La batalla final.
En el mes de agosto tras su éxito en Sicilia, Basilisco se dirigió a Cartago, tras doblar el Cabo Bon se encontró ante el golfo y decidió anclar ante la ciudad de Ab Mercurium que distaba sólo 60 Km de Cartago. De ese modo estaba a cubierto de los vientos del este, que eran los predominantes en verano.
Era el fin para Genserico, y lo sabía, no disponía de hombres suficientes, para contener el ataque de los quizás 30.000 bizantinos, Cartago estaba al alcance de su mano. Y tampoco podía confiar en la población que se podría sublevar a favor de los romanos, o al menos la apoyaría y procuraría víveres e información. Había también el problema de las tribus moras que se podían pasar al bando imperial, al comprender que éste tenía la fuerza.
Y si caía Cartago estaba perdido, allí estaba el tesoro real, los almacenes, los arsenales navales,... A diferencia de otras ciudades africanas Cartago conservaba sus murallas, si los bizantinos la tomaban iba a ser extremadamente difícil expulsarles.
En conclusión la toma de Cartago pondría en graves problemas a los vándalos que deberían retirarse, hallándose aún en peor situación cuando arribasen las tropas de Sicilia y Tripolitania.
Sin embargo iba a ocurrir lo impensable. Basilisco había desdeñado anclar más cerca de Cartago, cuyo puerto debía estar guarnecido por la flota vándala, pero cometió un grave error.
Una operación anfibia es de las más peligrosas, pues supone la difícil tarea de coordinar a la flota y al ejército de desembarco, que correrá un gran riesgo con la defensa enemiga. A lo largo de las Historia las operaciones de ese tipo que han fracasado lo han hecho en general por un exceso de confianza realizando el desembarco sin conocer el terreno o avanzando sin asegurar éste, o por un exceso de recelo que ha permitido al enemigo llegar al quite y contener el ataque. Por tanto la clave de estas maniobras, aparte de una buena información y buenos medios, es realizarlas con rapidez, penetrando pronto hacia los objetivos, pero a la vez asegurar una fuerte cabeza de playa contra reacciones enemigas. Lo que es a todas luces esencial es que el ejército desembarque sin demora.
Pero en esta ocasión Genserico logró la demora necesaria al enviar a Basilisco mensajeros pidiendo una tregua de 5 días con la excusa de querer el armisticio; y Basilisco consintió.
Hay diversas versiones de sus motivos, Procopio asegura que Basilisco fue adecuadamente untado con gran cantidad de oro para hacerlo, también se habla de que Basilisco estaba cumpliendo instrucciones de Aspar que no deseaba un gran triunfo de León que lo apartara del poder, asimismo es posible que un exceso de confianza le llevara a considerar que no había amenaza ninguna por parte de Genserico, e igualmente cabe que quisiera lograr un triunfo incruento si realmente los vándalos se iban a rendir evitando bajas romanas innecesarias, o también pudo deberse a que tenía el viento en su contra impidiendo a la flota moverse hacia Cartago.
Sea como fuera lo cierto es que durante esos 5 días no tomó ninguna medida adecuada de cara a avanzar sobre Cartago o al menos consolidar una cabeza de plaza desembarcando a su ejército.
Y ese tiempo no fue desperdiciado por Genserico, que actuó con suma velocidad realizando sus preparativos: reunió a los barcos disponibles, haciendo las reparaciones mínimas y con toda probabilidad haciéndose con los mercantes y pesqueros que hubiese, todo lo que flotase debía ser aparejado; los que estuvieran en peor estado debieron ser convertidos en una especie de brulotes acumulando en ellos materiales inflamables. También llamó a todos los guerreros vándalos y marinos que pudo para meterlos en las embarcaciones.
Generico iba ha hacer una apuesta decisiva a una sola carta, la clave era la rapidez y la sorpresa, pues si los bizantinos conseguían desplegarse, por su número junto al mejor estado de sus naves y tripulaciones, los aplastarían totalmente.
Así el quinto día, cuando el viento del oeste sopló con fuerza, los vándalos atacaron con todo lo que tenían, sus galeras remolcaron a los brulotes y cuando se aproximaron a la flota bizantina, los incendiaron y soltaron para que sus velas los empujasen cara la costa del Cabo Bon.
Es de destacar que la sorpresa fue total, gracias a que atacaron en una noche nublada y con un fuerte viento a favor, de lo contrario en medio de agosto los bizantinos hubiesen podido verlos desde lejos y reaccionar con tiempo. También es indicativo del descuido de Basilisco que no adoptó una adecuado despliegue de su flota, lo lógico hubiese sido dejar una cobertura de naves rápidas y dromones para hacer frente a ese tipo de ataques y que hubiese dejado separación entre sus naves para que pudieran maniobrar.
Pronto las naves en llamas se metieron entre la flota de Basilisco, causando el pánico, las tripulaciones intentaban separarse, rompiendo las amarras, generando gran confusión y provocando choque fortuitos; así pronto grandes incendios inundaban los navíos, que tenían el viento en contra empujándoles hacia la costa.
Para colmo apareció detrás, penetrando por la brecha abierta por los brulotes, la escuadra vándala con sus naves sobrecargadas lanzándose irresistiblemente al ataque.
Los mandos bizantinos estaban descorazonados y no podían controlar el desordenado campo de batalla naval, sus naves ardían, embarrancaban o eran abordadas, y las naves ligeras se movían con facilidad entre ese amasijo mientras los cargueros no podían moverse por el viento y las galeras se encontraban entorpecidas por tamaño desorden. Pero aún así en varias naves se producían escenas de resistencia, donde los soldados y marineros luchaban a la desesperada. Aunque esos esfuerzos descoordinados no podían impedir la catástrofe.
Juan, segundo al mando de la flota, se suicidó tirándose al mar antes de caer prisionero cuando su nave invadida por fuerzas superiores iba a ser rendida. Mientras Basilisco huyó.
La derrota había sido total, puede que se perdieran más de 600 naves romanas, y gran parte de las tropas y tripulaciones. Los que hubiesen desembarcado en Mercurio ahora estaban aislados y en inferioridad respecto a los vándalos.
Por su lado los vándalos no debieron sufrir demasiadas bajas en la acción, pero capturaron un gran botín en armas, naves, prisioneros y riquezas.
Consecuencias.
Los errores de los mandos y las intrigas políticas habían arruinado la operación. La última oportunidad seria de salvar al Imperio romano de Occidente se había perdido.
Los restos de la flota huyeron dispersándose, y un importante número llegó a Sicilia, donde esperaban que Marcelino se hiciera cargo de la situación e intentará salvar la campaña con las tropas occidentales, pero su asesinato eliminó esa posibilidad, por lo que sin dirección las naves se fueron retirando a sus bases de partida.
Mientras tanto, Heraclio al conocer los hechos adoptó la postura más lógica ordenando la retirada, pues ahora se iba a encontrar en inferioridad ante el ejército de Genserico, que podía concentrarse en él tras el fin de la ofensiva naval. De esa forma evacuó la Tripolitania.
Basilisco llegó a Constantinopla y allí corrió a ponerse al amparo de la iglesia de Santa Sofía con su familia, por miedo a la ira popular y de su cuñado, el emperador León, aunque su hermana intercedería por él. Debiendo exiliarse algunos años, y sufriendo el ostracismo de la Corte. Años después, durante el reinado de Zenon con el apoyo de su hermana y de otros logrará dar un golpe de estado y coronarse emperador por un breve periodo.
Para el Imperio occidental supuso la firma definitiva de su sentencia de muerte, arruinado y desprestigiado ahora debería hacer frente a las acometidas de los visigodos y burgundios en la Galia y a los nuevos ataques piratas de los vándalos. Finalmente en julio del 472 Roma era de nuevo asediada y saqueada y Antemio asesinado por Ricimero que pactando con Genserico ponía en el trono a Olibrio. Ricimero moriría poco después y también Olibrio,... Los años del Imperio de Occidente estaban contados.
En el Imperio oriental la derrota había supuesto un gran quebranto para la economía y para las fuerzas militares. Pero León intentaría mantener las riendas con fuerza así con la ayuda de los isaurios podría en el 471 librarse del todopoderoso Aspar y de la facción germana. E intentaría mantener la influencia sobre el Imperio occidental a través de Julio Nepote, sobrino de Marcelino.
Sin embargo, la crisis económica fue muy severa generando una gran inestabilidad en política sobre todo en el reinado de Zenon; y durante el gobierno de éste y el de Anastasio y Justino se harán grandes esfuerzos por restablecer las arruinadas arcas del estado, lo que supondrá un importante cantidad almacenada al subir al trono Justiniano.
Respecto al reino vándalo, Genserico podrá recuperar los territorios perdidos durante la ofensiva del 468 y realizarían nuevas incursiones en Oriente y Occidente. Sin embargo, de nuevo los bizantinos volverían a apoderarse de la Tripolitania.
Al final, Zenon firmará un tratado de paz, que se mantendrá hasta Justiniano por el que reconoce su gobierno sobre el África romana, las islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia. Aunque Silicia será cedida al reino de Italia a cambio de un tributo. Genserico morirá en enero de 477
Bibliografía:
-http://en.wikipedia.org/wiki/Geiseric
-http://en.wikipedia.org/wiki/Vandals
-http://www.roman-emperors.org/anthemiu.htm
-http://www.roman-emperors.org/basilis.htm
-http://www.roman-emperors.org/major.htm
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-http://www.roman-emperors.org/leo1.htm
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-http://www.roman-empire.net/articles/article-009.html
-www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/02130181/articulos/GERI0000120509A.PDF
-http://www.imperiobizantino.com/Africa%20final.pdf
-“Notitia Dignitatum” http://www.pvv.ntnu.no/~halsteis/notitia.htm
-“Historia del Imperio Romano” Tardío John Bagnall Bury http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/BURLAT/home.html
-“La Caída del Imperio Romano. Las Causas Militares” Arthur Ferril. Editorial Edaf.
-“Gala Placidia” Pablo Fuentes Hinojo. Editorial Nerea.
-“La Caída del Imperio Romano” Edward Gibbon Editorial Alba.
-“La Caída del Imperio Romano” Peter Heather Editorial Crítica.
-“Historia de las Guerras. Libros III-IV. Guerra vándala” Procopio de Cesarea. Editorial Gredos.
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