
Ahora la pelota estaba en el campo de Clark, pero este se negó a tomar la decisión pues seguía sin considerar que hubiera necesidad militar alguna. El asunto empezaba a tomar tintes de tragedia cómica.
Gruenther volvió a llamar a Caserta y de nuevo se puso Harding. Gruenther le reiteró la posición de Clark. Le indicó que si la solicitud hubiera venido de un General estadounidense la habría rechazado, pero que viniendo de Freyberg, era delicada. Harding replicó: “El General Alexander ha expresado con suma claridad su posición a este respecto. Lamento muchísimo que se deba destruir el monasterio, pero no ve ninguna otra alternativa. Si el general Mark Clark desea hablar con el general Alexander personalmente acerca del tema, estoy seguro de que al General Alexander le complacerá hablarlo con él” ***
Gruenther y Clark hablaron de esto, y luego Gruenther llamó a Freyberg para indicarle que Clark acataría su decisión si tenía pruebas (Freyberg) de que se debía bombardear el monasterio.

A estas alturas es probable que muchos se hayan perdido, así pues es importante recapitular.
Por un lado tenemos a Dimoline, Tuker y Freyberg que exigen el bombardeo del monasterio. En especial este último, tal vez decidido a salirse con la suya y doblegar a sus superiores.
Por otro tenemos a los oficiales superiores del teatro de operaciones del Mediterráneo, Eisenhower hasta 1944 y Alexander después, que emiten grandilocuentes declaraciones sobre la necesidad militar y sobre la superior importancia de los soldados frente a los monumentos, pero sin atreverse a citar nombres concretos de monumentos, o, en el caso de Alexander, delegando la toma de la decisión de dañar Monte Casino en sus subordinados: bien en aquellos que lo solicitan o bien en aquellos que tienen la competencia suficiente para dar la orden. Cosa totalmente impropia de un jefe.
Y finalmente tenemos al pobre Mark Clark el del 5º Ejército, siempre preocupado por su imagen, en contra de dar la orden fatídica, y atrapado en medio de una pinza, por sus inferiores y por su superior. Es mas ¿Hasta que punto no estaban de acuerdo Freyberg y Alexander para cargar la responsabilidad sobre los hombros de Clark? No olvidemos dos cosas: ambos eran miembros de las fuerzas armadas imperiales, y ambos habían tenido ocasión de hablar en la tarde del 12, cara a cara, sobre el tema, aunque nada es seguro. No hay que condenar a nadie sin pruebas.

Quien acabó con Clark fue el propio Freyberg, que comunicó a Gruenther que “no creía que fuese justo dar la orden de capturar la Colina del Monasterio y al mismo tiempo negar al comandante el derecho a eliminar un obstáculo importante para el éxito de la misión” *** para después afirmar “que si algún comandante superior se rehusaba a autorizar el bombardeo, debía estar dispuesto ha hacerse cargo de la responsabilidad por el fracaso del ataque” ***.
La amenaza era clara y manifiesta, a Clark directamente, a Alexander indirectamente. Clark dio la orden, pero en un último prurito exigió que fuera refrendada por Alexander, que aceptó hacerlo en la reunión que sostuvieron al día siguiente, 13 de febrero, a las 10:00. La conversación tuvo dos momentos clave: “Quisiera que cumpla usted el pedido de Freyberg”*** Solicitó Alexander. “Deme una orden directa y lo haremos” *** Contestó Clark. Alexander lo hizo.

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El Gran Capitán. Historia Militar.