EL VENCEDOR SE RETIRA. LA TRISTEZA DEL PERDEDOR.

En Tarento el escenario es dantesco, inimaginable. El Almirante Campioni observa su flota medio destruida. Han bastado unas horas, minutos de combate en realidad. Una defensa insuficiente, una capacidad técnica escasa, mala suerte y una increíble dosis de audacia de los atacantes. Todo eso ha bastado para reducir su orgulloso mando a media fuerza desmoralizada. Los pensamientos de Pasetti deben ser similares a los de su jefe.
Tres acorzados han resultado dañados, es una catástrofe.
El RM Littorio, con tres impactos y el agua a la altura de la cubierta en su parte de proa, quedará de servicio durante cuatro meses. Tiene a proa un agujero de 15 por 10 metros y otro de 12 por 9. En popa le ha quedado un boquete de 7 por 1,5 metros
El RM Caio Duilio también tendrá que ser reparado y no volverá a estar en servicio hasta mayo de 1941, seis meses después. Del ataque le ha quedado una vía de agua de 11 por 7 metros.
En Cuanto al RM Conte di Cavour. No volverá a combatir. A diferencia de los otros dos barcos, que han sido simplemente embarrancados, el Cavour tendrá que ser remolcado hasta Trieste. El boquete de 12 por 8 metros no podrá ser reparado.

Conte di Cavour Hundido

El Littorio en Reparación

El Littorio tras el ataque

 


Otras unidades también habrán resultado dañadas: Los destructores RM Libeccio y RM Pasagno y el crucero pesado Trento recibirán sendas bombas, que no estallarán.

La misión “Judgement” será un éxito enorme. Gracias a ella los británicos se harán con el control del mediterráneo, que si bien será disputado en algún momento, durará hasta el final de la guerra. La flota italiana, mas dañada por la impresión que por los barcos perdidos, ya que sólo el Cavour quedará definitivamente dañado, no volverá a ser una amenaza seria en lo que a sus grandes unidades se refiere. El gran puerto de Tarento perderá operatividad, a favor de puertos mas alejados de la zona de guerra. La flota ya no podrá intervenir de forma urgente. Los británicos tendrán la iniciativa siempre.

Muchas reacciones siguieron al ataque.

En palabras del Almirante Cunningham: “Este golpe reduce, si no anula del todo, la amenaza de la flota enemiga. Con un total de seis horas y media de vuelo entre ida y regreso, veinte aviones ingleses han infligido a la escuadra italiana mas daños que los causados a la flota alemana en la batalla de Jutlandia. Tal operación constituye, pues, un ejemplo inigualado de economía de fuerzas.”

Cunningham se equivocó. Apenas un año después tres S.L.C. (torpedos de marcha lenta conocidos como “cerdos”) de la marina italiana, hundirían en el puerto de Alejandría dos acorazados y un petrolero. Eso si que resultaría economía de medios.

Aquella mañana, en Londres, se había sufrido la 320ª incursión aérea del “Blitz”. Por primera vez, curiosamente, bombarderos italianos habían participado en la acción. Mientras el humo de los incendios se elevaba hacia los cielos londinenses, el “Times” sacaba, por primera vez durante toda la guerra, una edición especial “¡Semidestruida la flota italiana en Tarento por veinte aviones británicos!”.

En Italia, el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, escribiría en su diario: “Jornada negra. Los ingleses han atacado la flota fondeada en Tarento y han echado a pique el “Cavour” y averiado gravemente al “Littorio” y al “Duilio”. Cuando Badoglio vino la última vez a verme, dijo que atacando a Grecia debíamos haber alejado pronto la flota, que ya no estaba segura. ¿Porqué no se ha hecho ya a los quince días del comienzo de las operaciones y en fase de plenilunio?”.

EPILOGO. EL ESCUADRON PRIDHAM WIPPEL.

En la acción los barcos se dirigen hacia el canal de Otranto. Poco antes de la 01:00 del día 12, mientras Tarento arde los cruceros llegan al paralelo de los 40º 30`. La mar esta calma y la visibilidad es buena. Aunque innecesaria. Parece que la misión no va a tener éxito cuando el radar del HMS “Ajax” detecta varias unidades navales enemigas por la aleta de babor, provenientes de Valona.
Los cuatro cruceros se lanzan hacia la presa, cada uno flanqueado por un destructor. El blanco son cuatro cargueros en lastre: Locatelli, Premuda, Vado y Catalani. Escoltados por el torpedero RM Fabrici, un buque antiguo, y la motonave RM Ramb 3º. La defensa no pudo hacer nada. En tres minutos de fuego los cuatro cargueros quedaron convertidos en derrelictos ardientes, humeantes y siseantes que se hunden lentamente.
La escuadra de Pridham Wippel se dirigía hacia el sur al amanecer, a toda prisa, rumbo a Alejandría.



Bibliografía.

Donald Macintyre. “Portaviones, el Arma Maestra”. Historia del Siglo de la Violencia: Armas 25. Ed. San Martín 1976.
Luis de la Sierra. “La Guerra Naval en el Mediterráneo”. Ed. Juventud.
VVAA “Crónica Militar y Política de la Segunda Guerra Mundial” SARPE 1979.
Anne McLean y Suzanne Poole. “Fighting Ships of World Wars One and Two”. Peerage Books 1986.
Lt-Col Eddy Bauer. “The History of World War II”

 

 

 

 

 

 

 


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