Antecedentes.
Los vándalos (posiblemente vinculados con los lugiones) consistían en un conglomerado de tribus germánicas orientales procedentes de Escandinavia que habían emigrado a la zona de Silesia, el Oder y el alto Vistula.
Se fueron acercando a la frontera imperial del Danubio en el S. II. Se dividían en dos ramas principales: asdingos o victovales (instalados en parte de la actual Eslovaquia) y silingos (ubicados más al oeste sobre el Main). Ya en tiempos de Aureliano presionaron el limes imperial entrando también en tensión con otros pueblos de la vecindad como los godos y marcomanos.
Y posteriormente los asdingos empiezan a asentarse en Panonia y se convirtieron al arrianismo en la segunda mitad del S. IV.
Acosados por la llegada de los hunos desde el este, y de los pueblos que huían de éstos, se trasladaron dirigidos por el rey Godiselo al oeste (absorbiendo a su paso elementos silingos).
Y así penetraron en el Imperio durante la gran irrupción del 31 de diciembre del 406, junto a suevos, alamanes, burgundios, alanos y otros. Se aprovecharon de que Estilicón había desguarnecido las ya muy débiles fuerzas del Rin para proteger Italia frente a la invasión de Radagasio (sólo quedaban algunos francos ripuarios federados del Imperio que ofrecieron resistencia a la ola invasora muriendo Godiselo en las luchas).
Tras atravesar la indefensa Galia devastándola durante 2 años, entraron en Hispania en octubre del 409 gracias a las disputas internas de los romanos: la usurpación de Constantino y la lucha contra los partidarios de Honorio en Hispania, debilitaron la defensa de los Pirineos, quedando a cargo de mercenarios germanos que les franquearon el paso, a eso se unió la rebelión de Geroncio contra Constantino (y es posible que les pidiera apoyo).
Así en el 411 se repartieron la diócesis de Hispania: instalándose los asdingos y los suevos en Gallaecia, los silingos en la Bética occidental (entre el Guadiana y el Guadalquivir) y los alanos se extendieron por la Cartaginense y la Lusitania.
Las fuerzas imperiales comandadas por Constancio con ayuda de los visigodos, tras haber eliminado a los usurpadores rivales de Honorio, combatieron en Hispania a mediados de esa década diezmando a los alanos y silingos. Los restos de estos pueblos se unieron bajo la égida de los reyes asdigos. Los asdingos tuvieron enfrentamientos con los suevos, pero derrotados gracias a la intervención imperial emigraron al sur.
En Betica los vándalos y alanos hostigaron al Imperio que intervino, siendo el magíster militum Castino derrotado (422) (tras la retirada de Bonifacio y sus auxiliares visigodos), lo que les permitió ocupar los puertos de la Bética y la Cartaginense y apoderarse de muchos barcos, llevando a cabo actos de piratería contra el Levante hispano, las Baleares y África. Es muy probable que reclutaran por la fuerza o de buen grado a marinos en Hispania (dispuestos a obtener un buen botín o una buena paga). En todo caso, con marinos forzosos, mercenarios y voluntarios se fueron adueñando del Mediterráneo occidental, y atacaron las Baleares en 425. Esto era muy peligroso para el Imperio, pues ponía en peligro el vital suministro de grano a Roma e Italia.
La invasión.
En mayo-junio del 429, pasaron a África, llamados por Bonifacio, comes Africae, enfrentado al magister utriusque militiae Felix y al magister equitum per Gallias Aecio por el control sobre Placidia, madre y regente del emperador Valentiniano III, que tenía sólo 10 años. Tras diversas intrigas inspiradas por Aecio, Bonifacio rechazó las ordenes imperiales de acudir a Ravena y fue declarado enemigo. El primer ejército enviado contra él sufrió un motín muriendo sus oficiales y desertando al bando de Bonifacio los soldados; pero otro mandado por el visigodo Sigisvulto tuvo cierto éxito. Así Bonifacio amenazado, y en retirada hacia Numidia, pidió ayuda a los vándalos (tardaron un poco en acudir debido a la muerte de Gunderico y la necesidad de elegir nuevo rey).
Unos 80.000 (cifra que incluiría a sus familias, lo que supondría, al descontar no combatientes, como mucho unos 20 ó 25.000 guerreros) vándalos y alanos (y posiblemente romanos de las facciones usurpadoras derrotadas) dirigidos por Genserico desembarcaron en Tánger, desde allí por tierra atravesaron el territorio romano alcanzando Altava en agosto sin gran resistencia pues las únicas fuerzas en el sector eran las que comandaba el comes de Tingitania según la Notitia disponía sobre el papel de unos 3.500 comitatenses (en realidad gran parte eran limitanei reconvertidos) y de fuerzas limitanei, lo que es insuficiente para hacerles frente.
La situación era más complicada pues Bonifacio se había reconciliado con Ravena, por lo que no precisaba ahora de la ayuda de los vándalos y alanos. Tras el fracaso de la negociación, a fin de cuentas ahora podían tomar por la fuerza lo que deseaban, los vándalos continuaron su avance, uniéndose bajo sus banderas desertores, bandidos, donatistas y otros (el África romana había sufrido graves convulsiones a causa de la herejía donatista y la represión de ésta por las autoridades imperiales).
Fijarían su capital en Saldae, y vencieron a Bonifacio cerca de Hipona, que según la Notitia Dignitatum tendría como comes Africae sobre el papel un ejército de maniobra de 21-25.000 (en la práctica sería mucho menos sobre todo porque parte de sus fuerzas eran unidades nuevas, incluso limitanei ascendidos (teniendo sólo 4 unidades palatinas)), además de federados visigodos y hunos (éstos últimos habían desertado a su bando durante la primera invasión enviada por Ravena contra él).
El cerco de Hipona comenzaría en mayo del 430 y duraría unos 14 meses. La situación para el Imperio Occidental era gravísima pues África era su principal base económica en este momento, sus ingresos eran vitales para el estado (por ejemplo el emperador era propietario de casi un 20 % de la Proconsular y un 15 % de la Byzacena). Pero además había el peligro de que quisieran seguir hasta Egipto atacando el vital granero de ambos Imperios.
Contraataques romanos.
En el 431 Teodosio II, ante la petición de la Gala Placidia, a la que la había ayudado a entronizar a su hijo Valentiniano III, ordena la primera intervención en África enviando al germano Aspar, hijo del influyente general germano Ardaburio, con un ejército para resolver la situación.
Pero las fuerzas conjuntas de Aspar y Bonifacio fueron derrotadas e Hipona cayó a fines del verano del 431. Aún peor, Placidia convoca a Bonifacio a Italia nombrándolo Patricio y magister utriusque militiae (en medio de la lucha de poder), y éste vence en la batalla de Rímini a su rival Aeccio, pero es mortalmente herido en ella. Aspar permanecerá en África realizando una defensa flexible que contendrá a vándalos y alanos. Mientras se produce un giro en la política del Imperio occidental, pues Aeccio considera que los intereses de Rávena se centran más en la Galia.
Ante esto Genserico aceptó negociar y el embajador romano Trigecio firma el 11 de febrero 435 un tratado reconociéndoles a los vándalos y alanos el estatus de federados, el dominio sobre Mauritania Sifitense y Numidida a cambio de un tributo anual y de ayuda contra las tribus moras.
Tras un periodo mientras consolidaba su reino, y se iba debilitando el dominio romano, Genserico volvió al ataque rompiendo el tratado. Así tras varias incursiones el 19 de octubre del 439 entraban en Cartago, protegida por el Muro de Teodosio construido en el 425, posiblemente a traición. La devastación que sufrió fue terrorífica.
Los vándalos ahora sin impedimento se lanzaron en masa sobre el territorio romano, reforzados por otros contingentes: piratas, moros, incluso romano-africanos; así se apoderaron de Córcega y Cerdeña y en el año 440 invadían Sicilia arrasándola y cercando Palermo.
Parecía como si el reloj de la Historia hubiera decidido dar marcha atrás y hubiera resucitado al Imperio Púnico como enemigo del Imperio Romano. La situación era catastrófica, el Mare Nostrum, que salvo leves pinchazos, había sido un lago tranquilo para el Imperio Romano desde el S. I a.C., se convertía otra vez en un campo de batalla; un mar que era una vía vital para el trasporte del grano (África y Sicilia eran los graneros del Imperio occidental) para Italia y el ejército, y para el comercio.
En Italia se inició la recluta general y se inició la restauración de las fortificaciones. El emperador oriental Teodosio II volvió a intervenir, y envió comandada por los generales Areobindus, Ansila, Arinteo, Germano e Inobindo una flota de unas 1.100 naves que llegó a Sicilia en la primavera del 441 y comenzó con éxito su encomienda, pues los vándalos se batieron en retirada.
Pero entonces, se produjeron graves sucesos: el rey persa Yezdegard, rompiendo el tratado, envió a sus fuerzas a atacar las provincias de Oriente, y Atila que ha agrupado bajo su mando a las tribus hunas, viendo la oportunidad, penetra a través de la frontera del Danubio. Teodosio II envía una contraorden y retorna el ejército (primavera del 442) para combatir en Tracia (siendo derrotado por Atila).
Roma de rodillas.
Valentiniano III ante la grave situación, y la incapacidad de realizar un contraataque, firma un acuerdo en el 442: les cede el África Bizancena y la Proconsular y reconoce sus dominios en Numidia a cambio de poder recuperar las Mauritanias y parte de Numidia y la entrega además de un tributo anual en especie, también comprometió a su hija Eudocia con Hunerico, hijo de Genserico.
Durante años habrá paz (aunque sin desaparecer ciertas incursiones de pirateo), pues los vándalos quieren disfrutar de sus conquistas. El Imperio occidental está muy débil y muy ocupado en la Galia para poder tomar alguna medida. Y el Imperio de Oriente gobernado por Marciano, aunque de facto el poder lo tiene Aspar (que es nombrado Patricio y uno de sus hijos se convierte en magister utriusque militiae per Orientem), se desentiende de los asuntos occidentales, demasiado ocupado con los hunos y con cierta enemistad hacia Valentiniano III.
El asesinato de Valentiniano el 16 de marzo del 455 y el ascenso al trono de Petronio Máximo supuso una afrenta a Genserico, pues el nuevo emperador occidental trató de casar a Eudocia, la hija de Valentiniano prometida con el hijo de Genserico, con su hijo para así arrogarse una legitimidad vinculándose a la familia de Teodosio I.
La flota vándala zarpó alcanzando Ostia el 31 de mayo de 455, Petronio Máximo era asesinado mientras intentaba huir, y el Papa León y los nobles pactaron las condiciones de rendición de la indefensa Roma en la que los vándalos entraron 2 días después, seguiría un saqueo de 14 días, pero ordenado, sistemático y sin matanzas. Los vándalos continuarían sus ataques a Italia.
El magíster militum Ricimero, el nuevo hombre fuerte del Imperio occidental, lograría una victoria naval en Córcega sobre una flota de 60 naves vándalas, y colocaría en el trono a Mayoriano, un compañero de armas derrocando al emperador de Occidente Avito.
Mayoriano, tras haberse estado ocupando de la Galia decide atacar a los vándalos (proyecto que goza del apoyo por los antiguos terratenientes africanos exiliados); con la ayuda del magister militium Marcelino, que era el amo de Dalmacia.
La operación estaba bien pensada: Marcelino operaría en Sicilia posiblemente para entretener a los vándalos, mientras Mayoriano reunía la nueva escuadra, que él había mandado construir, en la Cartaginense (Hispania), para desde ahí invadiría África. Pero fracasó, ya que Genserico enterado del plan, tras preparar la defensa de su reino, atacó de forma preventiva y destruyó a la flota romana de 300 naves en la costa de Alicante, en mayo del 460. Mayoriano al volver a Italia será asesinado por Ricimero el 2 de agosto del 461, mientras Marcelino deberá huir a Dalmacia cuando Ricimero soborne a sus soldados, sobre todo a los mercenarios hunos.
La situación era cada vez peor, desde 462 los vándalos lanzaban incursiones continuas contra Italia y las posiciones romanas en Sicilia; incluso se atrevieron a atacar al Imperio oriental. El comercio naval se hundía en el Mediterráneo y las comunicaciones quedaban irreversiblemente cortadas en diversos puntos. Genserico era el amo del Mediterráneo occidental y empezaba a serlo también del oriental. Incluso intentaba colocar en Occidente a su propio emperador: Anicio Olibrio marido de Placidia cuya hermana Eudocia se había casado con Hunerico (hijo mayor de Genserico).
La última ofensiva.
Pero todo iba a cambiar. A diferencia de las anteriores operaciones lo que se preparaba no era un mero esfuerzo parcial, de una de las mitades del Imperio o de fuerzas locales, se trataba de un ataque masivo con todas las fuerzas que la Romania podía agrupar; iba ser la mayor ofensiva de todo el siglo, una operación estratégica que debería coordinar diversos teatros de operaciones con un fin claro y conciso: destruir al reino vándalo y recuperar el África romana.
Sería una operación ambiciosa, que ofrecía unos inmensos dividendos a ambos imperios: restablecer la paz en el mar, recuperar los tesoros robados por los vándalos durante sus expediciones, reconquistar las ricas provincias africanas (aunque en decadencia en el marco general del Imperio, el dominio vándalo apenas llevaba una generación por lo que no habrían sufrido tanto sus efectos, amén de que las grandes invasiones de las tribus moras no habían llegado todavía), demostrar a los bárbaros y al pueblo que el Imperio era aún poderoso, y sobre todo recobrar la iniciativa bélica.
Es más, recuperada África, hubiera sido fácil enlazar con los dominios romanos en Hispania e imponerse sobre los agotados suevos, que acababan de atravesar una guerra civil total, permitiendo recuperar toda la diócesis y quedando en Occidente sólo dos potencias germanas amenazantes (burgundios y visigodos); con lo que la posibilidad de evitar la caída del .
En 467 la situación política era muy distinta: en el Imperio oriental gobierna León I que quiere desvincularse de la tutela del poderoso Aspar (que fue el que lo puso en el trono) y de los germanos y para ello ve una buena posibilidad de obtener un gran prestigio mediante un triunfo militar. Además esta vez no se espera ninguna intervención de los persas (en tregua con el Imperio y se encuentran ocupados en su propia frontera oriental) ni en los Balcanes (el Imperio huno se ha desmembrado, y los ostrogodos aunque peligrosos están divididos). Y además el emperador Marciano al morir dejó la economía recuperada y las arcas bien surtidas con más 100.000 solidos de oro que servirán como fuente de financiación para sus planes.
En Occidente el emperador reinante es Antemio, yerno de Mayoriano y magister militum per Orientem, desde el 12 de abril del 467, que ha llegado con un importante ejército y el respaldo tanto de León como del magíster militum Marcelino (el mismo del 460), como un intentó del Imperio oriental de asumir la tutela sobre el occidental. La hija de Antemio fue casada con Ricimero para garantizar su apoyo.
Ya para el otoño del 467 Antemio había hecho sus preparativos poniendo al mando a Marcelino, pero la llegada de la estación invernal llevó a detener su inicio.
Finalmente el año siguiente, cuando el buen tiempo lo permitiese, arrancaría el ataque combinado, se trataría de una maniobra inmensa estratégica, parece que se trataba de realizar un ataque por líneas exteriores para converger tres fuerzas sobre el reino vándalo:
-La flota occidental la mandaría Marcelino con sus tropas (como magíster militum en Dalmacia debía contar con limitanei de la zona además de los restos del ejército comitatensis de Illyricum y su guardia personal; aunque gran parte de sus tropas se quedarían protegiendo su dominio) y las aportadas por Antemio y Ricimero, fuerzas sacadas del ejército de Italia (en la Notitia dignitatum éste contaba con unos 30.000 hombres) y de sus ejércitos privados (Antemio había llegado a Italia con un ejército reunido en Oriente).
Su misión sería capturar las islas de Cerdeña y Sicilia, de gran importancia estratégica, pues eran vitales para apoyar el ataque a África, y así crear una amenaza que supusiera una maniobra de diversión al reino vándalo.
Pero la designación de Marcelino traería problemas porque Ricimero era su enemigo, y rivalizaba con él, así que no desearía que tuviese éxito en su encomienda, ya que entonces se convertiría en el principal poder en Occidente.
-Mientras el general Heraclio con tropas de limitanei sacadas de Egipto y Libia reforzadas por mercenarios hunos, en total unos pocos millares, desembarcaría en Trípoli para apoderarse de la Tripolitania.
En mi opinión estos dos ataques debían ser los primeros con el fin de fijar y dividir a las fuerzas vándalas, teniendo en cuenta que la flota occidental estaba más próxima a sus objetivos. Y la cronología de los hechos parece sustentar que éstos comenzaron el ataque, por así decirlo, sobre los flancos del reino de Gensérico.
-Y finalmente el ataque principal vendría desde Oriente con una flota de más de 1.110 navíos; y según Procopio y otros llevaba unos 100.000 hombres.
Parece una cifra de hombres muy exagerada. Pero, si nos fijamos en que la flota de Belisario tenía unos 592 barcos con 30.000 marineros, 2.000 soldados de marina y más de 17.000 soldados (con más de 6.000 jinetes, que supone el llevar a los caballos y sus provisiones ocupando mucho espacio) es decir en total cerca de 50.000. Una flota que es casi el doble debe andar por los 90.000 hombres, de ellos quizás 30.000 soldados, formados por mercenarios de diversos pueblos y por fuerzas sacadas de los ejércitos bizantinos (probablemente un buen número extraídas de los ejércitos praesentalis (los ejércitos de maniobra que acompañaban al emperador oriental)).
El mando de estas fuerzas era algo delicado, pues se trataba de una significativa fuerza, y en el pasado había habido casos de que los generales aprovecharan la oportunidad para proclamarse emperador. Una opción era nombrar a varios generales como en la expedición del 441, otra que la dirigiera el propio emperador y otra que se designara a alguien de confianza.
Un buen candidato era Aspar, pero hay que tener en cuenta que León I quería reducir su importancia, para no estar tan vinculado a su influencia (como pasaba en el Imperio occidental).
Por ello se escogió a Basilisco, que había realizado exitosas campañas en los Balcanes, y tenía en su haber el ser cuñado del emperador, hermano de la emperatriz Verina, y por tanto a través de ésta se mantenía su vinculación y lealtad, evitando que tuviese deseos de grandeza además de carecer del prestigio necesario para lograrlo. Tanto Verina como Aspar lo propusieron (quizás porque vieron que era fácil de manipular) y León posiblemente lo vio como un candidato de consenso, y no peligroso. Como segundo al mando llevaba a un tal Juan.
Para financiar la operación se requirió una gran cantidad de dinero, según Prisco y Procopio unos 58.967 Kg de oro. Cándido (en la Suda bizantina) señala que los prefectos del pretorio de Oriente y el Ilírico aportaron 21.318 Kg de oro y el Tesoro imperial 7.711 Kg de oro y 317.514 de plata (el total a una proporción oro/plata 1/18 serían unos 46.700 Kg de oro) aparte de lo reunido por Antemio. Era una auténtica fortuna que debió poner a ambos Imperios en una grave situación de endeudamiento.
Frente a todos estos efectivos y recursos se hallaba el reino vándalo de Genserico que debía tener de 20 a 25.000 guerreros, pero que sin duda estaban distribuidos sobre sus diversos dominios, con una mayor densidad en el área de Cartago; a ellos se unían algunas tribus moras, si bien la llegada masiva de éstas aún no se había producido por lo que no eran todavía una fuerza clave en la región, además cabía la posibilidad de que se pasaran al bando más poderoso. También hay que tener en cuenta el gran número de naves vándalas que habían estado realizando actos de piratería en el Mediterráneo.
Pero en África los romanos católicos eran la mayoría. Esta población estaba deseosa de expulsar a los “herejes” (pues eran arrianos) germanos y había muchos que recordaban que habían sido gobernados por el Imperio, pues sólo había pasado una generación. Por tanto no eran de fiar para el gobierno vándalo.
Operaciones.
Con la llegada del buen tiempo las fuerzas se pusieron en marcha, si nos fijamos en la expedición de Belisario se puede establecer que partirían en junio o a fines de mayo.
El primero en actuar fue posiblemente Marcelino que desembarco en Cerdeña y en poco tiempo se hizo con su control. Después se dirigió a Sicilia.
Paralelamente Heraclio arribaba a la Tripolitania donde se impuso sin gran dificultad sobre los vándalos. La población romana le daría una buena acogida. Y las ciudades fueron cayendo, en su avance por tierra hacia Cartago.
Genserico reaccionó y quiso interceptar a la flota de Basilisco en Sicilia antes de que pudiera unirse a Marcelino, para así batir al enemigo principal, por lo que parece que no picó en los señuelos de Marcelino o Heraclio, aunque fuerzas vándalas si debieron quedar ocupadas en esos frentes.
En aguas de Sicilia medio millar de naves vándalas fueron derrotadas, por la flota de Basilisco, esto parece indicar que esa flota bizantina contaba con una alta proporción de galeras de combate, que la flota vándala fue vencida por partes o que la flota bizantina era superior (teniendo en cuenta que una flota pirata suele formarse con naves ligeras y rápidas, puede que no fueran rival para naves de guerra mayores). El resultado según Prisco es que se hundieron 340 naves germanas (quizás no todas fueran de guerra). Y probablemente el resto se retiró con importantes daños.
Así Marcelino pudo operar en Sicilia, sometiendo las ciudades y bases vándalas sin graves problemas, el hecho de que hubiera resistencia es prueba de que quedaron aisladas allí potentes guarniciones; sirviendo la isla además de base de apoyo y suministro para la flota de Basilisco.
Parecía que el plan se cumplía a la perfección, el reino vándalo perdía terreno, hombres y naves a un ritmo acelerado, y en poco tiempo se colapsaría.
Pero iban a comenzar los problemas, y así en Sicilia Marcelino será asesinado en el mes de agosto, es probable que por instigación de Ricimero, que quería evitar el triunfo de su rival, y como ya se le había escapado una vez (en el 461), es probable que esta vez no dudase en hacerle matar; además de que no deseaba un gran éxito de Antemio. Como resultado pronto la ofensiva en Sicilia se detuvo.
La batalla final.
En el mes de agosto tras su éxito en Sicilia, Basilisco se dirigió a Cartago, tras doblar el Cabo Bon se encontró ante el golfo y decidió anclar ante la ciudad de Ab Mercurium que distaba sólo 60 Km de Cartago. De ese modo estaba a cubierto de los vientos del este, que eran los predominantes en verano.
Era el fin para Genserico, y lo sabía, no disponía de hombres suficientes, para contener el ataque de los quizás 30.000 bizantinos, Cartago estaba al alcance de su mano. Y tampoco podía confiar en la población que se podría sublevar a favor de los romanos, o al menos la apoyaría y procuraría víveres e información. Había también el problema de las tribus moras que se podían pasar al bando imperial, al comprender que éste tenía la fuerza.
Y si caía Cartago estaba perdido, allí estaba el tesoro real, los almacenes, los arsenales navales,... A diferencia de otras ciudades africanas Cartago conservaba sus murallas, si los bizantinos la tomaban iba a ser extremadamente difícil expulsarles.
En conclusión la toma de Cartago pondría en graves problemas a los vándalos que deberían retirarse, hallándose aún en peor situación cuando arribasen las tropas de Sicilia y Tripolitania.
Sin embargo iba a ocurrir lo impensable. Basilisco había desdeñado anclar más cerca de Cartago, cuyo puerto debía estar guarnecido por la flota vándala, pero cometió un grave error.
Una operación anfibia es de las más peligrosas, pues supone la difícil tarea de coordinar a la flota y al ejército de desembarco, que correrá un gran riesgo con la defensa enemiga. A lo largo de las Historia las operaciones de ese tipo que han fracasado lo han hecho en general por un exceso de confianza realizando el desembarco sin conocer el terreno o avanzando sin asegurar éste, o por un exceso de recelo que ha permitido al enemigo llegar al quite y contener el ataque. Por tanto la clave de estas maniobras, aparte de una buena información y buenos medios, es realizarlas con rapidez, penetrando pronto hacia los objetivos, pero a la vez asegurar una fuerte cabeza de playa contra reacciones enemigas. Lo que es a todas luces esencial es que el ejército desembarque sin demora.
Pero en esta ocasión Genserico logró la demora necesaria al enviar a Basilisco mensajeros pidiendo una tregua de 5 días con la excusa de querer el armisticio; y Basilisco consintió.
Hay diversas versiones de sus motivos, Procopio asegura que Basilisco fue adecuadamente untado con gran cantidad de oro para hacerlo, también se habla de que Basilisco estaba cumpliendo instrucciones de Aspar que no deseaba un gran triunfo de León que lo apartara del poder, asimismo es posible que un exceso de confianza le llevara a considerar que no había amenaza ninguna por parte de Genserico, e igualmente cabe que quisiera lograr un triunfo incruento si realmente los vándalos se iban a rendir evitando bajas romanas innecesarias, o también pudo deberse a que tenía el viento en su contra impidiendo a la flota moverse hacia Cartago.
Sea como fuera lo cierto es que durante esos 5 días no tomó ninguna medida adecuada de cara a avanzar sobre Cartago o al menos consolidar una cabeza de plaza desembarcando a su ejército.
Y ese tiempo no fue desperdiciado por Genserico, que actuó con suma velocidad realizando sus preparativos: reunió a los barcos disponibles, haciendo las reparaciones mínimas y con toda probabilidad haciéndose con los mercantes y pesqueros que hubiese, todo lo que flotase debía ser aparejado; los que estuvieran en peor estado debieron ser convertidos en una especie de brulotes acumulando en ellos materiales inflamables. También llamó a todos los guerreros vándalos y marinos que pudo para meterlos en las embarcaciones.
Generico iba ha hacer una apuesta decisiva a una sola carta, la clave era la rapidez y la sorpresa, pues si los bizantinos conseguían desplegarse, por su número junto al mejor estado de sus naves y tripulaciones, los aplastarían totalmente.
Así el quinto día, cuando el viento del oeste sopló con fuerza, los vándalos atacaron con todo lo que tenían, sus galeras remolcaron a los brulotes y cuando se aproximaron a la flota bizantina, los incendiaron y soltaron para que sus velas los empujasen cara la costa del Cabo Bon.
Es de destacar que la sorpresa fue total, gracias a que atacaron en una noche nublada y con un fuerte viento a favor, de lo contrario en medio de agosto los bizantinos hubiesen podido verlos desde lejos y reaccionar con tiempo. También es indicativo del descuido de Basilisco que no adoptó una adecuado despliegue de su flota, lo lógico hubiese sido dejar una cobertura de naves rápidas y dromones para hacer frente a ese tipo de ataques y que hubiese dejado separación entre sus naves para que pudieran maniobrar.
Pronto las naves en llamas se metieron entre la flota de Basilisco, causando el pánico, las tripulaciones intentaban separarse, rompiendo las amarras, generando gran confusión y provocando choque fortuitos; así pronto grandes incendios inundaban los navíos, que tenían el viento en contra empujándoles hacia la costa.
Para colmo apareció detrás, penetrando por la brecha abierta por los brulotes, la escuadra vándala con sus naves sobrecargadas lanzándose irresistiblemente al ataque.
Los mandos bizantinos estaban descorazonados y no podían controlar el desordenado campo de batalla naval, sus naves ardían, embarrancaban o eran abordadas, y las naves ligeras se movían con facilidad entre ese amasijo mientras los cargueros no podían moverse por el viento y las galeras se encontraban entorpecidas por tamaño desorden. Pero aún así en varias naves se producían escenas de resistencia, donde los soldados y marineros luchaban a la desesperada. Aunque esos esfuerzos descoordinados no podían impedir la catástrofe.
Juan, segundo al mando de la flota, se suicidó tirándose al mar antes de caer prisionero cuando su nave invadida por fuerzas superiores iba a ser rendida. Mientras Basilisco huyó.
La derrota había sido total, puede que se perdieran más de 600 naves romanas, y gran parte de las tropas y tripulaciones. Los que hubiesen desembarcado en Mercurio ahora estaban aislados y en inferioridad respecto a los vándalos.
Por su lado los vándalos no debieron sufrir demasiadas bajas en la acción, pero capturaron un gran botín en armas, naves, prisioneros y riquezas.
Consecuencias.
Los errores de los mandos y las intrigas políticas habían arruinado la operación. La última oportunidad seria de salvar al Imperio romano de Occidente se había perdido.
Los restos de la flota huyeron dispersándose, y un importante número llegó a Sicilia, donde esperaban que Marcelino se hiciera cargo de la situación e intentará salvar la campaña con las tropas occidentales, pero su asesinato eliminó esa posibilidad, por lo que sin dirección las naves se fueron retirando a sus bases de partida.
Mientras tanto, Heraclio al conocer los hechos adoptó la postura más lógica ordenando la retirada, pues ahora se iba a encontrar en inferioridad ante el ejército de Genserico, que podía concentrarse en él tras el fin de la ofensiva naval. De esa forma evacuó la Tripolitania.
Basilisco llegó a Constantinopla y allí corrió a ponerse al amparo de la iglesia de Santa Sofía con su familia, por miedo a la ira popular y de su cuñado, el emperador León, aunque su hermana intercedería por él. Debiendo exiliarse algunos años, y sufriendo el ostracismo de la Corte. Años después, durante el reinado de Zenon con el apoyo de su hermana y de otros logrará dar un golpe de estado y coronarse emperador por un breve periodo.
Para el Imperio occidental supuso la firma definitiva de su sentencia de muerte, arruinado y desprestigiado ahora debería hacer frente a las acometidas de los visigodos y burgundios en la Galia y a los nuevos ataques piratas de los vándalos. Finalmente en julio del 472 Roma era de nuevo asediada y saqueada y Antemio asesinado por Ricimero que pactando con Genserico ponía en el trono a Olibrio. Ricimero moriría poco después y también Olibrio,... Los años del Imperio de Occidente estaban contados.
En el Imperio oriental la derrota había supuesto un gran quebranto para la economía y para las fuerzas militares. Pero León intentaría mantener las riendas con fuerza así con la ayuda de los isaurios podría en el 471 librarse del todopoderoso Aspar y de la facción germana. E intentaría mantener la influencia sobre el Imperio occidental a través de Julio Nepote, sobrino de Marcelino.
Sin embargo, la crisis económica fue muy severa generando una gran inestabilidad en política sobre todo en el reinado de Zenon; y durante el gobierno de éste y el de Anastasio y Justino se harán grandes esfuerzos por restablecer las arruinadas arcas del estado, lo que supondrá un importante cantidad almacenada al subir al trono Justiniano.
Respecto al reino vándalo, Genserico podrá recuperar los territorios perdidos durante la ofensiva del 468 y realizarían nuevas incursiones en Oriente y Occidente. Sin embargo, de nuevo los bizantinos volverían a apoderarse de la Tripolitania.
Al final, Zenon firmará un tratado de paz, que se mantendrá hasta Justiniano por el que reconoce su gobierno sobre el África romana, las islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia. Aunque Silicia será cedida al reino de Italia a cambio de un tributo. Genserico morirá en enero de 477
Bibliografía:
-http://en.wikipedia.org/wiki/Geiseric
-http://en.wikipedia.org/wiki/Vandals
-http://www.roman-emperors.org/anthemiu.htm
-http://www.roman-emperors.org/basilis.htm
-http://www.roman-emperors.org/major.htm
-http://www.roman-emperors.org/valenIII.htm
-http://www.roman-emperors.org/leo1.htm
-http://www.roman-empire.net/articles/article-016.html
-http://www.roman-empire.net/articles/article-009.html
-www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/02130181/articulos/GERI0000120509A.PDF
-http://www.imperiobizantino.com/Africa%20final.pdf
-“Notitia Dignitatum” http://www.pvv.ntnu.no/~halsteis/notitia.htm
-“Historia del Imperio Romano” Tardío John Bagnall Bury http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/BURLAT/home.html
-“La Caída del Imperio Romano. Las Causas Militares” Arthur Ferril. Editorial Edaf.
-“Gala Placidia” Pablo Fuentes Hinojo. Editorial Nerea.
-“La Caída del Imperio Romano” Edward Gibbon Editorial Alba.
-“La Caída del Imperio Romano” Peter Heather Editorial Crítica.
-“Historia de las Guerras. Libros III-IV. Guerra vándala” Procopio de Cesarea. Editorial Gredos.
Si quieres debatir este artículo entra en su foro de opinión


































