El principal obstáculo contra las ambiciones españolas en el Rif era el caid de Beni Urriagali, Abd el Krim, que sucedió a su padre en septiembre de 1920. Krim, se había educado en España, había sido consejero de la oficina de Asuntos Indígenas y posteriormente profesor del dialecto bereber chilha en la Academia Árabe de Melilla. Krim estaba decidido a evitar cualquier expansión europea en su territorio, ya fuese francesa o española. Con la ayuda de su hábil hermano, Si Mohammed, experto en minas, Abd el Krim continuó la tarea de su padre en la construcción de un gran depósito de armas clandestino por si se daba el caso de que los españoles trataran de adentrarse en el Rif. En 1920 el alto comisario en Marruecos, el enérgico general Dámaso Berenguer, se decidió a hacerlo con la ayuda del general Fernández Silvestre, de Melilla.
Fernández Silvestre tenía fama de ser un general valiente y «combativo», que había sido herido no menos de dieciséis veces durante la guerra de Cuba, en 1898. Famoso por su afición a las mujeres y maestro en el trato social, Silvestre era un confidente cercano del rey Alfonso XIII. Sin embargo, su temperamento triunfaba muchas veces sobre la razón; su aversión hacia los «moros», hacia la diplomacia y hacia Abd el Krim en particular dificultaba que pudiese lograr un acuerdo pacífico con el líder rifeño. Consciente de que la corte de Madrid estaba pendiente de él, Silvestre decidió dar una lección a los rifeños.
En mayo de 1921 la posición española, al menos sobre el papel, parecía buena. El avance del general Silvestre hacia el oeste de Melilla, en dirección al Rif central, había puesto bajo el control español una extensión mayor que la lograda durante los doce años precedentes. Comprendía un área de unos 50 kilómetros hacia el sur y 120 kilómetros al oeste, y con un ejército compuesto por 25.700 soldados, 20.600 españoles y 5.100 regulares marroquíes, superaba ampliamente los 3.000 o 4.000 guerreros rifeños de Abd el Krim. Sin embargo, las tropas de Silvestre estaban divididas entre unos 144 puestos avanzados, blocaos y fuertes, algo que iba a tener considerables repercusiones para los españoles. Las guarniciones habituales de los blocaos españoles estaban compuestas por una cifra que oscilaba entre doce y veinte hombres, aunque los centros como Batel, Dar Drius, Buy Meyan y Annual contaban cada uno con una guarnición compuesta por 800 hombres.
Los españoles se sentían optimistas y pensaban que podrían apoderarse de todo el Rif y alcanzar su objetivo, la bahía de Alhucemas. Berenguer se sintió complacido al visitar Melilla y comprobar que el impulsivo Silvestre se comportaba con moderación. También quedó sorprendido por la cordial acogida que le dispensaron los rifeños: supuso que ello significaba una cierta aceptación del gobierno español. Desgraciadamente estaba equivocado. La moderación de los rifeños se debía a que las pobres cosechas habían obligado a algunos dirigentes de las tribus a emigrar temporalmente a Argelia en busca de trabajo. Las tribus sólo estaban dispuestas a tolerar la ocupación de Silvestre mientras fuesen demasiado débiles para resistir.


































